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Conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para evitar los juicios que vendrán
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Conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para evitar los juicios que vendrán

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones reunidos en diferentes iglesias, diferentes congregaciones, ministros y hermanos. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para entenderlas. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en esta ocasión en San Lucas, capítulo 19, versos 41 al 44, donde nos dice de la siguiente manera:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, 

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “CONOCIENDO EL TIEMPO DE LA VISITACIÓN DE DIOS PARA EVITAR LOS JUICIOS QUE VENDRÁN.”

Es muy importante el conocimiento. El conocer es tan importante que la Escritura dice en Oseas, capítulo 4, verso 6:

“Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.”

Y luego el mismo capítulo 4 de Oseas, verso 14, dice:

“No castigaré a vuestras hijas cuando forniquen, ni a vuestras nueras cuando adulteren; porque ellos mismos se van con rameras, y con malas mujeres sacrifican; por tanto, el pueblo sin entendimiento caerá.”

Ya sea para individuo o para un pueblo, la falta de conocimiento lo hace perecer, lo hace caer. Se requiere el conocimiento para evitar la destrucción.

Y ahora, viendo aquí las cosas que le han sucedido a Israel, vean lo que nos dice Dios por medio del profeta Moisés, con relación a la situación de Israel en sus días, cuando los llevaba por el desierto. El capítulo 29, verso 4 al 5 dice [Deuteronomio]:

“Pero hasta hoy Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír.”

Eso es lo que dice Moisés que sucedía con el pueblo; por eso Jesús dice que teniendo ojos no veían, y teniendo oídos no escuchaban. Se requiere escuchar para obtener conocimiento y poder ver las cosas que deben ser vistas en el tiempo en que la persona está viviendo. Y con relación a Dios y Su Programa, necesitamos conocer.

Aquí Cristo nos dijo, en la lectura que tuvimos al principio, que no conocieron el Día de Su Visitación. Es importante conocer el tiempo en que uno está viviendo, el tiempo conforme al Programa de Dios para ese tiempo; porque para cada tiempo, para cada generación y para cada edad o dispensación, Dios tiene un Programa para llevar a cabo; y ese es el Programa que todos debemos conocer, para así conocer a Dios manifestado en ese tiempo; porque Dios visita a Su pueblo.

Esa Visitación de Dios a Su pueblo es la visita más importante que la raza humana recibe cada cierto tiempo, como pasó con Abraham, el cual había tenido muchas experiencias de encuentros con Dios en sueños, también en una luz, pero un día, allá en el capítulo 18 del Génesis, estando él en el calor del día (digamos, de 11:00 a 12:00 del mediodía), estando él allí en la puerta de su cabaña, ve tres personas que se acercan y él reconoce que son seres de otra dimensión.

Se acerca a ellos, los invita a su casa, se postra delante de uno de ellos: de Elohim, y les dice que se detengan allá en su casa, porque para eso han pasado por allí. En seguida pues él asume la responsabilidad de sus visitantes y les ofrece que se sienten bajo un árbol y allí están tranquilos, y que él les va a traer comida, almuerzo; porque para eso es que algunas personas llegan a la hora de almuerzo a visitar a algunas personas; y si lo hace muchas veces, ya la persona dice: “Ya sé a lo que viene. No viene a otra hora sino que viene a la hora de comer.”

Pues miren, Dios le llegó a la hora de almuerzo a Abraham. Y Abraham, pues, sabe que si le llegan a la hora de almuerzo, para eso han venido, para almorzar. Vamos a leerlo: Capítulo 18 del Génesis:

“Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día.”

Siempre a la puerta pues entra el airecito fresco, y uno se refresca; es el lugar, se supone, más fresco, porque por ahí es por donde corre la brisa. Lo que indica también que era tiempo de verano; y tiempo de verano, también es tiempo de cosecha; y tiempo de cosecha es el tiempo más importante, es el tiempo de la alegría porque la cosecha se dio buena.

Cuando Cristo habla de la Venida del Reino, dice que cuando veamos suceder estas cosas, sepamos que el verano está cerca, o sea, el tiempo de la cosecha.

“Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra…”

Un hombre de 99 años salir corriendo para recibir tres personajes muy importantes; y vamos a ver:

“…y dijo: Señor (o sea, reconoció a uno de ellos)… Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo.

Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol,

y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo (¿Ve?). Y ellos dijeron: Haz así como has dicho.

Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo.

Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y éste se dio prisa a prepararlo.

Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.”

O sea que podemos ver aquí, Dios visitando a Su amigo Abraham; y esto ocurre cuando hay visita de un amigo a su amigo; siempre, esa visitación que hizo a Abraham, siempre la hacen los amigos a sus amigos para estar comiendo una parrillada o algo parecido, en su hogar, en el patio donde tienen el asadero y todas esas cosas, y pasan un momento bonito.

