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Jesucristo nuestra paz
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Jesucristo nuestra paz

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y congregaciones, alabando, adorando a Dios en este día, y ya listos para escuchar la Palabra de Dios, la Palabra del Señor, que es el alimento para el alma.

El mismo Cristo dijo: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” [San Mateo 4:4]. Ese es el alimento para nuestra alma. Y nos reunimos para ser alimentados por Dios, por medio de Su Espíritu Santo a través de Su Palabra.

Leemos en Efesios, capítulo 2, versos 11 en adelante, donde nos dice:

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “JESUCRISTO NUESTRA PAZ.” Porque Jesucristo es nuestra paz.

No hay felicidad sin paz, no hay disfrute de la vida sin la paz; pierde el valor el dinero y todas las riquezas si no hay paz. Sin la paz las cosas pierden valor, y el ser humano para otros seres humanos también pierde valor, los tratan de una forma discriminatoria, los discriminan. Pero con la paz, el valor de la vida, el valor del ser humano y el valor a todas las cosas, se coloca en el nivel que le corresponde.

Por lo tanto, la paz es una necesidad para la raza humana y para cada persona como individuo.

Cada familia necesita la paz, pues un hogar sin paz, muchos dicen que eso es infierno. ¿Ven? Y un mundo sin paz también viene a ser un infierno; y una persona sin paz, por dentro tiene un infierno.

Pero con paz tenemos a Dios dentro de nuestra alma, dentro del hogar y dentro de cada nación; y así la familia humana tiene la paz, con Dios dentro de la familia humana.

El mismo Dios habla acerca de la paz y Él dice que Él es el que da la paz; por lo tanto, si Él dice que Él es el que da la paz, entonces ya tenemos un cuadro claro de cómo buscar la paz y encontrarla.

El ser humano en el Huerto del Edén tenía paz; pero cuando pecó, la paz fue afectada y hubo problemas; pero Dios es el que trae la paz al ser humano: le dio vestiduras sangrantes de pieles, por lo cual un animalito tuvo que morir en lugar de Adán y Eva, para cubrir la desnudez de ellos, al darles Dios pieles de ese animalito que murió en lugar de ellos.

Y desde ahí encontramos que el ser humano ha estado llevando a cabo sacrificios de animalitos para presentarlos en lugar de ellos, de las personas; y la muerte por los pecados de la persona, que tenía que venir sobre la persona (la muerte), ahora venía sobre un animalito de sacrificio, sacrificado a Dios por los pecados de las personas.

Esa era la forma establecida por Dios, en lo que se efectuaba un Sacrificio perfecto más adelante, el cual estaba en la mente de Dios; del cual, dice la Escritura, que fue sacrificado desde la fundación del mundo o desde antes de la fundación del mundo; lo cual, en los sacrificios de animalitos se representaba, se tipificaba, ese Sacrificio que algún día vendría en medio de la raza humana por los pecados del ser humano.

Pero mientras tanto, tenían que efectuar los sacrificios de animalitos; tenía que, un animalito, morir en lugar del pecador; pero el espíritu del animalito no podía venir al pecador, porque los animales no tienen alma.

Pero estaba prometido que en el Sacrificio perfecto que se efectuaría, luego el Espíritu de Ése que sería sacrificado, el cual sería un hombre, el Espíritu de Él luego vendría al ser humano, al pecador arrepentido que lo reconocería como el que llevó sus pecados y murió por él.

Es muy hermoso estudiar la historia de los sacrificios por el pecado en el Antiguo Testamento. Y aun hubo naciones que también ofrecían sacrificios de animalitos, y otros hasta sacrificios de personas; lo cual no era aceptado delante de Dios; porque solamente el Sacrificio de UNA persona sería aceptado por Dios, y eso estaba en el futuro para la raza humana; pero mientras tanto, el tipo y figura, la sombra de ese Sacrificio perfecto que vendría más adelante, funcionaba en favor del pecador, en favor de las personas.

Por eso es que en Levítico, capítulo 23, nos habla del cordero pascual que sacrificó el pueblo hebreo en Egipto; y luego tenían que, una vez al año, sacrificar el cordero pascual en memoria de lo que allá en Egipto sucedió, lo cual libró de la muerte a todos los primogénitos del pueblo hebreo.

Cada padre de familia tomaba un cordero de un año, el día diez, y el día catorce lo sacrificaba; y colocaba la sangre de ese cordero pascual en el dintel y los postes de su hogar, para la preservación de la vida de los primogénitos de esa familia. Y digo “de los primogénitos,” porque podía el padre ser un primogénito, y si tenía un hijo que también era primogénito, eran dos entonces, pero si solamente el hijo era el primogénito también por el hijo estaba la sangre de ese cordero pascual aplicada en el dintel y los postes del hogar.

Y tenía que estar dentro del hogar tanto el primogénito como la familia, comiendo el cordero pascual, que por Orden Divina tenía que ser asado y colocado dentro del hogar para comerlo. Porque más adelante el Sacrificio por el pecado sería comido en términos espirituales; lo cual es creer, creerlo de todo corazón; y lo cual luego más adelante, se conmemoraría también, como se conmemoraba cada año el sacrificio del cordero pascual que había sido efectuado en Egipto; luego, cada año, el pueblo hebreo tenía que efectuar esa Fiesta de la Pascua en memoria de aquello que sucedió en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos; y era Orden Divina hacerlo.

Y si en aquello que era el tipo y figura era tan importante aquel sacrificio del cordero pascual, y luego la conmemoración cada año en el primer mes del año judío religioso, cuánto más en aquello que estaba tipificando, lo cual se cumpliría en el Mesías Príncipe en Su Primera Venida.

La conmemoración del cordero pascual en aquel tiempo les recordaba cómo Dios había librado a todos los primogénitos; y Dios dijo: “Y los primogénitos son (¿de quién?) míos,” dijo Dios; porque lo que Dios salva, ¿de quién es?, del Salvador.

Y encontramos que la conmemoración cada año señalaba en el pasado lo que ocurrió en Egipto cuando se sacrificó el cordero pascual, cada familia, para la salvación ―preservación de vida― de los primogénitos que estarían dentro de cada hogar donde estaba la sangre en la puerta y donde estaba el cordero pascual asado en cada hogar; cada familia tenía su cordero.

