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El Ángel con el Sello del Dios vivo
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El Ángel con el Sello del Dios vivo

Muy buenos días o buenas tardes, para todos los presentes y para todos los que están en otros países que ya han pasado de las 12:00 del mediodía, y buenos días para los que están en países donde todavía no se ha llegado a las 12:00 del mediodía.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

También mi aprecio y agradecimiento a los coordinadores y a los patrocinadores, y  sobre todo, al Coordinador Nacional de Chile y su esposa, Patricio Lara y Selva, los cuales hicieron una labor excelente, ¡súper excelente! Y también al Dr. Miguel Bermúdez Marín y su esposa Ruth, que son los Coordinadores Internacionales, los cuales también apreciamos y respetamos. Con una trayectoria de más de 50 años trabajando en favor de la familia humana.

Y como les dije, que van a ver, de las actividades, videos-documentales de las actividades de Chile, pero antes vamos a pasarles las de Venezuela; y luego, durante los próximos días —más adelante— les pasaremos las de Chile. Porque Venezuela no se puede quedar atrás. Allá fue un éxito total también las actividades que se llevaron a cabo; y es importante que todos sepan el éxito del trabajo que ustedes están llevando a cabo en y con la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, unidos al Coordinador Nacional de su país y el Coordinador Departamental del estado donde usted vive.

Siempre en buena armonía; no saliendo uno por un lado y otro por otro a su voluntad, sino en mutuo acuerdo. Los que no pueden mantener un orden con el Coordinador Local de su estado y con el Coordinador Nacional de su país, no sirve para trabajar en la Embajada Mundial de Activistas por la Paz; porque el trabajo que hace la Embajada es un trabajo de amor y de unión, para beneficio de toda la humanidad; y son voluntarios los que trabajan, y lo hacen de todo corazón.

Entonces, como les debo dos vídeos, vamos a pasarles el de Venezuela primero; y luego, cuando esté todo listo para pasarles el de Chile, se lo pasaremos…, quizás la semana próxima, el domingo próximo, si está listo; porque hubo mucho trabajo que se llevó a cabo, que quedó grabado, y queremos presentarles algo bien hecho.

Si el trabajo se hizo bien hecho, las actividades se hicieron bien hechas, el documental tiene que también ser bien hecho. No vaya a desvirtuar todo el esfuerzo que ustedes hicieron, el cual fue de excelencia y de todo corazón.

Pasemos, por lo tanto, al vídeo de Venezuela. No tengo aquí los segundos o minutos que durará, pero yo sé que ustedes quisieran ver y oír mucho. Pero solamente les vamos a pasar lo que sea necesario, para luego, después, continuar en el programa de hoy, aquí en Santiago de Chile, que es el último domingo que estaremos con ustedes de esta gira. De otra, pues pueden ser uno o dos domingos (o los que sean) acá en Chile; pero esta gira, este es el último domingo que estaremos con ustedes. Y espero que para cuando nos veamos nuevamente, el trabajo de ustedes con la Embajada Mundial de Activistas por la Paz haya aumentado, y no solamente en cantidad, sino también en calidad; cada día más calidad.

Dejemos entonces que proyecten el vídeo que tenemos, para ver y disfrutar la excelencia del trabajo que se hizo allá en Venezuela. (Para que lo pasen tengo que quitarme de aquí; por lo tanto, con el permiso de ustedes volveré luego del vídeo).

[Proyección del video-documental]

(¡Poquito pero bueno!)

Para esta ocasión leemos en Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante, una Escritura que corresponde para su cumplimiento en el Día Postrero. Dice:

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados (y así sigue enumerando los sellados de cada una de las tribus de Israel).”

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL ÁNGEL CON EL SELLO DEL DIOS VIVO.”

En este pasaje, que corresponde para este tiempo final su cumplimiento, encontramos que el Ángel con el Sello del Dios vivo interviene para que no sople viento (guerra) sobre el mar, la tierra, los árboles…; o sea que viene protegiendo el medio ambiente. Porque si el medio ambiente se continúa destruyendo, deteriorando, la vida en la Tierra se acabaría muy pronto.

El Ángel que viene con el Sello del Dios vivo va a hacer algo, lo cual Él ha hecho en otras ocasiones. Para el tiempo de la destrucción de Jerusalén, encontramos que Él intervino.

Es el mismo Ángel de Ezequiel, capítulo 9, que vino con el tintero en Su cintura, sellando en sus frentes a los que escaparían de la destrucción que llevarían a cabo los instrumentos de destrucción.

