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Estad preparados para la Venida del Hijo del Hombre – Introducción
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Estad preparados para la Venida del Hijo del Hombre – Introducción

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes naciones. Un saludo al misionero Miguel Bermúdez Marín, que se encuentra allá en el Ecuador en esta noche.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para hoy tendremos la introducción al tema de escuela bíblica del próximo domingo. Hoy tendremos una plática relacionada al tema del próximo domingo, como introducción.

Para lo cual leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 29 al 31; y capítulo 24 también, versos 34 en adelante, hasta el 39. Y dice así San Mateo, capítulo 24, versos 29 al 31:

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Y ese mismo capítulo 24, versos 32 en adelante continuamos:

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Y este mismo capítulo 24, verso 27, dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Para esta ocasión nuestro tema está ligado a la Venida del Hijo del Hombre, a la Venida del Señor. En la introducción a este tema de escuela bíblica del próximo domingo, tendremos bajo este tema: “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.” La Venida del Hijo del Hombre ¿como qué? Como está prometida.

“ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE,” ese será el tema de escuela bíblica del próximo domingo, Dios mediante. Y como introducción platicaremos sobre algunas Escrituras, sobre algunas promesas que hay para el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo.

El Señor Jesucristo habló más de la Segunda Venida del Hijo del Hombre que de la Primera Venida del Hijo del Hombre. La Venida del Hijo del Hombre en el tiempo de Malaquías está prometida en el capítulo 3; y como fue la Primera Venida será paralela la Segunda Venida del Hijo del Hombre, que resplandecerá como el relámpago: de Oriente hasta el Occidente.

Capítulo 3 de Malaquías, verso 1, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

O sea que en la Primera Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre fue la Venida del Ángel del Pacto, en el cual estaba Dios; y por eso en Cristo estaba la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En Jesús estaba el Padre. Cristo decía: “Yo no hago nada de mí mismo, sino como veo hacer al Padre.” [San Juan 5:19] O sea que lo veía en visión primero, lo que Dios quería que Él hiciera, veía a Dios haciendo los milagros, y luego Jesús venía y los hacía en la Tierra.

El mismo Dios a través de Jesús mostraba en otra dimensión lo que iba a hacer a través de Jesús en esta dimensión terrenal. Por eso Él decía: “Como yo veo al Padre obrar, así obro. El Padre obra y yo obro.” O sea, el Padre dice: “Levántate” en esa dimensión celestial, y Jesús lo ve, y ve a la persona a la cual le dice así; y luego la ve acá en la Tierra y le dice lo mismo que vio que Dios el Padre dijo en otra dimensión. Tan sencillo como eso.

Por eso Jesús decía: “Yo no hago nada de mí mismo, sino como yo veo; y como yo oigo al Padre, y como yo veo, así yo hago.” O sea que Jesús dice que Él no hacía nada; era Dios el Padre a través de Él; era el Señor Dios Todopoderoso, Creador de los Cielos y de la Tierra, por medio del Ángel del Pacto, que estaba encarnado en Jesús el profeta de Nazaret; cuerpo que fue creado por Dios por medio del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María; y se multiplicó célula sobre célula hasta que fue formado ese cuerpo que nació a través de la virgen María allá en Belén de Judea.

Y vinieron los ángeles cantores… un coro de ángeles vino para cantar al nacimiento del Mesías o al Mesías que había nacido. Porque cuando nace un rey, hay cánticos. Es el momento más importante para la nación, cuando nace un rey, el cual será el heredero al reino, y en algún momento tomará el trono de ese reino.

Y en Belén de Judea nació el Príncipe de Paz, el Mesías Príncipe, el que tomará el Reino de esta Tierra y gobernará por mil años y luego por toda la eternidad; pero antes: el que se sentó en el Trono celestial de Dios, y por consiguiente todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra. Porque el que tiene poder en un reino, ¿quién es? El rey, el que está sentado en el trono.

