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La paciencia de nuestro Señor es para salvación
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La paciencia de nuestro Señor es para salvación

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Un saludo muy especial para todos los ministros presentes y los que están en otras naciones, y sus congregaciones también. Y un saludo muy especial para el doctor Salomón Cunha y la doctora Kélita Machado de Cunha allá en Brasil, que Dios les bendiga grandemente y los use grandemente en Su Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Siendo que ellos son judíos, trabajarán para que Dios también bendiga a los judíos allá en la tierra de Israel y también en todas las naciones donde se encuentran: que sean de grande bendición para el pueblo judío, para el pueblo hebreo, doctor Salomón Cunha y la doctora Kélita Machado, que son los directores administrativos.

La doctora Kélita, y el doctor Salomón Cunha el director de AMISRAEL, juntamente con vuestro servidor como director internacional o mundial, (el doctor Salomón Cunha director ejecutivo), trabajando por la paz de la humanidad, trabajando por la paz de todos los pueblos, tanto de los pueblos como de los individuos, de los hogares, de las familias, de las comunidades.

Y ahora, leemos una Escritura muy conocida en Segunda de Pedro, capítulo 3, versos 7 en adelante hasta el 15, que nos dice este gran apóstol San Pedro, el líder de los discípulos allá en la tierra de Israel, líder de la Iglesia que nació el Día de Pentecostés; pero sobre todos ellos y sobre Pedro, hay un líder mayor, y Su Nombre es Señor Jesucristo, es el Líder no solamente de Pedro y los apóstoles, sino de todo el Cristianismo y de toda la humanidad, porque Él está sentado en el Trono del Padre en el Cielo y por consiguiente el que tiene el poder es el que está en el Trono. “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra,” dice Jesucristo en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20, y también dice: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

En Espíritu Jesucristo ha estado en medio de Su Iglesia durante todos estos dos mil años que han transcurrido del Día de Pentecostés hacia acá, y todavía continúa en medio de Su Iglesia, en medio del Cristianismo. Él es el Líder máximo del Cristianismo, el Señor Jesucristo en medio de Su Iglesia en Espíritu, pero usa seres humanos para llamar Sus ovejas, por medio de la predicación del Evangelio de Cristo.

Y ahora, leemos aquí este pasaje de Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 7 en adelante… y aún leemos verso 3 en adelante, dice:

“Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,

y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.

Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,

por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua (o sea, con el diluvio);

pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.

Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.

El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,

esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!

Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.

Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR ES PARA SALVACIÓN.”

Encontramos a través de la Escritura y de la historia de la humanidad, que Dios tuvo paciencia en el tiempo de Noé, tuvo paciencia, nos dice el mismo apóstol San Pedro, a causa de que Noé tenía que terminar el arca de salvación. Primera de Pedro, capítulo 3, versos 18 al 22, dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.”

Murió en la carne, pero Su Espíritu no murió. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión; y cuando murió, Él en Su cuerpo espiritual fue al infierno donde estaban todas esas personas que habían rechazado el mensaje de Noé y murieron en el diluvio, se encontraban allá en esa dimensión quinta llamada el infierno, se encontraban en cuerpos espirituales, porque el espíritu de la persona es un cuerpo de otra dimensión parecido al cuerpo físico que tiene la persona. Veamos lo que a continuación dice:

“…siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados.”

Cristo fue en Espíritu, en Su cuerpo espiritual que es parecido a un cuerpo físico de carne, pero es que es de otra dimensión:

“En el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados.”

O sea, a esas personas que fueron desobedientes en el tiempo de Noé y perecieron en el diluvio, sus cuerpos físicos perecieron; pero cuando la persona muere aquí físicamente, lo que muere es su cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión.

Si es un incrédulo, si no es un creyente, tiene que ir a donde van los incrédulos: a la quinta dimensión, que es llamada el infierno, donde fue el hombre rico de la parábola de Cristo que habla del hombre rico y el mendigo Lázaro. Lázaro que era un creyente fiel fue al Paraíso, al Seno de Abraham. El hombre rico le dice: “Envía a Lázaro con su dedo mojado en agua para que lo coloque en mi lengua,” y comienza a describir cómo es ese lugar, dice que estaba allí atormentado en el infierno.

Y Lázaro estaba al otro lado, porque había un precipicio entre el infierno y el Seno de Abraham que sería el Paraíso de aquel tiempo, y Lázaro estaba allá muy contento con Abraham y los patriarcas y todos los profetas que estaban allá; y al otro lado estaba el hombre rico sufriendo, el cual no se había preocupado ni ocupado de lo que sería su vida después que muriera su cuerpo físico, porque la persona sigue viviendo, pero en otra dimensión.

Hay vida después que la persona muere, después de la muerte hay vida, sigue viviendo en otro mundo, en otra dimensión. Por eso es que se habla de las personas que van al Paraíso, van al Cielo; y los niños, no importa que sean hijos de creyentes o de no creyentes, van al Cielo también porque no tienen pecado, porque Cristo cuando murió en la Cruz del Calvario quitó el pecado del mundo; no tienen porqué ir al infierno, los niños van al Paraíso.

