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El toque de la Diestra de Dios
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El toque de la Diestra de Dios

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros presentes, y también los que están en otras naciones, y congregaciones, Iglesias, en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

La campaña «Alcemos Nuestra Voz: Paz en Tierra Santa,» continúa. Continúa hasta que se resuelva el problema de Tierra Santa, hasta que logren un acuerdo bilateral para la creación de un Estado Palestino junto al Estado de Israel, o sea, como vecino del Estado de Israel. Por lo tanto, estén pendiente a la campaña: «Alcemos Nuestra Voz: Paz en Tierra Santa.»

Mañana escuché que está la vista municipal del proyecto de la gran Carpa-Catedral, por lo tanto, mañana es un día muy importante para todos ustedes que están aquí presentes y también para los que se conectan con las transmisiones que tiene por satélite la gran Carpa-Catedral o Carpa-Catedral de Puerto Rico.

Así que, oren mucho por esa vista municipal de mañana que es muy importante. Estoy repitiendo el anuncio que le hicieron para refrescar la memoria de los que están, estaban, y para los que no estaban, que estén al tanto de esa vista municipal de mañana en la mañana.

Para esta ocasión leemos en las Escrituras en el Salmo 118, verso 15. Salmo 118, vamos a comenzar leyendo en este Salmo 118 desde el verso 14 que dice:

«Mi fortaleza y mi cántico es JAH (o sea, Jehová),

Y él me ha sido por salvación.

Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos;

La diestra de Jehová hace proezas.

La diestra de Jehová es sublime;

La diestra de Jehová hace valentías.»

Y pasamos al capítulo 66 de Isaías que nos dice, desde el verso 1 en adelante:

«Jehová dijo así: El Cielo es mi trono, y la Tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?

Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.»

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

«EL TOQUE DE LA DIESTRA DE DIOS.»

A través de la Escritura podemos ver que toda la creación tiene el toque de la diestra de Dios. Dice Génesis, capítulo 1, verso 1:

«En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra.»

Y en Isaías, capítulo 66, verso 2, nos dijo, en la lectura que tuvimos, que Dios fue el que hizo todas las cosas; fue nada menos que la mano de Dios, dice: «Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron.» Fue la diestra de Dios, la mano de Dios.

También nos habla en Proverbios en el capítulo 8, verso 22 en adelante:

«Jehová me poseía en el principio,

Ya de antiguo, antes de sus obras.

Eternamente tuve el principado, desde el principio,

Antes de la Tierra.

Antes de los abismos fui engendrada;

Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.

Antes que los montes fuesen formados,

Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;

No había aún hecho la Tierra, ni los campos,

Ni el principio del polvo del mundo.

Cuando formaba los Cielos, allí estaba yo;

Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;

Cuando afirmaba los Cielos arriba,

Cuando afirmaba las fuentes del abismo;

Cuando ponía al mar su estatuto,

Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;

Cuando establecía los fundamentos de la Tierra,

Con él estaba yo ordenándolo todo,

Y era su delicia de día en día.»

Aquí podemos ver que Dios creó todas las cosas, fue la diestra de Dios la que creó todas las cosas, aun nos enseña la Escritura en Isaías, capítulo 40, verso 12:

«¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los Cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la Tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?

¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?

¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?

He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo.»

Ahora, vean cómo Dios nos dice, y pregunta:

«¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los Cielos con su palmo?»

Solamente hay uno, y ese fue Dios: «En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra.» Por eso es que no solamente el planeta Tierra, sino el sistema solar nuestro, y también todas las galaxias con sus sistemas solares, toda la creación, tiene el toque de la mano de Dios, y lo más importante de todo lo que Dios ha creado, parece ser lo más pequeño, pero es la corona de la creación, que es lo que tiene el toque de Dios en su estado máximo de toque divino.

Los Cielos y la Tierra es una obra maravillosa, la ciencia está buscando el origen de la creación, pero el origen de la creación está mostrado aquí en la Escritura. Veamos el origen de la creación, ya leímos Isaías, capítulo 66, verso 2 en adelante donde dice que fue la mano de Dios, la diestra de Dios; y también leímos Génesis, capítulo 1, verso 1 que dice: «En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra.»

Y ahora, ¿cómo fue que sucedió todo esto? La explicación la vimos en Proverbios, capítulo 12, la sabiduría personificada en el Verbo que era con Dios y era Dios; por eso tiene el toque de Dios, porque el que originó la creación fue Dios por medio del Verbo que era con Dios y era Dios.

Veamos aquí San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante nos dice:

«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»

Y aquí tenemos el origen de la creación, Dios por medio del Verbo, que es la Palabra, que es nada menos que el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios llamado el Ángel del Pacto, que le aparecía a los profetas como a Adán, Abel, Set, Noé también, Enoc, que fue llevado al Cielo, el cual caminó con Dios y le llevó Dios para no ver muerte; también encontramos a Abraham, a Isaac, a Jacob.

Ese Ángel que le aparecía a ellos es el Verbo que era con Dios y era Dios, por lo cual cuando aparecía a estos hombres, ellos decían que habían visto a Dios, Jacob dijo: «He visto a Dios cara a cara y fue librada mi alma,» Génesis, capítulo 32, versos 24 al 32, y por eso le colocó por nombre Peniel al lugar donde tuvo esa experiencia cuando le apareció el Ángel de Dios con el cual luchó toda la noche, y cuando ya rayaba el alba, el Ángel le dice, ese Varón, ese hombre de otra dimensión, le dice: «Suéltame que raya el alba,» tenía que irse por consiguiente, Jacob le dice: «No te dejaré, no te soltaré, hasta que me bendigas.»

La lucha de Jacob era por una bendición, porque su hermano Esaú venía con unos cuatrocientos hombres armados con espadas, y como Esaú había dicho que lo iba a matar cuando muriera su padre, pues ya estaba pensando que le iba a adelantar ese momento y tenía mucho miedo, por eso había dividido su familia en dos campamentos, y los había mandado, primero el campamento de Lea con toda su familia: la descendencia de Jacob a través de Lea y la sierva de Lea, el ganado y los siervos, los mandó adelante.

