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La Luz en las tinieblas resplandece
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La Luz en las tinieblas resplandece

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones: misionero doctor Miguel Bermúdez Marín allá en Barcelona, y también diferentes ministros en diferentes naciones y sus congregaciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y en esta ocasión nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión… Hoy estamos de aniversario de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz; hoy es un día muy especial porque estamos festejando el cuarto aniversario de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Desde su fundación el 23 de octubre de 2012, gracias al apoyo de todos los voluntarios, hemos trabajado constantemente en favor de la familia humana.

Quiero en esta oportunidad agradecerles a todos de todo corazón, a nuestros Activistas, quienes constituyen la riqueza más grande de la Institución: cada uno de ustedes son pilares fundamentales que en los diversos países nos están respaldando para desarrollar programas, iniciativas y campañas de la Embajada.

Durante cuatro años hemos estado unidos brazo a brazo con el único propósito de ayudar a nuestro prójimo y contribuir en la defensa y promoción de los derechos universales y respeto a la dignidad del ser humano. Este trabajo lo hemos realizado con responsabilidad, esfuerzo, voluntad y, ante todo, con mucho amor.

A todos nuestros Activistas: Los invito a seguir trabajando un nuevo año juntos como compañeros, como un gran equipo, como el mejor equipo del mundo. Sigamos haciendo historia, porque toda obra que se hace con el deseo de servir y la acción que se realiza con el corazón, siempre va a impactar positivamente la vida de nuestros semejantes.

Todas las personas tenemos un propósito en la vida, y nuestro propósito como Activistas es construir caminos para la paz integral de la familia humana. Cuento con ustedes en este nuevo ciclo de la Embajada.

Una vez más, ¡felicitaciones a todos nuestros voluntarios, y muchas gracias por la importante labor que realizan!

Para esta ocasión leemos la Escritura en Isaías, capítulo 9, verso 1 al 7; y San Lucas, capítulo 4, versos 16 al 21.

Isaías, capítulo 9, verso 1 al 7, dice:

“Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.

Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.”

Y ahora leemos este mismo capítulo 9 de Isaías, verso 6 al 7, que dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Y ahora pasamos a San Lucas, capítulo 4, verso 16 al 21; y dice así la Escritura:

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA LUZ EN LAS TINIEBLAS RESPLANDECE.”

Tomamos ese tema de San Juan, capítulo 1, verso 4 al 5, que dice… Verso 3 al 5, de San Juan, capítulo 1, dice:

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

“LA LUZ EN LAS TINIEBLAS RESPLANDECE.” Ese es nuestro tema de estudio bíblico para hoy domingo de escuela bíblica.

La Luz viene del Verbo. El Verbo es la Luz, el Ángel del Pacto. El Ángel de Dios por medio del cual Dios creó los Cielos y la Tierra, es la Luz. Y para que esa Luz se haga realidad aquí en la Tierra tiene un Orden Divino.

A través de la historia bíblica podemos ver que Dios habló, habla y hablará; por el Verbo es que Dios habla y revela todas las cosas.

Vean ustedes, Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿Cómo ha hablado? Por medio de los padres, de los profetas, al pueblo),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo),  a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

Y por medio del Hijo, de Cristo el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical, habló a existencia toda la Creación. Todo el universo fue hablado por Dios a través de Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico, Su cuerpo visible de la sexta dimensión, llamado el Ángel de Dios, que apareció a Moisés y a los profetas, y que le apareció también a Abraham como Melquisedec; y también le apareció el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra acompañado con dos Arcángeles, que son Gabriel y Miguel.

En el capítulo 2 de Primera de Corintios, San Pablo nos dice… verso 9 en adelante, dice:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido…”

Así como nadie conoce las cosas de la persona, sino el espíritu que está dentro de la persona…, ese cuerpo espiritual que tiene, y que tiene cinco sentidos: memoria, razón…, y así por el estilo, tiene cinco sentidos; y cuando se afecta alguno de esos sentidos se afecta la persona, porque se afecta ese medio de comunicación de la persona desde el alma, espíritu y cuerpo para el ser humano.

