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Las bendiciones contenidas en la Primogenitura
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Las bendiciones contenidas en la Primogenitura

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, ministros y congregaciones en diferentes países, y también al misionero Miguel Bermúdez Marín allá en el Brasil, y también todos los aquí presentes. Que Dios nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Leemos en Hebreos, capítulo 12, versos 22 al 24, donde nos dice:

“…Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión, en nuestro estudio bíblico de hoy domingo de escuela bíblica, es: “LAS BENDICIONES CONTENIDAS EN LA PRIMOGENITURA.”

En la lectura que hemos tenido nos habla de la congregación de los primogénitos, compuesta por los creyentes en Cristo que están bajo el Nuevo Pacto. Esos son los miembros del Libro de la Vida del Cordero inscritos en el Cielo, inscritos desde antes de la fundación del mundo. Ellos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, de lo cual San Pablo nos habla en Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14 en adelante; dice:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

La Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo.

Esa Casa va creciendo de etapa en etapa, de edad en edad, a medida que, como Cuerpo Místico de creyentes, va siendo construida; y a través de las diferentes etapas de la Iglesia ha sido construido el Lugar Santo de esa Casa, y pasa en este tiempo final a la construcción del Lugar Santísimo, que es la parte más importante de la Casa de Dios.

Tanto en el tabernáculo que construyó Moisés como en el templo que construyó el rey Salomón, el lugar santísimo era el lugar más importante, pues allí estaba el arca del pacto con las tablas de la Ley, el maná en una vasija de oro también, la vara de Aarón que reverdeció también; y sobre todo, el arca del pacto tenía la tapa o cubierta, llamada el propiciatorio, sobre el cual estaban dos querubines de oro; y en medio de los querubines de oro estaba la presencia de Dios en la Nube o Columna de Fuego que guió al pueblo hebreo por el desierto.

Por eso es tan importante el lugar santísimo, porque es el lugar de morada de Dios, es el lugar del Trono de Dios en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón; y así también lo es para el Templo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo.

En el templo que construyó el rey Salomón también fueron colocados dos querubines de oro (cubiertos de oro), dos querubines de madera cubiertos de oro; por consiguiente, en el Templo espiritual de Cristo estarán también en el Lugar Santísimo los Dos Querubines de madera de olivo cubiertos de oro. El olivo representa la humanidad y el oro representa la Divinidad. Ahí es donde aparecerán los dos olivos de Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14; y también Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14.

Es en la Casa de Dios, el Templo espiritual de Cristo (el cual está bajo el Nuevo Pacto), donde ha estado, está y estará la presencia de Dios en Su Iglesia, Su Cuerpo Místico de creyentes, que son también hijos de Abraham por la fe en Cristo; y por consiguiente son los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Por eso es que el apóstol San Pablo nos dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”

Esos son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que forman el Templo espiritual de Cristo.

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Y ahora, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y son herederos de Dios y coherederos con Cristo de todo aquello a lo cual Cristo es heredero. Y por consiguiente, todas las bendiciones de la Primogenitura pertenecen a Cristo y a Su Iglesia, a los creyentes en Cristo, que son herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor nuestro.

La heredad o herencia de la Primogenitura tiene dos partes muy importantes: la parte del Reino celestial con todas las bendiciones que hay ahí, y la parte del Reino terrenal con todas las bendiciones que tendrá el Reino terrenal; porque los creyentes en Cristo, con la Bendición de la Primogenitura —el Espíritu Santo— tienen toda la herencia de Dios como coherederos con Cristo nuestro Salvador, que es el Primogénito de toda la Creación, y el Unigénito, pues todos los demás vienen de Cristo por medio del nuevo nacimiento en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Por eso cuando Jacob fue a bendecir a los hijos de José, extendió sus brazos sobre los hijos de José y colocó en forma de cruz sus brazos, y colocó la mano derecha sobre Efraín y la mano izquierda la colocó sobre el otro hijo de José. Colocó la mano derecha sobre Efraín y la izquierda sobre Manasés, hijos de José por medio de su esposa gentil, la cual representa (ella) a la Iglesia gentil del Señor Jesucristo; y sus hijos aquí, vean ustedes, son los que heredan la Bendición de la Primogenitura que había perdido uno… había perdido el hijo mayor de Jacob; y por consiguiente esa bendición pasó a José, y de José pasó a sus hijos; y la parte más importante de esa bendición pasó a Efraín.

