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Pedid al Padre en Su Nombre, y Él te recompensará en público
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Pedid al Padre en Su Nombre, y Él te recompensará en público

¡Feliz Día de los Padres a todos los padres presentes y los que están en diferentes naciones! Que Dios les bendiga grandemente, les prospere espiritualmente y materialmente, y les use grandemente en Su Programa en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo especial para el misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, y para todos los ministros en diferentes naciones; y también para las diferentes congregaciones e iglesias y hermanos en diferentes naciones.

Para esta ocasión tenemos el tema: “PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO”.

San Mateo, capítulo 6, versos 6 en adelante, dice:

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Y no nos metas en tentación (otras versiones dicen: ‘…mas no nos dejes caer en tentación’), mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial…”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO.”

Hoy, Día de los Padres, recordamos sobre todo al Padre celestial, el Padre de familia, que es Dios, y que por medio de Cristo Él se multiplica, se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios; y por eso Cristo viene a ser el Padre de todos los hijos de Dios. Dios por medio de Cristo, como Padre, reproduciéndose en hijos e hijas de Dios; por eso Cristo es el segundo Adán.

Así como hemos venido del primer Adán en medio de una raza caída, venimos por medio del segundo Adán ―por Cristo― al Reino de Dios; en donde nacemos y donde Cristo se reproduce en hijos e hijas de Dios por medio de la segunda Eva, que es Su Iglesia.

Por lo tanto, Cristo como Hijo sobre Su Casa (dice Hebreos, capítulo 3), ha sido colocado como la cabeza de esa raza de hijos e hijas de Dios. Capítulo 3 de Hebreos nos dice de la siguiente manera… Verso 1 en adelante, dice… Vamos a leer del verso 5 en adelante, al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

La Casa de Dios, la Casa de Cristo, la Casa, la Familia de Dios, la descendencia de Dios. Por eso en Efesios, capítulo 2, versos 19 en adelante, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (miembros de la Familia de Dios como hijos e hijas de Dios),

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Los miembros de la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales nacen en el Reino de Cristo, en Su Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad. Por eso es que en Colosenses, capítulo 1, el apóstol San Pablo nos dice… Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

O sea que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, de la potestad, del poder del reino de las tinieblas, y nos ha trasladado al Reino de Jesucristo el Hijo de Dios.

Por medio del nacimiento físico aquí en la Tierra hemos venido al reino de las tinieblas, que está establecido en el planeta Tierra y que gobierna a la humanidad; una raza caída, una raza que perdió la vida eterna allá cuando Adán y Eva pecaron.

En esta raza mortal es que hemos llegado para estar siendo probados, escuchar la Palabra de Dios correspondiente al tiempo que le toca vivir a cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; nacer la fe en su alma, porque la fe viene por el oír la Palabra del Señor (Romanos, capítulo 10).

La fe nace en el alma de la persona cuando escucha la Palabra de Dios; y la fe viene por el oír la Palabra. “Con el corazón (con el alma) se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” Se requiere el paso de la confesión, de confesar a Cristo como único y suficiente Salvador, para salvación y vida eterna.

Por lo tanto, a través de la historia del cristianismo millones de seres humanos han estado escuchando el Evangelio de Cristo, ha estado naciendo la fe de Cristo en su alma, han estado recibiendo a Cristo como Salvador, han estado siendo bautizados en Su Nombre; y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en Su Reino el nuevo nacimiento de millones de creyentes en Cristo.

Recuerden que Cristo es el heredero. Por medio de Cristo, estando Cristo en Su cuerpo angelical (llamado el Ángel del Pacto), en su cuerpo teofánico, el Verbo (llamado el Verbo), Dios por medio de Cristo creó todas las cosas.

Algunas personas piensan que eso es algo muy grande para Cristo; y lo es. No hubo otra persona a través del cual Dios pudiera manifestarse y crear todas las cosas. Esto está en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante. Dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo (Él es el heredero de toda la Creación), y por quien asimismo hizo el universo…”

¿Por medio de quién hizo el universo? Por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios. O sea que es el cuerpo angelical de Dios, Cristo en Su cuerpo teofánico llamado el Ángel del Pacto.

También nos habla en San Juan, capítulo 1. Verso 1 en adelante, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

Era Dios, porque Dios estaba en el Verbo, el cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, manifestándose. Ese es el cuerpo angelical de Dios. Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios.