Y no solamente señalaba aquello que sucedió sino que era una conmemoración ordenada por Dios: la Fiesta de la Pascua, e iban a Jerusalén luego a celebrar la Fiesta de la Pascua. Y luego también tenía la indicación para el futuro, la indicación profética de que aparecería un Cordero, un hombre-Cordero, para llevar a cabo esa Obra para la Salvación, para la preservación de la vida de los Primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

O sea, que señalaba tres cosas: Era una conmemoración, una fiesta; señalaba lo que sucedió en Egipto, un evento o hecho histórico; y señalaba un evento profético que estaba en el futuro, lo cual se cumpliría en la Venida del Mesías.

Por eso Juan el Bautista cuando vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Por lo tanto, estaba también profetizando, indicando, señalando, quién era el Cordero de Dios, Aquel que estaba tipificado en el cordero pascual en Egipto, y estaba diciendo que quitaría el pecado del mundo.

Juan estaba correcto en lo que estaba diciendo: Ése era el Cordero de Dios, el hombre en el cual y a través del cual se cumpliría el sacrificio del cordero pascual que se efectúo en Egipto; aquello era tipo y figura de lo que el Mesías haría en Su Venida: “Como cordero fue llevado al matadero.” ¿Ve? [Isaías 53:7].

Y también encontramos en Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29, la Fiesta de la Expiación, en donde dos machos cabríos eran escogidos, elegidos, y a uno le ponían por nombre Azazel… Vamos a ver también los nombres aquí… el otro macho cabrío era por Jehová. Los dos representan, tipifican, al Mesías.

Algunas personas pueden pensar: “¿Cómo con el sacrificio o muerte de unos animalitos Dios va a pasar por alto el pecado de las personas?” Si Dios lo ordenó así, Él lo hace así; y gracias a Dios por eso.

Levítico, capítulo 16, es donde nos dice que un macho cabrío es por Jehová y el otro es por Azazel. (“Azazel,” corrijo. Había dicho: Azael, o algo así. Es Azazel). Capítulo 16, versos 8 en adelante.

Encontramos que los dos machos cabríos representan al Mesías; uno: el Mesías siendo sacrificado físicamente por el pecado del pueblo de Dios, por el pecado del ser humano, por el pecado de los hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y el otro macho cabrío: por Azazel, tipifica a Cristo llevando nuestros pecados lejos, y por lo tanto, Dios no los recordará más.

Cristo en Su cuerpo físico muriendo como el Macho Cabrío de la Expiación, y Cristo como el Macho Cabrío por Azazel: en Su cuerpo teofánico, espiritual, llevando los pecados al infierno, retornándolos al diablo, al originador del pecado.

Y ahora Dios no ve ni encuentra el pecado de todos aquellos que lo han recibido como único y suficiente Salvador.

En la última cena o Pascua de Cristo con Sus discípulos, en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, dice así:

Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

O sea, que en el pan está siendo representado, tipificado, el cuerpo de Jesucristo nuestro Salvador.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, la Sangre de Cristo es representada en el vino, la Sangre con la cual Él nos redimió de nuestros pecados.

Él quitó nuestros pecados, nos limpió con Su Sangre de todo pecado, y dice que esa Sangre es la Sangre del Nuevo Pacto; porque sería establecido un Nuevo Pacto, en donde ya no se llevarían a cabo sacrificios de animalitos sino que el Sacrificio correspondiente a ese Nuevo Pacto sería el del Mesías Príncipe, que daría Su vida por todos nosotros.

Él no tenía pecado, pero la Escritura dice que Él tomó nuestros pecados y llevó nuestros pecados. Él, para morir, tenía que tener pecado; “porque la paga del pecado es muerte.” Y Cristo, sin pecado no podía morir.

El mismo San Pablo dice que la paga del pecado es muerte [Romanos 6:23]; y Cristo también dijo en San Juan, capítulo 10, que nadie le quitaba la vida, nadie se la podía quitar, Él dijo: “Yo la pongo por mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar (para resucitar).”

En el Programa Divino, para quitar el pecado del ser humano aparecería el Mesías Príncipe, descendiente del rey David según la carne, y tomaría nuestros pecados. Por el pecado nuestro fue que Él se hizo mortal, con el propósito de salvar nuestra alma.

Recuerden que el ser humano es alma viviente; y tiene un espíritu, que es un cuerpo espiritual parecido al cuerpo físico pero de otra dimensión; y tiene un cuerpo físico, literal, de carne, en el cual vivimos por un tiempo corto.

No importa que la persona pase de 100 años, eso es un tiempo muy corto; no importa que llegue a 500 años, es un tiempo muy corto, comparado con la eternidad. Dios hizo al ser humano para vivir eternamente.

Es importante estar conscientes del propósito divino para el ser humano, para que no estemos conformes con vivir 20, 30, 50, 60, 80, 90, 100 ó 200 años, sino con vivir eternamente; porque ese es el plan para vida eterna, para que el ser humano pueda disfrutar en el Reino de Dios la Vida, la Vida que perdió Adán en el Huerto del Edén.

Recuerden que Dios le había dicho que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal; porque el día que comiera, ese Día moriría. Un Día delante del Señor son mil años. No pudo llegar a vivir, a pasar de mil años.

En ese Día delante de Dios, en esos mil años, en ese ciclo de mil años, murió, murió con 930 años, eso es en la forma, parte literal; y en lo espiritual él murió el día que pecó, murió a la vida eterna, y solamente le quedó vida temporal que se le acabó a los 930 años.

Pero el deseo del alma de todo ser humano es vivir eternamente, y joven, no vivir como un ancianito o una ancianita; pero en el Programa Divino está que en la vida eterna, cuando se entre físicamente a vida eterna, el ser humano tendrá un cuerpo glorificado como el cuerpo de Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo; será en un cuerpo joven, que representará eternamente de 18 a 21 años de edad, que es la flor de la juventud. Y eso es una promesa para mí, ¿y para quién más?, para cada uno de ustedes también, no solamente para mí.

