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El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán
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El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán

Muy buenas noches, amables y amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma, nuestro corazón, nos abra las Escrituras y el entendimiento para entender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor del libro más importante de todos los libros: la Biblia, la Palabra de Dios. Para lo cual leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 27…, y luego del verso 29 en adelante. Dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Y luego, del 21 en adelante dice…. del 29 en adelante, verso 29 en adelante, dice:

“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

El verso 42 dice:

“Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN,” dijo Jesús. Entonces las palabras de Jesús son: LAS PALABRAS QUE NO PASAN. O sea, LAS PALABRAS QUE TIENEN QUE SER CUMPLIDAS.

No pasan como pasan las palabras de muchas personas que hablaron algo y no sucedió. Lo que Cristo habló, tiene su cumplimiento; cada cosa en el tiempo correspondiente para su cumplimiento.

En este pasaje que leímos nos está hablando de la Venida del Hijo del Hombre, el cual o lo cual es el secreto más grande de todos los secretos, no solamente de la Tierra y de los seres humanos, sino del Cielo también. A tal grado que Cristo dice que ni los ángeles saben, no saben el día y la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.

La Venida del Hijo del Hombre es la Segunda Venida de Cristo, es el misterio contenido en el Séptimo Sello, de Apocalipsis, capítulo 8; el cual, cuando se abrió, hubo silencio en el Cielo como por media hora. Los ángeles no sabían, no conocían ese misterio de cuándo sería Su Venida y de cómo sería Su Venida, hasta que fue abierto el Séptimo Sello en el Cielo.

Por lo tanto, el misterio de la Segunda Venida de Cristo es más grande que el misterio de Su Primera Venida; porque para el misterio de Su Primera Venida fue dicho que la virgen concebiría y daría a luz un niño; una virgen descendiente del rey David sería la agraciada con esa bendición tan grande, sería la mujer bienaventurada, la mujer más bienaventurada de todas las mujeres; porque tendría un hijo sin la unión con un hombre, sería por creación Divina; y para hacer más grande la bienaventuranza, sería el Mesías, el Hijo de Dios, el niño que nacería a través de ella.

Por eso cuando María visitó (ya estando embarazada) a su parienta Elisabet, que ya tenía 6 meses o más, de estar embarazada (la que llamaban estéril); cuando la visitó, una de las cosas que dijo fue: “Ahora me llamarán bienaventurada todas las naciones,” todos los seres humanos, porque sería la primera mujer que tendría un niño por creación Divina, y que ese niño sería el Mesías, el Rey de Israel; según la carne: descendiente del rey David, y por causa de eso tendría el derecho al Trono.

Por eso le llamaban Hijo de David. Y decían los judíos que estaban ciegos o enfermos, decían: “Hijo de David, ten misericordia de mí.” Él para los judíos es el Hijo de David, el Heredero al Trono de David. Para los gentiles no podía ser llamado Hijo de David, sino Señor. Por eso cuando una mujer sirofenicia vino a Jesús y le habla como Hijo de David, Él no le hace caso, pero cuando le dice: “Señor,” entonces sí la atendió.

Y ahora, tenemos también la profecía de Miqueas, capítulo 5, que nos dice que sería de Belén de Judea. Por eso los reyes magos cuando fueron a Jerusalén, porque habían visto una estrella, la cual ellos sabían que era la Estrella del Mesías; y dijeron: “¿Dónde está el dey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente.” [San Mateo 2:2]

Ellos vivían por el Oriente, allá por el área de Ur de los caldeos, por Babilonia, y allá ellos habían visto la estrella; y habían venido del Oriente al Occidente, porque Israel estaba al occidente de Ur de los Caldeos, y de Babilonia, y de Irak y de Irán.

