Conferencias

El Ejercito Escogido que Lucha para la Victoria por el Trono de Dios
Share on facebook
Share on twitter
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on skype
Share on email
Share on print

Descargas

Traducciones

El Ejercito Escogido que Lucha para la Victoria por el Trono de Dios

Muy buenas tardes, ministros, hermanos, colaboradores, damas, y damas presentes y jóvenes y también los que están en otros países en toda la América Latina, Norteamérica y otras naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos en el libro del Éxodo, capítulo 17, versos 8 al 16:

“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.

E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.

Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi;

y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL EJERCITO ESCOGIDO QUE LUCHA PARA LA VICTORIA POR EL TRONO DE DIOS.”

Para tener un mejor entendimiento de nuestro tema del ejército que lucha para la victoria por el Trono de Dios, leemos en el libro de Josué, capítulo 5, verso 13 al 15, que dice:

“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora (como Príncipe del Ejército de Jehová, del Ejército de Dios). Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué:

Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Ya les dije que nuestro tema es: “EL EJÉRCITO ESCOGIDO QUE LUCHA PARA LA VICTORIA POR EL TRONO DE DIOS.”

Aquí vimos en este pasaje último que leímos, que este Varón que le aparece a Josué es el Príncipe del Ejército de Dios.

Y ahora, está el Ejército de Dios celestial, el cual está compuesto por multitud o multitudes de Ángeles, de huestes celestiales, que están a cargo de los Arcángeles correspondientes, y los principales son el Arcángel Miguel, que está por el pueblo de Israel, y el Arcángel Gabriel, el Arcángel Gabriel lo encontramos actuando tanto entre judíos como entre gentiles; por lo tanto ese Arcángel es muy importante, es un Arcángel que trae profecías a los profetas, y por consiguiente, es un mensajero con mensajes proféticos para el pueblo hebreo y también para los gentiles.

Le aparece a diferentes personajes de la Biblia, como al profeta Daniel, también le apareció al sacerdote Zacarías, y también le apareció a la virgen María. Y lo encontramos hablando acerca del Reino de Dios, o sea, profetizando, por eso le he llamado en muchas ocasiones el Arcángel profeta, que ha traído profecías en diferentes tiempos y han sido profecías enviadas de Dios, el mismo Arcángel Gabriel le dice al sacerdote Zacarías que su nombre es Gabriel, que está delante de la presencia de Dios, y por consiguiente, es enviado de delante de la presencia de Dios con un mensaje de Dios tanto para individuos como para el pueblo hebreo, y también para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, encontramos que tanto el Arcángel Gabriel como el Arcángel Miguel tienen sus ejércitos celestiales y otros arcángeles también. Esos son los ejércitos de Dios, celestiales, y este Arcángel o Ángel que le aparece a Josué es Príncipe, tanto de ese Ejército celestial como del ejército terrenal que viene a ser el pueblo hebreo en aquel tiempo. Por eso es conocido también Dios como “Jehová de los ejércitos,” porque todos los ejércitos celestiales están bajo Su mando.

Aunque hubo un arcángel llamado Lucero o Lucifer, que se rebeló con su ejército en contra de Dios; a ese se le llama Lucero, Lucifer, Satanás o el diablo, y a todos los ángeles que con él se rebelaron vienen a ser esos ángeles caídos que han estado luchando en contra de la humanidad por miles de años, y han estado luchando en contra de Dios; fue un arcángel que se rebeló, hubo una rebelión en el Cielo, y luego encontramos que cuando Dios colocó al ser humano en la Tierra, vino ese arcángel que gobernaba en la Tierra en la raza de la serpiente, de la cual el príncipe de esa raza fue el que engañó a Eva allá en el Huerto del Edén.

O sea, que el diablo estaba encarnado en ese hombre-serpiente que vendría a ser el líder de esa raza, de la cual la ciencia encuentra que antes de Adán, millones de años antes, hubo personas y dicen que era la raza humana en sus principios pasando por diferentes etapas, pero la raza humana comenzó con Adán. Esos huesos de esas personas que encuentran, que dicen que tienen miles o millones de años, vienen a ser de la raza de la serpiente, que ya con la maldición dejó de ser parecida al ser humano, fue convertida en un reptil esa raza de la serpiente.

