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La Visitación de Dios
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La Visitación de Dios

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que se encuentran en otras naciones si están conectados a través de internet o del satélite Amazonas. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

“LA VISITACIÓN DE DIOS.” De eso nos hablaba el misionero Miguel Bermúdez Marín. Sabemos que la Visitación de Dios tiene un orden para ser cumplida siempre.

Quiero agradecer el respaldo que le están dando al proyecto de la Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, el cual ustedes han estado viendo cómo se ha estado desarrollando.

“LA VISITACIÓN DE DIOS.”

El que no sabe cómo es que Dios visita a Su pueblo, nunca verá la Visitación de Dios en el tiempo que le toca vivir.

Tenemos la Escritura que nos habla que Dios visitó a Abraham, también visitaba a Isaac y a Jacob, y también visitó a Adán allá en el Huerto del Edén, lo visitaba todos los días.

Luego encontramos también, que cuando Israel estuvo cautivo en Egipto por 400 años ó 430 años, Dios los visitó a través del profeta Moisés, a través del cual le habló a Israel y le habló a Egipto también: A Israel le habló las bendiciones que Dios había prometido para ser cumplidas en ese tiempo, y a Egipto le habló, al Faraón, los juicios divinos que vendrían sobre Egipto. Tanto los juicios divinos sobre Egipto como las bendiciones sobre Israel fueron cumplidos en aquella Visitación de Dios.

Es Dios en y con Su cuerpo angelical visitando a Su pueblo; y para lo cual se requiere un vestido o ropa o cuerpo humano, en el cual Dios entre y hable por medio de Su instrumento. Así es la historia bíblica desde el Génesis hasta el Apocalipsis en las visitaciones divinas a Su pueblo.

Tenemos el caso de Jesús, el más sobresaliente de todos, porque esto fue en un cuerpo que Dios se creó para Sí mismo y habitó en Él, en toda Su plenitud.

Por esa causa, en una ocasión cuando Jesús estuvo predicando en la ciudad de Naín o pasó por allí con Sus discípulos, y vio que llevaban a enterrar a un jovencito, hijo único de una mujer viuda (y por consiguiente era el único sustento de esa familia), Jesús tuvo compasión de ella: caminó hacia adelante, colocó Su mano sobre el féretro y se detuvo, se detuvieron los que lo llevaban, y Jesús le dice al joven: “¡Joven, levántate!” Y se levantó. Y se lo entregó a su madre.

Ustedes podrán notar que Jesús no decía ningún nombre, solamente decía: “¡Levántate!” A los enfermos les decía: “Sea conforme a tu fe.” O “sé sano.” El Nombre de Dios estaba en Él. Dios estaba en Él visitando a Su pueblo; y por consiguiente, era Dios hablando a través de Su velo de carne, el cual se había creado en el vientre de la virgen María.

Por eso Isaías profetizó diciendo en el capítulo 7, verso 14: “Porque he aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel (Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros).” Eso lo explica también San Mateo, cuando el Ángel le aparece a José, en el capítulo 1 de San Mateo, versos 18 en adelante. Dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David (es que era descendiente del rey David, José, como también la virgen María), no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Era Dios en el cuerpo de carne que Él se había creado para Sí mismo. El cuerpo de Jesús es la semejanza física de Dios, el cuerpo angelical del Ángel del Pacto es la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios.

Y ahora, Dios visitaba a Su pueblo en el cuerpo angelical llamado Ángel del Pacto o Ángel de Dios; y por cuanto no tenía el cuerpo físico de carne, la imagen humana, todavía, física, entonces usaba instrumentos, velos de carne llamados profetas, en los cuales entraba con Su cuerpo angelical y a través de ellos hablaba al pueblo; y eso era una visita temporal de Dios, de edad en edad y de dispensación en dispensación.

Y ahora, podemos ver la forma de Dios visitar a Su pueblo: es Dios en Espíritu Santo, que es el cuerpo angelical entrando a un cuerpo de carne, un profeta, a través del cual le habla al pueblo. Tan sencillo como eso.

