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Un abismo llamando a otro Abismo
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Un abismo llamando a otro Abismo

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes pastores, y sobre todos los amigos y hermanos presentes, y en todas las iglesias, todas las congregaciones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión, para esta noche, leemos un pasaje en el Salmo 42, versos 1 al 8, donde nos dice el salmista:

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,

Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?

Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;

De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,

Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.

¿Por qué te abates, oh alma mía,

Y te turbas dentro de mí?

Espera en Dios; porque aún he de alabarle,

Salvación mía y Dios mío.

Dios mío, mi alma está abatida en mí;

Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,

Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;

Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

Pero de día mandará Jehová su misericordia,

Y de noche su cántico estará conmigo,

Y mi oración al Dios de mi vida.

Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?

¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,

Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

¿Por qué te abates, oh alma mía,

Y por qué te turbas dentro de mí?

Espera en Dios; porque aún he de alabarle,

Salvación mía y Dios mío.

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla en esta ocasión.

Nuestro tema es: UN ABISMO LLAMANDO A OTRO ABISMO.

Tomado del capítulo 42, verso 7, donde dice:

Un abismo llama a otro a la voz de tus cascada.

El salmista está clamando como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, cuando tiene sed. Y el salmista aquí dice:

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

Es un clamor desde lo profundo del corazón del salmista, y dice:

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

Y ahora, cuando el ser humano tiene sed de Dios, tenemos que ir a las palabras de Cristo en San Juan, capítulo 7, verso 49, para comprender lo que es la sed del alma, en donde desde de lo profundo del corazón, del alma, clama a Dios la persona; y así un abismo, una profundidad, desde lo profundo, desde la profundidad del alma del corazón de la persona clama a Dios porque tiene sed de Dios, del Dios vivo.

Y ahora, vamos a ver el agua que sacia la sed para la persona que como el salmista dice: “Mi alma tiene sed, sed del Dios vivo.” Porque al alma usted no le puede saciar la sed con agua literal; tiene que ser así como dice también la Escritura que “no solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios,” ese es el alimento para el alma; y el agua para el alma vamos a ver cuál es. Dice la Escritura que “habrá hambre y sed, no hambre y sed de pan literal y agua literal sino de oír la Palabra de Dios.” (Amós, capítulo 8, verso 11 en adelante).

Y ahora, en el capítulo 7, de San Juan, versos 37 al 39, en el último y gran día de la fiesta de los tabernáculos sucedió esto, dice:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Y ahora, el agua que Cristo ofrece la cual saciará la sed del alma de todo ser humano es el Espíritu Santo, la misma que le ofreció a la mujer samaritana en el capítulo 4, verso 10 en adelante, donde dice:

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Y esa fuente de agua que salta para Vida eterna la encontramos acá en Apocalipsis, capítulo 21, versos 5 en adelante, donde dice:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

Aquí tenemos la promesa que Dios le dará de la fuente del agua de la Vida al que tenga sed, como el salmista decía: “Yo tengo sed de Dios, del Dios vivo.” Y clamaba así como claman los animalitos por el agua, así clamaba el alma del salmista por el agua de Vida; porque tenía sed del Dios vivo. Sigue diciendo… ahora vean: “Al que tuviere sed, Yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la Vida.” La fuente del agua de la Vida es Cristo el cual dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.”

Fue representado en la roca allá en el monte Sinaí, cuando el pueblo tuvo sed y Dios le dijo a Moisés que fuera a la roca y con su vara la hiriera dos veces, la hirió, fue herida la roca por la vara de Moisés y la roca se abrió y dio agua para el pueblo sediento. Eran unos dos millones de personas; por lo tanto no fue un poco de agua, sino que fue un río de agua para todo ese pueblo sediento, tipo de Cristo siendo herido en la Cruz del Calvario para dar el agua de la Vida eterna, el Espíritu Santo a todas las personas que tendrían sed del agua de la Vida eterna, del Espíritu Santo, y la fuente es Cristo, herido en la Cruz del Calvario como Moisés fue el que hirió la roca en el monte Sinaí. Sin el agua que le fue dada por Moisés cuando hirió la roca el pueblo moriría; y sin el agua del Espíritu Santo que Cristo crucificado luego el Día de Pentecostés comenzó a dar a todos los creyentes en Él, sin esa agua morirían espiritualmente los seres humanos. El Espíritu Santo, el Espíritu de Vida tipificado en el agua que salió de la roca allá en el Sinaí; por eso es el agua de la Vida eterna; así está representado el Espíritu Santo.

Luego encontramos que en otra ocasión en Cades-barnea, el pueblo tuvo sed y se levantó en contra de Moisés protestando y diciéndole a Moisés que tenían sed todos ellos; y Dios le dijo a Moisés: “Vé a la roca, a la peña con tu vara, vé con Aarón delante de todo el pueblo y allí háblale a la roca.” O sea, no era la roca como había hecho allá en el monte Horeb, o sea, el monte Sinaí. Cristo es la roca tipificada allí en una roca literal; pero Él no es una roca literal, es una Piedra viva, la Piedra del Ángulo, la Piedra Angular, la Piedra que lo edificadores desecharon. Así también los creyentes en Cristo son piedras vivas que forman el Templo espiritual de Cristo, o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Encontramos que esa Roca, que es Cristo, fue tipificado en la segunda roca que Moisés hirió allá en Cades-barnea; pero Dios se enojó con Moisés porque hirió la roca dos veces, ¿y por qué? Porque Dios le dijo: “Háblale a la roca,” no le dijo: “Hiere la roca,” sino “Háblale a la roca y ella dará aguas para el pueblo.” Cuando Dios dice que uno haga tal cosa y le dice como hacerla, hay que hacerla tal como Dios ha dicho; porque de otra manera Dios no va estar agradado con lo que usted hace; porque usted lo está haciendo a la manera suya y no en la forma en que Dios le ha dicho que usted lo haga.

