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El precursor y el precursado en el viejo y nuevo mundo
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El precursor y el precursado en el viejo y nuevo mundo

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

¡Feliz cumpleaños para Ruth Flórez de Bermúdez y también para el reverendo Joel Lara, de Bolivia! Que Dios les bendiga y les dé muchos años más de vida, y que permanezcan vivos hasta la venida y transformación de los creyentes en Cristo, y no tengan que morir, sino ser transformados. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín, al cual tendremos a través de un video, dándonos a conocer la Telebendición en pro del proyecto de construcción de la Gran Carpa-Catedral; para lo cual lo dejamos inmediatamente, y luego continuaré con ustedes.

[Presentación del video]

Muchas gracias, Miguel Bermúdez Marín, por tus palabras para todo el pueblo presente y para todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

Es una bendición grande trabajar en el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo, como trabajaron con Moisés para la construcción del tabernáculo, y como trabajaron con el rey Salomón para la construcción del templo allá en Jerusalén; porque ese era un proyecto divino para la presencia de Dios estar manifestada en ese lugar, en el lugar santísimo de ese templo que construirían.

Siempre se construye un templo para morada de Dios en Espíritu Santo, para Dios bendecir a Su pueblo.

Leemos en San Mateo, capítulo 3, versos 11 al 12, que dice… dice Juan el Bautista:

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL PRECURSOR Y EL PRECURSADO EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO.”

¿Y quién es Juan el Bautista, que habla estas palabras y dice: “Yo les bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí (después de mí), es más poderoso que yo; Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego”? [San Mateo 3:11]

Juan el Bautista era nada menos que el precursor de la Primera Venida de Cristo, conforme a Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, que dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Esa promesa de un mensajero preparándole el camino al Señor, es el precursor de la Primera Venida de Cristo.

Muchos, cuando lo vieron, no lo reconocieron. Pero no importa que lo reconozcan o no, ese era el precursor de la Primera Venida de Cristo, que vendría preparándole el camino al Señor, preparando un pueblo para que estuviera listo para recibir al Mesías en Su Venida.

Por eso es que Juan, siendo el precursor, se cumple en él las palabras de San Mateo, capítulo 3, donde dice… verso 1 en adelante:

“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea,

y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto…”

¿Por qué viene predicando en el desierto? Porque así fue que Dios dijo que vendría: uno predicando, clamando, en el desierto.

“…Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.”

Aquí podemos ver que vino en la forma en que la profecía de Isaías decía que aparecería el que le vendría preparando el camino al Señor.

Siempre, para la Venida del Señor, del Cielo Dios envía al Arcángel Gabriel, porque él tiene que ver con todo el Programa Divino y tiene acceso al Libro de la Verdad, conforme a como le habló al profeta Daniel, al cual le dijo: “Yo te mostraré lo que está escrito en el Libro de la Verdad.” [Daniel 10:21]

Cuando vemos a Gabriel viniendo, algo grande va a suceder en la Tierra. Cuando vino al sacerdote Zacarías y le dice que Zacarías a través de su esposa Elisabet va a tener un hijo, y le pondrán por nombre Juan, algo grande iba suceder: iba a nacer el precursor de la Primera Venida de Cristo. Seis meses después apareció a la virgen María en Nazaret.

Algo más grande iba suceder: iba a venir el Mesías Príncipe, por lo cual tenía que nacer también en la Tierra a través de una virgen descendiente del rey David, y por consiguiente de la tribu de Judá. Le da la noticia a la virgen María de que va a tener un niño “y le pondré por nombre Jesús; y Dios le dará el Trono de David Su Padre; y reinará sobre todo Israel para siempre.” [San Lucas 1:30-33]

Cuando aparece Gabriel, algo grande está por suceder.

La venida del precursor y la Venida del precursado era lo grande que iba a suceder. Y en la Venida del Mesías, el Mesías llevaría a cabo la Obra de Redención en la Cruz del Calvario para quitar el pecado.

Nadie puede quitar el pecado, excepto Jesucristo con Su Sangre; para lo cual tenía que ser el Sacrificio de Expiación por el pecado.

