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Melquisedec, el Rey de Paz
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Melquisedec, el Rey de Paz

Muy buenos días y buenas tardes a todos los presentes y a los que están en diferentes naciones, ministros y sus congregaciones. Un saludo muy especial para todos; y un saludo muy especial para el misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, que se encuentra allá en Acapulco; y un saludo muy especial para la congregación allí, y para todos los ministros también que se encuentran allí presentes. Que Dios les bendiga y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final.

Para esta ocasión leemos en Hebreos, capítulo 7, versos 1 en adelante, y dice:

“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,

a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;

sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.

Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.

Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas.

Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.

Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.

Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;

porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?

Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;

y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar.

Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.

Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,

no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.

Pues se da testimonio de él:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia

(pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Y esto no fue hecho sin juramento;

porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo:

Juró el Señor, y no se arrepentirá:

Tú eres sacerdote para siempre,

Según el orden de Melquisedec.

Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para el estudio bíblico de hoy domingo de escuela bíblica, es: “MELQUISEDEC, EL REY DE PAZ.”

¿Quién es el Rey Melquisedec, el cual es Rey y Sacerdote? Es Dios en Su cuerpo teofánico, Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová. Ese es Melquisedec, sin padre, sin madre, sin genealogía, y que aún vive, el cual es inmortal.

Por eso siempre que aparecía el Ángel de Dios a Moisés, como también le había aparecido a Abraham y a Jacob… A Abraham le apareció en el capítulo 14 como Melquisedec, Rey de Salem y Rey de Paz y Rey de Justicia; y bendijo a Abraham. Abraham pagó, dio los diezmos de todo el botín a Melquisedec.

También le había aparecido, le apareció con dos Ángeles en el capítulo 17 al 19 del Génesis, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra; era Dios en un cuerpo visible. Comió Él y Sus Ángeles con Abraham, de la ternera que Abraham le preparó; comió mantequilla y las tortillas de harina que preparó Sara para el almuerzo que Abraham le ofreció a Elohim, el cual es el mismo Melquisedec; porque Melquisedec es Dios en teofanía, Dios en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto.

Por eso también cuando le apareció el Ángel de Jehová a Moisés, le habló de la liberación del pueblo hebreo. Y en Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

¿Dónde colocó Dios Su Nombre? En Su Ángel, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios; esa es la imagen del Dios viviente.

Siempre que aparecía el Ángel se decía que Dios apareció a tal o cual profeta. También le apareció en una ocasión a Manoa, en el capítulo 13 del libro de los Jueces; y cuando subió en la llama de fuego que estaba sobre la peña donde había colocado el animalito ya cocido, en la llama de fuego subió el Ángel; y entonces Manoa y su esposa se dieron cuenta que era el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, y Manoa dijo: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.”

Pero también Jacob en una ocasión, cuando tenía que ver a su hermano Esaú, en el capítulo 32 del Génesis, versos 24 en adelante, dice:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.”

Jacob luchó con el Ángel de Jehová, y dice que luchó con Dios y vio a Dios cara a cara.

Siempre que aparecía el Ángel de Jehová se decía que Dios estaba allí y que estaban viendo a Dios cara a cara. Es como el caso de Moisés cuando pidió ver a Dios, pidió ver la gloria de Dios, y Dios le dijo: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.” [Éxodo 33:20] Y lo colocó en la hendidura de la peña mientras la gloria de Dios pasaba; y cuando quitó Su mano del rostro de Moisés, Dios, entonces vio las espaldas de Dios como las espaldas de un hombre. Estaba pasando Dios en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico frente a Moisés.

Ese es Melquisedec, Dios en Su cuerpo angelical, sin padre, sin madre, sin genealogía, inmortal, el cual vive para siempre.

Este Ángel del Pacto, Dios en Su cuerpo angelical, es Melquisedec, Rey de Justicia y Rey de Paz, el cual estuvo hablándole y manifestándose en los diferentes profetas que Él enviaba al pueblo hebreo. Es el mismo Dios en teofanía, en cuerpo angelical, el cual se manifestaba a través de los profetas, a los cuales les hablaba, porque la Palabra de Dios viene a los profetas.

