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La Bendición de la Primogenitura
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La Bendición de la Primogenitura

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y ministros aquí en Puerto Rico y demás naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Deseo que veamos cómo va la construcción de la Gran Carpa-Catedral, y también que estén al tanto de algo nuevo en favor de la paz de la familia humana, y también de unas actividades que se llevaron a cabo en Buenos Aires, Argentina; para lo cual voy a dejar al reverendo José Benjamín Pérez para que les pase, les lea y les pase también estos documentales, para luego continuar con ustedes hablándoles acerca del tema que tenemos para hoy.

Por lo tanto, estén conectados todos, porque es muy importante, muy interesante, las cosas que van a ver en estos documentales, y lo que se les va a leer, les va a leer el reverendo José Benjamín Pérez. Por lo tanto, estén todos conectados, y todas las iglesias que están conectadas, para que vean algo bueno que está sucediendo.

Ayer estaba transmitiendo para Brasil, y les dije, les prometí, que hoy les tenía una sorpresa, y la sorpresa pues la van a ver, le voy a pedir al reverendo José Benjamín Pérez les pase estos documentales y también les lea algo, les lea esto, y se van a poner muy contentos por lo que van a escuchar y van a ver.

Bueno, Dios les continúe bendiciendo y dentro de algunos minutos estaré nuevamente con ustedes; pero ahora estaré viendo los documentales, porque no lo he visto tampoco, uno de los documentales no lo he visto, y quiero verlo también yo. Bueno, con el permiso, dejo al reverendo José Benjamín Pérez con ustedes.

[Proyección de documentales]

¿Cómo encontraron los documentales? Estamos viendo lo que está haciendo historia, estamos viviendo la historia y lo que es la historia, la estamos viviendo, no como espectadores sino como actores en la historia de este tiempo final del Programa Divino.

San Pablo nos dice en Romanos, capítulo 14, verso 19:

“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.”

Trabajar por la paz es algo Divino, pues para hacer la paz entre Dios y el hombre y el hombre y Dios, vino Cristo y murió, por eso “Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno.” [Efesios 2:14]

Y ahora, trabajar por la paz es muy importante, para lo cual ya está la Embajada de Activistas por la Paz, para llevar a cabo esa labor en favor de la familia humana. Estaré trabajando por la paz de la familia humana junto a todos los activistas por la paz de la Embajada de Activistas por la Paz.

Ya escucharon también cómo hacer y qué no hacer las personas, pues no tienen derecho a tomar las fotos, los videos, de la Embajada de los Activistas por la Paz, para sacar partes para otras cosas, tienen que ser dejados tal y como son hechos por la Embajada.

Ya ustedes escucharon todos los detalles que les leyó el reverendo José Benjamín Pérez. También vieron esta actividad en el Seminario Latinoamericano-Judío allá en Argentina. Nos dimos una escapadita y casi ninguno de ustedes supo, pero fuimos y ya regresamos con un regalo para ustedes: ese documental.

No tomen de esos documentales para sacar partes para otras cosas, a menos que tengan una autorización de la Embajada de Activistas por la Paz.

Para esta ocasión – Ya vimos de lo que les hablé al Brasil ayer, y habrá muchos momentos más como estos que ustedes han visto, en donde habrá grandes beneficios para la familia humana.

Ahora vayamos a la Escritura, al Génesis, capítulo 25, versos 27 en adelante. Esta es la historia del negocio más importante que un hombre hizo en la Tierra antes del que hizo Jesucristo en la Cruz del Calvario, y lo hizo Jacob para beneficio suyo y de toda su descendencia.

Capítulo 25, verso 27 al 34, del Génesis, dice: “Y crecieron los niños…” Vamos a comenzar un poquito antes para que tengan un cuadro claro: El mismo capítulo 25, verso 19 en adelante, dice:

“Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,

y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.

Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.

Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;

y le respondió Jehová:

Dos naciones hay en tu seno,

Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;

El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,

Y el mayor servirá al menor.

Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.

Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas (o sea, en carpas).

Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.

Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado,

dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.

Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.

Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?

Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.

Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.” Ese es nuestro tema para esta ocasión.

Este acto de Jacob y de Esaú marcó (ya confirmado) el futuro de la descendencia de Esaú y de la descendencia de Jacob. En Hebreos, capítulo 12, verso 16, dice:

“…No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.”

Por un plato de lentejas vendió su primogenitura; o sea, que por un plato de lentejas vendió todo el futuro de su descendencia, todo el futuro envuelto en la Bendición de la Primogenitura.

