Conferencias

La educación desde el Huerto del Edén
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

Reproducir vídeo

La educación desde el Huerto del Edén

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones, ministros y colaboradores presentes, y también en otras naciones. Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Leemos una Escritura en Génesis, capítulo 2, verso 7 en adelante. Dice:

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.

Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.

El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;

y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.

El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.

Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.

Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.

Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.”

Para esta ocasión hablaremos sobre “LA EDUCACIÓN DESDE EL HUERTO DEL EDÉN.”

Podemos ver cómo Adán recibió una educación divina para vivir una vida agradable a Dios, en compañerismo con Dios. Dios lo visitaba todos los días, al aire del día, y tenía ese compañerismo; o sea, que Adán vino a ser amigo de Dios, y el compañerismo era muy bueno. Y de seguro todos los días, al hablar con él, le iba enseñando más cosas e iba obteniendo más conocimiento. Como los amigos hablan el uno con el otro o el profesor habla con los alumnos, así visitaba Dios a Adán y hablaba con él.

Le dio una compañera; de él mismo la sacó, de Adán mismo, y se la trajo y se la presentó a Adán. Cuando Adán despierta del sueño, de la anestesia… Vean, Dios vino a ser cirujano, anestesiólogo y formador de otra persona, en donde colocó el espíritu femenino que estaba en Adán, porque Adán era varón y varona, o sea, varón y mujer.

Eva estaba en Adán así como la Iglesia del Señor Jesucristo estaba en Jesucristo; y por eso ambos son una sola carne: Adán y Eva; y por eso la Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo son una sola carne; por eso se le llama a la Iglesia del Señor Jesucristo: el Cuerpo Místico de Cristo, es Cristo y Su Iglesia, una sola carne.

Ahora vean cómo Dios le dio la enseñanza para la paz y felicidad de Adán y su descendencia, y para mantener la vida, mantener la vida para siempre. Recuerden que Dios le dijo: “El día que comas de ese árbol, morirás.” ¿Y si no comía? Pues no moría. Y encontramos que luego Adán le comunicó esa enseñanza a Eva; pero vino otro individuo y le trajo una enseñanza contraria a la que Dios le dio a Adán y Adán le pasó a Eva.

Es importante la persona mantenerse en la enseñanza divina correcta que es dada para Su Iglesia, sin quitarle ni añadirle; y al Eva aceptar la enseñanza contraria, aunque ella había recibido primero la enseñanza correcta, al recibir la enseñanza contraria entonces se produjo el problema en el cual murió Adán y Eva; y así entró la muerte a la raza humana.

Dios le había dicho: “El día que comas, morirás,” y aparentemente no murió, pero sí murió. No murió físicamente, continuó viviendo por unos 830 años; y cualquiera puede decir: “El día que comió del árbol de la ciencia del bien y del mal continuó viviendo.” No continuó viviendo a la vida eterna; continuó viviendo a una vida terrenal, a una vida temporal, que se le acabó a los 830 años; y a Eva no sabemos a los cuántos años se le acabó.

Y esa fue la herencia que le dejó a su descendencia Adán y Eva: una vida temporal; pero nos da la oportunidad de hacer contacto con la vida eterna por medio del segundo Adán, para ser restaurados a la vida eterna; y aunque aparentemente la persona que recibe a Cristo, al recibir vida eterna aparentemente como que no recibió vida eterna porque a cierta cantidad de años muere la persona, pero ya en su alma tiene vida eterna: ya ha sido sellada con el Sello del Dios vivo, el Espíritu de Dios, para el Día de la Redención; para el Día de la Redención del cuerpo, que será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales y glorificados; serán restaurados a la vida eterna y física también; y los que estemos vivos en ese tiempo ya no veremos muerte, sino que al verlos a ellos resucitados en cuerpos glorificados y jóvenes, seremos transformados; y así es que ocurrirá la redención del cuerpo, que es la adopción como hijos e hijas de Dios con vida eterna, espiritual y física también. Para lo cual hay una enseñanza también, como hubo una enseñanza para Adán, para que pudiera mantener la vida eterna; pero hubo un problema allá que ya muchos de ustedes conocen.

Ahora, bajo el segundo Adán es que viene la descendencia de Dios, de hijos e hijas de Dios con vida eterna. Y todas esas personas que están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, si Adán y Eva no pecaban ya tendríamos aquí en la Tierra –en cuerpos eternos– unos seis mil años; pero aunque ocurrió ese problema, con todo y eso estamos aquí para hacer contacto con la vida eterna, con Cristo, por medio del segundo Adán, ser restaurados a la vida eterna y obtener la vida eterna para el alma, para el espíritu y para el cuerpo, para así en el Día Postrero los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos, y los que vivimos ser transformados.

