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El Libro sellado con Siete Sellos
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El Libro sellado con Siete Sellos

Muy buenos días y buenas tardes. Buenos días para los que todavía no son las 12:00 del mediodía, y buenas tardes para los que ya han pasado de las 12:00 del mediodía.

Estuve escuchando al misionero Miguel Bermúdez Marín, y escuchando cómo va el trabajo del respaldo para la construcción de la Gran Carpa Catedral. Mis felicitaciones a todos los que están trabajando en el proyecto de la Gran Carpa Catedral en Puerto Rico y en diferentes países, ministros e iglesias: Que Dios les bendiga grandemente, les prospere espiritualmente, les use grandemente en Su Obra, y les recompense en el Reino de Dios cuando Él reparta los galardones que Él ha prometido; como dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 12: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a todos.” Vamos a ver cómo lo dice aquí:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

“Según sea su obra.” Para los que van a recibir los galardones es según sea su obra en el Programa Divino, en la Iglesia del Señor Jesucristo, que son los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Los que estén vivos serán transformados, y los que murieron físicamente serán resucitados en cuerpos glorificados, pues ellos vendrán con Cristo y con los mensajeros de su edad, cada uno en el grupo con su mensajero que le corresponde, luego de ser juzgados por Cristo en la sexta dimensión, donde también lo están esperando; como nosotros acá en esta dimensión lo estamos esperando, allá también lo están esperando; en donde se llevará a cabo un juicio a los mensajeros por todo lo que han predicado; y estará cada mensajero con su grupo en ese juicio.

No es para condenación, pues todos van a venir con Cristo, cada uno con su grupo, para ser transformados y estar una temporada aquí con los que serán transformados. Serán resucitados en cuerpos eternos los que vendrán, y los que estemos aquí todavía vivos seremos transformados, y ellos se encontrarán con nosotros; cuando los veamos, seremos transformados. Y entonces será, la Iglesia del Señor Jesucristo, todos, jovencitos, de 18 a 21 años de edad.

Por lo tanto, mis felicitaciones a todos los que trabajan en el Programa Divino; también a los que están respaldando el proyecto de la Gran Carpa Catedral, donde esperamos grandes bendiciones de Dios.

Y a los familiares de los que han partido, reciban mis condolencias, y reciban la Palabra de que resucitarán sus familiares creyentes en Cristo que se han ido; resucitarán para ser transformados, tener un cuerpo glorificado, y estar nuevamente con nosotros en el tiempo final.

Si su familiar creyente en Cristo murió teniendo 60, 80 años, no espere el regreso de un viejito o una ancianita, sino de una persona joven, de 18 a 21 años de edad; así es como los vamos a ver a ellos; y a Cristo en Su cuerpo glorificado, cuando lo veamos, será un joven que representará de 18 a 21 años de edad. Y eso mostrará que todos han regresado a la vida eterna física que está prometida en la Escritura. Esa es la adopción física, la redención del cuerpo físico, recibiendo un cuerpo glorificado.

Así como el nuevo nacimiento produce ese nacimiento en el Reino de Dios con el Espíritu Santo, así el nacimiento físico en el cuerpo glorificado será hecho de parte de Cristo. Eso es la adopción física, la redención del cuerpo físico, dándonos un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

Por lo tanto, sean consolados los corazones de todas las personas que en estos días, en este año y años anteriores, han tenido la partida de un ser amado en su familia, ya sea esposo o esposa, hijos o padres, padre o madre, o familiares que han partido.

Y para los que quedamos, nos falta todavía trabajo en el Programa Divino —de Cristo hacer a través de nosotros en nuestra etapa, nuestra edad; el cual llevamos a cabo con alegría de corazón y con agradecimiento a Dios que nos ha dado la oportunidad de trabajar, dejarnos usar por Él en el Proyecto o Programa Divino que Él tiene para este tiempo final.

No es una carga para nosotros, sino un privilegio que Él nos da en este tiempo final; privilegio que tuvieron limitadamente los mensajeros y los grupos de cada edad.

La bendición más grande es para este tiempo final, porque estamos viviendo en la Edad Mesiánica. El mismo tipo y figura del tiempo de Jesús, el cual vivió en la Edad Mesiánica correspondiente a la Primera Venida del Mesías; y ahora el ciclo se ha repetido y estamos viviendo nosotros en la Edad Mesiánica para la Segunda Venida de Cristo, la cual está identificada para la Venida de la Piedra Angular, que es la Venida de Cristo; y por consiguiente, tiene que venir a una Edad de Piedra Angular, tiene que convertir esa etapa en Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, como fue la Edad de Oro en la Primera Venida de Cristo.

Allá todo fue sencillo y acá todo va a ser sencillo también; pero la revelación completa del misterio de la Segunda Venida de Cristo, será revelada en una Gran Carpa Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham, donde el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo, que le había aparecido a Moisés allá en una zarza que ardía y no se consumía, y le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, Dios de Amram; lo cual muestra que Amram era un creyente en Dios), y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob…”

Y la Escritura dice que fue el Ángel del Pacto el que le apareció a Moisés. Y ahora el Ángel dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

Es que el Ángel… el Ángel del Pacto es la imagen del Dios viviente; en palabras más claras, el cuerpo angelical de Dios, el cual se manifiesta en una Columna de Fuego a Israel; y luego se hizo carne en medio del pueblo hebreo, que era el que tenía el Pacto vigente, el Pacto de la Ley.

Por lo cual, podemos darnos cuenta que la Venida del Señor tenía que ser para el pueblo de Israel, el pueblo que tenía el Pacto Divino de la Ley que fue dada por Dios; y dice que fue dada por comisión de Ángeles. O sea que el monte estaba lleno de ángeles, encabezados por el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente. Dios estaba allí en Su cuerpo angelical manifestado en aquella Columna de Fuego. Y le habló a Moisés, le dio las tablas de la Ley, las primeras (las segundas tuvo que conseguirlas Moisés); y estableció el Pacto con el pueblo hebreo cuando lo aceptaron. Un Pacto no es vigente a menos que la persona o pueblo lo acepte.

El Programa Divino de Redención para el Nuevo Pacto que estableció el mismo Ángel del Pacto, que se hizo carne y fue manifestado en la Tierra por el nombre y con el nombre: Jesús. Ese es el Ángel del Pacto que le dio la Ley al pueblo hebreo en el Monte Sinaí, ahora vestido de carne humana, vestido de un cuerpo que fue creado por el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo.

Recuerden que el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Si es enviado de Dios es de la sexta dimensión; y si no es enviado de Dios, entonces es de la quinta dimensión. Si no es de Dios ese espíritu… Hay muchos espíritus: hay espíritus malos, son de la quinta dimensión; y espíritus buenos: de la sexta dimensión, de la dimensión angelical, buena, que existe.