Ahora, ¡cómo sería Abraham con Dios materializado, con el Arcángel Miguel materializado y con el Arcángel Gabriel materializado, que podían comer! Eso fue un momento muy glorioso, un encuentro de Dios y Sus Arcángeles con Abraham, el amigo de Dios. Y todo eso luego viene a ser tipo de la Visita de Dios a la descendencia de Abraham, a la simiente de Abraham; a la simiente de Abraham según la carne: Israel, y la simiente de Abraham según la fe de Abraham, la fe en Cristo: los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Vimos en los días de Jesús que Dios estaba materializado, hecho carne en Jesús. El Verbo se hizo carne, “fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de virtud.” San Juan, capítulo 1, verso 14.

El Verbo que era con Dios, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical; ahora se había creado un cuerpo de carne en el vientre de la virgen María, el cual nació y fue llamado Jesús: Salvador (Yeshua en hebreo).

Y el Ángel Gabriel le había dicho a la virgen María: “Y será llamado Hijo de Dios.” Y ahora Dios habitando en toda Su plenitud en ese cuerpo físico, estaba visitando a Su pueblo.

Así como había visitado a Abraham ahí está visitando Su pueblo y está comiendo con ellos como comía con Abraham; y luego en el Monte de la Transfiguración aparece Cristo transformado, glorificado; y Él había dicho: “Muchos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en Su gloria, viniendo con poder y gloria, viniendo con Sus Ángeles.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, nos dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y ahora, en el capítulo 17 les va a mostrar el orden de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino. Capítulo 17 de San Mateo:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol…”

Recuerden que Su Venida será como el sol: Malaquías, capítulo 4, verso 2: “A vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”

Y también en el Salmo 80, nos dice:

Oh Pastor de Israel, escucha;

Tú que pastoreas como a ovejas a José,

Que estás entre querubines, resplandece.

Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés,

          Y ven a salvarnos.

    Oh Dios, restáuranos;

          haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

¿Ven? ¿Y cómo resplandece el rostro del Señor? Como el sol. Así está también en Apocalipsis. Sigue diciendo:

Jehová, Dios de los ejércitos,

          ¿Hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo?

    Les diste a comer pan de lágrimas,

          Y a beber lágrimas en gran abundancia.

    Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos,

          Y nuestros enemigos se burlan entre sí.

    Oh Dios de los ejércitos, restáuranos;

          Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.”

La Venida del Señor es como el sol naciente.

En Oseas nos dice algo también. En el capítulo 6, verso 1 en adelante, dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.

Y conoceremos (¿Ven? Aquí entra el conocimiento)

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová…”

O sea, conocerán en ese tiempo y proseguirán en conocer: continuar recibiendo conocimiento por medio de la enseñanza.

En Habacuc, capítulo 2, verso 14, nos dice que habrá un conocimiento muy grande en la Tierra. Habacuc nos dice:

“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.”

Y también en Isaías nos dice que la Tierra será llena del conocimiento de Jehová.

Ese conocimiento viene por medio de la Palabra revelada para este tiempo final. Ahora, sigue diciendo en Oseas, capítulo 6, verso 3:

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida…”

Como el alba: como la mañana; por lo tanto: el Sol de la mañana, el Sol naciente, el Sol que por el Este saldrá para Israel, que será la Venida del Señor, la Venida del Mesías como el Sol de Justicia.

“…y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

Así que podemos ver este cuadro de la Venida del Mesías, prometida para Israel, la cual será de Luz para Israel. Como dice Isaías, capítulo 60, verso 1 en adelante:

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.”

Esto es la Venida del Mesías para Israel; pero primero la Venida del Señor está prometida para la Iglesia del Señor Jesucristo viniendo con todos los santos que han partido, resucitándolos en cuerpos glorificados y apareciéndole a los creyentes que estarán vivos en este tiempo final; y cuando los veamos, seremos transformados.

Porque la Venida del Señor es para la resurrección de los creyentes que murieron físicamente y para la transformación de los creyentes que estén vivos en ese tiempo. Vean, en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para llevar a cabo la resurrección de los creyentes en Él, que murieron, lo mostró cuando resucitó a Lázaro y cuando resucitó también al hijo de la viuda de Naín o en Naín (la ciudad de Naín). Los que vieron ese milagro, dijeron: “Dios ha visitado a Su pueblo, porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.”

Esa es la forma de Dios visitar a Su pueblo: Cuando Dios levanta un profeta en medio del pueblo, Dios está en ese profeta, en ese hombre, visitando a Su pueblo.