En la Bendición de la Primogenitura es que están todas las bendiciones de Dios: bendiciones del Cielo y bendiciones también de la Tierra.

Veamos los pasos de Jacob, el cual era temeroso de Dios, un hombre espiritual, el cual desde el vientre de su madre estuvo luchando por la Bendición de la Primogenitura; por eso era esa batalla en el vientre de su madre Rebeca. Dios le dijo a Rebeca y a Isaac, capítulo 25, verso 23 [Génesis]:

“Y le respondió Jehová:

Dos naciones hay en tu seno,

Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;

El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,

Y el mayor servirá al menor.”

Y eran gemelos y nacieron el mismo día, de una misma barriga como decimos, aunque no esté especificado que nacieron el mismo día, pero normalmente nacen el mismo día; y hay una prueba que sí, que muestra que nacieron el mismo día, ¿cuál es? Que Jacob vino ¿cómo? agarrado del talón de Esaú, no hay lugar a dudas que nacieron el mismo día y a la misma hora.

Estaban luchando desde el vientre de su madre Rebeca. Jacob sabía por qué luchaba: por la Bendición de la Primogenitura, por nacer primero, porque el que nace primero es el primogénito, que tiene la Bendición de la Primogenitura.

Y Jacob, luego que va creciendo, no desistió de seguir luchando por la Bendición de la Primogenitura.

Y aparentemente una cosa que no era defendible, que no se podía defender, era el reclamar la Bendición de la Primogenitura, obtener la Bendición de la Primogenitura, porque había nacido después de Esaú su hermano, siguió luchando, creyendo que la obtendría.

Nos dice en Malaquías, capítulo 1, verso 3… Leamos desde el verso 1, dice:

“Profecía de la palabra de Jehová contra Israel, por medio de Malaquías.

Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob,

y a Esaú aborrecí…”

Y el apóstol Pablo en Romanos, capítulo 9, verso 13, nos da información… Capítulo 9, verso 10 en adelante, dice:

“Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre

(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama),

se le dijo: El mayor servirá al menor.

Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.”

No habían hecho ni bien ni mal, no habían nacido todavía, y ya Dios dijo: “El mayor (Esaú) servirá al menor (a Jacob).” Y dijo: “A Jacob (o sea, el menor) amé, y a Esaú (el mayor) aborrecí.” El que elige es Dios; por lo tanto, la elección divina es la que viene de parte de Dios, y ahí nadie le puede aconsejar a Dios que haga de otra forma.

¿Quién le aconsejó a Dios para llevar a cabo la Creación, si no hubo nadie con Él? Él estaba solo. Él pensó. Por lo tanto, en los pensamientos de Dios estaba el futuro de todo lo que Dios llevaría a cabo, el futuro de toda la Creación estaba en la mente de Dios. Y de Dios vino la Creación por medio del Verbo que era con Dios y era Dios: y Dios a través de Su cuerpo angelical teofánico —llamado el Verbo que era con Dios— habló a existencia todas las cosas.

Ese es el origen de la Creación. Tan sencillo en la Biblia. Por Él fueron creadas todas las cosas, y para Él, la Creación es de y para el Creador.

Y ahora, Dios siendo el autor y creador del ser humano, ha determinado todas las cosas con relación a la trayectoria de la raza humana, ha establecido las generaciones, Él las hace surgir; ha establecido las edades, las dispensaciones; Él ha establecido también el tiempo de vida a los seres humanos.

Por lo tanto, Dios puede acortar o alargar los años de vida a las personas también, lo ha hecho en otras ocasiones; y aun a la familia humana le ha acortado los años, a los seres humanos, pues antes llegaron a vivir 969 años (Matusalén), otros vivieron 950 años, y así por el estilo. O sea, que se han ido acortando los años, porque de acuerdo al Programa de Dios que tiene para cada generación y cada dispensación, Él determina el tiempo que le da a los seres humanos.

Encontramos que cuando vino el Diluvio, Noé tenía 600 años, vean, todavía vivían muchos años, aquella generación había llegado a su final. Luego que pasa, transcurre el tiempo del Diluvio, comienza una nueva generación, comienza una nueva dispensación con Noé y su familia, y comienzan a multiplicarse de nuevo las personas.