Por eso Cristo no se negó a dar Su vida por nosotros, no se negó a tomar nuestros pecados y hacerse mortal. San Pedro, en Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18, nos dice:

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.”

Él murió en la carne, pero Él bajó al infierno llevando nuestros pecados y dejándolos allá, retornándolos al originador, que es el diablo; y le quitó las llaves del infierno y de la muerte, y resucitó; pasó por el Paraíso y trajo con Él a los santos del Antiguo Testamento que esperaban en el Paraíso la Venida del Señor, la Venida del Mesías, para sacarlos de ese lugar que estaba cerca del infierno.

¿Recuerdan las palabras de Cristo en la historia de Lázaro el mendigo y el rico?, en donde Jesucristo muestra que el rico hacía banquete cada día y disfrutaba la vida terrenal, pero se había olvidado de Dios; aunque era, conforme a lo que Cristo dice, un descendiente de Abraham; y cuando murió fue llevado al infierno.

Y así como cuando muere un creyente: va llevado al Cielo, al Paraíso, por los ángeles de Dios; los incrédulos son llevados al infierno cuando mueren, por espíritus malos del infierno. Cada cual va llevado al lugar que le corresponde, por los ángeles de ese lugar: los ángeles malos (del infierno) o los ángeles buenos (del Cielo).

Vean, en San Mateo, capítulo 27, cuando Cristo fue crucificado, verso 51 en adelante, dice:

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido (o sea, dormir, significa muerte), se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él (o sea, después de la resurrección de Cristo), vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.”

Cuando Cristo efectúe la resurrección de los creyentes que murieron, los cuales están en el Paraíso (que es la sexta dimensión), en donde están en cuerpos espirituales, cuerpos teofánicos, habrá un terremoto grande; como hubo un terremoto cuando resucitaron con Cristo los santos del Antiguo Testamento.

Es importante saber todo esto, porque así como Cristo luego de salir del infierno… Recuerden que Él tomó las llaves del infierno y de la muerte, se las quitó al diablo, y ¿qué le dejó Cristo al diablo?, los pecados de los seres humanos; le entregó la obra del diablo, el pecado, se lo devolvió. Luego pasó por el Paraíso, que estaba cerca…

Recuerden el caso del hombre rico y Lázaro el mendigo, en donde llegó el hombre rico al infierno (que es la quinta dimensión), y desde allá – y allá él estaba muy preocupado, tenía sed también, no encontraba quién le diera agua; y en esos días murió también Lázaro el mendigo, y fue llevado por los ángeles, dice Cristo. A los creyentes, Dios les envía ángeles para que los lleven en espíritu y alma al Paraíso.

Y Lázaro el mendigo, fue llevado al Seno de Abraham, donde estaba Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas y todos estos hombres de Dios, los santos del Antiguo Testamento. Y Lázaro allí llegó muy contento; conoció al padre Abraham, el Padre de la Fe.

Y el hombre rico mirando – en su desesperación miró hacia el otro lado (porque entre el infierno y el lugar llamado el Seno de Abraham, había un precipicio), y miró al otro lado y vio a Abraham, y también vio a Lázaro al cual conocía, el cual se sentaba a la puerta de la residencia del hombre rico, esperando algo de comida, y aun de dinero.

Y el hombre rico clama y dice… llama a Abraham: “Padre Abraham…” Ahora se recordó de Abraham. Pasa como algunas personas, que cuando tienen un problema grande es que se recuerdan de Dios y oran a Dios. Debió de estar toda su vida recordándose de Dios, orando a Dios y sirviendo a Dios, para tener el amor de Dios, y él tener el amor hacia Dios toda su vida.

El hombre rico le dice a Abraham: “Padre Abraham (se identifica como un hijo de Abraham, un descendiente de Abraham), envía a Lázaro con su dedo mojado en agua para que lo coloque en mi lengua porque aquí yo estoy atormentado, no hay agua, no hay…, tengo sed.”

La conversación podía ser mayor de la que tenemos en la Biblia, puede estar un resumen solamente; pero con eso nada más (que hay dos lugares donde la persona puede ir: o al infierno o al Paraíso), la persona tiene suficiente para comprender que si no se prepara con Dios para ir al Cielo, al Paraíso, automáticamente va a ir donde fue el hombre rico; y después, de allí no podrá salir hasta el día del Juicio Final. No habrá nadie que le lleve agua… no habrá nadie que vaya a consolarlo…

Abraham le dice al hombre rico (están hablando desde un lugar a otro), le dice al hombre rico: “Tú tuviste tus bienes, riquezas allá, y las disfrutaste, y ahora estás en ese lugar; pero Lázaro tuvo muchos problemas, sufrimientos en la Tierra, pero ahora él aquí es consolado. Y los que están aquí y los que están allá: los que están allá donde tú estas, no pueden pasar acá, ni los que están acá pueden pasar allá.”

Y entonces el hombre rico, viendo que ya no había oportunidad de que Lázaro fuera a visitarlo… ¿Por qué no lo hizo cuando estaba viviendo en la Tierra y veía a Lázaro a la puerta de su casa, decirle a Lázaro: “Lázaro, pasa acá para que cenes conmigo”? Ahora quiere que le vaya a llevar agua.

Y ahora se recuerda de sus hermanos también: “Pues envía a Lázaro…” Ahora no… Ya sabe que no lo puede enviar del Paraíso, del Seno de Abraham, al infierno, en donde está el hombre rico. Ahora le dice: “Tengo otros hermanos allá, unos cinco hermanos (¿o cuatro?, cinco hermanos). Envía a Lázaro allá, a mis hermanos, para que les hable, o sea, les cuente cómo es la cosa acá (después de muerta la persona).”

Porque algunas personas dicen: “No, nadie sabe cómo es allá cuando uno muere.” Pues es mejor que sepa usted cómo es allá. Con esa explicación de Cristo ya debe tener suficiente para entender cómo son las cosas después que la persona muere.

“Envía a Lázaro a la Tierra, allá a mis hermanos, para que les hable, les diga, para que ellos no tengan que venir acá.” Ahora se preocupó, ahora quiere que Lázaro vaya a evangelizar a sus hermanos, se recordó de sus hermanos.

