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Jesús abriendo el entendimiento para comprender las Escrituras
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Jesús abriendo el entendimiento para comprender las Escrituras

Muy buenos días, amables y amados hermanos presentes, ministros y hermanos de diferentes congregaciones, y los que están en diferentes lugares de la República de Colombia y en las demás naciones; allá en Venezuela, en San Felipe, donde está el misionero Miguel Bermúdez Marín.

Que Dios te bendiga, Miguel, y a todos los hermanos allá en la iglesia en San Felipe, ministros y demás hermanos allá presentes, y también los que están en diferentes lugares de Venezuela, ministros y sus congregaciones. Y también los que están en diferentes naciones, y los que están allá en Puerto Rico, reverendo José Benjamín Pérez y la iglesia allá: Que Dios les bendiga grandemente y les use grandemente en el Programa Divino correspondiente a este tiempo final. Y en esta ocasión nos abra las Escrituras como lo hizo con los caminantes de Emaús y con los que luego estaban reunidos con ellos allá esperando al Señor, escuchando las noticias de que el Señor había resucitado. En el Nombre del Señor Jesucristo, pedimos que nos abra las Escrituras en el día de hoy. Amén.

Para esta ocasión tendremos un corto documental del avance de la construcción de la Gran Carpa Catedral allá en Puerto Rico, y luego estaré nuevamente con ustedes para platicar hoy domingo, día de escuela bíblica, la enseñanza de escuela bíblica correspondiente al día de hoy. Dejo con ustedes este video, este documental de la construcción de la Gran Carpa Catedral en Puerto Rico.

[Presentación del video-documental]

Hemos visto lo adelantado que está todo el trabajo de construcción de la Gran Carpa Catedral en Puerto Rico. Y todos pueden decir: “Allí yo tengo una partecita con la cual he respaldado ese trabajo de la construcción de la Gran Carpa Catedral; y continuaré respaldando ese trabajo.” ¡Y yo también!

Ahora leemos en San Lucas, capítulo 24, verso 44… Podemos leer un poco antes: versos 36 en adelante, que dice:

“Mientras ellos aún hablaban…”

Este es el caso de los caminantes de Emaús. Vamos a leer un poco antes: Capítulo 24, versos 25 en adelante, dice:

“Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.

Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.

Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.

Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.

Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,

que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.

Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros.

Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.

Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?

Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies.

Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?

Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel.

Y él lo tomó, y comió delante de ellos.

Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;

y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;

y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Y vosotros sois testigos de estas cosas.

He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomando el verso 45 que dice: “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.” De ahí tomamos nuestro tema: “JESÚS ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS.”

El Señor Jesucristo hablando de las Escrituras dice: “Escudriñad las Escrituras porque ellas son las que dan testimonio de mí”, y también Él dice:  “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”

O sea, que es importante escudriñar las Escrituras porque todo lo que Dios ha de hacer en la Tierra está en las Escrituras. Por eso Él en ese capítulo 5 de San Juan, verso 39, dijo:

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.”

Y en otro lugar nos dice: “Erráis, ignorando las escrituras y el poder de Dios.” [San Mateo 22:29]

Las Escrituras, la Palabra de Dios, es el pensamiento de Dios expresado. ¿Usted quiere saber cómo Dios piensa? Lea la Escritura, la Biblia, porque eso es el pensamiento divino, por lo tanto es Dios en forma de letra, la Palabra.

En la Palabra está todo el Programa Divino. Por eso es que Dios dice en la Escritura: “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele sus secretos a sus siervos, sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).

Es importante, entonces, leer las Escrituras, la Palabra de Dios, la Biblia, porque ahí está el Programa Divino escrito.

Aun en el libro del Apocalipsis, capítulo 1, verso 3, dice:

“Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”

Es bienaventurado el que lee las Escrituras, la Palabra del Señor; es bienaventurado el que lee aquí en el libro del Apocalipsis las palabras del Señor que son dadas por el Espíritu Santo para Su Iglesia, para todas las etapas de Su Iglesia.

