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Estad preparados para la Venida del Hijo del Hombre
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Estad preparados para la Venida del Hijo del Hombre

Muy buenos días, amados amigos y hermanos, ministros y hermanos de diferentes congregaciones aquí en la República de Colombia, reunidos aquí en Bogotá y también en diferentes países, en esta ocasión, domingo de escuela bíblica, para recibir la enseñanza de la Palabra de Dios y ser edificados para llegar a la estatura de un hombre perfecto, igual a Jesucristo nuestro Salvador.

Recibe, Miguel Bermúdez Marín, misionero del Señor, mis saludos: Que Dios te bendiga y te guarde, y te use grandemente en Su Obra en este tiempo final; y a todos los ministros también.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, domingo de escuela bíblica, para tener el estudio bíblico correspondiente al día de hoy, titulado: “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Para lo cual, como texto base tomamos San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante, que nos dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Y luego el verso 36 de este mismo capítulo 21, dice:

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

“ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.” Es nuestro tema en esta ocasión.

Que Dios nos bendiga con Su Palabra, nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Lo más importante que está prometido para este tiempo final, para la raza humana, es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Conforme a San Mateo, capítulo 24, versos 30 en adelante, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

O sea que la Venida del Hijo del Hombre es acompañada por Sus Ángeles; los Ángeles que juntarán con la Gran Voz de Trompeta a los escogidos de Dios. Esto concuerda también con San Mateo, capítulo 16, versos 27 al 28, que dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Aquí había dado más información de la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final, y dice que vendrá con Sus Ángeles, y dice que pagará a cada uno según sus obras; por lo tanto, vendrá como Juez.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, nos dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

En la Venida del Hijo del Hombre los escogidos serán recompensados, pagará a cada uno según sea su obra; y al mundo le pagará según sean sus obras también. Él vendrá, dice en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28, que vendrá en Su Reino.

Su Reino, vamos a ver lo que es, en este estudio bíblico correspondiente al día de hoy. Colosenses, capítulo 1, verso 12 al 15, dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (¿Quiénes son los santos en luz? Los creyentes en Cristo);

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas…”

O sea, nos ha librado del poder del reino del maligno, del reino de las tinieblas, en el cual, cuando nacimos en la Tierra hemos nacido en medio del reino de las tinieblas; porque el enemigo de Dios, el diablo, se apoderó del reino terrenal allá en el tiempo de Adán y Eva cuando los hizo pecar, y entró la muerte a la raza humana por un hombre: Adán.

Y por consiguiente, el enemigo se apoderó del reino terrenal, pero sin el Título de Propiedad, que es el Libro sellado con siete sellos de Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, que aparece en la diestra del que está sentado en el Trono, que es Dios.

O sea que cuando Adán, el cual tenía el Libro, el Título de Propiedad, el cual le fue entregado, en el cual están escritos los nombres de todos los hijos de Dios que nacerían en esta Tierra; si Adán y Eva no pecaban, los hijos que ellos tendrían serían los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, que son los hijos e hijas de Dios. O sea que Adán se perdió la bendición de ser el padre de familia de todos nosotros; él se perdió la bendición, Adán y Eva, pero esa bendición la retomó el segundo Adán (que es Cristo) con la segunda Eva (que es la Iglesia del Señor Jesucristo). Tan sencillo como eso.

Teníamos que aparecer en la Tierra, y hemos aparecido; unos cuantos miles de años después de Adán, pero hemos aparecido, para cumplir el propósito de Dios con nosotros en esta Tierra.

Y ahora, dice aquí que hemos sido trasladados… “librados, de la potestad de las tinieblas,” o sea, del poder del gobierno de las tinieblas, del gobierno del enemigo, del reino de las tinieblas, al Reino de Dios; al Reino de Dios, que es el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que Él está sentado en el Trono de Dios; y por consiguiente, las palabras de Cristo en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, son: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

O sea que Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra, Rey de reyes y Señor de señores; porque el rey es el que está sentado en el trono, y el que está sentado en el trono tiene el poder y autoridad sobre todo lo que pertenezca a ese reino.

Cristo dijo que Él se sentaría a la diestra de Dios, la diestra del Padre. (San Mateo, capítulo 26, versos 64 en adelante). Luego en el libro de los Hechos, Felipe y otros lo vieron sentado a la diestra del poder de Dios, sentado en el Trono de Dios; vieron al Hijo del Hombre sentado en el Trono de Dios.

O sea, que no lo dejaron sentar en el Trono terrenal en Su Primera Venida, pero Dios lo sentó en el Trono celestial, que es mayor que el Trono de David; porque el Trono de David solamente gobierna sobre Israel como Hijo de David, que es uno de los títulos del Mesías.

Recuerden que tiene unos cuantos títulos: Hijo de Abraham, heredero… Cada uno de esos títulos tiene una herencia: Hijo de Abraham, heredero de la tierra prometida, de todo lo que le fue prometido a Abraham. Hijo de David, heredero del Trono y Reino de David, que será restaurado; el cual fue dividido en los días de Roboam hijo de Salomón, por causa del pecado de Salomón, que se involucró con la idolatría.

Hay verdades que son duras, pero la verdad es la verdad. Y eso no quiere decir que Salomón se perdió, sino que recibió el juicio divino, él, su reino, el reino de David que estaba en las manos de Salomón; el cual lo sucedió (el reino), y por amor a David Dios dijo que no lo rompería en el tiempo de Salomón, sino en el tiempo del hijo de Salomón, que era Roboam.