Y después en el segundo grupo, el ejército o segundo campamento, envió a Raquel con José, la sierva de Raquel, los hijos que tenía a través de ella, y también ganado y los siervos y siervas que le servían, en dos campamentos dividió toda su familia, porque dijo: «Si atacan al primer campamento, el segundo campamento puede huir.» O sea, que él temía, y todo eso es tipo y figura de lo que va a pasar en este tiempo.

En este tiempo aquel Varón, Ángel, hombre de otra dimensión, que es el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, el mismo que más adelante le apareció a Manoa, y Manoa dijo: «Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara,» el mismo que le apareció a Moisés también, y le dijo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.»

Todo el mundo ha querido conocer, saber cuál es el Nombre de Dios, el cual dice en Éxodo, capítulo 3, versos 13 en adelante, que le fue revelado a Moisés cuando Moisés le pregunta: «Si yo voy a los hijos de Israel allí en Egipto, y les digo: el Dios de nuestros padres me ha enviado, y si ellos me preguntan cuál es Su Nombre, ¿qué les voy a responder?»

Y ahí el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, le dice a Moisés: «Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy el que Soy, y dirás: Yo Soy me ha enviado a vosotros, ese es mi Nombre, mi memorial para siempre, de generación en generación.» En el capítulo 6 también, del Éxodo, le dice a Moisés que no se había revelado con ese Nombre a sus padres: a Abraham, a Isaac y a Jacob, ahora se está revelando a Moisés con ese Nombre.

Y ahora, podemos ver que Moisés conoció el Nombre de Dios. Luego encontramos que Manoa quiso conocer el Nombre también del Ángel, pero no le fue concedido. Manoa no era un profeta, por lo tanto no tenía que conocer ese Nombre. Jacob quiso conocer el Nombre del Ángel también, pero no le fue permitido conocerlo, no era un profeta dispensacional tampoco Jacob, aunque era un profeta.

Luego encontramos en Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante el lugar donde está el Nombre de Dios, por lo cual podemos ver la razón por la cual esas personas que se encontraban con el Ángel de Dios querían saber el Nombre del Ángel, ¿por qué? Veamos el porqué querían conocer el Nombre del Ángel, lo cual le fue concedido conocer a Moisés. Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, dice:

«He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.»

¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Ángel, el Ángel de Dios tiene el Nombre de Dios. Por eso los que llegaban a conocer el Nombre del Ángel, estaban conociendo el Nombre de Dios, por eso el interés de esos profetas del pasado, de la antigüedad, en conocer el Nombre del Ángel:

«Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere…»

¿Qué Voz dice Dios ahí que tienen que escuchar? La Voz del Ángel. ¿Y cuál es el misterio del Ángel, de ese Ángel de Dios, que Dios dice que escuchen la Voz del Ángel? Y luego en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante dice: «Profeta como yo (dice Moisés)…» Vamos a ver lo que dice… capítulo 18, versos 15 en adelante de Deuteronomio:

«Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…»

Y luego el verso 18 en adelante, dice:

«Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.»

¿Por qué dice Moisés que Dios va a levantar profeta como Moisés, y dice: «A él oiréis»? Porque Dios pondrá Su Palabra en la boca de ese profeta, y escuchar la Palabra, el mensaje profético que ese hombre trae, es estar escuchando a Dios, porque en ese hombre estará Dios manifestado por medio del Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, porque el Espíritu Santo es ese Ángel del Pacto. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, podemos comprender el porqué ese Ángel es tan importante a través de toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis: Porque es el Espíritu Santo, ese Varón que aparece a los profetas en diferentes tiempos, es el Verbo que era con Dios y era Dios y creó Dios por medio de Él todas las cosas. Y vamos a ver con más detalles acerca de este personaje tan importante del cual la Escritura nos habla, continuamos en el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, verso 14, ahí continuamos, porque dice el verso 3:

«Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.»

O sea, que nadie más tiene parte en la creación; fue la mano de Dios, la diestra de Dios, fue Dios por medio del Ángel del Pacto, por medio del Verbo que era con Dios, por medio del Espíritu Santo, porque ese hombre llamado el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un hombre de otra dimensión. Por eso cuando se habla de los espíritus de los justos hechos perfectos, se está hablando de los cuerpos espirituales de los creyentes, de los que sirven a Dios.

Y ahora, cuando se habla de los siete espíritus de Dios, se está hablando de siete hombres mensajeros de otra dimensión que vienen a la Tierra cada uno en su tiempo para traer el mensaje de la presencia de Dios a los seres humanos. Tan sencillo como eso.

Y ahora, vamos a investigar bien quién es ese personaje llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, llamado el Ángel del Pacto, llamado el Ángel de Dios, donde está el Nombre de Dios, dice:

«En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.»

¿Por quién fue hecho el mundo? Por el Verbo que era con Dios, que es la Luz verdadera que alumbra a todo hombre:

«A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo, a Su pueblo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.»

A todos los que le han recibido, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son nacidos de carne, porque no se nace físicamente como hijo o hija de Dios, es por medio del nuevo nacimiento, por medio del Espíritu Santo, por medio de la diestra de Dios tocando el alma de la persona por medio de la predicación del Evangelio de Cristo ungido por el Espíritu Santo, que la persona recibe ese toque divino para salvación y Vida eterna, para obtener el nuevo nacimiento, nacer en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios.

Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6 de San Juan: «De cierto, de cierto te digo que el que no nazca del Espíritu, el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.» Así como para ver este reino terrenal donde podemos ver automóviles, edificios, casas y así por el estilo, y mucha gente, tuvimos que nacer, de otra forma no podríamos estar viviendo y disfrutando de esta vida terrenal; y para ver y disfrutar de la vida celestial, entrando al Reino de Dios, hay que nacer de nuevo de acuerdo al orden establecido por Dios.

Cristo dijo: «De cierto, de cierto te digo (dijo a Nicodemo), que el que no nazca del Agua (o sea, del Evangelio de Cristo) y del Espíritu (del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.» Así que, se requiere el nuevo nacimiento, nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu, del Espíritu de Dios, del Espíritu Santo, para entrar al Reino de Dios que está en la esfera espiritual y que algún día también estará en la esfera física cuando el Reino de Dios venga y sea establecido en la Tierra.