Por lo tanto, Cristo cumplió o se cumplió en Cristo lo que Él dijo: que se sentaría a la diestra de Dios; y el que está a la diestra es el que recibe el poder, y aquel a través del cual Dios obra, Dios gobierna Su Reino. Por eso Él está puesto como Rey de los vivos y de los muertos, como Juez; y de toda la Creación como Rey; porque está sentado a la diestra de Dios.

Ahora, Él tiene dos Tronos; o un Trono. Porque el Trono donde está sentado es el Trono de Dios, pero Él dice que al que venciere le dará que se siente con Él en Su Trono. Ese no es el Trono donde Él está sentado. Ese es el Trono de David, que gobierna el Trono de David, y está vacío. Y el Ángel Gabriel le dijo a la virgen María que a ese niño que ella tendría Dios le daría el Trono de David, y reinaría sobre la Casa de Israel para siempre.

Ahora, así como Cristo es la Luz del mundo, Cristo también dice de los creyentes en Él: “Vosotros sois la luz del mundo.” [San Mateo 5:14]

Así como Cristo es la Estrella resplandeciente de la Mañana, los creyentes en Cristo son estrellas también; y los mensajeros son estrellas mayores.

Cristo dice: “Al que venciere, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá (o sea, las gobernará) con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de alfarero.” Vamos a leerlo del capítulo 2 de Apocalipsis, verso 26 en adelante:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre…”

En la misma forma que Él la recibió del Padre al sentarse en el Trono celestial, así le dará al vencedor autoridad sobre todas las naciones.

“…y le daré la estrella de la mañana.”

Venus, le llaman la “estrella de la mañana,” pero no es que le va a dar el planeta Venus. Vamos a ver qué estrella es la que le va a dar, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

O sea que va a recibir a Cristo; y ese mismo va a ser el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo. Y el Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo para llamar, juntar y sellar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Ese es un grupo que no pertenece a la Iglesia del Señor Jesucristo; ellos pasarán por la gran tribulación y serán muertos como mártires en la gran tribulación, porque el anticristo los matará. Tan sencillo como eso.

Ahora, el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, el cual dijo en una ocasión (San Mateo, capítulo 28, verso 20): “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Y Él subió al Cielo y se fue, y se sentó en el Trono de Dios.

¿Cómo estaría? En Espíritu Santo. Desde el Día de Pentecostés descendió a los creyentes en Él y comenzó a sellarlos con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo; y ha estado llamando y juntando a los escogidos que formarían Su Iglesia de etapa en etapa, de edad en edad.

Ha sido Cristo en Espíritu Santo manifestándose por medio de cada mensajero, llamando y juntando a Sus escogidos en cada edad, en cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y en este tiempo final llamará y juntará a los últimos escogidos que completarán la Iglesia, y después llamará a los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Ya hemos visto lo que es la Estrella de la Mañana. Hemos visto que la Estrella resplandeciente de la Mañana, el Espíritu Santo, se ha manifestado en cada mensajero, que también son estrellas; son los siete mensajeros, siete ángeles, los siete espíritus de Dios, el Espíritu de Dios manifestado en siete mensajeros para siete etapas de la Iglesia en la Dispensación de la Gracia. Y luego, para el tiempo final, habrá una manifestación grande de la Estrella resplandeciente de la Mañana en el Día Postrero, en el mensajero que Él tenga, para completar Su Iglesia y para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Tan sencillo como eso.

Y todo esto va a estar ligado con el Programa de la Venida del Señor, para la cual estamos siendo preparados.