Leamos aquí una parte. Capítulo 9 de Ezequiel, dice:

“Clamó en mis oídos con gran voz, diciendo: Los verdugos de la ciudad han llegado, y cada uno trae en su mano su instrumento para destruir.

Y he aquí que seis varones venían del camino de la puerta de arriba que mira hacia el norte, y cada uno traía en su mano su instrumento para destruir. Y entre ellos había un varón vestido de lino, el cual traía a su cintura un tintero de escribano; y entrados, se pararon junto al altar de bronce.

Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano,

y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella.”

Aquí, encontramos que este Ángel que viene con el Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo, que antes de la destrucción de Jerusalén estaba en Jesús, y luego Jesús dijo que lo enviaría en Su Nombre; y luego vino el Día de Pentecostés y comenzó a sellar a miles de personas. Y cuando vino la destrucción para Jerusalén, ya Cristo les había dicho que cuando vieran a Jerusalén cercada de ejércitos se fueran de ella, porque había llegado el tiempo para su destrucción. Y el general romano Tito Vespasiano cercó la ciudad por dos años, y en el año 70 la destruyó.

Pero los que habían sido sellados con el Sello del Ángel que vino para sellar y librar de la muerte en esa ocasión, se habían ido cuando vieron esa señal de Jerusalén cercada de ejércitos.

Es importante saber que Él ha estado sellando miles y millones de seres humanos que escaparán de la destrucción que ha de venir sobre el planeta Tierra; unos ya se fueron, regresarán, pero no se van a quedar aquí para pasar por la gran tribulación, que será paralela a la destrucción de Jerusalén.

¿Y qué va a hacer Dios con ellos? Está la promesa de que los va a llevar a un lugar seguro, fuera de este planeta Tierra: a una fiesta llamada la fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero en la Casa del Padre celestial; a otra dimensión; tipificado en Enoc, que no tuvo que pasar por la gran tribulación, sino que fue raptado, se lo llevó Dios; y nadie supo a dónde se fue. Él caminó con Dios.

Para todos los que caminan con Dios en el Programa Divino correspondiente al tiempo en que viven, Dios los llevará a la Casa del Padre celestial, a la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero; y esas son personas que dice la Biblia que son bienaventurados: “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero” [Apocalipsis 19:9]; donde la Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo serán investidos como reyes, para reinar sobre la Tierra con Cristo nuestro Salvador. Tan sencillo como eso.

Para este tiempo final, el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo va a llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; aunque ellos van a pasar por la gran tribulación, pero en el Milenio, para el Milenio, al final de la gran tribulación…, porque mueren durante la gran tribulación como mártires, pero al final de la gran tribulación resucitarán para estar en el Reino del Mesías como los siervos, los eunucos del Rey y la Reina; o sea que tienen una bendición grande para el Reino del Mesías.

También, en este mismo capítulo que leímos de Apocalipsis, capítulo 7, aparecen gentiles, que son el grupo de personas con palmas en sus manos y que son los creyentes de diferentes etapas, y sobre todo, los de este tiempo final; que aunque no son de los escogidos que serán transformados y raptados, pasarán por la gran tribulación; están salvos, pasarán por la gran tribulación como mártires, y después del Reino Milenial resucitarán para vivir eternamente en el Reino de Dios.

Las vírgenes insensatas son las que tipifican a ese grupo con palmas en sus manos; son salvos, pero no pertenecen al grupo que forma la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

Y podemos ver que es un Programa Divino para los judíos, para los cristianos también. Y también ese Ángel, que es el mismo Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 10… el cual es Cristo, el Ángel del Pacto que libertó a Israel a través del profeta Moisés y que aparecía en una Columna de Fuego, y en algunas ocasiones apareció en forma de hombre, un Ángel, un hombre de otra dimensión, de la sexta dimensión.

Porque el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo; y el Espíritu Santo es un hombre de otra dimensión, que puede aparecer en la forma de Luz, en la forma de una Columna de Fuego o puede aparecer en la forma de un hombre.

Recordemos que cuando Moisés quiso ver la gloria de Dios, él quiso ver a Dios; y lo que vio fue un hombre de espalda. Así le fue dicho a Moisés. Lo vio velado en un cuerpo angelical. Y ese cuerpo angelical, ¿saben quién es? Cristo en Su cuerpo angelical.