Llegan a Jerusalén y no encuentran al niño que están buscando, al Mesías, al Rey de los judíos; porque no era en Jerusalén que nacería el Mesías. Llaman a los escribas y los doctores de la Ley, y preguntan: “¿Dónde debe nacer el Mesías?” Herodes era el más interesado que estaba, porque Herodes era el rey; y saber que iba a nacer o que nació un rey, el cual lo iba a destronar, pues quería encontrarlo primero para matarlo. Esa era la valentía de Herodes, ¡matar a un niño! Y eso vendría a ser genocidio, porque estaría matando toda su descendencia y estaría matando la esperanza de Israel.

Pero todo estaba en el Programa Divino. El Señor Jesucristo tenía que morir, para eso fue que vino.

Mandan a buscar a los sabios, a los doctores de la ley, a los que tenían las Escrituras; y el rey pregunta: “¿Dónde debe nacer el Mesías, el Cristo?” Le dicen: “En Belén de Judea, como está escrito en la profecía.” Entonces manda a los magos que vayan allá a Belén de Judea, encuentren al niño, y cuando lo encuentren le avisen para ir también él a adorarlo; estaba mintiendo, era para matarlo.

Por eso fue que luego el Ángel le apareció a los magos, luego que encontraron al Mesías; y les fue dicho que ese fueran por otro camino. Y a José, el esposo de María, le fue dicho que se fuera a Egipto porque Herodes vendría, mandaría a matarlo; y el Mesías no podían morir todavía.

Y cuando los magos no regresaron a Jerusalén para darle la noticia al rey Herodes, se llenó de ira y mandó a matar a todos los niños de dos años hacia abajo; porque los magos habían dado a conocer que la estrella ya llevaba dos años apareciendo, y por lo tanto el Mesías tendría alrededor de dos años de edad.

Eso fue un crimen muy grande: contra niños de dos años hacia abajo. Herodes los mató a través de su ejército, porque él era la cabeza de ese ejército, el Comandante en jefe de las fuerzas militares, como lo es todo presidente de toda nación; por eso el presidente de toda nación responde por lo que haga su ejército.

Ahora, vean, con todas las señales y todas las profecías que hablaban que en Belén de Judea nacería; los líderes de aquel tiempo, religiosos, no fueron a Belén de Judea para darle la bienvenida al rey que nacería en Belén de Judea. Todo eso estaba sucediendo para que pudiera cumplirse la Escritura y pudieran rechazar a Jesús; para que muriera por mí en la Cruz del Calvario, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

Para darnos la vida eterna. Porque el único que tiene la exclusividad de la vida eterna es Jesucristo. Por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” [San Juan 10:27-30].

Vean, ¿para qué Cristo murió? Para darnos la salvación y vida eterna, llevando Él nuestros pecados; así quitó nuestros pecados.

¿Y para que mandó a predicar el Evangelio? Para que naciera la fe de Cristo en nuestra alma. Porque “la fe viene por el oír la Palabra del Señor,” el Evangelio de Cristo; y “con el corazón se cree para justicia.” [Romanos 10:17, 10:10]

Porque el corazón, el alma de la persona, tiene el sentido del libre albedrío, para creer o para dudar; por eso dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:16]

Cada persona responderá por sí mismo; porque cada persona tiene libre albedrío: para creer en el Evangelio de Cristo y recibirlo como Salvador; o dudar, no creer, y no recibirlo como Salvador.

Es por la fe que recibimos a Cristo y recibimos la vida eterna de parte de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que Él en una ocasión dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” O sea, que todos los caminos no llevan a Dios.

Él dijo: “Yo soy el camino.” Ese es el único camino que lleva a la persona a Dios, y reconcilia al ser humano con Dios. Él dijo… eso está en San Juan, capítulo 14, verso 6.

Y también Él dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Y a los que no quisieron escucharlo les dijo: “Vosotros no sois de mis ovejas, por eso no me pueden escuchar.” Eso está en San Juan, capítulo 10, y en San Juan, capítulo 8, verso 47 también: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.”

