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La Presencia de Jesús
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La Presencia de Jesús

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Quiero felicitar a los coordinadores de la Embajada de Activistas por la Paz por el éxito obtenido en la donación de sangre en diferentes países, en esta jornada de donación de sangre voluntaria, la cual ha sido un éxito completo.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 7, versos 11 al 17, y dice de la siguiente manera:

“Aconteció después, que él (Jesús) iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.

Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.

Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.

Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.

Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA PRESENCIA DE JESÚS.”

Hoy, primer sábado del mes, en la cual se tiene la reunión de ministros y colaboradores, recuerden que los días en la Biblia comienzan en la tarde, y ya hoy en la tarde, a la caída del sol, comenzó el sábado; así es en la Biblia, y así es para el pueblo hebreo, para los judíos.

Por lo tanto, los sábados (conforme al Génesis, capítulo 1) comienzan en la tarde, y por eso dice: “Y fue la tarde y la mañana el primer día; y fue la tarde y la mañana el segundo día,” y así por el estilo.

Hoy, primer sábado del mes, el cual ha comenzado, ya estamos en la noche del sábado. Para los hebreos, la noche es primero y después el día; para los gentiles, la noche la dividieron en dos partes: una parte pertenece al día que está terminando, y termina a las 12:00 de la noche, y la otra parte pertenece al día que va a comenzar, y comienza a las 12:00 y 1 segundo [12:00:01]. A las 12:00 termina la noche del día y comienza la noche del otro día.

Y ahora, veamos este pasaje de la presencia de Jesús allá en la ciudad de Naín. Dondequiera que iba Jesús, Su presencia traía un impacto para el alma de muchas personas, y levantaba la fe de muchas personas que le reconocían como el Mesías, el Hijo de Dios; y para otros ocasionaba una confusión, porque pensaban que era un espíritu malo el que estaba en Jesús haciendo aquellos milagros; porque las personas que se escandalizaban de Jesús no iban a la Escritura para ver lo que estaba prometido que el Mesías haría en Su Venida; y Él estaba haciendo las cosas que la Escritura decía que haría el Mesías.

Por esa causa fue que cuando Juan el Bautista, luego de precursar la Primera Venida de Cristo, presentarlo al pueblo, cuando dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,” el cual y del cual Juan había dicho que después de él vendría uno mayor que él, del cual él no era digno de desatar la correa de Su calzado, el cual bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; pero que Juan, Juan dijo de él, de sí mismo: “Yo les bautizo en agua, con bautismo de arrepentimiento; pero el que viene después de mí, es mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado; Él les va a bautizar con Espíritu Santo y Fuego.” Eso está por ahí por San Mateo, capítulo 3.

Y en San Juan, capítulo 1, versos 28 al 36, está cuando él dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Juan lo presentó bien, pero ya cuando está en la cárcel manda a dos de sus discípulos a decirle a Jesús, a preguntarle a Jesús: “¿Eres Tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” Ya el ojo profético se estaba apagando.

Recuerden que Juan dijo: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.” Y fue menguando aun el ojo profético. Pero Juan sabía cuáles eran las cosas que el Mesías tenía que estar haciendo, pero algunas veces quizás pensó: “Él me sacará de aquí de la cárcel” o alguna otra cosa pensaría; y le manda a preguntar: “¿Eres Tú el que había de venir o esperaremos a otro?”

Jesús no le dice: “Yo soy. Vayan y digan a Juan que yo soy.” Juan tenía que conocer las Escrituras; y las conocía.

Y les dice que vean. Él allí está sanando a los enfermos, sanando a los cojos, dándoles vista a los ciegos, sanando a los sordos y resucitando muertos, en esos días y ese día. Y los discípulos de Juan estuvieron viendo eso.

Y ahora le dice a los discípulos de Juan: “Vayan y díganle a Juan, que los cojos andan, los ciegos ven, los sordos oyen, y a los pobres es predicado el Evangelio. Vayan y digan eso a Juan, lo que está sucediendo.”

Porque Juan tenía que ir a la Escritura y ver qué cosas estaría haciendo el Mesías cuando Él apareciera. Y con esa noticia le era confirmado a Juan que Jesús era el que había de venir, era el Mesías; y por consiguiente, Juan y su ministerio eran confirmados como precursor (Juan), y su Mensaje precursor de la Primera Venida de Cristo.

Si Jesús no era el que había de venir, Juan tampoco era el Elías que había de venir en aquel día, ni era el precursor de la Venida del Señor; pero Juan sí supo que era el Mesías; luego de la noticia le fue confirmado que él estaba correcto al haber proclamado que Jesús era el Mesías, el que había de venir, el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, el que los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego.