Y ahora, encontramos que hay un ejército contrario, en rebelión en contra de Dios, por eso Satanás o el diablo es conocido como el príncipe de las tinieblas, del reino de las tinieblas, y Cristo el Príncipe del Reino de Luz, del Reino de paz, del Reino de amor, del Reino que tiene a todos los que han sido reconciliados con Dios. Y esa lucha que comenzó en el Cielo, pasó a la Tierra, a los seres humanos allá en el Huerto del Edén, y ha continuado, y bajo el pacto que Dios estableció a través del profeta Moisés encontramos que Dios nos habla como Jehová de los ejércitos en algunas ocasiones y encontramos que el Príncipe de ese Ejército de Dios es ese Ángel, ese Varón que le apareció a Josué, el cual también le había aparecido a Jacob, y Jacob le preguntó cuál era Su nombre pero no se lo quiso revelar, pero le cambió el nombre de Jacob por Israel; y Jacob le puso el nombre donde eso ocurrió “Peniel,” porque dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.”

Encontramos que Jacob también había visto ejércitos celestiales, como también él veía ejércitos terrenales, porque era profeta y tenía visión profética.

Y ahora, encontramos también que cuando vio la escalera allá en el capítulo, por ahí por el 28 del Génesis, cuando vio esa escalera, él vio ángeles de Dios que bajaban y subían por esa escalera, o que subían y bajaban por esa escalera, y luego en la parte alta de la escalera… capítulo 28, verso 10 al 22, luego dice:

“Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.”

O sea subían y descendían. Cualquiera piensa: “Bueno, debe ser: bajaban, descendían, y después subían, porque son ángeles de Dios.” Pero aquí dice: “Subían y bajaban,” estos representan también, bajo el nuevo Pacto: la Iglesia del Señor Jesucristo. Cristo es la escalera y durante las diferentes edades Cristo en forma de escalera está en Su Iglesia, y por consiguiente Su Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, viene a ser por consiguiente esa escalera; Cristo en Su Iglesia es la escalera por la cual suben al Cielo creyentes en Cristo, de los cuales Cristo dijo en una ocasión que el Reino de Dios o en el Reino de los Cielos ni se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles de Dios.

Y ahora, de esto fue que Cristo también habló en San Juan, capítulo 1, verso 51 por ahí de San Juan, en donde dijo a Felipe: “De cierto…” Vamos a leerlo para tener el cuadro claro. Felipe buscó a Natanael, dice capítulo 1 de San Juan, verso 45 en adelante, dice:

“Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.

Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.

Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.

Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás.

Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.”

Aquí Cristo se refiere a esa escalera que vio Jacob, o sea la referencia nos envía a ese sueño o visión que tuvo Jacob.

Y ahora, Jacob había visto estos ángeles subiendo y bajando, y sigue el verso 13 que dice (de Génesis 28):

“Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.”

O sea, que le hace la promesa también a Jacob, la bendición y promesa que le había dado a Abraham y pasó luego a Isaac, ahora pasa a Jacob. Luego, sigue diciendo:

“Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra…”

Ahora vean, Jacob podía saber, entender que no iba a morir allí en Padan-aram, porque Dios le dijo que lo volvería a regresar a su tierra.

“…porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.”

Y ahora, esta revelación que obtiene Jacob, viene a ser, bajo el nuevo Pacto, Cristo en Su Iglesia la Casa de Dios; vamos a ver lo que nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6, dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora la Casa de Dios, la Casa de Cristo… y cuando se dice “casa” no se está hablando de una casa de paredes de madera o de concreto, sino una casa, una familia. Cuando usted dice o se dice en la Escritura “la casa de Abraham,” se refiere a la familia de Abraham, “la casa de Jacob:” la familia de Jacob, eso es la familia; “la casa de David:” la descendencia de David, la familia de David. Por eso también Josué en una ocasión dijo: “Yo y mi casa serviremos a Jehová,” no se refiere “yo y las paredes de mi casa,” sino “yo y mi familia serviremos a Jehová, a Dios.”