Por eso la oración de Cristo enseñada a Sus discípulos donde les dice que orando digan: «Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra.» San Mateo, capítulo 6, verso 10 en adelante.

Y ahora, es importante conocer estas cosas para saber el porqué estamos viviendo en este planeta Tierra. No hemos aparecido aquí por mera casualidad, ni usted escogió vivir en esta Tierra en este tiempo: fue la diestra de Dios, la mano de Dios, el toque divino para que usted viniera a esta Tierra.

Es como decir estando nuestra alma en otro mundo, en otra dimensión, y Dios decir, tocar, colocar Su diestra sobre usted y sobre mí, y decir: «Ahora te toca ir a la Tierra, ve a la Tierra, entra en ese cuerpecito que está naciendo de esa señora que está dando a luz.» Y así hemos aparecido en esta Tierra en estos cuerpos mortales, en estos cuerpos en la permisiva voluntad de Dios, porque no son cuerpos eternos.

Pero tenemos la promesa divina de que todos los creyentes en Dios, en Cristo, van a obtener un cuerpo glorificado, inmortal, incorruptible, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo, y joven para toda la eternidad; esa es la promesa divina para todos los creyentes en Cristo, es exclusivamente para los creyentes en Cristo esa promesa, por eso son los creyentes en Cristo los que creen que habrá una resurrección de los muertos creyentes en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, y una transformación de los que creyentes en Cristo que estén viviendo en ese tiempo, en el Día postrero, porque la resurrección está prometida para el Día postrero conforme a las palabras de Cristo en San Juan, capítulo 6,verso 39 al 40, y también versos 41 al 58; y también en San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27, cuando Cristo le dice a Marta que había tenido la pérdida de su hermano Lázaro, había muerto y ya llevaba cuatro días de muerto y estaba ya enterrado en una cueva, y Cristo le dice: «Tu hermano resucitará,» Marta le dice: «Yo sé que resucitará en el Día postrero.»

Todavía hay personas en este siglo XXI que no saben que va Dios por medio de Cristo a llevar a cabo una resurrección de todos los creyentes en Cristo en el Día postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacía acá, pero no sabemos en qué año de ese Día postrero, de ese milenio postrero.

Y ahora, son los creyentes en Cristo que están bajo el nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, la Sangre del Pacto eterno, los que creen esa promesa, y están esperando, los que están vivos, a los muertos que resuciten en la venida del Señor, y la transformación de sus cuerpos. ¿Para qué? Para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo, a la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo, en la casa de nuestro Padre celestial.

Y ahora, continuando con el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, pasamos al verso 14 donde dice:

«Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.»

Y ahora, el Verbo fue hecho carne, el Ángel del Pacto fue hecho carne, fue hecho hombre de esta dimensión terrenal, y fue conocido por el nombre de Jesús o Jesucristo. Esa era la promesa de la venida del Mesías en Malaquías, capítulo 3, que dice:

«He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…»

Ese mensajero Cristo lo identifica como Juan el Bautista, que vino con el espíritu y virtud de Elías, del cual le habló el Ángel Gabriel al sacerdote Zacarías, que ya estaba avanzado en edad, y su esposa era estéril, y le dijo que iba a tener un niño, que la oración de él había sido escuchada, porque Zacarías había estado orando a Dios para que le diera un niño desde que se casó con Elisabet su esposa, y ya estaba ella avanzada en edad también y todavía no había tenido el niño.

Y ahora él había perdido la esperanza en tener un niño, se le había olvidado que Abraham tenía ¿cuántos años? 99 años esperando la venida del hijo que Dios le había prometido cuando él tenía unos 75 años, ya llevaba 24 años esperando y su fe no había decaído, estaba con la esperanza de tener ese niño, por eso en Hebreos, capítulo 11 dice que él creyó, Abraham creyó a Dios, no dudó, sin importar que se estaba poniendo ya viejo, porque no hay ninguna cosa imposible para Dios, ni aún la incredulidad de una persona impide que Dios haga lo que Dios quiere hacer.

Y ahora, la Escritura dice, San Pablo dice en Hebreos, capítulo 11 que Abraham creyó a Dios esperanza contra esperanza, ¿por qué? ¿Qué significa eso? Esperando lo que no se puede esperar de un anciano ya de 99 años y de una señora anciana de 89 años.

¿Quién va a estar esperando que su esposa estéril ya con 89 años quede embarazada para dar un hijo? El que tenga una esposa de 89 años y él con 99 años y diga que todavía está esperando tener un hijo, le dicen que está loco, así pensarían de Abraham. Pero Abraham no estaba loco, Abraham era un creyente firme en lo que Dios le prometió, y esperaba, esperando lo que no se puede esperar humanamente de un matrimonio, de un matrimonio que ya su esposa tenía 89 años y él 99 años.

Pero antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, pero si contamos el día antes, ya vino el que le hizo la promesa con sus dos Ángeles o Arcángeles Gabriel y Miguel en forma visible, y Abraham los invitó almorzar, le ofreció una ternera, un becerro o becerra tierna con panes, mantequilla y así por el estilo, y Dios, Elohím con sus Arcángeles aceptó la invitación y almorzaron con él, y ahí le confirmó que el próximo año en el cual él tendría 100 años, el hijo prometido aparecería, sería una realidad; y así fue.

Luego los Arcángeles Gabriel y Miguel fueron a Sodoma ya en la tarde, se sentaron allá en la plaza en la puerta de la ciudad donde Lot también los vio, porque Lot venía a ser juez, líder, allí en Sodoma, y de seguro tenía un puesto político también quizás de alcalde, y cuando los ve, los invita a ir a su casa para cenar, vio que no eran ciudadanos de Sodoma ni de Gomorra, porque él conocía a los ciudadanos de ahí, vio que eran extranjeros, ellos dijeron: «No, nos vamos a quedar aquí, vamos a pasar la noche aquí en la plaza.»