La Venida del Mesías sería más adelante: el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo velado en un hombre que nacería en Belén de Judea, en la tribu de Judá, descendiente del rey David. Y para que tengamos eso en claro, porque hay que saber qué es la Venida del Mesías, porque estamos esperando la Venida del Señor; leemos en Malaquías, capítulo 3 (y ahí está fácil de comprender). Dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”

Ese fue Juan el Bautista, el que vino preparándole el camino al Señor en Su Primera Venida.

Para Su Segunda Venida sucede lo mismo: Dios envía Su mensajero con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación, así como envió el espíritu de Elías en su tercera manifestación en un profeta llamado Juan el Bautista.

Y ahora, en su cuarta manifestación vino el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, operando el ministerio de Elías por cuarta ocasión en el reverendo William Branham, porque Él viene al pueblo que está bajo el Pacto vigente para el tiempo en que envía al Ángel del Pacto.

El pueblo del Pacto para la Primera Venida de Cristo fue el pueblo hebreo; y el pueblo del Nuevo Pacto, correspondiente a la Dispensación de la Gracia, es el cristianismo.

Por eso en medio del cristianismo, en el territorio correspondiente a la séptima etapa de la Iglesia gentil, envió el ministerio de Elías por cuarta ocasión; y eso fue el Espíritu Santo en el reverendo William Branham operando por cuarta ocasión el ministerio de Elías, en el cual estaba la Espada en la mano, la Palabra correspondiente a su tiempo en la mano, precursando la Segunda Venida de Cristo, como lo hizo Juan el Bautista precursando la Primera Venida de Cristo.

“ …y vendrá súbitamente a su templo el Señor…”

Ahora, vamos a dar una paradita aquí (les debo algo): Y el espíritu ministerial de Elías vendrá a ser manifestado nuevamente por quinta ocasión; será el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías por quinta ocasión para tratar con los judíos.

El Ángel con el Sello del Dios vivo, el Ángel que viene en el Día Postrero con el Sello del Dios vivo, el Espíritu Santo, se manifestará para tratar con el pueblo hebreo y llamar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. Por eso Israel está esperando a Elías que venga antes del día grande y terrible de Jehová, antes de la gran tribulación. Tiene que aparecer, lo están esperando. Y ellos, con los que he hablado, dicen que vendrá (y con lo que he leído, de lo que ellos esperan), que vendrá Elías precursando la Venida del Mesías, y que vendrá Elías proclamando la paz imperecedera.

Y ahora continuamos:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Y después de Juan el Bautista, ¿quién sería el que vendría en el ministerio correspondiente a ese tiempo? El que él estaba precursando, del cual él estaba hablando que vendría después de él. Él no dijo: “Después de mí vendrá uno; y después de ese uno es que vendrá el Mesías.” No. “Después de mí vendrá el Mesías, el Cristo, el Cordero de Dios.” Cuando lo vio, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, el cual quita el pecado del mundo.” Dice: “Yo no lo conocía, pero el que me mandó a bautizar me dijo: ‘Sobre el cual tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma, Ese es Él.’ Y yo le vi.” Por lo tanto, “ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Tan sencillo como eso fue el Mensaje de Juan, pero profundo.

Cuando lo presenta como Cordero para quitar el pecado, pues está, por consiguiente, profetizando que el Mesías va a morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado y como el Sacrificio del Cordero Pascual por los elegidos, por los primogénitos del pueblo. O sea, que cubre el sacrificio de la Pascua y el sacrificio de la expiación del tiempo de “la Fiesta de la Expiación.” A Israel se le dará a conocer la Fiesta de la Expiación en el Día Postrero.

Ahora, ¿quién dice que vendrá? ¿Quién dice que el mensajero que vendrá preparándole el camino al Señor…? Vean, dice:

“He aquí yo envío mi mensajero (¿quién lo envía? El Señor, Dios), el cual preparará el camino delante de mí (o sea que le va a estar preparando el camino al que lo está enviando. No le va a preparar el camino a cualquier otra persona; al que lo está enviando); y vendrá súbitamente a su templo el Señor…”

Allá vino a Su templo, el pueblo hebreo, la Iglesia del Antiguo Testamento, y también estuvo por el templo físico. Bajo el Nuevo Pacto, el Templo del Señor es la Iglesia del Señor Jesucristo. Si no fuera la Iglesia del Señor Jesucristo —los creyentes en Cristo que la conforman—, no podrían estar esperando la Venida del Señor, porque dice que vendrá a Su Templo. Por eso el cristianismo está esperando la Venida del Señor.

Pero hay que ver lo que está prometido; porque como está prometido, será que será cumplido. No será como haya interpretado alguna persona, sino como está prometido.