Dios tiene un Programa Divino, el cual lo ha estado dando a conocer por medio de Su Espíritu a través de Sus diferentes profetas. Por ejemplo, tenemos Zacarías, capítulo 7, que nos dice que Dios envió Su Palabra por medio de Su Espíritu a través de los profetas. O sea, que el Espíritu de Dios usando los profetas ha estado hablándole al pueblo. Esa es la forma de Dios hablarle a Su pueblo. Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Ahora vean cómo es que Dios envía por medio de Su Espíritu Su Palabra a Su pueblo: por medio de los profetas. Esa es la forma divina para Dios revelarse.

También dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 2, versos 9 en adelante, dice:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”

Es por medio del Espíritu de Dios que se recibe el conocimiento de las cosas de Dios, como las recibió San Pablo, el cual nos dice en una ocasión: “Yo lo que recibí del Señor os lo enseñé a ustedes.” Eso es cuando estaba hablando acerca de la Santa Cena en Primera de Corintios, capítulo 11.

Lo que él recibió del Señor es lo que él enseñó, porque el mismo Señor dice en San Juan, capítulo 14, verso 26:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

O sea, que el maestro de la Iglesia del Señor Jesucristo es el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo usando diferentes instrumentos, mensajeros de Dios, de edad en edad ha estado enseñando a Su Iglesia las cosas que debe conocer Su Cuerpo Místico de creyentes para estar dentro del Pacto Divino, del Nuevo Pacto, y recibir todos los beneficios, todas las bendiciones que hay dentro del Nuevo Pacto.

En San Juan, capítulo 16, también nos dice, versos 12 en adelante:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

O sea, que todas las cosas que Jesús dice: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad…” que es el Espíritu Santo, que es el mismo Cristo en Espíritu Santo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré” ¿Cómo? En Espíritu Santo.

Y ahora, el Maestro de la Iglesia del Señor Jesucristo es el mismo Cristo en Espíritu Santo hablándole por medio de Sus diferentes mensajeros que Él enviaría de etapa en etapa. San Pedro allá en el principio, luego también San Pablo; y así, de edad en edad cada mensajero correspondiente.

Así como San Pedro fue el mensajero para los judíos, San Pablo fue el mensajero para los gentiles, por eso estableció a la Iglesia gentil como tenía que hacerlo el apóstol San Pablo ungido por el Espíritu Santo. Era el Espíritu Santo en San Pablo.

Nos dice también en Segunda de Corintios, el apóstol Pablo nos dice, en el capítulo 5, verso 16… Segunda de Corintios, capítulo 5, verso 16… capítulo 5… comenzamos en el verso 14 del capítulo 5 de Segunda de Corintios:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;

y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.”

¿Y entonces cómo enseña Pablo que se conoce a Cristo? Porque ahí dice: “Ya no lo conocemos según la carne,” porque ya Él murió por nosotros en la Cruz del Calvario, resucitó glorificado y está sentado en el Trono de Dios. ¿Y cómo lo conocemos en medio de Su Iglesia, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo?” En Espíritu Santo.

Él es el Ángel del Pacto, Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, y se hizo carne y habitó entre nosotros, y fue conocido por el nombre de Jesus. Por lo tanto, a través de las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, el apóstol San Pablo nos enseña que ya no conocemos a Cristo según la carne. ¿Entonces cómo lo conocemos? En Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, como el Hijo de Dios.

Y ahora Él es el que obra en medio de Su Iglesia, guiando a Su Iglesia, revelándole a Su Iglesia, enseñándole a Su Iglesia todas las cosas que deben suceder. Por eso en el libro del Apocalipsis nos dice la Escritura en diferentes lugares, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Apocalipsis, capítulo 2, verso 29.

Y en cada una de esas iglesias el mensaje termina diciendo: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”; porque es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, guiándola, enseñándole, revelándole las cosas que han de suceder.

Y por consiguiente, la Iglesia del Señor Jesucristo tiene la revelación de Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de ella. Por esa causa los apóstoles mantenían el poder de Dios, porque mantenían la revelación de Dios por medio del Espíritu de Dios.

