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Una profecía para el tiempo del fin
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Una profecía para el tiempo del fin

Muy buenos tardes, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Para esta ocasión les expreso mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística; y también el respaldo que le están dando al proyecto de La gran Carpa Catedral, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta ocasión, leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 1 al 14, donde Jesucristo dice, donde nos dice acerca de Cristo:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.

Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte,

diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.

Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

Y todo esto será principio de dolores.

Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.

Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;

y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema: “UNA PROFECÍA PARA EL TIEMPO DEL FIN.”

En estas tres preguntas que le hacen a Cristo, ya que Cristo les dice que no va quedar piedra sobre piedra del templo que no sea derribada, del templo y los edificios que allí estaban, los discípulos se interesan en saber cuándo va a acontecer, cuándo va a suceder todo eso; y a la misma vez le hacen dos preguntas adicionales, le preguntan: “¿Cuándo serán estas cosas?” O sea, la destrucción del templo y los demás edificios; y luego le preguntan también: “¿Y qué señal habrá de Tu Venida, y del fin del tiempo o fin del siglo?” La destrucción del templo era para el primer siglo, pues conforme a Daniel, capítulo 9, tenemos la profecía de la destrucción del templo; luego de cumplida la Venida del Mesías y muerte del Mesías.

Vean aquí, en el capítulo 9, versos 22 en adelante, dice (del capítulo 9 de Daniel):

“Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”

En esta pasaje encontramos que en las setenta semanas hay un número de cosas que sucederán, son setenta semanas de años que significan o que suman cuatrocientos noventas años, desde que sale la Palabra del Rey para la restauración o edificación de Jerusalén y el Templo. Y en la semana número setenta es que el Mesías Príncipe tiene Su ministerio y muere en la semana número setenta, a la mitad de esa semana, y se detiene la semana número setenta y más adelante en el año 70 de la Era Cristiana, Jerusalén y el templo fueron destruídos por Tito Vespaciano, que rodeó la ciudad por dos años, desde el año 68 de la Era Cristiana, hasta el año 70, en el año 70 destruyó a Jerusalén y el templo también y crucificó miles de judíos, llenó el muro o los muros de Jerusalén de judíos crucificados.

Antes de la destrucción de Jerusalén y del templo, el Mesías estaría en la Tierra y moriría, y así fue; no hay ninguna otra persona que haya cumplido esa profecía, excepto una persona y es Jesucristo o Yeshua, el cual dos mil años atrás estuvo en la tierra de Israel y murió crucificado allá en Jerusalén en la semana número setenta, a la mitad de la semana número setenta; y ahí se cumplió esa profecía en la persona de Jesús o Yeshua que es el nombre allá en hebreo.

Y ahora, Cristo nos habla no solamente de la destrucción de Jerusalén, sino también de la señal que aparecerá, que habrá, la señal del fin del siglo, y la señal de la Venida del Hijo del Hombre, “qué señal habrá de Tu Venida y del fin del siglo.”

La parábola del trigo y de la cizaña, en el capítulo 13 de San Mateo, Cristo nos dice desde el verso 30 en adelante, dice:

“Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

Luego el verso 34 en adelante, dice (del capítulo 13):

“Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba;

para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:

Abriré en parábolas mi boca;

Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.”

En las parábolas de Jesucristo están muchas cosas que desde la fundación del mundo están escondidas, están habladas en esas parábolas y entendiendo esas parábolas entenderemos cosas que están desde la fundación del mundo ocultas para la humanidad. Sigue diciendo:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Y ahora, es para el fin del siglo, para el fin del tiempo, para el fin del reino de los gentiles que Cristo enviará Su ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías, de los dos Olivos. En San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, Cristo dice: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” Aquí habla Cristo de la Venida del Hijo del Hombre con Sus ángeles.

Y en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, nos dice: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el Cielo;” y vamos aquí a leerlo.

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Estos ángeles que el Hijo del Hombre envía son los ministerios de Moisés y Elías, de los dos Olivos para llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; y eso es para el fin del tiempo, el fin del siglo, es para el tiempo en que Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, y comenzará a llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo; y eso será juntando la representación de las tribus de Israel, tanto de las tribus perdidas que son diez, como también de las otras dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín. Los escogidos de cada tribu son doce mil hebreos; para eso Él envía el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo de Apocalipsis, capítulo 7, que es el mismo Ángel de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, que viene con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino para predicarlo a los moradores de la Tierra; y cuando sea visto ese mensajero… Recuerde que mensajero, ángel significa mensajero, cuando sea visto ese mensajero predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino a todos los moradores de la Tierra, y anuncíandoles que la hora del juicio divino ha llegado, y que adoren a Dios, que busquen a Dios, esa es la señal del fin del siglo.