Pero él insistió y se los llevó a la casa; él no sabía cuál era la misión de estos dos Ángeles, pero la misión era destruir a Sodoma y Gomorra, porque esos son los Ángeles de la diestra de Dios, esos son los Ángeles que cuando son enviados por Dios para una misión, puede ser una misión para bendición o para destrucción de personas o de naciones, de reinos.

Por eso los encontramos en la historia del Libro del profeta Daniel, en las profecías de Daniel, para los cambios de los reinos de los gentiles, del cambio del reino babilónico al reino medo-persa, y del reino medo-persa al reino de Grecia, y del reino de Grecia al reino romano, y luego estarán también para el cambio del reino romano al reino que corresponde a los pies de hierro y de barro cocido, porque el reino romano tiene dos partes: las piernas de hierro y los pies de hierro y de barro cocido, y de ahí aparecerán también para el cambio del reino de los pies de hierro y de barro cocido que es la última etapa del reino de los gentiles, para el cambio al Reino de Dios, al Reino del Mesías, al Reino de la Piedra no cortada de manos que sale de la montaña de Dios y hiere la imagen en los pies de hierro y de barro cocido y es desmenuzada la estatua completa.

Y ahora veamos, esa Piedra no cortada de manos es el Mesías en Su segunda venida, es nada menos que el Verbo que se hizo carne y habitó en medio de la raza humana y fue conocido por el nombre de Jesús o Jesucristo, por lo cual Jesucristo podía decir en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58:

«Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años…»

O sea, que ya están tratándolo de que está loco. Físicamente no tenía 50 años, solamente tenía alrededor de 30 a 30 y algo de años en su cuerpo físico que nació a través de la virgen María, pero Él cuando les dice: «Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó,» no está hablando de Su cuerpo físico, les está hablando de Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, en el cual moraba, mora y morará eternamente Dios, porque ese cuerpo es la imagen del Dios viviente. Y ahora, le dicen:

«Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? (Él les dice)

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.»

Y entonces ahí lo toman como que está más loco, pero Él no estaba loco. Loco está el que no puede comprender las cosas espirituales, y las combate. Eso es una locura: combatir las cosas espirituales porque no las entiende, lo que no entiende una persona, entonces debe escuchar lo que le dijo Cristo a San Pedro: «Lo que no entiendes ahora, lo entenderás después;» pero si lo combate, nunca lo va a entender, tiene que orar a Dios para que le abra el entendimiento y le permita entender.

Y ahora, ¿por qué Cristo puede decir: «Antes que Abraham, fuese, yo soy»? ¿Y por qué puede decir: «Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó?» Porque el que estaba comiendo con Abraham y dos Ángeles más, era el mismo Cristo en Su cuerpo angelical, era el Ángel del Pacto, era el cuerpo teofánico de Dios, era el Verbo que era con Dios y era Dios, ahí tenemos el misterio de Dios el Padre y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del entendimiento (Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3).

Y ahora, ya estamos viendo quién es el Verbo que era con Dios, estamos viendo quién es el Ángel del Pacto, y en Hebreos, capítulo 3 y capítulo 1. Capítulo 1, verso 1 en adelante dice:

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.»

Y ahí tenemos el origen de la creación: Dios por medio de Cristo habló en los postreros días, allá en los días del ministerio de Jesucristo, y dice: «Por quien asimismo hizo todas las cosas,» y dice:

«a quien constituyó heredero de todo.»

El heredero de toda la creación ¿quién es? Jesucristo, Él es el heredero a todo lo que Dios creó a través de Él: los Cielos y la Tierra y el ser humano. Todo tiene el toque de Dios, el toque de Dios por medio del Verbo, por medio del Ángel del Pacto, que es la diestra de Dios, y por consiguiente podemos ver la perfección que hay en toda la creación y cómo funciona en forma automática, ¿por qué? Porque Él y por medio de Él fueron creadas todas las cosas; y veamos cómo Dios le da mantenimiento a toda Su creación:

«…y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia.»

La imagen divina ¿quién es? Cristo en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, llamado el Verbo que era con Dios. Por eso este pasaje que estábamos leyendo hace unos minutos de Malaquías, capítulo 3, en donde comenzamos, que dice:

«He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí (del cual Cristo dijo que era Juan el Bautista que vino con el espíritu y virtud de Elías, luego dice); y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (¿quién vendrá? El Señor, Dios el Padre), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros…»

¿Y quién más? El Ángel del Pacto, o sea, Dios el Padre con Su cuerpo angelical, el cuerpo angelical de Dios, que es la imagen del Dios viviente, es el Ángel del Pacto, es Cristo en Su cuerpo angelical, es el Mesías en Su cuerpo angelical, ungido con la presencia de Dios el Padre.

Dios no ha creado nada, no ha hecho nada que no sea a través del Verbo, del Ángel del Pacto, de Su cuerpo angelical; Él era antes de toda la creación. Y ahora, veamos:

«El cual, siendo el resplandor de su gloria (ya pasamos a Hebreos de nuevo, es que les debía esa parte de Malaquías, capítulo 3, y es bueno cumplir con lo que se debe), y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder.»

Ahí tenemos la forma en que es sustentada toda la creación, es por medio de la Palabra de Dios a través de Cristo, el cual está sentado a la diestra de Dios allá en el Trono celestial, y el que está en el Trono es el que tiene el poder, es el que manda, es el que sustenta toda la creación.

Y alguna persona podrá decir: «Y entonces ¿dónde está Dios? ¿Se fue de vacaciones?» no, Dios está en Cristo, Dios está en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, y Dios con Su cuerpo angelical está dentro del cuerpo físico de Jesucristo, el cual está glorificado y sentado en el Trono de Dios, y convirtió el Trono de Dios en un Trono de misericordia, en un Trono de oportunidad, para los seres humanos confirmar su lugar en la Vida eterna por medio de Cristo como su único y suficiente Salvador. Es una brecha que se abrió para salvación de los seres humanos, no importa de qué nación ni de qué raza sean las personas.

Ahora, vimos cómo es sustentada toda la creación: por la Palabra del poder de Cristo, del poder de Dios a través de Cristo:

«…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (¿cómo lo hizo? La purificación de nuestros pecados habiéndola efectuado por medio de sí mismo: por medio del Sacrificio que llevó a cabo en la Cruz del Calvario), se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.»

