Conferencias

La victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

Reproducir vídeo

La victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones conectados con el satélite Amazonas o internet. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y nos bendiga grandemente, nos prospere grandemente, y nos use grandemente también en Su Obra. En el Nombre del Señor Jesucristo.

Y que nos abra las Escrituras y el entendimiento para entender Su Palabra, Su Programa correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, donde nos dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA VICTORIA POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”

El apóstol Pablo nos habla de esta victoria prometida para ser obtenida por todos los creyentes en Cristo en el Día Postrero, en donde los muertos creyentes en Cristo, que están en el Paraíso en cuerpos angelicales, recibirán la visita de Cristo al Paraíso cuando Cristo complete Su Obra de Intercesión en el Cielo, donde está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión con Su propia Sangre, hasta que complete Su Iglesia con todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Cuando Él complete Su Iglesia, entonces saldrá del lugar de intercesión, de Su Obra Intercesora como Sumo Sacerdote, y se convertirá en el León de la tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores; como lo muestra Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante. Lo cual ocurrirá muy pronto en el Cielo; y luego aquí en la Tierra tendrá sus efectos positivos para los creyentes en Cristo.

Dice Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.”

Este Libro es el Libro de la vida eterna, es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Título de Propiedad de toda la Creación, es el Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todos los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador; es el Libro donde está escrito mi nombre, ¿y el de quién más? De cada uno de ustedes también.

Es el Libro del cual habla la Escritura. Por ejemplo, en el capítulo 13 y el capítulo 17 de Apocalipsis, nos habla también de que hay personas que no están escritas en el Libro de la Vida del Cordero; por lo tanto, no pueden formar parte de la Iglesia del Señor, no son de las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé vida eterna. Por lo tanto, es un privilegio muy grande ser una de las personas que tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Es el Libro más importante del Cielo, y está escrito desde antes de la fundación del mundo.

Para que tengan el cuadro claro, les cité Apocalipsis, capítulo 13, y les dije que había personas que no tenían sus nombres escritos en ese Libro. Apocalipsis, capítulo 13, verso 8, dice que a la bestia la van a adorar los que no tienen sus nombres escritos en ese Libro. Dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

Por lo tanto, hay personas que tienen sus nombres escritos en ese Libro, y hay otras personas que no tienen sus nombres escritos en ese Libro.

Apocalipsis, capítulo 17, nos dice en el verso 8:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”

Ahora, podemos ver que hay personas que están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y hay otros que no están escritos.

Y también, por cuanto ese Libro tiene dos partes importantes, las cuales son: la parte donde están escritos los escogidos de Dios que no se pueden perder…; esos son los elegidos, los escogidos, los predestinados, de los cuales habla la Biblia; esos son aquellos de los cuales Cristo dijo: “No es la voluntad de mi Padre celestial que se pierda uno de estos pequeñitos.” [San Mateo 18:14]. Esos son los elegidos de Dios, los predestinados de Dios, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Esos son los que Adán y Eva tenían que traer al principio si no pecaban; pero perdieron la bendición al pecar. Esos son los hermanos de Cristo menores, porque Él es el Primogénito; y si Él es el Primogénito, va a tener más hermanos, que son los creyentes en Cristo. Esos son aquellos de los cuales dice la Escritura: “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.” Hebreos, capítulo 2.

La Escritura también nos dice que hay personas que serán borradas del Libro de la Vida; eso es de la sección que pueden ser borrados; no es la parte donde están los elegidos de Dios. ¿Ven? No hay contradicción en la Biblia, la Palabra de Dios.

Apocalipsis, capítulo 22, dice… verso 18 al 19:

“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.”

Aquí podemos ver que hay personas que están escritas en esa sección de donde pueden ser quitados sus nombres. Veamos en el capítulo 2 del Apocalipsis también, verso 14, vamos a ver lo que nos dice… Vamos a ver el verso 14, el verso 17 y el 19, a ver cuál es el que nos habla de estas cosas, pues hay un lugar donde dice… Capítulo 3, verso 5, dice:

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Aquí podemos ver que al vencedor que se mantendrá firme con Cristo, su nombre no será borrado del Libro de la Vida, aunque esté en la sección donde puede ser borrado; porque no todas las personas que reciben a Cristo como Salvador están escritos en la sección del Libro de la Vida del Cordero, pues esa sección es exclusivamente para los creyentes en Cristo que nacen de nuevo; pero hay millones de personas creyentes en Cristo que no nacen de nuevo: son creyentes profesantes, que tendrán también que pasar en el Día Postrero por la gran tribulación.

