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El Espíritu Santo, nuestra fuerza sustentadora
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El Espíritu Santo, nuestra fuerza sustentadora

Muy buenas tardes, ministros y colaboradores, y demás hermanos y hermanas presentes, y ministros y colaboradores en diferentes países, y hermanos y hermanas en diferentes países; y también doctor Miguel Bermúdez Marín allá en el Brasil, en Franca, São Paulo, Brasil, y el reverendo Antonino allá en Franca, y todos los que se encuentran allá en Franca, São Paulo, Brasil.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra el entendimiento y la Palabra para entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Reciban todos mis saludos, y que Dios nos ayude en este tiempo final y nos dé algo que necesitamos mucho de parte de Dios.

Dice en San Juan, capítulo 14, verso 7 en adelante:

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Si me amáis, guardad mis mandamientos.

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…”

[Verso 19] “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.”

Y el verso 26, dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

“EL ESPÍRITU SANTO, NUESTRA FUERZA SUSTENTADORA.”

El espíritu es el que da vida, el espíritu es el que da fuerza al cuerpo, a la persona. El Espíritu de Dios es el que nos da la fuerza sustentadora para estar en pie delante del Hijo del Hombre, como dice la Escritura. Es el Espíritu de poder. Recuerden que Cristo dijo: “Recibiréis poder de lo alto cuando hayáis recibido el Espíritu Santo.” [Hechos 1:8]

El poder viene por el Espíritu de Dios manifestado en medio de Su Iglesia y en cada individuo creyente en Cristo, para caminar hacia adelante en el Programa Divino todos los días de nuestra vida, para mantenernos firmes en la fe hasta llegar a la estatura perfecta de un varón como Jesucristo nuestro Salvador, de un varón perfecto, una persona perfecta; llegaremos, entonces, a la perfección. Toda la plenitud de Dios estará en cada uno de los creyentes en Cristo.

En el tiempo de los apóstoles, cuando Cristo estuvo en el Monte de la Transfiguración con Pedro, Jacobo y Juan, se transfiguró y aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús, esto es la visión de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para el tiempo final, el Orden de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles, que son los Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, y Zacarías, capítulo 4.

Ahí está el misterio de la Venida de Cristo para el Día Postrero; misterio que será abierto al público, principalmente a la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Visión de la Carpa.

Antes de ahí, irán creciendo en conocimiento hasta que lleguemos todos al conocimiento pleno del misterio del Séptimo Sello, del misterio de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles.

Recuerde que cuando decimos Cristo, estamos diciendo Ungido o Mesías. Y los creyentes en Cristo en el Día Postrero llegarán a la fe perfecta.

Los discípulos del Señor Jesucristo los encontramos – mientras Jesús estaba en el Monte de la Transfiguración, los encontramos a ellos abajo luchando con un espíritu malo que estaba en un jovencito el cual su padre había traído para que Sus discípulos echaran ese espíritu malo, y ellos no pudieron echarlo fuera. Y descendió Cristo de allá, y cuando llega los ve con un grave problema, un asunto que mostraba que le faltaba algo a Sus discípulos. Lo primero es que Jesús no estaba con ellos allí.

Ahora vamos a leer el capítulo 17 de San Mateo, versos 14 en adelante; dice:

“Cuando llegaron (o sea, cuando Jesús descendió del monte con Pedro, Jacobo y Juan, y llegaron adonde estaban los demás apóstoles, abajo; no arriba en el monte, sino abajo)

Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo:

Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar.

Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá.

Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.

Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?

Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Pero este género no sale sino con oración y ayuno.”

Cristo había enviado a Sus doce apóstoles a predicar, a sanar a los enfermos, echar fuera demonios, a hacer todas las cosas que Jesús también hacía (y después envió setenta más); pero ahora se encuentra con un problema, de que no le funcionaba lo que hacían; trataban de que saliera echándolo fuera, reprendiéndolo, y no salía. Muestra que los discípulos no tenían la fe perfecta, como tenía Jesús.