Cristo, en cuanto a Su cuerpo físico glorificado está en el Cielo, en el Trono de Dios; y en Espíritu está en medio de Su Iglesia. Y por cuanto ya no tiene Su velo de carne, el cual murió y resucitó glorificado y está en el Trono de Dios, usa velos de carne de los apóstoles y de los diferentes mensajeros para cada una de las etapas de Su Iglesia. Y el que está escuchando el Mensaje, digamos, de San Pedro allá en el tiempo de los apóstoles en medio de Israel, estaba escuchando a Jesucristo en Espíritu Santo manifestado en San Pedro. Y luego los que estaban escuchando a San Pablo entre los gentiles, estaban escuchando la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo a través de San Pablo. Y así iba llamando y juntando a los escogidos de cada etapa de Su Iglesia. Y así fue de edad en edad a medida que transcurrió el tiempo, y Él llamaba y juntaba los escogidos que formaban Su Templo espiritual, Su Iglesia.

Los que estaban escuchando esos mensajeros de edad en edad, no estaban escuchando a un hombre, sino a Cristo en Espíritu Santo manifestado a través de cada uno de esos hombres de Dios.

Vamos a leer un pasaje donde el reverendo William Branham dice algo muy importante de estos mensajeros que Dios envió. En la página 168 y 169 del libro de “Las Edades de la Iglesia”, dice:

“…El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.’ Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra para esa edad. Sólo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad y aquel mensajero es el mensajero a la Iglesia Verdadera. Él habla por Dios, por revelación a las ‘iglesias’: Tanto a la verdadera y a la falsa. Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno quien tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación, ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

O sea, que el mensajero primero lo recibe de Dios y luego el Espíritu Santo lo habla a través del mensajero al pueblo; y lo mismo que recibe el mensajero luego es transmitido al pueblo a través del mensajero.

Y en la página 169 del libro de “Las Edades” dice:

“Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para las iglesias!”

Esa es la forma para la Iglesia oír la Voz de Dios de edad en edad. Dios en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo hablando a través del instrumento que Él tenga para esa etapa de la Iglesia.

En el tiempo de San Pablo, San Pablo era el mensajero a los gentiles, y así ha sido de edad en edad, hasta llegar a nuestro tiempo, en donde también estaremos escuchando la Voz de Dios.

Por ejemplo, aquí en Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último…”

¿Quién es el Alfa y Omega?, ¿quién es el primero y el último? Nuestro amado Señor Jesucristo. En el Día Postrero, en el Día del Señor, también los que estarán viviendo en este tiempo final estarán escuchando la Voz del Señor, la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu Santo hablándonos con esa Gran Voz de Trompeta.

Esa Voz de Trompeta es la misma de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 en adelante; y también de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, que es la Gran Voz de Trompeta que suena para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Esa es la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo en el Día Postrero, que estarán escuchando los creyentes en Cristo de este tiempo final.

Y así como Él ha estado de etapa en etapa revelándole a Su Iglesia las cosas que ella necesitaba saber de edad en edad, para este tiempo final también será en esa misma forma.

Así cómo fue con los discípulos de Emaús, los cuales al escuchar a Jesús, el cual ellos no sabían que era Jesucristo, y les hablaba ¿sobre qué? Ellos estaban hablando de las cosas que habían sucedido en Jerusalén con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. Y es importante saber las cosas que tienen suceder en nuestro tiempo.

Recuerden que ellos estaban hablando las cosas que habían sucedido allá ese día en Jerusalén; y Cristo les aparece y les habla de esas mismas cosas; y les cita de Moisés, de los profetas y de los Salmos, todo lo que estaba escrito acerca del Mesías-Príncipe y de las cosas que le iban a suceder, mostrándoles que esas cosas que sucedieron allá en Jerusalén eran las que estaban en las Escrituras profetizadas que iban a ser llevadas a cabo.

Y mientras Jesús les hablaba a ellos, ardía su corazón, como un fuego dentro del corazón de ellos mientras Jesús les abría las Escrituras; mostrándoles esas profecías que hablaban del Mesías, diciéndoles: “En Moisés, en los profetas y en los Salmos dice así acerca del Mesías,” y mostrándole que Jesús era el Mesías; y que lo que había sucedido allá en Jerusalén era lo que estaba profetizado, y por consiguiente así tenía que suceder.

Pero ellos todavía no sabían que el que les estaba enseñando esas cosas era el mismo Jesús, el mismo Mesías que había estado con ellos tres años y medio en Su ministerio terrenal. ¿Y por qué no lo conocían? Porque había sido glorificado.