Y ahora, la Casa de Dios terrenal como familia, sobre la cual Moisés fue puesto, fue el pueblo de Israel, el pueblo hebreo. Luego, la familia, el pueblo hebreo, fue establecido como pueblo en la tierra de Israel con su gobierno teocrático, lo cual era Dios gobernando a través de los Jueces de los cuales el profeta Samuel fue el último; y luego pasó de la teocracia a la monarquía cuando el pueblo pidió la monarquía, de la cual Saúl fue el primer rey conforme al corazón del pueblo, porque todavía no había nacido el rey conforme al corazón de Dios, que sería David. En la teocracia Dios reina por medio de un hombre, en la monarquía, un hombre reina para Dios, o sea que lleva a cabo un reino para Dios.

Y ahora, encontramos que luego vino David, como rey; fue rey en Hebrón sobre la tierra de Judá y también sobre la tribu de Benjamín. Luego más adelante, siete años después, fue proclamado rey también sobre las otras diez tribus y así se hizo un reino mayor. Luego de David, el cual fue fiel a Dios, encontramos que tuvo diferentes etapas difíciles, uno de sus hijos: Absalón, quiso arrebatarle el reino y quiso matar a su propio padre, o sea que, aunque David era un creyente en Dios y enseñaba a su familia a servir a Dios, le enseñaba el camino de Dios, con todo y eso, uno de sus hijos se levantó en contra de su propio padre.

También hubo otro de sus hijos que también quería el reino, y como ya David había pasado de los 60 años, pues pensaban que de un momento a otro podía morir, había tenido diferentes problemas de salud también, y tenía problemas en los cuales ya pensaban que él tenía que morir; él murió de unos 70 años, comenzó a reinar de 30 años, y terminó reinando 40 años, vienen a ser 70 años.

Y ahora, encontramos que luego fue colocado en el trono de David su hijo Salomón, por dirección divina. Y cuando fue colocado en el trono, dice que Salomón se sentó en el Trono de Jehová sobre Israel, o sea, el Trono de Dios sobre Israel es el trono de David, porque el Reino terrenal de Dios es el reino de David, y el Trono terrenal de Dios es el trono de David. Por eso cuando el Arcángel Gabriel le aparece a la virgen María, le dice que va a tener un niño, y que Dios le dará el Trono de David su padre, y se sentará sobre el Trono de David y reinará para siempre.

Y ahora, el heredero al trono de David es Jesucristo, ese es el Trono terrenal de Dios, del Reino terrenal de Dios, del cual Cristo dijo que orando pidamos la venida de ese Reino, diciendo: “Padre nuestro que estás en el Cielo. Santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino; hágase Tu voluntad como en el Cielo aquí en la Tierra.” Porque aquí en la Tierra, por cuanto el enemigo de Dios, ese arcángel caído, está gobernando a la humanidad como gobernaba allá en Egipto y gobernaba al pueblo hebreo, así está gobernando el príncipe de las tinieblas sobre la humanidad; por eso también Cristo lo llama “el príncipe de este mundo.”

Y ahora, estos reinos de este mundo van a pasar a las manos del Príncipe de Dios: Jesucristo, el Mesías, el cual se sentará en el Trono de David para reinar, gobernar, sobre, no solamente el pueblo hebreo, sino sobre todas las naciones. Porque la simiente de Abraham, que es El Cristo, el Mesías, reinará, gobernará sobre toda la humanidad. San Pablo, hablando de eso, dice en el capítulo 4, verso 13 de Romanos:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