Es muy importante el tiempo de Noé porque luego ese tiempo se convierte en tipo y figura del tiempo en que se va a cumplir la Venida del Señor, la Venida del Mesías en el tiempo final o Día Postrero, cuando el reino de los gentiles ha llegado a su tiempo final y por consiguiente la generación de la raza humana final ha llegado al tiempo en que Dios llamará a juicio a la humanidad; para lo cual están señalados un sinnúmero de eventos, como la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para “pagar a cada uno conforme sean sus obras” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28); y en San Mateo, capítulo 17, versos 1 al 9, Cristo lleva a Sus discípulos al Monte de la Transfiguración y les muestra lo que será y cómo será el orden de la Venida del Mesías con Moisés y Elías.

Ese orden mostrado allí, estará en la Venida del Hijo del Hombre en el tiempo que será como en los días de Noé y como en los días de Lot allá viviendo en Sodoma; y la humanidad pareciéndose más a los ciudadanos de Sodoma, las ciudades, y así por el estilo. Pero en la montaña estaba Abraham con su familia, sus siervos, sus ganados, y así por el estilo.

Donde estaba Abraham no llegó el juicio divino; había recibido la visita de los Ángeles Gabriel, Miguel y Dios, que se hicieron visibles a Abraham y almorzaron con Abraham; y luego Gabriel y Miguel fueron a Sodoma y allá Lot los invitó a cenar, los invitó a su casa para cenar.

Ahora, es muy importante saber que estamos viviendo en el último tiempo para el reino de los gentiles, que se encuentra en los pies de hierro y de barro cocido; pero para ese tiempo tenemos la promesa de la venida de una Piedra no cortada de manos, cortada del Monte de Dios; y con la venida de esa Piedra y la presencia de esa Piedra en medio de los pies de hierro y de barro cocido, el impacto de la venida de esa Piedra producirá un cambio del reino de los gentiles que serán desmenuzados y establecido el Reino de Dios en la Tierra, el Reino del Mesías, Reino que Dios levantará en ese tiempo. Y reinará sobre el planeta Tierra completo un Monte: la piedra crece y se hace un monte, un Reino, que llena toda la Tierra (Daniel, capítulo 2, versos 30 en adelante, al 45).

Ahora, para este Reino la Bendición de la Primogenitura tendrá suma importancia. Vean que Jacob la compró, pero luego tuvo que luchar para que fuera hablada por su padre Isaac, el cual estaba ya ciego; y que Jacob no era el hijo predilecto de Isaac, sino que lo era Esaú, pero él era el hijo predilecto de su madre Rebeca.

Y cuando escuchó Rebeca que Isaac le dice que él va a morir y no sabe cuándo va a morir, pues ya estaba avanzado en edad, le dice: “Ve de cacería, (a Esaú), y trae caza; prepárame un guiso como tú sabes que me gusta (así que el comer guisos, carne guisadita bien preparada, miren, todas esas personas del pasado también lo hacían, y quizás comían más que nosotros), y comeré y te bendeciré.”

Algún día hablaremos de que, para cada vez que hay una bendición grande, hay también una comida; recuerden la Cena de las Bodas del Cordero, ahí habrá una bendición grande también.

Y ahora, Esaú se va de cacería, era un buen cazador, pero iba a depender de Dios, que encontrara rápido o no encontrara rápido un animalito para prepararlo.

Rebeca, cuando escuchó lo que Isaac le dijo a Esaú… Rebeca creía y amaba la Bendición de la Primogenitura, y como buena madre, como son las madres que quieren que sus hijos sigan el camino de Dios, el camino bueno, el camino de la vida eterna, el camino de las bendiciones de Dios, Rebeca le dice a su hijo Jacob: “Escuché esto, por lo tanto, busca un cabrito de los que hay en la manada (ahí en la casa, no tenía que irse de cacería, si los tenía ahí); tráelo, lo voy a preparar como a tu papá le gusta, y tú se lo vas a llevar para que te bendiga.”

¿Ve? O sea que la aliada para recibir Jacob la Bendición de la Primogenitura fue su madre. Toda madre ama a sus hijos y quiere la bendición de Dios para sus hijos.

Y ahora… Es como la madre de Jacobo y Juan cuando fueron donde Jesús para pedirle que en el Reino Suyo, de Jesucristo, colocara a un hijo suyo a la derecha y al otro a la izquierda; o sea, que no quedaba nada para los demás discípulos del Señor; pero no había problema ¿verdad? los demás tenían doce tronos para ellos, y también Juan y Jacobo, pero la mamá de ellos no se conformó con esos dos tronos que tendrían sus hijos Santiago (o Jacobo) y Juan, quería más cerca.