Pero cuando la persona ya tiene conciencia del bien y del mal, tiene la responsabilidad de arrepentirse de sus pecados, recibir a Cristo como Salvador para que la Sangre de Cristo lo limpie de todo pecado y lo mantenga limpio en todo momento que la persona peque después de ya ser un creyente en Cristo, si falla delante de Dios en algo, lo confiesa a Cristo y Cristo lo limpia con Su Sangre de todo pecado. O sea, que mantiene limpio, Cristo con Su Sangre, mantiene limpio de pecado a todo creyente en Él.

Por eso en el Lavatorio de Pies nos muestra que Cristo lava los pies de Sus discípulos, y eso muestra que Cristo mantendrá limpio con Su Sangre a todo creyente en Él. Por eso le dice Pedro: “Tú nunca me lavarás los pies,” porque el que lavaba los pies era un siervo y era el oficio más bajo que una persona podía tener allá en el Medio Oriente. Y Cristo bajó a esa posición, a ese nivel, y Pedro que amaba mucho a Cristo no quería que Cristo hiciera eso con él, pero Jesucristo le dice: “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.”

O sea, que el Lavatorio de Pies entre los hermanos es muy importante, es un testimonio de que Cristo nos mantiene limpios de todo pecado, no importa las etapas difíciles por las cuales pasemos. “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo,” Él es nuestro abogado, nuestro abogado en la Corte suprema celestial ante el Juez supremo, el Padre celestial, Él es nuestro abogado.

Y yo no recomiendo a otro abogado, porque no conozco a ningún otro abogado mejor que Jesucristo. Por lo tanto, no puedo recomendar a otro abogado, recomiendo mi abogado, el cual es el Señor Jesucristo, Él nunca ha perdido un caso que Él haya defendido delante del Padre celestial, el Juez de toda la Tierra, por eso es que Cristo dice:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Por lo tanto, Cristo no es abogado para el que lo niegue, es abogado para el que lo recibe como su Salvador. Es como en la corte, para una persona que va a ser juzgada su salvador es el abogado; el abogado debe ser el mejor porque de eso depende el resultado que va a obtenerse, sea a favor o en contra de la persona. Si es bueno el abogado, aun hay casos que la persona es culpable y sale libre, y luego se dice: “Tenía el mejor abogado.”

¿Saben cuál es la satisfacción, el regocijo de un abogado? Que su cliente salga libre no importa que sea culpable o inocente, porque el abogado no puede mirar desde ese punto de vista, tiene que mirar que ese es su cliente y vino para que lo defienda. ¿Y qué de Jesucristo? Confesamos a Él nuestras faltas, errores y pecados, y Él sabe cómo se hace en el Cielo en la Corte celestial.

Si aparece una persona culpable en un caso en la corte que es acusada, pero que nadie es culpable hasta que se pruebe su culpabilidad, y luego aparece otro que se echa la culpa de ese delito, no se puede juzgar a ése que se está acusando.

Y Jesucristo tomó la culpa nuestra, tomó nuestros pecados dice la Escritura, se hizo pecado por nosotros y por consiguiente se hizo culpable por nuestros pecados; y por un delito no se puede juzgar a uno, a una persona, cuando ya se juzgó a otra por ese delito y salió culpable y se echó toda la culpa, no se puede decir o buscar a otra persona y decir. “Este es culpable.” No, ya fue culpable, una persona se hizo culpable y recibió la sentencia. La sentencia dice la Escritura que es muerte, la paga del pecado ¿es qué? Muerte, la pena de muerte; es muerte.

Y Cristo al tomar nuestros pecados, porque no tenía pecado, por lo tanto no podía morir. “Nadie me quita la vida, yo la pongo de mí mismo para volverla a tomar,” toma nuestros pecados, se hace pecado por nosotros en representación nuestra, y ahora, muere por nosotros y por consiguiente ahora Él ante el Padre dice, nos limpia de todo pecado con Su Sangre, dice: “Él es inocente, por ese pecado por el cual lo están acusando yo fui acusado, yo me hice culpable y fui sentenciado a la muerte, a la pena de muerte, por lo tanto, no lo pueden acusar a él.” ¿Ven? Ese es el mejor abogado que hay: Jesucristo. No hay otro abogado que yo les pueda recomendar para salir inocentes ante el Juez supremo y Corte suprema.

Y ahora, encontramos que Jesucristo fue al infierno donde estaban los que habían sido desobedientes en el tiempo de Noé y habían sido destruidos con el diluvio, se encontraban esas personas, esas almas en cuerpos espirituales, porque el alma, lo cual es la persona, habita en un cuerpo espiritual de otra dimensión, y cuando aparece en la Tierra entra en un cuerpecito que nace a través de una mujer que se unió a un hombre y concibió un bebé.