Y el cuerpo físico de Dios es la semejanza física, llamada o llamado Jesús, o Jesucristo. Por eso Jesucristo decía: “El Padre y yo una cosa somos. El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Estaban viendo al Padre manifestado en Su cuerpo físico, Su cuerpo de carne, llamado Jesucristo; Emanuel, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14; Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Si se predica el Evangelio hay que predicar quién es Dios, quién es el Ángel del Pacto, quién es el Verbo, quién es Jesucristo, y cómo es que era Jesucristo antes de venir a la Tierra en cuerpo humano. Porque Cristo dice en San Juan, capítulo 8, versos 54 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio y se gozó.” Le dicen los judíos: “¿Aún no tienes cincuenta años, y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Era el Yo Soy, era nada menos que el Ángel del Pacto como estaba prometido que vendría al pueblo.

Algunos se preguntarán: “¿Que estaba prometido que el Ángel del Pacto vendría?” Claro que sí; y ese sería el Mesías prometido para el pueblo hebreo. Eso está en Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, donde habla de Juan el Bautista (el precursor de la Primera Venida de Cristo) y del precursado: el Señor Jesucristo.

Esta profecía se cumplió allá… Dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (todos sabemos que ese mensajero fue Juan el Bautista precursando, preparando el camino a Cristo en Su Primera Venida, al Mesías, preparándole el camino al Ángel del Pacto); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

¿Ve? Vendrá a Su Templo el Señor Dios Todopoderoso, y el Ángel del Pacto, que es Cristo, el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto o Ángel de Dios. Dios vendría… así como vino para la creación de una nueva raza, o la raza original, que es la que estaba planificada para heredar el planeta Tierra y toda la Creación como coherederos con Cristo, el Ángel del Pacto, los cuales luego vienen a ser los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que nacen en el Reino de Dios.

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Estaba prometido que vendría el Ángel del Pacto, y vino en carne humana el Ángel mismo que le apareció a Moisés y por medio de Moisés libertó al pueblo hebreo. Estaba velado en Moisés, un cuerpo temporal para morada de Dios en Espíritu, esa Columna de Fuego estaba velada en Moisés; y era Dios hablando por labios humanos al pueblo hebreo, y también al Faraón y a los egipcios.

Pero el cuerpo humano de Dios es Jesucristo; cuerpo que ya está glorificado y sentado a la diestra de Dios en el Cielo. El mismo Cristo dijo que Él se sentaría a la diestra de Dios; y el que está sentado en el trono es el que tiene el poder, es el rey.

Y entonces, ¿qué del poder de Dios y de Dios como Rey? Dios con Su cuerpo angelical y Su cuerpo físico, llamado Jesucristo, está sentado en el Trono celestial; es entonces Dios con forma humana en la persona de Jesucristo nuestro Salvador, pero con un cuerpo glorificado desde que fue resucitado y ascendió al Cielo y se sentó a la diestra de Dios.

Todos los creyentes en Cristo tendrán cuerpos también glorificados y eternos, y vivirán eternamente como reyes, como sacerdotes y como jueces en el Reino de Dios en la Tierra, en el Reino de Cristo, como herederos y coherederos con Cristo del Reino de Dios terrenal; y también son herederos del Reino de toda la Creación, son los administradores que estarán con Cristo gobernando toda la Creación.

[Romanos 4:13]:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

Y ahora, el heredero de la Tierra, del sistema solar completo y de todas las galaxias con todos sus sistemas solares y planetas, es Cristo; y los creyentes en Cristo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, son herederos y coherederos con Cristo de todo aquello a lo cual Cristo es heredero. Y Él es heredero de toda la Creación, porque por Él y para Él fueron hechas todas las cosas. [San Juan 1:3]:

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

Recuerde que dice:

“Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

Y ahora podemos ver de quién se trata en la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra salvación: Se trata del Ángel del Pacto, en el cual moraba y mora Dios, el cual es Su cuerpo angelical, la imagen del Dios viviente.

La Escritura nos dice que Jacob luchó con el Ángel, el Ángel de Jehová, en Génesis, capítulo 32, en un lugar que se llamaba Peniel. Capítulo 32, verso 24, del Génesis, dice:

“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo (el Ángel; el Ángel le dice a Jacob): Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.”

Y toda persona tiene que estar bien agarrada de Cristo, el Ángel del Pacto, para recibir la bendición de Cristo. Porque las bendiciones son para los valientes: que se agarran bien del Ángel del Pacto y nunca se apartan de Él, sino que se mantienen firmes creyendo que la bendición es para ellos.