Cristo les dice: “¿Podéis beber de la copa que yo he de beber?” Y ellos le dicen. “Sí.” Porque el que está buscando la bendición de Dios no puede mirar problemas, tiene que mirar la meta que tiene y decir que puede; su fe tiene que estar firme en Dios, que le va a ayudar a obtener el deseo de su corazón.

Y así le sigue preguntando el Señor. Y luego les dice el Señor: “Beberéis la copa que yo he de beber, pero el sentaros a mi diestra y a mi siniestra no es mío darlo, sino a aquellos para los cuales está preparado.”

Sí iba a ser dado, pero no era del Señor Jesucristo darlo a ellos, porque eso tiene ya dueño asignado por Dios desde antes de la fundación del mundo, es una posición que está reservada para ser dada; y eso corresponde a los Dos Olivos.

Por eso en el templo que construyó el rey Salomón fueron colocados dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro, que cubrían el arca del pacto, y por consiguiente cubrían también a los otros dos querubines de oro sólido que estaban sobre el propiciatorio, que cubría el arca del pacto.

O sea, que esa posición de la diestra y la siniestra en el Reino del Mesías, corresponde a los Dos Olivos tipificados en los dos querubines de oro y en los dos querubines de madera cubiertos de oro, que estaban en el Lugar Santísimo; y eso nos habla del Trono de Dios, nos habla del lugar más importante del Reino celestial y del Reino del Mesías en la Tierra.

Ustedes han escuchado a personas decir: “Esta persona es mi mano derecha,” o sea, que es la persona más importante que tiene y la persona de confianza de esa persona. Es como José, el hijo de Jacob, allá en Egipto era la mano derecha del faraón, era el primer ministro o virrey, como le quieran llamar, o administrador del reino o imperio del faraón.

Ahora, esta Bendición de la Primogenitura contiene todas las bendiciones de Dios, del Cielo y de la Tierra. Jacob tenía miedo, porque si su padre Isaac (aunque estaba ciego) se daba cuenta que era Jacob y no Esaú, en vez de bendición podía recibir maldición; porque lo que Isaac hablara, así quedaba; si lo bendecía, quedaba bendecido y nadie podía quitarle esa bendición.

Su madre, muy sabia, Dios le dio sabiduría porque estaba buscando la bendición de su hijo y en el Programa Divino estaba así, que Jacob recibiría esa bendición, era el amado de Dios: “A Jacob amé, y a Esaú aborrecí,” porque Esaú menospreció la primogenitura; y ya Dios lo sabía, desde antes de nacer los niños, lo que iba a suceder; por lo tanto, desde antes ya Dios decretó: “A Jacob amé, y a Esaú aborrecí.”

La madre de Jacob, Rebeca, con la piel del cabrito o de la ovejita, le prepara, digamos como unas mangas como de camisa y se las coloca a Jacob; ahí el problema que tenía Jacob era que Esaú era muy velludo, como una pelliza, y Jacob era lampiño. Resuelto el primer problema; por lo tanto, con el sentido del tacto no podía Isaac descubrir que era Jacob el que le estaba llevando el guiso o guisado.

Luego por el olfato, porque los padres cuando abrazan a sus hijos saben cuál de los hijos es. Rebeca le dice: “Y te voy a colocar los vestidos de Esaú,” y se los colocó también; por lo tanto, con el olfato Isaac iba a detectar que era la ropa de Esaú.

Pero el otro problema era la voz; no sabemos exactamente cómo era la voz del uno y del otro, pero Jacob se preocupaba por eso.

Cuando va con el guiso del cabrito, como a él le gustaba, como a Isaac le gustaba, le dice: “Padre, traigo el guiso para que comas y me bendigas.” Esa bendición era la Bendición de la Primogenitura, la bendición que corresponde al primogénito.

Y cuando Isaac escucha la voz de Jacob, pregunta: “¿Quién eres? ¿quién eres, hijo?”

Le dice: “Soy Esaú, tu hijo. Ya traigo el guiso que me encargaste.”

E Isaac le dice: “Pero ¿cómo lo encontraste tan rápido?”

—“ Dios obró.” O sea, que Dios le ayudó para que lo encontrara (lo encontró en el corral).

Algunas veces las personas tratan de conseguir la bendición muy lejos, y está en el corral de la casa algunas veces, está en el patio de la casa.