El reverendo William Branham dice que el Ángel que le dio a Juan la revelación de Apocalipsis, es un profeta; y ahí lo vamos a dejar… porque miren lo que Jesucristo dice de Su Ángel: Capítulo 22, verso 6, de Apocalipsis:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Fue un Ángel, un mensajero, un profeta, el que le reveló a Juan el libro del Apocalipsis; un profeta en el cual estaba Cristo manifestado. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, fue Cristo en Espíritu Santo revelándole a Su Iglesia, mostrándosela a Juan, para que Juan lo escribiera para la Iglesia, todas estas cosas que iban a suceder; pero el instrumento, el espíritu de profeta que ahí le reveló a Juan todas estas cosas, era el espíritu de un profeta —dice el reverendo William Branham, al cual reconocemos como el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Es importante saber estas verdades bíblicas que están contenidas aquí en el libro del Apocalipsis; y también en el libro del profeta Daniel y en otros libros que contienen profecías, como los Salmos también; y otros libros de profetas, como el libro de Zacarías, que nos muestra cómo es que los profetas recibían la revelación de Dios: era Dios por medio de Su Espíritu, del Espíritu Santo, revelándole a los profetas y a través de los profetas, las cosas correspondientes a cada tiempo.

Todo lo que Dios habló, está hablando o hablará en el futuro, será por medio del Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo es Cristo en Espíritu Santo, Cristo en teofanía, Cristo en Su cuerpo angelical.

Por eso Cristo podía decir en San Juan, capítulo 8, versos 54 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dicen los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Porque Él es el Yo soy.

Ahí usó el Yo soy, como lo usó cuando le habló a Moisés. Cuando Moisés quería saber cuál era el Nombre de Dios, Dios dijo: “Yo soy el que soy. Y les dirás: Yo soy me envió a vosotros.” Capítulo, ¿cuál? Capítulo 3, versos 13 al 16 [Exodo].

El Ángel del Pacto que le apareció a Moisés, vean, luego dice que es Jehová. ¿Por qué? Porque Dios está hablando por medio de Su Ángel, el cual es Su cuerpo angelical, el cual es Cristo en cuerpo angelical, Cristo en cuerpo teofánico, Cristo en Espíritu; porque un cuerpo teofánico es un cuerpo espiritual. O sea que Cristo en Su cuerpo angelical es el Espíritu Santo. Tan sencillo como eso.

El domingo próximo estaremos hablando un poquito más sobre este tema: “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE,” porque la Venida del Hijo del Hombre es la única esperanza para los creyentes en Cristo. No hay otra esperanza para el ser humano.

La situación mundial no ofrece esperanzas para los seres humanos, solamente Cristo es la única esperanza conforme a la Palabra de Dios; y la Segunda Venida de Cristo es la única esperanza para la Iglesia, para ser transformados los vivos, los muertos ser resucitados, y ser todos arrebatados al Cielo y llevados al Cielo, a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial.

Por lo tanto, ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE. La Venida del Esposo. ¿Del esposo de quién? Del Esposo de la Iglesia, que está tipificada en una novia, en una esposa. El apóstol Pablo dice que Él ha desposado a la Iglesia como una Virgen pura para Cristo.

Así que Cristo es el Novio y va a llevar a Su Iglesia-Novia a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en donde recibirán el Reino; serán investidos Cristo y Su Iglesia-Novia como reyes sobre el planeta Tierra, porque ya Cristo es Rey sobre toda la Creación.

Así que tenemos una esperanza de vida eterna, una esperanza que nos estimula a seguir adelante aunque la situación de los países sea difícil. Pero miren, más difícil fue en el tiempo de Noé; aun más difícil fue en el tiempo de los diferentes profetas, como Abraham, como Isaac, como Jacob, como los patriarcas, que luego tuvieron que ir a Egipto; y la situación allá fue difícil luego que murió el faraón amigo de José, luego la situación se puso difícil para los hijos de Israel y vinieron a ser esclavos del Faraón.

Pero luego Dios le había prometido a Abraham, en el capítulo 15 del Génesis, que la descendencia, la simiente de Abraham, sería cautiva en tierra extraña —o sea, no en la tierra de Israel, sino en Egipto. No le dijo el sitio, porque algunas veces hay personas que cuando le dicen los problemas que va a tener en cierto lugar, y deben pasar por esa etapa, no van para allá.