Por eso encontramos que cuando Jesús está allí en la ciudad de Naín y resucita a aquel joven, miren el impacto que causó en el pueblo, y el entendimiento que tuvieron aquellas personas que vieron esta manifestación del poder de Dios a través de Jesús. Capítulo 7 de San Lucas, versos 13 en adelante, dice:

“Y cuando el Señor la vio (o sea, vio la madre llorando, la madre del joven), se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.

Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.”

Dios estaba dentro de Jesús visitando a Su pueblo Israel y haciendo las obras que estaban prometidas que el Mesías llevaría a cabo. Por eso Jesús decía: “Si ustedes no creen en mí, crean a las obras, porque las obras dan testimonio de mí,” o sea, daban testimonio de lo que el Mesías estaría haciendo en Su Venida.

Dios siempre ha visitado a Su pueblo; y por cuanto Él en Espíritu Santo está en medio de Su pueblo y se manifiesta en cada visitación, encontramos los diferentes instrumentos de Dios para Su visita: ha sido por medio de profetas, de apóstoles. En el Nuevo Pacto encontramos visitando a Su pueblo a través de San Pedro y los otros apóstoles, a través de San Pablo entre los gentiles, y así ha sido siempre la Visitación de Dios.

Es importante saber estas cosas porque tenemos una promesa de la visita más grande, paralela a la visita que Dios hizo a través de Jesús. En Apocalipsis 22, versos 12 al 13, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”

Aquí tenemos la promesa de una visita muy grande de Cristo a Su pueblo, de Dios a Su pueblo. También en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Esta será la Visitación más grande porque en esta Visitación traerá a los muertos creyentes en Él, que están en el Paraíso, los traerá y les dará cuerpos físicos eternos inmortales, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo; y a los creyentes que estén vivos en la Tierra, los transformará; y entonces todos serán inmortales y con cuerpos glorificados como nuestro amado Señor Jesucristo. Es la promesa más grande, correspondiente al tiempo final.

Por esto el cristianismo a través de sus dos mil años de historia, ha estado proclamando la Segunda Venida de Cristo, para la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y para la transformación de los vivos, y para luego irnos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Todo eso corresponde a la Visitación final, a la Visitación correspondiente a este tiempo final.

Por lo cual, es importante que levantemos nuestras cabezas al cielo, a las cosas de Dios. Cristo dijo: “Cuando ustedes vean suceder estar cosas, levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.”

Nuestra redención es la redención del cuerpo, la transformación de nuestros cuerpos físicos, para que sean inmortales, glorificados, como el cuerpo glorificado de Jesucristo, y jóvenes para toda la eternidad. Es una promesa para la Visitación de Dios para este tiempo final.

Por lo cual, tenemos que estar preparados conociendo las promesas divinas para este tiempo y conociendo la forma en que Dios ha obrado siempre.

Por ejemplo, nos habla de una Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, lo cual es un Mensaje final, una Gran Voz de Trompeta, un Mensaje mayor, un Mensaje dispensacional; por lo cual todas estas cosas estarán aconteciendo en este tiempo final. Y los que han de ser transformados estando vivos, estarán escuchando esa Gran Voz de Trompeta, esa Trompeta Final, estarán escuchando la Voz de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su pueblo visitando a Su Iglesia. Es una visita al cristianismo, como eran las visitas de Dios a los judíos a través de la historia del judaísmo; lo cual culminó con la visita mayor, la visita de Dios en Jesucristo el Mesías.

Israel va a ver la Venida del Señor, la Visitación de Dios a la Iglesia del Señor Jesucristo, y va a decir: “Este es el que nosotros estamos esperando.”

Todas esas cosas van a suceder en este tiempo final. Por eso es tan importante estar esperando, preparados, la Venida del Señor, que será para bendición de todos los creyentes en Cristo.