Y para entenderlo más claro, Cristo dijo que hay vírgenes prudentes y vírgenes insensatas. Las vírgenes prudentes son aquellas que tomaron aceite en sus lámparas; y las vírgenes insensatas son aquellas que no tomaron aceite en sus lámparas (el aceite representa al Espíritu Santo); personas creyentes en Cristo, que no recibieron el Espíritu Santo; quizás pensaron que con solamente recibir a Cristo como Salvador, e ir los domingos a la iglesia, y hacer algunas oraciones y algunas buenas obras, era suficiente.

Pero Cristo a Dijo a Nicodemo en el capítulo 3, versos 1 al 6 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Y Nicodemo era un líder religioso pero no había nacido de nuevo. Por lo tanto, en el cristianismo como en el judaísmo hay vírgenes prudentes y vírgenes insensatas.

Las vírgenes prudentes están escritas en la sección del Libro de la Vida del Cordero; y las vírgenes insensatas en la sección del Libro de la Vida, pero que no es el lugar o sección donde están los elegidos de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo. Pero están ahí en el Libro de la Vida.

Es como la Biblia, que tiene el Nuevo Testamento (Nuevo Pacto), y Antiguo Testamento. Los judíos estaban bajo el Antiguo Pacto y los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto.

Cristo fue el que le dio el Pacto a Moisés para el pueblo hebreo, porque Cristo es el Ángel del Pacto. Y luego, cuando vino en carne humana, en la última Cena con Sus discípulos, dijo, al tomar el pan y partirlo, dio a Sus discípulos diciendo: “Comed de él todos; porque esto es mi cuerpo…”; o sea, que tipificó Su cuerpo físico que sería crucificado, lo tipificó en el pan. Y tomando la copa de vino, y dando gracias al Padre, la dio a Sus discípulos y les dijo: “Tomad de ella todos; porque esto es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por vosotros o por muchos es derramada para remisión de los pecados.” [San Mateo 26:26-28]

Aquí Él está hablando de un Nuevo Pacto, porque Cristo es el Ángel del Pacto; y vino en carne humana para establecer el Nuevo Pacto, del cual Dios habló en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, donde dijo que haría con la casa de Israel y con la casa de Jacob un Nuevo Pacto, con la casa de Judá y con la casa de Israel un Nuevo Pacto. Y el Nuevo Pacto lo estableció Cristo, que es el Ángel del Pacto; y la Sangre de Cristo es la Sangre del Nuevo Pacto.

Ya el Pacto Antiguo cesó, y comenzó desde la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario todo el Programa del Nuevo Pacto; y comenzaron a entrar al Nuevo Pacto, el Día de Pentecostés, miles de personas. Y ese es el Pacto en donde Cristo llama a Sus ovejas, las juntas, y les da vida eterna.

El Redil es la Iglesia, el Buen Pastor es Cristo, y las ovejas, ¿quiénes son? Todos nosotros creyentes en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Estar bajo el Nuevo Pacto es estar en el Redil del Señor, estar en el Reino de Cristo con vida eterna, siendo alimentados con la Palabra de Dios, y en la Santa Cena conmemorando la muerte de Cristo: al tomar el pan en la Santa Cena, tipo del cuerpo de Cristo, y tomar el vino, tipo de la Sangre de Cristo que nos limpia de todo pecado.

Solamente los que han entrado al Nuevo Pacto están cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre del Pacto Eterno, como dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21. Para lo cual vamos a leer ese pasaje, para que lo tengan claro y sepan que la Sangre del Nuevo Pacto es la Sangre de Cristo. Dice:

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno.”

La Sangre del Pacto Eterno, ¿cuál es? La Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario, la cual nos limpió de todo pecado y nos continúa manteniendo limpios de todo pecado. Porque cuando el cristiano comete algún error, falta o pecado, afligido ante Dios pide perdón a Cristo, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado; para eso es la Sangre de Cristo, para limpiar de todo pecado a la persona.

Y por eso es que se lleva a cabo el Lavatorio de pies como Él lo enseñó también en la última Cena, porque en el Lavatorio de pies recordamos que Él nos mantiene limpios de todo pecado con Su Sangre preciosa.