Y Cristo dijo que Él los resucitará en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá, porque “un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” dice el Espíritu de Dios por medio de San Pedro, en Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90, verso 4.

Por eso es que Marta, cuando Cristo enseñó en el capítulo 6 acerca de los creyentes en Él, que Él los resucitará en el Día Postrero, cuando Lázaro murió, y llega Cristo en el capítulo 11 a resucitar a Lázaro…, pero Marta y María no lo sabían que era para eso, ellas pensaron que era para darles las condolencias; y Marta le dice: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Y Cristo le dice: “Tu hermano resucitará.” Ella enseguida le muestra que ella había entendido la enseñanza del tiempo para la resurrección, y ella le dice: “Yo sé (porque Él lo había enseñado), yo sé que él resucitará en el Día Postrero.” Pero ella lo que no sabía era que Lázaro era tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo, que va a ser resucitada en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Vean, ellos tenían el conocimiento de que la resurrección es para el Día Postrero. Lázaro, siendo un creyente en Cristo, y por consiguiente siendo un elegido de Dios perteneciente al Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia del Señor Jesucristo, cuando comenzara, naciera la Iglesia el Día de Pentecostés, no podía quedar sin ser resucitado, porque entonces Lázaro pertenecería a los santos del Antiguo Testamento, y Marta y María pertenecerían a los santos del Nuevo Testamento; y los creyentes en Cristo es para pertenecer a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Los santos del Antiguo Testamento creían en Cristo, en los tipos y figuras que representaban a Cristo: el cordero pascual, el macho cabrío de la expiación, el sábado, y así por el estilo; todo lo que representa a Cristo ellos lo creían; por lo tanto, estaban creyendo en Cristo en el tipo y figura; y si el tipo y figura obró en esa forma, ¡cuánto más la realidad!, que es Cristo nuestro Salvador.

La enseñanza, luego, para Israel como nación, encontramos que en el Monte Sinaí Dios le dio la Constitución a Israel, y la dio a Moisés en tablas de piedra: los diez mandamientos, para que él los diera al pueblo y estableciera así la Ley Divina; y la explicación o interpretación de esos diez mandamientos, los dio Dios también a Moisés en todas esas leyes y estatutos que le dio a Israel.

O sea que el único pueblo (como nación) que tiene una Constitución dada por Dios, es Israel; los demás pueblos tienen una Constitución dada por los parlamentarios; pero han sacado esas constituciones, cada país (la mayor parte de ellos), de la misma Biblia, de lo mismo que Dios le dio a Israel.

Ahora, encontramos que cuando una persona viola las leyes de su país está pecando contra las leyes de su país, y por consiguiente está pecando contra su país, porque el pecado es la violación de la ley del país; así también el pecado delante de Dios es la violación de la Ley o leyes divinas. Y así como hay un juicio, hay también leyes para juzgar a los violadores de la ley, y las sentencias también que corresponden a esos delitos; también lo es así en el Programa Divino.

Las leyes terrenales son tipo y figura de las leyes celestiales. Por eso cuando Dios da al pueblo hebreo la Ley y los mandamientos y estatutos, luego también dice (en Deuteronomio, capítulo 28, 29 y 30) las bendiciones y las maldiciones; o sea, los beneficios y bendiciones que vienen a los que guardan las leyes divinas; y las maldiciones que vienen, los juicios que vienen, a los que violan, que no obedecen las leyes divinas dadas para el pueblo.

En las bendiciones está todo lo que Dios tiene para los que son obedientes a la Voz de Dios. Esas bendiciones, Dios le dijo a Moisés que le dijera a Josué que cuando entraran a la tierra prometida se fueran al Monte Sinaí seis tribus para hablar esas leyes, esas bendiciones, en voz alta al pueblo; y el pueblo estaría en la parte baja, en el valle, escuchando. Y ahí toda la montaña, pues, llena de personas hablando y escuchando esas leyes.

Y luego las maldiciones serían habladas en el monte Ebal, y ahí el pueblo estaría en ese monte escuchando las maldiciones; porque Dios colocó delante del pueblo la bendición y la maldición, la vida y la muerte, y recomienda al pueblo que escoja ¿qué? La bendición, porque la bendición es la vida. Y toda persona quiere bendición, por lo tanto es necesario tener una enseñanza que nos muestre el Programa Divino para poder obtener esas bendiciones de Dios.

El que no hace caso a la enseñanza divina para el tiempo, edad y dispensación que le ha tocado vivir, y el Pacto Divino correspondiente a ese tiempo en que vive la persona, ¿recibirá qué? Las maldiciones. El que escucha la Voz de Dios ¿recibirá qué? Las bendiciones de Dios.

