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¿Quién es el Hijo del Hombre para este Día?
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¿Quién es el Hijo del Hombre para este Día?

Muy buenos días, amables hermanos y amigos presentes, y los que están en diferentes países, ministros e iglesias, alabando a Dios y escuchando Su Palabra.

Un cordial saludo para el licenciado Máximo Moscoso y Adrian, y también la señora Arlene Melendez; al Coordinador de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en la República Mexicana, licenciado Francisco Guerra y su esposa; y todos los Activistas por la Paz, que han estado trabajando en estos días en el programa de los foros judiciales, en el Foro Judicial en la Corte, en el Distrito Federal de México, el cual fue un éxito total.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 16, versos 13 al 20, y nos dice:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.

El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

Que Dios bendiga nuestras alma con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Y nos permita tener la revelación de la promesa divina de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero. Que todos cuando veamos esa promesa siendo cumplida, la reconozcamos; porque ahí es donde viene la bendición para los creyentes en Cristo del Día Postrero.

Eso es lo que nos traerá la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo, que Dios nos abra las Escrituras y el corazón y la mente para entender, y el corazón para creer. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“¿QUIÉN ES EL HIJO DEL HOMBRE PARA ESTE DÍA (PARA ESTE TIEMPO FINAL)?”

¿Por qué la pregunta: Quién es el Hijo del Hombre para este Día? Porque Cristo habló que el Hijo del Hombre vendrá en el tiempo final; y todos queremos ser como Pedro: reconocerlo en Su Venida.

La opinión que hubo en los días de Jesús acerca de quién era el Hijo del Hombre, Cristo, era que Jesús era Juan el Bautista que había resucitado a los muertos, y por esa causa obraban en Él y a través de Él aquellos milagros; otros pensaban que era el profeta Elías, y otros pensaban que era el profeta Jeremías, y otros decían o pensaban que era alguno de los profetas que había resucitado de entre los muertos.

Recordemos que para aquel tiempo, Israel, el pueblo hebreo, los judíos, estaban esperando la Venida del Mesías; y el Mesías sería un descendiente del rey David, el Mesías sería un profeta como Moisés; no sería literalmente el profeta Moisés, sino un profeta como Moisés.

Por eso cuando le preguntan a Juan el Bautista: “¿Eres tú Elías?,” él dice que no es Elías; aunque era el ministerio de Elías operando en Juan el Bautista, pero no era el Elías que vendría precursando la Segunda Venida de Cristo en el tiempo final. Era el mensajero que vendría preparándole el camino al Señor, conforme a Malaquías, capítulo 3, que nos dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

Eso es lo que decía para aquel tiempo en que vendría el Mesías en cumplimiento de la Primera Venida del Mesías [Malaquías 3:1]:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? El Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová que le dio la Ley al pueblo hebreo en el Monte Sinaí; porque ese es el Ángel de Jehová, el Ángel de Dios, que establece el Pacto con el pueblo hebreo. Y luego vendría para establecer el Nuevo Pacto que estaba prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36.

Por esa causa es que Jesús en la última cena, estando con Sus discípulos, en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

O sea, que está tipificando, representando Su cuerpo en el pan; porque así como el pan es alimento para el cuerpo, Cristo es el Pan vivo que descendió del Cielo para dar vida, vida eterna al ser humano. Él es el Pan para nuestra alma, el alimento para nuestra alma.

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, tipifica en el vino Su Sangre, que sería derramada para remisión de los pecados. Fue derramada por muchos, para remisión de los pecados. Y cada persona tiene la oportunidad de ser limpiado de todo pecado con la Sangre de Cristo al recibirlo como único y suficiente Salvador. De otra forma no es efectiva para la persona la Sangre de Cristo para limpiarlo de todo pecado.

Es como usted tener una prenda de vestir con una mancha de tinta y tener una botella de blanqueador o cloro (como le llaman); esa botella de cloro no le quita la mancha a la ropa, excepto que usted aplique el blanqueador; mientras no lo aplique, la prenda de vestir, la mancha de tinta permanecerá en ella.

Y la persona mientras no aplique la Sangre de Cristo, recibiéndolo como Salvador, el pecado permanecerá en la persona; y la paga del pecado es muerte, muerte para toda la eternidad.

