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La promesa de Dios con Abraham – Introducción
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La promesa de Dios con Abraham – Introducción

Miguel Bermúdez Marín, allá en Santa Cruz, Bolivia, recibe mis saludos; y también al reverendo Joel Lara, ministro allá en Santa Cruz, Bolivia; y también todos los que están allá en Puerto Rico reciban mis saludos, reverendo José Benjamín Pérez y la Iglesia allá en Cayey, Puerto Rico; y también todos los ministros y sus congregaciones en diferentes naciones; y también aquí, reverendo José Ángel Flores y la congregación aquí presente, reciban mis saludos. Y que Dios les bendiga a todos grandemente, nos abra las Escrituras y el entendimiento para entender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión tenemos la introducción al tema de escuela bíblica del próximo domingo, Dios mediante, que será: “LA PROMESA DE DIOS CON ABRAHAM”.

Para lo cual leemos en el capítulo 15, verso 1 al 6, del Génesis, que dice:

“Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.

Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.

Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

El tema para la escuela bíblica del próximo domingo, para la cual tendremos una corta introducción, es: “LA PROMESA DE DIOS CON ABRAHAM”.

Abraham, el padre de la fe, mensajero dispensacional, nos tiene grandes bendiciones obtenidas para todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.  Le fue prometido a Abraham un hijo.

En la vida de Abraham encontramos ciclos divinos mostrados, en los cuales podemos aprender mucho del Programa de Dios. Por ejemplo, el hijo prometido, el que aparentemente no podía venir por causa de la edad avanzada de Abraham y Sara, los cuales habían estado esperando por veinticinco años que Dios cumpliera Su promesa de un hijo que le habría de dar, en el cual serían benditas todas las naciones.

Abraham con paciencia esperó y pasó por diferentes etapas, hasta que llegó el tiempo en que tenía que venir el hijo prometido.

Si observamos bien, hay tiempo en el Programa Divino para todo; y para Dios cumplir Su promesa, hay tiempo también. Abraham pasó sus primeros 50 años sin recibir el hijo prometido; pasó, por consiguiente, el primer año de jubileo, que es el año 50 de su vida. Luego encontramos que cuando ya estaba de 75 años le fue hecha la promesa de que tendría un hijo, y él esperó; y cuando llegó el año 99 de su vida, allí estaba Dios para darle la noticia que el próximo año tendría el hijo prometido.

¿Y por qué esperó tanto Dios para darle el hijo prometido? Porque en el hijo prometido, que sería Isaac, estaba representada la Venida del Mesías. Ahí está representada para ser cumplida en el año cincuenta, año de jubileo; en el segundo año de jubileo de la vida de Abraham se cumpliría la venida del hijo prometido; o sea que sería en el segundo año de jubileo, que es el año 100 de la vida de Abraham. Por eso podemos ver la espera de Abraham y podemos ver el por qué Dios no le daba el hijo prometido antes del año 100 de la vida de Abraham.

Hay dos ciclos de jubileo: el primero, el año 50; y el segundo, el año 100 también, que es el segundo año 50 de jubileo, el cual corresponde a este tiempo final.

En la Venida de Cristo, dos mil años atrás, se estaba cumpliendo el ciclo del Año del Jubileo. Por eso Él dijo: “El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres”. Y también dijo: “Para predicar el año de la buena voluntad de Jehová”, Isaías, capítulo 61, versos 1 al 3, y ahí se detuvo. Si continuaba leyendo, decía: “Y el día de venganza del Dios nuestro”.

El día de venganza es para el segundo Año de Jubileo, que es el que corresponde a este tiempo final; en el cual le corresponde al Mesías-Príncipe proclamar, predicar, anunciar el día de venganza del Dios nuestro; y lo hará como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra; y eso cumplirá el tipo y figura del año 100 de la vida de Abraham, en el cual recibió el hijo prometido. El hijo prometido tipifica al Mesías-Príncipe viniendo en el Día Postrero.

Por lo tanto, encontramos que es en el ciclo paralelo al tiempo de Jesucristo allá, el ciclo en donde se tiene que cumplir la Venida del Hijo prometido en este tiempo final, que será la Venida del Señor para los creyentes en Cristo y luego para el pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Ahora podemos ver por qué la Venida del Señor no se podía cumplir en tiempos pasados, la Segunda Venida, sino en el Año del Jubileo número 100, representado en el año número 100, el año de jubileo de Abraham, en el cual nació el hijo prometido, Isaac.