El ejemplo lo tenemos en Pedro, que Jesús dijo: “Voy a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado en manos de pecadores, será entregado por los líderes religiosos.” Pedro le dice: “No te acontezca tal cosa. No vayas para allá.” Jesús le dice: “Apártate de mí, Satanás.” [San Mateo 16:21-23] Es que el enemigo es el único que no quiere que se cumpla lo que Dios ha dicho que va a suceder. Y le dice: “¿Cómo se cumplirán, entonces, las Escrituras?”

Así, hay etapas difíciles para la vida de los creyentes, en las cuales la fe del creyente se agarra más de Dios; y Dios lo acompaña, le consuela y le ayuda en las diferentes pruebas.

Recuerden en Deuteronomio, capítulo 8, que dice de Israel: “Te pasó por el desierto, te hizo tener hambre y sed, para saber lo que había en tu corazón.”

Porque cuando las cosas están buenas todo el mundo dice: “Yo amo a Dios, yo quiero seguir a Dios, yo no lo voy a soltar; no quiero perder la bendición, no quiero perder todas esas cosas…” y principalmente algunos piensan en la parte económica. Pero en las buenas o en las malas, el creyente verdadero permanece bien agarrado de Dios. Y en nuestro tiempo, que estamos preparándonos para la Venida del Hijo del Hombre, más todavía.

Por lo tanto, estemos bien agarrados de Cristo, que es el Ángel del Pacto, el que libertó al pueblo hebreo. Dios a través del Ángel del Pacto libertó a Israel, usando como velo de carne a Moisés; porque Dios tuvo velos de carne, templos humanos.

Recuerden que el cuerpo físico es un templo para Dios. El ser humano es un templo que tiene atrio, que es el cuerpo; tiene espíritu, que es el lugar santo; y tiene lugar santísimo, que es el alma, que algunos le llaman el corazón.

Por lo tanto, estemos bien agarrados de Cristo, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no saben, dice Cristo a Sus discípulos; pero cuando venga, lo vamos a saber. Por lo tanto, habrá un grupo de creyentes en Cristo del tiempo final, que no pertenece a las siete edades de la Iglesia, sino que estará en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, esperando la Venida del Señor.

Es a la Iglesia, el pueblo del Nuevo Pacto, al cual Él viene, con bendiciones para la transformación, la resurrección de los creyentes que partieron, y el rapto o arrebatamiento para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estad, entonces, ¿cómo?, preparados. Es lo mismo que dijo Cristo: “Velad, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no sabéis.” [San Mateo 25:13] Velar por la Venida del Hijo del Hombre: estar preparados velando, esperando la Venida del Señor. Que no se nos escape como se les escapó a miles o millones de personas dos mil años atrás, la Primera Venida de Cristo; vino al pueblo que estaba bajo el Pacto que estaba vigente en aquel tiempo, que estaba bajo el Antiguo Pacto, bajo la Ley. Y la Segunda Venida es a los que están bajo el Nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador, los cuales forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Ese es el pueblo del Nuevo Pacto, que estará preparado para la Venida del Hijo del Hombre.

El próximo domingo, Dios mediante, estaremos en el estudio bíblico que llevará como tema: “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE,” y hablaremos hasta donde Dios nos permita dar a conocer; porque siempre hay cosas que no pueden ser dadas a conocer para que no sea interrumpido el Programa de Dios.

Recuerden a Cristo cuando bajó del Monte de la Transfiguración, y les dijo: “No digan a nadie la visión, no digan a nadie lo que ustedes vieron allá en el Monte de la Transfiguración, hasta que el Hijo del Hombre sea quitado (hasta que muera).” Después, entonces, hablaron de la experiencia que tuvieron allá en el Monte de la Transfiguración.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche, platicando sobre este tema como introducción al tema: “ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos también orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino y pueda ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, Cristo también lo limpie de todo pecado con Su Sangre, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Recuerden lo que Cristo dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6. Cristo dijo: “De cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Y todos queremos entrar al Reino de Dios para vivir eternamente con Cristo nuestro Salvador.