Y el padre Abraham le dice: “Si alguno de los muertos se levanta, no creerán. Allá tienen a Moisés y a los profetas; que crean en ellos.”

Por lo tanto, aquí en la Tierra tenemos la Palabra, Moisés y los profetas, Jesús y los apóstoles, para dar a conocer lo que será después que la persona termina sus días en esta Tierra.

Y ahora, el Seno de Abraham se vació con la resurrección de los muertos creyentes del Antiguo Testamento cuando Cristo resucitó.

Y ahora en el Nuevo Pacto, bajo el Nuevo Testamento o Nuevo Pacto, los creyentes en Cristo cuando mueren físicamente… digo físicamente porque los creyentes no mueren: el alma y el espíritu de la persona creyente pasa a otra dimensión, la sexta dimensión, y lo que muere solamente es el cuerpo físico; y no hay ningún problema, porque Cristo lo va a resucitar en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo, y joven para toda la eternidad.

Por lo tanto, cuando usted se mira en el espejo y vea que le van pasando lo años y le salen algunas arruguitas, no diga que se está poniendo viejo o que ya sus días en la Tierra van a terminar; no. Piense: “Ahora estoy más cerca del cuerpo nuevo, del cuerpo glorificado que Cristo ha prometido para mí.”

Por lo tanto, las arruguitas y los años que nos pasen por encima no debe ser una preocupación; cada vez que usted cumple años, ha cumplido un año más cerca de la transformación, un año más cerca del nuevo cuerpo y un año más cerca de la Venida del Señor.

Los santos creyentes en Cristo al terminar sus días en la Tierra, sus cuerpos tienen que dejar de existir, porque el alma y el espíritu sale, o sea, la persona sale, Cristo lo llama, manda ángeles para que lo lleven al Paraíso, a la sexta dimensión, donde están todos los creyentes del Nuevo Testamento, del Nuevo Pacto, desde los tiempos de los apóstoles hasta nuestro tiempo; allí están en cuerpos angelicales, cuerpos espirituales, el cuerpo angelical llamado: el ángel que tiene cada persona.

Recuerden el caso del libro de los Hechos, en que San Pedro estaba preso y al otro día lo iban a matar; y el Ángel de Dios, que es Cristo, entró a la cárcel en esa Luz que aparece luego que subió al Cielo, la misma Luz que le apareció a Saulo de Tarso en el camino a Damasco y le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Y estaba persiguiendo a los discípulos.

Pero Cristo en Espíritu Santo, está en los creyentes en Él; y Cristo está con y en Su Iglesia. Y Saulo de Tarso estaba persiguiendo a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y la Iglesia es el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Era una luz más fuerte que la luz del sol. Saulo cayó del caballo, y Saulo pregunta: “Señor…” Sabe que es el Señor, que es el mismo que le había aparecido a Moisés en aquella zarza ardiente y le había dicho: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Moisés – el padre de Moisés, que era Amram). Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y Dios de Jacob.”

¿Y cómo el Ángel de Dios es el mismo Dios? Es un misterio, pero tan sencillo que hasta un niño lo puede entender.

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios como Padre en el ser humano, que es hecho a imagen y semejanza de Dios, equivale al alma de la persona; y en Espíritu Santo, Dios en Espíritu Santo equivale al espíritu de la persona; y como el Hijo de Dios es equivalente al cuerpo físico, Jesucristo el Hijo de Dios, ¿ve?, es la semejanza física de Dios, y equivale al cuerpo físico que nosotros tenemos.

Porque el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. En Jesucristo estaba la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo; por eso Él decía: “El que me ha visto a mí, ha visto el Padre.” Y lo que estaba viendo era un cuerpo de carne, pero en Él estaba el Padre, Dios.

Y usted cuando ve a una persona, después dice: “Vi a fulano de tal,” porque vio su cuerpo; pero realmente no vio a esa persona. Vio su casa terrenal, su cuerpo físico, y puede decir que vio a la persona porque es el cuerpo físico de la persona.

Y cuando las personas veían a Jesús, estaban viendo a Dios. Jesús decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Él decía también: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras, yo no hago nada de mí mismo.”

Usted tampoco, como cuerpo físico, usted no hace nada de usted mismo. Cualquier persona puede decir: “Sí, yo hice; mis manos hicieron – con mis manos.” El que hizo fue el alma suya, que es usted (la persona) alma viviente, a través del cuerpo espiritual, usando el velo de carne, el cuerpo de carne.

Por eso cuando sale usted del cuerpo físico (que le llaman muerte), el cuerpo físico no puede hacer nada. ¿Por qué? Porque el que hacía las cosas era usted que es alma viviente, y el cuerpo era el instrumento a través del cual usted hacía las cosas.

Pero no se preocupe el que parta de esta Tierra: Dios tiene otro cuerpo en la resurrección, perfecto, para cada creyente en Él; un cuerpo joven, eterno, glorificado, igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador; y en cuanto al cuerpo espiritual, en el cuerpo espiritual no se pone vieja la persona tampoco.

Así que los que murieron: San Pedro, San Pablo, todos los apóstoles de Cristo (excepto Judas), están en el Paraíso en cuerpos jóvenes, es ya en la sexta dimensión; y los diferentes mensajeros de las diferentes etapas de la Iglesia, están allá con el grupo de su tiempo.

Pero quedará un grupo aquí en la Tierra, porque Pablo dice: “No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir).” Dice que los que estén muertos resucitarán en cuerpos glorificados, cuerpos perfectos, inmortales; y los que vivimos, seremos transformados sin ver muerte.

Esa promesa es para todos los creyentes en Cristo que estén vivos cuando Cristo resucite a los creyentes en Él, de otros tiempos y algunos de nuestro tiempo; los cuales cuando nos aparezcan, si era un ancianito o ancianita, si era abuelita o abuelito, o papá o mamá, y le diga: “Hijo, ¿cómo estás?… Hijo.” Y usted le diga: “¿Cómo que hijo?, si tú estás más joven que yo.” Nos podrán decir: “Hijo, recuerda que eso es lo que está en la Biblia: que resucitaríamos en cuerpos glorificados, cuerpos eternos igual al cuerpo glorificado de Cristo.”