En el tiempo de Roboam, hijo del rey Salomón, Dios dividió el reino de David, le dio diez tribus a Jeroboam. Jeroboam es descendiente de Efraín, y Efraín es el que tiene la bendición de la primogenitura.

El reino de David no está completo sin la bendición de Efraín. Sin la bendición de la Primogenitura el reino no está completo, no es un reino completo porque le faltan diez tribus, la mayoría de las tribus. Pero conforme a Ezequiel, la promesa es que será restaurado el Reino de David.

Por el capítulo 37 de Ezequiel, versos 15 al 28, está la profecía que Dios juntará el reino del norte, que es el reino de las tribus del norte, que son diez tribus, llamado el reino de Israel; lo juntará con el reino de Judá, que tiene dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, a la cual también se le unió la tribu levita con el sacerdocio.

Pero la promesa es que para el Día Postrero Dios juntará el reino del norte, llamado también el reino de las tribus perdidas, de las diez tribus perdidas… pero a Dios no se le pierde nada. A los seres humanos se les pierde y no ven las cosas, pero a Dios nada se le pierde. Lo más grande es que Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; y nos ha encontrado.

De edad en edad, en la Dispensación de la Gracia, ha estado buscando a todas estas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que son los hijos de Dios que tenían que ser manifestados en la Tierra; y de edad en edad, en el tiempo asignado por Dios han estado naciendo en esta Tierra y ha estado llegándole a ellos la Voz de Cristo, el cual dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son de allá de Israel; o sea, que no son personas que estarían bajo la Dispensación de la Ley), las cuales también debo traer; y habrá un rebaño y un pastor.” [San Juan 10:16]

Dice que escucharán Su Voz, o sea, escucharán el Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo por medio de los diferentes mensajeros y ministros, predicando el Evangelio, como Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Las ovejas del Señor creerán. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y en San Juan, capítulo 8, versos 47 al 48, dice: “Y el que es de Dios oye (¿qué?) la Voz de Dios.” Y aquellos que no les interese, y dicen: “Yo no escucho eso.” Bueno, dice Cristo mismo a los que no querían escuchar: “Ustedes no escuchan porque no son de Dios.” O sea que las mismas personas se identifican como que no son de Dios porque no escuchan la Voz del Padre celestial, no lo reconocen como su Padre. Así que es una identificación sencilla.

Es como cuando un hijo suyo está en un sitio y otra persona le dice: “Hijo mío, ven acá.” Su hijo ni lo escucha. Pero cuando usted llama: “Hijo mío, ven acá,” él conoce su voz, lo escucha y viene a usted. Así es la situación y relación entre los hijos de Dios y su Padre celestial, Dios. “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” [San Juan 8:47] Y a los que no querían escuchar les dice: “Por eso es que ustedes no pueden escuchar, no escuchan.”

Y en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, dice: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.”

Cristo vino a hacer la voluntad del Padre, a llevar a cabo el Programa, el Plan de Dios para con los hijos de Dios. Cristo es la persona más importante de esta Tierra y también de los Cielos; es el que está sentado a la diestra de Dios en el Cielo. Y cuando se dice que está sentado a la diestra de Dios, todo lo que Dios hace en Su Reino lo hace por medio de Cristo.

Todo el poder está en las manos de Cristo. Por eso Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” ¿Y entonces Dios se quedó sin poder? Sería la pregunta. No, porque Dios con todo Su poder está dentro de Cristo, manifestándose a través de Cristo y manifestando Su poder.

Recuerden que Cristo dijo [San Juan 14:10]: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mí.” ¿Ve? Por eso el poder de Dios estaba en Cristo. “El Padre que mora en mí, Él hace las obras. Como yo veo al Padre hacer.” O sea, como en la visión divina que Él tenía, veía a Dios obrando, así Cristo obraba en esta dimensión terrenal.

Él fue en una ocasión a un estanque donde había muchos enfermos, porque un ángel venía de vez en cuando, removía las aguas, y el que entraba primero quedaba sano. Y había un hombre que por muchos años tenía problemas para caminar, y estaba echado allí en una… en el piso; y por muchos años las aguas de ese estanque eran movidas por el ángel; pero él no podía entrar, porque cuando él trataba de entrar al sitio ya otro había llegado primero, había entrado a las aguas y se había sanado; y por lo que se ve, era una persona en cada ocasión que el ángel removía las aguas.

Y Cristo cuando llegó al estanque de Betesda (¿sería?) ¿o Siloé? Que significa: El Enviado; le dice el hombre… hubo muchos enfermos allí; pero en la visión que Él recibía del Padre, Cristo vio a un solo hombre que sería sanado, Cristo vio a un solo hombre que sería sanado; y así era allí, una sola persona sanada en cada movimiento de la visita del ángel. Y allí estaba el Ángel del Pacto, el Ángel que removía las aguas estaba encarnado, y vino de visita para la salud de un hombre, para la sanidad de un hombre. Y le dice: “¿Quieres ser sano? ¿Quieres ser sanado?”

Y si usted está enfermo, y le preguntan: “¿Quieres ser sanado?”… ¡Por eso él estaba allí, porque quería ser sanado!; y veía a las personas que eran sanadas en cada visita del ángel cuando removía las aguas. Y le dice que sí.

