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La Familia de la Fe
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La Familia de la Fe

Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes, y los que están en diferentes lugares, países, ministros y congregaciones, hermanos y hermanas, y también misionero Miguel Bermúdez Marín. Que las bendiciones de Cristo nuestro Salvador sean con todos ustedes, y les bendiga grandemente y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y nos abra el entendimiento y las Escrituras para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Gálatas, capítulo 6, verso 10; y Efesios, capítulo 2, verso 19. En el capítulo 6, verso 10, de Gálatas, dice:

“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.”

Y en Efesios, capítulo 2, verso 19, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios…”

Y en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA FAMILIA DE LA FE.”

La familia de la fe, la familia de la fe en Cristo y de la fe de Cristo, es la Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales ya no son extranjeros ni advenedizos en el Reino de Dios, sino conciudadanos de los santos y miembros de la Familia de Dios. Esas personas son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente esos son los hijos de Dios por medio del segundo Adán.

Por medio del primer Adán los seres humanos han venido a este mundo sin vida eterna y con muchos problemas de salud; porque Adán perdió la vida eterna física al pecar, y por eso tuvo que morir a los novecientos y algo de años (unos 930 años). No llegó a mil años, porque mil años es un día delante de Dios; por lo tanto, en el milenio que él pecó, ese milenio, ese Día delante de Dios, en ese Día murió físicamente, perdió la vida eterna.

Fue la vida eterna la que perdió Adán; y el Título de Propiedad pasó, regresó a la diestra de Dios, para ser reclamado en el Día Postrero por el Mesías-Príncipe, por Cristo en el Cielo, y traerlo a la Tierra para restaurar a todos los hijos e hijas de Dios a la Familia de la fe, restaurarlos físicamente a la vida eterna; para lo cual producirá la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos, igual a Su cuerpo glorificado; como dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, el cual es importante leer para tener el cuadro claro de lo que estamos esperando de parte de Dios.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Por cuanto los creyentes en Cristo, su ciudadanía como creyentes en Cristo nacidos de nuevo, es celestial; por lo tanto, nuestra ciudadanía del nuevo hombre, como creyentes en Cristo nacidos de nuevo que formamos la Iglesia del Señor Jesucristo, esa ciudadanía es celestial; porque el nuevo nacimiento no es terrenal.

Nuestros padres terrenales no nos pudieron dar el nacimiento en el Reino de Dios, pero Cristo el segundo Adán, nos da ese nacimiento en el Reino de Dios; de lo cual le habló a Nicodemo cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6).

Lo más importante para un ser humano en la Tierra es nacer de nuevo, nacer en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, en donde obtiene la vida eterna; y por consiguiente, si muere: va al Paraíso y en la Venida de Cristo será resucitado en cuerpo glorificado; pero si queda vivo en la Tierra hasta ese momento: la promesa es que seremos transformados a la Final Trompeta, o sea, al Mensaje Final de Dios, al Mensaje que corresponde a este tiempo final para la generación octava de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Hemos tenido diferentes generaciones de la Iglesia. Por ejemplo, entre los gentiles la generación que comenzó fue la generación de San Pablo, generación paulina o paulista; luego vino otra generación con otro mensajero, otra edad, otra etapa de la Iglesia, la segunda etapa; luego vino la tercera etapa con otro mensajero. Y en esa manifestación de Cristo en Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad, trajo hijos e hijas que por medio de la Palabra creadora fueron llamados y juntados, en los cuales Dios produjo el nuevo nacimiento y vinieron a ser parte de la Familia de la fe, de la Familia de Dios, creyentes en Cristo en la edad que les tocó vivir, en la generación que les tocó vivir.

Así fue para la tercera, cuarta, quinta y séptima generación o edad de la Iglesia, en donde corresponde a la Edad Pentecostal, y su mensajero fue el reverendo William Branham. Hubo una generación quinta también, que fue la generación luterana; luego una generación sexta, que fue la generación wesleyana; y luego la séptima dispensación o edad o generación, fue la Edad Pentecostal; y luego viene la edad o generación de la Edad de la Piedra Angular, en donde Dios tendrá Sus hijos e hijas a los cuales vendrá en Su Segunda Venida en medio de los que estén vivos en ese tiempo.