Cristo mandó a predicar el Evangelio a toda criatura, dando a conocer el Pacto, el Nuevo Pacto que Dios establece con el pueblo, con el ser humano, con el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Vean, una enseñanza divina para la paz de Adán y su familia allá en el Edén. Una enseñanza y Constitución fue allá, y una enseñanza y Constitución en el Monte Sinaí, para la paz y bendición y felicidad de Israel. Siempre sujeta la bendición a la obediencia: obediencia a la Palabra de Dios, al Programa de Dios para el tiempo en que el pueblo está viviendo.

Y luego en el Monte Calvario, allí tenemos a Cristo con Su muerte estableciendo el Nuevo Pacto que estaba prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, para la felicidad y la paz de todos los que reciben a Cristo como Salvador y se mantienen escuchando Su Voz, Su Palabra, en el tiempo que la persona le toca vivir, recordando que el que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino. Siempre hay que estar con la vista hacia adelante, hacia la meta de Dios.

Tenemos ahora a Adán y su familia, Israel como pueblo, como nación, y luego la Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo bajo un Nuevo Pacto de bendición para todos los creyentes en Cristo.

El pueblo del Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo, y la Sangre del Nuevo Pacto es la Sangre de Cristo; por eso el cristianismo no sacrifica animalitos para presentarlos ante de Dios, porque ya tenemos un sacrificio hecho, el cual es perfecto: el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, y ya Dios no acepta otro sacrificio. Un solo sacrificio; y ningún otro sacrificio es acepto delante de Dios.

Por lo tanto, es importante que estemos atentos a la Palabra del Señor para el Nuevo Pacto, para la Dispensación de la Gracia, y luego para la Dispensación del Reino; y estemos esperando la bendición de la Venida del Señor con los santos que partieron, los cuales resucitará en cuerpos eternos y glorificados, y a los que estamos vivos y permanezcamos vivos hasta ese momento, nos transformará.

Pero si alguno se va antes, no hay ningún problema: regresará, y jovencito; regresará joven, lleno de alegría y felicidad, y deseoso de ver a su familia, le aparecerá a su familia; y entonces su familia también será transformada; todos los creyentes en Cristo veremos a los santos que resucitarán en cuerpos eternos, y seremos transformados; y entonces todos jóvenes permaneceremos en la Tierra estrenando, digamos, el cuerpo nuevo; y no se sabe cuántas veces nos miraremos en el espejo y diremos: “Esto fue lo que Cristo prometió, y de lo cual los apóstoles nos hablaron y nos hablaron, nos predicaron en este tiempo final.”

Será un momento muy importante para los creyentes en Cristo, porque es el tiempo en que nos iremos con Cristo de fiesta, a la Cena de las Bodas del Cordero; luego la Tierra estará pasando…, durante el tiempo en que estemos de fiesta con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero, que serán tres años y medio, que son los mismos tres años y medio que para la Tierra corresponde a la gran tribulación, en la Tierra estarán sufriendo mucho los juicios divinos, las maldiciones; mientras tanto los creyentes en Cristo estarán disfrutando de las bendiciones en el Cielo.

Eso es lo que está prometido. Por eso Dios dice que: “He puesto delante de vosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición”; lo cual está sujeto a la obediencia de la Palabra de Dios, las bendiciones están sujetas a eso, y las maldiciones están sujetas a la desobediencia a la Palabra de Dios. Tan sencillo como eso. Porque la Palabra de Dios es Ley para los seres humanos, y la Ley es para obedecerla.

La bendición en el Monte de Sion, en la Iglesia, es grande. Y se predica educando el pueblo para que tenga las bendiciones de Dios en el tiempo, edad y dispensación que le toca vivir. Eso es educando en el Monte espiritual de Sion, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; eso es una educación para la paz y felicidad de los creyentes en Cristo.

Por eso fue que Cristo mandó a predicar el Evangelio a toda criatura, traer una educación para salvación y vida eterna; para así que la persona recibiera esa revelación de salvación y vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Por eso siempre que se predica el Evangelio de Cristo se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como Salvador, porque la fe de Cristo nace en el alma, en el corazón de la persona, cuando escucha la predicación del Evangelio de Cristo. “Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación,” porque “la fe viene por el oír la Palabra del Señor” para la edad y dispensación en que está viviendo. [Romanos 10:10, 10:17]

Por eso se le da la oportunidad a las personas que no han recibido a Cristo, para que lo reciban como Salvador, y puedan ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y entonces Dios los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en las personas; nazcan ya no como descendientes de Adán; ya como descendientes de Adán nacimos, y nos ha provisto una vida temporal y con muchos problemas, pero eso es lo que heredamos, y le damos gracias a Dios por ello, porque nos da la oportunidad de ahora hacer contacto con Cristo para que nos dé un nuevo nacimiento: nacer de nuevo.