Recuerden que es como el perdón para todo ser humano. El perdón está firmado con la Sangre de Cristo, pero el perdón no es perdón para la persona hasta que lo recibe. Tiene que aceptarlo.

Y Cristo le pregunta: “¿Quieres ser sano?”

—“Sí.” Aceptó la sanidad que él estaba buscando, la aceptó por medio de Cristo.

Y Cristo le dice: “Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”; y era sábado. [San Juan 5:5-9]

La Escritura dice que el Señor en una ocasión dijo que el Señor es Señor del sábado; porque el Señor, Cristo, es nuestro Sábado, nuestro reposo.

Y luego Cristo se fue, no sanó a otras personas; así era el orden en ese lugar, cuando venía el ángel una sola persona era sanada, y vino el Ángel en carne humana, y una persona sola fue sanada en ese lugar, en esa ocasión.

Fue lo que el Padre le mostró en visión a Jesús, y eso fue lo que Él hizo; porque Él hacía lo que le agradaba al Padre. No vino para complacer a los seres humanos, vino para complacer al que lo envió, al Padre, al cual amaba y el cual lo amaba a Él, y el cual lo envió por amor.

La Primera Venida de Cristo fue la manifestación más grande del Amor Divino hacia la raza humana: “Porque de tal manera amó Dios al mundo (y por consiguiente, al ser humano), que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” [San Juan 3:16]

Si cree, no se pierde; si no cree, pues se pierde. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Se pierde.

¿Ven lo sencillo que Dios hace las cosas? Creer, para ser salvo y vivir eternamente; o no creer, para ser condenado y no existir más en la vida. Los que creen pasan a la vida eterna; los que no creen no pueden pasar a la vida eterna, por lo tanto dejarán de existir. Todo es sencillo.

Y la Primera Venida de Cristo tuvo un propósito divino como Cordero: para llevar a cabo el Sacrificio de Expiación por los seres humanos, y sobre todo, por los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Así como el cordero pascual, que fue sacrificado por cada padre de familia hebrea allá en Egipto, el día antes de la salida del pueblo de Egipto en el éxodo, aquel sacrificio era para la preservación de la vida de los primogénitos; y los que no tuvieran esa señal en la puerta de la casa, los primogénitos que estaban allí morirían.

Y los primogénitos de los egipcios no sabían, no tenían esa revelación y no aplicaron la señal; y los primogénitos de los egipcios murieron esa noche, aun el primogénito del Faraón. Pero los primogénitos de los hebreos que tenían la señal en la puerta, no murieron.

Y Juan el Bautista dijo, señalando a Cristo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29] Lo reconoció como el Cordero que quitaría el pecado del mundo por medio del Sacrificio que efectuaría para la preservación de la vida eterna de esos hijos de Dios primogénitos, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; que están tipificados también en ovejas, así como Cristo está tipificado también en una oveja que sería sacrificada. Y también Cristo está tipificado en el pastor de las ovejas: “Jehová es mi pastor, nada me faltará.” [Salmos 23]

Y cuando Cristo vino, el cual era Dios, Jehová encarnado en ese velo de carne llamado Jesús, dijo: “Yo soy el buen pastor.” [San Juan 10:14] Cualquier persona podía decir: “Yo ando con el Salmo que dice que Jehová es mi pastor.” Y los apóstoles podían decir: “Yo ando con ese Salmo hecho carne. Aquí está lo que David expresó en ese Salmo.”

Es como si estuvieran proyectando ese Salmo en la cámara, a través del proyector en una pantalla, y Jesús pasara por aquí y se parara al frente; y todo ese Salmo, en vez de estar en aquella pantalla estaría en el cuerpo de Jesús; porque se había hecho carne. Ahora, la pantalla donde estaba Dios proyectando, manifestando, haciendo realidad aquel Salmo, la pantalla era Jesucristo.

Por eso Él en una ocasión, por allá por San Lucas, capítulo 4, allá en Nazaret, donde se crió y donde acostumbraba a ir a la sinagoga los sábados; y como era de costumbre leer en la Biblia, la Torá, que era un rollo, le dieron el libro del profeta Isaías y buscó donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido…” [San Lucas 4:18] Y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido: “Para predicar el año de la buena voluntad de Jehová.”

¿Y por qué se detuvo? Algunas veces cuando leemos un pasaje siempre terminamos el versículo, no lo dejamos a mitad. Y Jesús no continuó leyendo. Lo que a continuación decía era: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” ¿Por qué no leyó eso? Porque el día de venganza del Dios nuestro es para ser proclamado por el Mesías en Su Segunda Venida. Tan sencillo como eso. (Ese es el… Isaías, capítulo 61, verso 1 en adelante; leído por Jesús en San Lucas, capítulo 4).

Cuando termina esa lectura, piense usted cómo la leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido”; y comienza a enumerar para lo que había sido ungido allá en Su Primera Venida. Y todos se quedan mirando… a Él, y luego les dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Dios estaba proyectando Su Palabra escrita en Jesús, estaba viéndose la Palabra de Isaías, capítulo 61, en Jesús: “Hoy se ha cumplido delante de vosotros esta Escritura.” Así será la continuación de ese versículo en el Día Postrero, en la Venida del Hijo del Hombre, que es la única esperanza para los creyentes en Cristo.

Para lo cual se estará preparando la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final: para la Venida del Hijo del Hombre; para lo cual, sucederá igual que como fue para la Primera Venida del Hijo del Hombre.