Y la persona que es alma viviente y que tiene un espíritu, ¿qué pasó? Entró a un cuerpecito que nació y por eso estamos aquí en la Tierra, hemos nacido siendo almas vivientes que es lo que en realidad es la persona, obtuvimos un espíritu del mundo, entramos a un cuerpecito que usted no sabe ni recuerda cómo logró entrar, pero entró a un cuerpecito que nació a través de una señora que dio a luz. Dios lo envió y lo colocó en ese cuerpecito.

Después de cierto tiempo a medida que crece, va teniendo conciencia que es un ser humano, va aprendiendo, aunque todo en los primeros años queda grabado y luego lo desarrolla a medida que pasan los años.

Y ahora, nos encontramos nosotros como seres humanos viviendo en la tierra, y algunos se dan cuenta que tienen una angustia, la angustia existencial, porque no saben de dónde vinieron, no saben porqué están aquí en la tierra y no saben a dónde van a ir cuando muera su cuerpo físico, y algunos ni siquiera saben que son alma, espíritu y cuerpo.

El ser humano es trino, es la corona de la creación de Dios. Los animales no tienen alma, el único ser que tiene alma, el único de la creación que tiene alma es el ser humano. Dios no hizo a los animales a Su imagen y semejanza, solamente Dios hizo al ser humano a Su imagen y semejanza; por eso así como el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, encontramos a Dios, el Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahí está el misterio, ahí está Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y moró en un hombre llamado Jesús la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso el Señor Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y dice la Escritura que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado Su hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna,” para eso fue que Cristo vino a la tierra: para tomar nuestros pecados y morir por nosotros en la Cruz del Calvario, y luego resucitar glorificado.

Hubo un propósito en Su Venida, en Su muerte, resurrección y ascensión al Cielo para sentarse en el Trono celestial. Por eso no le podemos echar la culpa a los judíos por la muerte de Cristo, aunque haya ocurrido allá, Cristo dijo: “Perdónalos Padre porque no saben lo que hacen.” Era un Programa Divino que se tenía que llevar a cabo. Por eso no podían entender que aquel joven llamado Jesús era el Mesías, era el Hijo de la virgen que estaba prometido:

“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Isaías, capítulo 7, verso 14).

Y en San Mateo también cuando el Ángel le aparece a José con quien estaba desposada la virgen María (o sea, comprometida), en el capítulo 1, verso 20 dice (de San Mateo):

“Y pensando él en esto…” o sea, en dejar a María, terminar con ella. Vamos a ver cómo lo dice, verso 18 en adelante para que tengan el cuadro claro de San Mateo, capítulo 1. Dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.”

Eso es lo que dice el Ángel Gabriel también a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 26 al 36, cuando ella pregunta: “¿Cómo será hecho esto? Porque no conozco varón.” El Ángel Gabriel le dice a la virgen María: “El Espíritu Santo hará sombra sobre ti,” o sea, le mostró cómo era que ella iba a concebir un niño; vamos a leerlo para que lo tengan claro también. Capítulo 1, versos 30 en adelante dice, de San Lucas:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande…”

El nombre Jesús es en hebreo, está puesto así como Jesús porque el nuevo Testamento, o sea, es en griego, porque el Nuevo Testamento fue escrito en griego, pero en hebreo es Yeshua, y depende cómo usted lo quiera pronunciar, si en hebreo o en griego. En griego, pues entonces diría en español: Jesús. Si lo dice en inglés, pues diría Jesus, y así por el estilo, de acuerdo a la pronunciación que tenga en la nación, de acuerdo al idioma. Sigue diciendo:

“Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.”

Con estas palabras la fe de María sube, porque Elisabet que era pariente de María y que era hija o descendiente de los sacerdotes… dice aquí que Elisabet era descendiente de sacerdotes. Vamos a ver dónde está, capítulo 1 de San Lucas, este mismo capítulo, verso 5 en adelante dice:

“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet.”

Y Elisabet era parienta de María, y si era pariente de María, entonces María también era descendiente de Aarón.

Y ahora, cuando le dice el Ángel que Elisabet había concebido y ya estaba en el sexto mes de embarazo, porque nada hay imposible para Dios, la fe de María sube y miren lo que dice María… dice el Ángel:

“Porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel (¿luego qué hizo?) se fue de su presencia.”

Ya terminó de darle esta buena noticia a la virgen María, y así es como vino el nacimiento de Jesús. Y ahora, veamos acá en San Mateo, capítulo 1, verso 18 en adelante que ya leímos, de ahí en adelante dice:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

 José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David…”

¿Por qué le dice José hijo de David? Porque José es descendiente del rey David, es descendiente del rey David por la línea de Salomón el hijo de David, o sea, que pertenece a la casa de David, es un príncipe; y la virgen María es descendiente también del rey David por la línea de Natán hijo del rey David.

Por lo tanto, la virgen María y José aunque no eran ricos, eran príncipes, porque la posición de príncipes no depende de las riquezas que tenga la persona. Hay algunos príncipes ricos y hay algunos príncipes pobres, y hay algunos príncipes que no son ni pobres ni ricos porque tienen algo, y tan príncipe es el rico, el de economía mediana y el pobre, porque viene por la ascendencia de ellos, no por su posición económica. Así que Jesucristo al nacer es un príncipe también.