Porque cuando la persona lee y capta una promesa divina, la cree de todo corazón: le pertenece esa promesa. El resto es un lapso de tiempo en lo que se materialice donde Dios cumpla esa promesa que ha hecho en Su Palabra.

“Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”

Recuerden que para recibir la bendiciones siempre hay una lucha, hay una lucha para permanecer firmes; porque vendrán personas que tratarán de desanimar a la persona, o verán cosas que pueden desanimarla; pero la persona tiene que tener su vista puesta en la promesa divina, creyéndola de todo corazón, sin apartarse ni a diestra ni a siniestra de la Palabra del Señor.

Recuerden que el enemigo arranca del corazón, del alma de las personas, la Palabra que fue sembrada, si la persona deja que el enemigo la arranque usando a otra persona o usando cosas que pasen para desanimar a las personas.

“Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”

Dice que vio a Dios cara a cara; y a quien vio fue al Ángel de Jehová, al Ángel de Dios; estaba viendo a Dios vestido de Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical; el mismo que Moisés vio de espalda en una ocasión.

Es importante saber que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; y por lo tanto hay que saber diferenciar entre Dios como Padre, y también Dios como el Ángel del Pacto, y Dios como carne humana llamado Jesús, el cual ya está glorificado. Si no sabe la persona hacer esa diferencia, estará todo el tiempo confuso en cuanto al conocimiento de quién es Dios.

Ahora, dice que Jacob dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” Y en Jueces, capítulo 13, Manoa y su esposa, ¿que se llamaba cómo? La señora Manoa. Dice [Verso 15]:

“Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.”

Recuerden que siempre que se mencione el Ángel de Jehová, es el cuerpo angelical de Dios en el cual está Dios, y a través del cual Dios habló a existencia toda la Creación.

“…Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.

Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.

Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?

Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?

Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.

Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.

Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. (Esto fue cuando le habló acerca de un hijo que tendrían, el cual fue Sansón). Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.

Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.

Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto (o sea, que tendrían un hijo).

Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo.”

Ahora, tenemos que Jacob vio al Ángel de Jehová, luchó con Él, y el Ángel le dijo: “Porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.” Estaba luchando con Dios manifestado en el Ángel, Su cuerpo angelical; por eso podía decir que luchó con Dios. Y Manoa dice también que él y su esposa vieron a Dios.

También en la escalera que vio Jacob, en el capítulo 28 del Génesis, versos 1 en adelante, nos dice que soñó que hubo una escalera colocada sobre la tierra, que llegaba al Cielo; y veía ángeles de Dios que subían y bajaban por ella, y en la cúspide de la escalera estaba Dios, desde donde Él habló.

Luego que despertó Jacob, dice… Verso 12 en adelante, del Génesis 28, dice:

“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.

Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.”

Esta simiente es el Mesías-Príncipe, Cristo, en el cual son benditas todas las familias de la Tierra al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y recibir la bendición de salvación. Por eso Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

“He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.”

¿Dónde encontró Jacob a Dios? En la cúspide de la escalera, en la Casa Dios; porque ese es el lugar de morada de Dios.

Fue hallado en Su Primera Venida en medio de Su pueblo Israel, la Casa de Dios terrenal, la Familia de Dios terrenal. Y lo encontramos de edad en edad manifestado en medio de Su pueblo, que está en el Pacto vigente para cada edad o cada dispensación. Ahí es donde encontramos a Dios manifestado a través de la historia bíblica, que nos muestra las diferentes etapas de manifestaciones de Dios.

Encontramos a Dios también en Su templo, el tabernáculo que construyó Moisés; lo encontramos en el templo que construyó el rey Salomón, en el lugar santísimo, en medio de los querubines de oro sobre el propiciatorio, bajo el Pacto dado por Dios al pueblo hebreo a través de Moisés, bajo la Ley.

Y luego lo encontramos en el Nuevo Pacto en la Iglesia del Señor Jesucristo, manifestándose de edad en edad, pasando del Atrio al Lugar Santo (las siete edades de la Iglesia), y del Lugar Santo pasando en el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular, que es el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual formado por seres humanos, que son también como individuos templos humanos donde mora Dios en sus almas, en su corazón. Por eso San Pablo dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” [Primera de Corintios 3:16]

Por lo tanto, es importante conocer estos detalles para poder ver a Dios a través de la historia en medio del pueblo que está en el Pacto vigente para su tiempo; poderlo ver en Su Templo en el Antiguo Testamento, y poderlo ver en el nuevo Templo, formado por seres humanos, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y poder ver en qué etapa del Templo, qué parte del Templo de Dios, de la Iglesia de Jesucristo, nos encontramos en este lugar.

