Conferencias

La promesa de Dios con Abraham
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

Reproducir vídeo

La promesa de Dios con Abraham

Muchas gracias, reverendo Juan. Muy buenos días a todos los presentes y los que están en diferentes naciones; y un saludo muy especial para el reverendo Miguel Bermúdez Marín allá en Santa Cruz, Bolivia, y al reverendo Joel Lara, ministro allá en la congregación donde se encuentra el reverendo Miguel Bermúdez Marín.

Y también un saludo muy especial para todos los ministros y sus congregaciones en todos los países de la América Latina, Norteamérica, Canadá y demás países. Y un saludo muy especial para el reverendo José Benjamín Pérez y la Iglesia allá en Puerto Rico, que está conectada en esta ocasión con esta transmisión.

Leemos en Génesis, capítulo 17, versos 15 en adelante, y dice así en la Escritura:

“Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.

Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.

Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.

Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA PROMESA DE DIOS CON ABRAHAM”, ese es nuestro tema para esta ocasión.

Abraham y Sara encontramos que eran ya avanzados en edad, pero desde que Abraham y Sara… tenía Abraham 75 años y Sara… 65 tenía Sara y Abraham 75, Dios le hizo la promesa.

Leemos en Génesis, capítulo 12, verso 1 en adelante, que dice:

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas (las naciones) las familias de la tierra”.

Dios promete bendecir a Abraham y bendecir a todo aquel que bendice a Abraham y a su descendencia; y maldecir al que maldiga a Abraham y a su descendencia.

Y en el capítulo 15, verso 1 en adelante, dice:

“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.

Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”.

Encontramos aquí más bendiciones para Abraham y la promesa confirmada del hijo prometido.

Y este mismo capítulo 15 de Génesis, cuando Dios le ordena que haga un sacrificio, verso 12 en adelante, dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;

la tierra de los ceneos, los cenezeos, los admoneos,

los heteos, los ferezeos, los refaítas,

los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”.

Aquí podemos ver que también Dios le promete la tierra en donde estaban esos gentiles los cuales pecaban contra Dios; y Dios quitaría a ellos esa tierra y la daría a la descendencia de Abraham. Porque la Tierra es de Dios, Él es el dueño original, Él es el creador del planeta Tierra y de toda la Creación, y a quien Él quiere la da.

Por lo tanto, nadie tiene un título de propiedad delante de Dios para reclamar que la Tierra es suya. El Título de Propiedad está en la diestra de Dios, por lo tanto Él la ha dado por un tiempo a personas o pueblos.

Ahora, encontramos que todas estas bendiciones que Dios habló a Abraham pasan a la descendencia de Abraham. Por lo tanto, pasan a la descendencia de Abraham física y la descendencia de Abraham espiritual, los que son de la fe de Abraham.

Por eso dice la Escritura que los mansos heredarán la Tierra. [Salmos 37:11] Todas las promesas de Dios las hereda la descendencia de Abraham; y por consiguiente es importante saber estas cosas para creerlas como la Biblia nos enseña, para que se puedan hacer realidad en la vida de los creyentes.

Tenemos la promesa del hijo prometido de Abraham, y encontramos algo muy importante en el tiempo en que se cumpliría esa promesa; porque la espera de Abraham era por la venida del hijo prometido, pero él no sabía en qué tiempo Dios iba a cumplir esa promesa; por lo tanto él tenía que estar pensando: “Puede ser este año”, y vivir ese año esperando esa promesa. Y si pasaba ese año, decir: “El próximo año, entonces, puede ser este nuevo año de mi vida”. Así esperar hasta que se cumpliera la promesa.

Mientras tanto se iba fortaleciendo en la fe, esperando lo que Dios le había prometido, de lo cual Dios no le había dicho el año en que se cumpliría esa promesa. No había tenido hijos por medio de Sara, y continuaba esperando el cumplimiento de esa promesa.