Ahora, veamos lo que a continuación dice:

“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS…”

Esta es la traducción en griego, pero cuando el Ángel le dice: “Y se llamará su nombre…” y le da el nombre, es Yoshua, porque está hablándole en hebreo a una joven hebrea, y le está hablando en hebreo a José que es un hebreo también, un judío, pero ya como el Nuevo Testamento se escribió en griego, entonces pues colocan el nombre en griego, ya traducido al griego:

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

La salvación del pueblo, la salvación de sus pecados, vean, es Jesucristo con Su Sacrificio de Expiación por los pecados del pueblo, por eso podía decir: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen,” y luego efectuar el Sacrificio de Expiación por el pecado en la Cruz del Calvario y ahí derramar Su Sangre, la Sangre del nuevo Pacto, del nuevo Pacto que había prometido Dios en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, donde dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.”

La casa de Israel es el reino del Norte, y la casa de Judá es el reino del Sur, compuesto el reino del Sur por la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, y el reino del Norte compuesto por las otras diez tribus.

Algún día volverán a estar unidas las tribus del reino del Norte y las tribus del reino del Sur, y eso será la restauración del Reino de David, un solo Reino, ese es el Reino del cual le preguntan a Cristo en el libro de los Hechos, capítulo 1, antes de subir al Cielo Cristo, le preguntan: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino de Israel en este tiempo?” Pues la Venida del Mesías está ligada a la restauración del Reino de Dios en la Tierra; la Venida del Mesías traerá la restauración del Reino de David al pueblo hebreo, Reino que será mundial; y bajo la corona del Mesías sentado sobre el Trono de David, reinarán los demás reyes del planeta Tierra, pertenecerán a ese Reino las naciones que entren al Reino del Mesías.

De eso es que habló Cristo en San Mateo, capítulo 25, cuando dijo que vendrá el tiempo en que el Hijo de Hombre se sentará en el Trono de Su gloria, ese es el Trono de David al cual Él es heredero; y reunirá, juntará delante de Él todas las naciones, como el pastor junta las ovejas y coloca a su izquierda a los cabritos y a su derecha a las ovejas; así va a hacer el Mesías Príncipe al sentarse en el Trono de David, y van a entrar al Reino del Mesías los que estarán a la derecha, los que Él colocará a Su derecha, y van a ser destruidas las naciones que Él colocará a Su izquierda, eso es lo que nos muestra en esa parábola. De acuerdo a como hayan actuado las naciones, será el juicio y el resultado.

Y ahora, podemos ver porqué Cristo dijo en la oración del Padre nuestro, enseñándole el Padre nuestro a Sus discípulos dijo: “Ustedes orarán así, diciendo: Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu Nombre, venga Tu Reino, y hágase Tu voluntad en la tierra así como en el cielo.”

Para eso es la venida del Reino de Dios en la Tierra, para el establecimiento del Reino de Dios en la tierra, para eso es la Venida del Mesías; y cuando se ora por la venida del Reino de Dios, se está orando por consiguiente por la Venida del Mesías, que es el que traerá y establecerá el Reino de Dios en la Tierra, sentándose el Mesías sobre el Trono de David.

Y ahora, podemos ver lo importante que fue la primera Venida de Cristo y lo importante que será la segunda Venida del Mesías. La primera Venida del Mesías fue como Cordero para efectuar el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano; y la segunda Venida de Cristo será como León para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, y eso está ligado a un tiempo en específico llamado el día del Señor. “Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, lo cual leímos.

A través de la historia de la raza humana encontramos que la humanidad entró al ciclo divino de la Dispensación de la Gracia, lo entienda la humanidad o no lo entienda. Dios lleva a cabo Su Programa, crean la gente o no en lo que Dios está haciendo, Él lo revela a Su pueblo por medio de Su Espíritu a través de Sus mensajeros, de Sus profetas que Él envía.

Era un misterio la Dispensación de la Gracia, la predicación del Evangelio de la Gracia, del Evangelio de Cristo, todo eso era un misterio, pero fue abierto por Cristo en Espíritu Santo a través de Sus apóstoles, de San Pedro y San Pablo que fueron los principales en medio del Cristianismo en aquellos tiempos. Y ya la humanidad lleva unos dos mil años dentro de la Dispensación de la Gracia en donde se ha estado predicando el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.

A través de todos los tiempos del Cristianismo se han levantado personas diciendo: “¿Dónde está la promesa, el cumplimiento de la promesa de la Venida del Señor?” Hay dos puntos muy importantes: la segunda Venida de Cristo es una, y la Venida de Cristo a Su Iglesia como Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, yo vendré a vosotros.” Eso es la Venida de Cristo en Espíritu, que se hizo realidad el Día de Pentecostés, y ha estado en medio de Su Iglesia reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios por medio de la predicación del Evangelio de Cristo, en donde las personas escuchan el programa de salvación y Vida eterna que Cristo ha llevado a cabo en la Cruz del Calvario, y ven la oportunidad de entrar a la Vida eterna para vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno, oportunidad única que solamente es ofrecida al ser humano por Jesucristo, el cual tiene la exclusividad de la Vida eterna.