Porque Él estará cumpliendo lo que Él ha prometido para la etapa de nuestro tiempo, que es la etapa de la Edad de Piedra Angular, así como cumplió lo prometido para cada edad o etapa de la Iglesia en las edades pasadas; para lo cual vino Dios, Cristo en Espíritu, y se reveló al mensajero de cada edad, y le dio la Palabra prometida para cada edad al mensajero de cada edad; y cuando él la trajo, se creó por Palabra hablada la etapa de la Iglesia correspondiente bajo el Nuevo Pacto.

Así también es para nuestro tiempo. Dios cumplirá la Palabra prometida para la Edad de Piedra Angular. Es ahí donde están las grandes bendiciones de Dios para la Iglesia en este tiempo final, porque ya las demás edades han transcurrido y sus mensajeros han terminado su labor en la Tierra, y están en el Paraíso con el grupo que les tocó para su edad, esperando que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de Piedra Angular, y Cristo termine Su labor como Sumo Sacerdote intercediendo en el Templo celestial, en el Propiciatorio, y se cierre la Puerta de la Dispensación de la Gracia, y Él sea el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra.

Porque esto es lo que está prometido para hacer Cristo en Su Segunda Venida, viniendo a Su Iglesia para la resurrección de los muertos creyentes en Él, con los cuales Él vendrá; porque de la séptima dimensión pasará a la sexta dimensión (el Paraíso), donde están los mensajeros con su grupo correspondiente a cada edad; y de ahí vendrá con ellos, los resucitará en cuerpos glorificados, al mensajero y su grupo (luego de tener un juicio allá en el Paraíso a los mensajeros); y cuando los veamos resucitados, seremos transformados los que vivimos en este tiempo final; y entonces tendremos cuerpos jóvenes, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Cosas que están prometidas para ser cumplidas en este tiempo final, pues esas son las promesas correspondientes para nuestra transformación.

Y hay una promesa muy importante, que es que la Columna de Fuego, Cristo, el Ángel del Pacto, se moverá a una Gran Carpa Catedral, a un lugar pequeño de madera que le fue mostrado al reverendo William Branham.

Y en la página 40 del libro de “Citas”, él pregunta… Una cita de uno de los mensajes. Él pregunta… Cuando fue llevado a ese lugar y estaba en el aire, él vio la Columna de Fuego que se movió de donde él estaba hacia ese cuartito pequeño; y el Ángel le dice: “Te encontraré allí.” O sea que ahí van a estar, a lo menos, el mensajero de la séptima edad en alguna forma, y quizás todos los siete mensajeros de las diferentes edades. Habrá una bendición muy grande para la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final.

Y él vio a la Columna de Fuego moverse allá, y también él vio milagros y maravillas, fila de oración; vio también predicación, llamamiento al altar, todas esas cosas. Y le fue dicho: “Esto es la Tercera Etapa y no se lo dirás a nadie.”

Por supuesto, para que no sea interrumpido, porque siempre hay imitadores que salen primero tratando de sacar ventajas y diciendo que tienen revelaciones personales, y el enemigo los engaña. Pero él dijo: “Esto no será imitado, porque el enemigo no sabe lo que es esto.”

La Tercera Etapa será una manifestación plena del poder de Dios, la Palabra creadora siendo hablada. Y por eso en la lectura que habló el reverendo Miguel Bermúdez Marín, mostró que el reverendo William Branham dice que la fe va a subir a un nivel alto; y que la fe de las personas que tengan poca fe, no habrá problemas, porque será una etapa por la Palabra creadora siendo hablada. Eso está muy cerca de suceder.

Con el cumplimiento de esa Visión se sella el Programa de Dios, y sella con la transfiguración o glorificación de los escogidos de Dios que regresarán en la resurrección en cuerpos glorificados, y la transformación de los que estén vivos creyentes en Cristo del Día Postrero, de esa etapa de la Iglesia. Los que serán transformados serán de esa etapa de la Iglesia; los que serán resucitados serán de etapas pasadas y algunos de los nuestros también que hayan partido.

Por lo tanto, no hay problema con que alguna persona creyente en Cristo del tiempo final parta: volverá en cuerpo glorificado. Pero si permanece vivo hasta el tiempo final (para lo cual tiene que haber sido elegido por Dios para ese propósito), será transformado, para ser igual a Jesucristo en cuerpo glorificado, cuerpo eterno, inmortal y joven para toda la eternidad.