Y ahora, nadie conoció las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios, el cuerpo angelical de Dios, el Ángel del Pacto, a través del cual se manifestaba a Adán, a su descendencia, a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés, a los diferentes profetas.

Cuando ellos veían al Ángel de Dios, al Ángel del Pacto, decían que habían visto a Dios. Por ejemplo, Manoa y Jacob dicen que ellos vieron a Dios. Por ejemplo, Jacob dice: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” [Génesis 32:30] Y Manoa le dice a su esposa, la señora Manoa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.” [Jueces 13:22]

Pero sin embargo, encontramos que Dios le dice a Moisés: “No me verá hombre y vivirá.” Luego pasa frente a él la gloria de Dios, y Dios tiene Su mano puesta frente a Moisés, cubriendo a Moisés; luego que pasa, retira Su mano, y Moisés ve las espaldas de Dios como las espaldas de un hombre.

Luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Y ahora, luego de todas estas personas del Antiguo Testamento decir que vieron a Dios cuando vieron al Ángel del Pacto, al Ángel de Dios, ahora parece como que ellos estaban equivocados; pero no: ellos dicen que vieron a Dios, y vieron a Dios. Y en San Juan dice que nadie jamás ha visto a Dios, y nadie jamás ha visto a Dios.

No hay ninguna contradicción. Nadie jamás ha visto al Padre. Todos los que dicen que vieron a Dios, vieron a Dios en Su cuerpo angelical manifestado y hablando con ellos. Lo vieron en la forma de un hombre o en la forma de una luz resplandeciente, una columna de fuego, un pilar de fuego desde donde les hablaba al pueblo y a los profetas.

O sea que así como cuando nos vemos unos a los otros podemos decir: “Nos vimos en la iglesia o en tal lugar”. Nos vimos físicamente, pero el espíritu de los unos y los otros no lo vieron; por lo tanto, sí nos vimos y no nos vimos; y tampoco el alma nos vimos los unos a los otros.

Así es con Dios: vieron a Dios pero en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, a través del cual se manifestaba, les hablaba; porque en el Ángel del Pacto estaba Dios; por lo tanto, en el Ángel del Pacto estaba el Nombre de Dios.

Por eso en Levítico y en Éxodo nos habla mucho del Ángel; y nos habla en Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, dice:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

Y ahora, por cuanto el Nombre de Dios está en el Ángel del Pacto es identificado el Ángel del Pacto como el cuerpo angelical de Dios, como el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas por medio del Verbo, del Ángel del Pacto; y es conocido como el Espíritu de Dios, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, que aparece en algunas ocasiones en forma de luz y en otras ocasiones en forma de un hombre (como en Ezequiel, capítulo 9).

Por lo tanto, es importante conocer quién es Dios y cómo es Dios.

Dios creó al ser humano a Su imagen y a Su semejanza. Su imagen: el cuerpo angelical, cuerpo espiritual; y por eso el ser humano también tiene un cuerpo espiritual que es llamado el espíritu de la persona. Y luego la semejanza física de Dios es el cuerpo de Jesucristo, del Mesías, del Ungido de Dios; así como nosotros también tenemos una semejanza física, que es nuestro cuerpo físico con cinco sentidos.

Para conocer a Dios, hay que conocer lo que es el ser humano; y para conocer al ser humano, hay que conocer lo que es Dios y quién es Dios, y que tiene un Nombre.

Y ahora, encontramos que el Nombre de Dios se encuentra en el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Espíritu Santo. Y es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el que entiende los pensamientos de Dios; son transmitidos a Él, al Espíritu Santo, al Ángel del Pacto, para que luego los transmita a Su pueblo a través de Sus profetas, desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Luego más adelante encontramos que lo que Dios habla por medio de Su Espíritu, muchas cosas se cumplen en el momento y otras cosas son para más adelante. Y el salmista decía: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino (o en mi camino). [Salmo 119:105]

Para caminar en el Programa de Dios, la Palabra de Dios debe ser creída y guardada; ella nos alumbra el camino de la vida eterna. Y por consiguiente, la Palabra profética para ser cumplida tiene que ser hablada esa Palabra creadora, y en el tiempo que se va a cumplir; como este pasaje que tenemos de Isaías, que dice [San Mateo 4:15-16]:

“Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz.”