Ahora, hemos visto que la Primera Venida de Cristo (aunque fue un misterio para muchos), estaba explicado en la Escritura dónde nacería, y que nacería a través de una virgen descendiente del rey David; porque vendría también como un descendiente del rey David, y estaría en Israel cumpliendo las profecías de la Primera Venida de Cristo, del Mesías.

Y si la Primera Venida de Cristo no fue un misterio tan oculto, sino que estaba en las profecías, del lugar por donde Él vendría, donde nacería y que nacería a través de una virgen, ¡cuánto más la Segunda Venida de Cristo!, de la cual no hay detalles como los hubo para la Primera Venida de Cristo. A tal grado que el mismo Jesús dijo que ni de la hora, ni del día, nadie sabría; nadie sabía, sino solo el Padre; ni aun los ángeles; secreto que no le fue revelado ni a los ángeles. Ese es el misterio más grande de todos los misterios del Cielo.

Y los creyentes en Cristo de todos los tiempos, han estado esperando la Segunda Venida de Cristo; sobre todo, la Venida de Cristo a Su Iglesia, a los creyentes en Él. ¿Para qué? Veamos para qué, porque tiene que tener un propósito en y para Su Segunda Venida. Filipenses, capítulo 3, nos dice cuál es el propósito de Su Segunda Venida. Capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

Todo creyente en Cristo tiene ciudadanía celestial; y también tiene ciudadanía terrenal, porque nació en la Tierra, y tiene ciudadanía de algún país porque nació en algún país; pero la ciudadanía más importante es la que tiene en el Cielo, porque el nuevo nacimiento no es terrenal, es del Cielo. Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

O sea, que no es por buenas obras, es por nacimiento; nacer en el Reino de Dios es llamado el nuevo nacimiento. Así como para usted entrar a este reino terrenal, tuvo que nacer; el que no nació pues no está en la Tierra, no vino a la Tierra.

Por lo tanto, para entrar al Reino de Dios se requiere nacer en el Reino de Dios. Eso es el nuevo nacimiento: nacer del Agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

Porque se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma; porque “la fe viene por oír la Palabra del Señor,” el Evangelio de Cristo; y “con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

O sea que la persona puede estar pensando: “Yo creo en Cristo,” pero si no lo confiesa públicamente, si no lo recibe como Salvador, le falta la parte que es para salvación: “pero con la boca se confiesa para salvación.”

Cuando la persona confiesa a Cristo para salvación, públicamente, no se avergüenza de Cristo. Hay algunos que solamente han leído el Evangelio, y dicen: “Yo creo en Jesucristo,” pero se avergüenzan de que sepan que es un creyente en Cristo.

“El que se avergonzare de mí, delante de los hombres, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre y de los ángeles que están en el Cielo.” Eso está por ahí por San Mateo, capítulo 16, versos 26 en adelante. Y también en San Marcos, capítulo 8, lo encontramos. [Versos 34-38]

Cristo no se avergonzó de nosotros. Nos reconoció, tomó nuestros pecados y murió por nosotros en la Cruz del Calvario. El que se avergüence de Cristo tiene que saber que Cristo se avergonzará de él, delante del Padre celestial.

Es importante saber que Jesucristo no es cualquier persona. Es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, es el Rey. Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra.

Cristo dijo también en una ocasión, cuando estaba siendo interrogado por el sumo sacerdote y el Concilio del Sanedrín, Él dijo que se sentaría a la diestra del poder de Dios, se sentaría en el Trono de Dios; y luego se sentó en el Trono de Dios cuando subió al Cielo. Y por eso en San Mateo, capítulo 26, verso 64, nos habla de eso; y luego en San Mateo, capítulo 28… Capítulo 26, verso 64, dice: “Jesús le dijo…” Esto fue…, le dijo al sumo sacerdote. Vamos a ver lo que le pregunta él:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Y luego en San Mateo, capítulo 28, verso 18, dice:

“Y Jesús se acercó (ya estaba resucitado, glorificado) y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”

Es que el que se sienta en el Trono es el que tiene el poder. El Rey es el que tiene el poder. Cualquier persona puede pensar: “Entonces Dios le dio el poder a Jesús y se quedó sin poder.” Es que Dios está dentro de Jesucristo.