Y cuando llegan al lugar donde tenían que pasar la noche, Jesús hace como que va a seguir de largo, y ellos le dicen: “No te vayas, ya ha caído el sol, ya va a oscurecer, ¡quédate con nosotros!” Les gustó la conversación.

No hay cosa que guste más que la Palabra siendo abierta ante nosotros.

“¡Quédate con nosotros!” Se quedó. Y cuando colocan la mesa, Jesús toma el pan como lo hacía siempre, bendice y partió y dio a ellos; y entonces al hacer así estaba haciéndolo igual a como lo hacía en todas las demás ocasiones que había estado con ellos; y sus ojos fueron abiertos, y se dieron cuenta que era Jesús, pero glorificado.

Y recuerden que cuando la persona está glorificada, la edad que aparenta es de 18 a 21 años de edad; y para un cuerpo glorificado no hay limitaciones. Por eso ustedes encuentran que aun estando los discípulos con las puertas cerradas entraba Jesús en medio de ellos, y que pensaban que era un espíritu.

Los discípulos de Emaús se levantan, regresan a Jerusalén para dar la noticia a los demás apóstoles, donde se encuentra que otros también (Pedro) había tenido la misma experiencia; y estaban entre ellos diciendo: “El Señor ha resucitado.” Y estos dos discípulos de Emaús van a dar su testimonio en medio de ellos, y ahí también aparece Jesús; y todos estaban muy asustados. Creían que era un espíritu. Jesús les dice: “El espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo, como ustedes ven que yo tengo.”

Ahora, encontramos que ahí les abrió las Escrituras y también el entendimiento para entender, para comprender.

Verso 44 en adelante, del capítulo 24 de San Lucas, dice:

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.”

Para comprender las Escrituras, Cristo tiene que abrirle el entendimiento a las personas.

Recuerden que es la Palabra de Dios, el pensamiento de Dios; y nadie entendió la mente de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Ahora, encontramos que es el Espíritu de Dios el que conoce las cosas de Dios y el que revela las cosas de Dios a la Iglesia del Señor Jesucristo, de etapa en etapa guiándola, alimentándola espiritualmente y alimentando el alma de cada creyente en Cristo.

Veamos lo que nos dice San Mateo, capítulo 11, versos 25 al 26. Capítulo 11, versos 25 al 27:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

O sea que conocer a Dios y conocer a Jesucristo viene por la revelación de Jesucristo a través del Espíritu Santo directamente al individuo, a la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, a través de la manifestación del Espíritu de Dios en el mensajero correspondiente a cada tiempo.

Es importante comprender estas cosas para saber qué es lo que está prometido para nuestro tiempo, y qué entonces es lo que Dios estará revelándonos en este tiempo final.

¿Cuáles serán las Escrituras que Él estará abriéndonos, y abriéndonos el entendimiento para comprenderlas? Todo lo que está prometido para este tiempo final será lo que Él estará abriéndonos.

¿Cómo lo abrió allá? Hablándoles sobre ese tema, hablándoles esas Escrituras, revelándoles esas Escrituras, mostrándoles el cumplimiento de ellas; y abriéndoles el entendimiento para comprenderlas.

Es por medio de la Palabra siendo revelada, que viene la fe, la revelación a nuestra alma; y nuestra mente, nuestro entendimiento, es abierto para comprender las Escrituras.

Tenemos la promesa de que el Señor nos revelará todas las cosas. Lo leímos en San Juan, capítulo 14 y capítulo 16. En el capítulo 16, Él nos dice, verso 12 en adelante:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.”

Cristo tiene muchas cosas que decirle a Su Iglesia, dice Él. Ahora, ¿cómo las va a dar a conocer?

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad (el cual es el Espíritu de Cristo), él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Las cosas que han de venir están prometidas que serán dadas a conocer por medio del Espíritu de Cristo a Su Iglesia. Y el Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, revelándole a Su Iglesia todas estas cosas que deben suceder.

Y también en San Juan, capítulo 14, verso 26, dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

O sea, que el que enseñará todas las cosas es el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, el Ángel del Pacto, Cristo mismo en Su cuerpo angelical, en esa Columna de Fuego en medio de Su Iglesia.

Y Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto (las cosas que ¿qué? Que deben suceder pronto); y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,

que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.”