Para que se cumpliera esa gran Luz [Isaías 9:2]:

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombre de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”

Y más abajo está la forma en que esa Luz va a resplandecer y va a ser vista [Isaías 9:6]:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

O sea, para ser cumplida la promesa que “el pueblo asentado en tinieblas vería una gran Luz, y los que moraban en sombra de muerte les resplandecería la Luz”, tenía que nacer la persona a través de la cual esa Luz iba a resplandecer en Zabulón y Neftalí, camino del Jordán – camino del mar al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

Para la Luz resplandecer tiene que ser por medio de una persona a la cual venga la Palabra prometida para ese tiempo y se haga carne en él, y él comience a traer esa Palabra que está prometida; y comienza la Luz a resplandecer y a alumbrar en la Luz de esa promesa. Entonces hay Luz sobre esa Palabra prometida, y es efectiva esa promesa para todos aquellos que la reciben, que la creen de todo corazón.

Cuando nació Cristo estaba naciendo el Verbo que era con Dios y era Dios, naciendo el cuerpo físico donde estaría el Ángel del Pacto. Fue el mismo Ángel del Pacto el que hizo sombra sobre María y creó la célula de vida en el vientre de María; y fue multiplicándose célula sobre célula hasta que se formó el cuerpo que al nacer fue llamado Jesús.

Y así, cuando vemos luego a Jesús en Su ministerio podemos ver a Dios en Él, obrando a través de Él; y Él podía decir: “Las obras que yo hago no las hago de mí mismo. El Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Era Dios vestido de carne humana visitando a Israel, Emanuel: “Dios con nosotros”, como dice Isaías, capítulo 7, verso 14; y como dice San Juan, capítulo 1, verso 14: “Y aquel verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Era Dios en forma de un hombre visitando a Su pueblo Israel, y por consiguiente visitando la raza humana para llevar a cabo la Palabra prometida de la Venida del Mesías, de la Venida del Ungido, para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Era necesaria esa Obra de Redención para poder la raza humana continuar viviendo, y luego tener la oportunidad de encontrar la vida eterna en el Mesías-Príncipe y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y para la preservación de Su pueblo Israel.

Si Jesucristo no muere en aquellos días, no estaríamos viviendo nosotros aquí en la Tierra. Todos los seres humanos tenían que morir en esos días por causa del pecado. Era un día de juicio sobre la raza humana, y cayó todo el juicio sobre Jesucristo, muriendo en la Cruz del Calvario.

Y ahora, el Mesías-Príncipe hablaba y decía: “El Padre que mora en mí”, así como usted puede decir: “Mi alma que mora en mí es la que obra, la que hace las obras que yo hago.” Porque es usted como alma viviente el que habita en ese cuerpo que tiene y obra a través de ese cuerpo, obra a través del espíritu que está en usted; y por medio del espíritu obra a través del cuerpo físico para llevar a cabo las cosas terrenales que tiene que realizar.

El ser humano es alma viviente, alma, pero también tiene un cuerpo espiritual llamado espíritu; por lo tanto es alma y espíritu. Y también, por cuanto tiene un cuerpo de carne, es carne. Cuerpo, espíritu… cuerpo… alma, espíritu y cuerpo.

Y así es Dios. El alma eterna viviente es Dios el Padre. Y el Espíritu de Dios es el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu, Cristo en Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto. Y Dios en carne, Dios en un cuerpo físico: en Jesucristo, el cuerpo físico de Jesucristo.