Y cuando los reconozcamos… Nos podrán decir alguna cosita de las experiencias que vivimos junto a ellos, y usted recordará que así era.

Como el caso cuando Cristo resucitó: ni lo conocían. Cuando resucitó… cuando murió tenía unos 33 años, y cuando resucita glorificado no lo conocen; pero cuando partió el pan dando gracias al Padre, los caminantes de Emaús lo reconocieron, porque esa era exactamente la forma en que Cristo siempre hacía en el partimiento del pan cuando cenaba con ellos.

Luego cuando le aparece allá en Jerusalén (o en donde fuera el lugar), le aparece allá a los discípulos, que están encerrados por miedo a los judíos, por la persecución que se desató contra los creyentes en Cristo, los discípulos, luego de la muerte de Cristo; y les aparece Jesucristo allí con las puertas cerradas (así que pasó a través de las paredes; pero no es necesario pasar a través de la paredes, sino cambiar de la dimensión que Él estaba a la dimensión terrenal)…

Y ellos pensaron que era un espíritu, y estaban asustados; porque cuando se habla de cosas… de un espíritu, las personas se asustan mucho; como cuando caminó sobre las aguas del Mar de Galilea, pensaban que era un espíritu, y todos estaban asustados; pero Cristo les dice: “El espíritu no tiene carne, como ustedes ven que yo tengo, ni tiene hueso tampoco.” Les dijo: “¿Tienen ustedes algo de comer?” Le dieron un pedazo de pescado y un panal de miel, un pedazo de miel, y comió delante de ellos; lo que muestra cómo es un cuerpo glorificado.

En el cuerpo espiritual no se puede comer, no hay necesidad tampoco de comer; pero en el cuerpo glorificado se puede comer.

Comió con ellos, y entonces entendieron que era Él. Aunque todavía tenían dudas, así que hubo algún cambio en Él; lo más seguro: lo veían muy joven, y glorificado mucho más.

Los que están en el Paraíso fueron visitados, los del tiempo de la etapa o edad a la cual el reverendo William Branham era su mensajero. Él en una ocasión fue trasladado en visión, fue trasladado al Paraíso, donde estaban los creyentes; y estuvo con ellos, vio que todos eran jóvenes, hombres y mujeres, vio la forma de vestir allá en el cuerpo angelical, que es el espíritu; y él también se tocó la cabeza y tenía todo el cabello, estaba joven; eso es como de 18 a 21 años, dijo él que eran todos los que allí estaban.

Era el grupo de la séptima etapa de la Iglesia; los de las otras etapas pues estaban con sus mensajeros en otros territorios de la misma sexta dimensión.

Y le dicen que estaban contentos de verlo allí; por supuesto que cuando un creyente en Cristo parte, están contentos los que están allá esperando que lleguen más creyentes allá al Paraíso; pero quedan acá en la Tierra otros que no quedan muy contentos: los familiares, que dicen: “¿Por qué te lo llevaste, Señor? ¿Por qué…?” No quedaron contentos.

Pero Dios es el que determina cuántos años usted y yo vamos a vivir en esta Tierra, Él es el que tiene control de nuestra vida; el ser humano todavía no puede controlar el tiempo en que tiene que partir de esta Tierra, tarde o temprano tiene que irse.

Allá en la conversación que tuvo el reverendo William Branham con los que estaban en el Paraíso, él les dice: “Yo quiero ver a Jesús, Él es mi Salvador, yo le serví en la Tierra”, y le dicen: “Ahora no puedes, Él está más arriba.”

¿Qué es eso de “más arriba”? Ellos estaban allí en la sexta dimensión y más arriba es la séptima dimensión, la dimensión de Dios.

“Pero no te preocupes. Pero Él vendrá, Él va a venir por aquí.” Recuerden cómo fue por el Seno de Abraham (que era el Paraíso de aquel tiempo) para sacarlos de allí en la resurrección, así.

“Pero Él vendrá por aquí (y lo más contento), y te juzgará (ahí fue la preocupación), y te juzgará por lo que tú predicaste en la Tierra.”

Entonces ahí se preocupó y él dijo: “Yo prediqué lo que San Pablo predicó,” y todos dijeron: “Así lo sabemos, sabemos que es así.” Y Él dijo: “Y si San Pablo con su grupo entra, yo también entraré con mi grupo,” y ellos dijeron: “También sabemos que será así, así lo creemos.”

Y le dijeron: “Y luego nos iremos con Él, con Jesús, a la Tierra, y tomaremos cuerpos.” Recuerden, esa es la resurrección; será en cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados.

“Y entonces comeremos.” Así que podemos invitarlos cuando los veamos. Y si no los invita, le pueden decir como le dijo Jesús a los discípulos: “¿Tienen algo de comer?” Eso mostrará que no son espíritus sino los creyentes que han resucitado en cuerpos glorificados y eternos, y que podrán comer.

Y les gustaría a ustedes ver a una persona con cuerpo glorificado comiendo, ¿verdad? Y a mí también.

Se va a repetir lo del tiempo de la resurrección de Cristo y los santos del Antiguo Testamento; para este tiempo serán los santos del Nuevo Testamento. Vamos a ser transformados cuando los veamos.

¿Y qué pasará después que seamos transformados y los muertos resucitados? Bueno, después que Cristo resucitó, y los santos del Antiguo Testamento resucitaron con Cristo, luego estuvo Cristo con Sus discípulos apareciéndoles en diferentes ocasiones; algunas, quizás, algunas ocho ocasiones, porque estuvo con ellos apareciéndoles por cuarenta días.

Así que habrá un lapso de tiempo luego de la resurrección, que pueden ser 30, 40 ó 3 meses ó 6 meses, con todos ellos con nosotros.

Y si no tenemos lugar para acomodarlos, no se preocupen, ellos saben cómo – sabrán cómo hacer; pero si tenemos lugar para acomodarlos, los tendremos sentaditos; si no, pasan a otra dimensión y ahí estarán bien; o si no, quedarán de pie; pero en el nuevo cuerpo no se cansarán, no tendrán las necesidades que tenemos aquí en la Tierra, pero podrán compartir con nosotros: comida, pueden comer, pueden sentarse, pueden hablar, pueden cantar, y el que no sepa cantar: en el nuevo cuerpo va a aprender a cantar, va a saber cantar.