Para la Primera Venida del Hijo del Hombre Dios envió a Juan el Bautista, que le preparara el camino; y conforme al Mensaje que Juan dio, vino la preparación para los que recibirían al Mesías.

Y la Venida del Mesías era Dios en el Ángel del Pacto, que es el Ángel de Jehová, que es el cuerpo angelical de Dios y que es Cristo en Su cuerpo angelical, dentro de ese cuerpo angelical, metido dentro del cuerpo de carne llamado Jesús. Eso fue la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás, eso fue la Venida del Señor para llevar a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

El mensaje de Juan fue el Mensaje que preparó al pueblo para recibir, para darle la bienvenida al Mesías en Su Primera Venida. Juan decía [San Juan 1:27]: “El que viene después de mí es mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado.” Y también decía [San Juan 1:33-34]: “Yo no le conocía, pero el que me mandó a bautizar me dijo que sobre aquel que viera al Espíritu Santo descender en forma de paloma, Ese es Él, ese es al cual le estoy preparando el camino.” Y cuando bautizó a Jesús, dijo: “Yo le vi, al Espíritu Santo descender sobre Jesús. Ese es el que vendría después de mí.” Lo presentó, con su Mensaje lo presentó delante del pueblo.

Y en una ocasión también le dicen: “Mira, aquel del cual tú diste testimonio, ahora bautiza más personas que tú y le siguen más gente que a ti.” [San Juan 3:26] Y Juan no se puso celoso, como algunas personas se ponen celosas si otra persona logra más éxito que él; y lo atacan para que no pueda subir, en vez de ayudarlo para que suba más.

Juan dijo, contento: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.” [San Juan 3:30] Lo que significaba que Juan reconocía que había hecho bien el trabajo de precursar la Primera Venida de Cristo.

Y Cristo hablando de Juan el Bautista dijo que Juan el Bautista era mayor que todos los profetas [San Mateo 11:11]: “No se ha levantado ninguno nacido de mujer mayor que Juan.” Pero dijo también: “Pero el más pequeño en el Reino de Dios, en el Reino de los Cielos, es mayor que Juan.” O sea, el más pequeño del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo, es mayor que Juan el Bautista; porque Juan pertenece al pueblo de los siervos bajo el Pacto Antiguo, y el más pequeño del Reino de los Cielos pertenece al Nuevo Pacto, que es compuesto por la Iglesia del Señor Jesucristo, que está compuesta por los creyentes en Cristo, que son los hijos e hijas de Dios.

En la casa de Abraham, él tenía un siervo que era el administrador de los bienes de Abraham; y luego Abraham tuvo un hijo llamado Isaac. ¿Quién era mayor en la casa de Abraham: aquel administrador de todos los bienes de Abraham o aquel niñito, aquel bebé que había nacido? El bebé que había nacido; porque era el hijo, el heredero de Abraham; el cual tipificaba al Mesías Príncipe, que es el heredero a todo el territorio, a toda la tierra prometida y todas las bendiciones prometidas a Abraham y a su descendencia.

El más pequeño del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia —compuesta por los hijos de Dios—, es mayor que cualquiera del Pacto Antiguo; porque un hijo es mayor que un siervo.

Es una bendición muy grande ser parte del Cuerpo Místico de Cristo. Las personas pertenecientes al Cuerpo Místico de Cristo están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Esas personas no se pueden perder; por eso Cristo murió por todas esas ovejas, por todos esos hijos de Dios, para restaurarlos, reconciliarlos con Dios y restaurarlos a la vida eterna. Son los genes del pensamiento divino.

Recuerden que también las personas acá en la Tierra son los genes del pensamiento de sus padres; y los genes físicos también, materializados en esas personas.

Por lo tanto, los hijos e hijas de Dios que no vinieron por Adán y Eva, ahora vienen por medio del segundo Adán (Cristo) y la segunda Eva, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso.

Ahora, en la Primera Venida de Cristo, para aquel tiempo se estaba esperando la Venida del Mesías; y la Venida del Mesías tenía que ser a través de una virgen. Porque dice Isaías, capítulo 7, verso 14: “Porque un niño nos es nacido…” es el capítulo 9 de Isaías. Pero el capítulo 7, verso 14, dice: “Porque he aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

O sea que el Mesías tenía que venir, nacer a través de una virgen, y tenía que ser de la tribu de Judá, y tenía que ser de la descendencia de David; o sea que estaba bien especificado el Programa Divino para la Primera Venida de Cristo. Y con todo eso, no lo reconocieron.

Capítulo 1 de San Mateo, versos 20 en adelante… 18 en adelante, para que tengan el cuadro claro, dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel,

que traducido es: Dios con nosotros.

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.”

Y ahora nos preguntamos: “¿Y qué tiene esto que ver con la Segunda Venida del Hijo del Hombre?” Más de lo que usted se imagina. Porque así como Adán tipifica a Cristo (al segundo Adán), y Eva tipifica a la Iglesia del Señor Jesucristo (la segunda Eva), también Eva tipifica a María, la cual concibió del Espíritu Santo, la cual concibió sin tener relaciones íntimas con un hombre; lo cual tenía que esperar Eva, y no esperó.