La guerra, la batalla que hay en la Tierra, fue la batalla de los ángeles, que ha venido a ser ahora la batalla de los seres humanos pero con manifestaciones o de la sexta dimensión (de la dimensión de Dios) o de la quinta dimensión (la dimensión de Satanás, del diablo, del maligno, como le quieran llamar).

Por eso la humanidad ha estado sufriendo tanto desde el tiempo de la caída de Adán y Eva en el Huerto del Edén, en donde el Título de Propiedad que Adán tenía… Pues él fue colocado como gobernante, como Rey de este planeta Tierra con todo lo que tenía, y lo que habría de tener si él se mantenía fiel. Ese poder, esa autoridad, la recibió Adán cuando le fue otorgado todo el dominio sobre toda la Creación aquí en la Tierra; o sea que él vino a ser el Rey en la Tierra, de todo lo que había.

Los dinosaurios y otros animales gigantes eran mansos, dice el reverendo William Branham, mansos como un gatito; pero luego de la caída del ser humano las cosas cambiaron porque todo quedó bajo el dominio de Satanás, el diablo, el maligno, que engañó a Eva a través de la serpiente antigua; o sea, a través del animal más astuto e inteligente que hubo en la Tierra, el cual no era un reptil en aquel tiempo, sino que era el animal más parecido al hombre.

Por lo tanto, aunque no tenía alma (por eso era un animal), tenía espíritu; y con el espíritu está el razonamiento, está el pensamiento, a través del cual se mueven y se identifican y se sienten los sentidos del espíritu, como el razonamiento, la imaginación y otros sentidos del espíritu.

La serpiente, siendo el animal más cercano al ser humano, fue el instrumento de Satanás, el cual se metió en ese animal, que era un hombre sin alma (vamos a decir) – un animal sin alma, pero tenía espíritu; y era el más astuto de todos los animales, dice la Escritura. Y por consiguiente, era el rey de toda esa raza animal de la serpiente, que era parecida al ser humano en su cuerpo, pero más alta… Digamos que tenía de ocho a doce pies de estatura; eran gigantes. De ahí es que vienen los gigantes que aparecían desde el Génesis hasta el tiempo de los reyes.

Y con la maldición que vino sobre el líder en el cual se encarnó Satanás para engañar a Eva, con esa maldición fue cubierta toda la raza de la serpiente; digamos, hombres-serpientes, vinieron a ser reptiles luego; pero esa dimensión era la quinta dimensión donde ellos estaban, vivían y se manifestaban aquí en la Tierra. Esa dimensión estuvo aquí manifestada antes de venir Adán y Eva a existencia en la Tierra.

Pero la corona de la Creación no sería la raza de la serpiente, ni la serpiente, el hombre-serpiente, en el cual estaba velado, hecho carne el diablo en un animal llamado la serpiente. Era ese el rey a través del cual la serpiente, o el diablo en la serpiente, gobernaba sobre ese reino de hombres gigantes que no tenían alma, porque pertenecían a la raza animal. Todavía no había llegado el Rey de toda esa Creación.

Y recuerden que cuando en los tiempos pasados (y todavía en la política, algunas veces) surgen casos, cuando hay un rey que ve que va a venir otro para ocupar su lugar, y él va a ser depuesto de su trono, le hace la guerra para matarlo.

Eso fue lo que quiso hacer Saúl con el joven David, del cual Saúl supo que ese iba a ser su sucesor, y que ya Saúl había sido rechazado por Dios y ahora Dios tenía otro hombre, otra persona conforme a Su corazón, que haría como Dios le ordenaría hacer.

Por lo tanto, ¿qué hizo Saúl para no perder el trono? Lo que no debió hacer. Ya que había desobedecido a Dios y ya estaba rechazado por Dios para continuar siendo rey, debió decir: “Dios, ten misericordia de mí. Yo ayudaré a David para que sea rey. Y si me permites seré uno de sus consejeros también, para que él no pase por la misma experiencia que yo he pasado.”

Vino a ser el yerno del rey Saúl pero no lo trataba bien. Y cuando mató al gigante, David con una piedra, eso no fue con ejército o con fuerza; el ejército eran espectadores. Y el que tenía que tener la fuerza para enfrentar a Goliat, que era Saúl, estaba como espectador; y David, un jovencito, con cinco piedras y un cayado fue a enfrentarse con el gigante Goliat; pero fue en el Nombre del Señor, de Dios, del Dios de Israel. O sea que no fue con un ejército diciéndole: “Vengan detrás de mí para que me protejan.” Fue con Dios protegiéndolo; y con una piedrecita, una piedra (no sabemos el tamaño)… traía cinco. Es que Goliat tenía más hermanos gigantes también. Así que si le salía el segundo, también iba a tener su piedrecita guardada.

También representa los cinco ministerios que Dios ha colocado en Su Iglesia, los cuales estaban en Cristo. Y lo mismo que Dios hizo con Jesús, en el cual colocó Su Espíritu y obró por medio de Él en la Edad Mesiánica, encontramos que Cristo ha hecho con Su Iglesia: Su poder lo ha colocado en Su Iglesia: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” “Por tanto, id y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Está ahí citado dos pasajes: el de San Mateo 28, versos 16 al 20…; y al cual también pertenece: “Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Es el verso 20 de ese capítulo 28 de San Mateo.

Y lo de: “Predicad el Evangelio a toda criatura. Y el que creyere y fuere bautizado será salvo,  mas el que no creyere, será condenado,” es de San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Vean en qué forma sencilla Dios coloca la bendición de la salvación y vida eterna para todos los seres humanos. Se manda a predicar el Evangelio a todos los apóstoles y demás ministros que vendrán después, en medio del cristianismo, “para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”

En San Marcos nos dice: “El que creyere y fuere bautizado, será (¿qué?) salvo.” Tan sencillo como eso para obtener la vida eterna. Es que lo difícil lo hizo Dios por medio de Cristo, para que todos podamos obtener la salvación y vida eterna, para que todos: el pobre y el rico, el que estudió y el que no estudió, tenga la oportunidad, la misma oportunidad de recibir vida eterna. Tan sencillo como eso. Y depende de creer o no creer. Es un asunto de fe en Dios a través de Cristo; o de incredulidad a Dios en Cristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo es el Cuerpo Místico de Cristo a través del cual se manifiesta Jesucristo en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés en adelante. El mismo Espíritu Santo que estaba en Jesús pasó a Su Iglesia; así como cuando Dios creó a Adán, lo hizo varón y hembra (en él estaban las dos naturalezas), y luego separó la naturaleza femenina de la naturaleza masculina, haciéndole un cuerpo femenino para colocar el espíritu femenino que estaba en Adán. Por eso Eva salió de Adán, del costado de Adán.