Y algún día la Iglesia del Señor Jesucristo llegará a la fe perfecta, en una edad perfecta, para obtener la gran victoria en el Amor Divino; de la cual habla el reverendo William Branham mostrando las Escrituras que hablan de esa bendición tan grande que viene para la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde llegará a la fe perfecta y obtendrá la gran victoria en el Amor Divino. Y todo eso va a ser realizado en el cumplimiento de la Tercera Etapa, que corresponde al cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Por eso es que van a suceder grandes cosas por la Palabra creadora que será hablada, con fe perfecta, y ahí es donde la Iglesia del Señor Jesucristo obtendrá la gran victoria en el Amor Divino, y llegará a la resurrección de los muertos en Cristo, volverán a estar con nosotros; y cuando los veamos, seremos transformados. Tan sencillo como eso.

Y las obras que dice la Escritura [San Juan 13:15]: “Las obras que yo hago, vosotros también las haréis”, será una realidad en esa edad perfecta, que es la Edad de la Piedra Angular; donde se obtendrá la gran victoria en el Amor Divino, a tal grado que se obtendrá la gran victoria sobre la muerte física; porque seremos transformados, y los que murieron creyentes en Cristo regresarán, resucitarán en cuerpos glorificados. Ellos están en sus cuerpos teofánicos, cuerpos angelicales, que es en espíritus, en el mundo de los espíritus, en la sexta dimensión, a la cual Jesús, Jesucristo bajará, y luego de un juicio que hará con los líderes, luego vendrá a la Tierra, los resucitará en cuerpos eternos y glorificados; y cuando los veamos, seremos transformados. Tan sencillo como eso.

Eso será en la etapa de Edad de Piedra Angular, a la cual suben los creyentes en Cristo al llamado de la Trompeta, la Voz de Dios, la Voz de Cristo llamando a subir a esa edad.

Así como ha sido de edad en edad: Cristo en Espíritu en el mensajero de cada edad; suena la Trompeta de cada edad, y los llama y los reúne en esa edad, con el mensajero de esa edad. Lo mismo es para nuestro tiempo en la Edad de Piedra Angular, en donde en cierto momento esa etapa o edad tendrá el cumplimiento de la Visión de la Carpa, y llegará a tener la fe perfecta, para que todo lo que se ha prometido que el Señor hará, lo hará en medio de Su Iglesia en esa etapa, en esa edad; y nada será imposible para Dios en Su manifestación final.

Ahí obtendremos mayor fuerza espiritual, mayor fuerza sustentadora, y estaremos más agarrados del Señor. Cada día debemos estar más agarrados, porque no queremos que se nos escape nada de lo que Dios tiene para nosotros para este tiempo final, en la edad gloriosa que nos ha tocado vivir: la Edad del Amor Divino, la Edad para la Gran Victoria en el Amor Divino, la Edad para la Fe Perfecta, la edad para el cumplimiento de la Visión de la Carpa, la edad para el cumplimiento de la Tercera Etapa, en la manifestación del Señor para el Día Postrero, para bendición de los creyentes en Cristo y para bendición del pueblo hebreo; y también para ser dado a conocer las cosas que han de suceder en este tiempo final, las buenas y las malas, las bendiciones y también los juicios divinos. A unos les tocará las bendiciones, y a otros: los juicios divinos. A los creyentes les tocará la bendición, y a los incrédulos: los juicios divinos. Cada cual recibirá lo que le corresponde conforme al Programa Divino.

Por lo tanto, al saber estas cosas, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, nos da fuerza sustentadora y nos afirma más en el Programa Divino cada día, y nos abre más las Escrituras y nos abre más el entendimiento para comprenderlas. Eso es una Obra del Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, del Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia en este tiempo final.

Por tanto, aunque sabemos que viene la gran tribulación, los juicios divinos, eso no nos aterroriza, porque antes de comenzar la gran tribulación Cristo nos llevará a la Casa del Padre celestial.