Ninguna otra persona puede ofrecerle Vida eterna al ser humano, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo en español, si lo quieren llamar por el Nombre, Su Nombre en hebreo, es Yeshua, el Mesías, Yeshúa Meshiah, Yeshua; y recuerden que Mesías significa ungido, el Mesías es el ungido, el ungido con el Espíritu Santo.

Y ahora, tenemos dos mil años de predicación del Evangelio de Cristo y de oportunidad de salvación, porque la paciencia de Dios es para salvación. Se ha estado esperando la segunda Venida de Cristo, la Venida del Mesías se ha estado esperando desde el tiempo de los apóstoles. Él vino en Espíritu y está en Espíritu en medio de Su Iglesia, pero Su segunda Venida es para el Día Postrero, para la resurrección de los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos, glorificados, inmortales y jóvenes para toda la eternidad, para ir con Él a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo y luego regresar con Él a la Tierra para el establecimiento del Reino del Mesías. Eso vendrá a ser la Venida del Mesías después de la gran tribulación.

Pero la Venida del Señor a Su Iglesia es antes de la gran tribulación, pero eso es un secreto que solamente lo van a conocer los que van a ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero porque vendrá como ladrón en la noche; por lo tanto, lo podrán comparar y criticar y decir que es un ladrón. Pero para Su Iglesia será el Señor viniendo para darle la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Y cuando el Hijo de Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra? Esa es la pregunta que hizo Cristo en San Lucas, capítulo 18, verso 8.

Y ahora, tenemos que saber hacer la diferencia de la Venida del Señor a Su Iglesia para la transformación de los que estén vivos, y viene con los santos que están en el Paraíso que murieron físicamente; y luego de la Cena de las Bodas del Cordero que durará tres años y medio en el Cielo, luego la venida del Señor con Su Iglesia, la Venida del Señor con los que estarán ya con cuerpos eternos y glorificados, la venida del Señor con todo ese grupo de creyentes en Él de edades pasadas y de nuestro tiempo para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, donde el pueblo hebreo, los judíos, van a ser los más beneficiados porque tendrán al Mesías Príncipe en el Trono de David reinando sobre Israel y sobre todas las naciones.

Ahí es donde Israel vendrá a ser cabeza de todas las naciones conforme a la promesa que ha sido hecha, porque la cabeza de una nación es la capital, donde está el trono del reino y el rey sentado en ese trono; y en una democracia, donde está el presidente y la silla presidencial y desde donde se efectúa la gobernación de todo el país, y donde están los parlamentarios. O sea, que la capital es el lugar principal de una nación en donde están los tres poderes.

Y ahora, así será con el Israel, con el territorio de Israel, con la nación de Israel en el Reino del Mesías, y será de bendición no solamente para Israel sino para todas las naciones. Por eso todas las naciones deben amar a Israel, ayudar a Israel, tener buen compañerismo, tener intercambio tecnológico, comercial y también cultural y religioso, porque van a venir muchas bendiciones para todas las naciones, van a venir de Israel, de Jerusalén, porque Dios va a dar paz en Jerusalén y de ahí se va a extender para todas las naciones, y va a dar prosperidad en todos los sentidos, económica también para Israel y para todas las naciones. Israel va a ser el lugar en donde la bolsa de valores mundial va a estar, porque será la Capital del mundo. Tan sencillo como eso.

Y ahora, podemos ver que hay una bendición grande para Israel y para todas las naciones que vendrá de Israel, y la bendición o lo que le fue dicho a Abraham, también pasa de Abraham a Isaac, de Isaac a Jacob, de Jacob a los patriarcas, y de los patriarcas a la nación hebrea: “El que te bendijere, será bendito; el que te maldijere, será maldito.” Una nación para bendición para los que la bendigan, o de maldición para los que la maldigan, y como queremos bendición, entonces bendecimos a Israel, pedimos bendiciones para Israel y la paz para Jerusalén, para todo Israel, para todo el pueblo hebreo.

Toda bendición que se hable para Israel, regresa en bendiciones multiplicadas para el que las habla en favor de Israel. De los judíos dice Jesucristo que viene la salvación. Jesucristo siendo un descendiente allá de David, siendo un judío, vean, a través de Jesucristo viene la bendición para todas las naciones.

Y cuando el Reino de David sea establecido en la tierra y el Trono de David gobierne sobre Israel y sobre todas las naciones porque gobernará a través del Mesías, encontramos que pasarán las bendiciones a todas las naciones también, y la paz, porque no importa las riquezas que tenga una persona o una nación, si no tiene paz, las riquezas pierden su valor, y algunas veces se desaparecen en una guerra y se convierten naciones ricas en naciones pobres en una guerra, porque una guerra sale muy cara, y luego el que la pierda va a pagar las consecuencias también, y algunas veces llegan a ser siervos o esclavos de la nación que ganó, por eso siempre hay que evitar una guerra.