Y parece que, por cuanto salió del costado, por eso se siente amor; la mujer por el hombre y el hombre por la mujer. Y así forman familias para multiplicarse la raza humana, que, aunque caída, Dios está en medio de la raza humana al estar en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo. Y está llamando y juntando Sus escogidos: todas las personas que están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que es la sección de los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente esos son los que tenían que nacer del primer Adán y de la primera Eva.

Pero cuando Eva aceptó las ideas diabólicas de la serpiente antigua, que le habló de que si comían del árbol de la ciencia del bien y del mal no morirían, y lo aceptó; perdió la bendición más grande que una mujer puede tener: tener hijos de Dios con vida eterna. Y aun en el Nuevo Pacto tener hijos de Dios o tener hijos, que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, es un privilegio para toda familia, para todo esposo y esposa.

Ellos, si no son escogidos los padres, los hijos orarán por sus padres para que Cristo les dé vida eterna y les tenga en el Reino eterno, aunque no sean de los elegidos que forman la Iglesia, pero estarán en otra categoría, pero con vida eterna.

Todos queremos que nuestros familiares vivan eternamente; y vuestras oraciones, nuestras oraciones por ellos, darán lugar a que Cristo los llame y los coloque como creyentes, aunque no sean de los elegidos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales no pueden ser borrados en ningún momento, sino que vivirán eternamente.

Pero hay otra sección del Libro de la Vida, que es la sección que tiene nombres que pueden ser borrados si blasfeman contra el Espíritu Santo o si tratan mal a los creyentes en Cristo, miembros del Cuerpo Místico de Cristo escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

“Pero cualquiera que le dé un vaso de agua a fría a estos pequeñitos (dice Cristo) no perderá su recompensa.” [San Mateo 10:42] Y la recompensa mayor es vida eterna. Serán recompensados por Cristo los que han ayudado a la Iglesia del Señor Jesucristo, a los miembros de la Iglesia, en cualquiera de las edades de la Iglesia a través de la trayectoria de la Iglesia, desde el tiempo de los apóstoles hacia acá.

La voluntad de Dios es que no se pierda ninguno de estos pequeñitos creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo y que son los escogidos, los predestinados de Dios.

Desde el Día de Pentecostés comenzaron a nacer en el Reino de Dios hijos e hijas de Dios, de lo cual Cristo le había dicho a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6).

O sea que toda persona que quiera entrar al Reino de Dios puede lograrlo por medio del nuevo nacimiento: creyendo en Cristo, siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y recibiendo el Espíritu Santo, que es el que produce el nuevo nacimiento. Eso es nacer del Agua y del Espíritu: nacer de la Palabra, del Evangelio de Cristo, y del Espíritu Santo, que está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés.

Por lo que podemos ver, todo es sencillo en el Programa Divino. Es que lo difícil le toca a Dios. A nosotros: creer; y lo que no entendamos, lo entenderemos luego.

Pero si no cree, ¿cómo va a entender? Primero hay que creer; y después, con el tiempo, cree, entiende, porque surge la revelación de Cristo por medio del Espíritu a la persona, como le dijo a Pedro en el capítulo 16 de San Mateo, cuando Jesús pregunta: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”

Pedro le dice… Y los discípulos comienzan a decir: “Unos dicen que Tú eres Juan el Bautista que ha resucitado, y por eso es que ocurren esos milagros, puedes hacer esos milagros. Otros dicen que Tú eres Jeremías.” Quizás porque veían que Él lloraba frente a la tumba de Lázaro, pensarían: “Este puede ser Jeremías, el cual ha resucitado de entre los muertos.” Otros decían: “Este es Elías.” Y Cristo les dice… Y otros decían: “O alguno de los profetas.”

Y Jesús les pregunta a ellos: “Y ustedes, ¿quién dicen ustedes que es el Hijo del Hombre? ¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Porque era importante tener la revelación de Cristo para y de Su Primera Venida, para poder recibir los beneficios de la Primera Venida de Cristo que estarían dentro del Nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Vean que el que hace, establece el Nuevo Pacto, es el mismo que había dado el Pacto de la Ley allá en el Monte Sinaí; el mismo Ángel del Pacto que estaba en una Columna de Fuego con multitudes de, digamos, millones de ángeles que le acompañaban.

“Porque la Ley fue dada por comisión de Ángeles,” dice la Escritura en el capítulo 7 del libro de los Hechos; y también Hebreos, capítulo 2, nos habla de la Ley que fue dada por comisión de Ángeles. O sea que era el Ángel del Pacto, Dios en Su cuerpo angelical envuelto en esa Llama de Fuego escribiendo en las tablas de la Ley los diez mandamientos.

Y luego, conforme a Zacarías, capítulo 2, tenemos tipos y figuras allí; pero en Malaquías, capítulo 3, verso 1 al 2, la promesa de la Venida del Mesías es que enviará Su Ángel, Su mensajero delante de Él, el cual le preparará el camino; y que luego “vendrá a Su Templo el Señor, el Ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros.” Vendrá el Señor, el Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Dios; y el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios, ese cuerpo teofánico en el cual le apareció a Abraham en el capítulo 14 del Génesis como Melquisedec.

Y luego se hizo un cuerpo de carne en el vientre de la virgen María. El Espíritu Santo vino sobre ella – la sombra del Espíritu Santo vino sobre ella, y creó la célula de vida que se multiplicó célula sobre célula, y fue formado así el cuerpo que hoy conocemos como el cuerpo de Jesús; el cual es descendiente, según la carne, de una virgen descendiente del rey David; y adoptado como hijo por José, descendiente del rey David también; al ser adoptado recibe todos los derechos que vienen y que tiene José. Y es el que dice el Ángel Gabriel a la virgen María, que Dios le dará el Trono de David Su padre y reinará sobre Israel para siempre.

El Rey de Israel es Dios manifestado a través de Su imagen, Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico, llamado el Ángel de Dios. Y luego cuando se hizo carne seguía siendo el Rey de Israel, vestido de un cuerpo físico de carne para llevar a cabo la Obra de Redención; porque el ser humano había caído y había perdido todos los derechos de la vida eterna.

Y ahora, Dios visita a Su pueblo que está bajo el Pacto de la Ley, lo visita en carne humana. Por eso Isaías, capítulo 7, verso 14, dice que: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel.” Y Emanuel significa: Dios con nosotros, conforme a las palabras del evangelio según San Mateo, capítulo 1, versos 20 en adelante. Dice… 19 en adelante:

“José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente (dejar a María).