La predicación del Evangelio del Reino. “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Así como la predicación del mensaje de Noé era la señal del fin del mundo antediluviano, y por consiguiente estaba en un mensajero, en un profeta dispensacional el mensaje de Dios para aquel tiempo.

Para el Día Postrero el mensaje del Evangelio del Reino estará en un hombre, un mensajero dispensacional, será el mensajero de la Dispensación del Reino con el mensaje del Evangelio del Reino, predicándolo a los moradores de la Tierra y dándoles a conocer que la hora del juicio divino ha llegado.

Esa es la señal del fin del siglo, estará en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y luego en medio del pueblo hebreo; es el mensajero que viene para llamar y juntar a los escogidos, viene con la gran Voz de Trompeta del Evangelio del Reino juntando, llamando y juntando los escogidos de Dios, ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, y de entre los gentiles, o sea, de entre la Iglesia del Señor, pues a los escogidos del Día Postrero en el tiempo final que estarán viviendo, porque ya las edades terminaron, las siete edades de la Iglesia terminaron y solamente hay un llamado de parte de Dios en la Iglesia, en la Etapa de la Edad de la Piedra Angular, la Etapa de la adopción, la Edad de la Adopción, la Edad perfecta, la Edad eterna, donde entran en el Día Postrero los escogidos que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Con el mensaje del Evangelio del Reino le es dada la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque así como el mensaje del Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención como Cordero de Dios en la Cruz del Calvario; y como Sumo Sacerdote en el Cielo haciendo intercesión por todos los que lo reciben como Salvador, el mensaje del Evangelio del Reino gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y por esa causa es… y en el mensaje del Evangelio del Reino que el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia es abierto para darle la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Es ahí donde viene la fe para ser transformados, es la gran Voz de Trompeta o Trompeta final que San Pablo menciona en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58.

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, a la final Trompeta; porque se tocará la Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero incorruptibles (o sea, en cuerpos glorificados), y nosotros los que vivimos seremos transformados.”

Yo seré transformado. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes, ¿cuándo? A la final Trompeta, en el tiempo en que la Trompeta final o gran Voz de Trompeta esté sonando; y esa final Trompeta es la predicación del Evangelio de Cristo, la predicación del Evangelio de Cristo como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores; y eso es la predicación del Evangelio del Reino, del Evangelio eterno para ser predicado a todos los moradores de la Tierra, para con él ser juntados los escogidos de la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, y los escogidos del pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, la señal del fin del siglo, la señal del fin del tiempo es una profecía que estará siendo cumplida en el tiempo final, que estará siendo cumplida en este tiempo final, y cuando estemos escuchando la predicación del Evangelio del Reino, juntamente con la predicación del Evangelio de la Gracia, escuchando la predicación del Evangelio de la Gracia que gira alrededor de la primera Venida de Cristo y la predicación del Evangelio del Reino que gira alrededor de la Segunda Venida de Cristo como León de la Tribu de Judá, recuerden, estaremos frente a la profecía del fin del siglo, del fin del tiempo, estaremos frente a la gran Voz Trompeta, y el que tiene oídos para oír la Voz de Dios, la Voz del Espíritu Santo hablando en el Día Postrero, oiga, ¿oiga qué? Oiga la gran Voz de Trompeta, el mensaje final de Dios, el Evangelio del Reino y reciba la fe para ser transformado y llevado con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y estará escuchando una profecía que para el tiempo final está prometida que será cumplida. “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La señal del fin del tiempo será la predicación del Evangelio del Reino por medio del Espíritu Santo a través de un hombre, de un profeta dispensacional que Cristo enviará a Su Iglesia y que será el Ángel del Señor Jesucristo, el mensajero del Señor Jesucristo, que aparece en diferentes lugares del libro de Apocalipsis; como Apocalipsis, capítulo 1, versos 1 al 3; y Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10; y Apocalipsis, capítulo 22, verso 5 en adelante, donde nos dice, capítulo 22, verso 6, vamos a leer de ahí en adelante:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Cristo dice aquí que Él envía Su Ángel para mostrar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto, esa es la forma en que serán mostradas a Sus siervos las cosas que deben suceder por medio del Ángel del Señor Jesucristo, para eso El lo envía, y por consiguiente esa será la forma divina para dar a conocer las cosas que han de suceder. Sigue diciendo:

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.

Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.”

Luego, sigue diciendo:

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.”

¿Quién es el Alfa y la Omega? ¿Quién es el principio y el fin, el primero y el último? El Señor Jesucristo.