Es importante que todos oren por sus familiares también, para que estén preparados para la Venida del Señor en este tiempo final, como tenían que estar preparados los que vivieron en el tiempo de la Primera Venida de Cristo, para que no se nos escape tan importante visita del Cielo.

La visita del Señor a Su Iglesia está prometida en la Escritura, y por lo tanto se cumplirá en este tiempo final. Cristo dijo… Vean para qué tiempo dice Cristo que va a resucitar a los creyentes en Él. Capítulo 6, versos 39 al 40 de San Juan, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

La resurrección para todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, Cristo ha establecido que será para el Día Postrero. ¿Y cuál es el Día Postrero? Un Día delante del Señor es como mil años para los seres humanos. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y el Salmo 90, verso 4.

Por lo tanto, cuando se nos habla del Día Postrero delante de Dios, es el milenio postrero para los seres humanos; aun cuando se nos habla de los días postreros (en plural), se refiere para los seres humanos al quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio. Por eso San Pablo y San Pedro nos dicen que Jesús estaba allá viviendo en los días postreros. Vamos a leerlo para que tengan la base de lo que son los días postreros. Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice San Pablo a Dios:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Cuándo, dice San Pablo que nos ha hablado por el Hijo? Dice que ha sido en los días postreros; y eso fue en el quinto milenio, hace dos mil años atrás. Es que ya en los días de Jesús comenzaron los días postreros delante de Dios, que son los milenios postreros para los seres humanos; y los milenios postreros son el quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio.

Conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá, y por consiguiente en el tercer día delante de Dios, de los tres días postreros; y ese tercer día delante de Dios, de los tres días postreros, es el tercer milenio de los tres milenios postreros; ese es el Día Postrero delante de Dios. Y por consiguiente, es en este milenio séptimo de Adán hacia acá o tercero de Cristo hacia acá, que va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; porque ese es el Día Postrero del cual Cristo habló que va a efectuar la resurrección de los muertos creyentes en Él.

Lo que no sabemos es el año, pero ya sabemos en qué milenio. No podía ser en otros milenios pasados. Aunque lo estaban esperando, a Cristo, y por consiguiente la resurrección de los creyentes que habían partido; pero ya Cristo había dicho que será para el Día Postrero.

Lázaro también resucitará en el Día Postrero, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo resucitarán en el Día Postrero; y los que estén vivos serán transformados.

Son grandes bendiciones que Dios tiene para Su pueblo, los creyentes en Él, para este tiempo final, para Su Venida, para Su Visitación, Su visita a Su pueblo, a Su Iglesia, a los creyentes en Él. Y no podemos perder esa visita. Es la visita en la cual Él nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, ya teniendo todo este conocimiento de las cosas que Cristo ha hablado cuando estuvo aquí en la Tierra, y luego lo que ha estado hablando por medio de Sus apóstoles y profetas… el mismo Cristo hablando en Espíritu, usando personas, apóstoles y profetas mensajeros.

Por eso la Biblia ha sido hablada por Dios a través de personas; por eso es la Palabra de Dios, los pensamientos de Dios expresados, dados a conocer por medio de Su Espíritu a través de diferentes personas, profetas y apóstoles que Él ha enviado en diferentes tiempos.

Por lo cual, tenemos que estar bien agarrados de la Palabra de Dios. Es el mismo Dios en forma de Palabra, igual que Jesucristo es el mismo Dios en forma de carne, porque es el cuerpo de carne en el cual Dios habitó en toda Su plenitud; y ya está glorificado, y habita Dios en toda Su plenitud en Él, y está sentado en el Trono de Dios.

Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, no hay otra persona mayor que Él; porque fue Dios manifestado en carne humana, en Su Visitación a Su pueblo Israel.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y les ayude para estar preparados para la Visitación, visita más grande, de Dios a Su pueblo, al cristianismo; así como fue la visita más grande de Dios a Israel a través de Jesús.

Continúen pasando todos, una noche feliz; y que las bendiciones de Cristo el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Dejo al misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, con ustedes nuevamente.

“LA VISITACIÓN DE DIOS.”

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