Por lo tanto, Dios nos ha dado a Cristo y Su Sacrificio para, en Su misericordia, limpiarnos de todo pecado y darnos vida eterna.

Es vida eterna lo que recibimos de parte de Cristo cuando lo recibimos como único y suficiente Salvador, porque estamos recibiendo la vida eterna. Recuerden que Cristo dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” 

Nadie puede llegar a Dios a menos que sea a través de Jesucristo. Algunas personas piensan que todos los caminos llevan a Dios, pero Cristo dice que Él es el Camino; por lo tanto, no busque otro camino hacia Dios.

Él es la Vida, la Vida Eterna; y por consiguiente Él tiene la exclusividad de la vida eterna y la otorga a aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador. San Juan, capítulo 14, verso 6, es el pasaje que les cité, donde dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

Y San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30, dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

O sea que cada persona que recibirá la Salvación y vida eterna son las ovejas del Padre, las cuales le son dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna; “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido,” dice Cristo en San Mateo, capítulo 18, y San Lucas, capítulo 19. O sea, que Cristo vino a buscar y a salvar, ¿a quién? A mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Con la caída del ser humano en el Huerto del Edén se perdieron todas esas ovejas del Padre, perdieron la vida eterna; y por eso es que vivimos una temporada en este Tierra, y alrededor de los 100 años se acaba la vida de estos cuerpos terrenales; ya cuando se llega a 100 años se vive con mucho trabajo en el cuerpo terrenal.

Es que ya los rayos de luz cuando la persona nace, los rayos de luz que posee el cuerpo físico, se van agotando; son cuatro rayos de luz, y se van agotando cada  cierta cantidad de años. Digamos, de los 25 años a los 30 se agota el primer rayo de luz, y le quedan tres a la persona; después de los 35 años en adelante, se le agota el segundo rayo de luz, y se quedan con dos rayos de luz; y después de cierta cantidad de años se le agota el tercer rayo de luz, y se queda con un solo rayo de luz; por eso ya se siente débil, ya no puede luchar como lo hacía cuando tenía 18 a 25 años. Así es la vida terrenal.

Pero no importa cuántos años usted viva en la Tierra, no es de beneficio si usted no entiende que usted vive en esta Tierra por causa de un propósito divino, en el cual usted puede alcanzar la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador, recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Y así lo salva Cristo del lago de fuego, lo salva Cristo de la aniquilación que ocurre en el lago de fuego, en aquellos que sean echados al lago de fuego luego del Reino Milenial y luego del Juicio Final. Y eso sí que es algo serio.

Y si esta vida terrenal en estos cuerpos mortales y temporales, es tan buena, ¿cómo será vivir en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y joven por toda la eternidad? Eso es lo que el alma de cada persona siempre ha deseado. Porque en estos cuerpo tenemos muchas luchas y problemas, y al final mueren: o por la edad, por alguna enfermedad o por algún accidente.

Si la vida fuera solamente vivir una cantidad de tiempo aquí  en la Tierra y luego se ha terminado todo para el ser humano, no valdría la pena vivir en esta Tierra; pero el propósito es que nosotros escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma…; porque “la fe viene por el oír la Palabra,” el Evangelio.

Recuerden que Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16] Tan claro como eso es la realidad para todo ser humano.

La persona solamente puede hacer una de dos cosas: o creer o no creer. Creer y confirmar su lugar con Cristo en Su Reino para vivir eternamente, o no creer para luego ser juzgado y condenado en el Juicio Final, y ser echado al lago de fuego, donde será aniquilado completamente en alma, espíritu y cuerpo, y dejará de existir.

Y todos queremos vivir eternamente; y todos queremos saber, conocer la fórmula para vivir eternamente. La fórmula tiene un Nombre: Señor Jesucristo.

“El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no perecerá jamás.” No va a ser juzgado y condenado, sino que va a vivir eternamente. (San Juan, capítulo 5, verso 24).

Por lo tanto, lo más importante para todo ser humano es la vida eterna; y solamente la podemos recibir a través de Jesucristo.

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su hijo (en Jesucristo).” [Primera de Juan 5:10-12]

“El que tiene al Hijo (a Jesucristo), tiene la vida (la vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” Lo que tiene es una vida temporal que se le va a terminar, y ni siquiera la persona sabe cuándo se le va a terminar la vida en esta Tierra; y después ya no hay oportunidad de decir: “Ahora yo quiero recibir a Cristo.”