Recuerden que Él decía siempre: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras. Yo no hago nada de mí mismo, sino el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Él era Dios, el que hacía las obras, los milagros. Jesús de Sí mismo no hizo milagros, fue Dios a través de Jesús. Y también las palabras que Él hablaba no las hablaba de Sí mismo; dice que como Él escuchaba al Padre hablar, así Él hacía, Él hablaba. [San Juan 14:10-11]

Era Dios en Jesús en toda Su plenitud; y por lo tanto, lo que hablaba no eran palabras humanas, era Dios hablando a través de Jesús. Por eso Él decía: “Mis palabras son Espíritu y son Vida.” [San Juan 6:63]. Era Dios en un hombre llamado Jesús, en toda Su plenitud: Padre, Hijo y Espíritu Santo; todo estaba allí en la persona de Jesús.

Por eso Él dijo en una ocasión en San Lucas, capítulo 4: “El Espíritu del Señor está sobre mí.” Y también dijo en otra ocasión: “El Padre que mora en mí.” ¿Ve? El Espíritu Santo y el Padre estaba en Él, en Jesús: el Hijo. La plenitud de la Divinidad en carne humana.

Eso es lo que significa Emanuel: Dios con nosotros. Isaías, capítulo 7, verso 14, donde nos dice que será llamado Emanuel: “se llamará Su nombre Emanuel,” lo cual significa: Dios con nosotros.

Es importante saber quién es Jesucristo; porque si no sabe la persona quién es Jesucristo, va a pensar que es un hombre común y corriente, que apareció alrededor de dos mil años aquí en la Tierra, en el territorio de Israel, y va a minimizar a Jesús y Su Obra.

Jesús es la persona más importante. Es nada menos que la visitación de Dios en un cuerpo de carne humana, para Su cuerpo ser ofrecido en Sacrificio vivo en la Cruz del Calvario por todos nosotros. Tan sencillo como eso.

Cristo dijo: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” [San Juan 10:17]. Y así lo hizo: resucitando Su cuerpo físico, y siendo glorificado y sentado a la diestra del poder de Dios, sentado en el Trono de Dios en el Cielo.

Y ahora, Cristo no solamente es la persona más importante de los seres humanos, de los que han pisado este planeta Tierra, sino la persona más importante del Cielo; por eso está en el Trono de Dios sentado, y Dios dentro de Él.

Dios está, por consiguiente, en Alma, Espíritu y Cuerpo, sentado en el Trono celestial. Tan sencillo como eso.

Somos las personas más bienaventuradas cuando recibimos a Cristo, el Rey de los Cielos y de la Tierra, como nuestro único y suficiente Salvador. Sus Palabras no pasarán, no caerán en tierra; todas se cumplirán.

Estamos viviendo en un tiempo en donde todos estamos conscientes que las profecías del tiempo final se están cumpliendo. Guerras por diferentes lugares, guerras nacionales y guerras internacionales, naciones contra naciones. Y a punto de una Tercera Guerra Mundial, que será atómica. Que, como dicen muchas personas: no hay quién se la despinte a la raza humana.

¿Para qué ustedes creen que han hecho las bombas atómicas? Para usarlas. Si Hitler las hubiera tenido en aquel tiempo, las hubiera usado. Estados Unidos las tuvo y las usó en Hiroshima y Nagasaki; y ganó la guerra. Son para usarlas en una Tercera Guerra Mundial.

Y en estos días la humanidad se preocupa porque las cosas no están muy buenas entre Rusia y Estados Unidos.