Por eso Cristo decía en San Juan, capítulo 14 [verso 9]: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, porque estaba viendo el cuerpo físico de Dios, llamado Jesús. Tan sencillo como eso.

Y por eso el Nombre de Dios también estaba en Jesús; así como el nombre suyo, de cada uno de ustedes, está en su cuerpo físico y ha sido registrado en el registro demográfico de su país.

Por lo tanto, el ser humano siendo la corona de la Creación de Dios es a imagen y semejanza de Dios: es alma viviente, es espíritu (o cuerpo angelical o teofánico) y es cuerpo físico, cuerpo de carne. Alma, espíritu y cuerpo, así como Dios es alma, espíritu y cuerpo: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por lo tanto, durante la Dispensación de la Gracia se ha estado manifestando Dios en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, y eso es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20] Por eso también Él se manifestaba en Espíritu desde el Génesis hasta Su Venida en carne humana en Jesús, en Espíritu en y través de los profetas.

Por eso es que Zacarías, capítulo 7, dice, verso 11 al 12:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

¿Cómo Dios enviaba Su Palabra al pueblo hebreo? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas.

Y en la Dispensación de la Gracia (que es el ciclo divino del cristianismo) por medio de Su Espíritu Dios ha estado en medio de Su Iglesia revelándose. Y por cuanto el Nombre de Dios está en Su Ángel (que es el Espíritu Santo), y fue revelado allá en Cristo Jesús, encontramos que se usa el nombre de Jesucristo en el cristianismo; y por eso se reconoce que Jesucristo está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo en la Dispensación de la Gracia.

Luego vendrán manifestaciones para la Dispensación del Reino, donde estará Dios manifestado en medio de Su Iglesia en la Dispensación del Reino y en medio de Israel.

La Segunda Venida de Cristo será como Rey, será la Segunda Venida de Cristo como Juez también; como Rey y Juez. Y en Apocalipsis, capítulo 19, viene con un Nombre que nadie conoce sino aquel que lo recibe.

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Para la Dispensación del Reino, la Segunda Venida de Cristo será con un Nombre Nuevo según las Escrituras; por eso en Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 en adelante, dice que tiene un Nombre escrito que nadie conoce sino Él mismo.

Capítulo 19, versos 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.”

Viene como Rey de reyes y Señor de señores, con el Nombre con el cual Él reinará; Nombre que ninguno conoce sino Él mismo y aquel que lo recibe.

Por lo tanto, estemos preparados para este tiempo final, porque una bendición muy grande está preparada para los creyentes en Cristo que estarán en la Edad correcta, en donde la Palabra para esa Edad le alumbrará el camino, le alumbrará el entendimiento, el alma, el corazón; y por consiguiente podremos decir: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” Es la Palabra prometida para nuestro tiempo siendo vindicada, siendo cumplida la Luz para nuestra edad.

La Palabra hecha carne en el cumplimiento de la Venida del Señor será la Luz para los creyentes de este tiempo final. Recuerden que Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” (San Juan, capítulo 8, verso 12).

Dice el reverendo William Branham en el mensaje “Cristo revelado en Su propia Palabra”, página 38; y en el libro de “Citas”, página 160, párrafo 1428:

1428 – “Y esta Luz de la tarde… Por supuesto, la gran Luz vendrá cuando Jesús mismo será manifestado aquí en la Tierra, o arriba en el Cielo, llevándose a Su Novia, y entonces el Milenio comenzará.”

¿La gran Luz que vendrá será qué? La Venida del Señor.

Y ahora, en la página 128 del libro de “Citas”, párrafo 1141, dice (esto es en el mensaje “Fiesta de las Trompetas”, página 18 y página 20, en inglés):

1141 – “La Palabra hecha carne es la Luz de la edad cuando ustedes la ven…”

La Luz de una edad o de una dispensación es la Palabra prometida para esa edad hecha carne en el mensajero de esa edad o de esa dispensación. Por eso las promesas mesiánicas para la Primera Venida de Cristo estaban hechas carne en Jesús, Él era el Verbo, la Palabra hecha carne, el Ángel del Pacto hecho carne en medio del pueblo hebreo. Y cuando la Palabra se hace carne, entonces esa es la Luz para esa edad o para esa dispensación.