Por eso cuando va a lavar los pies de Sus discípulos, San Pedro dice: “Tú, jamás me lavarás los pies a mí.” [San Juan 13:8]. Es que el que lavaba los pies siempre era un siervo que tenían las personas para lavar los pies a los visitantes; un acto de honor y de bienvenida para los visitantes, de parte del dueño de la casa de familia. Y Cristo bajó a ese nivel tan bajo para lavar los pies de las demás personas.

Recuerden que en aquel tiempo usaban sandalias y no tenían carreteras como hoy en día, ni aceras de concreto como hoy en día; lo que tenían eran caminos polvorientos, y por ahí transitaban las personas, pero también los animales; así que no estaban muy limpios los caminos. Y cuando llegaban a una casa: a lavarse los pies. De parte del dueño de la casa de la familia les tenían una persona, un empleado que lavaba los pies a las personas visitantes.

Y Cristo descendió a esa posición. Por eso Pedro dice: “Tú jamás me vas a lavar los pies a mí,” porque San Pedro sabía quién era Jesús, él sabía que Jesucristo era el Hijo de Dios. Pero Cristo le dice: “Si no te lavares, no tendrás parte conmigo.” —“Entonces, Señor, hasta la cabeza. Todo mi cuerpo, la cabeza también.”

Es que cuando se trata de tener parte con Cristo en Su Reino para vivir eternamente, hay que hacer como Cristo ha ordenado en Su Palabra. No es asunto de la persona decir: “Yo sirvo a Cristo y creo en Cristo a mi manera.” No es a la manera de la persona, es a la manera de Cristo, a la manera de Dios; y está aquí en la Palabra cómo servir a Cristo.

Por lo tanto, en el Lavatorio de pies recordamos que Cristo nos limpia de todo pecado que se nos pega en la trayectoria de nuestra caminata en esta vida terrenal, luego de haber recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Por esa causa, el creyente en Cristo no se puede desanimar en su vida porque haya tenido algún problema en su vida. Vaya a Cristo con sinceridad, pida perdón a Cristo y pida que Cristo con Su Sangre lo limpie de todo pecado; como lavó los pies de Sus discípulos, lo lave a usted, lo limpie a usted con Su Sangre preciosa. Y siga adelante la vida cristiana. Nunca se aparte de Cristo; el que se aparta de Cristo es el que pierde.

Los elegidos de Dios se mantendrán agarrados de Cristo toda su vida; no importa que tengan o no tengan problemas; porque ¿quién no tiene, o quién no ha tenido problemas en la vida? Todos hemos tenido problemas, o grandes o pequeños, unos más y otros menos, pero lo importante es heredar la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; ahí no habrá problemas.

Algunas personas dicen: “Yo quiero que mis problemas se acaben.” La solución es Cristo. No hay otra solución.

Por lo tanto, es importante saber estas cosas para siempre estar con Cristo en Su Programa Divino para el tiempo en que vivimos.

Hay grandes promesas de parte de Cristo para todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y Yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Vean ustedes, recibir a Cristo como Salvador es asunto de vida eterna. Él también dijo: “También yo tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18.

La Voz de Cristo es Su Palabra, el Evangelio de Cristo; y la fe nace por el oír la predicación del Evangelio de Cristo, oír la Palabra de Cristo. Y Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su pueblo, en medio de Su Iglesia, y está llamando y juntando a todos Sus escogidos a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo, de alrededor de dos mil años hasta el momento, desde el Día de Pentecostés hacia acá.

Él dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor.” El Rebaño es la Iglesia, el Pastor es Cristo, y las ovejas somos nosotros.

“La fe viene por el oír, por el oír la Voz de Cristo,” el Evangelio de Cristo; nace la fe de Cristo en el alma, “porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” [Romanos 10:17, 10:10] Por eso es que luego de la predicación del Evangelio de Cristo, se le da la oportunidad a las personas que han escuchado y no habían recibido a Cristo como Salvador, que lo reciban como su único y suficiente Salvador, porque con la boca se confiesa para salvación.

Cristo en una ocasión dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre y de Sus ángeles; y el que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre.” [San Mateo 10:32-33].