Y Él viene con los que ya partieron, los cuales traerá del Paraíso para resucitarlos en cuerpos glorificados; y cuando los veamos resucitados, entonces nosotros seremos transformados. Tan sencillo como eso.

Cuando la Iglesia reconozca, la Iglesia-Novia reconozca su posición… ¿Su posición, dónde? En el Cuerpo Místico de Cristo, la edad que le corresponde en este tiempo final. Cuando la Iglesia reconozca su posición, entonces vendrá el rapto; vendrá la resurrección, la transformación de los vivos y el arrebatamiento o rapto de la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿En qué generación o edad estará la Iglesia del Señor Jesucristo para la Segunda Venida de Cristo? En la octava generación, la generación de la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, la edad para la Venida de la Piedra Angular, que es la Venida de Cristo; para lo cual tiene que haber una Edad de Piedra Angular.

Esa es la generación que recibirá a Cristo en Su Segunda Venida y que serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y todo eso ocurrirá en la Familia de Dios, en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es la Iglesia del Señor Jesucristo la Casa de morada de Dios como Cuerpo Místico de creyentes, donde están los creyentes en Cristo, que también son templos espirituales donde mora el Espíritu de Cristo en carne humana. Es ahí donde se cumplirá la Venida de Cristo en el Día Postrero.

Cuando los judíos vean a Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 al 11, viniendo por Su Iglesia, ellos dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando”; pero Él viene por Su Iglesia, por Su Familia, por Sus hijos en la octava generación.

Así como Israel tuvo siete edades de la Iglesia hebrea bajo la Ley, y luego en la séptima etapa apareció Juan el Bautista como precursor de la Primera Venida de Cristo, y luego vino la Edad de Piedra Angular…; porque vino la Piedra Angular —que es Cristo— en Su Venida al pueblo hebreo; la Piedra que los edificadores desecharon vino en la octava etapa o edad o generación de la Iglesia hebrea bajo la Ley.

Y ahora estamos paralelos al tiempo de la Primera Venida de Cristo, esperando la Segunda Venida de Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos; para lo cual, así como para el tiempo de Edad de Piedra Angular del tiempo de Jesús hubo un Mensaje, el cual fue preparando al pueblo para recibir las bendiciones que Dios tenía para aquel tiempo, preparando al pueblo y preparando todo el Sacrificio que Él llevaría a cabo, y preparando al pueblo para recibir el Espíritu Santo y obtener el nuevo nacimiento; para este tiempo la preparación también será para recibir la bendición de la transformación, y obtener el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, que es la doble porción, la adopción de los hijos e hijas de Dios.

La primera porción es recibir el Espíritu Santo y obtener la transformación espiritual, obtener el nuevo nacimiento; y luego la segunda porción es obtener nuestra transformación, y así obtener el cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de nuestro amado Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso es lo que estará sucediendo en este tiempo final.

Para lo cual estamos en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, el Templo espiritual de Cristo en donde mora Cristo desde el Día de Pentecostés hacia acá. Esa es la Casa de Dios: la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y los creyentes en Cristo como individuos son casa de Dios también; y forman la Iglesia, la Casa de Dios como Cuerpo Místico de creyentes, todos los hijos e hijas de Dios, que son los hijos de la fe.

Los miembros de la Familia de la fe son los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente son miembros de la Familia de Dios; por eso son hijos e hijas, y por eso llamamos a Dios: “Padre nuestro que estás en los Cielos.”

Solamente un hijo llama “padre” a aquel que lo engendró. Y por cuanto Cristo, Dios por medio de Cristo, nos engendró como hijos e hijas de Dios al producir el nuevo nacimiento por Su Espíritu, ahora en la octava generación estamos esperando la adopción como hijos e hijas de Dios, que es la redención del cuerpo, la transformación de nuestro cuerpo, la glorificación de nuestro cuerpo, para así tener un cuerpo inmortal, un cuerpo con vida eterna, como era antes de la caída del ser humano.