La interpretación será el cumplimiento de lo que fue prometido. Como cuando Jesús estuvo en Nazaret un sábado, en la lectura de la Palabra, como Él acostumbraba a hacer… Se puso de pie, le dieron el libro del profeta Isaías; leyó, buscó, y encontró la parte donde dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido…” y comenzó a enumerar las cosas por las cuales había sido ungido; “y para proclamar el año de la buena voluntad de Jehová,” y ahí se detuvo. Lo próximo en la lectura era: “y el día de venganza del Dios nuestro.”

¿Por qué no leyó eso? Partió el versículo en dos. Porque Él cumpliría lo del “año de la buena voluntad de Jehová” para abrir la Dispensación de la Gracia, y todo ser humano tener la oportunidad de obtener el perdón de sus pecados; y por consiguiente obtener el Sello del Dios vivo, ser sellado con el Espíritu de Dios, y obtener la vida eterna, nacer en el Reino de Dios. Y la segunda parte: “Y el día de venganza del Dios nuestro,” es para ser proclamado en este tiempo final, en el cumplimiento de la Venida del Señor en este tiempo final. O sea, que cada cosa tiene su significado en la Escritura.

Ahora vean, ¿qué fue la Primera Venida de Cristo? Dice:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

O sea, que Dios viene en el Día Postrero como vino dos mil años atrás. Era Dios en el velo de carne llamado Jesús; era el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo encarnado en un velo de carne llamado Jesús; cuerpo que Él creó para morar en él y ser Su templo humano en el cual estaría y a través del cual se manifestaría.

Por eso cuando Juan el Bautista bautiza a Jesús, al salir de las aguas ve al Espíritu Santo descender en forma de paloma, ¿qué estaba sucediendo allí? Estaba entrando Dios en la Columna de Fuego a Su templo humano, Su cuerpo físico, en el cual habitaría y llevaría a cabo el Programa de Redención.

Recuerden que somos un templo para Dios. Por eso tenemos cuerpo físico, que es el atrio; tenemos espíritu, que es el lugar santo; y tenemos alma, que es lugar santísimo. El alma es lo más importante que tenemos, porque eso es lo que somos en realidad: alma viviente. Lo demás, el cuerpo físico y el cuerpo espiritual, son cuerpos en los cuales vivimos; y la unión de alma, espíritu y cuerpo nos hace seres humanos a imagen y semejanza de Dios.

Ahora, tenemos que comprender que la Venida del Señor dos mil años atrás fue la Venida del Ángel del Pacto encarnado en el cuerpo llamado Jesús. No podemos perder esa revelación o conocimiento físico. Y vino al pueblo que estaba bajo el Pacto correspondiente a aquel tiempo bajo la Ley. O sea que las promesas de Dios son cumplidas con el pueblo que está bajo el Pacto Divino correspondiente al cual viven las personas; y recordando que esta Tierra está sujeta al Reino celestial, porque Cristo fue colocado sobre toda potestad, todo principado, todo reino.

Por lo tanto, aunque haya muchos problemas en la Tierra, y el Reino aunque esté en las manos del enemigo temporalmente, porque se lo arrebató a Adán miles de años atrás, pero el dueño de todo es Dios… Y en el Trono de Dios se sentó Jesucristo, lo cual Él había dicho. Él dijo en San Mateo, capítulo 26, verso 63 en adelante, cuando lo estaban juzgando, el sumo sacerdote. Dice:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

O sea que Cristo dijo que se iba a sentar; Él conocía el Programa. El Programa de Dios para sentarse en el Trono de Dios, se estaba peleando en aquel tiempo.

Para el tiempo final la lucha será por el Trono de Cristo. ¿Y qué diferencia hay entre el Trono de Cristo y el Trono de Dios? Que el Trono de Dios es el celestial, el Trono celestial que gobierna toda la Creación; y el Trono de Cristo es el Trono de David, y el Reino de Cristo es el Reino de David; pero Cristo sentado sobre el Trono celestial gobierna toda la Creación, incluyendo el Trono y Reino de David que va a ser establecido en la Tierra. Y ese es el único Reino que traerá la paz perfecta, imperecedera, a la raza humana.

Ahora, hay una Escritura (la cual les cité pero no se la expliqué) que se refiere al Trono celestial y al Trono terrenal. Eso es en el capítulo 3, versos 20 al 21… versos 20 al 22, de Apocalipsis, donde dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Cuando se habla de la cena, ¿se habla de qué tiempo del día? De la tarde. Porque no puede decir en la mañana: “voy a cenar,” ni al mediodía tampoco puede decir: “voy a cenar”; solamente en la tarde. Por eso la gran Cena de las Bodas del Cordero será también en la tarde de la civilización. ¿Y saben ustedes una cosa? Que el Medio Oriente representa la mañana; y de Asia Menor y Europa representa el tiempo de entre la mañana y la tarde; y la tarde corresponde al continente americano, que cubre Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y toda Suramérica.