El tiempo de recibir a Cristo como Salvador es mientras la persona está viviendo en esta Tierra. Por eso se predica el Evangelio de Cristo para que nazca la fe de Cristo en el corazón de los oyentes.

Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 8, verso 47: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” El que es de Dios. El que es de Dios está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

O sea que Dios nos conoce desde antes de nosotros nacer en esta Tierra. Esas son las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna; y no perecerán jamás.

Por lo tanto, estamos en esta Tierra por y para un propósito divino, y nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y por eso respondemos al llamado de Cristo, el Evangelio de Cristo, escuchando Su Voz y  recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Y ahora ¿qué tiene que ver todo esto con el Hijo del Hombre?, ¿y quién es el Hijo del Hombre para el Día Postrero? Es que esas son las personas que lo reconocerán, lo recibirán en el Día Postrero; porque Él viene como ladrón en la noche. O sea, que quienes lo van a reconocer y a darle la bienvenida, serán las ovejas del Padre, los elegidos de Dios, los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Cristo mismo dijo en San Mateo, capítulo 16, versos 24 en adelante:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

O sea, que Cristo no le ofrece un camino lleno de rosas. Así como Cristo sufrió en esta Tierra, fue perseguido, malinterpretado y juzgado, condenado y crucificado; también los creyentes en Cristo padecerán, sufrirán persecuciones y los entenderán mal. Hubo un tiempo en que los echaban a los leones y también un tiempo en que los quemaban. Son diferentes etapas por las cuales pasa la Iglesia del Señor Jesucristo.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

¿De qué le vale al ser humano ser multimillonario económicamente en la Tierra, o tener una posición social o académica o profesional en la Tierra; y perder su alma?

Recuerden que el ser humano es alma viviente, eso es lo que es la persona: alma viviente; y vive en un cuerpo espiritual llamado espíritu, y en un cuerpo de carne en el cual aparecemos en esta Tierra.

Pero cuando se trata de vida eterna, del futuro eterno, está ligado al alma de la persona, que es lo que en realidad somos: almas vivientes. Por eso dice: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?, ¿o qué recompensa dará el hombre por su alma?” ¿Podrá el hombre pagar por la salvación de su alma? No. Ya Cristo pagó con Su propia vida nuestra Salvación.

Usted y yo no tenemos con qué pagar por nuestra Salvación; ya Cristo pagó por ella y nosotros aceptamos ese Sacrificio de Cristo como el pago por nuestra Salvación; porque Él tomó nuestros pecados y se hizo pecado por nosotros y murió la muerte que nosotros teníamos que morir.

Y ahora, los sacrificios que el pueblo hebreo efectuaba en el templo con animalitos ya no se requieren, porque esos sacrificios eran solamente el tipo y figura del Sacrificio de Cristo nuestro Salvador, en la Cruz del Calvario. Mientras no había venido Cristo y efectuado el Sacrificio de Expiación en la Cruz, aquellos sacrificios tenían que llevarse a cabo; pero cuando ya Cristo murió en la Cruz del Calvario, ya no acepta Dios sacrificios de animalitos; solamente el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario es lo que Dios acepta por cada uno de los seres humanos.

“¿Quién es el Hijo del Hombre?” Jesucristo le pregunta a Pedro y a Sus discípulos. Pedro le dice: “Tú. Tú eres el Cristo (o sea, el Ungido, el Mesías, el Cristo), el Hijo de Dios, el Hijo del Dios viviente.” [San Mateo 16:16]

En Jesús estaba el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, morando; por eso Él dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido,” y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido, leyendo Isaías, capítulo 61, ahí leyéndolas en el capítulo 4 de San Lucas; y se detuvo. Porque el pasaje completo dice: “…para predicar el año de la buena voluntad de Jehová.” Y ahí se detuvo. Si continuamos leyendo decía: “…y el día de venganza del Dios nuestro.”

¿Por qué no continuó? Porque hasta donde Él leyó era que se cumpliría en Él, en Su Primera Venida. Lo de proclamar, predicar el año, el día de venganza del Dios nuestro, corresponde a Su Segunda Venida.