En los diferentes países también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino. Recuerden que es a la Iglesia del Señor Jesucristo, formada por los creyentes en Cristo, que lo han recibido como Salvador, a la cual vendrá el Hijo del Hombre en el tiempo final, en el Día Postrero.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). “El Padre y yo una cosa somos.”

Así que Él dijo que llamaría a Sus ovejas; y esto lo hace Cristo en Espíritu Santo cuando se predica el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en el alma de la persona. Cuando nace no puede hacer otra cosa, sino recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; sin nadie obligarlo, porque cada persona tiene libre albedrío.

Todos queremos vivir eternamente, y hay un Programa Divino para que toda persona pueda obtener la vida eterna; y es a través de Cristo nuestro Salvador.

Jesucristo tiene la exclusividad de la vida eterna para otorgarla a aquellos que los reciben como su Salvador. Por eso llama a Sus ovejas para darles, ¿qué?, vida eterna; para darnos el regalo más grande que un ser humano puede recibir: la vida eterna; y solamente tiene ese regalo Cristo, para todos los que lo reciben como Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestro rostros inclinados y nuestro ojos cerrados, aquí y en los demás países:

Padre nuestro que estás en los Cielos, venimos a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo y presentamos ante Ti todas estas personas que aquí y en diferentes países y lugares están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, te lo ruego, en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo también en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, porque Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16] Tan sencillo como eso.

O una cosa u otra cosa: O cree y recibe a Cristo como Salvador, y es salvo por Cristo; o lo rechaza, y será condenado.

Ustedes han hecho la elección correcta: creer en Cristo. Y ahora me dirán: “Pero Él dijo: el que creyere y fuere bautizado será salvo.” La pregunta es: ¿Cuándo me van a bautizar?

En el tiempo de los apóstoles, en el mismo día que creían los bautizaban. Por ejemplo, el Día de Pentecostés, ese mismo Día de Pentecostés bautizaron miles de personas [Hechos 2:41]; luego —en otra ocasión— Pedro predicó de nuevo y una cantidad mayor creyó y fue bautizada también [Hechos 4:4].

El apóstol Pablo en la cárcel fue libertado por el Señor; el carcelero creyó, y le dice: “¿Qué haré para ser salvo?” — “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.” Y esa misma noche fueron bautizados. [Hechos 16:30-33] O sea que no hay horario del día para ser bautizado.

También cuando Felipe iba por un área del desierto donde estaba un eunuco que iba en su carruaje (el Espíritu Santo llevó a Felipe hasta ese lugar); y mientras iba leyendo el libro del profeta Isaías, el capítulo 53, y Felipe iba a pie. Y el eunuco, que era un funcionario grande del Gobierno de otro país, Felipe le dice: “¿Entiendes lo que lees?” Y el eunuco le dice: “¿Y cómo voy a entender si no hay quien me explique? Sube para que me expliques.” Le explicó, creyó, y dice: “¿Qué impide que yo sea bautizado?” Mientras iban, vio un lugar de agua y dice: “¿Qué impide para que yo sea bautizado? Ahí hay agua.” Y fue bautizado. Y no lo vio más, quizás; porque el Espíritu arrebató a Felipe y se lo llevó a otro lugar. [Hechos 8:26-40]

O sea que es un momento importante en la vida de cada persona: el momento de creer y el momento de ser bautizado en agua en el Nombre del Señor. Y nunca sabe si es el último día de su vida y le da Dios la oportunidad de oír, creer y ser bautizado.

Así que bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes aquí, y en los demás países, al ministro correspondiente. Dejo aquí al reverendo, doctor Camilo Montoya, y en cada país dejo al ministro correspondiente.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos en su regreso a sus hogares, les cuide y les bendiga por toda la eternidad. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

(Con el permiso de ustedes).

Hasta mañana y el domingo.

“ESTAD PREPARADOS PARA LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE.”

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