La humanidad está viviendo en un tiempo muy peligroso. La única esperanza que hay para el ser humano es Jesucristo. No hay otra esperanza.

Y por consiguiente: estar en el Redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual tiene las promesas más grandes y gloriosas; tiene las promesas de una resurrección de los muertos creyentes en Cristo a la final Trompeta, o sea, al final Mensaje; y una transformación física para los que estén vivos, en donde obtendrán un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo.

Y eso es para mí, ¿y para quién más? Para ustedes también, para todos los creyentes en Cristo que han entrado al Redil del Señor.

Cristo dijo también: “Tengo otras ovejas que nos son de este redil (o sea, que no son hebreos); las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor.” [San Juan 10:16]

Su Voz es el Evangelio; Su Rebaño: Su Iglesia; el Pastor: Jesucristo; y Sus ovejas, ¿quiénes son? Todos los creyentes en Cristo. Esas son las personas que cuando escuchan el Salmo 23, “Jehová es mi Pastor,” saben que es Jesucristo nuestro Pastor, que nos ha llamado y nos ha colocado en Su Redil, y nos está dando los pastos frescos de Su Palabra, alimentando nuestra alma.

“LOS CIELOS Y LA TIERRA PASARÁN, PERO LA PALABRA DEL SEÑOR NO PASARÁ.” Se cumplirán cada una, en su debido lugar y en su debido tiempo.

Cristo habló de la Venida del Hijo del Hombre como “el relámpago que sale del Oriente y se muestra en el Occidente.” [San Mateo 24:27] El Oriente: la tierra de Israel; allá en el Medio Oriente fue la Primera Venida de Cristo. Y ha estado viajando Cristo en Espíritu Santo desde la tierra de Israel, Asia Menor, Europa y el continente americano, que tiene dos partes: Norteamérica y la América Latina.

Y como resplandeció en Su Primera Venida, resplandecerá en Su Segunda Venida. Desde el Oriente hasta el Occidente, hasta el continente americano, que es el Occidente. Así ha recorrido el Evangelio de Cristo desde la tierra de Israel hasta el continente americano. Ha sido un recorrido muy importante, en donde Él ha estado llamando y juntando Sus escogidos correspondientes a cada tiempo.

El llamado a los escogidos, lo escuchan los escogidos; porque conocen Su Voz. Son las ovejas que el Padre le dio, para que las busque y les dé vida eterna.

Por eso no se puede obligar a ninguna persona a que reciba a Cristo. Se le da oportunidad luego de la predicación del Evangelio de Cristo, para que la persona que escuchó el Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en su alma, tenga la oportunidad de confesar públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador; sin ser obligado por nadie; usando su propio libre albedrío para creer y recibirlo como único y suficiente salvador.

Las profecías para la Segunda Venida de Cristo han estado siendo cumplidas: terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes y señales en el sol. Estos días han estado apareciendo señales en el sol y la luna, en este eclipse que se repite cada cierta cantidad de tiempo, y que en este año 2014 y 2015 se repetirá.

Ya estos días pasados fue vista esa señal en el sol y la luna, y se repetirá nuevamente. Por lo tanto, son señales a las cuales tenemos que prestar atención, son señales que hablan acerca del tiempo para la Segunda Venida de Cristo.

Por lo tanto, las palabras de Cristo, las palabras de la Biblia, las profecías de la Biblia, y las señales físicas en el sol, la luna y las estrellas: concuerdan; porque antes de Dios hacer algo en la Tierra, primero lo muestra en el cielo, y está mostrado también en la Biblia. Dios no puede hacer una cosa que no esté de acuerdo a la Biblia.

Las profecías hablan de la Segunda Venida de Cristo, por eso se predica desde los días antiguos (antes de Jesús venir a la Tierra), se habla de la Primera y Segunda Venida de Cristo. Y se habla más en la Biblia de la Segunda Venida de Cristo que de la Primera Venida de Cristo.