Por lo tanto, el Isaac, el Hijo de Abraham para el Día Postrero, viniendo en el ciclo de Año de Jubileo, corresponde a este tiempo final; y corresponde, por consiguiente, con la Edad de Piedra Angular, que es la Edad de Año de Jubileo siempre.

Fue en Año de Jubileo allá, en los días de Jesús, cumpliendo Isaías 61, verso 1 en adelante, para predicar el año de la buena voluntad de Jehová; y es el Año Cincuenta (que vendría a ser el año 100 de la vida de Abraham) el ciclo divino de Edad de Piedra Angular. Siempre Edad de Piedra Angular corresponde al Año del Jubileo.

Por lo tanto, hay grandes bendiciones de parte de Dios para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Fue en Año de Jubileo el ministerio del Mesías allá dos mil años atrás, y tiene que ser Año de Jubileo el tiempo del ministerio del Señor en Su Venida en este tiempo final, para proclamar el día de venganza del Dios nuestro y darnos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, ¿cómo, cuándo, nacerá el hijo prometido en este ciclo divino representado en el año 100 de la vida de Abraham? Todo eso estará siendo cumplido en este tiempo final en medio del cristianismo, en la Edad de Piedra Angular, porque ya las edades de la Iglesia han transcurrido, la séptima etapa o edad ha llegado a su final; y lo que viene después de la séptima edad es la brecha donde aparece el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y luego se llega a la Edad de Piedra Angular, donde tiene que aparecer el mensajero de Edad de la Piedra Angular, a través del cual Dios estará cumpliendo las profecías del Día Postrero. Y tendremos al Hijo prometido, al Isaac prometido, al que Isaac representa en este tiempo final en el Año de Jubileo, el Año Cincuenta de Jubileo, que viene a ser representado en el año 100 de la vida de Abraham.

En todo eso está el misterio del Séptimo Sello contenido, el misterio que nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Ese es el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia. Es tan grande y tan importante que Dios ordenó a Juan el apóstol que no escribiera lo que los Truenos hablaron, para que no surgieran imitaciones e interrumpieran el Programa Divino que estaría llevándose a cabo. Ese es el misterio más grande de toda la Biblia, y es el misterio que al ser revelado nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

En palabras sencillas: La fe para ser transformados y raptados está basada en la revelación del Séptimo Sello, en la revelación de la Segunda Venida de Cristo viniendo a Su Iglesia para darle la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo, la tienen las siete voces de Apocalipsis, capítulo 10. O sea, los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10 (que es la Voz del Ángel Fuerte que viene como León de la tribu de Judá), es el Mensaje de Dios que contiene la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia en este tiempo final.

Y también nos mostrará cómo se va a revelar al pueblo hebreo, porque es en el ciclo divino de Edad de Piedra Angular en el cual estamos y en el cual tiene que ocurrir el cumplimiento de todas estas promesas.

Por ejemplo, la resurrección de Cristo con los santos del Antiguo Testamento ocurrió en Edad de Piedra Angular, en la edad de la Primera Venida del Señor; y el rapto también ocurrió en esa etapa. Y no solamente eso, sino que el Día de Pentecostés —la venida del Espíritu Santo— ocurrió también en Edad de Piedra Angular; y los que estaban en Edad de Piedra Angular con el Señor eran Sus discípulos. O sea, todo eso también se repetirá en este tiempo final en Edad de Piedra Angular.

Por eso el reverendo William Branham dijo en una ocasión: “Mire hacia arriba, mire a la edad que viene: la Edad de Piedra Angular”. [Libro de “Citas”, página 37, párrafo 311].

Y ahora estamos viviendo en Edad de Piedra Angular, estamos viviendo en el tiempo del Año del Jubileo, de la segunda parte de la vida de Abraham, del año 100 de la vida de Abraham; y el año 100 era el segundo año de jubileo de la vida de Abraham, o sea, segundo ciclo de año de jubileo en la vida de Abraham.

Ahora podemos ver por qué él tuvo que esperar tanto; pero no se desesperó, esperó con paciencia, sabiendo que el que había prometido era poderoso para cumplir lo que había prometido. Y por eso le apareció luego, antes de llegar al año 100, en el año 99 ya por última vez le apareció para darle la buena noticia que el año próximo ya el hijo prometido estaría con él.