Sara le había dado a su sierva Agar para tener el hijo, ya que ella estaba avanzada en edad y pensó que no lo podía tener. Y aunque vino un hijo por medio de Agar y Abraham, no era el hijo de la promesa; por lo tanto no heredaría las promesas que Dios había dado a Abraham con relación a su simiente, que heredaría la Tierra. Esa promesa de que heredará la Tierra se extiende no solamente al territorio de Israel, sino que también luego se extiende al mundo entero.

Ahora, encontramos que cuando Abraham llegó a 99 años, vino Dios con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel en el capítulo 17 y 18 del Génesis, vino Dios en forma visible y tangible, en carne humana; y comió con Abraham Él y los Ángeles Gabriel y Miguel; le reconfirmó la promesa de que tendría el hijo prometido por medio de Sara; dice: “Por este tiempo, el año que viene, Sara tu mujer tendrá un hijo”; le dio el nombre del hijo, Isaac. Y cuando estudiamos, encontramos que Abraham tenía 99 años y Sara 89 años, y le dice: “El año que viene por este tiempo (o sea, cuando tengas 100 años tú, y Sara 90) vendrá el hijo”.

Encontramos que el año 100 es el segundo año de jubileo de Abraham. En el primer año de jubileo, que era el año 50, no tuvo el hijo, pero en el año 100 sí tuvo el hijo prometido.

Isaac, el hijo prometido, tipifica al Señor en Su Venida. Ahí podemos ver para qué tiempo, qué etapa, qué edad será la Venida del Señor. No fue para la primera edad, ni la segunda edad, ni la tercera edad, ni la cuarta, ni la quinta, ni la sexta, ni la séptima; todas esas edades están reflejadas en la vida y años de Abraham. Pero cuando se llega a la etapa de Edad de Piedra Angular, que tenemos que ubicarla en la edad octava (y el ocho representa eternidad, una edad eterna), encontramos que esa edad eterna es la Edad de Piedra Angular. Tan sencillo como eso.

Y ahora, ¿cómo sabemos que es para la Edad de Piedra Angular? Porque no se cumplió en las edades pasadas de la Iglesia. Por consiguiente, el ciclo divino de los 100 años que tenía Abraham cuando nació el hijo prometido, es tipo y figura de la Edad de Piedra Angular en la Iglesia del Señor Jesucristo, como también fue en Edad de Piedra Angular la Primera Venida de Cristo dos mil años atrás allá en medio de Israel.

Siempre esa edad o ciclo 50 es una Edad Mesiánica, donde hay grandes bendiciones para el pueblo con el cual Dios está tratando bajo la dispensación vigente. Así fue para la Dispensación de la Ley al final, así es para la Dispensación de la Gracia al final también, en donde se entrelaza una dispensación con otra y se entra a las bendiciones mesiánicas correspondientes para el pueblo con el cual Dios está tratando.

Ahora podemos ver los 100 años de Abraham. Cuando tenía 100 años fue que se cumplió la promesa de la venida del hijo prometido. Y la venida del hijo prometido representa la Segunda Venida de Cristo también. Por lo tanto, encontramos que la Venida del Señor para el tiempo final es en Año de Jubileo, que es la Edad de la Piedra Angular. Siempre el Año del Jubileo es Edad de Piedra Angular, representada en el año 100 de la vida de Abraham.

Isaac representa al Hijo prometido de Dios, la Venida del Señor para la Iglesia en el Día Postrero, que será de bendición para los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto; y también traerá bendición para el pueblo hebreo, que está esperando también la Venida del Señor.

Ahora ustedes pueden ver por qué en tiempos pasados Abraham no supo el tiempo, el año que iba a venir el hijo prometido, excepto cuando tenía 99 años, que Dios le dijo: “El próximo año vendrá el hijo. Sara tu mujer tendrá un hijo, y le vas a llamar Isaac”, que significa ‘risa’. Y siempre que hay risa es porque hay alegría; porque son pocos los que se ríen cuando están tristes; si se ríen es de nervios, algunas personas.