Es que las palabras del Señor no pasarán; cada una es vivificada en el tiempo que le corresponde; es vivificada, traída a vida, traída a cumplimiento.

Hay una Escritura que dice: “Prepárate para el encuentro con Tu Dios.” [Amós 4:12]. Por lo tanto, prepárate para el encuentro con Jesucristo en Su Venida en el Día Postrero. Será el encuentro más hermoso, más grande; será la persona más importante.

Si una persona, un padre de familia, sabe que el presidente de su nación va a estar en su ciudad; sería un honor y un privilegio, y honra, recibirlo, que lo visitara; le abriría la puerta. ¡Cuánto más la visitación de Cristo a nosotros, acá, a nuestra alma!

Y cuando venga en Su Segunda Venida, queremos recibirlo, ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Continuamos el pasaje que les estaba leyendo, y les debo de ese pasaje una parte. Nos detuvimos ahí donde dice: “Nuestra ciudadanía está (¿dónde?) en los cielos, de donde también esperamos al Salvador…”

Ya vimos por qué nuestra ciudadanía está en los Cielos; es que el nuevo nacimiento es del Cielo, y la persona es ciudadana del lugar donde nace.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo…”

Él viene del Cielo porque Él está en el Cielo sentado en el Trono del Padre. Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, el cual lo recibe como único y suficiente Salvador.

Él está en el Cielo haciendo intercesión por esas personas, con Su Sangre preciosa. Y cuando se complete el número de los escogidos, habrá completado su labor de intercesión; y saldrá como León de la tribu de Judá para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

Una transformación física viene para los creyentes en Cristo que estarán vivos en la Tierra; y para los que murieron, una resurrección en cuerpos eternos. Y entonces tendremos un cuerpo glorificado, como el del Señor Jesucristo, joven para toda la eternidad, que representará de 18 a 21 años de edad.

Cristo está tan joven como cuando subió al Cielo, no se ha puesto viejo; por eso es que podrá venir. Si se pusiera viejo y se muriera, no podría venir en Su Segunda Venida; pero está tan joven como cuando se fue al Cielo. Porque el cuerpo glorificado es eterno. Y esa clase de cuerpo es que Él me va a dar, a mí ¿y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también, porque es para todos los creyentes en Cristo.

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…”

Será como el cuerpo que Él tiene: glorificado. Ahí es donde se acaban todos los problemas de los hijos de Dios.

Él tiene la mejor forma de acabar con todos nuestros problemas. Hasta el problema de la transportación también, porque no se necesitarán automóviles ni aviones para la transportación.

Recuerden que Él, cuando resucitó, apareció a Sus discípulos en diferentes ocasiones. Aun teniendo ellos las puertas cerradas donde estaban reunidos, les aparecía Jesús, hablaba con ellos, comió con ellos, y después desapareció.

Con los caminantes de Emaús cuando iban viajando hacia Emaús, les apareció; y luego cuando se sentaron a la mesa y dio gracias por el pan, y se dieron cuenta que era Jesús, desapareció.

¿Y con qué poder va a transformar nuestros cuerpos? Dice:

“…por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Todas las cosas son sujetas a Cristo por el Poder que le fue dado del Padre, el cual opera ese poder en y a través de Jesucristo.

Es importante saber todas estas cosas para saber a quién recibimos como Salvador. Es al que está sentado en el Trono del Padre, es a Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores; a la persona más importante, no solamente de la Tierra sino del Cielo también.

Y Sus palabras no pasarán, se cumplirán cada una en su debido momento. Y la Palabra, la promesa de nuestra transformación, se cumplirá en el tiempo correcto. Será para el tiempo en donde se estará sonando la Trompeta Final, esa Gran Voz de Trompeta, que es el Mensaje final de Dios para los creyentes en Cristo y también para que lo escuchen todos los seres humanos.