Y ahora esperamos ese momento preparándonos para nuestra transformación, para la adopción de la Familia de la fe, de la Familia de Dios, de los hijos e hijas de Dios, en esta octava generación de la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente, octava generación de Cristo en Su manifestación final.

Recordemos que de edad en edad Cristo en Espíritu Santo ha estado en Su Iglesia reproduciéndose en hijos e hijas de Dios por medio de Su Espíritu en Su Iglesia manifestado de generación en generación, de edad en edad, a través del mensajero de cada edad. Esa es la Obra que ha estado aconteciendo en la Casa de Dios, la Familia de Dios, la Familia de la fe, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Templo espiritual de Cristo donde mora Cristo en Espíritu Santo.

En una ocasión San Pablo dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” [Primera de Corintios 3:16] Así como Cristo dijo en una ocasión: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” Pensaban que hablaba del templo de piedras… El templo de piedras solamente representaba a Cristo y Su Iglesia; pero Él hablaba del templo, de Su cuerpo físico, conforme a San Juan, capítulo 2 [2:19].

Es que los creyentes en Cristo, así como Cristo, son templo de Dios, son templo del Espíritu de Dios. Por eso Cristo decía [San Juan 14:10]: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y en Su Iglesia, así como Dios vació en Cristo todo, Cristo ha vaciado en Su Iglesia todo Su poder. Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo, donde está el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo, es la niña de los ojos de Dios; es y está en el Reino de Dios en la esfera espiritual.

“El que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios”; pero el que nace del Agua y del Espíritu, ha entrado al Reino de Dios. Y la promesa de la Venida del Hijo del Hombre es a la Iglesia del Señor Jesucristo. Dice San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

O sea, que el Hijo del Hombre vendrá en Su Reino, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Reino de Dios en la esfera espiritual. Y está en el Reino de Dios en la esfera espiritual, por eso dice que: “nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, con el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.” (Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21).

Es a la Final Trompeta que Él resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y eternos, y transformará a los creyentes que estén vivos en el tiempo final, en la generación octava.

“Cuando la Iglesia reconozca su posición (dice el reverendo William Branham), entonces vendrá el rapto.” O sea que hay que estar en la posición, edad o generación correcta, para recibir la Venida del Señor, ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Él no vendrá a la primera edad —esa edad pasó; tampoco a la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima —ya esas edades pasaron; pero Él irá a los que formaron cada edad y que están en el Paraíso con Sus mensajeros; allá Él irá primero, allá hará un juicio a los mensajeros en la sexta dimensión; y de allá los traerá a la Tierra para darles el cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado que Él ha prometido para todos los creyentes en Él. Y los que permanezcamos vivos en este tiempo final, en la generación correspondiente, que es la octava, la edad octava, la Edad de Piedra Angular, recibiremos nuestra transformación. Es ahí la etapa a la cual Él vendrá para transformarnos y llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, continúa Él llamando los que faltan para completar Su Iglesia; y a los que ya estamos: para prepararnos para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; porque pertenecemos a la Familia de Dios, a la Familia de la fe, a la Familia del Padre celestial, que por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios.

Como el grano de trigo por medio de la planta de trigo se reproduce en muchos granos de trigo; y Cristo se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios, los cuales serán a imagen y semejanza de Dios, vendrán a ser iguales a Cristo con cuerpos eternos, inmortales y glorificados.

Por lo tanto, estemos preparados para ese momento tan glorioso que ha de llegar, en donde veremos los muertos en Cristo resucitados en cuerpos glorificados. O sea que estaremos viendo miles o millones de jóvenes iguales a Cristo, glorificados; y entonces nosotros seremos transformados, y también vendremos a ser jóvenes para toda la eternidad.