Dios estaba visitando a Su pueblo en y a través de Jesús. Y Dios visitó parcialmente Su pueblo a través de los diferentes profetas, los cuales luego fueron tipo y figura de la visita mayor que Dios llevaría a cabo con Su pueblo Israel a través de Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías; esa fue la visita más grande. Y siempre la visita de Dios ha sido en esa forma.

Por ejemplo, tenemos el caso de la promesa de Dios a Abraham, en Génesis, capítulo 15, verso 12 en adelante; dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Y ahora, la promesa fue que la descendencia de Abraham sería esclava por 400 años; lo cual sucedió. Pero luego, vean, Dios envía a Moisés cuando ya Moisés tiene 80 años. Capítulo 3 del Éxodo, dice:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.

Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.”

Y ahora, vean, Dios dice: “y he descendido para librarlos de mano de los egipcios,” eso es Dios visitando a Israel y a Egipto, y lo visitaría en y a través de Moisés.

“El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.”

Y ahora, Dios dijo que había descendido para librarlos, y ahora está enviando un hombre para que vaya y los libre; porque Dios va a ir en ese hombre visitando a Su pueblo, Dios va a estar velado dentro de ese hombre. Por lo tanto, no será el hombre obrando sino Dios obrando a través de un hombre. Es el poder de Dios, la presencia de Dios en Moisés, para la liberación del pueblo, visitando así a Su pueblo. Dice:

“Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo (ahí está la garantía: ‘Ve, porque yo estaré contigo’); y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros.

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos (este es mi memorial por todos los siglos).

Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto…”

Y ahora, vean, el mismo Dios está diciendo: “Y os he visitado.” Estaba Dios visitando a Su pueblo a través de un hombre, a través de un velo de carne; Dios se vistió de un velo de carne temporalmente para visitar a Su pueblo, así es como Dios visita a Su pueblo; y esa es la Visitación Divina para Su pueblo descendiente de Abraham según la carne, y también para la descendencia de Abraham, los hijos de Abraham según la fe.

Por medio de la fe en Cristo son hijos e hijas de Abraham todos los creyentes en Cristo.

Por lo tanto, de edad en edad, de etapa en etapa, Dios por medio de Su Espíritu ha estado visitando a Su pueblo, de edad en edad, a través de un mensajero que ha enviado en cada edad, a través del cual ha hablado, ha traído el Mensaje correspondiente a ese tiempo, a esa edad, y ha recogido los escogidos de ese tiempo con ese Mensaje.

Y luego, más adelante, se abre otra edad, otra etapa de la Iglesia, Dios envía un mensajero, y en ese mensajero viene Dios en Espíritu Santo hablándole al pueblo, llamando a Sus hijos, trayéndolos a formar parte del Cuerpo Místico de Cristo.

Hemos tenido esas Visitaciones a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo. La última que se tuvo fue en Norteamérica, en la séptima etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo, reflejada, representada, en la iglesia de Laodicea de Asia Menor, la cual representa la séptima edad de la Iglesia; y el pastor allá, de esa iglesia, representa al séptimo mensajero de la séptima etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo entre los gentiles.

En el reverendo William Branham, Cristo en Espíritu Santo estuvo visitando a Su Iglesia y mostrándole Su poder por medio de las maravillosas obras de poder que fueron hechas bajo el ministerio del reverendo William Branham. Fue una visita muy grande de Jesucristo en Espíritu Santo a Su Iglesia.

Los que lo entendieron, fueron bendecidos; los que no lo entendieron, perdieron la bendición de la Visita del Señor Jesucristo a Su Iglesia en esa etapa que correspondía al territorio norteamericano, y de ahí se extendió hacia otras naciones; porque siempre la bendición surge en un territorio y de ahí se extiende para otros territorios.

Ya hemos visto que Cristo ha visitado a Su Iglesia, de edad en edad, en Espíritu Santo, a través de diferentes velos de carne; pero todavía queda una visita de Jesucristo a Su Iglesia, esa es la última visita; y después de esa visita o en medio de esa visita, vendrá la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que vivimos.

Y luego se estará, luego de transformados, una temporada corta, de 30 a 40 días, así como sucedió con Jesucristo. Y los que resucitaron con Él, los santos del Antiguo Testamento, estuvieron unos 40 días apareciéndoles a sus familiares, y Cristo a Sus discípulos (de vez en cuando les aparecían); y luego se fueron al Cielo: el rapto de Jesucristo con los santos del Antiguo Testamento; lo cual fue una despedida triste para Sus discípulos porque querían que Él quedara con ellos, pero Él tenía que ir al Cielo, sentarse en el Trono celestial, a la diestra de Dios, porque Él recibió el Reino celestial, Él recibió el Trono celestial, como Él había dicho.

Él dijo que se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo; por lo tanto, Él se sentó; y por eso Él dijo también en San Mateo 28, versos 16 al 20: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Todo el poder de Dios está en Cristo.