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

Con el Sacrificio que Él llevaría a cabo traería la salvación del pueblo hebreo, porque la Sangre del Nuevo Pacto los limpiará de todo pecado. Por eso fue que Cristo orando en la Cruz dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” No saben que todo esto está en un Programa Divino para redimir a Israel, para la salvación de Israel y para la salvación de la Iglesia del Señor Jesucristo, que nacería el Día de Pentecostés.

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta (el profeta fue Isaías, capítulo 7, verso 14), cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Vean que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza. La imagen de Dios es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto; y le creó, le dio al ser humano un cuerpo espiritual también, un espíritu; y le dio luego un cuerpo físico del polvo de la tierra, de carne, porque Dios vendría a tener un cuerpo físico para visitar a Israel y llevar a cabo la Obra de Redención para Israel y para la Iglesia del Señor Jesucristo, que nacería el Día de Pentecostés.

Y cuando se complete la Iglesia, cuando hayan nacido de nuevo todos los que faltan de nacer y que nacerán en la Edad de Piedra Angular…; porque ya las demás edades tuvieron sus mensajeros, y por medio de esa manifestación del Espíritu Santo en esos mensajeros trayendo la Palabra para su edad, recibieron la bendición de creer en Cristo y nacer del Agua y del Espíritu.

Así se ha ido formando la Iglesia del Señor Jesucristo, de edad en edad, y ya estamos en la Edad de Piedra Angular. Los que faltan por nacer en la Edad de Piedra Angular, cuando se complete ese número: Cristo habrá terminado la Obra de Redención, saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad, del cual hemos leído que recibe de la mano del que está sentado en el Trono, de Dios, que es el dueño original del Título de Propiedad. Y lo había concedido a Adán; pero cuando pecó, Dios lo tomó y así no cayó en las manos del diablo, de Satanás.

Imagínese el diablo con todo su ejército viviendo eternamente y manifestándose a través de la descendencia de Adán, porque ya habían pecado. Sacó a Adán y Eva del Huerto del Edén, para que no alargara su mano y tomara del árbol de la vida y viviera eternamente. El Árbol de la Vida es Cristo.

Así que podemos ver que hay un Programa Divino llevándose a cabo por miles de años, y ahora estamos en la etapa en donde habrá una resurrección para los que murieron creyentes en Cristo, y una transformación para los creyentes en Cristo que estén vivos cuando ocurra la resurrección.

Por lo tanto, habrá personas creyentes que partirán y serán testigos de la resurrección; porque cuando veamos a nuestros familiares que habían partido, resucitados en cuerpos glorificados y eternos, con la conversación que tendremos con ellos sabremos que son ellos y que han resucitado en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos. Cuando los veamos, seremos transformados.

Y cuando estemos transformados, esa etapa puede durar de 30 a 40 días, como fue la etapa después que Cristo resucitó; estuvo 40 días con Sus discípulos y luego fue raptado juntamente con los santos del Antiguo Testamento, los cuales están mencionados proféticamente en uno de los Salmos… En el Salmo 24, verso 7 en adelante, dice:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla.”

Eso fue el rapto de Cristo y los santos del Antiguo Testamento, los cuales cumplieron esta profecía. Luego el verso 9 al 10, dice:

“Alzad, oh puertas, vuestras cabezas,

Y alzaos vosotras, puertas eternas,

Y entrará el Rey de gloria.

¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová de los ejércitos,

El es el Rey de la gloria.”

Eso es el rapto de la Iglesia del Señor Jesucristo, con Cristo llevándola a la Casa de nuestro Padre celestial para la Cena de las Bodas del Cordero.

Todo eso ocurrirá en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la Edad Mesiánica, paralela a la Edad Mesiánica de la Primera Venida de Cristo; todo esto corresponde para la Segunda Venida de Cristo y las personas que murieron en Cristo, que serán resucitadas en cuerpos eternos, y los que estén vivos en ese tiempo, que serán transformados y tendrán cuerpos jóvenes, eternos y glorificados igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador.

Y cuando seamos transformados y se abran las puertas eternas, le diremos… Al tiempo de la gran tribulación, cuando pase la gran tribulación, regresaremos a la Tierra para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, el Reino de David restaurado por el Hijo de David, el Mesías-Príncipe, que es heredero al Reino de David y Trono de David, para así establecerse el Reino de Dios en la Tierra.

Mientras tanto, el Reino de Dios está en la Tierra en los corazones, en el alma de cada creyente, y en la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes; pero va a estar literalmente el Reino de Dios en la Tierra con el Trono de David restaurado y el Reino de David restaurado. Se le llama al Reino del Mesías y Trono del Mesías: Reino de David y Trono de David, el Trono del Mesías, lo cual está muy cerca.

Estamos viviendo en un tiempo muy importante, en el cual se están cumpliendo profecías que corresponden a este tiempo final; otras ya se cumplieron en edades pasadas, y faltan algunas por ser cumplidas.

Y en la Visitación de Dios, en Su Venida, los judíos van a decir: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Dice el reverendo William Branham: “Pero Él no viene por ellos; Él viene por Su Iglesia, por Su Novia.” O sea que la Venida del Mesías para el Día Postrero, los judíos la van a ver en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es que la Primera Venida de Cristo fue para el Este, para Israel, que está en el Medio Oriente, y que era el pueblo que tenía el Pacto vigente, el Pacto de la Ley. Los gentiles eran idólatras, con muchas religiones paganas. Luego —cuando Pedro y Pablo— al rechazar a Cristo como el Mesías dio lugar a que se abriera la oportunidad para los gentiles; de Dios, por medio de Cristo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre; le dieron participación en el Reino de Dios.

Y ahora, encontramos que en la Iglesia del Señor Jesucristo, en medio del cristianismo hay judíos y gentiles; comenzó con judíos. Los doce apóstoles eran judíos, y el sustituto de Judas Iscariote también era judío.

Luego pasó en la primera ocasión a gentiles, cuando Pedro visitó al centurión romano, que era un gentil pero que era un creyente en Dios, y entró a la Dispensación de la Gracia, y por consiguiente entró al Nuevo Pacto, en el cual estaban los discípulos y la Iglesia de aquel tiempo.

Luego, cuando Dios llamó a Pablo (Saulo de Tarso), y él fue bautizado, un creyente – vino a ser un creyente; el cual en su camino a Damasco para buscar a los discípulos del Señor Jesucristo, para llevarlos presos de nuevo – para llevarlos presos allá a Jerusalén, se encontró con la misma Columna de Fuego que Moisés se había encontrado.

Cuando Moisés se encontró con ella en Horeb, Monte de Dios, le dice: “Yo soy el Dios de Amram (del padre de Moisés), Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” [Éxodo 3:6] El Ángel del Pacto le dice así, ¿por qué? Porque es Dios velado o vestido de un cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová (como en medio del cristianismo le llaman), y en el cual estaba el Nombre de Dios; porque el Nombre de Dios pasa también a Su cuerpo angelical, y después pasaría a Su cuerpo físico también.