Nos da alegría y gozo saber que hay muchas bendiciones para los creyentes en Cristo. Y lo que estamos buscando son las bendiciones que Dios ha prometido para nuestro tiempo, porque amamos a Cristo, amamos a Dios, amamos Su Palabra, Su Programa, Su Obra, y queremos reunirnos con Él lo más pronto posible; lo cual será una reunión familiar: el Padre con Sus hijos, los creyentes en el Señor del tiempo final y de las edades pasadas.

Pero antes de irnos habrá una manifestación plena del poder de Dios, que impactará no solamente a los creyentes en Cristo, no solamente a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, sino a la vírgenes insensatas también, y al mundo entero; y también impactará a los judíos.

Porque hay bendiciones para los judíos también, bendiciones grandes hay para Israel. Por lo tanto, oramos por Israel, para que Dios también les abra las Escrituras y el entendimiento para comprender el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Israel va a despertar algún día, un despertamiento grande está prometido; y va a suceder conforme a Ezequiel, capítulo 37, un despertamiento espiritual.

Por lo tanto oramos por Israel, porque Dios tiene una bendición grande para Israel; también tiene una bendición grande para los creyentes en Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo; y hay también una bendición para las vírgenes insensatas aunque tengan que pasar por la gran tribulación. Lo que queremos son las bendiciones de Dios, no solamente para nosotros sino para todas las personas; y por eso se predica la Palabra, el Evangelio de Cristo, para que vengan las bendiciones de Dios a todas las personas.

Estamos en un tiempo muy importante, en donde sabemos que algo grande va a suceder; y lo grande que va a suceder está aquí en la Biblia, porque antes de Dios hacer las cosas, las habla; ya desde el Génesis hasta el Apocalipsis, ahí está todo lo que Dios llevaría a cabo.

Por lo tanto, oro a Dios que —por Su Espíritu— Dios nos dé fuerza, que nos sostenga en este tiempo final, y se cumpla en todos nosotros lo que dice San Lucas, capítulo 21, versos 30 al 36, o 25 al 36: “Estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes ayer, hoy y mañana, y hasta que luego nos volvamos a ver; pero por internet, por satélite, estaré siempre con ustedes; y luego cuando seamos transformados, por toda la eternidad estaremos juntos.

En el Milenio, de seguro podremos visitar a los de otras edades. Probablemente cada mensajero con su grupo formará, digamos, una nación; por lo tanto, los visitaremos ¿en qué vuelo aéreo? Si la tribulación acaba con todos los sistemas de transporte que actualmente hay, los creyentes en Cristo viajarán como Jesús a la velocidad del pensamiento, porque ya vienen con el equipo por dentro.

¿Recuerdan que Jesús les decía a Sus discípulos: “Vayan a tal lugar, a tal ciudad, que allá nos vemos”? Cuando ellos llegaban, ya Jesús había llegado. Es que en el cuerpo glorificado no hay limitaciones. Vean, los ángeles aparecen y desaparecen; aparecen en esta dimensión terrenal y luego se regresan a la dimensión de los espíritus; y ahí no hay limitaciones.

Por lo tanto, eso lo vamos a conocer pronto, en esa glorificación que hemos de tener. Y vamos a estar en la flor de la juventud, de 18 a 21 años en apariencia; y eso es para el Milenio y para toda la eternidad.

Mañana continuaremos platicando. Que Dios me los bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, ustedes que están aquí presentes en El Paso, Texas, y a ustedes que están en diferentes naciones también.

Que Dios me los bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Por aquí dejo al reverendo Juan Ramos, y en cada país al que le corresponde, al ministro que le corresponde continuar.

Y allá donde está Miguel, dejo también a Miguel y al reverendo Antonino; al que le corresponda de los dos.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL ESPÍRITU SANTO, NUESTRA FUERZA SUSTENTADORA.”

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