Y llegó un momento que Dios le dijo a Moisés: “Profeta como tú les levantaré de en medio del pueblo. A él oiréis.” Capítulo 18 de Deuteronomio, versos 15 al 19. Es que ese profeta al cual Él levantaría sería el Mesías-Príncipe en Su Primera Venida y en Su Segunda Venida: una manifestación de Melquisedec en carne humana; así como sucedió a través de los diferentes profetas; era Dios, Melquisedec, manifestado en cuerpos humanos temporalmente, y luego al final envió el precursor de la Primera Venida del Mesías, Juan el Bautista, el cual le preparó el camino. Y esto fue conforme a Zacarías y a Malaquías.

En Malaquías nos dice, capítulo 3, verso 1 en adelante:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién dice que vendría? “Vendría súbitamente a Su Templo el Señor (o sea, el Padre), y el Ángel del Pacto (el Ángel de Jehová).” El cuerpo teofánico de Dios vendría a Su Templo.

Está el templo humano y está el templo de piedra. Cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, vino allí Dios en forma de paloma y se posó sobre Jesús al salir de las aguas bautismales en el Jordán; vino a Su templo humano.

Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 2, verso 19 en adelante:

“Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

Recuerden que el cuerpo humano es un templo humano para morada de Dios en Espíritu Santo; y Jesús en Su cuerpo físico era el Templo humano de Dios, donde habitaba Dios en toda Su plenitud. La plenitud de la Divinidad habitó en el cuerpo de carne llamado Jesús, un templo humano, así como todos los creyentes en Cristo como individuos son templo humano de Dios: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 3.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo también es un Templo compuesto por seres humanos creyentes en Cristo; Templo que va creciendo de edad en edad, a medida que son llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y por consiguiente, al templo humano como individuo viene el Espíritu Santo, las primicias del Espíritu; y en el Día Postrero vendrá la doble porción, que será la redención del cuerpo, la transformación de nuestros cuerpos para los que estemos vivos en ese tiempo, y la resurrección de los muertos en Cristo, que están en el Paraíso, los cuales vendrán con Cristo para recibir la resurrección en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado y joven para toda la eternidad.

Y así será glorificado cada creyente en Cristo; y el Templo espiritual, Su Iglesia, será glorificada también. “Porque vendrá el Señor a Su Templo”, Su Templo humano compuesto por los creyentes en Él, y en cada creyente en Cristo; y así recibirán la plenitud de Dios, recibirán la adopción espiritual, que es el bautismo del Espíritu Santo, y la adopción física será nuestra transformación, para ser a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador.

Esa es la adopción de la cual habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39; y en Efesios, capítulo 4, verso 30, donde dice que fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa para el Día de la Redención, para el día de la redención del cuerpo, que será nuestra transformación. Así como Abraham y Sara fueron rejuvenecidos en aquella visita que les hizo Elohim, Melquisedec, a Abraham con Sus dos Ángeles Gabriel y Miguel, para poder tener el hijo prometido.

Por lo tanto, en este tiempo final, en una edad o etapa paralela a la de la Primera Venida de Cristo y Su precursor Juan el Bautista, vendrá esa bendición de la adopción, de la redención del cuerpo, que está prometida en la Escritura.

Así como Sara y Abraham fueron rejuvenecidos luego de aquella visita, serán rejuvenecidos los creyentes en Cristo que estén vivos, serán transformados; y los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos, a causa de la visita y bendición que trae la Visitación de Melquisedec a Su Iglesia en este tiempo final.

Melquisedec es Dios en Su cuerpo angelical, en Su cuerpo teofánico, es Dios en Espíritu visitando Su Iglesia.

Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, esa es la imagen del Dios viviente. Y el cuerpo físico llamado Jesús, es la semejanza física de Dios cuando visitó a Su pueblo Israel. Y volverá en Su Segunda Venida a visitar a Su pueblo, al Israel celestial, a Su Iglesia, al pueblo del Nuevo Pacto, que son los creyentes en Cristo que estarán viviendo en el Día Postrero, en donde se completará la Iglesia del Señor Jesucristo; y Él nos visitará en este tiempo final para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Apocalipsis 10, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el arco iris alrededor Suyo, es Melquisedec, es el Rey de reyes y Señor de señores, es el Rey de Paz; es el mismo de Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 al 16, el cual viene con un Nombre Nuevo que ninguno conoce, sino Él mismo; es el Rey de reyes y Señor de señores; es el Rey de Justicia y Rey de Paz.

Viene como Juez para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, y viene con el Librito abierto en Su mano en Apocalipsis, capítulo 10. Es Melquisedec visitando a Su Iglesia para, con Su Voz como siete truenos siendo emitidos, darnos la revelación de Su Venida, la revelación del Séptimo Sello, para así tener la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

“MELQUISEDEC, EL REY DE PAZ.”

Es el mismo que está prometido en Isaías, capítulo 9, versos 1 en adelante: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado y el principado sobre su hombro. Y se llamará Su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Príncipe de Paz.”

Es el Príncipe de Paz, es Melquisedec viniendo a Su Iglesia y luego al pueblo hebreo para cumplir Su Venida de acuerdo a lo que Él ha prometido.

De edad en edad ha estado Melquisedec en medio de Su Iglesia, en medio del pueblo del Nuevo Pacto, ha estado en Espíritu Santo como el Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia. Por eso cuando le apareció a San Pablo en el capítulo 9 y también en el capítulo 16 y el capítulo 22, que cita esa visita que le hizo a San Pablo cuando iba hacia Damasco para buscar a los creyentes en Cristo y llevarlos presos; cuando le habla a San Pablo desde aquella Luz más fuerte que el sol, en donde cayó de su caballo Saulo de Tarso; y cuando ve esa Luz queda ciego, y oye la Voz que le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces sobre el aguijón.”

Saulo sabía que era la misma Voz del que le habló a Moisés en aquel árbol allá en el desierto del Sinaí. Y Saulo le dice, le pregunta: “¿Quién eres, Señor?” Él sabía que era el Señor. Y desde la Luz oye la Voz que dice: “Yo soy Jesús a quien tú persigues.”

Era Melquisedec en Su cuerpo angelical, era Melquisedec en teofanía, era Melquisedec en aquella Columna de Luz, era Melquisedec apareciéndole a Saulo de Tarso, que vino a ser el apóstol para los gentiles. Por eso en diferentes ocasiones Saulo o San Pablo dice que el Ángel de Jehová, el Ángel de Dios, le aparecía en diferentes ocasiones y le hablaba.

Era Melquisedec en cuerpo teofánico, en cuerpo angelical, el que le aparecía a Saulo de Tarso. Algunas veces lo veía en forma de Luz, y otras veces pudo haberlo visto en forma de un hombre, como lo vio Moisés allá en el desierto, y como lo vio Manoa y su esposa, la señora Manoa, y como lo vio Gedeón también, que lo vio en forma de hombre, un Ángel; ese era el Ángel de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente, el Eterno.

Y ahora, ese mismo fue el que estuvo en Jesús en toda Su plenitud, y ese fue el cuerpo de Dios físico, en donde la plenitud de la Divinidad estaba velada y revelada. Por eso Jesús decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Él decía: “Yo no hago nada de mí mismo. Como me muestra el Padre, así es como yo hago.” [San Juan 5:19]

Era Dios, Melquisedec, Dios en Espíritu Santo, en cuerpo teofánico, velado en un cuerpo de carne llamado Jesús; a través del cual obraba todo lo que estaba prometido para aquel tiempo.

Luego esa manifestación grande, más adelante vino el Día de Pentecostés: Dios manifestándose y llenando de Espíritu Santo a ciento veinte creyentes que estaban en el aposento alto. Allí nacieron en el Reino de Dios ciento veinte creyentes, para comenzar; y luego, a medida que se predicaba el Evangelio y creían y eran bautizados, Cristo los bautizaba con Espíritu Santo y Fuego, y nacían en el Reino de Dios.