Negar a Cristo es la cosa más triste para el alma de una persona. Cristo es el Salvador del mundo. Estamos vivos porque Cristo murió en la Cruz del Calvario; porque aquel día era el día para toda la humanidad morir por el pecado, pero Cristo tomó nuestros pecados y murió por nuestros pecados, se hizo mortal al tomar nuestros pecados. Si no tomaba nuestros pecados, no moría, pero la humanidad sí moría en ese tiempo; y algunas personas no saben eso; pero gracias a Cristo que murió por nosotros.

Por eso Cristo cuando estaba en la Cruz, dijo, hablando de los judíos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” [San Lucas 23:34]

Estaba en el propósito Divino la Venida de Cristo, Su ministerio, Su muerte, Su sepultura, Su resurrección, Su ascensión al Cielo, y el sentarse en el Trono de Dios en el Cielo, y recibir así todo el poder del Cielo y de la Tierra. Todo estaba en el Programa Divino.

Si Cristo no moría, estaría vivo todavía, caminando por la Tierra, pero sin encontrar a una persona con la cual hablar. Pero murió, fue sepultado, resucitó, y está tan joven como cuando subió al Cielo, con un cuerpo glorificado, inmortal. Resucitó para nunca más morir.

Y esa clase de cuerpo es la que todos deseamos y necesitamos tener para vivir eternamente físicamente; y eso es de lo que nos habla San Pablo en la lectura que tuvimos al principio, que a la final trompeta: “porque será tocada la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y nosotros los que vivimos seremos transformados.”

Los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos nuevos, eternos, cuerpos glorificados y jóvenes, que representarán de 18 a 21 años de edad, cuerpos iguales al cuerpo de Jesucristo. Y los que vivimos y continuemos viviendo y estemos vivos en ese momento, creyentes en Cristo, seremos transformados; los veremos resucitados y seremos transformados.

Y estaremos unos 30 a 40 días aquí en la Tierra, como Cristo estuvo después de resucitado unos 40 días con Sus discípulos, apareciéndoles en diferentes ocasiones; digamos, todos los domingos, les aparecía.

Y por eso es que el cristianismo, por cuanto Cristo resucitó domingo y después le apareció también domingo, cada domingo a los discípulos, le apareció el primer domingo, el de la Resurrección, el segundo domingo también dice la Biblia que apareció…, y ya no es necesario que diga el tercero y cuarto y quinto y sexto y séptimo.

Y por eso los cristianos desde aquellos tiempos se reúnen los domingos en honor, honrando la Resurrección de Cristo en el día que Él resucitó. Por eso el cristianismo acostumbra a reunirse los domingos para adorar a Cristo, cantarle a Cristo y oír la Voz de Cristo a través de la predicación del Evangelio; y Cristo estar en medio de Su pueblo en Espíritu Santo derramando Sus bendiciones sobre todos los creyentes en Él; y abriéndole las Escrituras y el entendimiento para entender Su Programa de Salvación y vida eterna bajo el Nuevo Pacto.

Cristo es la persona más importante de esta Tierra, y de los Cielos también. De los Cielos de los Cielos. Eso nos habla de las dimensiones de las dimensiones. Porque el sexto lugar o sexta dimensión es la dimensión donde están los que murieron creyentes en Cristo, están allí en cuerpos angelicales; y más arriba, la séptima dimensión, es la dimensión donde mora Dios.

Pero de eso estaremos viendo cuando estemos transformados. Se abrirán esas dimensiones y veremos a los ángeles, veremos todas esas dimensiones.

Y cuando nos vayamos con Cristo, iremos a la dimensión de Dios, a la Casa del Padre celestial, para la Cena de las Bodas del Cordero: la fiesta más grande que se habrá llevado a cabo en el Cielo; y está esperando por nosotros, está esperando que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, para Cristo concluir Su labor de Intercesor en el Lugar Santísimo en el Cielo, y salir como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para tomar el Libro de la diestra del que está sentado en el Cielo, en el Trono, abrirlo en el Cielo, y hacer Su Obra de Reclamo, y traerlo a la Tierra a Su Iglesia.

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono (capítulo 5 de Apocalipsis) un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.”

Juan lloraba mucho porque no se encontraba una persona digna de tomar ese Libro y abrirlo; y allí estaban los ángeles, los arcángeles, los querubines, también estaban los patriarcas; allí estaba el Padre de la Fe: Abraham; allí estaban también Isaac, Jacob, los patriarcas hijos de Jacob; allí estaban también los apóstoles, que son los ancianos…, los veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jacob y los doce apóstoles de Jesús.