Las Escrituras se repiten, la historia se repite. Por eso el libro de Eclesiastés dice que lo que fue ayer, es hoy, y que Dios restaura lo que pasó. Es la repetición de eventos con nuevas personas que estarán viviendo en la Tierra. Eclesiastés, capítulo 3, verso 15 en adelante, dice:

“Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

O sea, que hay una repetición de eventos que ya sucedieron, vuelven a suceder, con gente nueva que ocuparán las posiciones de aquellos que los representaron en tiempos pasados. Y lo que ya sucedió es tipo y figura de lo que estará sucediendo en el presente de cada generación, de cada edad y de cada dispensación.

Por eso es que el mismo Jesucristo dice, hablando de la Segunda Venida de Cristo, de la Venida del Hijo del Hombre, dice que como fue en los días de Noé, así será la Venida del Hijo del Hombre; y como fue en los días de Lot, así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará. Capítulo 17 de San Lucas, y capítulo 24, versos 34 al 39, de San Mateo.

Ahí nos habla que como fue en aquellos tiempos de Noé, así será la Venida del Hijo del Hombre; como fue en los tiempos de Lot, cuando Dios también iba a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas; así también sería el tiempo en que el Hijo del Hombre vendrá. O sea, que la condición de la humanidad estará como estaba en los días de Lot —que eran los días de Abraham— y como estaba en los días de Noé.

En los días de Noé la Tierra estaba llena de violencia, como lo está en la actualidad; violencia que ustedes pueden ver a través de las noticias, de la televisión y a través de la prensa. Y también la condición en que estaba Sodoma y Gomorra, también estaría la generación en que el Hijo del Hombre se manifestará en este tiempo final. Y sabemos que así está la humanidad: el mundo está en paralelo al tiempo de Noé y al tiempo de Lot.

Para el tiempo de Noé, en donde Dios iba a destruir al ser humano, hubo un profeta dispensacional: Noé, con el Mensaje que daba a conocer el Programa Divino para aquel tiempo, lo que Dios haría en aquel tiempo, y cómo escapar de la muerte en aquel tiempo. Era un proyecto de construcción, la construcción del arca, que llamamos el arca de Noé; la cual fue hecha por diseño divino.

En los días de Lot hubo también un profeta dispensacional llamado Abraham, el cuarto profeta dispensacional. Noé fue el tercero. Abraham fue el cuarto profeta dispensacional.

Siempre que aparece un profeta dispensacional, también ha llegado el tiempo para el juicio sobre la raza humana.

Para los días de Moisés (un profeta dispensacional), también el juicio estaba marcado para Egipto, que tenía cautivo al pueblo hebreo. Para los días de Jesús, también Cristo habló los juicios divinos que vendrían sobre Israel, y luego sobre otras naciones.

Para este tiempo final, el juicio marcado en la profecía bíblica para el Día Postrero está enmarcado en el tiempo de la gran tribulación, en donde las plagas serán derramadas o manifestadas sobre la raza humana; las cuales aparecen en la Biblia señaladas para caer sobre la raza humana. Son los juicios divinos que vendrán sobre la humanidad, sobre los que han despreciado la oportunidad de redención a través de Cristo.

Para este tiempo final tenemos la promesa de la Venida del Hijo del Hombre como el relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente. (San Mateo, capítulo 24, verso 27).

Siendo que esa es una promesa mesiánica, la promesa de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, es una promesa paralela al tiempo de Noé, al tiempo de Abraham, al tiempo de Moisés y al tiempo de Jesús. Será paralela esta promesa a la Primera Venida de Cristo.

La Venida de Cristo es lo más grande, el evento más grande e importante que será manifestado, cumplido por Dios en medio de la familia humana. Es el evento más importante, del cual los profetas del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento, los apóstoles, han dado testimonio de que se cumplirá en el Día Postrero. Aun el mismo Jesucristo dio testimonio de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero. Por lo tanto, ese es el evento más importante para la familia humana.