Ahí es donde obtendremos la vida eterna del cuerpo físico. La vida eterna en el cuerpo físico la tendremos en el cuerpo glorificado; pero ya tenemos vida eterna espiritual. Por lo tanto, primero se tiene la vida eterna espiritual, y después la vida eterna física en la resurrección y transformación de los que estén vivos, y resurrección de los que han muerto físicamente.

Ahora, todo eso lo hará Dios por medio de Cristo nuestro Salvador en el tiempo final en el cual estamos viviendo. Pero no sabemos en qué año, tampoco sabemos en qué mes, ni en qué semana ni en qué día. Pero como edad es el día de la Edad de la Piedra Angular, que corresponde al día octavo o domingo de la semana, que fue la resurrección de Cristo nuestro Salvador, el primer día de la semana, que es domingo.

Ahora, habíamos visto que Jacob dice que vio a Dios cara a cara; y donde dice que “esto es Casa de Dios y puerta del Cielo”, vio a Dios en la cúspide de la escalera. Y es ahí, la Edad de la Piedra Angular, donde será visto Dios manifestado en toda Su plenitud en el Día Postrero, donde Cristo o Dios en toda Su plenitud se manifestará para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Ahora, si vemos lo que dice San Juan, capítulo 1, verso 18, cualquier persona puede pensar que hay una contradicción; pero no hay ninguna contradicción. Luego de todos estos hombres, como Manoa y Jacob, han dicho que vieron a Dios cara a cara, vean lo que dice aquí Juan, capítulo 1, verso 18:

“A Dios nadie le vio jamás…”

Y ellos dijeron que vieron a Dios cara a cara.

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

Recuerden que ese es Jesucristo. Él es la imagen del Dios viviente. A través de la imagen divina, que es el cuerpo angelical de Cristo, llamado el Ángel del Pacto, es que Dios se dio a conocer desde el Génesis por toda la Escritura.

Todos los que han dicho que han visto a Dios cara a cara, lo que vieron fue el cuerpo angelical de Dios, que es la imagen del Dios viviente. Y luego los que vieron a Jesucristo estaban viendo a Dios, a Dios velado en un cuerpo de carne, a Dios en Su cuerpo físico, el cual ya está glorificado.

Por lo tanto, cuando nos encontremos con Él, con Jesucristo, estaremos viendo a Dios en forma humana pero cuerpo glorificado; y todos los creyentes en Cristo con cuerpos glorificados, toda la Familia de Dios, los hijos de Dios ya glorificados para el comienzo del Reino; pero primero la Cena de las Bodas del Cordero, donde Cristo y Su Iglesia serán investidos como Reyes sobre la Tierra y sobre toda la Creación.

Y luego, al final de la gran tribulación regresaremos para el comienzo del Reino de Dios en la Tierra, llamado el Reino de David. Y el Trono de David será ocupado por Cristo en el Día Postrero para el Reino Milenial.

Ahí hay un misterio, el cual por ahora lo vamos a dejar quieto, porque hay grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo de este tiempo final.

A Dios nadie le vio jamás. Y los que dijeron que vieron a Dios, lo que estaban viendo era el cuerpo angelical de Dios, llamado el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy. Abraham deseó ver mi día; lo vio y se gozó.”

Es importante, en la predicación del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, conocer a Dios y conocer quién es el Ángel del Pacto, y conocer quién es Jesucristo, el cual fue manifestado en la Tierra en un ministerio de tres años y medio, que terminaron… terminó a los 33 años.

Tuvo comienzo cuando tenía cerca de 30 años, cuando fue bautizado por Juan el Bautista. Vean, Dios nunca llega tarde: para el ministerio mesiánico de tres años y medio, el velo de carne a través del cual Dios manifestaría la promesa del Mesías, de la Venida del Mesías, ya estaba en la Tierra, por veintinueve años y medio; en donde compartió cultura, la religión de Israel y toda la vida cotidiana del pueblo hebreo, como uno más de los ciudadanos de Israel. Dios teniendo compañerismo con los seres humanos que estaban bajo el Pacto vigente de la Ley de aquel tiempo.

Siempre es importante saber que la Venida del Señor es para el pueblo que está bajo el Pacto vigente de ese tiempo. Es importante saber eso, porque así sabemos a dónde tiene que venir el Señor; a dónde tenía que venir en Su Primera Venida y a dónde tiene que venir en Su Segunda Venida.