Aquí tenemos nuevamente la promesa para la Iglesia del Señor Jesucristo, de que le van a ser dadas a conocer todas las cosas que han de suceder.

Hay un Programa Divino ya establecido por el mismo Dios para revelar por medio de Su Espíritu a Su Iglesia todas las cosas. Y de edad en edad hemos tenido a Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, como Él lo ha prometido: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20]

¿Y cómo estaría? Pues en Espíritu Santo, en Su cuerpo angelical, en la Columna de Fuego, guiando a Su Iglesia; porque Él es el Buen Pastor, guiando Sus ovejas en Su Redil y juntándolas en Su Redil, de edad en edad. Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Por eso ya no conocemos a Cristo según la carne en medio de Su Iglesia, sino en Espíritu Santo. Su cuerpo físico está glorificado y está sentado en el Trono de Dios. Él mismo dijo que Él se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo. Y por consiguiente, allí está sentado haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su Salvador. Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. San Mateo, capítulo 26, versos 63 al 64, dice:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Él dijo que se sentaría a la diestra del poder de Dios.

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, dice:

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Ahí está confirmando que se sentó con el Padre en el Trono celestial.

Y ahora, el apóstol Pablo nos dice: “Si a Cristo conocimos según la carne, ya no.” ¿Ahora lo conocemos cómo? En Espíritu Santo, como el Hijo de Dios. El Hijo de Dios, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, hablándole, revelándole Su Palabra de edad en edad.

¿Y habrá revelado ya todo lo que tenía que revelar? Dice Apocalipsis, capítulo 8 [verso 1]:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.”

Ese misterio que no fue revelado, será revelado en este tiempo final a la Iglesia del Señor Jesucristo.

El Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo a y por Su Iglesia, para llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. El misterio más grande de la Biblia es la Segunda Venida de Cristo. Ese misterio será revelado en el Día Postrero a la Iglesia del Señor Jesucristo por el Espíritu Santo, por Cristo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo; porque Él es nuestro Maestro, Él es el que sabe lo que está escondido en el Séptimo Sello.

Es el misterio de la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Para lo cual tiene que completar Su labor de Intercesor en el Cielo como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo; y ya habrá terminado Su Obra de Intercesión. Entonces se levanta del Trono del Padre y toma el Título de Propiedad, el Libro que está sellado con siete sellos y está a la diestra de Dios; lo toma, lo abre en el Cielo, y viene a la Tierra para hacer el reclamo de lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa: a todos los hijos e hijas de Dios de todas las edades pasadas, incluyendo los de nuestro tiempo.

Ya Él entonces se convierte en el León de la tribu de Judá, como lo vio y lo señaló el anciano allá en el capítulo 5 de Apocalipsis. Capítulo 5, versos 5 en adelante, dice:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.”

El anciano le dice a Juan: “No llores,” porque Juan estaba llorando porque no aparecía una persona que tomara el Libro y lo abriera; y eso significaba que todo estaría perdido si no aparecía una persona digna para tomar ese Libro sellado con siete sellos y abrir ese Libro.

Y el anciano le dice: “No llores. He aquí el León de la tribu de Judá, la raíz de David, el cual ha vencido para abrir el Libro y desatar sus sellos.” Cuando Juan mira, ve un cordero.

Ahora vean, ¿qué vería usted? El anciano vio un león; y Juan cuando mira, ve un cordero. Ninguno de los dos vio un animal, ambos vieron a Jesucristo. Uno lo vio como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, y el otro lo vio como Cordero de Dios. Como Juan el Bautista cuando vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Y cuando las personas miraron, no vieron a un cordero: vieron a un hombre llamado Jesús.

Es importante conocer los símbolos, para así conocer el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo. Es en nuestro tiempo en que Cristo cambiará de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Rey, de Cordero a León.

Por eso luego de tomar el Libro y abrir los Sellos en Apocalipsis, capítulo 10, desciende un Ángel Fuerte, que es Cristo, con el arco iris alrededor de Su cabeza y con un Librito abierto en su mano —el Libro de los Siete Sellos— el cual Él tomó y lo abrió en el Cielo, y ahora lo trae abierto a la Tierra.

Ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos nuestros nombres desde antes de la fundación del mundo.