Y ahora, está a la diestra de Dios sentado, a la diestra de la Majestad en las alturas, por eso fue que cuando estaba siendo juzgado por el concilio del sanedrín encabezado por el sumo sacerdote, le pregunta el sumo sacerdote: «¿Eres tú el Hijo del Dios viviente?» Él le dice: «Tú lo has dicho, y desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios.» O sea, sentado en el Trono de Dios, San Mateo, capítulo 26, verso 64 y por ahí por San Marcos, capítulo 14, verso 61 al 66 también encontramos esas palabras de Cristo; y en San Lucas también nos habla de estas cosas, pero principalmente San Mateo y San Marcos. Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, Él lo confirma. Dice: «Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono.» Apocalipsis, capítulo 3; y si Él lo dice, Él lo hace. Capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.»

Ha confirmado que se sentó, que está sentado en el Trono del Padre celestial, en la misma forma Él va a hacer porque el Trono de Cristo es el Trono de David que será restaurado y el Reino de David será restaurado, es el Reino de Dios que tiene que venir para la raza humana para que puedan tener paz en el Medio Oriente, puedan tener paz en Israel, la paz que salga de Jerusalén, porque allí estará el Trono del Mesías, el Trono de David, y de allí se gobernará sobre el pueblo hebreo, sobre todo el Medio Oriente y sobre toda la humanidad. Así será el Reino del Mesías que tanto necesita toda la familia humana; y ahí se acabarán los problemas, las guerras, ahí vendrá la paz permanente, imperecedera.

Y ahora, hemos visto quién es Cristo, hemos visto quién es el Mesías, y para confirmar aún más esto, dice el apóstol Pablo en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, dice:

«Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.»

Hay una herencia de los santos en luz y para los santos en luz, para los hijos e hijas de Dios.

«El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.»

Así como Él libró a Israel, a los hebreos, del reino del faraón allá en Egipto y los llevó a la tierra prometida, encontramos que ha librado a todos los creyentes en Cristo del reino de las tinieblas, del maligno, y los ha colocado en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual:

«En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.»

No hay redención a menos que sea por la Sangre de Cristo, lo cual fue tipificado en los sacrificios que se efectuaban en el antiguo Testamento:

«El es la imagen del Dios invisible…»

Y ahora, aquí San Pablo repite que Cristo es la imagen del Dios invisible, Cristo es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, como Ángel del Pacto Él es en cuerpo espiritual el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo; por eso fue que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 20: «Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

¿Y cómo iba a estar? Pues en Su cuerpo angelical, que es el Espíritu Santo, en Espíritu Santo es que Cristo ha estado desde el Día de Pentecostés en adelante en medio de Su Iglesia; por eso es que la Escritura nos dice: «El Espíritu y la Iglesia, el Espíritu y la Esposa dicen, el Esposo y la Esposa dicen: «Ven, y el que oye, diga: ven. Y el que tenga sed, venga; y el que quiera, tome del Agua de la vida gratuitamente.» (Apocalipsis, capítulo 22, verso 17). O sea, que el Espíritu y la Esposa dicen: ven, y el que oye, diga: Ven. y el que tenga sed, venga; y el que quiera, tome del Agua de la vida gratuitamente, para vivir eternamente tome del Espíritu Santo. Y ahora, continuamos aquí en Colosenses, dice:

«Él es la imagen del Dios invisible…»

O sea, que Dios siendo invisible a la vista humana, los que vieron al Ángel del Pacto, dijeron: «Hemos visto a Dios cara a cara.» Él es la imagen del Dios invisible, Él es ese cuerpo angelical, ese cuerpo teofánico que vieron todas esas personas, esos santos del Antiguo Testamento, y dijeron: «Hemos visto a Dios cara a cara.»

En San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: «A Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha declarado, le ha dado a conocer.» Todo el conocimiento que han tenido desde el Génesis en adelante los seres humanos que han dicho que han visto a Dios, fue que lo vieron en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, que es el cuerpo teofánico de Dios, esa teofanía, así como los Ángeles tienen esa misma clase de cuerpo espiritual, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, toda revelación divina es dada a conocer por medio de Dios a través de Su Hijo unigénito, como Él, ninguno: unigénito.

Y ahora, encontramos que Dios tiene muchos hijos, y entonces si Él es el unigénito, en la forma en que Él surge ningún otro ha surgido, pero luego a través de ese Hijo unigénito vienen los demás hijos, y por consiguiente Él viene a ser también el primogénito, el primero de todos esos hijos de Dios, el primogénito entre muchos hermanos.

«Porque en él fueron creadas todas las cosas.»

¿Y cómo se puede entender que en Él fueron creadas todas las cosas? Toda la creación estaba en Él, como en una semilla de trigo o de aguacate o de lo que sea, ahí está creado, si es de aguacate la semilla, está creado un árbol de aguacate con muchos aguacates, con muchas hojas el árbol también, y así por el estilo, y se viene la persona a dar cuenta, si no lo sabía, cuando siembra la semilla, nace el árbol, echa todo lo que le corresponde: las ramas, las hojas y luego el fruto, y entonces dice: «Esa semilla sí que era una buena semilla, produjo un buen árbol y sobre todo produjo un buen fruto.»

Así también en Cristo, que es la simiente original, la semilla original de todos los hijos de Dios, dijo: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva,» como si usted toma una semilla de aguacate y no la siembra, queda solita esa semilla y usted no puede ver un árbol de aguacate ni puede comer aguacates porque no fue sembrada esa semilla.

Y ahora, el árbol o planta de trigo es la Iglesia del Señor Jesucristo a través de la cual la vida de Cristo, que es el Espíritu Santo, se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios, esos son los hijos e hijas de Dios, la familia de Dios, los descendientes de Dios. Y ahora:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas.»

Toda la creación que Dios llevaría a cabo, está, estaba en Cristo, y de Cristo, a través de Cristo Dios la ha estado llevando a cabo, todo lo que Dios pensó, el pensamiento divino fue colocado en el Ángel del Pacto, en Cristo, que es el Espíritu Santo, que es el que discierne los pensamientos divinos y los trae a materialización. Sigue diciendo:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los Cielos y las que hay en la Tierra, visibles e invisibles.»