Va a ser la cosa más gloriosa que nos haya acontecido, la transformación de nuestros cuerpos; y entonces, en ese lapso de tiempo en que ya estaremos con los santos resucitados y nuestros cuerpos transformados, no tendremos horarios, todo el tiempo estaremos juntos.

Para ese tiempo van a acontecer grandes cosas. Y eso está pero que muy, muy cerca.

Por lo tanto, trabajemos en el Programa Divino conforme al Programa Divino, al Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo; y con nuestra fe siempre puesta en Cristo, que es el fundamento nuestro, es la Piedra de fundamento y es la Piedra del Ángulo, Él es nuestro Salvador; y Él nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, a esa unión de Cristo con Su Iglesia, en la Casa y a la Casa del Padre Celestial.

Mientras, la Tierra estará pasando por esas etapas difíciles de volcanes, terremotos, maremotos, tsunamis y muchos otros problemas, plagas que estarán cayendo sobre la raza humana. Y todo eso dará lugar a lo que vio el profeta Daniel en el capítulo 2, versos 30 al 45, cuando la piedra no cortada de manos vino e hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó; eso será lo que estará sucediendo ahí.

Y luego regresaremos con Cristo, regresaremos de la Casa de nuestro Padre celestial, regresaremos a la Tierra en cuerpos glorificados para comenzar el glorioso Reino Milenial de Cristo, en donde estaremos como reyes, como sacerdotes y como jueces; o sea que seremos los miembros de gobierno, el Gabinete de gobierno de Cristo; seremos los miembros también, del Orden religioso sacerdotal celestial, siendo establecido en la Tierra; y también los miembros del poder judicial. Pues en Primera de Corintios, capítulo 6, versos 1 al 3, dice: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles?” Por eso son jueces también.

Todo lo que Cristo es y a todo lo que Cristo es heredero, lo son también todos los creyentes en Él.

Él es la Estrella resplandeciente de la Mañana, y todos los creyentes son estrellas también. Él es la Luz del mundo (San Juan, capítulo 8, verso 12), y también Cristo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.”

Él es el Rey de reyes y Señor de señores, y nosotros somos reyes con Él, porque Él nos redimió con Su Sangre y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, Él es Melquisedec, Rey y Sacerdote; y nosotros somos sacerdotes también, del Orden de Melquisedec, del cual Cristo es el Sumo Sacerdote.

Y Cristo es el Juez Supremo, el Juez de toda la Tierra, porque Dios lo ha puesto a Él como Juez de los vivos y de los muertos; y nosotros somos jueces también con Cristo.

Por lo tanto, la posición más elevada en el Reino del Mesías la tiene Cristo y los creyentes en Él.

Y algunas personas piensan: Creer en Cristo y recibirlo como Salvador, para ellos no tienen ningún valor; pero para nosotros sí.

Es la expresión del Amor Divino a través de Cristo, a favor de cada uno de ustedes, de mí también. Todo eso que les he dicho que Él… a lo cual somos herederos, lo otorga Dios por medio de Cristo gratuitamente. Es por Amor. Su Venida fue por Amor; porque “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Eso es Romanos, capítulo 5, versos 6 al 10.

Y San Juan, capítulo 3, verso 16, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y también nos dice el mismo Cristo en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco.” ¿Desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo; porque están escritos en el Cielo, en el Libro de Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. “Y yo las conozco y yo les doy vida eterna.” Es el único que puede dar vida eterna; porque Dios nos ha dado vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo, en Jesucristo.

[Primera de Juan 5:10-12] “El que tiene al Hijo, tiene la vida (la vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios (a Cristo; porque no lo ha recibido como Salvador) no tiene la vida (no tiene la vida eterna).” Tiene una vida temporal que se le va a terminar. ¿Y después? No tiene nada más. Se irá a vivir a donde nunca deseó ir a vivir, sin el cuerpo físico: hasta el Juicio Final.

Pero el creyente en Cristo tiene grandísimas promesas divinas, grandes bendiciones: A todo lo que Cristo es heredero también son coherederos con Cristo todos los creyentes en Él.

Por lo tanto, es una bendición y privilegio recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

La humanidad no tiene futuro, pero los creyentes en Cristo tienen el futuro más glorioso que se pueda tener: vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno, juventud eterna. ¿Qué otra persona puede ofrecerle a usted juventud eterna? Si tiene juventud eterna, tiene vida eterna. Por lo tanto, Cristo nos amó desde antes de la fundación del mundo.

Y eso de que estamos en Cristo: porque estábamos en Cristo, así como un árbol estaba en la semilla que se sembró; aunque las personas no podían ver el árbol, así tampoco las personas podían vernos a nosotros cuando estaba Cristo en la Tierra; pero estábamos en Él.

Como cuando Abraham se encontró con Melquisedec en Génesis, capítulo 14, y dio, pagó los diezmos a Melquisedec; y San Pablo en Hebreos, dice (por el capítulo 7, esos capítulos por ahí, del 5 al 8) que cuando Abraham diezmó a Melquisedec, Leví estaba diezmando también, el cual no había nacido, dice que estaba en los lomos de Abraham.

Tampoco había nacido el padre de Leví, que fue Jacob; y tampoco Jacob había nacido; tampoco había nacido el padre de Jacob, que fue Isaac; y ya Leví estaban en los lomos de Abraham.

Y si estaba en los lomos de Abraham: Leví, también estaba en los lomos de Abraham: Jacob; y estaba en los lomos de Abraham: Isaac.

Porque físicamente cada hijo es un atributo de su padre terrenal, en lo físico; porque la vida surge en la cuarta generación anterior a la persona. Por eso vean, Leví, esa generación… la generación antes de Leví: Jacob, la generación antes de Jacob: Isaac, y la generación antes de Isaac: Abraham. Leví era la cuarta generación desde Abraham hasta Leví: Abraham, Isaac, Jacob y Leví.

La vida surge en la cuarta generación antes de uno aparecer en la Tierra. O sea, que ya físicamente usted y yo estábamos en nuestro padre, nuestro abuelo y nuestro bisabuelo, el germen de vida; y eso pues se puede estudiar en la parte científica, para los que lo quieran comprender científicamente; pero miren, ahí en la Biblia está: Leví en los lomos de Abraham.