Entonces la muerte desaparecerá. No habrá muerte de ahí en adelante para los creyentes en Cristo que sean transformados estando vivos, y para los que murieron y sean resucitados en cuerpos glorificados. Porque son la Familia de la fe, la Familia de Dios, hijos e hijas de Dios que estábamos en Dios eternamente; así como físicamente estábamos en nuestro padre terrenal, pero antes en nuestro abuelo, antes en el bisabuelo, y así por el estilo, pero hemos aparecido cada uno en la familia correspondiente; pero como creyentes en Cristo aparecemos en la Familia de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por todos los creyentes en Cristo.

Grandes promesas de grandes bendiciones hay para la Familia de la fe, para los creyentes en Cristo, los hijos e hijas de Dios que forman la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, donde mora el Espíritu de Dios. Y es para este tiempo final, para la generación o edad octava, la Edad de Piedra Angular, que las grandes bendiciones que no se han cumplido todavía, serán cumplidas para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, no solamente para mí; es para todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que estarán en la etapa, edad o generación octava.

Recuerden que el ocho representa eternidad, es la Edad del Amor Divino para todos los creyentes en Cristo; y es ahí donde permaneceremos hasta obtener nuestra transformación.

Para eso es que Él nos ha llamado en este tiempo final: para prepararnos para nuestra transformación, nuestra adopción, que será la adopción, la transformación, la redención del cuerpo físico, transformando nuestro cuerpo en cuerpo glorificado, inmortal, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo, y joven para toda la eternidad.

Esa es la meta de Dios para con cada uno de los hijos de Dios, para con cada uno de los miembros de la Familia de Dios, de la Casa de Dios, de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Templo de Dios en el Nuevo Testamento, y en donde cada creyente en Cristo como individuo también es un templo espiritual donde mora el Espíritu de Dios.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así nazca en la Familia de Dios, la Familia de la fe, la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente nazca en el Reino de Dios; y así entre al Reino de Dios con vida eterna.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; puede pasar al frente y oraremos por usted. Y en cada país también pueden pasar al frente los que no han recibido a Cristo, para recibirlo como su único y suficiente Salvador, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo en esta ocasión.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan los que todavía no han recibido a Cristo, para recibirlo aquí y en otros países.

Y también los niños de 10 años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14] O sea que Dios también extiende la oportunidad a los niños y no quiere que le impidan a los niños venir a Él.

Pueden continuar viniendo en todos los países a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo dentro de algunos minutos.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz en mí una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador, con cuerpos eternos, glorificados, inmortales y jóvenes para toda la eternidad.

Bien pueden ser bautizados todos los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión. Para lo cual, dejo al ministro correspondiente en cada nación, en cada congregación, en cada iglesia. Y aquí dejo al reverendo José Benjamín Pérez a continuación.

Que Dios les bendiga y les guarde; y será hasta el próximo domingo, Dios mediante, en que estaré con ustedes nuevamente.

Domingo próximo, aquí… Estaremos como a 21. Hoy es domingo 14, y siete: 21. Así que les veré el próximo domingo, Dios mediante.

Oren mucho por mí para que Cristo me dé el tema y todo el contenido del tema correspondiente al próximo viernes y domingo. Y el viernes será confirmado si estaré con ustedes el domingo.

Hasta donde entiendo estaré con ustedes el próximo domingo, pero para estar más seguro, el próximo viernes estaré con ustedes, y el viernes les confirmo si estaré el domingo con ustedes. Oren mucho por el culto del viernes y del domingo también.

Que Dios me los bendiga y les guarde; y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación.

Que Dios les bendiga y les guarde.

Y el viaje a Israel fue un éxito total. Después veremos algunas de las cosas de allá de Jerusalén.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde; y hasta el próximo viernes y domingo, Dios mediante. Oren mucho por esas actividades del viernes y del domingo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Me dan una información aquí: que estaré aquí el próximo viernes y el próximo domingo también.

“LA FAMILIA DE LA FE.”

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