Y así han estado naciendo en el Reino de Dios millones de personas, hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esa es la Familia de Dios, la Casa de Dios, la Casa donde Dios mora bajo el Nuevo Pacto: la Iglesia del Señor Jesucristo; un Templo espiritual para morada de Dios en Espíritu; Templo espiritual que ha estado siendo formado de edad en edad por medio de la manifestación de Melquisedec en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Hemos visto dónde se ha encontrado Melquisedec desde el Día de Pentecostés hacia acá: en medio de Su Iglesia, construyendo ese Templo espiritual, el cual en este tiempo final será completado al completarse el número de los escogidos en la etapa de Edad de Piedra Angular, paralela a la etapa de Edad de Piedra Angular de los días de Jesús de Nazaret.

Y cuando se complete el número, Melquisedec, que es el Sumo Sacerdote del Templo celestial y de ese Templo compuesto por seres vivos creyentes en Cristo, vendrá la dedicación a Dios de ese Templo, en donde la plenitud de Dios vendrá y los llenará.

Y así como sucedió en la dedicación del tabernáculo que construyó Moisés… cuando lo dedicó, vino Dios, Melquisedec, el Ángel del Pacto, y entró en la Columna de Fuego al templo, al tabernáculo, entró hasta el lugar santísimo y se colocó en medio de dos querubines de oro que están en la tapa del arca del pacto. Esa tapa se llama el propiciatorio, donde rociaba el sumo sacerdote la sangre para que la misericordia de Dios fuera extendida al pueblo hebreo cada año.

Luego, en el templo que construyó Salomón, cuando lo dedicó a Dios, vino Dios, vino Melquisedec en Espíritu, y en esa Nube entró y se colocó en el lugar santísimo, en medio de los dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio; y al lado estaban también, a cada lado, un querubín a cada lado, de madera de olivo cubierto de oro. Allí se colocó Dios, Melquisedec, que es el Sumo Sacerdote del Templo celestial.

Es el Sumo Sacerdote celestial, el que intercede y el que trae paz a Su pueblo Israel, y a Su pueblo, a Su Iglesia del Nuevo Pacto; es el Príncipe de Paz, es el Rey de Justicia, Él es el que vive para siempre.

Por eso es que encontramos que para manifestarse, en diferentes ocasiones ha enviado mensajeros, profetas, en medio del pueblo del Pacto Antiguo y en medio del pueblo del Nuevo Pacto, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Para este tiempo final tenemos la promesa de la Venida y manifestación del Hijo del Hombre. La primera parte se cumplió en el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, y la segunda parte se cumplirá en la Edad de Piedra Angular; una manifestación de Melquisedec, el Rey de Justicia y Rey de Paz, Rey de Salem o de Jerusalén. Y eso será la Venida del Señor a Su Iglesia, a Su Templo espiritual, compuesto por creyentes en Cristo de las diferentes etapas o edades de la Iglesia.

La Iglesia recibirá la doble porción en este tiempo final. Ya tiene la porción primera: el bautismo del Espíritu Santo, que reciben los creyentes en Cristo; y luego tendrá la segunda parte, que es la glorificación física, la transformación de los vivos y la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos y glorificados y jóvenes, como el cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

El cuerpo físico glorificado es la semejanza física de Dios, y el cuerpo físico nuestro que tendremos es la semejanza física nuestra que hemos de tener, glorificada.

Por lo tanto, hay grandes promesas para este tiempo, que Melquisedec cumplirá en este Día Postrero. Ya la primera manifestación del Hijo del Hombre en misericordia, dice el reverendo William Branham que se cumplió. Y dice: “Y la próxima vez será en el juicio – en juicio”; o sea que vendrá como Juez de toda la Tierra para reclamar lo que Él ha redimido con Su Sangre y hablar el juicio que ha de venir sobre el planeta Tierra.