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Lo que dice el Espíritu es lo que está hablando el Espíritu Santo, Cristo, por medio de Su Ángel al cual envía a Su Iglesia para dar testimonio de todas estas cosas; y lo que dice la Iglesia, la Esposa, es lo que el Espíritu Santo dice a través del Ángel, lo repite la Iglesia-Esposa de Cristo, del Cordero, y da así la oportunidad a toda la humanidad de conocer la forma de tomar del agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo para obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, esa es una señal grande también para el tiempo final. La Esposa, la Iglesia del Señor Jesucristo, diciendo lo mismo que dice el Espíritu Santo por medio de Su mensajero final, diciendo lo mismo que dice el Espíritu Santo, el cual nos guiaría a toda justicia y a toda verdad, y daría testimonio de Cristo; el testimonio que el Espíritu Santo da acerca de Cristo, lo da por medio del Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia; y luego por medio del Evangelio del Reino, da testimonio de Cristo con relación a Su Segunda Venida; y por medio del Evangelio de la Gracia el Espíritu Santo da testimonio con relación a la primera Venida de Cristo y todo el Programa que fue llevado a cabo.

Por lo tanto, esta es una señal grande prometida para el fin del tiempo o fin del siglo que todos estaremos viendo en este tiempo final.

Para este tiempo será que se entrelazará el Evangelio del Reino con el Evangelio de la Gracia, como se entrelazó el Evangelio de la Gracia con el mensaje de la Ley en los días de Jesús y los apóstoles, para este tiempo se entrelazará el Evangelio del Reino con el Evangelio de la Gracia y seremos testigos de este evento escritural, de este evento bíblico prometido para ser cumplido en este tiempo final en el cumplimiento de la profecía para el tiempo del fin.

Este es un tiempo en que entrarán los últimos escogidos que formarán o que completarán la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ya yo escuché el llamado divino y entré a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo desde hace alrededor de unos 50 años; y ahora estoy muy agradecido a Dios porque ya llevo más de 50 años, desde el año 1959, en el Cuerpo Místico de Cristo. ¿Y quién más escuchó el llamado de Dios por medio del Evangelio de Cristo y entró al Cuerpo Místico de Cristo? Pues cada uno de ustedes también; y para este tiempo los que faltan por entrar entrarán.

Si hay alguno que todavía no ha entrado al Cuerpo Místico de Cristo, lo puede hacer en estos momentos recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento y así obtenga la Vida eterna. Recuerden que Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Por lo tanto, los que todavía no han recibido a Cristo pueden pasar acá al frente para recibirlo, y estaremos orando por usted dentro de algunos minutos.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan acá al frente para orar por ustedes, y en las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Este es un tiempo de buscar a Cristo, este es un tiempo de buscar a Dios, este es un tiempo de adorar a Dios; porque la hora de Su juicio está por comenzar, cuando comienza la hora del juicio divino ya la puerta de la misericordia estará cerrada como se cerró en la parábola de las diez vírgenes, y ya no habrá oportunidad de Salvación; pero la Escritura dice: “Hoy es el día de Salvación,” hoy es el día, el tiempo en que Cristo recibe a toda persona que lo recibe como Salvador y lo confiesa delante del Padre celestial. “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Más el que me negare delante de los hombres, Yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).

Estamos ya al final del tiempo, estamos muy cerca del momento en que Dios derramará juicio divino sobre la raza humana. Estamos ya muy cerca del momento en que Cristo terminará Su Obra de Intercesión en el Cielo, saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo; pero ya para ese tiempo no habrá misericordia para los seres humanos, ya Cristo habrá completado Su Iglesia, habrá hecho la Obra de Reclamo, la habrá reclamado y la transformará, y la llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir; porque Dios tiene mucho pueblo, muchos Hijos en esta Ciudad y los está llamando en este tiempo final; y tiene también mucho pueblo en toda la República Mexicana, y en todas las naciones Latinoamericanas; en todo el Continente Americano Dios tiene mucho pueblo; y en todas las naciones Dios tiene mucho pueblo y los está llamando en esta hora final para colocarlos dentro de Su Casa, de Su Templo espiritual, de Su Iglesia.