Para los que estarán dormidos espiritualmente, será como ladrón en la noche; porque los que duermen, de noche duermen; y por consiguiente, para ellos será como ladrón en la noche, porque estarán ciegos espiritualmente y no lo podrán ver; pero para los creyentes en Cristo, que lo han estado esperando por dos mil años, no será como ladrón sino como el Novio de la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, es importante estar despiertos espiritualmente, viendo, conociendo las Escrituras que hablan de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, para que no se nos escape la bendición de recibirlo en Su Venida.

Así como Dios envió a Juan el Bautista como precursor de la Primera Venida de Cristo, y lo identificó con su Mensaje, Juan antes de verlo decía: “Entre vosotros está Uno el cual yo no conozco, Uno mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado.”

Y cuando lo bautizó, y vino el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma y permaneció sobre Él, dijo: “Este es del cual yo daba testimonio que después de mí vendría Uno mayor que yo. Este es el que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.” [San Juan 1:33-34]

En Malaquías, capítulo 3, habla de ese mensajero que le prepararía el camino al Señor. En Malaquías 4, versos 5 al 6, nos habla de un profeta precursor de la Segunda Venida de Cristo, que vendrá antes de la gran tribulación, antes que caigan los juicios divinos sobre la Tierra. Él vendrá antes que venga el día grande y terrible del Señor, de Jehová. (Malaquías, capítulo 4, versos 5 al 6).

Él vendrá a la Iglesia del Señor Jesucristo que está bajo el Nuevo Pacto, así como la Primera Venida de Cristo fue al pueblo hebreo, que estaba bajo el Pacto que le fue dado por Dios al pueblo hebreo a través de Moisés; pueblo que estaba bajo la Ley, la cual recibió en el Monte Sinaí.

La Segunda Venida de Cristo la está esperando el cristianismo, la Iglesia del Señor Jesucristo. Es para la Iglesia del Señor Jesucristo la Venida del Hijo del Hombre, para el Día Postrero. De eso da testimonio San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, cuando dice:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Aquí podemos ver claramente la promesa de la Segunda Venida de Cristo y el motivo por el cual Él vendrá: para transformar nuestros cuerpos mortales en cuerpos inmortales, eternos y glorificados, como Su propio cuerpo glorificado, y resucitar a los muertos creyentes en Cristo en cuerpos eternos y glorificados, como nos dice San Pablo también en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, y que será a la Final Trompeta: “Porque será tocada la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.”

Y también en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18, nos habla acerca de la resurrección de los muertos en Cristo y el arrebatamiento de los creyentes en Cristo, para encontrarnos con Cristo en las nubes, en el aire, para ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

O sea, que así como la Primera Venida de Cristo tenía un propósito de Redención, la Segunda Venida de Cristo tiene un propósito también de redención, para darnos la redención física, que es la adopción, la redención del cuerpo, para tener cuerpos inmortales y glorificados.

Ese es el propósito de la Segunda Venida de Cristo, para llevarnos con Él también a la Cena de las Bodas del Cordero, que durará tres años y medio en el Cielo, y después regresar con Cristo a la Tierra para el establecimiento del Reino Milenial de Cristo (que será por mil años ese Reino terrenal del Mesías).

Lo primero que aparecerá será un profeta precursor preparándole el camino al Señor en medio del cristianismo, un profeta precursor como Juan el Bautista; y que es mencionado como Elías, porque el ministerio de Elías estará en ese profeta precursor, siendo operado por el Espíritu Santo. Ese profeta fue el reverendo William Branham, y ya se fue, para los que lo quieran recibir; como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo. Y Juan decía: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.” [San Juan 3:30]

Y el reverendo William Branham dijo en el libro de “Los Sellos,” hablando del que vendrá después de él, en la página 474 del libro de “Los Sellos” y página 475, dice:

“Yo no sé quién será, ni qué va a suceder. ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?

Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando. Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre. No habrá dos aquí al mismo tiempo. Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré.”

Lo mismo que Juan dijo cuando habló de aquel que él estaba precursando, de aquel al cual le estaba preparando el camino.