Todo ser humano está llamado a escuchar la Voz de Dios, pero recordando siempre que Cristo dice: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.”

“EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN”, dijo Jesucristo nuestro Salvador; el cual, por Su Palabra hablada realizaba los milagros, por Su Palabra hablada ordenó a la tormenta, a la tempestad, que se detuviera; por la Palabra hablada, multiplicó los panes y los peces, y así por el estilo. Y fue por la Palabra hablada, el Verbo que era con Dios y era Dios, que creó todas las cosas.

Algunas personas se maravillan de que Dios por medio de Cristo creó todas las cosas; pero así fue, y por eso es que toda la Creación le obedecía. Nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1 verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (¿Por medio de quién, hizo Dios el universo? Por medio de Su hijo Jesucristo);

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (la imagen de Dios ¿quién es? Jesucristo en Su cuerpo angelical. Y la semejanza física de Dios es Jesucristo en Su cuerpo físico, el cual ya está glorificado), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

Y ahora, hemos visto en este pasaje, que fue Dios por medio de Cristo el que creó todas las cosas. Era Dios en Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58.

¿Cómo era Cristo antes que Abraham? Era el Ángel del Pacto que le había aparecido a Moisés y que Moisés en una ocasión vio a Cristo, a ese Ángel, de espalda.

Es el mismo Ángel que le apareció a Manoa, el cual Manoa fue el padre de Sansón; le apareció a Manoa y a la esposa de Manoa, la señora Manoa. Libro de los Jueces, capítulo 13.

Ese Ángel que le aparecía a diferentes personas de la Biblia, como a Adán, a Moisés, a Josué, que le apareció como un Comandante en Jefe de las huestes de Dios, de Jehová; ese era Cristo en Su cuerpo angelical, en el cual estaba Dios guiando a Israel.

Es importante saber que Cristo es aun antes del cuerpo físico de carne. Y eso no lo podían comprender las personas de aquel tiempo, porque era algo muy grande.

Cristo decía: “Nadie subió al Cielo sino el Hijo del Hombre que está en el Cielo”; y estaba en la Tierra. San Juan, capítulo 3, versos 11 al 19.

Es importante estar conscientes de quién es Jesucristo, para entonces poder comprender que la única esperanza para el ser humano es Jesucristo en Su Segunda Venida; y para eso tienen que estar en el Cuerpo Místico de Cristo como creyentes en Cristo, porque es a los creyentes en Cristo, a Su Iglesia, que Él vendrá en Su Venida, para llevársela para la Cena de las Bodas del Cordero.

Creo que con lo que hemos hablado de Cristo es suficiente para saber que Cristo no es cualquier persona: Es la persona más importante de la Tierra y del Cielo también. En Él está Dios en toda Su plenitud.

Hay un pasaje aquí en Colosenses, capítulo 1, versos 25 en adelante. Dice:

“…De la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,

el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos.”

Podemos ver que ese misterio que estaba oculto, fue abierto con la Venida de Cristo y con la predicación del Evangelio de Cristo por los apóstoles.

Es importante entender todas estas cosas para saber quién es Jesucristo nuestro Salvador. Y saber que nadie puede llegar a Dios a menos que sea por Jesucristo en la Dispensación de la Gracia; así como nadie podía llegar a Dios a menos que fuera por medio del Ángel del Pacto en el Antiguo Testamento, el cual era Cristo en Su cuerpo angelical.

Siempre ha sido Cristo; porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Y Su Palabra no pasará, porque Sus palabras son la Palabra de Dios, para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Todos queremos vivir eternamente, y todos tenemos la oportunidad a través de Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador; para lo cual Él murió en la Cruz del Calvario. Por eso Cristo mandó a Sus discípulos a predicar cuando dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

¿Ven? Es la persona misma la que escoge o la salvación o la condenación; no le puede echar la culpa a otras personas. Es que el ser humano tiene libre albedrío, y responde por esa libertad de escoger, de elección, que Dios le ha dado.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor; y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual, puede pasar acá al frente para dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como vuestro único y suficiente Salvador.