Y cuando Dios hablaba de juicio, decía que juzgaría en la tercera y en la cuarta generación también, traería el castigo; o sea, que algo que hiciera mal una persona, después podían tener consecuencias los nietos y los bisnietos.

Por eso es que ustedes ven que cuando van a un médico por primera vez, le llenan un récord, y le preguntan si en su familia, su mamá, su papá, o sus abuelos o alguien de esa familia tuvo cáncer, y lo apuntan; porque si lo tuvo, puede usted también heredarlo, o si tuvo alguna otra enfermedad.

Por lo tanto, se viene arrastrando un sinnúmero de problemas físicos, de salud, problemas de enfermedades y cosas, de generaciones anteriores a las que uno vive.

Pero Cristo es nuestro Sanador, Él resolvió ese problema; y si usted lo cree de todo corazón: manténgase creyéndolo en todo problema que tenga, y puede ocurrir inmediatamente o gradualmente, que recobre la salud.

Sanidad… [San Marcos 16:18] “Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” Eso no indica que será un milagro; aunque es un milagro pero de hacer un milagro; pero cuando la persona está paralítica o enferma, y queda sanada al momento, ya eso es un milagro, eso es milagro.

Pero la sanidad: poner las manos sobre los enfermos, “y sanarán,” puede transcurrir un lapso de tiempo que no esté especificado, y a cierto tiempo usted encontrarse que está bien. Pero fue eso lo que lo produjo: que se oró por usted, o que usted creyó leyendo la Biblia, o creyó, y ahí ya comenzó la sanidad; porque la Sanidad Cristo la llevó a cabo allá en la Cruz del Calvario, y ahora es asunto de creer.

Eso es como, digamos, el dinero: Usted no tiene que hacer ningún dinero sino trabajar, y le pagan normalmente con dinero; por lo tanto, usted tiene que hacer lo que corresponde para recibir el dinero; ya está hecho. Y la Sanidad ya fue hecha en la Cruz del Calvario, usted tiene que hacer lo que corresponde para que se materialice en usted; ya no tiene que Cristo hacer la Sanidad o las demás cosas, sino nosotros aceptarlo, creerlo, y se materializará en cada uno de nosotros.

La Salvación ya Él la llevó a cabo en la Cruz del Calvario, ahora nosotros lo aceptamos, y se hace una realidad en nuestra vida. Así es también la parte física para todos los creyentes.

Y la paz es igual. Cristo es nuestra paz. Al recibir a Cristo nos trae la paz del alma, porque nos trae paz para con Dios; porque mientras el ser humano no ha recibido a Cristo como Salvador, no tiene la paz de Cristo, no tiene la paz que Él da al ser humano; porque el ser humano entonces se encuentra en guerra con Dios, no hay paz, está el ser humano como enemigo de Dios.

Si lee ese mismo capítulo 2, ahí encontrará más explicación.

Ahora vean, es como… en medio del pueblo hebreo cada año se efectuaba el sacrificio de la expiación por los pecados de las personas, del pueblo, y toda persona tenía que afligirse en ese día; y el que no se afligiera quedaba condenado a muerte. Afligirse, arrepentirse de sus pecados, reconociéndolos, y pedir perdón a Dios; y en ese día quedaba perdonado, quedaba reconciliado con Dios. Si no lo hacía en ese día, luego le vendría el juicio divino, sería cortado del pueblo durante ese año.

Y Cristo es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; y el que ―mientras vive en la Tierra― no se aflige por haber pecado contra Dios y lo recibe como Salvador… y después si peca nuevamente y lo confiesa a Cristo, Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de sus pecados, lo limpia de todo pecado, y se mantiene reconciliado con Dios para vivir, no un año más, sino eternamente.

Cristo es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para ser reconciliado con Dios y tener paz con Dios.

Al estar una persona en problemas con otro, en guerra con otro, no tiene paz; pero cuando se reconcilian los dos, se abrazan y ya tienen paz, ya están en paz.

Y así es con Dios: por medio de Cristo hemos sido reconciliados con Dios y tenemos paz para con Dios y vida eterna, la paz del alma y del espíritu.

La aplicación para naciones, en lo correspondiente a naciones y pueblos y así por el estilo, eso lo hablaremos en otra ocasión, y quizás bajo otra perspectiva para las naciones, bajo otra óptica. Y eso pues ya ustedes lo escucharán en otra ocasión; porque las naciones están buscando la paz, quieren la paz, y hay una forma para obtener la paz permanente; pero antes viene la paz temporal, una paz que terminará en guerra.

Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina.” Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 al 11.

“Pero vosotros no estáis en tinieblas.” Por lo tanto, seremos transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. No tendremos que pasar por esos juicios divinos de la gran tribulación. Nos mantenemos en paz aunque la Tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón de la mar. No temeré mal alguno, porque Jehová, porque el Señor, está conmigo. ¿Y con quién más? Con cada uno de ustedes también; porque tenemos a Jesucristo acá en nuestra alma, que nos da la paz. Él es nuestra paz.

Si alguno todavía no ha recibido a Cristo, pues no tiene la paz; y lo puede recibir en estos momentos, para que Él les dé la paz con Dios; para lo cual puede pasar al frente, y estaremos orando por usted.

Dios tiene mucho pueblo en la bella Colombia, y los está llamando en este tiempo final. Él quiere que los colombianos vivan eternamente. Y tiene mucho pueblo en todas las naciones, y los está llamando para que vivan eternamente.

“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” Él te está llamando para darte vida eterna, como dijo Cristo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Jesucristo es la persona más grande, más importante, que ha pisado este planeta Tierra; y está sentado en el Trono de Dios en el Cielo. Él mismo dijo que Él se sentaría en el Trono de Dios en el Cielo. Y por consiguiente, todo lo que Dios hace, lo hace a través de Jesucristo; porque el que está sentado en el Trono es el que gobierna.

De parte de Cristo, desde el Trono, da Sus bendiciones a Su Iglesia, a los seres humanos.