Primera de Crónicas, capítulo 5, verso 1 al 2, dice:

“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito;

bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José)…”

El primogénito hereda la bendición doble, y los demás que no son el primogénito heredan solamente una porción de la herencia de su padre.

En la Bendición de la Primogenitura para Efraín, dice… el capítulo 48, versos 13 en adelante, del Génesis, dice:

“Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.

Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.

Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

el Angel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.

Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.

Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.

Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.

Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.”

Aquí, en la Bendición de la Primogenitura, está la formación de muchas naciones; bendición que cayó sobre Efraín. Efraín representa a los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto.

Ahora, vean que José tuvo una esposa gentil, y encontramos que los dos hijos eran hebreos y gentiles, una mezcla de hebreos y gentiles. La Bendición de la Primogenitura, vean ustedes cómo vino a José, y por consiguiente vino para los hijos de José.

Así que la Bendición de la Primogenitura tiene dos partes: la que le toca a Efraín, que formará multitud de naciones, lo cual por medio del Evangelio ha estado difundiéndose esa Bendición de la Primogenitura; y por consiguiente, la Bendición representada en Efraín le toca a la Iglesia del Señor Jesucristo; una bendición que tiene que ver con lo celestial y con lo terrenal, con el Reino celestial y con el Reino terrenal.

O sea que los creyentes en Cristo en la Bendición de la Primogenitura, la Bendición del Espíritu Santo, obtienen la adopción como hijos e hijas de Dios, y por consiguiente herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor nuestro, a todo lo que Cristo es heredero.

A todo lo que Cristo es heredero, lo son también los creyentes en Cristo que tienen la Bendición de la Primogenitura. En la Bendición de la Primogenitura están todas las bendiciones de Dios del presente, del futuro y por toda la eternidad. Por consiguiente, toda bendición divina para los creyentes en Cristo está incluida en la Bendición de la Primogenitura.

Por eso en la lectura que tuvimos, dice, hablando de los creyentes en Cristo, en Hebreos, capítulo 12, que fue la lectura que tuvimos… Y en Gálatas nos dice: “Para que la bendición de Abraham pasase a los gentiles.”

[Hebreos 12:22] “…Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

La congregación de los primogénitos es la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, la Escritura nos dice que somos criaturas primogénitas de Dios, y por consiguiente les corresponden las bendiciones celestiales y terrenales.

Ahora, en la Bendición de la Primogenitura el Mesías-Príncipe tiene cuatro títulos de Hijo: Hijo de Abraham, y por consiguiente heredero de todo el territorio y todas las bendiciones que le fueron dadas a Abraham, todas las promesas; y está representado el Hijo de Abraham en Isaac.

Como Hijo de David, Él es el heredero al Trono de David y al Reino de David. Y como Hijo del Hombre, Él es el heredero del planeta Tierra con todos los reinos del planeta Tierra que tendrá en el Reino Milenial y por toda la eternidad. Y como Hijo de Dios, Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra también; o sea que con el título de Hijo de Dios incluye toda la Creación, los Cielos y la Tierra. Él es el heredero.

Y ahora, todas las bendiciones que hay bajo esos títulos de Hijo son compartidas con los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo; porque Cristo y Su Iglesia son en el término espiritual esposos, marido y mujer.

Y cuando se complete el número de los creyentes en Cristo que formarían Su Iglesia (lo cual se completará en la Edad de Piedra Angular), Cristo completará Su Obra de Intercesión en el Cielo como Sumo Sacerdote; y saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero (donde están escritos nuestros nombres desde antes de la fundación del mundo), y hará Su Obra de Reclamo: reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Y allá en el Cielo encontramos que se llevará a cabo la fiesta más grande, la Cena de las Bodas del Cordero, en donde Cristo y Su Iglesia serán investidos como Rey y Reina para gobernar en el planeta Tierra; como Hijo de David, sentándose en el Trono de David; y como Hijo del Hombre, para gobernar sobre el planeta Tierra completo.

O sea que hay una bendición grande cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final. Están incluidas esas bendiciones en la Bendición de la Primogenitura, establecida en la Biblia para ser cumplida en este tiempo final.

La salvación es una de las bendiciones de la Primogenitura; y por consiguiente, la bendición de Abraham ha pasado a los gentiles, a la Iglesia del Señor Jesucristo, para bendecirnos en el Reino de Dios.