Moisés quiso saber cuál era el Nombre de Dios, y le pregunta: “Voy con los hijos de Israel y les digo: el Dios de Abraham, vuestro Dios, me ha aparecido (y le habla de la liberación), si ellos preguntan: ¿Cuál es Su Nombre?, ¿qué les voy a decir?” Entonces ahí es que Dios le dice: “Les dirás: Yo soy el que soy. Y les dirás: Yo soy me ha enviado a vosotros.” El Yo soy. El Nombre Eterno de Dios condensado en esas cuatro letras. [Éxodo 3:12-15]

Algunos la colocan como YHWH, son las letras sagradas del Nombre de Dios; otros la colocan, la Y como J. Pero no importa, eso va a depender de cómo la traduzcan en el país, en el idioma en que lo hablen las personas. Si se lo colocan en hebreo usted no lo va a entender; le ponen una página y le dicen: “Busque aquí dónde está el Nombre de Dios,” a menos que sepa hebreo, no va a poder identificar dónde está escrito el Nombre de Dios.

Ahora, Moisés vino a ser la primera persona que conoció el Nombre Eterno de Dios. Lo pudo haber conocido Adán antes de la caída, y después continuar con ese conocimiento. Y si no se lo pasó a sus familiares, a su primogénito principalmente, se perdió ese conocimiento. Y fue conocido como Elohim, como el Dios Todopoderoso, y así por el estilo. Éxodo, capítulo 6, verso 2 dice, y 3:

“Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy Jehová.”

Han traducido las cuatro consonantes como “Jehová” algunos teólogos y algunas líneas del pensamiento del cristianismo.

“Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.”

El reverendo William Branham dice que “Jehová” no es la traducción correcta del Nombre de Dios, del Nombre “Yo Soy” que le reveló a Moisés. Por eso Moisés le colocó a Josué el Nombre de Dios. Josué tenía otro nombre (parece que era Oseas hijo de Nun), y le cambió el nombre por Josué; por eso Josué pudo tener las victorias que tuvo.

Josué no preguntaba mucho. Si para la batalla necesitaba que se parara el sol y la luna, él ordenó que se parara el sol en cierto lugar y la luna en otro lugar; y se paró, y duró como el tiempo, el horario, de un día completo. O sea que casi 24 horas duró el sol detenido en ese lugar hasta que obtuvieron la victoria.

O sea que no se detuvieron diciendo: “Ya es de noche, ya es hora de dormir.” Los que están luchando como valientes no les importa el horario. Lo que les importa es qué es lo que hay que hacer en la Obra de Dios, porque queremos la victoria para Cristo y Su Iglesia.

Si hubiera pensado Josué: “Es mejor que nos acostemos a dormir y mañana seguiremos peleando,” de noche hubieran venido los enemigos y los hubieran matado a todos; porque el enemigo no duerme.

Solamente en tiempo de peligro hay que estar bien despiertos; y por eso Cristo dice… y en tiempo de bendición también; por eso Cristo dice: “Velad… Velad…” En San Lucas, capítulo 21, versos 34 en adelante, dice:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues…”

Velad, ¿por qué? Por la Venida del Hijo del Hombre, por la Venida de Cristo a Su Iglesia. Y por cuanto no se cumplió Su Segunda Venida en las edades pasadas, es porque Dios lo tenía reservado para la Edad de Corona, la Edad de Piedra Angular. Es una bendición que Dios tiene reservada para nosotros en este tiempo final; y vamos a ver Su Venida. Todos los que verán Su Venida se van a ir con Él para la Cena de las Bodas del Cordero, de los que estén vivos.

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

¿De escapar de cuáles cosas? De las plagas que vendrán en la gran tribulación, en un lapso de tiempo de tres años y medio, del cual constará la gran tribulación; y nadie quiere pasar por esa etapa.

Ya como están las condiciones de este mundo ya son difíciles, ya es difícil para algunos países sobrevivir. Las naciones lo que están haciendo es luchando por sobrevivir, porque están en bancarrota. Si la cantidad de dinero que deben, la deuda del país, si es mayor que la entrada, la situación está difícil; no tienen nada; porque lo que tienen lo deben y todavía les falta para completar la deuda.

Es igual, les pasa lo mismo que a las familias cuando deben más de lo que entra en el mes, y tienen que pagar más de lo que reciben, y se queda la deuda casi igual; la situación está difícil para las familias. Por eso mientras uno puede evitar meterse en deudas, es mucho mejor; duerme más tranquila la persona. Porque si tiene deudas y se queda sin trabajo, pierde hasta la casa; y algunas veces pierde hasta la familia.

En el tiempo de la Ley, si no había dinero y no había propiedades para pagar, tenían que pagar con los hijos; y venían a pertenecer como esclavos, como siervos, con el acreedor al cual le pagaron con hijos.

Así que es importante saber en el tiempo que estamos viviendo, que es difícil; cada persona debe mantener al máximo su trabajo.

Recuerden que cuando los quieren en los trabajos (ya sea de Gobierno o compañías privadas) sacar, le van a poner trampas para que falle y tenga que dejar el trabajo; o establecen decretos para reducir el personal en los Gobiernos, en las escuelas y lugares del Gobierno, porque no pueden pagar las deudas y tienen que reducir el personal; y tienen motivos para hacerlo, porque si no, se acaban de ir a la bancarrota y entonces todos pierden. La situación de todas las naciones es difícil. La de Puerto Rico también.

Estén al tanto siempre de las noticias, porque la situación mundial va de mayor en peor. Hay países que están peor que Puerto Rico, pero Puerto Rico no está bien. Por lo tanto, oremos por Puerto Rico, para que Dios ayude a Puerto Rico. Es nuestra Isla amada, y amada no solamente por nosotros, sino por todos los latinoamericanos y otras naciones; y Dios tiene grandes bendiciones para Puerto Rico. Por algo le pusieron la Isla del Cordero, con un cordero en su escudo y… aunque han querido cambiarle el escudo, el símbolo del cordero; si se pudiera hacer algún cambio el único que cuadraría ahí sería un león, no otra…; un león o un águila.

Porque si el cordero representa a Cristo en Su Primera Venida, el león representa al mismo Cristo como León de la tribu de Judá, para Su Segunda Venida como Juez de toda la Tierra. Así que el Cordero es el mismo León pero en otra etapa de Su Programa, para venir a Su Iglesia en el Día Postrero, en el cambio de Cordero a León.

El Libro de los Siete Sellos o sellado con siete sellos, es el Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todos los creyentes en Cristo que formarían Su Iglesia; están escritos desde antes de la fundación del mundo.