Como le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios”; o sea, no lo puede entender ni lo puede ver, no puede saber qué es el Reino de Dios. Y Nicodemo pensó que era entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo: “¿Cómo puede hacerse esto?”; o sea que lo encontró muy complicado. Y si la madre de Nicodemo había muerto, podía pensar: “Esto está diciéndome algo muy imposible; por lo tanto nunca podré ver el Reino de Dios. ¿Cómo puede hacerse esto?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (o sea, del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.” Y le dice: “Lo que sabemos hablamos. ¿Tú siendo el maestro de Israel no sabes esto?”

O sea, que hay una forma de nacer a la vida eterna, porque el nacimiento que nos dieron nuestros padres terrenales fue a la vida temporal, a la vida mortal, pero que es buena también; y nos da la oportunidad de pasar a la vida eterna por medio del segundo Adán, que es Cristo, y ser, por consiguiente, descendientes del segundo Adán; y como descendientes del segundo Adán somos hijos e hijas de Dios con la promesa de todas las bendiciones del Cielo y de la Tierra.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado; sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y venga a ser, por medio del nuevo nacimiento, un ciudadano celestial, un hijo o hija de Dios por medio del Hijo de Dios, Jesucristo el segundo Adán; para lo cual pueden pasar al frente, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Hay dos cosas grandes en la vida: la vida terrenal que recibimos de nuestros padres, porque sin ella no hay nada para la persona; profesión (o lo que sea) no existe si la persona no tiene vida terrenal; pero más grande que la vida terrenal es la vida eterna, la cual recibimos por medio de Cristo nuestro Salvador. Estamos aquí en la Tierra para ser rociados con la Sangre de Cristo y ser restaurados al Reino de Dios con vida eterna y como descendientes de Dios.

Ser un hijo de Dios, eso significa ser un descendiente de Dios; y por medio de Cristo, que produce el nuevo nacimiento en la persona, se nace como un hijo de Dios en el Reino de Dios, y por consiguiente se nace en el Reino de Dios con vida eterna.

Lo más importante en la vida es ¿qué?, pues la vida eterna, porque la vida temporal, bien lo dice, es temporal, es por un tiempo; y tenemos que, por consiguiente, saber que si no tenemos vida eterna nuestra vida terrenal no tuvo el sentido que tenía que tener; solamente tuvo un sentido de trabajar, comer y dormir; ahí se quedó. Pero el propósito de nuestra vida en la Tierra es que recibamos por medio de Cristo la vida eterna; para lo cual tenemos que recibir al que tiene la exclusividad de la vida eterna, que es Jesucristo.

Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Ahora podemos ver que solamente hay una persona que nos puede dar la vida eterna, y es Cristo nuestro Salvador. Por ese propósito fue que Cristo murió en la Cruz del Calvario, para que nosotros podamos vivir eternamente.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti trayendo ante Ti todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor Jesucristo, haz en mí una realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ustedes me dirán: “Yo he creído en Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, y deseo ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, como Él lo ha ordenado. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cristo mismo fue bautizado por Juan el Bautista. Aunque Juan, el cual estaba bautizando en el Jordán, cuando llegó Cristo para que Juan lo bautizara, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales el Espíritu Santo vino en forma de paloma sobre Jesús; y esa fue la señal que Dios le dijo que cuando la viera venir sobre un hombre, Ése sería el Mesías.

Por lo tanto, si Jesús tuvo necesidad de ser bautizado por Juan, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en el Nombre del Señor, como lo ordenó el Señor Jesucristo! Recordando que el bautismo en agua es tipológico: cuando la persona recibe a Cristo, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, está tipológicamente siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo nuestro Salvador.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; ahí tenemos el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Es importante saber lo que significa el bautismo en agua en el Nombre del Señor; y luego Dios lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, conforme a como está prometido en la Escritura.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y así vengan a formar parte del Redil del Señor, el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Bien pueden ser bautizados. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al doctor Camilo Montoya Reyes, para que les indique qué hacer y cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz; y nos vemos mañana sábado, los ministros en la reunión de ministros; y en – de medio de abajo, en la congregación de Martín Franco.

También de mediodía abajo será… La reunión de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, en la tarde. En la mañana reunión de ministros y sus colaboradores; y en la tarde, como ya les dije, la reunión de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Y el domingo en la mañana la actividad grande, la actividad abierta para todo el público en general.

¿Cuántos saben dónde será la actividad del domingo? Ustedes saben más que yo, porque yo no sé; pero me llevarán allí y estaré con ustedes. La dirección ya el doctor Camilo Montoya se las dará, para que la apunten y sepan a dónde llegar el domingo en la mañana. Le puede dar luego la dirección también, para que sepan dónde será el domingo… Coliseo León XIII (¿qué más?), vía a Soacha… ya más o menos…

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA EDUCACIÓN DESDE EL HUERTO DEL EDÉN.”

Ir arriba