Y nadie en el Cielo era digno de tomar ese Libro y abrirlo. No podían ser ángeles los que hicieran esa labor de tomarlo y abrirlo; tenía que ser una persona, un ser humano, un hombre que viviera allí en el Cielo; para lo cual tenía que estar allí. Pero Juan estaba llorando mucho porque si no aparecía alguien digno de tomar el Libro y de abrirlo en el Cielo: todo volvería como era antes de la Creación, todo desaparecería.

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

Y ahora, él dice que no llore. Le dice: “He aquí el León de la tribu de Judá.” Cuando le dice “el León,” no está hablándole de un animal, está hablando de una persona que es el León de la tribu de Judá, le está hablando de Jesucristo.

“Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.”

Ese es Cristo, al cual Juan conocía como el Cordero de Dios; pero el anciano* lo presentó como el León de la tribu de Judá, porque había cambiado de Sumo Sacerdote a Rey, de Cordero a León; y eso lo entendía el anciano.

Juan no comprendía todavía, porque Juan conocía a Jesús como el Cordero de Dios; como se lo presentó también Juan el Bautista al pueblo cuando señaló a Jesús diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29]. Así Juan el apóstol conocía a Jesús.

Y cuando Juan ve este Cordero, se puso muy feliz, y todos en el Cielo se pusieron muy felices, porque apareció un pariente del ser humano en el Cielo, digno de tomar ese Libro, el Libro de la Vida del Cordero, el Libro o Título de Propiedad de la Creación. Y ahora, mire lo que pasó en el Cielo:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Ahora, vean quien es ese Cordero que Juan vio: Es Jesucristo, el cual nos limpió con Su Sangre, de todo pecado. Hubo en el Cielo gran regocijo.

Y vean, “y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.” Por eso al poder político del Reino de Dios, del Reino de Cristo, pertenecen todos los creyentes en Cristo; y al poder religioso, como Sumo Sacerdote Cristo, los creyentes en Cristo son sacerdotes de ese ministerio sacerdotal, de ese Orden Sacerdotal de Melquisedec.

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén.”

¿Y nosotros que decimos? ¡Amén! ¡Él es la persona correcta para tomar el poder y la gloria y la honra, tomar el Reino y gobernar sobre el planeta Tierra también!

Eso es lo que sucederá en el Cielo cuando Cristo complete Su Iglesia, cuando Cristo complete Su labor como Sumo Sacerdote en el Cielo, haciendo intercesión, y el Espíritu Santo en medio de Su Iglesia llamando y juntando a Sus escogidos, Sus elegidos. Y entonces vendrá. Vendrá como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 6 en adelante, encontramos a Cristo abriendo ese Libro sellado, abriéndolo en el Cielo; y luego en Apocalipsis, capítulo 10, lo encontramos descendiendo del Cielo envuelto en una nube de gloria, con el arco iris alrededor de Su cabeza, y con el Librito abierto en Su mano (ya no está cerrado sino abierto), y trayéndolo a la Tierra: poniendo un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra; y clamando como cuando ruge un león. Porque es como León la Segunda Venida de Cristo, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; porque viene a reclamar todo lo que Él con Su Sangre preciosa ha limpiado.

Él viene a reclamar a todos los que Él ha redimido; por eso resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados; y a los que estén vivos, creyentes en Él, los transformará. Y entonces todos los creyentes en Cristo de los tiempos pasados y de nuestro tiempo, estarán en la flor de la juventud: con cuerpos que representarán de 18 a 21 años de edad; y serán iguales a Jesucristo, con cuerpos glorificados. Jesucristo es uno de nuestros hermanos, nuestro hermano mayor, el Primogénito de todos los hijos e hijas de Dios.

Por eso tenemos que estar vigilando, porque estamos en el tiempo final, en donde estas cosas tienen que cumplirse; para lo cual tenemos que estar preparados dentro del Reino de Cristo, dentro del Redil del Señor, lavados con la Sangre de Cristo, redimidos, reconciliados con Dios por medio de Cristo, el cual nos da la victoria en todo momento. Y nos dará la grande victoria del amor divino, que será la resurrección de los creyentes que murieron, en cuerpos glorificados los resucitará, y la transformación de los que vivimos. Esa es la victoria en contra de la muerte física; porque Cristo destruirá a la muerte al darnos la glorificación.