Y Él viene con ese Librito abierto; y por consiguiente viene clamando como cuando ruge un león, y siete truenos emiten sus voces. La Voz de Cristo. ¿Qué estará hablando? El contenido de ese Libro sellado con siete sellos.

Por eso los siete truenos de Apocalipsis 10, le darán la fe de rapto a la Iglesia del Señor Jesucristo, porque Cristo con esa Voz de Siete Truenos le estará hablando a Su Iglesia y le estará revelando el misterio del Séptimo Sello, le estará revelando el misterio de Su Segunda Venida. Esas son las cosas que están prometidas que serán reveladas a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, las cuales nos darán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Cuando eso ocurre en el Cielo (que Él tome el Título de Propiedad, lo abra en el Cielo y lo traiga a la Tierra), ya se habrá completado la Iglesia del Señor Jesucristo; y estará esperando Su Venida, para hablarle con esa Voz de Siete Truenos clamando como león y revelándole el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Segunda Venida, de Su Venida a Su Iglesia, para llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

¿De que estará hablándonos en Su Venida? De las profecías correspondientes a este tiempo final. Y también cuando les aparecía a ellos les decía: “Paz a vosotros.” Y más sabiendo que se asustaban cada vez que aparecía. Y todos nosotros decimos: “¡Cualquiera!” O sea, que venía siempre, lo primero era: “Paz a vosotros.” Un mensaje de paz. Y luego hablándoles, abriéndoles las Escrituras y el entendimiento para entender la Palabra; y comiendo con ellos también.

Recuerden que cuando regresen los que partieron, regresarán en cuerpos glorificados, serán resucitados en cuerpo glorificados, y podrán comer también con nosotros.

Ahora, cuando Cristo esté abriéndonos las Escrituras en el Día Postrero, hablándonos acerca de todas estas cosas que están prometidas para nuestro tiempo y abriéndonos ese misterio del Séptimo Sello, estará hablándonos con esa Voz de León, como león, clamando, hablándole a Su Iglesia; y eso será la Voz de Siete Truenos, porque la Voz de Dios siempre se escucha como un trueno.

Cuando Cristo en una ocasión dijo: “Padre, glorifica a tu Hijo,” se oyó una Voz del Cielo que dijo: “Lo he glorificado y lo glorificaré otra vez.”

—“Glorifica tu nombre.”

—“Lo he glorificado y lo glorificaré otra vez.” [San Juan 12:28-29] Y las personas que estaban presentes decían: “Trueno le ha hablado”; pero Jesús sabía, escuchó, lo que Dios estaba hablando.

La Voz de Dios se puede escuchar como un trueno o como trompeta hablándole a Su pueblo.

Para el Día Postrero tenemos la promesa de la Trompeta Final, tenemos la promesa también de la Voz de Trueno, de Siete Truenos que emite Cristo el Ángel Fuerte, que clama como cuando un león ruge y siete truenos emiten sus voces. Eso es Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el Ángel del Pacto, hablándole a Su Iglesia y revelándole las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final; y sobre todo revelándole el misterio del Séptimo Sello. ¿Para darle qué? La fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Cristo en Espíritu Santo estará nuevamente hablándole a Su Iglesia en este tiempo final. Y cuando estemos transformados entonces nos encontraremos con Él, lo veremos como Él es en Su cuerpo glorificado; y cuando Él nos mire, nos verá también con cuerpo glorificado. Ese es el Plan Divino para este tiempo final: nuestra adopción como hijos e hijas de Dios, la redención del cuerpo, que es nuestra transformación.

“JESÚS ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS.” Así también lo estará haciendo en este tiempo final.

Y así como partió el pan y dio gracias, y dio a Sus discípulos —los caminantes de Emaús—, y entonces supieron que era Jesús, les fueron abiertos los ojos; Él dándonos el Pan espiritual, partiéndonos el Pan, revelándonos Su Palabra, conoceremos que Cristo estará en medio nuestro en Espíritu Santo, hablándonos directamente la Palabra prometida para este tiempo final, hablándonos las profecías y abriéndonos esas profecías para que las comprendamos.

Por ejemplo, “como el relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente.” Vean, Oriente es el Medio Oriente, Israel; Occidente es el continente americano. Tan sencillo como eso serán las Escrituras que Él nos abrirá en este tiempo final. Y cuando vemos esas cosas decimos: “Gracias a Dios que nos mandó a vivir en el continente americano.”