Algunas personas podrán pensar: “¿Dios se quedó sin poder, entonces, porque dio todo Su poder?” No. Porque siendo Jesucristo en Su cuerpo angelical la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios; y siendo Jesucristo en Su cuerpo de carne la semejanza física de Dios: Dios está dentro de Cristo; está en Jesucristo en toda Su plenitud, gobernando por medio de Cristo, por medio de Su cuerpo angelical y Su cuerpo físico glorificado, sentado en el Trono gobernando toda la Creación.

Y Él en Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia, y ha estado haciendo esas visitas grandes, en donde ha impactado al cristianismo, de edad en edad.

Él dijo en el capítulo 28, verso 20, de San Mateo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Y por cuanto ha estado en medio de Su Iglesia, ha tenido esas manifestaciones y visitas especiales a Su Iglesia, en cada etapa correspondiente, donde ha impactado a la Iglesia del Señor Jesucristo; y eso ha sido para reproducirse, de edad en edad, en hijos e hijas de Dios.

Ese es el tiempo de la vida en la Iglesia del Señor Jesucristo. Como en cierta época del mes la mujer, la cual representa a la *Iglesia del Señor Jesucristo, tiene un tiempo en donde puede engendrarse vida en ella; y en ese tiempo y ese tiempo, representa esas etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, que viene a ser el tiempo de la vida, para reproducirse Cristo a través de Su Iglesia, donde siembra la simiente de la Palabra y se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios. Es una época muy importante, en donde se le conoce como los avivamientos que ha tenido la Iglesia a través de su historia.

Y ahora, el despertamiento más grande, el avivamiento más grande que haya tenido la Iglesia del Señor Jesucristo, está prometido para este tiempo final, el cual estremecerá al mundo, el cual será para la Iglesia-Novia, e impactará a las vírgenes insensatas y al mundo entero.

Y también los judíos verán eso y dirán: “¡Este es y esto es lo que nosotros estamos esperando!” Pero Él no viene por ellos, Él viene por Su Iglesia; y eso será la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10; esa será la visita más grande.

Y viene con el Título de Propiedad, viene con el Libro que estaba sellado con siete sellos, ya abierto; porque Él lo toma en Apocalipsis, capítulo 5, lo abre en Apocalipsis, capítulo 6, y en el capítulo 8 abre el Séptimo Sello; y el Séptimo Sello es la Venida del Señor.

Ese misterio será abierto en la Tercera Etapa, será abierto en la visita de Cristo a Su Iglesia en este tiempo final, para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ese Séptimo Sello es la Venida del Señor, la cual será revelada a Su Iglesia en este tiempo final para la transformación y arrebatamiento o rapto de los creyentes en Cristo.

Cristo descendiendo del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, y clamando como cuando ruge un león, vean que también tiene Su rostro como el sol, porque así está prometida la Venida del Señor, como el Sol de Justicia.

Y Él descendiendo del Cielo con el Librito abierto es la noticia más grande, de bendición, para todos los creyentes en Cristo. Capítulo 10 de Apocalipsis, dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte (ese es Cristo), envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol (¿Ve? La Venida de Cristo está representada en el sol naciente), y sus pies como columnas de fuego (esos son los símbolos de Su Venida y las características que tendrá Su Venida).

Tenía en su mano un librito abierto…”

Ese Librito es el Libro que está sellado con siete sellos en la diestra de Dios, en Apocalipsis, capítulo 5; ese es el Libro de la Vida del Cordero, donde está escrito mi nombre. ¿Y el de quién más? El de cada uno de ustedes también.

Es el Libro de la Redención, es el Libro que Adán tuvo y perdió el derecho a tenerlo, y regresó a la diestra de Dios. Es el Libro donde están todos los hijos e hijas de Dios, que Dios concretaría, que Dios tendría, y ya su nombre lo tiene allí de antemano, antes de traerlos a esta Tierra en carne humana; y eso se refleja también en los padres, que antes de tener sus hijos ya tienen los nombres para sus hijos; y aun antes de casarse, ya tienen en su mente: “Cuando me case, le voy a poner al primero tal nombre, al segundo tal nombre, y a la niñita…”; escogen también los nombres de las niñitas, muchos padres, para tenerlos ya de antemano; porque es que cuando ya nacen, ya de la alegría no saben ni qué nombre ponerle; no vaya a ser que por no saber qué nombre ponerle y tener prisa, le vayan a colocar un nombre que no convenga.

Ahora veamos:

“Tenía en su mano un librito abierto…”

Ese es el Libro de la Vida del Cordero, ese es el Título de Propiedad. Y, al Dios tenerlo en Su mano, significa que Dios es el dueño de toda la Creación. Pero miren esto, lo que dice aquí: Hebreos, capítulo 1:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (¿constituyó qué? Heredero de todo).”