Y ahora, así como Eva representa también a la Iglesia del Señor Jesucristo, María también representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y así como la Primera Venida del Señor tenía que ser por medio del pueblo hebreo, a través de una virgen… Porque el pueblo hebreo era el que estaba bajo el Pacto vigente en aquel tiempo, y por eso la Primera Venida de Cristo tenía que ser en medio del pueblo que estaba en el Pacto vigente; porque la Venida del Señor para Su pueblo es para el pueblo que está en el Pacto vigente.

Por eso la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado esperando la Segunda Venida de Cristo, porque es el pueblo que está en el Nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto. Y será en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo que vendrá Cristo en Su Segunda Venida, vendrá el Hijo del Hombre, como está prometido: por Su Iglesia, para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Les voy a leer algo que dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, porque la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero,  será como ha sido dicho por el Espíritu Santo a través del precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Él es el que, con su Mensaje, introduce la Segunda Venida de Cristo. La introducción a la Segunda Venida de Cristo es el Mensaje que trajo el precursor de la Segunda Venida de Cristo; así como el Mensaje que preparó al pueblo y que introdujo la Primera Venida de Cristo fue Juan el Bautista, precursor de la Primera Venida de Cristo.

La Segunda Venida de Cristo tiene un precursor también, el cual todos sabemos que fue el reverendo William Branham, en el cual el Espíritu Santo operó el ministerio de Elías por cuarta ocasión; así como operó el ministerio de Elías por tercera ocasión en Juan el Bautista.

Cuando le preguntan a Jesús en San Mateo, capítulo 17, luego de bajar del Monte de la Transfiguración, le dicen a Jesús (Sus discípulos): “¿Por qué los escribas dicen que Elías tiene que venir?” Jesús les dice: “A la verdad, Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas; pero yo os digo que Elías ya vino y no lo conocieron; e hicieron de él todo lo que quisieron (hablándoles de Juan el Bautista).”

O sea que Jesús vindicó, confirmó que Juan el Bautista era el mensajero precursor de Su Venida. Si no venía el Mesías después de Juan, Juan no era el precursor; si venía el Mesías después de Juan, Juan era el precursor.

En el libro de “Las Edades”, dice el reverendo William Branham, en la página 364:

“Juan preparó a los padres para que Jesús pudiera dar la bienvenida a los hijos al entrar al redil. Ahora, este profeta sobre el cual descenderá el espíritu de Elías, preparará a los hijos para dar la bienvenida a Jesús (para dar la bienvenida a la Segunda Venida de Cristo).”

Y en la página 365, dice:

“Juan testificó que Jesús venía. Este hombre también (o sea, el reverendo William Branham), como Juan, testificará que Jesús viene. Y el mismo regreso de Cristo probará que este hombre en verdad era el precursor de Su Segunda Venida. Esta será la evidencia final de que este hombre es en verdad el profeta de Malaquías 4, porque Jesús mismo aparecerá al fin de la edad gentil. Entonces será demasiado tarde para aquellos que le han rechazado.”

La Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con Moisés y Elías, con los Dos Olivos, es lo que precursó el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham, en el cual operó el ministerio de Elías por cuarta ocasión; y será operado por quinta ocasión el ministerio de Elías; y el ministerio de Moisés será operado por tercera ocasión, si contamos por segunda ocasión el ministerio de Moisés en Jesús.

O sea que en la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, veremos la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Moisés y Elías. Y eso no se los voy a explicar abiertamente en esta ocasión, porque hay cosas que son para el tiempo del cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Vimos al Hijo del Hombre manifestado, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, en un profeta en Norteamérica, reconocido como el cuarto Elías, precursor de la Segunda Venida de Cristo. Lo vimos operando —el Espíritu Santo— el ministerio de Elías por cuarta ocasión, como lo operó en la tercera ocasión en Juan el Bautista, y como lo operó por segunda ocasión, anteriormente, en Eliseo.

El mismo Espíritu Santo operó también en otro hombre, en Elías Tisbita, ese ministerio; y será operado por quinta ocasión, como uno de los olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14; y Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 11.

O sea que en la Venida del Señor encontraremos una manifestación triple: Moisés, Elías y Jesús. El Hijo del Hombre viniendo en Su Reino con Sus Ángeles.

Por lo tanto, tendrá una relación directa con el cristianismo, con la Iglesia-Novia, que está representada en las vírgenes prudentes; con las vírgenes insensatas o fatuas, que pertenecen también al cristianismo pero que no tienen aceite en sus lámparas (el Espíritu Santo); y también habrá una manifestación con los perdidos, en medio de los perdidos.

Eso corresponde a la Tercera Etapa, que manifestará Cristo, el Hijo del Hombre, en el tiempo final; y esa manifestación de la Tercera Etapa será en una Gran Carpa Catedral, como lo vio – como le fue mostrado al reverendo William Branham. Página 471 del libro de “Los Sellos.”

Y ahí vamos a ver esa manifestación de la Venida del Hijo del Hombre a Su Iglesia-Novia; veremos esa manifestación triple, que tendrá tres partes importantes para la Novia: los que van a ser transformados… que recibirán la fe para ser transformados, recibirán la revelación de los Siete Truenos, que es la revelación de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Lo cual, cuando fue abierto en el Cielo en el capítulo 8 del Apocalipsis, el Séptimo Sello, causó silencio, hubo silencio en el Cielo. Eso es para que nadie entendiera, para que nadie pudiera hacer una imitación.