Así como Cristo fue glorificado y tiene un cuerpo glorificado, los creyentes en Cristo van a ser glorificados también.

Es importante saber para qué será la Venida del Señor en el Día Postrero. Es importante entender estas cosas para saber lo que estamos esperando en Su Venida.

Algunos se preguntan: “¿Qué hará Cristo cuando venga?” Vamos a ver. En Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice San Pablo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Ahora, aquí hemos visto para qué viene el Señor. Y nos dice que nuestra ciudadanía está, ¿dónde? En los Cielos, porque el nuevo nacimiento no es terrenal sino celestial. Aunque tenemos ciudadanía terrenal, pero tenemos también la ciudadanía celestial al ser creyentes en Cristo nacidos de nuevo; porque el nuevo nacimiento es del Cielo.

“…de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo (¿Para qué?);

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

Nos transformará. Y entonces tendremos el cuerpo que Dios desde antes de la fundación del mundo escogió, diseñó, determinó para cada uno de nosotros: un cuerpo eterno, un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Y así seremos eternos físicamente también. Lo cual estamos esperando… con paciencia; porque de nada nos sirve ser impacientes. Eso está prometido y Él lo va a cumplir. Lo importante es estar con nuestras vidas arregladas delante de Dios, estar fieles a Cristo, sirviéndole con toda nuestra alma, amándole con toda nuestra alma y caminando en Su Programa; y dando a conocer el Evangelio de Cristo, porque toda persona tiene la responsabilidad de dar las buenas nuevas a las demás personas, las buenas nuevas de salvación y vida eterna.

Toda persona quiere vivir eternamente, y toda persona desea estar joven eternamente. Por eso se venden los productos de belleza: para ayudar en algo, en lo que llega un cuerpo joven, un cuerpo eterno. Pero los creyentes no necesitan eso, porque no importa que se vean jóvenes o mayorcitos; lo importante es estar bien delante de Dios. Y cuando Él nos transforme entonces tendremos el cuerpo eterno.

No criticamos a quienes usan cualquier producto. Ya eso es un asunto de la persona. Sabemos que por más producto que usemos no obtendremos la juventud. El secreto lo tiene Cristo en Su Venida, para transformarnos y ser todos iguales a Jesucristo, en cuerpos glorificados. Es el Programa de Cristo para Su Venida, para llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y que no hay vuelo aéreo para allá; no hay que ir al aeropuerto porque no hay vuelos que lleven a la séptima dimensión, la dimensión de Dios, a las personas; solamente Cristo es el que nos llevará. Y miren cómo fue llevado Elías el profeta: en un carro de fuego. Será en carros de fuego el rapto. Cuando Cristo fue arrebatado o raptado, una nube le cubrió, le escondió de las demás personas que estaban viendo cuando Él subía.

Los carros de fuego, hoy llamados ovnis o platillos voladores, tendrán una parte muy importante en el Proyecto o Programa de Cristo, del rapto o arrebatamiento; aunque el cuerpo glorificado no tiene necesidad de un automóvil o de un avión para moverse de un sitio a otro.

Vean el caso de Cristo, que ya resucitado entraba donde estaban los discípulos con puertas cerradas (por miedo a los judíos); y Cristo les aparecía a ellos. Y ellos pensaban que era un espíritu. Cristo les dijo: “¿Tienen algo de comer?” y comió delante de ellos. Es que ellos pensaban que era un espíritu. Y por eso Él les dijo: “El espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo.” Eso nos da a conocer cómo es un cuerpo espiritual, un cuerpo angelical: no tiene carne y hueso como nosotros tenemos; pero el cuerpo glorificado es tangible, y por consiguiente es diferente al cuerpo angelical.

Pero no se preocupen, cuando lo tengan se examinan bien y se miran al espejo y verán cómo es ese cuerpo… que Él me dará a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Y esa será la gran victoria en el amor divino, para todos los creyentes en Cristo; esa es la gran victoria del amor divino por medio de Cristo nuestro Salvador, el cual pronto hará esa parte del Programa Divino.

Para que vean otra parte aquí… de Romanos, capítulo 8, verso 21 en adelante, dice:

“…Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La adopción de la cual habla la Biblia es la redención de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo será redimido de lo mortal a lo inmortal, de lo temporal a lo eterno, de vida pasajera a vida eterna por Cristo, y para vivir con Cristo en Su Reino eternamente.