Y ese Título de Propiedad es el Título de toda la herencia divina, es el Libro de la Vida; por lo tanto, el que tenga ese Libro es heredero de todo.

Y ahora, ese Libro lo tenía Adán, por eso Adán era el heredero del planeta Tierra; pero le fue quitado, porque vendió la bendición, el diablo se la quitó, pero no le pudo quitar el Libro, el Título de Propiedad.

Por eso Dios dijo: “Para que no vaya a alagar su mano y a tomar del árbol de la vida”, entonces lo sacó fuera del Huerto; porque si comía del árbol de la vida y vivía eternamente, vean, el Título de Propiedad entonces quedaba en manos del gobierno del reino de las tinieblas.

¿Y qué significaba eso? Que todos los hijos del maligno también vivirían eternamente. Y si con tan corto tiempo, comparado con la eternidad, que el diablo tendrá de existencia, es tan molestoso, ¿cómo será eternamente?

Así que Dios sacó a Adán del Huerto del Edén, y a Eva, y el árbol de la vida quedó protegido por querubines con espadas de fuego que Dios colocó allí.

El Árbol de la Vida es Cristo. Y ahora, los creyentes en Cristo han estado comiendo del Árbol de la Vida, y por consiguiente han asegurado su vida, su alma, la han asegurado con Cristo en la vida eterna, al recibirlo como único y suficiente Salvador.

Y ahora, este Título de Propiedad, al Cristo tomarlo, el cual es el heredero… Vamos a ver aquí… Siempre los domingos tenemos estudio bíblico, por eso hay que buscar por diferentes lugares en la Biblia para conseguir las Escrituras.

Capítulo 8 de Romanos, verso 14 en adelante, dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios (éstos son hijos de Dios).”

Pero vean, el verso 9 dice:

“Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”

El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo; el que tiene el Espíritu de Cristo, pues es de Cristo. Verso 15:

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Y ahora, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. A todo lo que Cristo es heredero, también los creyentes en Cristo son herederos; por eso Él heredó el Título de Propiedad, toma el Título de Propiedad, lo abre en el Cielo y después lo trae a la Tierra a Su Iglesia; para lo cual tendrá un instrumento en la Tierra al cual entregarle el Título, para que lo haga saber, haga saber a Su Iglesia todo el contenido de ese Título de Propiedad, para que se haga carne también en Su Iglesia.

Por lo tanto, ese Título de Propiedad lo tendrán los herederos, herederos y coherederos, al recibirlo en forma de Mensaje en el tiempo final; lo cual les dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Así es como se hará carne ese Título de Propiedad en cada creyente.

Vamos a ver cómo se hará carne en el que lo recibe; y en el que lo recibe estarán representados todos los creyentes en Cristo [Apocalipsis 10]:

“Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces…”

Ya ahí está como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, al tomar el Título de Propiedad; y por lo tanto, recibe todos los derechos de toda la Creación.

Por eso cuando en el capítulo 5 de Apocalipsis, el anciano le dice a Juan: “Juan, no llores. He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha vencido para tomar el Libro y abrir sus sellos.” Cuando Juan miró, vio un Cordero: vio a Jesucristo, al cual conocía como Cordero de Dios, pero el anciano está viendo a Jesucristo como León de la tribu de Judá. Cambia de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Juez, para llevar a cabo Su Obra de Reclamo.

“…y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces (la Voz de Cristo hablando como León, como Rey; ya no hablando como habló en las siete edades de la Iglesia).

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más…”

Se acaba la etapa en donde Cristo está con Su Sangre haciendo intercesión en el Cielo; se acaba esa etapa y ya Él sale del Trono de Intercesión para llevar a cabo otra parte del Programa Divino. Ya no habrá Sangre en el Propiciatorio para limpiar de pecado a las personas que deseen obtener el perdón de pecados y ser limpios de todo pecado; ya habrá terminado esa etapa; y los que después quieran buscar a Dios, y aun las vírgenes insensatas, que no tienen aceite en sus lámparas, tendrán que pasar por la gran tribulación, en donde los juicios divinos estarán siendo derramados sobre la Tierra. Sigue diciendo (verso 7):

“…sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.”

Y ahora, le es dada la orden a Juan el apóstol, el cual es tipo y figura de la Iglesia y del que va a tomar ese Librito en el Día Postrero, en la Venida del Señor.

“…Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo (y vean que ese es el Libro de la Vida del Cordero, el Título de Propiedad de toda la Creación, el Título de Propiedad de la vida eterna)

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Y ahora, el que se come el Librito luego tendrá el ministerio profético para profetizar sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

“Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Y el ministerio profético que estará para ese tiempo trayendo las profecías de todas las cosas que deben suceder pronto, profetizando sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, está aquí, le sigue aquí. Dice verso 3 del capítulo 11 de Apocalipsis:

“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.

Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos (fuego es la Palabra); y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.

Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.”

Ese es el ministerio del que se come ese Librito que Cristo el Ángel del Pacto le entrega, para que profetice sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes; y Cristo estará con él, como estuvo con Moisés. Será un profeta como Moisés, será un profeta como el profeta Elías, será un profeta como Jesús.

Luego, en el verso 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

Eso nos habla del juicio para el mundo, para el reino de los gentiles; nos habla de la Piedra no cortada de manos, que es Cristo en Su Venida, en donde hiere a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido; o sea, al reino de los gentiles, que está en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido. Y dice: “Y los desmenuzó.” [Daniel 2:34] “Y aquella piedra fue hecha un gran monte que llenó toda la Tierra.” [Daniel 2:35]

Cristo con Su Reino llena toda la Tierra, porque Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra; y por consiguiente, el heredero de esta Tierra como Hijo del Hombre; el heredero del Trono de David como Hijo de David; el heredero de todas las cosas de los Cielos y de la Tierra; y Su Reino será literalmente establecido en la Tierra y cubrirá el mundo entero.

En ese Reino es que habrá paz permanente. Mientras tanto se busca la paz temporal, porque es bueno la paz aunque sea temporal, en lo que llega la paz permanente, la paz eterna; la cual está muy cerca, porque el Reino del Mesías está muy cerca; pero antes viene una paz temporal que será interrumpida por una guerra, será interrumpida como dice San Pablo en Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante:

“Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.”

Ese día no nos puede tomar de sorpresa a nosotros, dice San Pablo, porque no estamos en tinieblas sino que estamos en luz, en la luz de Dios, en la luz de la Palabra alumbrándonos el entendimiento, conociendo el tiempo en que vivimos: el tiempo de la Visitación de Dios a Su Iglesia para evitar el juicio divino que vendrá sobre la raza humana.

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.”

Somos hijos de luz, hijos del día, hijos de Cristo que es la Luz del mundo, e hijos de la Luz, del Reino de Luz, del Reino de Cristo, que es el Reino de Luz. No somos de las tinieblas, no somos del reino de las tinieblas, sino del Reino de Luz, el Reino de Cristo.

Por lo tanto, estamos conociendo el tiempo que nos ha tocado vivir para estar en pie delante del Hijo del Hombre, y evitar las cosas que han de venir. Eso fue lo que dijo Cristo en San Lucas 21:34 en adelante, dice:

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad (¿velad por qué? Velad por la Venida del Señor, vigilar por la Venida del Señor)

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán (escapar de los juicios que vendrán en la gran tribulación), y de estar en pie delante del Hijo del Hombre (estar en pie delante del Hijo del Hombre).”

Recuerden que Cristo, el Hijo del Hombre, visitará Su Iglesia en este tiempo final; y estaremos en pie delante de Cristo en Su visita final a Su Iglesia; porque el Hijo del Hombre vendrá en el Reino de su Padre con Sus Ángeles, lo cual fue mostrado allá en el Monte de la Transfiguración: Cristo glorificado con Moisés y Elías, uno a cada lado, esos son los Dos Olivos.

Por lo tanto, en la visita de Cristo a Su Iglesia ahí también estarán los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías; por eso el reverendo William Branham dice que los milagros son para Moisés y Elías.

Este capítulo 21 de San Lucas nos dice en el verso 27:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Nuestra redención es nuestra transformación, la glorificación de nuestro cuerpo; eso es la adopción, la redención del cuerpo, de la cual Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39 nos habla; y San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (o sea, para el día de la glorificación, para el día de nuestra transformación).”

El Hijo del Hombre está prometido para venir, el cual es Cristo; y está señalado en San Mateo, capítulo 16, que vendrá con Sus Ángeles, como fue mostrado en San Mateo, capítulo 17, en el Monte de la Transfiguración. Dice capítulo 24 de San Mateo, verso 30 al 31:

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Esos escogidos son los ciento cuarenta y cuatro mil judíos, doce mil de cada tribu.

Hay muchas bendiciones para los creyentes.

Vean, el capítulo 24, verso 27 de San Mateo, dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente (o sea, del Medio Oriente, de Israel) y se muestra hasta el occidente (el Occidente es el continente americano, territorio de la caída del sol), así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Cristo comenzó en el Oriente, allá en el Este, la tierra de Israel, y ha estado recorriendo la Tierra desde la tierra de Israel, Asia Menor, Europa, Norteamérica; y ahora es importante saber dónde está Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, en qué territorio.