En la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero será que predicará el día de venganza del Dios nuestro; o sea, los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana: las plagas, las copas que serán derramadas sobre todas las naciones, y por consiguiente sobre toda la humanidad; lo cual se cumplirá en la gran tribulación, que es la segunda parte de la semana setenta y que consta de tres años y medio de la profecía de Daniel, capítulo 9.

Dios va a tratar también con el pueblo hebreo nuevamente, y lo va a hacer manifestando los ministerios de Elías (por quinta ocasión) y de Moisés (por tercera ocasión). Y todo eso está ligado a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Sus Ángeles son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías. Por eso en Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, y Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, nos habla de los dos olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías, los cuales estarán manifestados en el Día Postrero. Por eso el Hijo del Hombre, dice Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 30 al 31, dice:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Ahí los escogidos son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que serán llamados en este tiempo final. Esos son los escogidos de Dios del pueblo hebreo; y los escogidos de Dios de la Iglesia del Señor Jesucristo son los creyentes en Cristo del Día Postrero, que estarán esperando la Venida del Hijo del Hombre y lo recibirán.

Cuando se habla del Hijo del Hombre, encontramos que ese es título de profeta. Por eso es que Cristo decía, hablando de Sí mismo: “El Hijo del Hombre,” refiriéndose a Sí mismo, porque era un profeta.

Cuando a Juan el Bautista le preguntaron los fariseos: “¿Eres tú Elías?” Él dijo: “No.” —“¿Eres tú el profeta?” Dijo: “No.” Cuando le preguntan si es el profeta, se refieren al profeta del cual habló Moisés: que Dios levantaría profeta como Moisés, un profeta dispensacional, el cual sería el Mesías. Y Juan dice que no. Cuando le preguntan: “¿Eres tú el profeta?” Él dice: “No,” y era profeta, pero no el profeta de Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19. Porque ese profeta es el Mesías, el Ungido, el Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto dentro de un cuerpo de carne, dentro de un hombre, de un profeta; porque Hijo del Hombre es un profeta.

Por eso el Mesías al venir tuvo que venir como profeta: como Hijo del Hombre; en el cual estaba el Hijo de Dios, Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo. Tan sencillo como eso.

Por eso es que Dios llama a Sus profetas en diferentes lugares de la Biblia —Jeremías, Ezequiel, Daniel y así por el estilo—, les llama Hijo del Hombre porque es el título de profeta.

Y ahora veamos lo que nos dice San Mateo, capítulo 24, verso 27:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Así será para el tiempo final la Venida del Hijo del Hombre. La manifestación del Hijo del Hombre dos mil años atrás, fue en el Este, la tierra de Israel, que pertenece al Medio Oriente. Y para el Oeste, el continente americano, tenemos la promesa de la manifestación del Hijo del Hombre.

Ya tuvimos la primera parte de esa manifestación correspondiente al tiempo final en el reverendo William Branham. Era el Hijo de Dios, Cristo, en un profeta, en un Hijo del Hombre. Cristo, el Hijo del Hombre en un Hijo del Hombre, un profeta, para cumplir la primera parte de esa promesa correspondiente al tiempo final.

Y falta una parte que será cumplida en este tiempo final. Por eso, en San Mateo, capítulo 24… versos 36 en adelante, de San Mateo 24, dice:

“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre (o sea, del tiempo, del día y la hora en que el Hijo del Hombre vendrá).

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.”

O sea, que la humanidad estará viviendo como en el tiempo de Noé: que todo pensamiento del corazón del ser humano era de continuo al mal; y así será el tiempo en que estará viviendo la humanidad en el Día Postrero.

“Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

O sea, que la humanidad en aquel tiempo del mundo antediluviano no entendió, no entendió el tiempo que estaba viviendo, no entendió que estaba viviendo al final de aquella generación antediluviana.

Actualmente la humanidad está viviendo en el tiempo final de la generación actual. ¿Cuánto tiempo nos queda? No sabemos; pero la promesa es que este tiempo será el ciclo divino en que el Hijo del Hombre se manifestará, se revelará. Se manifestará, se revelará ¿a quién? A los creyentes en Cristo, así como sucedió dos mil años atrás.