Por lo tanto, en la Visitación de Melquisedec para el Día Postrero hay grandes bendiciones para los creyentes en Cristo; y también habrá grandes problemas, tanto de salud como también del medio ambiente, de los ecosistemas; y habrá un sinnúmero de problemas en el lapso de tiempo de tres años y medio, que corresponde a la gran tribulación.

Pero esa etapa, conocida también como la Tercera Etapa, será una manifestación que el mundo verá, aunque no habrá misericordia ya; y también las vírgenes insensatas verán esa manifestación; y también la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo tendrá esa manifestación en su medio: la manifestación de Melquisedec en teofanía, manifestado por medio de carne humana en la manifestación del Hijo del Hombre en Su Venida.

Por eso Cristo Jesús cuando habló de la Segunda Venida, habló de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; y Sus Ángeles son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Elías y Moisés en el Día Postrero, en medio del pueblo del Nuevo Pacto y luego en medio del pueblo del Pacto Antiguo, el pueblo hebreo.

Recordemos que la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual para morada de Dios en Espíritu, como dice en Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22; y también Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6. Esa es la Familia de Dios, la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, que va creciendo de edad en edad, hasta que en la Edad de Piedra Angular se completará esa Casa, la construcción de ese Templo espiritual; y vendrá la adopción, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación.

¿Y por qué estamos tan seguros de eso? Porque no se cumplió en edades pasadas de la Iglesia. Y ha subido a la Edad de Piedra Angular para recibir la fe para ser transformado cada creyente en Cristo, y ser lleno del Espíritu Santo el Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia. Tan sencillo como eso.

Y eso será MELQUISEDEC, EL REY DE PAZ, viniendo a Su Iglesia, subiéndola a la Edad de Piedra Angular, en el “sube acá” de Apocalipsis, capítulo 4; subiendo a la presencia de Dios, al Trono de Dios, que es la Edad de Piedra Angular; y donde verá la Venida de Melquisedec manifestada en Su Iglesia en la Edad de Piedra Angular.

Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos, en el Cuerpo Místico de Cristo, Su Iglesia, para recibir y ver la Venida de Melquisedec en Su Iglesia en la Edad del Trono, la Edad de Piedra Angular. Esa es la etapa más importante de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es ahí donde Elías aparecerá y donde Moisés aparecerá, como aparecieron en el Monte de la Transfiguración cuando subieron al monte y Jesús se transfiguró delante de ellos, y aparecieron a cada lado de Jesús, Elías y Moisés. Es ahí el lugar del Silbo Apacible, de esa Voz apacible que nos trae paz al alma, al corazón, al espíritu, a nuestra mente, a todo nuestro ser.

Por lo tanto, cada día estemos más agarrados del Ángel del Pacto, porque ahí es donde Dios estará, donde Melquisedec estará en Su cuerpo y con Su cuerpo angelical, llamado el Espíritu Santo, hablándole a Su Iglesia con Voz como León de la tribu de Judá y siete truenos emitiendo sus voces. Y en Apocalipsis, capítulo 11, ya aparecen los ministerios de los Dos Olivos, como están prometidos también en Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14.

Todo eso corresponde a la Edad de Piedra Angular. Por lo tanto, los que estarán en la Edad de Piedra Angular estarán escuchando el Silbo Apacible que escuchó el profeta Elías en el Monte Sinaí y en el Monte Horeb.

Y ahora es en el Monte de Sion, la Iglesia del Señor Jesucristo, donde se escucharía la Voz suave, el Silbo Apacible, la Voz de Cristo, la Voz del Ángel del Pacto, la Voz de Melquisedec hablándonos por medio de teofanía, por medio de Su teofanía, por medio de Su cuerpo angelical, por medio del Espíritu Santo, que es Su cuerpo angelical, que es Su teofanía, que es Su imagen, la imagen del Dios viviente, hablándonos la Palabra que nos da la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“MELQUISEDEC, EL REY DE PAZ.”