Así también es en las guerras espirituales o en las guerras en el matrimonio, nadie va a ganar, va a haber pérdidas, hasta la pérdida del amor y la pérdida de la paz; en paz hay amor, hay bendición, hay prosperidad, hay armonía, por lo tanto, en amor viene la paz, se busca la paz, se consigue, y vienen muchas bendiciones para el hogar y para la nación.

“LA PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR ES PARA SALVACIÓN.” Por eso Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Dos mil años ya predicándose el Evangelio de Cristo para salvación: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Dos mil años la paciencia de Dios para salvación de todo ser humano que escucha la predicación del Evangelio de Cristo, cree en Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador.

Ahora, el día del Señor: ahí en cierto momento se hace el entrelace de la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia, y luego vendrá el fin, será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin; se predica el Evangelio del Reino ya al final para todas las naciones, y luego vendrá el fin.

Para este tiempo final en medio del Cristianismo se estará predicando el Evangelio de la Gracia que se comenzó el Día de Pentecostés, y continúa, y ahí se entrelaza el Evangelio del Reino en donde se estará hablando acerca del Reino de Dios que será restaurado en la Tierra, será el Reino de David siendo restaurado, y se estará hablando de la Venida del Señor para el Día Postrero, todos esos misterios se estarán abriendo al pueblo en medio del Cristianismo.

Y así estarán viniendo sobre el Cristianismo y sobre toda la humanidad la Lluvia Temprana y la Lluvia Tardía a la vez, la Lluvia Temprana de la predicación del Evangelio de Cristo, de la enseñanza del Evangelio de Cristo, de Su primera Venida y de Su obra efectuada en la Cruz del Calvario, obra de salvación bajo un nuevo Pacto, para ser establecido un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Y luego la Lluvia Tardía es la predicación, la enseñanza del Evangelio del Reino que gira alrededor de todo el Programa Divino, de la restauración del Reino de David y por consiguiente gira alrededor de la segunda Venida del Señor, de la Venida del Señor, de la Venida del Mesías para el Día Postrero.

Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. Los días postreros delante de Dios son para los seres humanos los milenios postreros, que son quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; por eso es que San Pedro y San Pablo hablaban de los días postreros como aquellos días en que ellos estaban viviendo. San Pablo decía: “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras a los padres (al pueblo hebreo) por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo) al cual constituyó…” vamos a leerlo aquí, capítulo 1 de Hebreos, verso 2, dice:

“En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Porque Cristo, el ungido, el Ángel del Pacto, es el Ángel del Pacto en un cuerpo de carne llamado Jesús o Yeshua o Yeshúa, en Malaquías, capítulo 3, verso 1 al 2 dice que “vendrá el Ángel del Pacto, vendrá el Señor a quien vosotros buscáis, y el Ángel del Pacto a quien deseáis vosotros.” Y cuando vino, vino en un cuerpo de carne llamado Yeshua o Jesús, ese es el Ángel del Pacto, por eso vino para establecer un nuevo Pacto con la casa de Jacob y con la casa de Judá, con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Por eso en la última cena que tuvo con Sus discípulos tomando el pan, partiendo el pan, habiendo dado gracias da a Sus discípulos y dice: “Comed, esto es mi cuerpo.” O sea, está tipificando Su cuerpo en el pan, y tomando la copa de vino y habiendo dado gracias da a Sus discípulos y dice: “Tomad de ella todos, esto es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” En el vino está tipificada la Sangre de Cristo. Por eso se toma la Santa Cena en memoria de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, la Sangre del nuevo Pacto, del Pacto eterno, dice San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 22.

Y ahora, sigue diciendo en Hebreos, capítulo 1, verso 2 en adelante. Dice:

“…y por quien asimismo hizo el universo…”

Por medio de Jesucristo, por medio del Hijo hizo el Universo, ¿cómo? Porque Jesucristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto que libertó al pueblo hebreo, y por eso es que Cristo dijo en el capítulo 8, verso 56 al 58 de San Juan: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día, y lo vio y se gozó,” eso fue cuando fue visitado Abraham por tres Ángeles en el capítulo 17 y 18 del Génesis el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, en donde Dios le dice: “Abraham, el próximo año por este tiempo Sara tu mujer dará a luz un hijo,” y le da hasta el nombre, le había dado el nombre que le iba a poner al hijo: Isaac, fue un nombre dado por Dios.

Y ahora, podemos ver que estos tres Ángeles son Dios con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, el Ángel del Pacto, Dios en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto que le aparecía a los diferentes profetas; ese Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical, por eso podía decir: “Antes que Abraham fuese…” después le dicen: “No tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” ¿Por qué? Porque Él es el Ángel del Pacto, por eso viene para establecer un nuevo Pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, o sea, con el reino del Norte (la casa de Israel) y con el reino del Sur (la casa de Judá), porque fue dividido el Reino de David en los días del rey Roboam hijo de Salomón. Y ahora, va a ser restaurada la casa de Israel (el reino del Norte) con la casa de Judá (el reino del Sur), van a ser unidos de nuevo para la restauración de ese Reino de David.