Recuerden que hay cosas visibles y hay cosas también invisibles, la Escritura en Hebreos, capítulo 11, verso 1 en adelante dice (1 al 3) que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía, por lo tanto, el mundo espiritual fue primero, y se materializa lo del mundo espiritual y entonces lo podemos ver físicamente, pero no podemos ignorar que hay un mundo espiritual donde hay seres, Ángeles, Querubines, Serafines, Arcángeles, huestes celestiales, y no son mortales, lo mortal es aquí en esta dimensión.

Por lo tanto, lo real es allá, aquí estamos pasando por una etapa temporal para confirmar nuestro futuro en la Vida eterna con Cristo, siendo rociados con la Sangre de Cristo para ser redimidos, para ser limpiados de todo pecado.

Y ahora, continuando este pasaje de Colosenses, dice:

«…sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él (¿y para quién?) y para él.»

Él es el dueño, el heredero de toda la creación. Fue creado por medio de Él, Dios creó por medio de Cristo todas las cosas, ¿y para quién? Para Cristo, o sea, para por medio de Cristo Dios dirigirlas, gobernarlas, reinar sobre toda la creación:

«Y él es antes de todas las cosas (antes de la creación Él es), y todas las cosas en él subsisten (o sea, Él es el que le da la continuidad a la creación),

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.»

Y ahora, Él, a través del cual Dios creó todas las cosas, es la cabeza de la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, que Jesucristo no es cualquier persona como algunas personas piensan, y algunas personas se avergüenzan de Cristo y se avergüenzan de recibir a Cristo como Salvador, creyendo que esas personas son superiores a Cristo.

Cristo es el Rey del universo, Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores, y es un privilegio grande recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para así venir a ser nuevas criaturas por la diestra de Dios, por ese toque de Dios a través de Cristo.

Solamente el toque de Dios por medio de Cristo, produce seres, hijos e hijas de Dios, se reproduce Dios por medio de Cristo, el segundo Adán, en hijos e hijas de Dios. Por lo tanto, por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, el Espíritu Santo, Cristo, la diestra de Dios, toca el alma, y ese toque divino es para salvación y Vida eterna de la persona.

Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo tienen el toque de la diestra de Dios, el toque divino, así como toda la creación tiene el toque divino por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios, por el cual y por medio del cual fueron creadas todas las cosas.

Allá en el principio del ser humano, en el Edén, cuando Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza,» le va a dar el toque divino de la imagen y semejanza divina, el toque más importante, más grande, que la diestra de Dios daría a una parte de Su creación. La corona de la creación es el ser humano para que gobierne sobre toda la creación como coheredero con Cristo. Por eso es que nos dice la Escritura que somos herederos con Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro (Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante). Ahora sigue diciendo el apóstol Pablo que Él es la cabeza, Cristo es la cabeza de la Iglesia, dice:

«…él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud.»

En Cristo habitó toda la plenitud divina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo estaba en Jesucristo, por eso Él podía decir: «El padre y yo, una cosa somos, el que me ha visto a mí, ha visto al Padre,» San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante; y también San Juan, capítulo 10, verso 30 nos habla de estas cosas.

Y ahora, nos dice:

«…y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la Tierra como las que están en los Cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.»

La reconciliación del ser humano con Dios es por medio de Cristo, y fue representada en el Sacrificio de Expiación que el pueblo hebreo efectuaba el día diez del mes séptimo de cada año, que era para la reconciliación para el ser humano poder vivir un año más, conforme al pacto que Dios hizo con el pueblo hebreo.

Quiero enviarles un saludo cordial a la comunidad judía en la Diáspora en todas las naciones, y en Israel. Ya entraron a un nuevo año y están preparándose para el día de la expiación, el día diez del mes séptimo de cada año conforme al calendario hebreo, día también llamado: Día del perdón.

El pueblo hebreo como nación es el pueblo de Dios, debe ser amado, respetado, no debe ser criticado, y toda persona debe orar por el pueblo hebreo, debe orar por Jerusalén, por la paz de Jerusalén.

Está dicho que hay una bendición para los que oran por la paz de Jerusalén. El mismo Cristo dijo que no juremos por Jerusalén, porque es la Ciudad de Dios, la Ciudad del Rey. Jerusalén es la Ciudad de Dios, la Ciudad del Trono de Dios, la Ciudad del Trono de David, la Ciudad desde la cual reinará el Mesías Príncipe para traer la paz imperecedera a Israel, a todo el Medio Oriente y a toda la humanidad.

Por lo tanto, este es un tiempo muy importante para el pueblo hebreo, y muy difícil la situación por la cual se encuentra el pueblo hebreo en estos días, por causa de todo lo que está sucediendo en estos días para la declaración y el establecimiento de un Estado Palestino que si es establecido en forma unilateral, Israel tendrá graves problemas, porque no sería reconocido Israel como Estado por el nuevo Estado palestino, si es establecido en forma unilateral.

Debe ser establecido bilateral, en mutuo acuerdo, en tratados con el Estado de Israel, y que sean respetados y para que sean respetados esos pactos, esos tratados; porque si no, tendría entonces al lado, a su lado, un Estado belicoso, que trataría de borrarlo del mapa como otras naciones han dicho en algunas ocasiones, como Irán, el presidente de Irán ha dicho en algunas ocasiones, y como también tenía planes un presidente de Irak, el cual ya murió.

Es importante que el derecho de existir de Israel como Estado sea respetado y reconocido por cualquier Estado palestino que sea establecido como vecino de Israel. Por eso es que estos días son decisivos para el Medio Oriente completo, no solamente para el Estado de Israel, sino también para el pueblo palestino, para todo el mundo árabe, para todo el pueblo musulmán, y para toda la humanidad, porque todo lo que suceda allá, afecta directa o indirectamente a todas las naciones.

Por lo tanto, no se puede pensar que eso es un problema de ellos allá solamente, por cuanto afectará a todas las naciones y a todos los seres humanos, por lo tanto, es un problema donde también nosotros, aunque vivamos lejos, estamos envueltos; estamos involucrados automáticamente directa o indirectamente.