Por eso Jesús podía decir: “Yo soy la Luz del mundo.” Moisés fue la Luz para Su pueblo en los días de su ministerio; los profetas fueron la Luz para la edad en que vivieron, porque en ellos se hizo carne la Palabra prometida para su tiempo; y luego por medio de ellos fue profetizada más Palabra para hacerse carne en otras edades y otras dispensaciones.

Y de edad en edad, en el cristianismo, la Palabra prometida para cada edad se hizo en carne en el mensajero de cada y en el pueblo de cada edad; por lo tanto, tuvieron la porción de la Palabra haciéndose carne en el mensajero de cada edad. Y para este tiempo final la Palabra hecha carne es la Luz para el pueblo cuando la ven.

La Palabra de Dios prometida para este tiempo final se hará carne, será el Verbo hecho carne; y cuando la vean los creyentes en Cristo, estarán viendo la Luz de la Edad de la Piedra Angular, la Luz que resplandecería en este tiempo final.

Esa será la misma Luz que verá Israel en este tiempo final: la Luz hecha carne, en medio de las tinieblas resplandeciendo, y resplandeciendo la Iglesia con la Palabra prometida para nuestro tiempo haciéndose realidad en medio de la Iglesia.

Por eso Isaías, capítulo 60, dice:

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.”

La Luz de la Palabra prometida para cada edad ha venido al pueblo de Dios: al mensajero de cada edad por medio del Espíritu Santo, y del mensajero al pueblo. Por lo tanto, hubo Luz en cada edad, la Luz de la Palabra prometida para cada edad. Y para nuestro tiempo la Luz más grande será para la Edad de la Piedra Angular.

Por eso están representadas las siete edades de la Iglesia en siete etapas de la luna, pero la Edad de la Piedra Angular está representada en el sol. En el sol… nos dice Malaquías, capítulo 4, verso 2: “A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus Alas traerá salud (salvación).”

Por lo tanto, la Luz que ha resplandecido en todos los tiempos cuando se ha manifestado al mensajero de cada tiempo, al profeta mensajero de cada tiempo, y la ha estado hablando: ha estado resplandeciendo esa Luz y alumbrando el entendimiento, el alma, el espíritu y el cuerpo de cada creyente para vivir en la Luz de la edad que le corresponde.

Y ha sido un reflejo de la luz del Sol, reflejándose a través de la Luna, la Iglesia, de edad en edad; pero para la Edad de Piedra Angular será la luz directa del Sol, de Jesucristo el Hijo de Dios, alumbrándonos en este tiempo final, alumbrándonos el alma y el entendimiento, la mente, para entender cuáles son las promesas correspondientes a este tiempo final para nosotros, y darnos esa bendición al creerlo de todo corazón; porque el beneficio es cuando viene la Palabra y la persona la cree de todo corazón; luego se hará una realidad en la vida de la persona.

Por lo tanto, es importante que sepamos cuáles son las promesas, las bendiciones que tiene Cristo para nosotros en este tiempo final. Una de ellas es el llamado de Gran Voz de Trompeta llamando y juntando a los escogidos; primeramente a los escogidos del cristianismo y luego los escogidos del pueblo hebreo; y revelándole todas las promesas para que se hagan realidad, se materialicen en la vida de cada creyente.

Una de las cosas también es la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los creyentes vivos del tiempo final. Los creyentes del tiempo final estarán recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y eso está en el Mensaje correspondiente al tiempo final para la Iglesia del Señor Jesucristo, para la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular.