Por eso el llamado para la Cena de las Bodas del Cordero tiene que ocurrir en este tiempo final. “Y al tiempo de la tarde (dice Zacarías) habrá luz.” [Zacarías 14:7] Es Luz espiritual para el alma y el espíritu, la mente del ser humano, para entender las cosas de Dios, las cosas espirituales, las cuales se van a cumplir, las entienda la gente o no las entienda; pero es mejor entenderlas, para saber dónde estamos parados en este tiempo final, para conocer el tiempo.

Recuerden que Cristo en el capítulo 16 de San Mateo, les dice a los que lo escuchaban… vamos a ver cómo lo dice. Capítulo 16 de San Mateo, versos 1 al 4, dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!

La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”

Es importante conocer las señales del tiempo; porque si usted va a salir bien vestido en la mañana o en la noche, y es para un lugar importante que lo están esperando, y no tiene cuidado en conocer las señales del tiempo, del negociado del tiempo… para eso está el negociado del tiempo, que les avisa, y para eso está también usted mirando el cielo, para saber cómo está. Tiene que conocer esas señales para que no lo tome un aguacero, lo moje y se le agüe la fiesta.

O si van a dar una cena o una fiesta al aire libre, que no se les agüe la fiesta (o una boda al aire libre) por no haber tomado las precauciones de acuerdo a las señales del tiempo que estaban siendo mostradas. Y para ayuda, pues está el negociado del tiempo que entra a la televisión y busca para saber cómo va a estar el día y la noche que usted desea utilizar para un evento importante.

Y las señales de los tiempos en el campo político, religioso, militar y en todos los campos, es importante conocerlas; porque no queremos que nos agarre un aguacero de radiación atómica y no podamos hacer nada; porque está prometido que vendrá una Tercera Guerra Mundial, y eso será radiación atómica lo que caerá sobre la Tierra; a eso le llaman el tiempo de la gran tribulación o apretura de Jacob.

Es importante conocer el tiempo en que estamos viviendo. Miren, Israel por no conocer el tiempo en que vivió en los días de Jesús, Jerusalén fue destruida, su templo fue profanado y destruido, y perdieron la vida millones de personas también.

No podemos evadir la responsabilidad que tenemos de ver y reconocer las señales de los tiempos. El mismo Jesús le dio tanta importancia a las señales de los tiempos, que dijo todas las señales que iban a ser vistas en el tiempo final, y por consiguiente, el final.

Como estamos hablando del Ángel con el Sello del Dios vivo: ese Ángel con el Sello del Dios vivo es Cristo, el Espíritu Santo, pero tenemos que saber cómo se va a manifestar; porque si no lo sabemos… Dos mil años atrás, por no saber cómo se iba a manifestar el Ángel de Jehová, de Dios, perdieron de vista la manifestación en carne humana, en donde la plenitud de la Divinidad estaba en forma encarnada en la persona de Jesús. Por eso Él decía: “Yo no hago nada de mí mismo. El Padre que mora en mí, Él hace las obras; Él me muestra lo que debo hablar, lo que debo decir, lo que debo hacer.”

Ese fue el evento más grande de la historia de Israel y de la humanidad dos mil años atrás: la Visita de Dios, del Creador, a la imagen y semejanza del ser humano. Era Dios. Jesús decía: “El Padre y yo una cosa somos.” Eso es así como usted: su cuerpo físico, su espíritu y su alma son una cosa, un ser humano. Y Dios en alma, espíritu y cuerpo es Jesucristo. Tan sencillo como eso.

Fue la primera ocasión en que Dios se creó un cuerpo para Sí mismo, a la semejanza del ser humano, porque venía para redimir al ser humano. No se podía crear un cuerpo animal, de un animal, para venir en un cuerpo animal, porque era para redimir al ser humano. Él es nuestro Pariente Redentor, Él es nuestro hermano, Él es el eslabón entre el ser humano y Dios.

Por eso Cristo decía en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” [San Juan 14:6] O sea, que no hay otra forma de llegar a Dios, y mucho menos bajo el Nuevo Pacto.