También está la sección llamada el Libro de la Vida, de donde pueden ser borradas algunas personas, pero esas personas no son los elegidos de Dios, los escogidos de Dios nacidos de nuevo. Esas personas están en la otra sección llamada el Libro de la Vida; el mismo Libro pero con otra sección. De ahí es que son borrados los que blasfemen al Espíritu Santo, que son los que le achacan al diablo las obras que Dios hace en los diferentes tiempos, y sobre todo, para este tiempo final.

Por ejemplo, cuando le dijeron a Jesús que Él era Beelzebú y por el dedo de Beelzebú echaba fuera demonios, estaban blasfemando a Jesús, en donde estaba el Espíritu Santo encarnado. Pero Cristo dice: “Cuando venga el Espíritu Santo (el cual vino el Día de Pentecostés a Su Iglesia), cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no le será perdonado ni en este siglo ni en el venidero.” O sea, no le será perdonado en el tiempo allá del Día de Pentecostés ni en la Dispensación de la Gracia, ni le será perdonado en ningún tiempo; o sea que ya cruzó la línea entre misericordia y gracia, y ya no hay oportunidad para esa persona. Y los que trataren mal a los hijos de Dios también serán borrados de esa sección, si están en esa sección.

Pueden ser de las vírgenes insensatas; y si son insensatas, pues hay insensatos que, como las vírgenes insensatas no tomaron aceite, no tomaron el Espíritu Santo, cometen errores; y un error de esa naturaleza le costará que su nombre sea borrado del Libro de la Vida.

También los idólatras. Cualquier persona que se torne a la idolatría, si tiene su nombre escrito allí, también será borrado; a menos que se arrepienta con tiempo: si está en la idolatría y viene a los Pies de Cristo, entonces adquiere misericordia, aunque venga a pertenecer a la sección de las vírgenes insensatas en el Libro de la Vida.

Y a los que, como Judas Iscariote…, que estaba escrito en la sección del Libro de la Vida, no en la sección del Libro de la Vida del Cordero. También habrá Judas que se levantarán en contra de la Venida del Señor en el Día Postrero, y que lucharán en contra de la Venida del Señor, como dice la Escritura en Apocalipsis, capítulo 19; esos también pasarán por la misma situación de Judas Iscariote: perderán la oportunidad de la vida eterna, como la perdió Judas Iscariote.

Así que podemos ver que el Libro de la Vida, que es el Libro de los Siete Sellos, tiene esas secciones: una, de los que nunca pueden perderse, porque son la simiente de Dios, los elegidos de Dios, los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que escucharían la Palabra, la revelación divina, el Mensaje correspondiente al tiempo en que les tocaría vivir; el cual vendría de parte de Dios por medio de Su Espíritu a través del mensajero de cada edad.

Siempre es así. Cualquier persona puede decir: “Yo recibí el Mensaje del mensajero Noé y estoy construyendo un arca.” Ese tiempo ya pasó. Y si hubiera estado allá tampoco hubiera colaborado con Noé, porque está tratando de hacerlo él acá en un tiempo que no es el tiempo para el arca de Noé. Tiene que estar en la Edad, con el Mensaje correspondiente a esa Edad, dado por el Espíritu Santo a través del instrumento que Él tenga para ese tiempo. Tan sencillo como eso.

Con ese Mensaje Dios le abrirá las Escrituras y el entendimiento para comprender; y podrán escuchar en sus corazones y en sus oídos las palabras que le dijo Jesús a Pedro: “No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.” [San Mateo 16:17]

¿Qué fue lo que vio Pedro? Que Jesús era el Hijo de Dios, el Mesías, el Mesías en Su Venida para ese tiempo. Ellos no conocían Primera y Segunda Venida de Cristo; pero las profecías hablan de cosas que corresponden a la Segunda Venida de Cristo.

Por eso se detuvo Cristo en Isaías, capítulo 61, cuando leyó en la sinagoga de Nazaret, cuando leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; para predicar el año de la buena voluntad de Jehová (de Elohim, del Señor, del Todopoderoso).” Eso entre paréntesis para que no vayan a pensar que estoy leyendo algo que no está escrito. Es lo que significa el Señor o Jehová: es el Dios de Israel, que es Elohim, que es Jehová, que es Melquisedec, que es el Todopoderoso, y así por el estilo.

¿Por qué Él no leyó la segunda parte de ese verso, que dice: “Y el día de venganza del Dios nuestro”? Porque el día de venganza es para ser predicado, proclamado, en Su Segunda Venida en el Día Postrero, en una edad paralela a la Edad de la Primera Venida de Cristo, la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular de aquel tiempo, la Edad Mesiánica.

Para continuar ese pasaje tiene que suceder, venir la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro, que es paralela a aquella, una Edad Mesiánica; y es a la Edad de Piedra Angular donde han subido los creyentes en Cristo del Día Postrero, y continúan subiendo a medida que escuchan y reciben en sus corazones el Mensaje del Día Postrero para subir.

Como Juan escuchó el Mensaje en Apocalipsis 4, que le dijo: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que deben suceder pronto, las cosas que deben suceder después de estas.” Y él subió y comenzó a ver todo lo que le fue mostrado; incluyendo nuestro tiempo, nuestro Día, que es el más importante de todas las edades, paralelo al tiempo de la Primera Venida de Cristo en la Edad Mesiánica de Piedra Angular.

Si viene la Piedra Angular, que es el Mesías, tiene que haber una Edad de Piedra Angular; y si no la hay, la forma.

Es ahí, en esa Edad de Piedra Angular, que Dios va a revelar el Nombre Nuevo del Señor; pues dice Cristo por medio de Su Espíritu, que escribirá sobre él el Nombre de Su Dios, el Nombre de la ciudad de Su Dios y Su Nombre nuevo. Y si Él lo dice, así es. Aunque no lo entendamos, lo creemos, y después lo entenderemos.

Por lo tanto, tenemos que estar preparados para esos momentos gloriosos que están prometidos para los creyentes en Cristo de este tiempo final.

El Libro sellado con siete sellos es el Libro de la Vida del Cordero, es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Título de Propiedad de toda la Creación, el cual perdió Adán y regresó a la diestra de Dios, para que el enemigo de Dios, el diablo, no lo lograra tomar a través de Adán; si tomaba del Árbol de la Vida, viviría eternamente. No era un árbol literal, es Cristo, el Árbol de la Vida.

En Apocalipsis nos dice algo muy importante, algo que no pudo obtener Adán. La pregunta sería: Si usted hubiera estado con Adán allá o hubiera sido Adán, ¿hubiera tratado de comer del Árbol de la Vida? Pues eso tenía que hacerlo él cuando el Árbol de la Vida se hiciera carne. Cuando apareciera el Ángel del Pacto que lo acompañaba, vestido de carne humana, ahí era el momento para comer del Árbol de la Vida.