¿Heredero de qué? Del mundo. Por lo cual la simiente de Abraham, el Mesías, heredará, no solamente el Reino allá en Israel, sino del mundo entero, porque el Reino de David va a ser no solamente sobre la nación hebrea, sino sobre el mundo entero, va a ser un reino mundial. Ahí es que se cumplirá el deseo de Israel: de gobernar el mundo entero, porque ese deseo pues ha estado en el corazón de muchos reyes de Israel, para beneficio del mundo entero. Porque si el Trono de Dios y Reino de Dios (que es el reino de David y trono de David) gobierna el mundo entero, será una bendición para toda la humanidad, esa va a ser la bendición más grande para la humanidad: que el Reino de Dios sea establecido en la Tierra o sea restaurado en la Tierra, como fue en el tiempo del rey David y como fue en el tiempo de Adán antes de pecar; eso será en el Reino del Milenio o milenial del Mesías.

Dios tiene Su Ejército celestial, compuesto por las diferentes huestes celestiales a cargo de los diferentes Arcángeles, como el Arcángel Miguel, que es el Arcángel del pueblo hebreo, y como el Arcángel Gabriel; también hay otros arcángeles que tienen huestes celestiales; esos son los ejércitos de Dios celestiales.

El ejército terrenal de Dios en el tiempo de Moisés era el pueblo hebreo, el cual comandaba también ese Varón, ese Ángel del Pacto, que le apareció a Josué, y lo comandaba a través del profeta Moisés. Por eso tenían que seguir la orden de Dios a través del profeta Moisés.

Luego, cuando Cristo viene a la Tierra y muere en la Cruz del Calvario, y luego resucita y está con Sus discípulos unos 40 días, antes de irse les dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Y el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo y es el mismo Ángel del Pacto, el mismo Ángel de Dios que le apareció a Moisés, viene en el tiempo de Moisés y liberta el pueblo y les da un pacto al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés allá en el monte Sinaí.

Pero ahora bajo el nuevo Pacto, el mismo Ángel del Pacto que estaba hecho carne en el velo de carne llamado Jesús, muere en el monte del Calvario, allá en Jerusalén, y allá establece el nuevo Pacto, y la Sangre del nuevo Pacto es la Sangre de Jesucristo, la Sangre del Pacto eterno, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21, y el mismo Cristo en San Mateo 26, versos 26 al 29, nos dice, cuando da la copa de vino a Sus discípulos en la última Cena, dice: “Tomad de ella todos, porque esta es Mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” La Sangre del nuevo Pacto Cristo dice que es Su Sangre.

Y Él nos da el nuevo Pacto y la Sangre del nuevo Pacto, y el Día de Pentecostés viene el Espíritu Santo a ciento veinte que estaban orando por la venida del Espíritu Santo, y son bautizados con Espíritu Santo y obtienen el nuevo nacimiento, y ese mismo día predica San Pedro, y como tres mil personas creen, son bautizados en agua al recibir a Cristo, luego son bautizados en agua, y Cristo los recibe en Su Reino. O sea, que ya son tres mil ciento veinte personas que forman la Iglesia del Señor desde el primer día que nació la Iglesia del Señor; nació con ciento veinte, y se multiplicó tan rápido que fueron rápidamente tres mil ciento veinte; y siguió multiplicándose, y así ha estado multiplicándose a través de dos mil años, alrededor de dos mil años que han transcurrido del Día de Pentecostés hacia acá.

Y ahora bajo el nuevo Pacto, ¿cuál es el Ejército de Dios terrenal?: La Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia del Señor Jesucristo con el Comandante General: el Príncipe del Ejército de Dios, que es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el mismo Ángel que le apareció a Josué y le dijo que Él era el Príncipe de los Ejércitos de Jehová.

Y ahora, Cristo, el Ángel del Pacto, es el Príncipe de todos los ejércitos celestiales y de Su ejército terrenal, la Iglesia, que también ha nacido del Cielo, y por consiguiente, en el campo espiritual es un ejército celestial también. Y en la Tierra, trabaja, lucha, pelea la buena batalla, la batalla de la fe, usando la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios.