Ahora, veamos lo que estará pasando en este tiempo final. En San Mateo, capítulo 24, verso 27, dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

La Venida del Hijo del Hombre es la Venida del Señor para el Día Postrero. El reverendo William Branham, en la página 14 del mensaje “Cristo, el misterio de Dios revelado,” dice, hablando del Séptimo Sello, de la Venida del Señor, dice: “No sabemos cuándo vendrá y cómo vendrá; y está bien que no sepamos.” ¿Por qué? Para que no haya imitaciones de lo que es el Séptimo Sello.

El Séptimo Sello es la Venida del Señor a Su pueblo, a Su Iglesia. Cuando fue abierto en el capítulo 8 de Apocalipsis el Séptimo Sello, dice que hubo silencio en el Cielo como por media hora.

Ahora, viendo aquí en el capítulo 24 de San Mateo, versos 29 en adelante, dice:

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Y en la página 458 y 459 del libro de “Los Sellos,” dice el reverendo William Branham que esos Ángeles son los Dos Olivos, los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14; y Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14.

Son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el tiempo final para llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Eso es lo que está profetizado.

Por lo tanto, cuando veamos al Espíritu de Dios acercándose hacia los judíos, abramos los ojos. Dice: “Como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles…” Eso fue a través de San Pedro en la casa de Cornelio y de San Pablo entre los gentiles. “Así como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, los gentiles lo llevarán a los judíos, y el rapto sucederá.” Y demuestra que estos Dos Ungidos son los Dos Olivos.

Algo grande en el Programa Divino se está preparando para suceder. Por lo tanto, estemos preparados; porque el Ángel con el Sello del Dios vivo se manifestará en este tiempo final para sellar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos y para transformar a los creyentes del Día Postrero. Porque Cristo con Voz de Arcángel, con Trompeta de Dios, Él… con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios, va a resucitar a los muertos creyentes en Él, y a los que estemos vivos nos va a transformar. Eso está en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18; y también en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58.

Y, ¿para qué tiempo está prometido? Vamos a preguntarle a Jesús a través de la Escritura, que nos diga. En San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ya tenemos dos lugares donde nos dice el tiempo: el Día Postrero. Y el Día Postrero, así como un día para nosotros es de 24 horas, para Dios un día es mil años.

Hemos tenido de Adán hacia acá seis mil años: seis días; y ya hemos entrado al séptimo año delante de Dios, séptimo día delante de Dios, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá. No ocurrió la resurrección de los creyentes en Cristo antes, porque es para el Día Postrero; aunque en todos los tiempos tenían que estar esperando la Venida del Señor, la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos. Y sabemos que será para el séptimo milenio de Adán hacia acá, que es el Día Postrero delante de Dios.

Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, nos dice que “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día.” Este mismo pasaje del capítulo 6 de San Juan, nos dice en el verso 44:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero (otra tercera Escritura que habla de la resurrección para el Día Postrero).”

Y la persona cuando escucha la Palabra, el Evangelio de Cristo, y le llega al alma, al corazón, recuerde: es la Voz de Dios, la Voz de Cristo llamándolo para darle vida eterna.

De eso es que habla en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, al 30, donde dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna. Y no perecerán jamás (o sea, que vivirán eternamente), y yo les resucitaré…” La promesa aquí es que los resucitará, ¿cuándo? “En el Día Postrero.”

Por lo tanto, es un privilegio grande ser llamado a la Cena de las Bodas del Cordero, ser llamado al Cuerpo Místico de Cristo, ser llamado para estar en Cristo y con Cristo por toda la eternidad.

Cristo dice: “El Padre y yo… yo y el Padre somos uno.” Eso es así como usted y su alma, son uno. Si le sacan el cuerpo, ya no son uno usted y su cuerpo, porque ya lo perdió; pero no se preocupe, Cristo en la resurrección nos dará un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo que Él tiene glorificado, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Estamos viviendo en un tiempo en que todas estas profecías tienen que ser cumplidas; y el Séptimo Sello, que es el misterio contenido en la Venida del Señor, el misterio del Séptimo Sello es la Venida del Señor con Sus Ángeles. Ese es el misterio que los siete truenos de Apocalipsis 10, el Ángel Fuerte, el Espíritu Santo, nos dará, nos revelará para recibir la fe para ser transformados y raptados, y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, antes que ocurra la Tercera Guerra Mundial, antes que ocurran los juicios de la gran tribulación. Esa es la única forma que tendremos para escapar si estamos vivos en ese tiempo.