Luego Isaac, ya no concordaba con la voz; pero la voz es una cosa que ustedes la pueden tener o escuchar de otra persona, finita en algún momento y después al otro día escucharla ronca por una gripe, un resfriado o cualquier problema; y si es de jóvenes de doce a catorce años, pues la voz cambia también.

Pero Isaac no se estaba creyendo el cuento de que era Esaú. Le dice: “Hijo mío, acércate para abrazarte, para besarte,” y por supuesto luego comer, pero era que quería percibir el aroma de su hijo y de su ropa.

Y cuando se acerca… Ya en la primera había dicho: “Son los brazos de Esaú, pero la voz de Jacob.” Y ahora cuando lo abraza y percibe el olor del campo de las vestiduras de Esaú que estaban en Jacob, dice: “Es el olor, el aroma de mi hijo Esaú, pero la voz de Jacob.”

Pero ya tiene dos sentidos que le dicen que es Esaú: el sentido del tacto le dice que son los brazos de Esaú, el sentido del olfato le dice que es el aroma, el olor de Esaú, y ahora la voz. Dos a favor de Jacob y uno en contra, y por consiguiente uno a favor de Esaú y dos en contra.

Y ya Isaac comió, no puso más pretextos. Comió y bendijo a Jacob, bendijo a Jacob con la Bendición de la Primogenitura, porque esa bendición tenía que ser hablada por un profeta, que era Isaac; porque esa bendición viene pasando de Abraham a Isaac, de Isaac tenía que pasar a uno de sus hijos, al primogénito, y Jacob logró esa bendición; le correspondía porque ya había comprado la primogenitura a su hermano y fue un negocio delante de Dios el cual fue hecho.

Y ahora, quedó bendecido Jacob; y de seguro cuando terminó de comer y recibir la bendición, de seguro recogió todo y se fue, no fuera a ser que llegara estando todavía allí presente Jacob y se formara un problema grande; y saliendo Jacob de la presencia de Isaac con la Bendición de la Primogenitura hablada, lo cual es Palabra creadora de Dios, porque era la Palabra de Dios en la boca de Isaac… y llega… se va Jacob. De seguro llega a donde su mamá y le dice: “Mamá, ¡pasé un susto! Tres pruebas pasé, pero obtuve la bendición.” Está feliz Rebeca y está feliz Jacob.

Pero cuando llega Esaú a traerle la comida, ya estaba lleno, bien abastecido, había comido mucho Isaac; y cuando le dice: “Papá, padre, he traído el guiso que me mandaste a preparar.”

Le dice: “¿Quién eres hijo? ¿Quién eres?”

—“Yo soy Esaú, tu primogénito. He traído el guiso para que comas y me bendigas.”

Ahí se estremeció Isaac, dijo: “¿Quién fue el que vino primero que tú, me trajo comida, comí y lo bendije? Lo bendije y será bendito.” O sea, que esa bendición ya no le podía ser quitada.

Y ahí lloró Esaú, y con lágrimas quiso recuperar la Bendición de la Primogenitura, pero ya era muy tarde.

Y le pregunta… Y le dice su padre que ahora él (Esaú) serviría a Jacob: “El mayor servirá al menor.” Lo que Dios le había dicho cuando los niños estaban en el vientre de Rebeca, Dios le dijo: “El mayor servirá al menor.”

Y ahora, Esaú pregunta a su padre: “Padre, ¿no tienes otra bendición?” Y entonces lo bendijo con una bendición menor, pero no la Bendición de la Primogenitura.

En la Bendición de la Primogenitura está el territorio de Israel, está Jerusalén como capital, está el Trono de Dios terrenal, está el Reino de Dios terrenal; todo eso corresponde a la Bendición de la Primogenitura.

Miren todo lo que está envuelto en esa Bendición de la Primogenitura, y Esaú menospreció la Bendición de la Primogenitura; y después quiso recuperarla, pero ya otro la tenía.

Es importante saber estas cosas y luego saber en dónde nos encontramos en este tiempo final.

Esa Bendición de la Primogenitura viene pasando de uno a otro desde Adán hacia acá, pero la tomamos desde Isaac hacia acá, pero esa bendición estaba también en Abraham. Luego pasa a Jacob, y de Jacob pasa a José a través de los hijos de José: Efraín y Manasés.

En el capítulo 48, versos 22 en adelante, del Génesis, capítulo 48… Recuerden que la Bendición de la Primogenitura es la primera que se habla, se echa, sobre los hijos, sobre el hijo mayor, y después vienen las demás bendiciones para los otros hijos. Verso 14 en adelante vamos a leer. Capítulo 48, verso 14 en adelante, dice:

“Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.”