Era Israel el que estaba esperando la Venida del Mesías, y vino y cumplió lo que tenía que cumplir para aquel tiempo; porque era el pueblo que estaba bajo el Pacto vigente para aquel tiempo. Y el pueblo que está bajo el Pacto vigente para el tiempo final es la Iglesia del Señor Jesucristo, que nació el Día de Pentecostés. Por eso es la Iglesia que espera la Segunda Venida de Cristo; y Él viene como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y los judíos cuando vean al Señor en medio de Su Iglesia, dirán: “¡Este es el que nosotros estamos esperando!” O sea: “¿Qué hace con los creyentes en Cristo?” Es que el Pacto vigente bajo la Dispensación de la Gracia lo tiene la Iglesia del Señor Jesucristo; y son promesas correspondientes al Nuevo Pacto, para ser cumplidas en el Día Postrero en medio del cristianismo.

Hasta ahí serán incrédulos los judíos. De ahí en adelante Dios abrirá la mente, el corazón y las Escrituras para ellos, para comprender toda la historia de la Primera y Segunda Venida de Cristo, y del Nuevo Pacto, en el cual está la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, lo que hay es que orar por los judíos, porque ellos tienen su tiempo; y ellos van a ser despertados conforme a Oseas, capítulo 6.

Bajo el Nuevo Pacto Cristo dice (para los del Nuevo Pacto): “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis.” [San Mateo 7:7] También dice: “Todo lo que pidiereis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.” Y también dice: “Todo lo que pidáis, el Padre lo dará.” (San Juan, capítulo 14; San Juan, capítulo 15; y San Juan 16). Y San Marcos, capítulo 11, versos 23: “Si dijeres a este monte: pásate de aquí a allá, se pasará y nada será imposible.”

Hay un monte que tiene que ser movido: el monte del reino de los gentiles. Conforme a Daniel, capítulo 2, verso 30 en adelante, ese monte va a ser movido, ese reino; y va a ser establecida la Piedra no cortada de manos, que crecerá y formará un gran monte, un gran Reino: el Reino Milenial del Mesías. Tan sencillo como eso.

Y eso es más que la remoción de un monte literal; porque un monte literal con una máquina lo pueden remover también; pero el monte del reino de los gentiles solamente Dios lo puede remover con la Piedra no cortada de manos, que es la Segunda Venida de Cristo para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, del Príncipe de Paz de Isaías, capítulo 9, verso 1 al 11.

Por lo tanto, hay futuro glorioso para los creyentes en Cristo; y hay promesas de parte de Dios para tener motivos para orar por esas bendiciones que Él ha prometido, esas promesas que hay para los creyentes en Cristo.

Alguna persona puede decir: “Pero si ya está prometido, ya no tengo que orar por eso.” Piense que es como en la casa, que es lo más familiar a uno: La nevera está llena, la estufa tiene electricidad o gas (lo mismo pasa en un restaurante); y usted tiene hambre y llega a la casa; le puede decir a la esposa: “Quiero tal cosa y tal cosa y tal cosa.” Es como si estuviera orando, haciéndole una petición. O en un restaurante pedir la carta; ahí dice lo que quiere, pero no se lo van a traer si no lo pide.

Y las bendiciones que hay prometidas, las promesas que hay prometidas, no le van a ser concedidas si no las pide. Por eso dice que oremos. Él sabe de lo que tenemos necesidad, Él sabe cuáles son las peticiones que le vamos a hacer, pero hay que pedir: “Pedid y se os dará.” [San Mateo 7:7]

Cristo nos enseñó a que pidamos lo que Dios ha prometido, a que pidamos de acuerdo a la voluntad de Dios, que es pedir de acuerdo a las promesas divinas. Tiene que pedir. Eso es… está reclamando lo que Él ha prometido, es para nosotros; pero si no lo pedimos, pues es que no lo necesitamos. Por lo tanto, Cristo nos dice: “Pedid. Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.”

Desde que lo ve escrito, lo que está prometido, las promesas de Dios, las cree y ora, las pide: comienza el proceso de la materialización, que no sabemos cuánto tiempo le toma a una persona comparada con otra; va a depender de la fe de la persona.

Manténgase firme pidiendo, y firme creyendo que recibirá lo que ha pedido; porque lo examinará con la Palabra y sabrá que está pidiendo conforme a la voluntad de Dios; y así Dios será glorificado y Cristo será glorificado en nosotros, y glorificaremos a Cristo.