Juan reconoció la presencia de Jesús y, por consiguiente, la presencia de Dios en carne humana, en Jesús; el cual decía que no hacía nada de Sí mismo sino lo que veía al Padre hacer, y decía también que el Padre era el que hacía las Obras. Era Dios el que obraba, pero manifestado en un cuerpo de carne.

Y siempre las personas tropiezan con el velo de carne en el cual Dios está manifestándose, y por consiguiente, visitando a Su pueblo.

Aquí con la resurrección del hijo de la viuda de Naín, de la ciudad de Naín, el pueblo reconoció que un gran profeta se había levantado en medio del pueblo y que Dios estaba visitando a Su pueblo: estaba visitando Dios a Su pueblo en carne humana, a través, en un cuerpo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso. Estaba haciendo exactamente lo que Dios prometió que llevaría a cabo: cumpliendo Sus promesas para aquel tiempo.

La visita de Dios es para cumplir lo que Él ha prometido para cada edad y para cada dispensación. Dios no va a hacer otra cosa, sino cumplir lo que Él ha prometido, porque ese es el Programa para Dios llevar a cabo. Y Dios lo da a conocer de antemano, para que así sepan lo que Dios va a hacer en el tiempo en que las personas están viviendo.

Dondequiera que iba Jesús, Dios estaba cumpliendo a través de Jesús lo que estaba prometido para aquel tiempo, que el Mesías llevaría a cabo; y eso sería Dios a través de un hombre, el Ungido, el Mesías de Dios.

Luego, las personas han deseado ver a Jesús llevando a cabo la Obra de Dios. Saulo de Tarso se encontró con una Luz, una Columna de Fuego, cuando iba hacia Damasco para llevar presos a todos los que profesaban el nuevo camino: el camino de la fe en Cristo.

Y mientras iba en su caballo, vio una luz más fuerte que el sol, cayó del caballo, y escucha desde esa Luz, de esa Columna de Fuego (la misma Columna de Fuego que le apareció a Moisés en una zarza, esa misma Columna de Fuego), el Ángel del Pacto, le habla y le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?, dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Y Saulo supo que era el mismo Dios que le había hablado a Moisés en aquella zarza y le había dicho: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob.” Porque Ése es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo.

Y Saulo pregunta: “¿Quién eres, Señor?” Porque Saulo estaba persiguiendo a los cristianos. Y esa Luz, desde esa Luz escucha las palabras: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.”

Era Jesucristo, que había vuelto a la Columna de Fuego, a esa Luz, y en esa forma Él continuó en medio de Su Iglesia, en medio de los creyentes en Él, pues Él lo había prometido. En San Mateo, capítulo 28, verso 20, dice:

“…Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

¿Hasta cuándo dice Jesús que Él estará con los creyentes en Él? Hasta el fin del mundo.

Y también en el capítulo 18 de San Mateo, verso 20, nos dice: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

Ahora, vean ustedes que Jesús continuaría con los creyentes en Él, que son los que lo reciben como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento; nacen en el Reino de Dios.

Bien dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Se entra al Reino de Dios naciendo como hemos entrado a este reino terrenal: naciendo de nuestros padres. Y naciendo del Espíritu Santo, del Agua del Evangelio y del Espíritu Santo, es que entramos al Reino de Dios, naciendo en el Reino de Dios; y por consiguiente, venimos a ser los hijos del Reino, los hijos de Luz, los hijos e hijas de Dios.

Y en medio de los hijos e hijas de Dios, en medio de los creyentes en Cristo, de etapa en etapa, de edad en edad, a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo, Jesucristo ha estado; y no ha estado inactivo, ha estado continuando la Obra que Él comenzó, llevando a cabo lo que ha sido prometido para cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo; y Su trayectoria ha sido de Este a Oeste.

Lo vimos en Espíritu Santo manifestado en medio de la Iglesia primitiva, continuando la Obra que Él comenzó; lo vimos luego entre los gentiles, así como lo vimos a través de San Pedro y los demás apóstoles obrando, porque ya Su cuerpo de carne había sido crucificado, sepultado y resucitado glorificado, y está sentado a la diestra de Dios, en el Trono de Dios; pero a través de los cuerpos de los apóstoles, Cristo en Espíritu Santo estuvo manifestándose, y así continuando la Obra que Él había comenzado.