En San Mateo, capítulo 26, dice [verso 63]:

Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

¿Y lograría sentarse Cristo en el Trono de Dios?, pues Él dice que se sentará a la diestra del poder de Dios, y eso es sentarse en el Trono de Dios.

Y si Cristo se sentaría en el Trono de Dios, ¿dónde se sentaría el Padre?, ¿y dónde se sentaría el Espíritu Santo? ¿Será que hay tres Tronos allá?

No. Él dijo que se sentaría en el Trono de Dios, en el Trono del Padre. ¿Y dónde, entonces, estaría Dios, el Padre? Dentro de Jesús. ¿Y dónde estaría el Espíritu Santo? Dentro de Jesús.

Recuerde que el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, un Hombre de otra dimensión, un cuerpo angelical, un cuerpo de otra dimensión; y ése es el cuerpo angelical de Dios, que aparece como el Ángel del Pacto en diferentes lugares de la Biblia; esa es la imagen del Dios viviente. Y el cuerpo físico de Jesús, el cual ya está glorificado, es la semejanza física de Dios. Por lo tanto, Dios, el Padre, está dentro de Su cuerpo angelical con y dentro del cuerpo físico glorificado de Jesús.

Y ahora, el que ha visto a Cristo glorificado y el que ha visto a Cristo sentado en el Trono del Padre, está viendo a Dios, a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo allí sentado en el Trono celestial. Tan sencillo como eso.

Es como cuando usted se sienta en un lugar: ahí está sentado usted en toda su plenitud: cuerpo, espíritu y alma; porque cuando usted se sienta en un lugar, su alma y su espíritu no están en otro lugar, están ahí también, dentro del cuerpo de carne. Así es para con Dios dentro del cuerpo de carne glorificado de Jesús.

Y ahora vamos a ver si sentó Jesús realmente en el Trono de Dios como Él dijo que se sentaría. Apocalipsis, capítulo 3, verso 21:

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Aquí ya está diciendo que sí, que se sentó.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Cristo está sentado en el Trono del Padre y en Él está el Padre; y desde ahí, Dios el Padre obra a través de Jesucristo, y gobierna todo el Reino celestial, y gobierna todas las cosas, y gobierna nuestra vida.

En Espíritu Santo Él está en cada creyente en Cristo, dirigiendo, gobernando su vida, guiándolo siempre en el camino divino; porque Cristo es nuestra paz.

Por eso no le podemos tener miedo a la muerte; porque cuando muere un creyente en Cristo, va al Paraíso, va a un lugar donde ya no hay problemas. Pero no desee morirse. Desee permanecer en la Tierra trabajando en la Obra del Señor, sirviendo a Dios con toda su alma, sirviendo a Cristo con todo su corazón.

Nadie piense en irse antes de tiempo. No se preocupe, que cuando sea el momento de irse, Cristo enviará ángeles para que lo lleven.

Hay personas que piensan en el suicidio y eso es lo peor que una persona puede pensar. Esos son pensamientos del diablo. Los pensamientos de Dios es que vivamos, que trabajemos, que criemos la familia, que trabajemos en favor de la comunidad, en favor del país, y sobre todo, en favor de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque somos parte de ese Cuerpo Místico de creyentes. Y vivir en paz, con la paz de Cristo acá.

Si hay alguna persona que falta por venir a los Pies de Cristo, puede pasar al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Y en los demás países también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie, para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Recuerden, los niños también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Recordemos las palabras de Cristo, cuando los discípulos trataron de impedir que los niños fueran a Cristo, y Cristo les dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14].

También les dijo: “Si no fueran ustedes como uno de estos niños, no entrarán en el Reino de Dios.” [San Mateo 18:3].

Los niños siempre están buscando, y así tenemos que ser nosotros también: buscando las cosas de Dios. Estaban los niños buscando a Jesús como lo tenían que hacer los mayores, y como lo tenemos que hacer todos nosotros que estamos aquí presentes, o también los que están en otras naciones en estos momentos conectados con esta transmisión.

Los niños de 10 años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo, para recibirlo como su único y suficiente Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre Celestial, vengo a Ti con todas estas personas, estas almas preciosas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, es un mandamiento de Cristo para todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, creen y lo reciben como su único y suficiente Salvador.

Desde los días de los apóstoles hasta nuestro tiempo, se ha estado bautizando cada persona que lo ha recibido como único y suficiente Salvador; y todavía se continúa bautizando en agua a los creyentes que lo reciben como único y suficiente Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados de la persona, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Cristo fue donde Juan estaba predicando y bautizando (Juan el Bautista), y entró a las aguas bautismales; y cuando le tocó el turno a Jesús, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces ya no puso más trabas para bautizarlo, y lo bautizó. Y luego, cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús.

El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, tuvo necesidad de ser bautizado, aunque no tenía pecado. ¡Cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre del Señor!

Es que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; porque estábamos en Él y con Él en Su trayectoria terrenal, en esos 33 años de vida terrenal que tuvo Jesús; y estamos en Él desde antes de la fundación del mundo. Desde antes de Él tener Su cuerpo físico, Él y en Él, en Su cuerpo angelical, estábamos en Él y con Él.

Como un árbol (como les dije, de mango o de alguna otra fruta como aguacate), ese árbol estaba en la semilla, que se sembró y produjo ese árbol; así estábamos en Cristo, que es la Semilla, la Simiente de Dios.

Y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, simbólicamente, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Es que estábamos en Él y continuamos con Él.

Por lo tanto, en el bautismo en agua estamos dando testimonio de que estábamos con Él eternamente; estábamos con Él cuando estuvo en la Tierra; estábamos con Él cuando murió, cuando fue sepultado y cuando fue resucitado. Por eso estamos sentados con Él en lugares celestiales.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo, en cuerpos eternos y glorificados.

Y mientras llega ese momento de tener el cuerpo eterno y glorificado, continuaremos viéndonos en las actividades y continuaremos sirviendo a Cristo todos los días de nuestra vida.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y dejo con ustedes al ministro, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y les deseo a todos una Feliz Navidad, y un prospero Año Nuevo 2014.

Dejo con ustedes al reverendo Alejandro Sarria para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

JESUCRISTO NUESTRA PAZ.”

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