Recuerden que fue ya a la caída del sol en el tiempo de la tarde, por lo tanto era cenando con los discípulos de Emaús. Al tiempo de la tarde es siempre cena; tiempo de la mañana es desayuno.

“Al que…” “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” [Apocalipsis 3:20] Eso es para el tiempo, entonces, ¿de qué? De la tarde; y por consiguiente, es para el tiempo ¿de qué?, del Plan de Dios correspondiente al continente americano.

Y así por el estilo Él nos va a hacer tan sencillas las Escrituras, que hasta los niños la van a entender.

Estamos en el tiempo en el cual de un momento a otro Cristo completará Su Iglesia y cambiará de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Juez; y por lo tanto, a Rey de reyes y Señor de señores.

Estemos preparados, porque estamos en la antesala de la Venida del Señor. Dios preparándonos con el Mensaje que ya fue dado por el precursor. Y lo leemos, lo escuchamos, y vemos que hay grandes bendiciones prometidas para este tiempo final.

Estamos conscientes de que pronto se completará la Iglesia del Señor Jesucristo. Pero mientras tanto, así como le habló a Su Iglesia de edad en edad, nos estará hablando en este tiempo final las cosas que deben suceder pronto en nuestro tiempo; y preparándonos para nuestra transformación; preparándonos para recibirlo en Su Venida, y ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Mientras tanto, Cristo en Espíritu Santo, así como estuvo de edad en edad abriéndoles el entendimiento para comprender las Escrituras, lo hizo después a través de San Pablo —San Pedro para los judíos y San Pablo para los gentiles— y después de edad en edad, también lo hace en nuestro tiempo abriéndonos las escrituras y el entendimiento para comprenderlas. Y eso es “JESÚS ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS.”

Que Dios siempre nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprenderlas en este tiempo final, y ser preparados para nuestra transformación.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo coloque en Su Redil, Su Cuerpo Místico de creyentes.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo; y los niños también, de 10 años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo; pueden continuar viniendo todos a los Pies de Cristo, los que están presentes y también los que están en otras naciones, en el lugar donde se encuentran, pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Cristo está llamando y juntando Sus escogidos en este tiempo final; porque ha de completar a Su Iglesia en este tiempo final, para llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Él te está llamando, porque tu nombre está en el Cielo, escrito en el Libro de la Vida.

“El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” San Juan, capítulo 8, verso 47.

Por eso cuando escuchamos la Palabra del Señor pasa lo mismo que sucedió con los caminantes de Emaús. Ellos dijeron: “Ardía nuestro corazón cuando nos abría las Escrituras.” Eso sucede en cada persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, cuando escucha la Palabra del Señor abriendo las Escrituras.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión. En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, porque hay lugar en el Redil del Señor; todavía hay lugar porque todavía Cristo está como Sumo Sacerdote en el Cielo, haciendo intercesión por cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Con nuestros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida; y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz en mi vida una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Tan sencillo como eso.

“El que creyere y fuere bautizado será salvo; mas el que no creyere será condenado.” No hay mucho para elegir: o cree, es bautizado y es salvo; o no cree y será condenado.

Dios hace las cosas sencillas para que las podamos comprender. También dice que “el Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando lo recibimos como Salvador, morimos al mundo; y cuando somos sumergidos en las aguas bautismales, estamos siendo sepultados tipológicamente; y cuando somos levantados de las aguas bautismales, estamos resucitando espiritualmente, y resucitando al Reino de Dios, resucitando a la vida eterna. Porque el que no tiene a Cristo, está muerto a la vida eterna; aunque tenga vida terrenal, física, es vida temporal, es vida mortal, pero no tiene vida eterna.

Cuando lo recibimos como Salvador y luego somos bautizados en agua en Su Nombre: somos colocados en la vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno; y eso es lo que todos nosotros queremos: la vida eterna.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” O sea, que el único que puede darle vida eterna al ser humano es el Señor Jesucristo. Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo al ministro aquí correspondiente, reverendo Alejandro Sarria, ingeniero Alejandro Sarria; y también en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, y les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“JESÚS ABRIENDO EL ENTENDIMIENTO PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS.”

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