Y ahora, podemos ver porqué por medio del Verbo, Cristo, el Ángel del Pacto, Dios creó los Cielos y la Tierra: porque Dios en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto habla y las cosas vienen a creación, así creó los Cielos y la Tierra, así creó al ser humano: por medio del Ángel del Pacto.

Y ahora, está creando una nueva raza, porque es el segundo Adán, Cristo, una nueva raza con Vida eterna, ¿por qué es una nueva raza? Porque la raza normal que habita la Tierra no tiene Vida eterna, nace la persona sin Vida eterna en una raza que murió cuando pecó, murió a la Vida eterna, le quedó solamente vida temporera.

Nosotros también tenemos una vida temporera en nuestros cuerpos, pero en nuestra alma, en nuestro espíritu tenemos Vida eterna, por eso es que aunque nuestro cuerpo muera, vamos a tener un nuevo cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad como el cuerpo glorificado de Jesucristo.

Para lo cual en el Día Postrero se estará escuchando la gran Voz de trompeta o trompeta final, porque será al tiempo en que estará sonando la final trompeta o trompeta final o gran Voz de trompeta, que los muertos en Cristo van a resucitar primero en cuerpos inmortales, incorruptibles y jóvenes, y nosotros los que vivimos vamos a ser luego transformados, y entonces todos tendremos inmortalidad física, cuerpos eternos, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo y jóvenes para toda la eternidad, y así seremos a la imagen y semejanza divina, esa imagen y semejanza divina restaurada en y para todos los creyentes en Cristo, una nueva raza con Vida eterna, cuerpos eternos.

Se está en ese proceso de la creación de esa nueva raza, y aunque muchas personas no se hayan dado cuenta, sucede como cuando una mujer concibe, y ahí la raza descendiente de Adán, una raza ya caída está reproduciéndose, y cualquiera mira y no ve nada, después de cierto tiempo ven que el vientre de una mujer creció, pero tampoco pueden ver lo que está dentro.

Y así sucede en medio del Cristianismo, miran y ven que a medida que ha transcurrido el tiempo de dos mil años, ha ido creciendo el Cristianismo, ha ido creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo, en Su vientre están esas personas, en Su redil están esas personas, y el Cristianismo ha ido creciendo, ¿y qué ha estado pasando? Ha estado Cristo reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios. Por eso dice San Juan, capítulo 1, versos 12 en adelante:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

¿Ven? Una nueva raza ha estado siendo creada por Dios a través del segundo Adán, de Cristo, y algunos no se han estado dado cuenta. Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, una nueva criatura, una nueva creación, pertenece a una nueva creación; y por eso San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21 nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (si lo va a transformar, entonces va a hacerlo un nuevo cuerpo)… el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

Para que sea semejante al cuerpo glorificado que Él tiene, así será, y eso es para el Día Postrero porque Cristo dijo:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40, y en ese mismo capítulo 6 de San Juan en unas tres veces más dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.”

Por eso cuando fue a resucitar a Lázaro en el capítulo 11 de San Juan, Cristo le dice: “Tu hermano resucitará,” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección en el Día Postrero.” Es para el Día Postrero que viene a ser el séptimo milenio de Adán hacia acá, porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día, y Cristo le dice a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” O sea, que el creyente en Cristo aunque muera físicamente su cuerpo, eso no significa que murió eternamente solamente lo que murió fue su cuerpo físico, pero en la resurrección aparecerá con un nuevo cuerpo, un cuerpo eterno y glorificado, igual al de Jesucristo.

Y si usted no sabe eso y sus familiares murieron de edad de 40 ó 50 ó 60 ó 70 años y eran creyentes en Cristo, cuando resuciten, resucitarán en cuerpos jovencitos que representarán 18 a 21 años, y si la persona no sabe eso y le aparece un jovencito o una jovencita diciéndole: “Mi nieto, ¿cómo estás?” Y usted dice: “¿Qué de nieto? ¿Un jovencito o una jovencita menor que yo diciéndome que yo soy su nieto?” Pues le va a pasar a usted como le pasó a los discípulos del Señor, a María y a las demás Marías, que vieron a Jesucristo resucitado y creían (María Magdalena) que era el que cuidaba allá el cementerio y el jardín y le dice María Magdalena: “Si tú has tomado a mi maestro, su cuerpo, dime, ¿dónde está? Entrégamelo.” Y Él le dice: “María,” y la llamó por el nombre de ella como acostumbraba a llamarla, y ella le dice: “Rabí,” o sea, maestro. Lo reconoció por la Voz.

Por la voz entonces van a reconocer a sus familiares queridos cuando regresen, por su voz y por lo que les estarán hablando, porque por el cuerpo no lo van a reconocer, ¿por qué? Porque usted no ha visto nunca el cuerpo glorificado que va a tener su abuela, su tío o familiar suyo que ya partió y era un creyente en Cristo. Aun van también a comer con nosotros.