Luego lo vemos entre los gentiles velado y revelado a través del apóstol San Pablo continuando esa Obra, todavía allá por el Medio Oriente, pasando allá a Asia Menor; y luego lo vemos en Europa a través de los diferentes mensajeros que Él tuvo allá en Europa, como Ireneo, Martin, Colombo, Lutero y Wesley, llevando a cabo la Obra correspondiente a esas etapas de la Iglesia, y llamando y juntando a los escogidos de esas diferentes etapas. Era Cristo en esos hombres de Dios, era la presencia de Jesucristo, la cual fue reconocida por los que escucharon la Voz de Cristo en Espíritu Santo a través de esos mensajeros.

Luego continúa Su trayectoria Cristo en Espíritu Santo con Su Iglesia: pasando de Europa, de Inglaterra, pasando a Norteamérica, pasando al continente americano, pasando al Oeste; porque la trayectoria de Cristo con Su Iglesia es de Este (la tierra de Israel, está en el Medio Oriente) al Oeste, atravesando por Asia Menor y Europa.

En el continente americano vimos en la parte Norte, en Norteamérica, la presencia de Jesús, de Jesucristo en Espíritu Santo en el reverendo William Branham, llevando a cabo la Obra correspondiente a esa etapa de la Iglesia.

Por eso vimos grandes maravillas, tanto en Palabra revelada como también en milagros, sanidades, resurrecciones de muertos… todo hecho por Jesús en Espíritu Santo a través de ese profeta mensajero que Dios envió a Su Iglesia en Norteamérica, y de ahí se extendió la Obra de Jesús a otros países. Y ahora nos falta la etapa final.

Ahora vean que —como la Obra del Espíritu Santo en Su Iglesia y con Su Iglesia es de Este a Oeste— todavía estamos en el Oeste, en la América Latina y el Caribe.

Ahora, Cristo dijo que Él es la Luz: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la Vida.” San Juan, capítulo 8, verso 12.

Por lo tanto, la Luz, que es Cristo, ha resplandecido de edad en edad, Cristo en Espíritu Santo a través de diferentes mensajeros en medio de Su Iglesia, para, de ahí también, darle Luz, resplandecer para toda la humanidad. Por eso Cristo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.”

Y ahora Cristo va a resplandecer y alumbrar por medio de Su Iglesia; como el sol durante la noche resplandece a través de la Iglesia, a través de la luna, que representa a la Iglesia, y Cristo está representado en el sol.

Y ahora, vean lo que dice el reverendo William Branham en el libro de “Citas,” página 69, párrafo 593, dice:

“Vendrá una Luz, se levantará. ¿Dónde vendrá? ¿Allá en Jerusalén? No, señor. Las luces de la tarde no se levantarán en Jerusalén. Las luces de la tarde ¿van para dónde? ¡En el Oeste! Ellos tuvieron su día y lo rechazaron, pero la Luz de la tarde se levantará en el Oeste. ¿Para qué? Para brillar sobre la Palabra. ¿Qué? Para madurar la fruta, traer hacia adelante el Árbol Novia con las mismas señales, maravillas, y frutos que ellos tenían en el principio.”

Es en el Oeste —que corresponde al continente americano, y que ya una parte se cumplió en Norteamérica y la otra corresponde a la América Latina y el Caribe— donde la Luz de la tarde resplandecerá. Ya resplandeció en Norteamérica, y resplandecerá en la América Latina y el Caribe.

Grandes bendiciones tiene Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, para los latinoamericanos y caribeños.

Tenemos que ver cuáles son las promesas de Dios para Su Iglesia para este tiempo final, porque eso es lo que Dios va a estar cumpliendo, llevando a cabo; para lo cual tenemos que reconocer, conocer la Escritura, conocer la Palabra de Dios, conocer lo que Dios ha prometido para este tiempo final, porque eso es lo que Dios va a estar llevando a cabo.

Hay grandes bendiciones para Su Iglesia para este tiempo final, para aquellos que verán y estarán en la presencia de Jesús en Su manifestación final.

Tenemos promesas de que saldrá un Mensaje y juntará a Su Iglesia-Novia, y los preparará para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, les dará la fe para ser transformados.

También la Iglesia del Señor Jesucristo tiene la promesa de que habrá en medio del cristianismo, en medio de Su Iglesia, una Gran Carpa-Catedral, en donde la manifestación de Jesucristo en Espíritu Santo estará llevando a cabo la Obra prometida para la Tercera Etapa, que le fue revelada al reverendo William Branham por el Ángel de Dios que lo acompañaba.