Por consiguiente, la Iglesia del Señor Jesucristo ha estado caminando hacia adelante y ha estado luchando, peleando la buena batalla de la fe, dirigida, comandada, por el Príncipe de ese Ejército de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo aquí en la Tierra; ese es el ejército que Dios tiene en la Tierra, y por consiguiente, ese es el ejército que usa para llevar el Evangelio y salvar las almas, quitarle, esas almas, sacarlas del ejército de las tinieblas donde están cautivas y colocarlas en el Reino de Dios, en el ejército del Príncipe del Ejército y de los ejércitos de Dios.

Y ahora, la batalla siempre ha sido dura, así como fue en el Cielo dura esa batalla y luego en el Huerto del Edén, y luego a través de la historia de la raza humana en los tiempos de Adán, de Abel, de Set, en el tiempo también de Enoc, en el tiempo de Matusalén, en el tiempo de Noé, en donde ocho almas fueron salvas por agua en el arca de Noé, ¿ven? encontramos que hay una batalla muy grande en medio de la raza humana desde el tiempo de Adán hacia acá.

Pero esa batalla o esa lucha, esa guerra, ha tenido muchas batallas; en algunas batallas algunas personas han tenido graves problemas, pero que se pierda una batalla no quiere decir que se perdió la guerra. La guerra terminará cuando Cristo ate al diablo con una gran cadena y lo coloque en el abismo, y entonces habrá mil años de paz sobre la Tierra; eso es del Reino del Mesías, el Reino milenial.

Luego cuando suelten al diablo nuevamente, volverá a hacer lo mismo, ya él cruzó la línea, ya no hay oportunidad para el diablo y sus ángeles. La Escritura dice que los santos de Dios, que son la Iglesia del Señor Jesucristo, ese ejército celestial, juzgarán al mundo y aun a los ángeles, o sea, que vendrá a ser como un juicio militar.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo es el ejército que Dios tiene en la Tierra, y por eso encontramos que la Iglesia ha sido perseguida en diferentes etapas de su existencia desde que nació el Día de Pentecostés.

Es importante que, como en un ejército todos tienen que estar bien unidos, y bajo la dirección del príncipe, del principal que comanda ese ejército, y que lo comanda y lo dirige también usando a sus diferentes militares de diferentes rangos, así también Cristo, que es el Príncipe de ese Ejército de Dios, que es Su Iglesia, tiene ministros, ha colocado apóstoles, profetas, evangelistas y pastores y maestros en Su Iglesia. Son personas que están en diferentes posiciones, diferentes rangos en la Iglesia del Señor, para estar luchando en estas batallas que se llevan a cabo a través de la historia de la Iglesia; y manteniendo segura a la Iglesia del Señor Jesucristo bajo la dirección del Príncipe del Ejército de Dios, que es Jesucristo, el Espíritu Santo, en medio de Su Iglesia.

Él le enseña a Su Iglesia todo Su Programa, y por consiguiente, Su Iglesia camina hacia adelante de etapa en etapa, luchando, como dice el himno “Firmes y adelante.” No pueden poner su mano en el arado y mirar hacia atrás, porque el que hace eso no es digno ni apto para el Reino.

Es importante saber que habrá una lucha antes de nuestra transformación, pero que cuando llegue esa lucha, que puede comenzar suave y después ir poniéndose difícil, y algo tiene que causar esa apretura o persecución que va a venir, algo la tiene que producir; pero todo obrará para bien, porque al que venciere, es que le son hechas promesas; y para vencer tiene que haber una lucha. Por lo tanto, esperamos que la lucha que venga sea la última antes de la transformación.

Y cuando venga esa lucha, esa apretura, la Tercera Etapa, que será una manifestación poderosa de Dios, del Espíritu Santo, como fue el Día de Pentecostés y en otros tiempos y en los días de Jesús, dice el reverendo William Branham que la Tercera Etapa será en una Gran Carpa Catedral; así que, en algún lugar va a estar en medio del Cristianismo una Gran Carpa Catedral. Y hay muchas carpas en el planeta Tierra, pero una de ellas va a ser donde Dios va a manifestarse, donde el poder de Dios va a estar manifestado y donde esa Tercera Etapa va a ser de una bendición grande para los creyentes en Cristo; de ahí saldrá la bendición también para todas las naciones.