Hemos tenido el precursor de la Segunda Venida de Cristo para el cristianismo, con el espíritu y virtud de Elías, precursando la Segunda Venida de Cristo con su Mensaje. El Mensaje del reverendo William Branham precursa la Segunda Venida de Cristo. Por lo cual, así como Juan con su Mensaje presentó a Jesús como el Mesías, al cual él le estaba preparando el camino; el Mensaje – el reverendo William Branham con su Mensaje, que le fue dado de parte de Dios, presenta con y en su Mensaje al Mesías Príncipe que ha de venir en el Día Postrero.

Su Mensaje precursa la Segunda Venida de Cristo, su Mensaje prepara al pueblo, le da a conocer al pueblo todo lo que hará el Mesías, le da a conocer al pueblo todo lo relacionado a la Segunda Venida de Cristo. Vendrá de acuerdo a como está escrito en la Biblia, y por consiguiente, a como está escrito en los mensajes que trajo el reverendo William Branham, que aunque son muchas conferencias es un solo Mensaje: el Mensaje que precursa la Segunda Venida de Cristo. Por lo tanto, los detalles de la Segunda de Venida de Cristo están ahí, en el Mensaje que precursa la Segunda Venida de Cristo.

Y así como el cumplimento de la Primera Venida de Cristo reconfirmó o confirmó que Juan el Bautista era el precursor del Mesías, la Segunda Venida de Cristo confirmará que el reverendo William Branham es el precursor de la Segunda Venida de Cristo; Venida que está esperando la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, así como Juan el Bautista fue la señal de que el Mesías estaría en medio del pueblo, vendría al pueblo en su tiempo, Juan el Bautista era la señal; y la aparición de Jesús confirmó que Juan era Su precursor, Su mensajero que le prepararía el camino conforme a Malaquías, capítulo 3. Por eso Jesús decía: “Si ustedes lo quieren recibir (a Juan), Juan es aquel Elías que había de venir.” [San Mateo 11:14]. Por lo tanto, la historia se está repitiendo en este tiempo final: ya vino Elías en su cuarta manifestación.

Después, para los judíos, vendrá Elías en su quinta manifestación acompañado con Moisés. O sea, que vendrá un profeta como Elías y un profeta como Moisés; profeta como Elías y profeta como Moisés. Son las promesas que tenemos para el Día Postrero, para darle la fe a los creyentes en Cristo para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que Él viene a y para Su Iglesia, para transformarlos, y a los muertos en Cristo resucitarlos, y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

El precursor fue Juan el Bautista, y así también para el Día Postrero lo es el reverendo William Branham; y el precursado fue Jesucristo en Su Primera Venida. Y para el Día Postrero el precursado será la Segunda Venida de Cristo, de lo cual el reverendo William Branham dijo: “Cómo vendrá y cuándo vendrá, no sabemos. Sí está bien que Él no lo dé a conocer.” [Párrafo 923 de “Citas”]

Es que si revelaba cuándo vendría y cómo vendría, los imitadores lo estarían imitando y estarían engañando al pueblo. Pero los escogidos no pueden ser engañados. Por lo tanto, Dios les dará la revelación, el conocimiento correcto, para estar listos para la Venida del Señor; pues los escogidos tienen el aceite del Espíritu Santo en ellos; y por consiguiente, tienen al que los guiaría a toda justicia y a toda verdad, y les daría a conocer las cosas que han de suceder.

Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos.

La Venida del Señor a Su Iglesia impactará al cristianismo completo, a las vírgenes prudentes y a las vírgenes insensatas también; e impactará al mundo entero, a todas las naciones; e impactará, por consiguiente, también al pueblo hebreo.

El reverendo William Branham dijo que vendría uno del Oeste en un caballo blanco, y dijo: “Recorreremos esta senda una vez más.” ¿De dónde entonces, la Iglesia estará esperando la Venida de ese jinete en un caballo blanco? Del Oeste.

La Primera Venida de Cristo fue en el Este, allí en el Oriente, en el Medio Oriente, en la tierra de Israel. Ellos lo estaban esperando pero no lo vieron, excepto algunas personas.

La Segunda Venida de Cristo será para la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente corresponde al Oeste. “Como el relámpago que sale del Oriente y se revela, se muestra (¿dónde?), en el Occidente. Así será la Venida del Hijo del Hombre, así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.” [San Mateo 24:27]. Tan sencillo como eso.