Vean, en Efesios, capítulo 1, versos 3 en adelante, dice:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…”

O sea, que esto viene de parte de Dios. No lo escogió usted ni yo, sino que hemos sido destinados, predestinados, elegidos desde antes de la fundación del mundo.

“…para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en mismo,

de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia (aquí nos habla de la herencia también), habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Desde antes de la fundación del mundo Él nos eligió, nos escogió; por eso en el tiempo que nos ha tocado vivir hemos escuchado la Voz de Cristo por medio del Evangelio, como Él dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” San Juan, capítulo 8, versos 47 y 48. Y también capítulo 8, versos 54 al 58, que dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Cristo hablando de Sí mismo. Y muestra que Él es desde antes de Abraham.

En el capítulo 4 de Efesios, verso 30, nos dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Para el día de la redención del cuerpo, que será nuestra transformación, como nos dice en Romanos, capítulo 8, verso 21 en adelante, dice… Verso 18 en adelante, de Romanos 8, dice:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”

Esa manifestación de los hijos de Dios, esa adopción, esa redención, en donde los muertos en Cristo serán resucitados en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos; y los que estemos vivos seremos transformados cuando los veamos. Y entonces todos seremos jóvenes, representando de 18 a 21 años de edad, con cuerpos eternos, glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

“Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La adopción es la redención del cuerpo, o sea, nuestra transformación. Y ya entonces obtendremos la inmortalidad física, al estar en esos cuerpos físicos glorificados, que están prometidos para ser recibidos por los creyentes en Cristo de nuestro tiempo y de tiempos pasados.

Para eso es la Segunda Venida de Cristo en el Día Postrero (la cual está prometida): para ser manifestada al completarse la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso en Filipenses 3:20-21, San Pablo dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

¿Qué va a hacer en Su Segunda Venida? Transformar nuestros cuerpos; y a los que murieron, resucitarlos en cuerpos glorificados.

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Con ese poder que Él tiene para sujetar a Sí mismo todas las cosas es que Él nos va a transformar en Su Segunda Venida, en donde nos dará la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe para el rapto girará alrededor de Su Segunda Venida. El misterio de Su Segunda Venida será el misterio que estará revelando Cristo, el Ángel Fuerte de Apocalipsis 10, al hablar con esa Voz de Trompeta y siete truenos emitir sus voces; y así abrirnos el misterio de Su Segunda Venida, y darnos así la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y entonces tendremos la plenitud de todas las bendiciones de la Primogenitura siendo materializadas, las que no hayan sido materializadas todavía; y tendremos la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en la etapa del Lugar Santísimo, la etapa de Piedra Angular; y eso traerá una manifestación plena de Dios en Su Iglesia en el Día Postrero, en donde cumplirá la Visión de la Carpa.

Por lo tanto estemos preparados, porque algo grande se está preparando de parte de Dios: una bendición grande contenida en la Bendición o bendiciones de la Primogenitura, para los creyentes en Cristo, y luego para el pueblo hebreo.

El pueblo hebreo tendrá una bendición grande en este tiempo final; por eso oremos por Israel, porque Dios le tiene una bendición grande en este tiempo final. Así que la bendición de Manasés la va a tener, pero la bendición de Efraín la tendrá la Iglesia del Señor Jesucristo en el tiempo final.

“LAS BENDICIONES CONTENIDAS EN LA PRIMOGENITURA.”

Todas las bendiciones de Dios contenidas en las Escrituras y contenidas en la Primogenitura, le pertenecen a Cristo y a Su Iglesia. Cristo y Su Iglesia son heredero y coheredera (la Iglesia del Señor Jesucristo), de todas las bendiciones celestiales.

Cristo es el heredero del Reino celestial y del Reino terrenal, el Mesías-Príncipe; y Su Iglesia es coheredera con Cristo, porque es la que está señalada como la que tiene los miembros primogénitos de Dios, los nacidos de nuevo, los nacidos en el Reino de Dios, y por consiguiente tienen las bendiciones de la Primogenitura. O sea que toda bendición de Dios nos pertenece como herederos y coherederos, por medio de Cristo Jesús Señor nuestro.

Recuerden siempre los títulos de Hijo: Hijo de Dios: heredero de los Cielos y de la Tierra (esa es Su herencia). Hijo de David: heredero del Trono de David y Reino de David. Hijo de Abraham: heredero de todo lo que le fue prometido a Abraham, y por consiguiente heredero del territorio de Israel completo. Hijo del Hombre: heredero del planeta Tierra.