Por eso es tan importante estar conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para evitar el juicio que vendrá. Es importante saber, conocer, ese recorrido que Cristo ha tenido en medio de Su Iglesia, a través de la historia o trayectoria de la Iglesia del Señor Jesucristo; y luego saber dónde se encuentra el territorio, cuál es el territorio donde Él estará visitando Su Iglesia en este tiempo final; porque ahí estará la bendición de la presencia de Cristo en Espíritu Santo, y de ahí saldrá la bendición para otras naciones.

Siempre hubo un territorio donde ocurrió la Visitación de Cristo a Su Iglesia, a través de un mensajero que Él levantó y a través del cual se reveló a Su Iglesia en esa visita de Cristo, de edad en edad, de etapa en etapa.

La visita más grande está señalada para este tiempo final. Para este tiempo final es la visita mayor. Por lo tanto, estemos conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para este tiempo final.

No será en la primera edad, porque ya ese tiempo pasó, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en la cuarta, ni en la quinta tampoco, ni en la sexta tampoco; la sexta fue la Edad Wesleyana, ni en la séptima tampoco, que fue la Edad Pentecostal. Ya esas visitas fueron realizadas por Cristo en Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad a Su Iglesia.

Ahora será en la etapa de oro de la Iglesia: la Edad de Piedra Angular, que es paralela a la Edad de Piedra Angular de la Venida de Cristo, dos mil años atrás, a Israel.

Será paralela también a la visita de Dios en el tiempo de Noé, a través de Noé, será paralela a la visita de Elohim con Sus Arcángeles a Abraham; por eso dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé y como en los días de Lot; así será la visita de Dios en este tiempo final a Su Iglesia, y después al pueblo hebreo.

Será la visita del Señor a Su Iglesia en el cumplimiento de la Tercera Etapa, donde Él se revelará a Su Iglesia, le dará la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Esa es la etapa donde regresa el Título de Propiedad a la Iglesia del Señor Jesucristo. Cristo, el segundo Adán, lo obtiene y lo trae para compartir ese Título de Propiedad y Sus bendiciones con Su Iglesia.

Por lo tanto, estemos siempre obteniendo el conocimiento del tiempo que nos toca vivir, que es el tiempo para la Visitación de Dios a Su Iglesia, para traer todas estas bendiciones que Él ha prometido para Su Iglesia.

Es el tiempo para el cual hay más bendiciones prometidas para los creyentes en Cristo; a tal grado que hasta la transformación y el rapto están prometidos para este tiempo final, para la visita final de Cristo el Ángel Fuerte, el Ángel del Pacto, a Su Iglesia.

Por eso es que es tan importante estar conociendo este tiempo, y por eso es tan importante estar conscientes de lo que Dios ha prometido a Su Iglesia para este tiempo final. Y eso es lo que evitará que tengamos que pasar por esos juicios divinos de la gran tribulación.

Si por no conocer vienen problemas, por la falta del conocimiento perecen personas y perecen naciones, con el conocimiento se salvan naciones y se salvan personas, se evitan esas calamidades que han de venir.

Si quieren ver un cuadro aquí corto, de las cosas que estarán sucediendo, les voy a leer un pedacito aquí: Capítulo 6, versos 12 en adelante, del Apocalipsis, esto estará sucediendo en la gran tribulación. Dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.”

Por ese terremoto miren lo que sucedió; y eso es para este tiempo final también.

“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

Y ahora vean lo que viene para este planeta Tierra: la ira del Cordero, los juicios divinos que caerán sobre la Tierra. Por eso este Ángel que viene aquí en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6, dice así:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Y ahora vean, este mensajero, este Ángel, si trae el Evangelio Eterno es un predicador; y si está hablando de juicios que vendrán, del día de la ira o la hora de la ira, está anunciando los juicios divinos que han de caer sobre la Tierra, las plagas que vendrán sobre la Tierra, como Moisés fue el que anunció las plagas que vendrían sobre Egipto.

Por lo tanto, esa temporada por la cual pasará la Tierra no la queremos pasar nosotros aquí; hay un lugar mejor, al cual hemos sido invitados: la Cena de las Bodas del Cordero. Ese lugar es el sitio donde estaremos mientras la Tierra estará pasando por la gran tribulación.

Capítulo 19, verso 9 al 10, dice, de Apocalipsis:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”

Vean, son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero. Y el llamado está. El llamado final es a la Cena de las Bodas del Cordero, ser convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.

El Mensaje es la invitación que recibimos para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

“Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Y ahora, Juan quiso adorar al Ángel que traía ese Mensaje, pero el Ángel le dijo: “No lo hagas. Yo soy consiervo tuyo.”