Es que la Iglesia del Señor Jesucristo, aunque es universal va pasando por diferentes etapas que se cumplen en diferentes naciones; y para el Día Postrero es el continente americano (que consta de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, y Suramérica), el continente que tendrá la promesa para la Segunda Venida de Cristo; y de ahí se extenderá esa bendición para todas las naciones. E Israel verá y dirá: “Esto es lo que nosotros estamos esperando.”

Lo verán, y Dios los despertará por medio de los ministerios de los Dos Olivos. Todo eso está envuelto en el secreto del Sexto Sello y Séptimo Sello; y sobre todo, el misterio del Séptimo Sello, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, que cuando fue abierto en el Cielo causó silencio como por media hora.

Los Truenos, que son la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo hablándole a Su Iglesia, contienen el secreto, la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo.

Por tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo va a estar escuchando la Voz de Cristo en forma consecutiva en este tiempo final, revelándole el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor; y dándoles así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que fueron los que recibieron a Cristo en Su Primera Venida los que recibieron al Espíritu Santo, y obtuvieron esa transformación interior.

Y así, los que ven, entienden, creen, en la Primera Venida de Cristo, son los que tienen la promesa de recibir el Espíritu Santo luego de estar bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y para el Día Postrero en adición, para la transformación de nuestros cuerpos, que es la redención del cuerpo, la adopción de los hijos e hijas de Dios, los que tendrán la revelación del Séptimo Sello, que vendrá por medio de la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte, hablándole a Su Iglesia con esa Voz de Siete Truenos, los cuales estarán escuchando esa Voz: estarán escuchando y recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y lo que fue precursado por el cuarto Elías —el reverendo William Branham—, se convertirá en una realidad para todos los creyentes en Cristo en el Día Postrero.

Recuerden que Él viene como ladrón en la noche, para los que están de noche, para los que están dormidos espiritualmente; pero para los escogidos, para los creyentes, viene revelándose a ellos; y ellos lo verán e irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

San Pablo dice: “Vosotros, no estáis en tinieblas, para que aquel día os coja, os tome en tinieblas como ladrón en la noche. Vosotros sois hijos del día, no de la noche; de la luz, no de las tinieblas.” Eso está en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 al 11.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo estarán velando por Su Venida; lo verán, lo reconocerán, y recibirán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Así nos iremos con Cristo para la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo.

Por lo tanto, estemos preparados para el evento más importante que se llevará a cabo en medio de la raza humana: la venida del precursado, pues ya vino el precursor; y con la venida del precursado será confirmado que el reverendo William Branham era el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

En el tiempo de Juan el Bautista, si no se cumplía la Primera Venida de Cristo entonces Juan no era el precursor de la Primera Venida de Cristo; pero se cumplió conforme a como Juan dijo que se haría. Y él lo identificó con su Mensaje, diciendo: “Éste es Él, este es aquel del cual yo dije que después de mí vendría Uno mayor que yo, el cual les bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.”

La confirmación de que Juan el Bautista era el precursor de la Venida del Mesías fue el cumplimiento de la Venida del Mesías. Y la confirmación, la vindicación, de que el reverendo William Branham es el precursor de la Segunda Venida de Cristo ¿será qué? Esa será la última evidencia, la evidencia final de que el reverendo William Branham es el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

¿Cuál será esa evidencia? Pues la Segunda Venida de Cristo viniendo a Su Iglesia, para llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, luego de resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos, transformarnos. Y entonces seremos como Jesucristo: estaremos glorificados, con cuerpos eternos, jóvenes, que representaran de 18 a 21 años de edad.

Esas son las promesas que hay para los creyentes en Cristo para la Segunda Venida de Cristo. Ese es el evento más importante para toda la humanidad, lo entiendan o no lo entiendan.

Luego de ese evento, del cumplimiento de ese evento, y arrebatamiento o rapto de los escogidos de la Iglesia, vendrá la fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; pero en la Tierra vendrá la gran tribulación. Los juicios divinos, las plagas, caerán sobre la raza humana. Y dice Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 al 19, que Dios destruirá a los que destruyen la Tierra. Y Apocalipsis, capítulo 6, verso 12 al 16, aparecen ahí los juicios divinos.