Así como Jacob era el menor y Esaú era el mayor, ahora Manasés es el mayor y Efraín es el menor; y pasa la Bendición de la Primogenitura del mayor: Esaú, al menor: Jacob. Y ahora Jacob la pasa, la primogenitura que le correspondía al mayor: Manasés, la pasa a Efraín: el menor; esto con el cruzar de los brazos, haciendo la cruz.

Por medio de la Cruz en el Calvario, la Bendición de la Primogenitura pasa del mayor: Israel, al menor: la Iglesia del Señor Jesucristo.

La Bendición de la Primogenitura. Vean, eso fue lo que Cristo habló en San Mateo, capítulo 21, versos 40 al 45, donde dice:

“Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:

La piedra que desecharon los edificadores,

Ha venido a ser cabeza del ángulo.

El Señor ha hecho esto,

Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.”

Quien caiga sobre la piedra, compungido por haber pecado contra Dios, será quebrantado, quebrantado de corazón, arrepentido por haber pecado, y reconciliado con Dios; y con esas personas es que es formada la Iglesia del Señor Jesucristo, con judíos y con gentiles; de entre judíos y gentiles Dios ha estado tomando gente para formar la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde está la Bendición de la Primogenitura. Y en la Bendición de la Primogenitura está la Bendición del Reino. Sigue diciendo [Génesis 48:15]:

“Y bendijo a José, diciendo…”

Ahora vean cómo va a bendecir a José, Jacob va a bendecir a su hijo José, el cual era un príncipe, el cual era la mano derecha, el administrador, el primer ministro del reino del faraón. Ahora va a bendecir a José, ¿cómo? bendiciendo a los hijos de José.

 “Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.

Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.

Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.

Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.

Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.”

Y ahora, vean ustedes, Manasés representa a los judíos, a Israel, y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Por lo tanto, Israel necesita de la Iglesia del Señor Jesucristo, y en algo también necesita la Iglesia, de Israel; pero más Israel de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque la principal parte de la Bendición de la Primogenitura la tiene ¿quién? La Iglesia del Señor Jesucristo representada en Efraín.

Entonces la Bendición de la Primogenitura, vean ustedes, está en José a través de la bendición que le echó Jacob a los hijos de José; por eso después cuando bendice las tribus, luego, cuando son bendecidas las tribus a través de la bendición que echó a sus demás hijos, concuerda la bendición que le fue dada a ellos con la bendición que le había echado a los hijos de José.

Vean, cuando bendice a los patriarcas, los hijos de Jacob, Jacob dice, hablando de José: Capítulo 49, verso 22 en adelante, dice:

“Rama fructífera es José,

Rama fructífera junto a una fuente,

Cuyos vástagos se extienden sobre el muro.

Le causaron amargura,

Le asaetearon,

Y le aborrecieron los arqueros;

Mas su arco se mantuvo poderoso,

Y los brazos de sus manos se fortalecieron

Por las manos del Fuerte de Jacob

 (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel)

(O sea, por el Nombre de Dios),

Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará,

Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá

Con bendiciones de los cielos de arriba,

Con bendiciones del abismo que está abajo,

Con bendiciones de los pechos y del vientre.

Las bendiciones de tu padre

Fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores;

Hasta el término de los collados eternos

Serán sobre la cabeza de José,

Y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos.”

Ahora miren, la bendición más grande luego fue hablada también sobre José. Y en Crónicas, capítulo 5, versos 1 al 2, dice:

“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito (ahí tenemos uno que también perdió la Bendición de la Primogenitura: Rubén, y pasó a los hijos de José).”

Si usted escudriña bien la Escritura, cuando Jacob trabajó siete años por la que sería su esposa, Raquel, y se lleva a cabo después la boda, luego en la noche cuando tiene que irse a dormir ya terminada la fiesta de boda, colocan a Lea, la hermana mayor de Raquel; y en la mañana Jacob se da cuenta que no es Raquel, sino que es Lea, y le reclama al padre de Lea y de Raquel, que porqué le hizo esto si él se casó con Raquel.

El padre le dice: “Es que aquí no se hace así, no se da la menor en casamiento antes que la mayor. Por lo tanto, trabájate siete años más y te daré a Raquel.” Por lo tanto, Jacob trabajaría ¿qué? catorce años por su esposa, por Raquel. ¿Cuántos jóvenes amarían tanto a una joven que trabajarían catorce años por ella? Son pocos, pero en la Biblia los hay.