Así que la Venida del Hijo prometido, que es la Venida del Señor para los creyentes en Cristo y luego para el pueblo hebreo, será motivo de alegría, de risa, de gozo desde lo profundo del corazón de cada creyente. Y al recibirlo diremos: “Tan sencillo que era todo. Miren dónde enmarcaba y no lo sabíamos”. Pero ya sabemos dónde queda enmarcada la Segunda Venida del Señor para la Iglesia y para el pueblo hebreo: queda enmarcada en la Edad de Piedra Angular, la Edad del Año del Jubileo.

Que Dios nos permita ver claramente todos estos misterios, que cuando son abiertos solamente nos queda decir: “¡Amén!”, y darle gracias a Dios por la bendición del cumplimiento de Sus promesas; y decir: “¡Tan sencillo, y no entendíamos esto antes! Pero ahora sí lo podemos entender”.

Por veinticinco años esperó Abraham la venida del hijo prometido; y la Iglesia ha estado esperando, la simiente de Abraham ha estado esperando alrededor de dos mil años la Venida del Señor; pero vean para la edad que tenía Dios ese misterio de la Venida del Señor: es para la Edad de la Piedra Angular.

Por eso encontramos que en una ocasión el reverendo William Branham dijo: “Mire a la edad que viene, mire hacia arriba, mire la edad que viene, la Edad de la Piedra Angular”. [Libro de “Citas”, página 37, párrafo 311]. La Piedra Angular. Porque es la Edad de la Venida de la Piedra Angular, la Venida del Señor.

Cuando Dios nos abre las Escrituras y nos abre el entendimiento para comprender, encontramos lo sencillo que es todo. Y nosotros, ¿en qué etapa, en qué edad estamos? Yo estoy en la Edad de la Piedra Angular, ¿y quién más?

Para entender estas cosas hay que estar en la Edad de la Piedra Angular; por eso los que vivieron en edades pasadas no podían comprender estos misterios tan grandes del Programa Divino y el llamado a subir a la Edad de Piedra Angular.

Como se hacía de edad en edad: cuando surgía una edad nueva, el mensajero de parte de Dios con el Mensaje de Dios para esa edad nueva, proclamaba el Mensaje y subían a esa nueva edad los escogidos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo; y así se formaba una nueva edad; hasta llegar a la Edad de la Piedra Angular, donde está el llamado: “Sube acá”, y en donde Cristo nos muestra todas las cosas que han de suceder y de las que sucedieron en el pasado.

Siempre el llamado viene de parte de Dios por medio del Mensaje que Dios da al mensajero de cada nueva edad; y el pueblo reconoce el Mensaje que le corresponde y sube a la edad nueva que se abre; porque Dios por medio del mensajero en el cual está el Espíritu de Dios, abre la puerta para esa nueva edad.

Y ahora nosotros nos encontramos en la Edad de la Piedra Angular, a la cual hemos subido al escuchar el llamado de parte de Dios, en donde estaremos viendo la Venida del Hijo prometido; la Venida del Hijo prometido, que es la Venida del Señor para este tiempo final. Y hemos visto que es en el ciclo 50, que es el ciclo de Año de Jubileo, el segundo ciclo de año 50; porque el primero se cumplió en los días de Yeshua o Jesús, como se menciona en medio del cristianismo. Y ahora, en el segundo ciclo corresponde a la Segunda Venida del Señor en la Edad de Piedra Angular, ciclo 50, segundo ciclo 50, que viene a ser el ciclo 100, segundo ciclo de Año de Jubileo.

Ahora vemos el jubileo tan grande que tuvo Abraham cuando nació el hijo prometido. Y podemos ver en el tipo y figura del año del jubileo de la vida de Abraham, el jubileo tan grande que tuvo Abraham cuando recibió al hijo prometido. Así también grande es el jubileo para los creyentes en Cristo en la Edad de la Piedra Angular, en el ciclo de y para la Venida del Señor.

El Hijo prometido es la Venida del Señor; y nacerá, surgirá. Recuerden que en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo es que nacen, nacen de nuevo, los hijos de la Iglesia correspondientes a cada edad.