Por eso el reverendo William Branham en el mensaje “Cristo, el misterio de Dios revelado,” página 14, dice que el Séptimo Sello es la Venida del Señor, y no es conocida todavía, cómo vendrá y cuándo vendrá; y está bien que no se conozca. ¿Por qué? Porque hay siempre muchos imitadores, hay muchos Datán y Coré y Abiram, y hay muchos que también como Aarón y la hermana de Aarón, Miriam o María, quieren ponerse en la misma posición de Moisés.

Por lo tanto, también como hubo imitadores antes de la Venida del Señor dos mil años atrás, Teudas y Judas, imitando lo que sería la Venida del Mesías, Cristo dijo: “Los que vinieron delante de mí son robadores, ladrones, y las ovejas no lo escucharon.” O sea que, vean cómo los califica Cristo: ladrones, robadores; se quieren robar la revelación para ellos pasar como las personas en las cuales se está cumpliendo lo que está prometido; lo cual hace mucho daño al pueblo.

Pero para que no haya confusión el reverendo William Branham dice que de esa Tercera Etapa no habrá imitación, porque el diablo no sabe lo que es. Por eso es que se ha mantenido por tantos años o miles de años, en secreto el misterio de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Y para que estemos apercibidos, les dije que viene con Sus Ángeles, con Moisés y Elías: los Dos Olivos. O sea que en la Venida del Señor vamos a ver al Señor, vamos a ver a Moisés y vamos a ver a Elías.

En el Monte de la Transfiguración fue dada la visión de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Cristo en el capítulo 16, versos 27 al 28 de San Mateo, promete… dice:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles (¿Ve? Viene con Sus Ángeles), y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

A los incrédulos, con lo que les corresponde: el juicio, anunciándoles el juicio de la gran tribulación; y a los creyentes: anunciándoles las bendiciones, y dándoles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Y pasamos al verso 28 de este mismo capítulo 16 de San Mateo. Dice:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

¿En dónde viene? En Su Reino. Los creyentes en Cristo han sido trasladados al Reino del Hijo de Dios, de Cristo, y Él viene ¿dónde? A Su Reino. Por lo tanto, viene a Su Iglesia, que es la que está y en la que está el Reino de Dios siendo manifestado en la esfera espiritual. A ese Reino es que viene el Hijo del Hombre en el Día Postrero.

Y en el capítulo 17 muestra la visión a Pedro, a Jacobo y Juan, los cuales tomó y los llevó con Él a un monte alto; ese monte alto representa a la Iglesia del Señor Jesucristo, porque es en ese Monte Alto, la cúspide del Monte, donde se cumplirá la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

No vino en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, sino que viene en la Edad de Piedra Angular; ahí es donde el Hijo del Hombre se revelará con Sus Ángeles, con Moisés y Elías, y desde donde llamará ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu; donde el Mensaje pasará a los judíos.

Recuerden que Jacob en la visión que tuvo o sueño que tuvo allá cuando iba para Harán, allá en Bet-el, vio una escalera que se apoyaba en tierra y su parte alta tocaba el cielo; y vio ángeles que subían y bajaban por ella, y a Dios en la cúspide de la escalera que le habló [Génesis 28:13]: “Yo soy Jehová,” se identificó.

Ahí es donde Israel verá la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Mesías en el Día Postrero, y donde se han visto ángeles de Dios subiendo y bajando: los mensajeros con el grupo de cada edad. Esos son los ángeles mensajeros con el grupo que Dios le ha dado en cada edad; y ángeles también, que están enviados a la Iglesia para cuidarla, protegerla; ángeles administradores, ángeles administradores que ministran la Palabra de edad en edad por medio del Espíritu de Dios.

Ahora veamos lo que vieron Pedro, Jacobo y Juan en el Monte de la Transfiguración [San Mateo 17:1]:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.”

Malaquías, capítulo 4, verso 2, dice: “A los que temen mi nombre nacerá el Sol de Justicia, y en Sus Alas traerá salvación.” Y aquí vemos el sol, a Cristo como el sol naciente, resplandeciendo como el sol. Recuerde que Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo.” Él es el Sol de Justicia.

“…y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.”

Esta es la visión de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Por esa causa es que aparece ahí Moisés y Elías, porque esos son los Dos Olivos, a través de los cuales Dios llamará y juntará a los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu.

El Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo, llamará, juntará y sellará ciento cuarenta y cuatro mil, conforme a Apocalipsis, capítulo 7, verso 1 al 17.

Es importante conocer estas Escrituras, para que así todos estemos preparados para darle la bienvenida al Hijo del Hombre en Su Venida; así como los que fueron preparados por Juan el Bautista le dieron la bienvenida al Hijo del Hombre en Su Primera Venida.

¿De qué hablaban Moisés y Elías con Jesús? De Su ida a Jerusalén y de las cosas que tenía que cumplir en Jerusalén. O sea que así como fue allá, va a ser acá también la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, en donde se verá la relación que habrá de la Segunda Venida y los Ángeles del Hijo del Hombre, con Israel, para llamar y juntar y sellar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Tan sencillo como eso.

El Mensaje del precursor de la Segunda Venida de Cristo preparará a los que le darán la bienvenida al Hijo del Hombre con Sus Ángeles, en Su Venida en el Día Postrero.