Luego trabajó siete años más y le dieron a la joven Raquel. Y de Raquel fue que tuvo a José y después más adelante a Benjamín. Jacob tuvo doce hijos y una hija, Dina, pero por medio de Raquel tuvo dos hijos: José y Benjamín, hijos de sangre, hijos de padre y madre.

Y aparentemente Jacob, al tener todos los hijos que tuvo, Rubén era el mayor, pero tenía que ser José, pero como le cambiaron la esposa entonces el primero que nació fue Rubén, pero Dios determinó que fuera el primogénito a través de Raquel, que fue José. Y por eso cuando habla la Bendición de la Primogenitura, la habla sobre José y la heredan los hijos de José; el derecho de la Primogenitura corresponde a los hijos de José.

Por lo tanto, es importante para el Reino de Dios en la Tierra, que será un Reino hebreo o judío como algunos llaman, tiene que la Bendición de la Primogenitura estar con Israel; y por cuanto Efraín representa la Iglesia del Señor Jesucristo, y Manasés al pueblo hebreo, tiene que surgir una fusión, una unión de José, representado en Efraín, para que la Bendición de la Primogenitura esté con Israel, para que se pueda establecer, cristalizar el Reino del Mesías en la Tierra —que es llamado el Reino de David— con el Trono de David restaurado.

Por eso es tan importante la Bendición de la Primogenitura. Y por ahora no se pueden dar muchos detalles para que no se interrumpa el Programa de Dios. Por eso en Ezequiel 37 tienen que ser restauradas las tribus de Israel para que tengan la Bendición de la Primogenitura y pueda estar unificado ese Reino con las doce tribus.

La de José, por cuanto tiene la Bendición de la Primogenitura, siempre la Bendición de Primogenitura es doble, por eso tiene dos tribus: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés.

Por eso cuando fue dividido el reino de Salomón en los días del hijo de Salomón, Roboam, diez tribus le fueron dadas a Jeroboam, que era un descendiente de la tribu de Efraín.

Y ahora, Israel necesita a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la que tiene bendición del Cielo y de la Tierra para ser materializadas en esta Tierra; y todo lo que ha de pasar está en camino en el Programa Divino para este tiempo final; ya todo está en camino para cristalizarse todo el Programa Divino con relación al Reino de Dios en la Tierra, la Venida del Reino de Dios, que será la restauración del Reino de David.

José y sus hijos son los que tienen la Bendición de la Primogenitura. José representa a Cristo y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por judíos y gentiles, y Manasés representa a Israel, el pueblo hebreo, que también dijo Jacob, cuando echó la bendición, que “será un pueblo grande (Israel), pero su hermano menor (Efraín) formará multitud de naciones.”

Por eso, para el Reino del Mesías la multitud de naciones están ligadas a Efraín y por consiguiente a la tribu de José encabezada por Efraín, e Israel como nación será una nación grande que gobernará sobre el planeta Tierra completo con el Mesías Príncipe, el Ungido, el Mesías Príncipe sentado sobre el Trono de David.

Ahora, vean el valor de la Bendición de la Primogenitura. Toda persona que tiene el Espíritu Santo tiene la Primogenitura; es la bendición más grande que una persona puede recibir: recibir el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, y así nace del Cielo y su ciudadanía es celestial, porque en la Bendición de la Primogenitura está la bendición celestial y la bendición terrenal.

“LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.”

Hemos recorrido rápidamente esa trayectoria hasta llegar a la Iglesia del Señor Jesucristo esa bendición, y llegar al Día Postrero, a la etapa que le corresponde a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; y ahí lo dejamos. Ahí es que encontraremos la Bendición de la Primogenitura produciendo el fruto que corresponde a este tiempo final, y ahí es donde va a haber una conexión con el pueblo hebreo.

Sin la Bendición de la Primogenitura Israel no puede seguir adelante. Ya ustedes van a escuchar más de este tema en lo que falta de este año, y van a ver muchas cosas; y eso será la Bendición de la Primogenitura obrando, porque Dios acompaña donde está presente, donde esté, la Bendición de la Primogenitura.

Y ya para terminar: Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante dice:

“…Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

La congregación de los Primogénitos es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por todos los creyentes en Cristo. Y si es la congregación de los Primogénitos, ¿dónde está entonces la Bendición de la Primogenitura? En y entre la congregación de los Primogénitos, la Iglesia del Señor Jesucristo.