Será para el tiempo en que la Iglesia del Señor Jesucristo esté en la etapa de oro, la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Trono de Dios. Cualquier persona que se esté levantando en contra de ese Proyecto divino y de esa etapa, de esa edad de la Iglesia, se estará levantando en contra del Trono de Dios como se levantó Amalec. Y las consecuencias serán iguales o peores: Dios tendrá guerra contra tales grupos o individuos que se levanten en contra de esa etapa, que es la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Trono. Por consiguiente, habrá una pelea, una guerra, como la hubo en el tiempo de Moisés y de Josué, allá en Refidim.

Pero Moisés con la vara de Dios en su mano levantada, encontramos que el pueblo de Dios, el ejército de Dios, ha obtenido la victoria. Y cuando se le cansaban las manos y las bajaba (bajaba las manos), entonces el enemigo tenía ventajas. Y cuando vieron eso Josué y Aarón, colocaron una piedra debajo de Moisés para que se sentara, una piedra grande, y uno a cada lado: Aarón a un lado, y otro, Hur, al otro lado, le levantaban las manos a Moisés, y Moisés entonces se mantenía firme con sus manos en alto, hasta que obtuvieron la victoria.

Encontramos que así se resolvió el problema de que las manos de Moisés ya estaban cansadas, aunque estuvieran cansadas después que estuvieran en alto, con la ayuda de Aarón y Hur se obtuvo la victoria. Y la sentencia de Dios fue que Dios tendría guerra contra Amalec de generación en generación por haberse levantado en contra del Trono de Dios.

Y ahora, el Trono de Dios en Su Iglesia es, está y es la Edad de la Piedra Angular, la Edad del Trono. Por consiguiente, para este tiempo final, así como se levantaron los enemigos de la Iglesia del Señor Jesucristo en otros tiempos, y la persiguieron, en este tiempo, por cuanto se estará en la Edad del Trono, se estarán levantando en contra del Trono de Dios, como Amalec, y la consecuencia será que Dios le dará la victoria a Su pueblo, y la derrota será para Amalec y su pueblo. Y Dios borrará la memoria de Amalec (dice) de sobre la Tierra, o sea, que eso significa que la memoria de todos los que se van a levantar en el Día Postrero en contra de la Iglesia en la etapa de la Iglesia de la Edad del Trono o Edad de Piedra Angular, serán… Dios raerá la memoria de esas personas de la Tierra y la memoria de cualquier grupo que se levante en contra de la Iglesia en la Edad de Piedra Angular. Tan sencillo como eso. Quizás no comprenderán lo que significa eso, como no comprendieron en aquel tiempo lo que significaba levantarse en contra de Moisés y el pueblo hebreo que iba por el desierto. Pero el que no entiendan y se levanten en contra, no es excusa delante de Dios.

Ahora, tenemos que estar unidos, como Cuerpo Místico de Cristo, los ministros y los hermanos en cada congregación, y los hermanos siempre teniendo buen compañerismo con otras iglesias, con otras congregaciones, y también respetando la forma de creer o pensar de otras personas y de otras iglesias; teniendo respeto así como queremos que tengan respeto por ustedes, ustedes tener respeto por los demás, y a los demás.

Hemos visto cuál es el Ejército de Dios, hemos visto cuál es la lucha, hemos visto que habrá una victoria, y hemos visto cuál es el Trono de Dios: es el trono de David por el cual en este tiempo habrá una gran lucha, esa es la lucha que ha venido desde los días de Jesús hacia acá.