Y la última vindicación de que el reverendo William Branham era el Elías que tenía que venir precursando la Segunda Venida de Cristo, será la Venida del Señor con Sus Ángeles; y Él mismo lo vindicará, señalará que ese fue Su precursor, que ese fue el que le preparó el camino al pueblo para Su Venida. Por lo tanto, tiene que venir conforme a como fue precursado, a como dice el Mensaje del precursor; y el Mensaje del precursor dice cómo está en la Biblia que será la Venida del Señor.

Dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el mensaje “Fiesta de las Trompetas,” página 17 y 18 en inglés; y en español, 19 y 20; y en el libro de “Citas,” página 128, párrafo 1140. Dice:

“Entren a la cámara del profeta y miren esas siete gradas.”

Y eso corresponde a las siete edades; siete gradas, siete edades en la Iglesia, subiendo como la escalera que vio Jacob.

Es como el drama de Romeo y Julieta, donde él coloca una escalera para sacar a su novia y llevarla. Por esa escalera, por donde han estado subiendo de edad en edad los escogidos de Dios con Sus mensajeros, por ahí por la parte alta será (y en la etapa de la parte alta, de Edad de Piedra Angular) que se llevará a los escogidos de ese tiempo final, y también los escogidos de edades pasadas; porque todos van a estar en esa edad cuando resuciten.

“¿Dónde el guardia hizo frente al desafío de llevar al que venía a la presencia del rey a la cima de las gradas? Estaba en la séptima edad.”

O sea, el precursor estaba en la séptima edad para llevarlos, introducirlos arriba con su Mensaje, para que suban a la Edad de la Cámara del Rey, que es la Edad de Piedra Angular.

“Estaba en la séptima grada. Allí muestra que tenemos que venir otra vez con ese mismo Espíritu que estaba sobre Juan.”

O sea, el espíritu ministerial de Elías en el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

“Él introdujo al Mesías (o sea, Juan); él era más grande que todos los profetas; él lo introdujo. Y tenemos que llegar a un lugar otra vez, a algo que va a introducir al Mesías.”

¿Y qué es? El precursor de la Segunda Venida de Cristo, que estará en la séptima edad con su Mensaje precursando, anunciando, la Segunda Venida de Cristo; y preparando al pueblo con su Mensaje; para darle la bienvenida al Mesías con Sus Ángeles, en Su Venida en el Día Postrero.

“¿Y cómo el Mesías…? ¿Cómo sabrá la gente que cree, a menos que esté constantemente en la Palabra para saber lo que es Él?”

O sea que estará como dos mil años atrás estuvo Cristo: mostrándoles la Palabra que hablaba de Él, y cumpliéndola. “Esto es lo que está escrito de mí,” dijo a los caminantes de Emaús. “Esto es lo que dijeron los profetas que tenía que ser cumplido.” Y por eso Él podía decir en cualquier ocasión: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Por lo tanto, así como se vieron las Escrituras prometidas para la Primera Venida de Cristo siendo cumplidas en Jesús, en el Mesías prometido viniendo a Israel, naciendo a través de la virgen María, descendiente del rey David, de la tribu de Judá; se verá también en la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles; en la Venida del Hijo del Hombre se verán las Escrituras siendo cumplidas en el tiempo final.

Y la gente dirá: “Pero eso que estoy viendo que está sucediendo es lo que está prometido.” Y podrán escuchar: “Hoy se ha cumplido esta Escritura y esta Escritura y esta Escritura.”

Vamos a estar viendo las Escrituras de las promesas de la Segunda Venida de Cristo siendo cumplidas en aquel que precursó el cuarto Elías precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Y vean lo que dice el precursor (habla como Juan el Bautista). Página 474 y 475 del libro de “Los Sellos”, que tiene 484 páginas en español.

En la página 464 y 465, dice… Al final de la 464, y comienzo de la 465, dice:

“139. Al final de este Séptimo Sello…”

O sea, que el Séptimo Sello, la Venida del Hijo del Hombre a la Tierra, tiene un comienzo y tiene un final. Al final nos vamos a la Cena de las Bodas del Cordero. Al principio no conoceremos lo que será el final, pero al final conoceremos lo que fue al principio.

[138] Debemos recordar que este Séptimo Sello es el fin del tiempo de todas las cosas. Correcto. Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina. Es el fin del mundo agitado, el fin de la naturaleza agitada y es el fin de todo. En eso también encontramos el fin de las Trompetas, de las Copas, de la Tierra; y aun es el fin del tiempo. El tiempo termina, así nos dice la Biblia en Apocalipsis 10:1-7, donde el Ángel dijo: ‘El tiempo no será más.’  Y eso será en el día cuando este gran evento suceda. Allí todo termina.”

Cuando el Séptimo Sello suceda, cuando la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre suceda, se cumpla.

“139. Al final de este Séptimo Sello…”

Recuerden, el principio de la Primera Venida de Cristo fue cuando el Ángel le apareció a María y cuando concibió del Espíritu Santo; y el final: cuando fue crucificado, sepultado, resucitado y ascendió al Cielo con los santos del Antiguo Testamento, cuarenta días después de Su resurrección. Eso fue el final de la Primera Venida de Cristo a la Tierra. Vimos comienzo y fin. Esa es la historia del Evangelio de Cristo que está compilado en los cuatro evangelios, llamados cuatro evangelios.

Los cuatro evangelios es el mismo Evangelio mostrado desde la óptica de cada uno de los escritores, ungidos por el Espíritu Santo.

139. Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia (ahora vean lo que será al final del Séptimo Sello); es el fin del Séptimo Sello, es el fin de las Trompetas, es el fin de las Copas y aun es el fin de la entrada al Milenio. Todo eso es contenido en el Séptimo Sello.”

Y recuerden que el Séptimo Sello es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y ahí muestra que es como disparar un cohete, un cohete de estos que se usan en las fiestas, que hace una explosión, sube, y después comienza a hacer explosiones y salen estrellitas, y de una estrella salen otras, hace otra explosión y salen más estrellas. Así dice que es el Séptimo Sello.

[140] Así es el Séptimo Sello. Allí termina el tiempo para el mundo. Es el fin del tiempo para esto y aquello y todas las cosas. Todo termina con el séptimo Sello. Ahora, ¿cómo lo va a hacer Dios? Eso es lo que no sabemos, no lo sabemos. En esto será el tiempo para todas estas cosas y la entrada del Milenio.

141. Ahora, noten que la apertura de este Sello fue tan tremenda que hasta los Cielos mismos fueron silenciados por este evento, por el tiempo de media hora.”

O sea que en el Cielo hubo silencio. El Séptimo Sello es la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, es lo que precursó el reverendo William Branham ungido por el Espíritu Santo con el espíritu ministerial de Elías.

Y en la página 474 y 475 de este mismo libro de “Los Sellos” en español, dice:

[173] Yo únicamente les estoy diciendo lo que vi y las cosas que me han sido dichas. Usted haga lo que guste. Yo no sé quién será, ni qué va a suceder. ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?

174. Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando. Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre. No habrá dos aquí al mismo tiempo. Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré.”

Como sucedió en los días de Juan el Bautista, que le dicen a Juan: “Mira, ahora el que tú – del cual tú diste testimonio, ahora bautiza más personas que tú, y le siguen más personas que a ti.” Juan dice: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.” Eso fue una buena noticia para Juan.

Y ahora, el segundo precursor de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre, dice lo mismo; dice que a él le conviene menguar y al que viene después de él, a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, le conviene crecer.

Por lo tanto, todos los que estarán trabajando en el Programa de la Segunda Venida del Hijo del Hombre, tienen su trabajo asegurado de éxito: “¡A Él le conviene crecer!” O sea que estarán trabajando en la Obra de Dios que tiene promesa de crecer; porque Dios es el que da crecimiento. Él envía Su Palabra y la hace prosperar, la hace crecer.

Por lo tanto, “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.” ¡Trabajando! No sentados esperando, sino trabajando en el Programa correspondiente al Día Postrero, que tendrá a los hijos de Dios en Su Cuerpo Místico de creyentes trabajando en el Proyecto Divino que se está llevando a cabo en el Día Postrero, para darle la bienvenida al Hijo del Hombre en Su Segunda Venida con Sus Ángeles viniendo.

Todo eso que fue en el Monte de la Transfiguración mostrado, es la visión profética de lo que estará viendo la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, y lo que luego verá el pueblo hebreo.

Por lo tanto, estad preparados, ¿para qué? Para la Venida del Hijo del Hombre, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; nazca en el Reino del Señor, en el Reino de Cristo el Hijo de Dios.

Cristo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, le dice a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo pensaba que tenía que entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo. Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del Agua (o sea, del Evangelio de Cristo) y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Todos queremos estar en el Reino de Dios, que es el único Reino con vida eterna para todo creyente en Cristo; pues Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” Él es el que tiene la exclusividad de la vida eterna.

Si alguien busca, quiere vida eterna, tiene que venir a Cristo recibiéndolo como Salvador, para que Cristo le otorgue vida eterna a su alma y produzca en la persona el nuevo nacimiento; y después, en la resurrección de los muertos en Cristo y transformación de los vivos, nos dará la vida eterna física al darnos un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Esa será la redención del cuerpo, esa será la adopción del cuerpo. Ya la adopción del alma y del espíritu la tenemos, y nos falta la adopción del cuerpo, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación, en donde recibiremos un cuerpo joven, eterno, inmortal, glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Así como Cristo fue glorificado para sentarse en el Trono de Dios, los creyentes en Cristo van a ser glorificados para sentarse con Cristo en Su Reino como reyes, como sacerdotes y jueces en el Reino terrenal del Mesías.

Son promesas divinas para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también; no solamente para mí.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí, y también las que están en otras naciones, que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos.

En todos los países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y los niños de 10 años en adelante también. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Cristo tiene mucho pueblo en la bella Colombia y los está llamando en este tiempo final; y también tiene mucho pueblo en todas las naciones y los está llamando en este tiempo final. Por lo tanto es el llamado final para ser preparados para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Con nuestro rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra. Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino, te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.

Usted me dirá: “Yo he creído con todo mi corazón, con toda mi alma, porque nació la fe de Cristo en mi alma al oír la Palabra, el Evangelio de Cristo siendo predicado. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en estos momentos.

El bautismo en agua es un mandamiento de Cristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor. Aun el mismo Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista. Es que nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha sido obedecido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo, y sigue siendo obedecido, porque nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Y es un mandamiento del Señor Jesucristo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” El que no cree, no es bautizado; el que cree, es bautizado y es salvo. Cristo hace una realidad la salvación que ganó para nosotros en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador, y le daremos la bienvenida al Hijo del Hombre con Sus Ángeles en este tiempo final, en Su Venida.

Ahora dejo al reverendo, ingeniero Iván Sarmiento, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

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