Por lo tanto, el proyecto o la campaña: «Alcemos Nuestra Voz: Paz en Tierra Santa,» es un proyecto que ayudará para que haya un Estado palestino que sea creado en forma bilateral y no unilateral, es lo mejor, no solamente para los mismos palestinos y para el pueblo de Israel, sino para todo el Medio Oriente, y para todas las naciones, para toda la familia humana. No hay otra forma mejor.

La otra forma mejor es el establecimiento del Reino del Mesías, y esa todavía tiene algún tiempo para que se establezca, para que venga el Reino de Dios a la Tierra, y no sabemos cuándo, pero mientras tanto hay que buscar la paz temporal en lo que llega la paz permanente.

Y ahora, hemos visto el toque divino, el toque de Dios, el toque de la diestra de Dios en la creación. Si fuera el toque humano ya los planetas estarían cayéndose, estaría cayendo todo, como los satélites o cohetes se caen, así también. El universo está en una etapa también por la cual está pasando, en donde hay cambios conforme al Programa divino, va moviéndose de acuerdo al proceso que Dios estableció para toda Su creación.

Y ahora, hemos visto que no pudo ser el toque humano, sino el toque divino, el toque de la diestra de Dios, el planeta Tierra podemos ver que tiene el toque divino también, el toque de la diestra de Dios, hemos visto que el ser humano tiene el toque de Dios y fue creado a imagen y semejanza de Dios.

La imagen es el cuerpo espiritual o espíritu de la persona, y así como el Espíritu de Dios es la imagen de Dios, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, y el cuerpo físico de la persona es la semejanza de Dios, es a semejanza de Dios. ¿Y cuál es la semejanza física de Dios? El cuerpo físico que nació a través de la virgen María, esa es la semejanza física de Dios, y ya ese cuerpo está glorificado.

Así también la semejanza física del ser humano creyente en Cristo va a ser transformada en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, eso es lo que Él ha prometido ¿para quién? Para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, y eso será el toque de Dios máximo para el ser humano, en su parte, en su cuerpo físico, que está ya ordenado por Dios desde antes de la fundación del mundo, eso fue determinado por Dios desde antes de la creación, eso estaba en el pensamiento divino. Usted y yo estábamos en el pensamiento divino, diríamos: como genes del pensamiento divino, para entenderlo mejor.

Por lo tanto, Él me conoció a mí desde antes de la creación, ¿y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también, estamos aquí por un propósito divino en este planeta Tierra, y vamos a vivir en este planeta Tierra eternamente cuando tengamos el cuerpo eterno y glorificado.

Este planeta Tierra, para sorpresa de muchas personas, es el planeta más importante de todos los planetas, de todas las galaxias, de todos los sistemas solares, y eso parece algo inconcebible para la mente humana porque diríamos, o dirán: «Pero Júpiter es un planeta mayor, con más lunas y tiene un sinnúmero de cosas mayores, y Saturno también,» pero no es el tamaño, es el propósito divino, el plan divino.

En la Biblia encontramos, en el Libro del Apocalipsis, que la nueva Jerusalén va a ser establecida en este planeta Tierra, y el Trono de Dios y el Trono del Cordero, en palabras más claras, el Trono de Cristo y el Trono de Dios el Padre van a estar aquí en la Tierra, y se convertirá el planeta Tierra en la Capital del universo. Tan sencillo como eso. Ahí está en la Biblia, por eso les digo que el planeta Tierra es el planeta más importante de todos los planetas, y por consiguiente el sistema solar nuestro es el más importante, y la galaxia nuestra es la más importante.

Por lo tanto, ya estamos viendo que hay un Programa divino, por lo cual hemos venido a este planeta Tierra en estos cuerpos mortales. El toque de la diestra de Dios hará que todo esto se haga una realidad, y cuando tengamos el cuerpo eterno y glorificado, entonces comprenderemos ampliamente estas cosas que están escritas en la Biblia, la Palabra de Dios.

Mientras tanto, pasamos por etapas diferentes; en algunas lloramos; en algunas tenemos que estar clamando a Dios por misericordia, por ayuda divina, por la manifestación de la gloria de Dios en favor nuestro; y en otras reímos.

Ahora estamos llegando a una etapa muy difícil para la Iglesia del Señor Jesucristo, por lo cual tenemos que estar clamando a Dios porque hemos llegado al tiempo en donde será paralelo a los días de nuestro Señor Jesucristo, y sobre todo últimos días, que fueron muy difíciles para el Señor Jesucristo.

Estamos llegando al tiempo en donde así como hubo grandes persecuciones en contra de la Iglesia del Señor Jesucristo en otros tiempos, desde su comienzo, desde su nacimiento entre el pueblo hebreo y también en entre los gentiles, eso es historia que no se puede negar, sin estar tratando de hablar mal de alguna nación, encontramos que para este tiempo la Iglesia del Señor Jesucristo, en la etapa que le corresponde, pasará por una etapa muy difícil, porque el enemigo de Dios no quiere que la Iglesia del Señor Jesucristo llegue a ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque luego que sea llevada a cabo esa parte, y sea raptada o arrebatada la Iglesia, comenzará la gran tribulación, los juicios divinos caerán sobre la raza humana, sobre el reino de los gentiles, y eso durará un lapso de tiempo de tres años y medio de juicio divino sobre la raza humana, llamado el tiempo de la gran tribulación.

Y luego de eso regresará Cristo con Su Iglesia en cuerpos glorificados para el establecimiento del Reino del Mesías, y los que sobrevivan a los juicios de la gran tribulación entrarán al Reino del Mesías.

Por lo tanto, es importante estar orando a Dios, clamando a Dios por misericordia, que Dios tenga misericordia de Su Iglesia, que la fortalezca, que aumente la fe en cada creyente, y que venga más Palabra revelada, porque la fe viene por el oír la Palabra; que la fe de los creyentes en Cristo sea confirmada, sea fortalecida, y se agarren bien de Cristo como se agarró Jacob del Ángel que le bendijo cuando ya tenía que irse.