En los días de Jesús también hubo la lucha por el Trono celestial, pero Cristo obtuvo la victoria, y por consiguiente se sentó en el Trono de Dios. Si no se sentaba Cristo, si Cristo perdía la batalla, ¿quién se iba a sentar allá? Pues Judas Iscariote, para que lo entiendan mejor. El que se iba a sentar allá tenía que morir en un madero, en un árbol; pero Judas se equivocó de árbol, murió en un árbol primero que Jesús, no murió en la hora correcta, y encontramos que no murió en la forma que tenía que morir: por expiación, sino por suicidio, se quitó él la vida. Y la escritura de Daniel, capítulo 9, verso 27 al 29, decía que después de las sesenta y dos semanas (y antes ya habían pasado siete), que sería después de las sesenta y nueve semanas, le sería quitada la vida al Mesías, y no por sí mismo, o sea que no se suicidaría ni tampoco se moriría de enfermedad; y no por sí mismo, sino que le sería quitada la vida al Mesías y eso le fue, le fue quitada la vida en la Cruz del Calvario. Murió allí como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, y como el Cordero de Dios; murió en la víspera de la pascua, que era que se sacrificaba el cordero.

Y ahora, encontramos que el heredero al Trono de Dios en la Tierra es Cristo, y el heredero del Trono de Dios en el Cielo, el que lo heredó, es Cristo también.

Así que, está Cristo sentado en el Trono de Dios, en el Trono del Padre, pero el Trono de Cristo terrenal es el Trono de David. Aquél es el Trono del Padre, el Trono de Jesús es el trono de David. Porque Cristo, al nacer por medio de la virgen María descendiente del rey David y José adoptándolo como hijo, siendo José también descendiente del rey David, José descendiente del rey David por Salomón y María descendiente del rey David por Natán, hijo también de David, o sea, dos líneas de descendientes de David, y Cristo es ese Príncipe heredero al trono de David.

Por lo cual Él puede decir: “Al que venciere, Yo le daré que se siente Conmigo (¿dónde?) en Mi Trono, así como Yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono.” En la misma forma que Él venció y se sentó a la diestra de Dios, con Su Padre en el Trono, así Él ha prometido que Él va a hacer con el Vencedor en Su Reino milenial. Eso, el significado de eso, lo que conlleva todo eso es algo tan grande que solamente en el Reino milenial lo vamos a comprender bien, porque vamos a ver cómo Él va a cumplir esa promesa; así como por las Escrituras sabemos lo que conllevaba Cristo sentarse en el Trono celestial.

Y ahora, podemos ver que por eso es que para la Iglesia del Señor Jesucristo hay grandes bendiciones, grandes promesas. En el Reino de Dios dice Cristo: “No temáis manada pequeña; porque al Padre le ha placido daros el Reino.” Todo eso tiene un sentido muy sublime, muy grande, muy importante para todo creyente en Cristo.

Así que, es necesario que estemos bien unidos como lo que en real somos: como creyentes en Cristo, el ejército escogido que lucha para la victoria por el Trono de Dios, por ese Trono de Dios terrenal, lucha por la victoria de ese Trono, que sea establecido, sea restaurado, y lucha por la victoria del Trono celestial que desde allá se está dirigiendo toda esa lucha, toda esa batalla, a través de alrededor de dos mil años del Día de Pentecostés hacia acá.

“EL EJERCITO ESCOGIDO QUE LUCHA PARA LA VICTORIA POR EL TRONO DE DIOS.”

A uno de los importantes soldados de ese ejército de este tiempo, de un rango alto, le reitero mis felicitaciones, y le deseo: continúe teniendo un feliz año nuevo de su vida, año 80 conforme a su inscripción, y como año 83, 84, por ahí, que realmente es, porque nació y lo inscribieron como tres a cinco años después: nuestro buen amigo y hermano y misionero el reverendo Miguel Bermúdez Marín. Continúes teniendo un feliz nuevo año de tu vida, y que Dios te use grandemente en Su Reino, en el Ejército de Cristo, el Príncipe del Ejército y de los ejércitos celestiales de Dios, y del ejército terrenal: la Iglesia del Señor Jesucristo, que es un ejército espiritual. Y que te permita, Miguel, vivir hasta ser transformado y llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Amén.