“…a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahí podemos ver claramente qué bendición es la que tenemos como creyentes en Cristo dentro del Nuevo Pacto, bendiciones del Cielo y de la Tierra. Bien dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

 “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Como miembros de la congregación de los Primogénitos inscritos en el Cielo, somos ciudadanos celestiales; las cosas celestiales mismas serían purificadas con un mejor sacrificio, que es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

“LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.” Eso es lo que tiene la Iglesia del Señor Jesucristo, la congregación de los Primogénitos nacidos del Cielo. Son los Primogénitos nacidos del Cielo, los cuales tienen bendiciones celestiales y también terrenales; las más importantes son las celestiales, por eso Israel necesita a la Iglesia del Señor Jesucristo para que la Bendición de la Primogenitura pueda estar en Israel; porque el Reino del Mesías, el Trono del Mesías, ese gobierno del Mesías, está ligado a la Bendición de la Primogenitura.

La Bendición de la Primogenitura será lo que llegará a Israel a través de la Iglesia del Señor Jesucristo para la redención de Israel, para la salvación de Israel. Y eso lo hará el Mesías Príncipe, el Ungido, en el Día Postrero; y así traerá la paz para Israel, para el Medio Oriente y para todas las naciones.

Las naciones que quieren tener una paz permanente, y también Israel, necesitan conocer estas cosas, porque fuera del Programa Divino no habrá paz permanente ni para Israel ni para el Medio Oriente ni para las demás naciones.

La paz permanente solamente puede venir en el Reino del Mesías, el Mesías es el que la trae; porque Él tiene la Bendición de la Primogenitura, y la tiene Su Iglesia también, porque Él está en medio de Su Iglesia.

En este tiempo final va a ocurrir algo grande entre el judaísmo y el cristianismo, entre Israel y la Iglesia del Señor Jesucristo, en la etapa que corresponde a la Iglesia en este tiempo final, y está ligado a la Bendición de la Primogenitura.

Por lo tanto, entre las tribus perdidas es que la Bendición de la Primogenitura estaría, y de entre las tribus perdidas la Iglesia del Señor Jesucristo tendría millones de creyentes, que ni siquiera sabrían que son descendientes de la tribu de José y descendientes, por consiguiente, de Efraín, en lo espiritual y también en lo físico, para millones de creyentes en Cristo, de cristianos.

Por eso va a haber una atracción grande entre el cristianismo y el judaísmo en este tiempo final; algo de dentro del alma, del corazón, de los judíos; y algo del alma, de lo profundo del corazón, de los cristianos; y es algo de Amor Divino de parte y parte, a causa de la Bendición de la Primogenitura.

Que las Bendiciones de la Primogenitura sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto haya ese entrelace con Israel, e Israel sea bendecido grandemente y librado de todos los peligros por los cuales está pasando en la actualidad. Que Dios bendiga a la Iglesia del Señor Jesucristo y que Dios bendiga a Israel, el pueblo hebreo. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que también Dios le dé la Bendición de la Primogenitura, le dé el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios; y así nazca del Cielo, tenga su ciudadanía celestial así como tiene su ciudadanía terrenal. Su ciudadanía terrenal porque nació en esta Tierra, pues tiene una ciudadanía terrenal, pero por el nuevo nacimiento, que es celestial, tiene la ciudadanía celestial.

Si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Los que están en otras naciones también pueden venir a los pies de Cristo si todavía no lo han hecho, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo en favor de cada uno de ustedes que están viniendo a los pies de Cristo en diferentes naciones.

Dios tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en todo el Caribe y en toda la América Latina, y también en Norteamérica y otras naciones, y los está llamando en este tiempo final.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando porque tu nombre está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Los niños también, de diez años en adelante, pueden venir a los pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que en diferentes países están viniendo a los pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo los que han venido a los pies de Cristo en estos momentos en diferentes naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor, que se haga realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego, Señor, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno. Por eso en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan. Cuando Juan bautizaba en el Jordán, Jesús fue uno de los que entró a las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan; y cuando Juan lo ve, le dice: “Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Si Jesús tuvo necesidad de ser bautizado por Juan para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros! En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han estado viniendo a los pies de Cristo en esta ocasión; y que Dios los bendiga y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino del Señor, del Mesías.

Para el próximo domingo espero tenerles buenas noticias, y como espero que sea una sorpresa, entonces esperen al próximo domingo.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo José Benjamín Pérez con nosotros nuevamente.

“LA BENDICIÓN DE LA PRIMOGENITURA.”

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