Si la persona muere, pues su cuerpo queda aquí en la Tierra, y su alma y su espíritu pasan al Paraíso; pero los escogidos, si mueren físicamente, resucitarán antes de la gran tribulación, en donde la Tercera Guerra Mundial ocurrirá.

Es inevitable la Tercera Guerra Mundial; una noticia triste, pero tenemos que ser realistas, y tenemos que saber que hay una forma de escapar. Aquí nadie se quiere quedar para pasar por esa temporada. Así como nadie quería quedarse en Jerusalén; cuando vieron la ciudad rodeada por ejércitos, salieron. Y ahora la salida es hacia arriba, hacia la dimensión de Dios.

Sabemos que Dios arrebató a Enoc, se lo llevó para que no viera muerte; sabemos que Dios arrebató a Elías en un carro de fuego, y no vio muerte. Los carros de fuego son los que en este tiempo llaman platillos voladores u ovnis (objetos no identificados); esos son los carros de Dios, los ángeles de Dios. Es como los que vinieron a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra: Dios (Elohim), Gabriel y Miguel, que son Gabriel y Miguel los Ángeles principales que están a cargo de los Ejércitos celestiales.

Así que algo grande se está preparando conforme a lo que ya está profetizado. No será algo que no esté en la Escritura, será algo que ya está en la Escritura.

Por lo tanto, tenemos que vigilar siempre al Espíritu Santo hacia dónde se ha movido en el tiempo final; porque se ha estado moviendo de territorio en territorio, llamando y juntando los escogidos de los diferentes territorios. Y adonde le corresponda la etapa final, ahí en esa etapa será que también va el Programa de Dios a conectarse con los judíos. Tan sencillo como eso.

En el tiempo final Dios visitará a Su pueblo del Nuevo Pacto, Su Iglesia, en Su manifestación final, para llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

El Ángel del Pacto, “EL ÁNGEL CON EL SELLO DEL DIOS VIVO.” Ese fue el mismo Ángel que vino encarnado en la persona de Jesús; y luego que fue colocado Su cuerpo glorificado en el Trono celestial, descendió el Día de Pentecostés en Espíritu y comenzó a sellar a los creyentes en Cristo, ciento veinte para comenzar, y después miles de personas en cada predicación que el Espíritu Santo hablaba a través de San Pedro y los demás apóstoles.

El Programa de Dios es lo más importante para la raza humana. No hay programa mejor, de más beneficio para el ser humano, que el Programa de Dios, en el cual nos asegura la vida eterna.

¿Qué otra persona le puede asegurar la vida eterna? Solamente hay uno, y es el Señor Jesucristo. Él es el que tiene la vida eterna para otorgarla a los seres humanos. Él es mi Salvador. ¿Y de quién más? De cada uno de ustedes también.

Él es el Ángel del Pacto que está en Su Iglesia en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés, y continúa en Su Iglesia; y en este tiempo final va a manifestarse en toda Su plenitud.

Por lo tanto, estemos preparados; reconociendo las señales del tiempo final y preparando nuestras vidas para nuestro encuentro con el Señor en Su Venida.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y le salve, le dé vida eterna; para lo cual puede pasar al frente, y estaremos orando por usted. Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino y les dé vida eterna.

La única esperanza para el ser humano es Dios por medio de Jesucristo. Todos los seres humanos quieren llegar a Dios, y hay un camino para llegar a Dios. Cristo dijo que Él es el Camino, la Verdad y la Vida; por lo tanto, no hay otro camino, no hay otra verdad y no hay otra vida, sino Jesucristo nuestro Salvador.

Por consiguiente, todos los seres humanos necesitamos a Cristo como nuestro Pariente Redentor, para que nos restaure a la vida eterna, de la cual el ser humano cayó allá en el Huerto del Edén.

La paz para el ser humano, para el alma del ser humano, viene por medio de Cristo. El mismo Cristo lo dijo cuando dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy; yo no la doy como el mundo la da.”

Por lo tanto, la paz para el alma es exclusivamente de Dios a través de Cristo nuestro Salvador, manifestándose en nuestro corazón, en nuestra alma, por medio de Su Espíritu. Y no importa los problemas que hay en la Tierra, la persona tiene paz en su alma, aunque el mundo se caiga en pedazos. Esa es la paz interior, esa es la más importante.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que han venido a los Pies de Cristo, para recibirle como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino y, Señor, dales la salvación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Salvador. En el Nombre del Señor Jesucristo, te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Ten misericordia de mí. Haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, hazla una realidad en mi vida. Te lo ruego en el Nombre Tuyo, en Tu Nombre glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, se preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” El bautismo en agua es tipológico. El agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo; pero en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, es en el bautismo en agua, ordenado por Cristo, que la persona tipifica (o sea, tipifica en Él) que estuvo con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Estábamos con Él, y no lo sabíamos.