¿A quién vino el Hijo del Hombre?, ¿a quién se reveló?, ¿en medio de quién se manifestó el Hijo del Hombre dos mil años atrás en Su Primera Venida? Al pueblo hebreo, que es el pueblo que estaba en el Pacto que le fue dado a Israel en el Monte Sinaí; era el pueblo del Pacto del Antiguo Testamento, Antiguo Pacto; y ellos lo tuvieron en carne humana: en la Venida del Hijo del Hombre, el Ángel del Pacto, dentro de un velo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso.

Ya Israel tuvo el cumplimiento de la promesa del Mesías para aquel tiempo, y ahora el pueblo que está bajo el Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo. El cristianismo es el pueblo que tiene la promesa de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con los ministerios de Moisés por tercera ocasión, y el ministerio de Elías por quinta ocasión, y el ministerio de Jesús por segunda ocasión en toda Su plenitud.

Eso fue lo que fue mostrado en el Monte de la Transfiguración, en el capítulo 17 de San Mateo, cuando Cristo tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos; y aparecieron Moisés y Elías, cada uno a cada lado del Señor.

Ese es el orden de la Segunda Venida de Cristo, ese el orden de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero. Los ministerios de Jesús, de Elías y de Moisés estarán repitiéndose en medio de la Iglesia, y luego en medio del pueblo hebreo; así será la Venida del Hijo del Hombre.

Ahora vean que cuando Cristo baja del Monte Sinaí o del Monte de la Transfiguración (corrijo), dice a Sus discípulos que no digan que Él es el Mesías, el Cristo, el Ungido.

Algunas personas algunas veces piensan: “Si Él es el Cristo, el Mesías, tenían que decirlo a todo el mundo”; pero Cristo les dice: “Guarden silencio.”

Así que es muy importante saber estas cosas para que estemos preparados para la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero, que es la promesa que está señalada y es la promesa más grande de parte de Dios para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vean, también nos dice [San Mateo 24:44]:

“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis (o sea, que hay que estar preparado para la Venida del Hijo del Hombre).”

En San Lucas también nos habla Cristo acerca de la Venida del Hijo del Hombre.

Recuerden que ese es el evento más grande que se llevará a cabo en medio de la raza humana en el tiempo final, en el Día Postrero; por eso usted encuentra a Cristo siempre hablando del Hijo del Hombre y de la Venida del Hijo del Hombre.

Por ejemplo, aquí en San Lucas, capítulo 17, verso 28, y aun podemos leer un poco antes…, verso 26 en adelante, dice: “Como fue…” Verso 24 en adelante, dice:

“Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”

Y todos tenemos que reconocer que la humanidad, todas las naciones están como en los días de Noé y como en los días de Lot, como en los días de Sodoma y Gomorra; esa es la condición actual de la humanidad, lo cual es una señal de que estamos viviendo en el tiempo en que el Hijo del Hombre se manifestará.

Ahora, para este tiempo final Él cambiará de Sumo Sacerdote a Juez, de Cordero a Rey, de Cordero a León de la tribu de Judá, a Rey de reyes y Señor de señores, en Su Obra de Reclamo.

Por lo tanto, tenemos que estar apercibidos, conscientes de cuáles son las promesas, las profecías correspondientes a este tiempo final, para no estar tratando de adivinar qué es lo que Dios va a hacer, qué es lo que Dios va a cumplir en este tiempo final.

Lo que Dios va a hacer es lo que está profetizado, lo que está prometido en la Escritura, lo que Cristo ha prometido que será hecho en este tiempo final, lo que los profetas han dicho que Dios hará en este tiempo final. No va a hacer otra cosa, sino lo que está profetizado, lo que está prometido para el Día Postrero.

Que Dios nos ayude a todos para estar preparados para la Venida del Hijo del Hombre en este tiempo final, que es el Día Postrero, y que no sabemos en qué día, semana, mes o año se cumplirán estas profecías; pero el mandato de Cristo es que estemos preparados.

San Lucas, capítulo 18, verso 8, dice:

“Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

¿Hallará fe en usted y en mí el Hijo del Hombre en Su Venida? Recuerde [Hebreos 11:6]: “Sin fe es imposible agradar a Dios.” También nos dice en el capítulo 21 de San Lucas, verso 27 en adelante, dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Vuestra redención ¿cuál es? La redención del cuerpo, que es la transformación de los vivos en Cristo, para tener cuerpos eternos, inmortales y glorificados y jóvenes, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo; y los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos glorificados.