Porque Él es la Vid verdadera; nosotros somos los pámpanos o ramas donde el fruto se lleva. “Y en esto es glorificado mi Padre (dice Cristo), en que llevéis mucho fruto.” (San Juan, capítulo 15).

Algunos dicen: “Yo me conformo con un poquito.” Jacob no se conformaba con poco, ni Abraham tampoco. El creyente en Cristo se conforma con todo lo que Dios ha prometido para él. Por lo tanto, Dios no es escaso para nosotros; hay abundante bendición para todos nosotros. El único que se conformó con no pedir y no tener nada fue el siervo negligente, y le fue quitada la bendición y dada a otra persona; y no pudo entrar al Reino.

“PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE (o sea, en el Nombre del Señor Jesucristo), Y ÉL TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO.”

La Visión de la Carpa dará cumplimiento también a esas palabras de Cristo; porque la cámara donde Cristo dice que uno entre en su cámara secreta, que puede ser la habitación principal o la oficina de la persona, donde ora a Dios en el Nombre del Señor, como costumbre de todo el cristianismo y del judaísmo también; esa cámara secreta es tipo y figura del lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón; y es tipo y figura también del alma de la persona, que es el lugar secreto donde mora Dios, en el interior del creyente; y es tipo y figura del lugar santísimo del templo que construyó Salomón; y es tipo y figura del Lugar Santísimo de la Edad de la Piedra Angular, del Templo espiritual de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo, que en este tiempo final ha subido más arriba, a la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo.

Por eso la manifestación plena de Dios será en la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo, así como fue en el templo que construyó Salomón y el tabernáculo que construyó Moisés.

Para dar la bendición espiritual a los creyentes en Cristo, a Sus discípulos, tuvieron que subir al aposento alto. Para la bendición que viene para los creyentes en Cristo: la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, hay que subir al Aposento Alto de la Edad de la Piedra Angular (tan sencillo como eso), para recibir las bendiciones espirituales y materiales, la transformación física de nuestros cuerpos mortales. Tan sencillo como eso.

Es ahí donde suena la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, que nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; lo cual todo girará alrededor de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; como nos muestra Apocalipsis, capítulo 10, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el cual es Cristo clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces.

Ahí está el secreto por el cual hubo silencio en el Cielo como por media hora. Por eso fue dicho a Juan: “No escribas lo que los truenos hablaron”; si no, tendríamos imitaciones, muchas imitaciones que harían mucho daño aun a los escogidos. Porque los escogidos, si fuera posible serían engañados por los imitadores. Si fuera posible. Pero no será posible, porque la Voz de Cristo estará en la Edad de Piedra Angular, así como estuvo en edades pasadas en los mensajeros en medio de la Iglesia en la edad correspondiente. Pero para este tiempo final será más cerrado el secreto, para evitar las imitaciones de los imitadores, que para sacar provecho, se aprovecharán, y para combatir a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, estemos preparados porque algo grande se prepara para suceder en este tiempo final, para bendición de los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto en la dispensación que nos corresponde, donde hace el entrelace la Dispensación de la Gracia con la Dispensación del Reino.

“PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual puede pasar al frente aquí, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como Salvador.

Y los niños también, de 10 años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14] O sea que Cristo no discriminó ni contra los niños ni contra las mujeres tampoco. Eran muchas hermanas las que acompañaban a Jesús en Su ministerio, y ayudaban, trabajaban, respaldaban el ministerio de Jesucristo.

Para todos hay lugar en el Reino de Cristo. Y para nuestro tiempo, el siervo que fue enviado a buscar de edad en edad el Espíritu Santo, buscar los que entrarían a la Cena, al final dijo: “Ya se ha hecho como dijiste (le dijo al padre de familia), y todavía hay lugar.” Y ya han transcurrido las siete edades de la Iglesia y todavía hay lugar, ¿dónde? En la Edad de la Piedra Angular. Hay lugar para los que escuchan y nace la fe de Cristo en su alma y reciben a Cristo como Salvador. Todavía hay lugar.

Gracias a Dios que todavía hay oportunidad de salvación para las personas que faltan por llegar al Reino de Dios, escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas aquí presentes y en otras naciones, que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Doy testimonio público de Tu fe en mí y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz realidad la Salvación para mí, que ganaste en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que están presentes y en otros países, que han recibido a Cristo como Salvador, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar en agua en el Nombre del Señor?” Como se hacía en el tiempo de los apóstoles, que se predicaba y en el mismo momento pedían el bautismo, y eran bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como Salvador. Por eso dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:16] Tan sencillo como eso. Eso es así en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, el Reino del Mesías.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Es que estábamos en Él, en Cristo, eternamente, como los genes del pensamiento divino; así como estábamos en nuestros padres terrenales, en los genes de nuestro padre.