Es como Leví, que no había nacido todavía, era el bisnieto de Abraham y todavía no había nacido ni siquiera Isaac; y cuando Abraham diezmó a Melquisedec, en el capítulo 14 de Génesis, San Pablo dice en el capítulo 7 de Hebreos que allí estaba diezmando también Leví, el cual todavía no había nacido, que estaba en los lomos de Abraham.

Es que siempre los hijos estaban, antes de nacer, en los lomos de su padre, como genes de su padre, y tenían que ser manifestados en la Tierra por medio de la unión de un hombre y de una mujer. El hombre coloca la simiente y la mujer coloca el óvulo, y en esa unión de amor es que surge la vida física del ser humano. En las uniones de amor surge la vida, hay vida.

Por lo tanto, estábamos en nuestro ascendiente, Jesús, el segundo Adán, y ahora estamos manifestados en la Tierra como hijos de Dios por medio de Jesucristo. Y por eso Cristo decía, en Hebreos, San Pablo cita también, en Hebreos, capítulo 2: “He aquí yo y los hijos que Dios me dio.” Somos hijos de Dios por medio de Jesucristo, el segundo Adán.

Por lo tanto, somos herederos y coherederos de Dios por medio de Jesucristo. Somos coherederos con Cristo de toda la Creación. Por eso es que dice la Biblia que somos reyes del Reino de Dios, por supuesto, somos sacerdotes del Orden Sacerdotal celestial de Melquisedec, y somos jueces también del orden o poder judicial celestial. Por eso dice San Pablo que los santos juzgarán al mundo, y aun a los ángeles; o sea que pertenecemos a tres poderes celestiales del Reino de Dios.

Todas esas cosas tan grandes algunas personas no las saben, y no saben lo que significa recibir a Cristo como Salvador. Creen algunos que es meterse a una religión, y cuando no les guste más, salirse e irse a otra, o no volver a ninguna iglesia. Eso es la forma de pensar de algunas personas. Pero bíblicamente, la persona tiene que entender que es Cristo sacando la persona del reino de las tinieblas, del reino del maligno, y colocándolo en el Reino de Dios, que es el Reino de Cristo, como sacó al pueblo hebreo de Egipto y los colocó en la tierra prometida.

Lo más grande que una persona puede hacer es recibir a Cristo como Salvador. Ese es el paso más grande, porque es el paso que trasciende a vida eterna. No hay otra cosa que pueda hacer la persona para obtener la vida eterna, solamente recibir a Cristo como Salvador.

La salvación no se puede comprar por dinero. Cristo es el que tiene la vida eterna para otorgarla a aquellos que lo reciben como Salvador. “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (o sea, vivirán eternamente), y nadie las arrebatará de mi mano.”

Por lo tanto, estamos seguros únicamente en las manos de Cristo; y en las manos de Cristo nos rendimos, para que nos dé salvación y vida eterna, con Su Sangre nos limpie de todo pecado, y nos coloque en Su Reino produciendo el nuevo nacimiento al darnos el Espíritu Santo.

Recuerden que este es el Ángel que viene con el Espíritu Santo, el cual es Cristo en Espíritu Santo, para sellar a los que lo reciben como su Salvador en el cristianismo; y luego sellar a los hebreos, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, escogidos, doce mil de cada tribu.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice, les selle, con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Luego les veré ya más tardecito, en la próxima actividad de la Embajada, la cual será después de almuerzo; que no será reunión de Iglesia, sino de la Embajada.

Que Dios me los bendiga a todos y los guarde, y les prospere espiritualmente y materialmente; y nos mantenga siempre las Escrituras abiertas y el entendimiento abierto para comprender las Escrituras, y el corazón abierto para glorificar a Dios y recibir todas las bendiciones que Él tiene para nosotros.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, estos… una o dos semanas que he estado acá en Chile; tres domingos he estado aquí con ustedes.

Así que Dios les bendiga y les guarde, y dejo con ustedes al reverendo Patricio Lara con ustedes, que les indicará cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como se hizo el Día de Pentecostés con los que creyeron y con los que se siguió haciendo con los que iban recibiendo a Cristo como Salvador; todavía se hace así.

Que Dios me los bendiga y les guarde. Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el reverendo Patricio Lara.

EL ÁNGEL CON EL SELLO DEL DIOS VIVO.

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