De todas las decisiones que hace el ser humano en su vida —y hace muchas—, la más grande es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; porque esa es la única decisión que coloca al ser humano dentro de la vida eterna, dentro del Reino de Dios.

Todos queremos vivir eternamente; y hemos visto que todos tenemos la oportunidad de vivir eternamente, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

De todas las cosas importantes en la vida, la más importante es la vida; porque sin la vida no vale profesión, no vale fama, no vale riqueza. Sin vida todas las demás cosas pierden su valor.

¿Qué recompensa dará el hombre por su alma? No hay recompensa que el ser humano pueda dar por su alma. Cristo pagó el precio muriendo en la Cruz del Calvario, para que usted y yo podamos obtener la salvación y vida eterna. Salvación y vida eterna de gracia, o sea, gratuitamente.

Todos queremos vivir eternamente ¿Y quiénes vivirán eternamente? Todos nosotros que hemos recibido a Cristo como único y suficiente Salvador; y los que faltan por recibirlo, y lo recibirán también.

Se predica el Evangelio y se da la oportunidad a la persona, que reciba a Cristo, para que Cristo les dé vida eterna. Porque no hay otra persona que les pueda dar vida eterna. Solamente Cristo es el que tiene la exclusividad de la vida eterna.

“Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” [San Juan 10:27-28]

La vida eterna es la cosa más grande que un ser humano pueda recibir; y la puede recibir a través de Cristo, no hay otra forma para recibirla.

Todavía continúan viniendo más personas a los Pies de Cristo; por lo tanto estamos dando unos minutos en lo que llegan todas las personas que faltan. Es que Dios tiene mucho pueblo en Cali y en todo el Valle; y los está llamando en este tiempo final.

Vean lo que Cristo dice a Marta, la hermana de Lázaro. Jesús le dijo – le dice a Marta: “Tu hermano resucitará.” Lázaro había muerto ya hacía cuatro días, estaba ya sepultado. Marta le dijo: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el Día Postrero.” [San Juan 11:17-27]

“Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y quién más cree como Marta? Yo también.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Y los que están en otras naciones, también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mí en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora, me dirán o preguntarán, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor; porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Usted dirá: “Yo he creído en Cristo, escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, he creído, y lo he recibido como mi Salvador; ahora quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y quiero que Él me bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Su Reino, quiero vivir eternamente con Cristo en Su Reino. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados.

El bautismo en agua no quita los pecados, es tipológico, es un mandamiento del Señor. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y si Cristo fue bautizado, ¡cuánto más nosotros tenemos la necesidad de ser bautizados!

Es que la persona, cuando recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en la aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino.

Por eso en el bautismo en agua, la persona se está identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y por eso fue que Él ordenó a ir predicando el Evangelio a toda criatura; y el que creyere y fuere bautizado, sería salvo; y el que no creyere, sería condenado. Tan sencillo como eso.

La persona solamente puede hacer una de dos cosas: Creer o no creer. Y el futuro de cada una de las personas es: o ser salvo, o ser condenado, como resultado de su actitud frente a Cristo cuando se predica el Evangelio de Cristo y se le da la oportunidad a las personas para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Recuerde que Cristo dijo: “El que me negare delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos; y el que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y delante de los ángeles de Dios.” [San Lucas 12:8-9]

Todos queremos que Cristo diga: “Esta persona me recibió como Salvador, me confesó públicamente, me recibió como Salvador. Padre, recíbele en Tu Reino.” Y así es como sucede en el Reino de Dios.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Ustedes que están presentes y los que están en otras naciones, pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo con ustedes aquí, al ministro, reverendo Mauricio Vivas, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país y en cada lugar, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos; y pasen todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL CIELO Y LA TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN.”

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