Bueno, los que luchan y trabajan en la Obra del Señor no queremos que se vayan todavía; los que no hacen nada, pues se les deja ese lugar, pueden irse, porque así no son de estorbo; pero el que trabaja queremos que Cristo les ayude, les dé salud, y los use grandemente en Su Reino, para que la victoria por la cual luchamos se haga una realidad pronto: la victoria del Amor divino; que culminará en el cumplimiento de la Gran Carpa Catedral, en el cumplimiento de la Visión de una Gran Carpa Catedral. Por lo cual, también trabajamos en ese Proyecto divino el cual es una obra de fe, porque es una obra basada en lo que Dios ha prometido que va a suceder en medio de Su Iglesia.

Así que, cada ministro con su congregación, cuando construye un templo, tiene que estar pensando: “Éste podría ser el lugar donde la Tercera Etapa también se manifieste.” Porque puede ser en un lugar, y luego, unos días después, en otro, en otro, y así por el estilo.

Esperamos grandes bendiciones de parte de Dios para este tiempo final, y respaldamos el proyecto de la construcción de la Gran Carpa Catedral que tiene la iglesia Gran Carpa Catedral Corp. en Cayey, Puerto Rico. Y también se le extiende el aprecio y el agradecimiento por las oraciones de todos los que respaldan ese proyecto.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “EL EJERCITO ESCOGIDO QUE LUCHA PARA LA VICTORIA POR EL TRONO DE DIOS.”

Dejo con ustedes nuevamente a… ¿quién me pasó? Al misionero Miguel Bermúdez Marín, para finalizar en esta tarde. Y ya mañana estaremos nuevamente aquí con ustedes, estaré nuevamente con ustedes, para continuar platicando del Reino de Dios, que es lo más importante y es el Reino más importante.

Cuando ese Reino sea establecido, sea restaurado en la Tierra, entonces la humanidad tendrá la paz permanente, la paz verdadera, la felicidad y la prosperidad que corresponde al ser humano como persona creada por Dios a Su imagen y semejanza.

Tenemos por aquí al misionero Miguel Bermúdez Marín para continuar, para lo cual le pido pase al frente y que Dios les bendiga y les guarde a todos los presentes y a todos los que están en otras naciones.

Y ya luego, si el reverendo José Benjamín Pérez tiene algún anuncio se los va a dar también, y también, por cuanto el Reino y el Trono, el Trono de ese Reino, el cual Cristo dijo que oremos por la venida del Reino de Dios, por cuanto el Trono va a estar en Jerusalén y desde ahí el Reino va a ser dirigido, allí estará el Palacio presidencial del Rey, desde ahí gobernará el Mesías, por lo tanto hay que orar, hay que pedir por la paz de Jerusalén.

Por lo cual tenemos también la campaña: “Alcemos nuestra voz: Paz en tierra santa,” ese proyecto es muy importante y podemos ver que tiene que ver con lo que Dios ha prometido para los judíos, para el pueblo hebreo y para toda la humanidad, para la Iglesia también del Señor Jesucristo que va a estar en ese Reino del Mesías.

Bueno, continúen viendo la campaña “Alcemos la voz: Paz en Tierra Santa,” para que sepan todas las cosas que se están haciendo y las que se harán para que haya paz en Tierra santa. Hay que trabajar para obtener la victoria y que haya paz en Tierra Santa, está prometida la paz para Tierra Santa, y por lo tanto hay que trabajar basados en esa promesa.

Bueno, ya todos vieron la campaña, ¿verdad? “Alcemos nuestra voz: Paz en Tierra Santa.” ¿Cuántos ya la han visto? Bueno, entonces oren también para que haya paz en Tierra Santa.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, y por aquí tenemos al misionero Miguel Bermúdez Marín con ustedes.

Dios les bendiga.

“EL EJERCITO ESCOGIDO QUE LUCHA PARA LA VICTORIA POR EL TRONO DE DIOS.”

Ir arriba