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Pedid al Padre en Su Nombre, y Él nos recompensará – Introducción
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Pedid al Padre en Su Nombre, y Él nos recompensará – Introducción

Muy buenas noches, amados hermanos y amigos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet, ministros y sus congregaciones, y también los ministros que nos visitan en esta ocasión. Que Dios les bendiga y les guarde, y nos hable a todos directamente a nuestra alma, y nos edifique y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

La Escritura nos dice en San Mateo, capítulo 6, versos 6 al 8:

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para el próximo domingo, Dios mediante, es: “PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ.”

Esta noche hemos tenido la introducción que nos habló el misionero Miguel Bermúdez Marín, y tendremos unos minutos más de introducción al tema del estudio bíblico del próximo domingo.

El Señor Jesucristo nos habla de que en la cámara secreta, y cerrada la puerta, oremos al Padre en secreto; y Él nos recompensará en público. O sea que nos enseña a que oremos en nuestros hogares, en nuestra habitación, cerrada la puerta, para que nadie nos interrumpa la comunión; cerrados, para que no conversemos con otras personas, sino que estemos en conexión directa con Dios. Esto es en la parte nuestra como creyentes en Cristo en nuestro hogares.

Y en la parte profética para la Iglesia del Señor Jesucristo es para el tiempo final, así como para cada tiempo la edad que corresponde a cada tiempo; y sobre todo en este tiempo final, en el cual ha de suceder algo muy importante, conforme a San Lucas, capítulo 13, verso 22 en adelante. Dice:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.

Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.

Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.”

O sea que la Puerta, la cual es Cristo…, el cual dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y en San Mateo, capítulo 7, verso 13 en adelante, nos dice, de la Puerta… 13 al 14, dice:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;

porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”

San Juan nos dijo en el capítulo 10, verso 9, el mismo Cristo dice: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.” Y en San Mateo… En San Juan, capítulo 14, verso 6, nos dice Cristo:

“Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? 

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Aquí Cristo se identifica como el Camino, el único camino a Dios, al Padre; y nadie puede ir a Dios, al Padre, si no es a través de Cristo, el único camino para llegar a Dios.

Y ahora, encontramos que el mismo Cristo en este mismo capítulo 14, versos 13 al 14, de San Juan, dice:

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.”

Y ahora, tenemos la promesa de que todo lo que pidamos al Padre en el Nombre del Señor Jesucristo, Él lo hará. Por lo tanto, pedid en Su Nombre, y Él nos recompensará concediéndonos las peticiones de nuestros corazones expresadas en nuestras oraciones. “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Por lo tanto, para que se materialicen las cosas ―las cosas que creemos― tenemos que confesarlas, orando a Dios, dando testimonio de lo que creemos; y pidiéndole a Dios que nos conceda las peticiones de nuestro corazón. Y la petición más grande que tenemos que Él nos conceda, luego de la salvación, es nuestra transformación y arrebatamiento al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero… a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ concediéndonos las peticiones de nuestro corazón.

Para la petición de la transformación nuestra y el rapto, tenemos que tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; la fe, la revelación del Séptimo Sello, la fe para rapto que tanto necesitamos; y la cual tenemos el derecho a pedir porque Él lo prometió, y lo cumplirá como Él lo ha prometido. Y eso será lo que nos dará la gran victoria en el amor divino, y eso es para la Edad del Amor Divino, la Edad de Piedra Angular.

No fue cumplida en otras edades porque es para nuestra edad, la Edad de Piedra Angular, en la cual el llamado es: “Sube acá.” [Apocalipsis 4:1]

Así como fue subiendo la Iglesia de edad en edad, y así fue siendo construida la Iglesia, el Templo espiritual de Cristo, ahora el llamado es más arriba: la Edad de Piedra Angular, a la cual somos convocados por la Trompeta de Dios, el Mensaje de Dios correspondiente a este tiempo final, para recibir la revelación, la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Esto es en el campo profético del Programa Divino para nuestro tiempo. Eso nos dará la gran victoria en el amor divino, nos dará esa victoria por medio de Jesucristo nuestro Salvador, el cual siempre nos da la victoria.

“PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ.”

En la Visión de la Carpa que tuvo el reverendo William Branham, él preguntó por qué en un cuartito pequeño de madera, por qué en ese cuartito pequeño estaría la presencia de la Columna de Fuego y el Ángel que lo acompañaba; y él entraría a ese cuartito pequeño.

“¿Por qué en un cuartito pequeño? ¿Por qué ahí?” Le fue dicho: “¿No dijo nuestro Señor: Cuando ores, entra en tu cámara secreta y ora a tu Padre que ve en secreto; y Él te recompensará en público?”