Por lo tanto, en medio del cristianismo, en la Edad de la Piedra Angular, surgirá la Venida del Señor como la Venida del Hijo prometido, la Venida del Isaac prometido para todos los creyentes en Cristo, para la descendencia de Abraham según la fe, y luego para el pueblo hebreo también. Porque Él mismo será la Venida del Señor para Su Iglesia como para el pueblo hebreo; y es en Año de Jubileo, reflejado en el año 100 de la vida de Abraham.

Ahora podemos ver esos tipos y figuras tan importantes, que no podían ser comprendidos antes, pero ahora sí pueden ser comprendidos porque están siendo abiertos en este tiempo final estos misterios divinos, y nuestro entendimiento también es abierto para comprender.

Cristo está juntando a Sus escogidos en este tiempo final. Estando vivos estarán para ser transformados y raptados los que estarán en el Año del Jubileo de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Edad de la Piedra Angular, reflejada en el año 100 de la vida de Abraham, que fue el segundo año de jubileo de su vida.

En edades pasadas, estando vivos… ya su tiempo pasó, pero cada edad tuvo sus escogidos, que formaron la Iglesia del Señor Jesucristo en la edad en que ellos vivieron.

¿Qué significa esto? Que en el tiempo de una edad, si ocurría en esa edad, los que serían transformados serían los que estarían en esa edad; no los que estarían viviendo, perteneciendo a una edad que ya pasó. Los de una edad que ya pasó serían resucitados para estar con los que estarían en la edad vigente, que estarían también transformados.

O sea que para ser transformados en este tiempo final en el cual vivimos, cuando el Señor venga con los que partieron y los resucite en cuerpos glorificados (los que pertenecieron a cada edad y algunos que han partido de la Edad de la Piedra Angular), los que serán transformados serán los que estarán en la edad correcta, la edad vigente, recibiendo el Mensaje y trabajando en el Programa Divino; porque ya las otras edades terminaron su tiempo, murieron. O sea que esto nos indica dónde hay que estar para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Todavía Dios sigue añadiendo a Su Iglesia, en la edad correspondiente al Año del Jubileo, los que formarían parte de esa edad en este tiempo final. Para lo cual, si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía, lo puede hacer; y estaremos orando por usted, presentándole al Señor, para que le reciba en Su Reino en la edad vigente, que corresponde a nuestro tiempo.

Para lo cual damos unos minutos mientras pasan al frente las personas que en sus corazones han creído de todo corazón en Cristo y ahora tienen la oportunidad de recibirlo como único y suficiente Salvador. Para lo cual pueden pasar al frente y estaremos orando por usted.

En los demás países también pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en este tiempo final, en y para la Edad de Piedra Angular, y los está llamando para colocarlos en la edad correspondiente en este tiempo en Su Iglesia.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Ahora pueden repetir conmigo la oración que estaremos haciendo por cada uno de ustedes:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Creo en Ti con toda mi alma y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y luego nos veremos eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua fue un mandamiento del Señor Jesucristo, porque en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Estábamos en Él eternamente. Así como estaba nuestro cuerpo físico en nuestro padre terrenal, estábamos nosotros en Cristo eternamente.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo aquí con ustedes al reverendo Juan Ramos para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y sean bautizados todos los que han creído y han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador. Y la próxima semana, ¿dónde nos veremos? Nos veremos, Dios mediante, aquí nuevamente, para escuchar la Palabra del Señor correspondiente a nuestra edad.

Y el próximo viernes, ¿dónde nos veremos? Así que estaré con ustedes viernes y domingo; viernes y domingo, Dios mediante, estaré con ustedes. Oren mucho por esas actividades que se llevarán a cabo el viernes y el domingo aquí.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando un día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo, ustedes aquí presentes y los que están diferentes naciones.

Que Dios les bendiga y les guarde, les proteja y les acompañe en todo momento. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con nosotros el reverendo Juan Ramos y en cada país el ministro correspondiente.

“LA PROMESA DE DIOS CON ABRAHAM”.

Ir arriba