Sigue diciendo Cristo, del verso 34 en adelante, de este mismo capítulo 21:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

¿De estar en pie delante de quién? Del Hijo del Hombre. Por lo tanto, tenemos que estar apercibidos y orando en todo tiempo, preparándonos para la Venida del Hijo del Hombre, para estar en pie delante del Hijo del Hombre.

No queremos que nos pase como pasó en la Primera Venida de Cristo, que muy pocos lo reconocieron como el Mesías prometido, el Hijo del Hombre viniendo a Su pueblo Israel.

Y ahora, Su Segunda Venida es para Su pueblo, Su Iglesia, los creyentes en Cristo, el cristianismo; porque es el cristianismo el que está bajo el Nuevo Pacto. Por lo tanto, estemos preparados.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, le perdone, y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así sea preparado para la Venida del Hijo del Hombre. Por lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente, para orar por ustedes, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos e hijas aquí en Villahermosa y en todo el estado de Tabasco y en toda la República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final para prepararlos, para que estén listos esperando la Venida del Señor, para recibirlo en Su Venida a Su Iglesia.

No podemos perder la oportunidad que tenemos en este tiempo final de ser preparados para dar la bienvenida a Cristo en Su Venida en este tiempo final, cuando Él cumpla Su Venida, cuando el Hijo del Hombre venga a Su Iglesia en este tiempo final.

Dios tiene mucho pueblo aquí en Villahermosa, en todo el estado de Tabasco, y en toda la República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final, los que todavía no habían entrado al Redil del Señor.

Así podemos decir: “Jehová (o sea, Jesucristo) es mi pastor.” Recuerden que Él dijo: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” [San Juan 10:11]. Y también Él dijo que Él es la Puerta: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9; y San Juan, capítulo 10, versos 1 al 30).

Dios está llamando y juntando Sus ovejas correspondientes a este tiempo final en el Programa Divino; y las está juntando ¿dónde? En Su Redil, que es Su Iglesia.

“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Él te está llamando, estás escuchando el Evangelio, ¿por qué? Porque tu nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, el Libro de Dios, el Libro que contiene los nombres de todas las ovejas del Padre, que le han sido dadas a Cristo para que las  busque y les dé vida eterna, y así las coloque en Su Redil, en Su Iglesia.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, descubre que su nombre está escrito en el Cielo, en el Libro de Dios, el Libro de la Vida del Cordero. Ese el Libro donde siempre deseamos que esté nuestro nombre.

El mismo Cristo dijo: “Gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.” [San Lucas 10:20] ¿Dónde? En el Libro de la Vida. Ese es el Libro más importante del Cielo, y contiene los nombres de todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, cada uno en el tiempo que le tocaría vivir.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo y continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo; por eso estamos dando unos minutos en lo que llegan los que vienen de camino.

De todas las decisiones que el ser humano hace, solamente una lo coloca en la vida eterna, y es: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; por lo tanto, es un asunto de vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego les recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo, te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Padre celestial, bendito Tu Nombre para siempre. Señor Jesucristo, vengo a Ti reconociendo y creyendo que Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, sálvame que perezco, extiende Tu mano salvadora hacia mí y sálvame.

Haz una realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo mas; el que no creyere será, condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es un mandamiento del Señor Jesucristo. Aun el mismo Jesucristo fue donde Juan el Bautista estaba predicando y bautizando en el Jordán, para ser bautizado por Juan, y Juan le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y descendió el Espíritu Santo sobre Jesús cuando subió Jesús de las aguas bautismales, y Juan vio el Espíritu Santo descender, el Espíritu, sobre Jesús, en forma de paloma; y esa era la señal que Dios le dijo que vería sobre el Mesías, al cual le estaba preparando el camino; y lo reconoció que ese era el Mesías, el Hijo del Hombre, era Cristo el Mesías prometido para el pueblo hebreo.

Y ahora, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es tipológico, y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge a las aguas bautismales, está tipológicamente siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados e identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento en el Reino de Dios.

Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

En los demás lugares, ciudades y estados de la República Mexicana, y en todas las demás naciones que están conectados con esta actividad, pueden también ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo; y que Cristo los bendiga y los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes también el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Andrés Cruz Gallegos, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“¿QUIÉN ES EL HIJO DEL HOMBRE PARA ESTE DÍA?”

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