En la parábola de la gran Cena que el Padre de Familia, el Rey, preparó para Su Hijo, que es Cristo, los que fueron convidados no eran dignos, no vinieron y Él mandó a buscar cojos, mancos, ciegos y así por el estilo por caminos, por plazas, por dondequiera; eso es el mandato de Cristo: San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16. “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Y así es como se ha estado llenando la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, de millones de seres humanos a través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá. Y el siervo dice: “Se ha hecho como mandaste y todavía hay lugar.” El siervo es el Espíritu Santo, el que lleva a cabo la Obra. Todavía hay lugar en la Casa de Dios, todavía hay lugar en la parte más importante que está siendo construida en el Templo espiritual, que es el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, de la Iglesia del Señor, y corresponde a este tiempo final; y corresponde el territorio a la América Latina y el Caribe, donde se manifiesta Cristo construyendo esa parte de Su Templo espiritual; y de ahí se extiende a todas las naciones llamando a todos los que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero que formarían parte de ese Templo espiritual en la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, el llamado divino con el Evangelio del Reino siendo predicado juntamente con el Evangelio de la Gracia, trae a la Iglesia del Señor Jesucristo a la Etapa a la Edad de la Piedra Angular los escogidos del Día Postrero para Cristo completar Su Iglesia de esa forma, y luego terminar Su Obra de Intercesión en el Cielo y transformar a los creyentes que están vivos en la Tierra en el Cuerpo Místico de Cristo, luego de la resurrección de los muertos creyentes en Cristo en cuerpos glorificados.

Por lo tanto, estamos esperando a Cristo viniendo con los santos del Nuevo Testamento, resucitándolos, visitándonos en este tiempo final y transformándonos a los vivos en este tiempo, pues necesitamos esta transformación; nuestros cuerpos se ponen viejos a medida que pasan los años; pero mirándolo desde un punto de vista positivo, cada vez que cumplimos un año es un año más cerca de la Venida del Señor, es un año más cerca de nuestra transformación, es un año más cerca del arrebatamiento de la Iglesia; por lo tanto es un año que nos llena de más fe y esperanza, y aunque la Tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón de la mar, no temeré mal alguno porque el Señor estará conmigo. Él está conmigo, está con usted y está con Su Iglesia en este tiempo final.

Por lo tanto, no hay motivos para temer, aunque haya terremotos, maremotos, volcanes; y el calentamiento global esté derritiendo los polos, los hielos polares, no tema. Y si alguno parte o muere su cuerpo físico, resucitará en cuerpo glorificado; por lo tanto no hay ningún problema, todas las cosas ayudarán para bien a los escogidos de Dios. Eso es lo que nos dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 33.

Y ahora, los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Vamos a estar puestos en pie, por favor, para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

En las demás naciones también, que están conectadas a través del satélite o de internet, pueden también estar puestos en pie para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Todos con nuestras manos levantadas al Cielo, nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo recibiéndolo como Salvador, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de Tu fe en mí, y de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le recibieron como vuestro único y suficiente Salvador creyendo en Él de todo corazón. Ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible,” pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Aun el mismo Señor Jesucristo cuando Juan predicaba y bautizaba en el Jordán, fue donde Juan para que lo bautizara, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo Te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y si a Cristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a nosotros.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y así identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; pues el bautismo en agua no quita los pecados, el bautismo en agua es tipológico, es el bautismo en agua a semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; por eso al ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nos estamos identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso, es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Cuando Pedro predicó el Día de Pentecostés en el capítulo 2 del libro de los Hechos, fueron compungidos de corazón los que escucharon la predicación del Evangelio de Cristo a través de San Pedro lleno del Espíritu Santo, y preguntan:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para cuantos están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y así sigue hablándoles al pueblo y fueron bautizados como tres mil personas que recibieron a Cristo como Salvador, y fueron añadidos a la Iglesia como tres mil personas en aquella ocasión; y luego en otras ocasiones que Pedro predicó también creyeron miles de personas y fueron bautizadas y fueron añadidas a la Iglesia del Señor en el Cuerpo Místico de Cristo. Tan sencillo como eso ha sido lo que ha estado pasando.

Y todavía se predica el Evangelio de Cristo, se da la oportunidad a las personas que vengan a los Pies de Cristo y son bautizados en agua en el Nombre de Jesucristo; y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en las personas el nuevo nacimiento; y así nacen del agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, nacen del Cielo, nacen de Dios porque el nuevo nacimiento es del Cielo, es celestial, y por eso son ciudadanos celestiales: “Por eso la ciudadanía de los creyentes en Cristo es del Cielo, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, con el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” Dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Y también ustedes que están en otras naciones pueden ser bautizados; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al ministro reverendo Hugo Rodríguez Mares, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada nación y en cada país, y en cada auditorio, o en cada iglesia dejo al ministro correspondiente, a la persona correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, conscientes de: “UNA PROFECÍA PARA EL TIEMPO DEL FIN,” la cual hemos estudiado y hemos visto en esta ocasión.

Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes. Amén.

“UNA PROFECÍA PARA EL TIEMPO DEL FIN.”

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