Ese cuartito pequeño representa la Edad de Piedra Angular, donde será cerrada la Puerta cuando al Padre de familia le corresponda cerrar la Puerta. Y ahí será donde Él va a manifestarse desde un lugar secreto, y en público luego se van a ver los resultados; pero Él estará en una cámara o cuartito pequeño de madera en el cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Dice San Lucas, capítulo 13, verso 24 en adelante:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”

Y ahora, la Puerta ―que es Cristo― se cerrará al final de la Dispensación de la Gracia; y ya para entrar al Nuevo Pacto en la Dispensación de la Gracia, no habrá Puerta abierta para entrar, porque habrá finalizado la Dispensación de la Gracia; y se abre la Puerta de la Dispensación del Reino para los escogidos de Dios entrar a esa Puerta abierta.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, nos dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Al decir “cenaré”, está hablando del tiempo de la tarde; y el tiempo de la tarde, corresponde en el campo profético a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y en la Iglesia del Señor Jesucristo: el y al territorio americano, al Oeste; sobre todo, a la América Latina y el Caribe, donde se estará cumpliendo la parte del llamado a la Cena de las Bodas del Cordero.

Siempre la cena corresponde al tiempo de la tarde, y por consiguiente corresponde al Oeste, porque el sol se pone en el Oeste; por lo tanto, alguien va a abrir la Puerta para la Cena. Y esa Puerta se abre en la Edad de la Piedra Angular; la Puerta de la Edad de la Piedra Angular se abre, sale el llamado; y son convocados los que van a estar en esa Cena, los cuales son buscados entre las diferentes naciones.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Y ahora, el Trono del Señor en Su Iglesia es la Edad de Piedra Angular, porque la Edad de Piedra Angular corresponde al Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; y Su Templo espiritual es Su Iglesia; así como el lugar santísimo del individuo como ser humano, como templo espiritual, es su alma, sinónimo del corazón.

Y por consiguiente, es al alma que entra Cristo en Espíritu Santo para gobernar, reinar, sobre la vida de cada creyente en Cristo; y ahí le habla directamente al corazón por medio de Su Palabra, y lo guía por Su Espíritu a toda justicia y a toda verdad.

El ser humano es alma viviente; tiene espíritu, que es un cuerpo espiritual, de otra dimensión, y tiene cuerpo físico de esta dimensión terrenal.

La Iglesia del Antiguo Pacto es Israel, como Templo espiritual donde Dios estaba. Y la Iglesia del Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo, tiene Atrio, tiene Lugar Santo (que corresponde a las diferentes etapas o edades de la Iglesia) y tiene Lugar Santísimo (que corresponde a la Edad de Piedra Angular).

Nos ha tocado la Edad del Lugar Santísimo, la Edad de la Piedra Angular, la Edad para la Venida del Señor en toda Su plenitud; así como vino en el tabernáculo que construyó Moisés, y entró al lugar santísimo, y se colocó sobre el propiciatorio en medio de los dos querubines de oro. Así sucedió cuando Salomón dedicó el templo a Dios también, y así sucedió cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista; porque Cristo es el Templo humano de Dios; por eso dijo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Él dijo: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Moraba dentro de Jesús.

Y luego, del Día de Pentecostés en adelante, vino a morar Dios en Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en Su Iglesia; y sigue morando en Su Iglesia, pasando de edad en edad, llevando a Su Iglesia de edad en edad, usando velos de carne, Sus mensajeros correspondientes a cada edad; y para nuestro tiempo nos hace el llamado de subir más arriba, a la Edad de Piedra Angular.

Por lo tanto tendrá un instrumento para hablarnos en este tiempo final, en la Edad de Piedra Angular. Será el Espíritu Santo hablándonos directamente a nuestra alma en este tiempo final. Y eso será la bendición más grande de todos los tiempos, porque es la bendición del Lugar Santísimo, la Cámara secreta del Rey, de Cristo nuestro Rey y Salvador.

Por lo tanto, oremos a Dios en nuestro tiempo, y Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón. Pedid al Padre en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo, y Él nos recompensará.

Esta ha sido la introducción al estudio bíblico que tendremos el próximo domingo, Dios mediante.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, ustedes que están presentes y los que están en diferentes naciones, ministros y congregaciones, conectados con esta actividad. Pasen todos muy buenas noches.

Dejo con ustedes aquí al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente a continuación. Y al doctor Miguel Bermúdez Marín lo dejo allá en Topochico, República Mexicana, a continuación.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“PEDID AL PADRE EN SU NOMBRE, Y ÉL NOS RECOMPENSARÁ.”

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