O sea, que lo que viene para la humanidad es una situación muy terrible, muy difícil, donde Cristo dice que allí será el lloro y el crujir de dientes, al ser echados en las tinieblas de afuera, en la gran tribulación.

Es que la Tierra va a ser preparada para el Reino del Mesías. Malaquías 4, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea los quemara, los abrasará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama (ni abuelos, ni hijos, ni nietos).”

O sea, que lo que viene es una situación como la del tiempo del diluvio y como la del tiempo de Sodoma y Gomorra, que cayó el juicio divino, fuego del Cielo, y los quemó a todos.

Y recuerden que los Ángeles, que son Gabriel y Miguel, cuando fueron donde Lot le dijeron: “Hemos venido para destruir esta ciudad.” [Génesis 19:14]

Esos Arcángeles con sus Ejércitos tienen una labor muy importante en medio de la familia humana, a través de la historia de la raza humana; tienen que ver con los cambios políticos del reino de los gentiles, y tienen que ver también con el pueblo hebreo y con la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, estemos preparados, sabiendo que así como vino el precursor Juan el Bautista para la Primera Venida de Cristo, y luego apareció Cristo el Mesías, ya vino para el tiempo final el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y por consiguiente, se cumplirá la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia. Por lo cual, estemos preparados, porque ese evento tan grande y maravilloso se hará una realidad a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Sin el cumplimiento de esa promesa no podemos salir de este planeta Tierra para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, también los hebreos tienen una promesa: que el Hijo del Hombre “enviará Sus Ángeles (que son los Dos Olivos: Moisés y Elías) con Gran Voz de Trompeta (o sea, un Mensaje de Gran Voz de Trompeta, que es el cumplimiento de la ‘Fiesta de Trompetas’ de Levítico, capítulo 23, verso 24), y llamará y juntará a Sus escogidos (que son ciento cuarenta y cuatro mil escogidos, doce mil de cada tribu, de los hijos de Israel).” [San Mateo 24:31]. Eso es una promesa para el pueblo hebreo.

La promesa para la Iglesia es la promesa de la Venida del Señor para la resurrección de los muertos en Cristo que vendrán con Él del Paraíso, para tomar cuerpos eternos, inmortales y glorificados aquí en la Tierra, y los que estén vivos ser transformados.

Estemos preparados, porque de un momento a otro algo grande va suceder; y lo estamos esperando. Yo lo estoy esperando. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también, que están aquí presentes y que están en otras naciones.

En los días de Jesús no eran muchos. Muchos estaban en contra de Jesús como habían estado en contra de Juan el Bautista; pero aquello era la promesa de Dios para aquel tiempo siendo cumplida. Así también está establecido que será en este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba, le perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Los que están en otros países también pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Y los niños también, de 10 años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos.

Los que están aquí presentes, si todavía no han recibido a Cristo o se habían descarriado, pueden pasar al frente para que estemos orando por usted para que Cristo les reciba en Su Reino.

Daremos unos minutos mientras pasan al frente en diferentes naciones, los que ha nacido la fe de Cristo en sus almas.

Recuerden que “la fe viene por el oír la Palabra del Señor,” y “con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” [Romanos 10:17, 10:10]

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí y en otras naciones.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Vengo a Ti, Padre, con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. En Tus manos los encomiendo. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, consciente de que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y  con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, aquí y en diferentes países, me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?, porque he creído en Cristo de todo corazón.”

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo. Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia.

Y en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Es tipológico: Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en la aguas bautismales, está siendo sepultado en términos espirituales, en tipología; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna, con Cristo en Su Reino eterno.

Aunque el bautismo en agua es tipológico, es un mandamiento de Cristo donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque estábamos con Él cuando murió, fue sepultado, y resucitó. Por eso estamos con Él sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús. Eternamente estábamos en Él.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, los que han recibido a Cristo como Salvador. Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL PRECURSOR Y EL PRECURSADO EN EL VIEJO Y NUEVO MUNDO.”

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