En alguna ocasión hablaremos más claro, porque todo esto está contenido en el misterio del Séptimo Sello, en el misterio de la Segunda Venida de Cristo para este tiempo final. Por lo tanto, es abierto hasta donde puede ser abierto hasta el momento, para que sepan que hay grandes bendiciones contenidas en la Primogenitura.

Como primogénito de Dios cada creyente en Cristo tiene grandes bendiciones en el Reino de Dios para nuestro tiempo, para el Reino Milenial y para toda la eternidad.

Dios está llamando y juntando Sus escogidos, Sus primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, el Templo espiritual de Cristo, los ha estado juntando.

En este tiempo final va a completar Su Iglesia, va a completar Su Cuerpo Místico de creyentes en la Edad del Trono, la Edad de Piedra Angular, donde estarán las grandes bendiciones de Dios prometidas para ser manifestadas en este tiempo final; en donde la Casa, el Templo espiritual, la Iglesia, va a ser llena de la gloria de Dios en la Venida del Señor y Su manifestación de Su Venida; en donde Dios se va a manifestar en toda Su plenitud en Su Iglesia, va a adoptar a Sus hijos (o sea, los va a transformar); y todos vamos a tener cuerpos eternos y glorificados, y todos tendremos cuerpos iguales al cuerpo glorificado que tiene Cristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Y eso está muy cerca.

¿Por qué no ocurrió en edades pasadas? Porque es para la Edad de Piedra Angular. Esas bendiciones están contenidas en la Primogenitura para ser manifestadas en este tiempo final; y a nosotros nos ha tocado el privilegio de vivir en el tiempo final, en el tiempo de la etapa de Edad de Piedra Angular, la etapa del Trono del Señor Jesucristo en Su Templo espiritual.

Por lo tanto, estemos preparados esperando esa manifestación de las bendiciones de la Primogenitura correspondientes a este tiempo final, para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LAS BENDICIONES CONTENIDAS EN LA PRIMOGENITURA.”

Todas las bendiciones que fueron habladas allá, por Moisés y luego por Josué, están contenidas para los creyentes en Cristo, los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Por lo tanto, la adopción o redención de nuestro cuerpo está dentro de las promesas, de las bendiciones contenidas en la Primogenitura; bendiciones del Cielo y bendiciones de la Tierra para todos los creyentes en Cristo nacidos en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Y todavía sigue llamando y juntando en Su Cuerpo Místico los que faltan para completar Su Iglesia. Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Si se encuentra en otra nación también puede pasar al frente para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Dios tiene mucho pueblo, no solamente en Puerto Rico sino en toda la América Latina, en Norteamérica y demás naciones; y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y darles las bendiciones de la Primogenitura. La resurrección de los muertos en Cristo es una de ellas, y la transformación de los vivos también es una de esas bendiciones grandes que hay para todos los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

En los demás países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros ojos cerrados y nuestro rostros inclinados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico; el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; y cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Jesús. Y ahora le corresponde a cada uno de ustedes (que todavía no han sido bautizados) ser bautizados en el Nombre del Señor, para que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Estábamos en Cristo cuando Él vino a la Tierra, y eternamente estábamos en Cristo. Como estábamos en nuestro padre terrenal (nuestro cuerpo terrenal), así también estábamos en Cristo (nuestra alma).

Y por consiguiente, cuando Él vino a la Tierra estábamos en Él; cuando Él murió, estábamos en Él; cuando Él bajó al infierno; cuando fue sepultado, estábamos en Él; y cuando resucitó, resucitamos con Él. Por lo tanto, somos parte de Él; y cuando somos bautizados estamos identificándonos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador, como lo hacían los apóstoles; y se ha continuado haciendo en la misma forma en el Cuerpo Místico de Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Nos continuaremos viendo el próximo viernes y el próximo domingo, Dios mediante; estaré con ustedes nuevamente.

Que Dios les bendiga; y hasta el próximo viernes y próximo domingo, Dios mediante.

Las bendiciones de Cristo sean con todos ustedes.

Las bendiciones de Cristo, las bendiciones de la Primogenitura; esas son las bendiciones para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Dios les bendiga, y pasen todos muy buenas tardes.

“LAS BENDICIONES CONTENIDAS EN LA PRIMOGENITURA.”

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