Y si usted hubiera estado allá, ¿hubiera comido del Árbol de la Vida? Pues mire, tan sencillo como esto, para que esté consciente de la bendición que tenemos en este tiempo: Todos quisiéramos que Dios nos dé la oportunidad de comer del Árbol de la Vida para vivir eternamente; y si vamos a ser transformados los que vivimos, y los que murieron ser resucitados en cuerpos glorificados, se requiere comer del Árbol de la Vida; y eso es: creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, recibiendo toda Su Palabra para el tiempo que a la persona le toca vivir.

O sea que han estado comiendo del Árbol de la Vida, desde el Día de Pentecostés, millones de seres humanos que han partido y están en el Paraíso, y otros que quedan todavía en la Tierra. Apocalipsis, capítulo 2, verso 7, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

Y para este tiempo final Él nos da del Árbol de la Vida, que es Cristo, a través del cual viene el fruto del Árbol de la Vida, viene la Palabra; para comer así del Árbol de la Vida, estar comiendo del Árbol de la Vida y vivir eternamente.

Otros ya comieron, vencieron al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, y recibir el Espíritu Santo y nacer de nuevo; vencieron, pero todavía no han recibido el cuerpo glorificado; pero recibieron el Espíritu de Dios, que es la primera etapa de la redención. La segunda etapa viene con nuestra transformación. Y entonces estaremos literalmente llevados con Cristo al Cielo, para ser investidos como reyes literales, para venir después de la gran tribulación con Cristo, el Rey del Milenio, a los que ha hecho reyes y sacerdotes y jueces para reinar en el Milenio. Y ese es Su Gabinete de Gobierno. Tan sencillo como eso.

Y ahora, los ángeles o querubines que estaban con una espada encendida para no dejar entrar al Huerto del Edén al ser humano, para que no pudiera comer del Árbol de la Vida y vivir eternamente, ahora no están impidiendo el entrar al Huerto del Edén en la esfera espiritual para comer del Árbol de la Vida, que es Cristo. Creyendo en Cristo, es comer de Cristo; creer es comer. Y por la fe estamos comiendo del Árbol de la Vida y esperando nuestra glorificación.

Ya tenemos la parte espiritual y nos falta ahora la parte física, que es nuestra transformación, la cual esperamos muy pronto. No falta mucho. Pero no importa el tiempo que falta, lo importante es que estemos ahí. Para otras personas, falte mucho o poco, es lo mismo si no están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete sellos.

“EL LIBRO SELLADO CON SIETE SELLOS” es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, Título de Propiedad de toda la Creación; y es traído a la Iglesia en este tiempo final, en Apocalipsis, capítulo 10, por el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el cual es Cristo; el mismo que le apareció a Moisés y el mismo que se hizo carne en el velo de carne llamado Jesús, y el mismo que ha estado en Su Iglesia en Espíritu Santo, en cuerpo angelical, cubierto de esa Columna de Fuego que le acompaña.

Y para el Día Postrero está prometido que Él vendrá por Su Iglesia para llevarla a la Cena de las Bodas del Cordero. Su Iglesia son todos los que estarán comiendo del Árbol de la Vida para vivir eternamente en el Reino de Cristo, el Reino de Dios, que será establecido en esta Tierra.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio en este estudio bíblico de: “EL LIBRO SELLADO CON SIETE SELLOS,” que estaba en la diestra de Dios y le fue entregado a Cristo; y que lo trae a la Tierra en Apocalipsis 10 y lo entregará a un hombre, para que se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. Y en Apocalipsis 11, aparece el ministerio profético de Moisés y Elías, hablando de las cosas que han de suceder.

O sea que la orden, o lo que dice Dios por medio de Su Espíritu: “para que profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas,” se cumple con los Dos Olivos, con los cuales estará Cristo, el Espíritu Santo, el mismo que viene en el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, o sea con el Espíritu Santo, en Apocalipsis capítulo 7, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Por eso Apocalipsis 11 muestra la escena que va a surgir en esos días. Y luego… Eso es Apocalipsis 11, del 1 al 14. Y Apocalipsis 11, del 15 al 19, proclama que los reinos de este mundo han venido a ser de nuestro Dios y de Su Cristo, de Su Mesías, de Su Ungido. Y será quitado el poder del reino de los gentiles y entregado a Cristo; las naciones, los reinos de este mundo son dados, entregados a Cristo, al Mesías.

O sea que la Piedra no cortada de manos, que es la Venida del Señor en Su Venida, establece el Reino de Dios en la Tierra. La estatua en los pies de hierro y de barro cocido se desintegrarán.

Y la pregunta es: “¿Qué estará pasando en nuestro tiempo?” Porque vemos que se están como desintegrando las naciones en este tiempo. Esas son señales de alarma para los creyentes en Cristo, porque estamos muy cerca a nuestra transformación y rapto de la Iglesia del Señor Jesucristo.

En nuestro estudio bíblico de hoy domingo, 21 de febrero de 2016, hemos visto, hasta donde hemos podido llegar: “EL LIBRO SELLADO CON SIETE SELLOS,” que es el Título de Propiedad de la vida eterna, el Título de Propiedad de toda la Creación, que le fue entregado a Adán cuando le fue dado poder y autoridad sobre toda la Creación aquí en la Tierra.

Él gobernaba todo lo que estaba en la Tierra. Aun le puso nombre a las aves, a los animales, a los reptiles, a los peces, y así por el estilo.

¿Cómo lo hizo? Le vamos a preguntar cuando estemos allá, porque eso tomaría quizá bastante tiempo. Pero estamos en otra etapa paralela al tiempo de la Venida del Señor dos mil años atrás, que fue la Venida de la Piedra Angular para la Edad de Piedra Angular allá.

Próximo domingo continuaremos con los estudios bíblicos, y viernes también; hasta donde sea posible llegaremos, para continuar estos estudios bíblicos que nos muestran el tiempo que estamos viviendo y la bendición tan grande que Dios tiene para todos nosotros, y la forma para recibir esa bendición; cómo hacer, qué hacer para recibir esas bendiciones; porque si no sabemos qué tenemos que hacer, pues nada hacemos y nada recibiremos.

Ha sido para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Y gracias por haber orado por mí, porque ya la voz se me está recuperando.

Es importante saber de un pueblo, la Iglesia del Señor Jesucristo, que ora por sus ministros y saber que Dios escucha. Dios escucha a Su Iglesia. “Todo lo que pidas al Padre en mi Nombre, yo lo haré,” dice Cristo. Está comprometido de hacer real – reales nuestras peticiones a Dios; y lo que se necesita es como un grano de mostaza, de fe.