Hemos tenido un cuadro bastante amplio para poder comprender que para este tiempo, en la Edad de Piedra Angular es la Visitación de Dios, de Melquisedec en Su cuerpo angelical, que es el Espíritu Santo, que es el Varón vestido de lino, de Ezequiel, capítulo 9, que viene para llamar y sellar con el Sello del Dios vivo a los judíos, luego que haya sellado a los que serían parte de Su Iglesia del Nuevo Pacto.

Por lo tanto, permanezcamos atentos a la Voz del Espíritu Santo, porque es la Voz de Melquisedec en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hacia acá. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20] ¿Cómo estaría? En Espíritu Santo manifestado de edad en edad, a través del mensajero de cada edad, y en medio de los creyentes de cada edad; porque esa es la Casa de Dios, la Familia de Dios, construida por piedras vivas, seres humanos creyentes en Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, en la trayectoria de Melquisedec en la historia de la Iglesia, lo podemos ver moviéndose de territorio en territorio, de edad en edad, de mensajero en mensajero, y de grupo de creyentes de cada edad a grupos de creyentes de otra edad venidera; así va pasando de una edad a otra. Y de edad en edad levanta un mensajero en el cual se vela y se revela a través de él en medio de Su Iglesia. Esa es la trayectoria de Melquisedec, el Rey de Paz, en medio de Su Iglesia del pueblo del Nuevo Pacto.

Todavía sigue llamando los que faltan para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo cual, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así nazca en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios, así quede sellado en el Reino de Dios.

Vamos a dar unos minutos para que puedan pasar los que todavía no han recibido a Cristo, para recibirlo como su único y suficiente Salvador. Y los que están en otros países también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Y los niños también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan en diferentes países a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Estamos deseosos que se complete Su Iglesia, por lo cual trabajamos para que llegue el Mensaje a las diferentes naciones; y sobre todo, a la América Latina y el Caribe, que es el continente que le ha tocado la bendición final, pero la más grande de todas: la bendición para ser llamados en el Cuerpo Místico de Cristo a la Edad de Piedra Angular, donde corresponde la manifestación de Melquisedec, el Rey de Paz y el Rey de Justicia, para este tiempo final.

Está prometido que habrá una manifestación plena en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, llamada la Tercera Etapa, que será manifestada en medio del pueblo del Nuevo Pacto; en donde estará Melquisedec en Espíritu Santo manifestándose, el Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia, y en donde nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador aquí y en diferentes países. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por todos los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

He escuchado la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Señor, te ruego perdones mis pecados, con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:16]

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino del Mesías, en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua es tipológico. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento directo del Señor Jesucristo, el cual dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso cuando Él fue bautizado en agua, allí estábamos nosotros con Él siendo bautizados; cuando Él se levantó de las aguas bautismales, estábamos resucitando con Él; y cuando Él subió al Cielo, estábamos subiendo con Él también; porque somos genes del pensamiento divino que estábamos en Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos veremos el viernes y el domingo, Dios mediante, aquí y desde aquí para todas las naciones a través del satélite y de internet.

Que Dios me los bendiga a todos y les guarde.

Que las bendiciones de Melquisedec, el Ángel del Pacto, por medio de Su Espíritu, el Espíritu Santo, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez aquí, y en cada nación dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Oren mucho por las actividades del viernes y el domingo para que Dios nos bendiga grandemente, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender el tiempo que vivimos y todas las bendiciones, las promesas que están prometidas para los creyentes en Cristo de este tiempo final; porque queremos saber, escuchar, todo lo que el Ángel Fuerte que desciende del Cielo (el cual es Cristo, Melquisedec, el Espíritu Santo – en Espíritu Santo viniendo), queremos saber todo lo que Él habló en esa Voz con Siete Truenos, que es la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, que es la Voz de Melquisedec hablando en el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular, para darnos la fe para ser transformados y llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Que Dios les bendiga y les guarde.

Y los aquí presentes y los que están otras naciones: oren mucho por las actividades del próximo viernes y domingo.

Pasen todos muy buenas tardes.

“MELQUISEDEC, EL REY DE PAZ.”

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