Por eso tenemos que tener nuestros ojos bien abiertos para no perder la bendición de estar en la presencia de Jesús en el Día Postrero, en la manifestación final, que nos preparará para tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, donde estará la Luz, la gran Luz que vendrá en el Oeste. Por lo tanto, ahí será que los judíos también verán la bendición de Dios viniendo a la Iglesia del Señor Jesucristo, al cristianismo, y dirán: “Esto es lo que nosotros estamos esperando.”

Pero primero la Iglesia del Señor Jesucristo tiene la promesa de la manifestación de esa gran Luz que es Jesús, la Luz del mundo, resplandeciendo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, y cumpliendo lo que está prometido para la Iglesia del Señor Jesucristo para los días finales, para prepararla, para darle así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estemos preparados con el conocimiento de la Palabra de Dios y Sus promesas para este tiempo final, para que no se nos pase por alto la presencia de Jesús en Espíritu Santo, en la Columna de Fuego, en este tiempo final.

Ya sabemos que es, esa manifestación, prometida para el continente americano; y ya parte se cumplió en Norteamérica, y la otra parte corresponde a la América Latina y el Caribe. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, estemos preparados: estudiando la Biblia, viendo lo que ha prometido Dios para los días postreros y, sobre todo, para el Día Postrero, viendo que tenemos la promesa de la Venida del Señor para el Día Postrero con los muertos que vendrán en espíritu con Cristo en Su Venida, para recibir la resurrección en cuerpos inmortales, perfectos, eternos, glorificados; será el cuerpo que Dios pensó y diseñó para los creyentes en Él, lo cual pensó desde antes de la fundación del mundo.

No será el mismo cuerpo físico que tenemos; porque si fuera el mismo cuerpo físico, moriría de nuevo nuestro cuerpo; es un cuerpo eterno y glorificado, cambiado en átomos inmortales.

Por tanto, estemos preparados para estar en la presencia de Jesús en este tiempo final, en medio de Su Iglesia.

Cuando ustedes vean señales, que serán el comienzo del cumplimiento de ciertas promesas, recuerden: es que Jesús está manifestándose en medio de Su Iglesia en el Día Postrero, para y en el cumplimiento de lo que Él ha prometido para Su Iglesia para este tiempo final. Estemos preparados.

Jesús dijo: “Velad, orando en todo tiempo que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán, y estar en pie delante del Hijo del Hombre”, estar en pie delante de Jesús, en la presencia de Jesucristo en Su manifestación final. [San Lucas 21:36]

“LA PRESENCIA DE JESÚS.”

¿Vieron qué sencillo es identificar la presencia de Jesús en medio de Su Iglesia en este planeta Tierra, de edad en edad?

Podemos ya identificar la presencia de Jesús a través de la historia en medio de Su Iglesia, pero nos toca ahora enfrentarnos nosotros a la presencia de Jesús en el Día Postrero en medio de Su Iglesia, para recibir las bendiciones que Él tiene para nosotros en este tiempo final; porque no basta con reconocerlo en Su manifestación en otros tiempos, sino en la que nos toca a nosotros en este tiempo final.

“LA PRESENCIA DE JESÚS.”

Recuerden que Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo,” y ahora nos toca verlo en medio de Su Iglesia en este tiempo final.

Él dijo que estaría con nosotros: “En donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré,” dijo Cristo. Por lo tanto, Él no se ha ido de Su Iglesia. Él se va de una edad cuando termina esa edad pero pasa a otra etapa de Su Iglesia, se abre una nueva etapa; hasta que nos lleve de esta Tierra a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LA PRESENCIA DE JESÚS,” de Este a Oeste. Y ahora el tiempo corresponde al Oeste, que para nosotros es un privilegio vivir en el Oeste; y sobre todo, en la última parte del Oeste: la América Latina y el Caribe.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes que están presentes y los que están en otras naciones, ministros y sus congregaciones; y nos veremos el próximo domingo, Dios mediante.

Oren mucho por el culto del próximo domingo y también traigan familiares para que la misericordia de Dios los alcance antes de que se cierre la puerta, de la cual habla Cristo en San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27; porque algún día se cerrará esa puerta de misericordia, y ya no habrá oportunidad de salvación.

Amamos a nuestros familiares y queremos la salvación y vida eterna para nuestros familiares también. Por lo tanto, oren mucho por sus familiares, y también que escuchen la Palabra, el Evangelio de Cristo, para que obtengan la salvación y vida eterna.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, el Ángel del Pacto; y como les dije: Hasta el próximo domingo, Dios mediante.

Dejo con ustedes nuevamente al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar en esta ocasión.

(Si faltó algún anuncio, lo puede transmitir el reverendo José Benjamín Pérez).

“LA PRESENCIA DE JESÚS.”

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