Así que creyendo que Dios va a escuchar y a cumplir, a conceder las peticiones nuestras, que siempre son buenas y en favor del Programa Divino, y en favor de la Iglesia, y en favor de los seres humanos, y de la familia, estamos seguros que se harán realidad las promesas de Cristo.

Él hará realidad lo que le pidamos, pero tenemos que saber pedir. No pedir para vanagloria, no pedir para enriquecerse y después gastar el dinero en otras cosas, sino pedir para la Obra y progreso de la Iglesia, de la Obra que corresponde a este tiempo final en el Programa Divino.

No todo el mundo sabe administrar dinero, y por eso para algunos es mejor ser pobre que ser rico. Ser pobre se puede… se mantiene agarrado de Dios; y para algunos, ser rico se apartan del Señor, porque después dice: “Ahora tengo… es que tengo muchos compromisos,” y comienzan a faltar a los cultos, a los estudios bíblicos; y cuando vienen a ver, cuando vienen a ver ya están envueltos en otros compromisos que nada tienen que ver con el Programa de Dios para la edad en que se está viviendo.

En lo poco, si somos fieles, en lo mucho Él nos pondrá en Su Reino Milenial. Y mientras tanto, si pone a algunos en lo mucho en lo económico, sepa administrar las cosas; no es para malgastar las cosas que Dios nos da, sino para aprovecharlas bien; y pensando siempre que todo es de Dios. Por lo tanto, tenemos que saber cómo administrar eso que Dios puso en nuestras manos.

Recuerden la parábola de los talentos y la parábola de las minas. El rey David decía, y Salomón: “Señor, te damos de lo que Tú nos das.” ¿Ve? Todo lo que tenemos nos lo ha dado Dios, y de eso es que le damos a Él.

No es que teníamos algo. Hemos nacido sin nada y hasta sin ropa. Todo lo que tenemos son bendiciones de Dios. Y miren, nacimos sin ropa, y cuando muere le ponen ropa; así que ya va con ganancia también… de la ropa que Dios nos ha dado, porque la ropa la hacen de todas las cosas que Dios ha creado, ¿ven?, sacan ropa para su vestido.

La primera ropa que tuvo el ser humano se la dio Dios también: pieles de un cordero o carnero para cubrir su desnudez. Por eso agradecemos a Dios todas esas bendiciones que Dios nos da; y queremos aprovecharlas. Y saben que aprovechándolas estamos haciendo (¿qué?) tesoros en el Cielo, eso trasciende al Cielo. Lo que gastemos en la Tierra en otras cosas, eso no trasciende al Reino de Dios.

Lo que usted gasta en comida, pues ya lo usó y se alimentó, ya recibió el beneficio; pero el bocado de comida que usted le da a un hambriento, o un vaso de agua fresca, eso sí trasciende en el Reino de Dios. ¿Ven? Hay que saber hacer la diferencia de las cosas que suben, trascienden al Reino de Dios, por lo cual hay recompensas en el Cielo; y saber que le damos a Dios de lo que Dios nos ha dado.

Por eso es que oramos: “Señor, dame mucho. Dame lo más que se pueda para trabajar en la Obra del Señor.” Pero en lo que llega lo mucho, con lo poco que uno tiene trabaje en la Obra; y en lo poco es uno fiel y en lo mucho Dios pone a la persona.

Que Dios les bendiga y les guarde; y Miguel, que Dios te bendiga y te guarde; ya el postre lo tuvimos, Miguel (que siempre espera el postre espiritual).

Que Dios les bendiga a ustedes allá en Panamá, y a todos ustedes en las diferentes naciones y congregaciones en este domingo de estudio bíblico para todos los creyentes en Cristo.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, conscientes de que nuestro nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que es EL LIBRO SELLADO CON SIETE SELLOS.

Y será hasta el próximo viernes y domingo, en que (ya sea en una forma o de otra) estaré con ustedes en el estudio bíblico del viernes y el domingo, en pantalla o como sea posible.

Que Dios me los bendiga y les guarde; y hasta el próximo viernes y domingo, Dios mediante.

Parece que aquí también el reverendo José Benjamín Pérez ya piensa como Miguel, que ahora quiere el postre de él, pero ya creo que mejor cuando regresen a sus hogares tengan la cena; la cena con alimento físico. Ya hemos comido alimento espiritual para nuestra alma y nuestro espíritu.

Dios me los bendiga y les guarde; y parece que es que tengo que moverme para que pueda venir.

Vamos a dar la oportunidad para cualquier persona que no haya recibido a Cristo, lo pueda recibir aquí y en otros países. Me dicen que nos faltaba el llamamiento.

Vamos a pedir que todos los que no han recibido a Cristo, que están presentes o en otras naciones, y en otras congregaciones e iglesias, lo pueden hacer en estos momentos viniendo a los Pies de Cristo pasando al frente, para que queden en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Para lo cual tendremos unos minutos para este llamamiento y oportunidad para recibir a Cristo, para que Cristo le dé vida eterna.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, el cual dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

También Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre y de Sus ángeles.” Eso es lo que Cristo ha dicho. Y también Él dijo… Eso está por el capítulo 10, versos 30 al 33 de San Mateo.

Y también Cristo dice: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Y hemos visto cómo viene la Voz de Dios: por medio del Espíritu a través de la predicación del Evangelio de Cristo, en donde Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y habrá un rebaño y un pastor.” Y dice: “Y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” Eso es el capítulo 10 de San Juan.

Y en el mismo capítulo 10, versos 27 al 31, dice: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco (¿desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo), y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.”

Y San Juan, capítulo 8, versos 47 en adelante, dice: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Y a los que no querían recibir la Voz de Dios, les decía: “Ustedes no oyen mi Voz porque no son de este redil, porque no son de Dios,” les dijo claramente. O sea que no son de los elegidos predestinados, escogidos, que formarían Su Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vamos a orar con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados, por todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes lugares:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador. Recíbelos en Tu Reino y bendícelos grandemente. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por todos ustedes que están recibiendo a Cristo como Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Te ruego me recibas. Te recibo en mi alma, te recibo con todo mi corazón. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

La pregunta de los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; cuando es bautizada en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, está siendo sepultado tipológicamente; y cuando es levantado de las aguas bautismales, tipológicamente está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor. Recuerden que el bautismo es tipológico. Por lo tanto, nos identificamos así con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por eso fue que Cristo mandó a predicar y a bautizar a todo el que creyere; y luego Dios lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá el nuevo nacimiento en la persona.

Bien pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Dios les bendiga y les guarde a todos; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL LIBRO SELLADO CON SIETE SELLOS.”

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