El reverendo William Branham dice que ese Ángel es un profeta; por lo tanto, es importante estar consciente de estas cosas, y estar conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para evitar los juicios que vendrán. Así como Noé y su familia, los cuales estaban conociendo el tiempo de la Visitación de Dios para aquella ocasión, escaparon del juicio del diluvio y pasaron luego a ser los originadores de una nueva generación; comenzó una nueva generación con Noé y su familia luego que salieron del arca.

Por lo tanto, estemos preparados, conociendo el tiempo de la Visitación de Dios, para evitar los juicios venideros, estar en pie delante del Hijo del Hombre para evitar las cosas que vendrán.

“CONOCIENDO EL TIEMPO DE LA VISITACIÓN DE DIOS.”

El conocimiento más grande que debe tener una persona es el conocimiento de Dios; y así, con ese conocimiento, saber el tiempo que le ha tocado vivir y para qué vive en esta Tierra: Es para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, recibirlo como Salvador, ser rociado con la Sangre de Cristo y ser limpiado de todo pecado; para eso es que vivimos en esta Tierra. Y así hacer contacto con la vida eterna y asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino Eterno.

Yo lo recibí como mi Salvador al escuchar la predicación de Su Evangelio y aseguré mi futuro eterno con Cristo en Su Reino Eterno. ¿Quién más ha hecho así? Pues entonces evitaremos pasar por esos juicios divinos que han de venir sobre la Tierra, porque estamos conscientes del tiempo en que estamos viviendo.

Pero si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y pueda ser bautizada en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Cristo tiene mucho pueblo en la República de Bolivia, y los está llamando en este tiempo final; tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final.

Lo más importante es la vida, y sobre todo, la vida eterna. Y si esta vida temporal es tan importante y tan buena, mucho más es la vida eterna. La vida eterna es lo más grande que una persona puede recibir. Y la vida eterna solamente la podemos recibir por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, dice:

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (o sea, en Jesucristo).

El que tiene al Hijo, tiene la vida (o sea, el que lo ha recibido como Salvador, tiene la vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida (o sea, el que no ha recibido a Cristo como Salvador, no tiene la vida eterna; lo que tiene es una vida temporal, que se le va a terminar y no sabe cuándo es el día en que se le va a terminar).”

Y la buena noticia es que tenemos vida eterna; porque Cristo nos ha dado vida eterna. El dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Por lo tanto, las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé vida eterna, son esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete sellos, que Él toma en el Cielo, en Apocalipsis 5, lo abre y lo trae a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10.

Por lo tanto, el nombre suyo está escrito en ese Libro, por eso usted ha estado escuchando la Voz de Cristo, que es el Evangelio de Cristo, y Cristo lo ha estado llamando, y usted ha respondido al llamado de Cristo para Él darle vida eterna a usted.

Ninguna otra persona puede dar vida eterna al ser humano, solamente hay uno y Su Nombre es Señor Jesucristo.

“El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no perecerá jamás, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” San Juan, capítulo 5, verso 24.

Es vida eterna lo que recibimos al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Eso Él lo dice en dos lugares de la Escritura.

San Lucas, capítulo 19, verso 9 al 10: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Y en San Mateo también lo dice.

Por lo tanto, es importante que estemos conscientes de la bendición tan grande que hay para todos los creyentes en Cristo. Es importante estar conscientes, para así saber cuál es la esperanza que tenemos: Es la vida eterna. Y no hay otra cosa más grande que la vida eterna.

San Mateo, capítulo 18, verso 11, era el otro pasaje, donde dice:

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”

Y también Él dice en San Juan, capítulo 3 [verso 17]: “Porque el Hijo del Hombre no vino a condenar al mundo sino a salvar el mundo.” Él vino a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes, para que podamos vivir eternamente en Su Reino.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos, Señor, en Tu Reino, dales vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor. Haz realidad en mí la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para toda persona escrita en el Cielo, en Tu Libro.

Padre celestial, Señor Jesucristo, en Tus Manos me encomiendo. Sálvame, Señor. En Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo, te lo ruego. Amén y amén.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo vuestro corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Y mandó a Sus discípulos a bautizar a todos los que lo recibirían como Salvador.

Es que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, está tipológicamente siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno.

Por eso el bautismo en agua fue ordenado por Cristo, para que sea efectuado a todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador. Nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, ustedes que están presentes, y los que están en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet.

Y los que recibieron a Cristo allá en otros países, también pueden ser bautizados en agua, allá donde ustedes se encuentran.

Por lo tanto, dejo al ministro aquí correspondiente, el reverendo Joel Lara, y en cada país dejo el ministro correspondiente para que haga en la misma forma: les indique cómo hacer para ser bautizados en agua, en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

“CONOCIENDO EL TIEMPO DE LA VISITACIÓN DE DIOS PARA EVITAR LOS JUICIOS QUE VENDRÁN.”

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