Por eso dice en Hebreos, capítulo 7, que cuando Jacob – cuando Abraham diezmó a Dios, a Melquisedec, estaba también diezmando Leví, el cual ni había nacido; porque Leví es hijo de Jacob, y Jacob es hijo de Isaac, el cual tampoco había nacido. Y vean cómo en cuatro generaciones, la cuarta generación anterior, ahí estaba Leví en los lomos de Abraham como un gen.

Como genes en los lomos de una cuarta generación físicamente estábamos nosotros, nuestro cuerpo físico; que del tatarabuelo al abuelo pasa, del abuelo al papá y del papá a lo que uno es físicamente. Por eso también hereda problemas de salud que vienen de nuestros padres, abuelos o tatarabuelos; y también bendiciones.

El bautismo en agua es un requisito establecido por Cristo nuestro Salvador, para todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador. Y el ejemplo lo da Cristo: cuando Juan el Bautista estaba bautizando en el Jordán, llegó Jesús; y cuando le tocó Su turno, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó; y descendió el Espíritu Santo – cuando subió de las aguas bautismales, descendió el Espíritu Santo en forma de paloma sobre Jesús.

Miren lo que estaba impidiendo Juan el Bautista cuando le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti.” Quería que Jesús lo bautizara a él, y le tocaba a Juan bautizar a Jesús para que viniera el Espíritu Santo sobre Jesús y fuera ungido como el Mesías-Príncipe en el cumplimiento de la Primera Venida del Señor.

Y cuando una persona impide o no quiere ser bautizada, está impidiendo que venga el Espíritu Santo sobre la persona para producir el nuevo nacimiento; está perdiendo una bendición muy grande para nacer en el Reino de Dios.

No hay forma diferente para nacer en el Reino de Dios: tiene que nacer del Agua y del Espíritu, dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3. “El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios,” dice Cristo. Nacer del Agua es nacer de la Palabra; y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo.

Así que tenemos un cuadro claro del bautismo en agua, de la Primera Venida de Cristo y de todas las promesas correspondientes a este tiempo final, la edad en que nos encontramos.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la Palabra del Señor bajo el tema para el estudio bíblico de hoy domingo: “PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO.”

La manifestación que habrá en el cumplimiento de la Visión de la Carpa será Dios recompensando públicamente lo que estará siendo hablado, las peticiones u oración que estarán siendo hechas en ese lugar pequeño de madera que le fue mostrado al reverendo William Branham. Y ahí hay un Nombre también.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde; y hasta el próximo viernes y domingo, Dios mediante, que estaré con ustedes nuevamente aquí.

Oren mucho por mí y por ustedes también. Oremos los unos por los otros, ustedes aquí presentes y los que están en otras naciones. Oremos los unos por los otros, para que Dios nos bendiga con el cumplimiento de las cosas que Él ha prometido que pidamos, y Él las dará.

El mismo Cristo oraba y pedía a Dios; y pedía conforme a la voluntad de Dios. Y cuando no era conforme a la voluntad de Dios, decía: “Pasa de mí esta copa; pero no se haga conforme a mi voluntad, sino conforme a Tu voluntad.” [San Mateo 26:36-39]

“Si no puede ser pasada, está bien; que sea Tu voluntad si tengo que pasar por esta etapa de muerte y sufrimiento, por la cual estoy pasando,” o estaba pasando ya desde el Monte de los Olivos.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y oren mucho por las actividades del viernes y el domingo, Dios mediante, para que Dios nos dé mucha Palabra abierta, revelada, y nuestro entendimiento sea abierto a toda esa Palabra que Él nos dará.

Recuerden que los discípulos estuvieron tres años y medio con Cristo, y todavía no entendían que tenía que pasar por la muerte para luego resucitar; hasta que les fueron abiertos los sentidos, las Escrituras y el entendimiento para comprender. Eso está en San Lucas, por el capítulo 24 de San Lucas.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo en este el Día de los Padres.

Para lo cual reitero mis felicitaciones a todos los padres presentes y a los que están en otras naciones. ¡Felicidades a todos los padres!

Con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país al ministro correspondiente.

“PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL TE RECOMPENSARÁ EN PÚBLICO.”

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