Ese será el Reino que será establecido en la Tierra: el Reino de Cristo; y gobernará sobre el planeta Tierra por el Milenio y luego por toda la eternidad. Y yo estaré ahí en ese Reino. ¿Y quién más? Pues cada uno de ustedes también, porque es para todos ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no tiene esa esperanza, porque no ha recibido a Cristo como Salvador: lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado; sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así entre al Reino de Dios. Para lo cual puede pasar al frente, y estaremos orando por usted.

No podemos perder la bendición de la vida eterna, no podemos perder la bendición de la salvación y vida eterna que Cristo ha ganado para todos nosotros. Es un asunto de vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” [San Juan 14:6]. La única forma del ser humano acercarse a Dios, venir a la presencia de Dios, es por medio de Jesucristo nuestro Salvador; por eso Él es el Sumo Sacerdote, el Intercesor entre Dios y el ser humano. Él es el Mediador.

Dios tiene mucho pueblo en la hermosa ciudad de Bogotá y en toda la bella Colombia, y los está llamando en este tiempo final. Y el Reino de Dios, el Reino de Cristo, se está llenando de colombianos, a los cuales Cristo les da la ciudadanía celestial.

Él le ha estado dando la ciudadanía celestial a millones de seres humanos, a través de dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá; alrededor de dos mil años de oportunidad para recibir la ciudadanía celestial, toda persona que escucha el Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, y da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Esos son los trámites para la ciudadanía celestial. Vean, tan sencillo. Son más sencillos que los trámites para ser ciudadano de cualquier otro país.

Por lo tanto, todos queremos vivir eternamente en el Reino de Cristo; ese es el Reino que permanecerá por toda la eternidad.

Los reinos de este mundo pasarán. Dice que van a pasar a ser de Cristo. Tenemos que asegurar, entonces, nuestro lugar en el Reino de Cristo, en el Reino eterno de Cristo. ¿Con quién lo vamos a asegurar? Con Cristo.

Apocalipsis 11, versos 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo…”

¿Ven? Los reinos del planeta Tierra completo van a ser de nuestro amado Señor Jesucristo; porque Él es Príncipe de Paz, Él es el Rey de Justicia, Él es el Rey venidero del planeta Tierra. Como Hijo del Hombre, Él es el Heredero del planeta Tierra completo y todos los reinos pertenecerán a Cristo y Su Reino.

“…los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos (eternamente).

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

Eso es lo que va a suceder luego que Cristo complete Su Iglesia, tome el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, y lo abra en el Cielo; y venga a la Tierra para hacer Su Obra de Reclamo, venga con el Librito abierto en Su mano, con el Título de Propiedad abierto, para traerlo a Su Iglesia.

En los diferentes países que están conectados con esta transmisión, pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo, los que todavía no lo habían recibido como Salvador; para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, y con Su Sangre les limpie de todo pecado; y sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]. Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también; por lo tanto, los niños de 10 años en adelante pueden venir a los Pies de Cristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como como mi único y suficiente Salvador, creyendo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos; y creyendo y dando testimonio de Tu muerte en la Cruz del Calvario, como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora me preguntarán: “¿Cuándo puedo ser bautizado? ¿Cuándo me pueden bautizar? Pues Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Ustedes me dirán: “Yo escuché el Evangelio de Cristo siendo predicado, nació la fe de Cristo en mi alma, he creído en Cristo, y estoy dando testimonio de mi fe en Cristo al recibirle como mi único y suficiente Salvador; y ahora deseo ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados. El bautismo es tipológico, simbólico. La persona cuando recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Cuando la persona es bautizada en el Nombre del Señor, está identificándose con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ahí tenemos el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor, porque estamos identificándonos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por eso Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Cuando Juan el Bautista estaba predicando y bautizando, las personas que venían arrepentidas en el Jordán (bautizando), apareció Jesús para ser bautizado también; y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan el Bautista, para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados, conforme a la orden del Señor Jesucristo! La cual, desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo, ha estado siendo cumplida por todos los que lo han recibido como Salvador, los cuales han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Y ahora les ha tocado a ustedes la oportunidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro, al reverendo Alejandro Sarria, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua, los que han recibido a Cristo como Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

“LA VICTORIA POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.”

Ir arriba