Son muchas las bendiciones, bendiciones que se reflejaron allá en las edades pasadas a través de la Iglesia, de la Luna, pero que en este tiempo final serán directamente del Sol de Justicia, de Cristo en Su manifestación final en medio de Su Iglesia, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, estén bien atentos a la Palabra de Dios que sale de la Boca de Dios, porque nos estará dando en este tiempo final la revelación, la fe, para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Palabra prometida para nuestro tiempo va a estar siendo vivificada por el Espíritu Santo, siendo hecha realidad en medio de Su Iglesia y a los creyentes en Cristo de este tiempo final, para así darnos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Lo del Nombre Nuevo lo dejamos para otra ocasión; pero lo vamos a conocer ya en la Visión de la Carpa, siendo cumplida esa Visión. Ahí vamos a conocer cuál es el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo, porque tiene que ser revelado; porque toda la revelación que necesitamos para ser transformados girará alrededor de la Venida del Señor con un Nombre Nuevo.

Por lo tanto, continuemos orando; y atentos a la Palabra de Dios para nuestra edad, para nuestra dispensación, que es la Palabra que Él estará vivificando, trayendo a vida, trayendo a cumplimiento en este tiempo final.

Todo esto fue reflejado en las siete edades, y acá en este tiempo será que se cumplirá lo que fue reflejado allá, con relación a lo que Él hará en este tiempo final en la Edad de Piedra Angular.

Todavía Él está llamando y juntando a los escogidos. Si alguno no ha recibido a Cristo como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo añada a Su Iglesia en este tiempo final, en la edad correspondiente, que es en la Edad de Piedra Angular.

Vamos a dar unos minutos mientras llegan. Y en cada país pueden venir a los Pies de Cristo también, los que todavía no lo han hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes países.

Lo más importante es la vida eterna; y mientras vivimos en esta Tierra es el único tiempo en que tenemos la oportunidad de hacer contacto con la vida eterna por medio de Cristo, que es la Vida Eterna, para obtener de parte de Cristo la vida eterna.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:27-30]

Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo. Fue la Visita de Dios en carne humana para llevar a cabo la Obra Redención en la Cruz del Calvario. Por eso Cristo podía decir: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” [San Juan 14:6] No hay forma para llegar a Dios, excepto por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo venimos a Ti, vengo a Ti, con todas estas personas aquí y en diferentes países, que están recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego les recibas y les des vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Señor, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mí. Creo en Ti con toda mi alma; creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos; y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir en Tu Reino eternamente, quiero vivir eternamente.

Señor, haz realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo aquí y en otras naciones, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Quiero ser bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador; porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado’. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo como Salvador, bien pueden ser bautizados.

El bautismo en agua es tipológico, no quita los pecados. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, siendo un mandamiento del Señor Jesucristo ha estado siendo cumplido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo. Son millones de seres humanos los que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y lo han recibido como Salvador, y han sido bautizados en agua en Su Nombre, y han recibido luego el Espíritu Santo, y han nacido en el Reino de Dios; y vivirán eternamente en el Reino de Dios con el Señor Jesucristo, donde estarán como reyes y sacerdotes y jueces, reinando con Cristo en Su Reino Milenial y luego por toda la eternidad.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo en estos momentos; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos veremos en el Reino de Cristo nuestro Salvador eternamente.

Y el próximo domingo, ¿dónde estaré? El próximo viernes y domingo estaré nuevamente con ustedes aquí.

Así que oren mucho por mí, para que Dios me ayude en todo momento y nos dé todo lo que debemos saber para tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Porque todos queremos ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y vamos a ser transformados. Y vamos a ir con Cristo en el rapto, en el arrebatamiento a la Cena de las Bodas del Cordero; porque la Palabra prometida para nuestro tiempo la estamos escuchando, la creemos de todo corazón, y se ha estado haciendo carne en nosotros. Es nuestra vida la Palabra de Dios en el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y dejo aquí al ministro, reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua los que – o las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos.

Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso.

Así que dejo al reverendo José Benjamín Pérez aquí presente, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y sean bautizados los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Y nos veremos el próximo viernes y el próximo domingo, Dios mediante.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA LUZ EN LAS TINIEBLAS RESPLANDECE.”

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