Es un tiempo difícil para todos los creyentes en Cristo, tiempo en el cual está entrando, se está acercando: problemas en el medio ambiente, problemas en donde la naturaleza se está levantando en contra del ser humano para vomitar personas y naciones como dice que sucedió en el tiempo en que los hebreos, los judíos, entraron a Canaán, dice que la Tierra vomitó a sur moradores, los vomitaría, y eso estará pasando en este tiempo final.

Por lo tanto, todo esto que está sucediendo en el medio ambiente: terremotos, maremotos, volcanes, y todo esto en una escala mayor a la que antes era, es una señal muy importante de la cual Cristo habló y que dijo que cuando veamos suceder estas cosas, levantemos nuestras cabezas al Cielo, porque nuestra redención, o sea, la redención del cuerpo, nuestra transformación, está cerca. San Lucas, capítulo 21, versos 25 al 29.

Estamos en el tiempo en que tenemos que estar conscientes de la realidad, la situación económica está difícil en todos los países; y en los que aparentemente no está difícil, que está buena, de un momento a otro se pondrá difícil, con el problema de una nación solamente, vienen los problemas para otras naciones, eso es la globalización, en donde luego el problema de uno viene a ser el problema de todos.

Pero la Iglesia del Señor Jesucristo está esperando la ¿qué? El toque de la diestra de Dios, el toque de Cristo, resucitando a los muertos en Cristo y transformándonos a los vivos, y así, con ese toque divino de Cristo, traer la redención del cuerpo, la adopción en cuerpos eternos, inmortales y glorificados, y todo eso viene con el toque de la diestra de Dios tocando la trompeta final, a la trompeta final está prometido que los muertos en Cristo van a resucitar y los vivos van a ser transformados.

Así que, tanto el toque de la trompeta final por el toque de la diestra de Dios, traerá estas bendiciones para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Por lo tanto, el toque de la diestra de Dios, y la diestra de Dios es Cristo, el toque de Cristo en y a cada creyente en Cristo, será para salvación, para redención del cuerpo, para la adopción, para nuestra transformación.

Estemos orando mucho, este es un tiempo difícil para toda la humanidad, un tiempo difícil para todas las naciones, un tiempo difícil para Israel, un tiempo difícil para los palestinos, un tiempo difícil para el mundo árabe, un tiempo difícil para toda la familia humana.

Amamos a todos los seres humanos, queremos la paz para todos los seres humanos, queremos lo mejor para la humanidad, para lo cual se requiere el toque de la diestra de Dios, el toque de Cristo, con el cual convertirá en personas perfectas a millones de seres humanos que lo han recibido como único y suficiente Salvador y han obtenido el nuevo nacimiento al nacer del Agua y del Espíritu.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les recibe en Su Reino.

Recuerden que solamente hay un solo Salvador, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, el cual murió por todos nosotros en la Cruz del Calvario. No hay otro Salvador, el cual dijo: «Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.»

A Dios nadie puede llegar a menos que sea a través de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, porque nadie puede entrar a la presencia de Dios si no ha sido lavado con la Sangre de Cristo, por eso Él dice que «nadie viene al Padre, sino por Él,» San Juan, capítulo 14, verso 6.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también los que están en otras naciones, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

El toque divino es lo que ha hecho que millones de seres humanos hayan recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Dios está creando una nueva raza con Vida eterna por medio del segundo Adán, que es Jesucristo, una nueva raza que recibirá cuerpos eternos, cuerpos inmortales, glorificados, como el cuerpo glorificado de Cristo, y jóvenes para toda la eternidad. Y así como se fue el profeta Elías en un carro de fuego, y así como fue llevado por Dios para no ver muerte el profeta Enoc, y así como Cristo fue llevado al Cielo, así también serán llevados al Cielo, a la Casa del Padre celestial, todos los creyentes en Cristo para estar en la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo, y disfrutar tres años y medio de fiesta en el Cielo, la fiesta más importante que se llevaría a cabo en el Cielo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. El ser humano hace muchas decisiones en la vida, muy importantes, pero solamente hay una que es la más importante, porque de todas las decisiones que el ser humano hace en su vida, ninguna lo coloca en la Vida eterna, excepto recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, esa es la única decisión que coloca al ser humano en la Vida eterna.

Y ahora, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos y están aquí presentes o en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, que la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para todo ser humano que Te recibiría como Salvador, se haga una realidad en mi vida, en mi alma, mi espíritu y mi cuerpo.

Dios eterno, Padre celestial, Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, por lo cual ustedes me dirán… Cristo dijo:

«Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.»

«Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y lo he recibido como mi Salvador, por lo cual: ¿cuándo me pueden bautizar?» Por cuando ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El Señor Jesucristo fue el que dio la orden, dijo: «El que creyere y fuere bautizado, será salvo,» es un mandamiento de Cristo. Aun el mismo Cristo fue donde Juan estaba bautizando en el Jordán, y Juan le dice: «Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo Te bautice?» Jesús le dice: «Nos conviene cumplir toda justicia,» y entonces lo bautizó. Y si Cristo para cumplir toda justicia necesitó ser bautizado por Juan, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; así es como nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Por lo cual, siendo un mandamiento del Señor Jesucristo, millones de personas que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo y han recibido el toque divino de la diestra de Dios, de Cristo por medio del Espíritu Santo, han respondido a ese llamado y han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego y ha producido en ellos el nuevo nacimiento, han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Dios y han asegurado así su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo cual pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, ustedes que están presentes y los que están en otras naciones también, para lo cual ahora dejo al ministro, reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique aquí cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, y en cada país y en cada Iglesia y en cada auditorio o congregación, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma y puedan ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en otras naciones.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, compartiendo con ustedes la Palabra del Señor, el Evangelio de Cristo nuestro Salvador, para salvación y Vida eterna; y hasta el próximo domingo Dios mediante, sea a través del satélite Amazonas, en trasmisión en vivo a través del satélite, o en persona, o en vivo o en persona, en una de las dos formas estaremos teniendo compañerismo alrededor de la Palabra de Dios, del Evangelio de Cristo nuestro Salvador.

Pasen todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

«EL TOQUE DE LA DIESTRA DE DIOS.»

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