Cristo cuando resucitó y estuvo con Sus discípulos, comió con ellos, creían que era un Espíritu, pero era un cuerpo glorificado, les dice: “¿Tienen ustedes algo de comer?” Le dan un pedazo de pescado y un panal de miel y comió delante de ellos, porque el espíritu no tiene carne como nosotros, pero el cuerpo glorificado es tangible, aunque es interdimensional, que puede pasar de una dimensión a otra sin ningún problema, por eso aparecía y después desaparecía delante de ellos.

“LA PACIENCIA DEL SEÑOR ES PARA SALVACIÓN.”

Gracias a Dios que ha tenido paciencia y hemos tenido la oportunidad de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, y nacer la fe de Cristo en nuestra alma y recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, ¿para qué? Para la salvación de nuestra alma, para salvación y Vida eterna.

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Lo habrá recibido como nuestro Salvador, hemos sido bautizados en agua en Su Nombre, ¿para qué? Para salvación, no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos, y no hay otro Salvador, hay uno y Su Nombre en español es: Señor Jesucristo, Él es mi Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes.

Mañana estaremos en la mañana en el congreso, en la actividad del concurso: “Un Poema Para Cristo,” en donde una cantidad grande de personas escribió un poema dedicado a Cristo, y en donde estarán grandes personalidades del mundo religioso, líderes religiosos también.

Están invitados a estar allá, estará disponible también el libro que contiene esos poemas y palabras también de líderes religiosos importantes de la nación de Colombia, allí también yo estaré y espero ver los rostros de muchos de ustedes, no digo de todos ¿por qué? Porque solamente hay cupo para unas 300 personas.

Así que, veré a todos aquellos ministros que están aquí y que estarán allá, y a muchos de ustedes que también llegarán a buena hora, y cuando se llenen los cupos ya no habrá más entrada para esa actividad, el concurso de: “Un Poema Para Cristo.” Pero si estará siendo transmitido, lo podrán ver por televisión, la televisora de gobierno creo que lo estará transmitiendo y también el satélite Amazonas en el canal a través del cual se transmiten las conferencias.

Así que, también podrán obtener el libro, allá ustedes verán el precio o contribución por ese libro que contiene muchos poemas hermosos dedicados a la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra: nuestro Salvador, el Señor Jesucristo.

Y ahora, siendo que la paciencia de nuestro Señor es para salvación, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y nació la fe de Cristo en su alma mientras escuchaba la predicación del Evangelio de Cristo en esta ocasión, puede pasar acá al frente para recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador, dando testimonio público de su fe en Cristo, y estaremos orando por usted en esta ocasión.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Para lo cual pueden también pasar al frente en los lugares donde ustedes se encuentran allá en otras naciones.

Y los niños de diez años en adelante también pueden pasar acá al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Toda persona desea obtener lo más grande que hay en el mundo, lo más grande que una persona pueda obtener; algunos piensan que es ser multimillonario, otros piensan que es obtener la presidencia de su país, otros piensan que es ser el artista más famoso de su nación, y otros, pues el artista más famoso del mundo entero.

Todo eso está bien, pero ninguna de esas cosas coloca a la persona en la Vida eterna, lo más importante es la Vida eterna, y para obtenerla solamente hay una forma: recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Es el único que nos da Vida eterna cuando lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

Yo le he recibido como mi Salvador y Él me ha dado Vida eterna, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Por lo tanto, lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, y solamente hay uno que puede darnos la Vida eterna: Jesucristo nuestro Salvador, porque no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos; hay uno, un solo Nombre, y es Señor Jesucristo. Por lo tanto, todos necesitamos a Jesucristo para poder vivir eternamente y ser a imagen y semejanza de Él.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren aprovechar la oportunidad de salvación y Vida eterna que Dios le ofrece al ser humano, y ha tenido paciencia para que llegue la oportunidad hasta nosotros en este tiempo final.

Por causa de la paciencia de Dios es que estamos vivos y es que tenemos la oportunidad de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. La bendición más grande para la humanidad es Jesucristo, y la predicación del Evangelio de Cristo para salvación a todo aquel que cree en Cristo como Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para la oración por todos los que han venido a los Pies de Cristo que están presentes y también para los que están en otras naciones. Si falta alguno por venir, puede venir, pueden continuar viniendo los que están presentes y los que están también en otras naciones.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido al los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes creyeron en Cristo y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán… Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en el Nombre del Señor Jesucristo.” El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista y es el que ordena que se predique el Evangelio y que sean bautizados en agua las personas en Su Nombre. Cuando fue donde Juan para ser bautizado, Juan no lo quería bautizar, y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó.

En el bautismo en agua la persona que ha recibido a Cristo, cuando lo ha recibido muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado, y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y así identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo aquí con ustedes al ministro, reverendo Alejandro Sarria con ustedes para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

¿El agua está a qué temperatura? Ahí, ustedes son los que entienden qué dijo él o qué quiso decir con temperatura ‘a clima’ o ‘a tiempo,’ no sé. Les dejo y él les indicará cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA PACIENCIA DE NUESTRO SEÑOR ES PARA SALVACIÓN.”

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