Buenas noticias para Abraham, un anciano de 99 años; por lo cual tuvo que ser rejuvenecido, transformado; y Sara, de 89 años, también tuvo que ser transformada, porque ya había pasado el tiempo de tener niños. Ya una anciana de 89 años, ¿quién va a estar esperando que tenga un niño? Cualquiera tiene que decir: “Tiene que ser transformada, tiene que volver a ser joven para esperar tener un hijo”.

Eso fue lo que sucedió con Sara y Abraham: fueron transformados, rejuvenecidos, con la Venida del Señor allá entre ellos cuando le apareció y dijo: “El próximo año tendrás… el niño vendrá”. O sea que la Venida del Señor a ellos el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, fue también una señal grande para la venida del hijo prometido.

Y para los que van a ser transformados en el tiempo final, la Iglesia compuesta con los creyentes en Cristo, encontramos que tienen la promesa de ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual suben a la Edad de Piedra Angular, suben a ese ciclo divino del Año de Jubileo. Así como sucedió para Abraham y Sara tener el niño: tuvieron el niño en el año de jubileo, el año 50 – el segundo año 50 de la vida de Abraham, que viene a ser el año 100 de la vida de Abraham, en el cual están representados todos los creyentes en Cristo en la Edad de Piedra Angular.

Abraham tuvo dos edades de Piedra Angular; en la segunda fue que tuvo el hijo prometido. Y los creyentes en Cristo en este tiempo final tienen la Edad de Piedra Angular, la Edad del Año del Jubileo, para recibir las bendiciones prometidas para el Año del Jubileo en el tiempo final.

Por lo cual, estemos bien agarrados de Cristo, estemos preparados espiritualmente; preparemos nuestra alma, nuestro espíritu y nuestro cuerpo para estar listos para recibir nuestra transformación pronto; no sabemos qué año, pero sabemos que pronto; sabemos que es para la Edad del Año del Jubileo, la Edad de Piedra Angular.

De ahí no podemos salir para otra edad. Es ahí donde recibiremos la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, es ahí donde recibiremos todo lo que necesitamos para estar listos para ser llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y así como el Día de Pentecostés, en Edad de Piedra Angular, hubo una transformación espiritual en los que recibieron el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo (y durante esa edad apostólica estuvieron recibiendo bendiciones grandes y transformación espiritual, en donde obtuvieron el nuevo nacimiento), en la Edad de Piedra Angular, en el Día Postrero, se recibirá la transformación física que no ocurrió en el día de los apóstoles, porque allá era la transformación espiritual que se llevaría a cabo hasta el tiempo final.

Y ahora estamos esperando la segunda porción. La primera es la transformación espiritual, cuando la persona recibe el nuevo nacimiento; y la segunda es la transformación física, donde las personas recibirán el nuevo cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, un cuerpo joven y eterno para toda la eternidad. Eso es lo que Dios tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Dios está llamando y juntando a Sus escogidos en este tiempo final. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras se da la oportunidad a los que todavía no han recibido a Cristo: lo puedan recibir, para que puedan recibir las bendiciones de Dios correspondientes a este tiempo final.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes naciones.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en diferentes países. Te ruego los recibas y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Señor Jesucristo, estas personas que han venido a Tus Pies han creído en Ti y en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Señor, ellos han escuchado la predicación de Tu Evangelio, ha nacido Tu fe en el corazón de ellos, han creído de todo corazón, han testificado públicamente que te han recibido como Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino.

Señor, ellos han creído en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Ellos han creído en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por sus pecados.

Señor, te ruego los recibas en Tu Reino y produzcas en ellos el nuevo nacimiento luego que sean bautizados en agua en Tu Nombre, y produzcas en ellos el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Los que han venido a los Pies de Cristo en esta noche, en esta ocasión, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

La Escritura dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

“¿Cuándo me pueden bautizar?”, es la pregunta de cada persona que ha venido a los Pies de Cristo en estos momentos.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo aquí al ministro José Ángel Flores para que continúe, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo.

Que Dios les bendiga a todos; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Pasen todos muy buenas noches.

Y un saludo allá a Puerto Rico, Dios les bendiga allá en Puerto Rico. Pasen todos allá en Puerto Rico muy buenas noches.

Dejo con nosotros al reverendo José Ángel Flores, y en cada país dejo al ministro correspondiente. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA PROMESA DE DIOS CON ABRAHAM”.

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