En el capítulo 19 ó 20 de Números, es donde está la segunda roca, la cual le dio agua al pueblo cuando Moisés hirió aquella roca, la hirió como lo había hecho con la roca del monte Sinaí, del monte Horeb, de allá en el capítulo 17 del Éxodo. Pero eso lo hizo conforme a como Dios le dijo; pero la segunda roca tenía que dar agua hablándole Moisés.

Ahora, parece algo raro que un hombre le hable a una roca para que dé agua, pero también es raro que un hombre hiera a una roca y salga agua como un río para dos millones de personas; y ahora cuando ya está en Cades-barnea, a lo mejor el número se había multiplicado.

Y ahora, ¿por qué se desagradó Dios como Moisés? Vamos a ver ese pasaje, dice en el capítulo 20 de Números, verso 7 en adelante, dice:

Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua, y les sacarás aguas de la peña, y darás de beber a la congregación y a sus bestias (o sea, que iba a ser también un río de agua que iba a salir de la peña).

Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó (ahí va bien).

Y reunieron Moisés y Aarón a la congregación delante de la peña, y les dijo: ¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña?

Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias.

Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.

Estas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos.

Y ahora, ¿por qué se enoja Dios con Moisés, si Moisés hizo salir agua de la peña? Porque la segunda peña de la cual hemos leído aquí representa nada menos que la segunda Venida de Cristo, y la segunda Venida de Cristo no es para ser herido nuevamente; por lo tanto Moisés allí rompió el tipo y figura de la segunda Venida de Cristo; y cómo tenía que efectuarse todo para Cristo en Su segunda Venida a Su pueblo, a Su Iglesia darle el agua que necesitan. Con la primera Venida de Cristo representada en la peña de Horeb, del monte Sinaí encontramos que le dio agua de Vida, el Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés hacia acá, en donde el ser humano obtiene el nuevo nacimiento; y por consiguiente obtiene un cuerpo angelical que es la primera parte de la bendición que se obtiene en el Programa de la Redención, un cuerpo angelical llamado el ángel que tiene cada persona; y luego en la segunda Venida de Cristo tenemos la promesa que Él les dará a todos los creyentes en Él un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como Su cuerpo glorificado, un cuerpo semejante al cuerpo de la gloria Suya; así como nos ha dado un cuerpo angelical conforme a Su imagen, o sea, conforme al cuerpo angelical que Él tiene llamado el Ángel del Pacto.

Y ahora, al Moisés herir la roca dos veces, está estableciendo ahí el tipo y figura de una segunda crucifixión; pero no puede efectuarse una segunda crucifixión, por lo tanto será en términos tipológicos o espirituales en donde las personas van a crucificar a Cristo por segunda vez al hablar mal de Su segunda Venida; estarán hablando mal de la manifestación de Cristo para el Día Postrero y eso les contará a las personas que lo hagan como le contó a las personas que crucificaron a Cristo dos mil años atrás.

Así que, la crucifixión segunda para el Día Postrero no será literal como fue aquella allá en Jerusalén, en el monte Calvario; por lo tanto será en el monte de Dios en el medio del Cristianismo. Tan sencillo como eso.

Pero Cristo le dará el agua de Vida eterna para el Día Postrero que será la transformación de sus cuerpos para los que viven para tener cuerpos eternos y glorificados, y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos glorificados, así de sencillo es el tipo y figura de la segunda roca que fue herida en Cades-barnea.

Y así como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, el alma del salmista y de todo ser humano clama por Dios, clama por agua, el agua del Espíritu Santo, el agua de Vida eterna; por eso tiene el alma, el corazón del salmista sed de Dios, del Dios vivo. Y es saciada esa sed con el agua del Espíritu Santo tipificada en el agua que salió, el río de agua que salió de la roca en el monte de Horeb o monte Sinaí.

Cristo prometió: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba; esto dijo del Espíritu Santo que habrían de recibir los que creyesen en Él, pues aun no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús todavía no había sido glorificado.” Pero Él dice: “El que cree en mí como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Ese es el Espíritu Santo en la persona, para traerle, darle la Vida eterna.

Y ahora, para obtener la Vida eterna física, la segunda roca Cristo en Su segunda Venida viniendo a Su Iglesia nos dará el agua de la Vida eterna, nos dará Vida eterna física transformando nuestros cuerpos para nosotros los que vivimos y resucitando a los muertos en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos jóvenes glorificados, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo dos mil años atrás.

Ese es el cuerpo que yo necesito para tener la inmortalidad física y ser joven para toda la eternidad y poder ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque esa es la vestidura física y la vestidura espiritual es el Espíritu Santo. Tan sencillo como eso. En palabras más claras: la vestidura espiritual es el cuerpo angelical y la vestidura física es el cuerpo físico glorificado, la vestidura de Boda; porque sin esa vestidura, la espiritual: cuerpo angelical, el Espíritu Santo, y la física: cuerpo físico glorificado, sin esa vestidura nadie podrá ir a la cena de las Bodas del Cordero. Tan simple como eso.

Por lo tanto, desde lo profundo del alma de todos los creyentes en Cristo está el clamor, el clamor por el Dios vivo, el clamor de sed del Dios vivo, sed de Dios, sed del Dios vivo para que nos dé el agua de la Vida eterna física que será nuestra transformación, el cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado igual al cuerpo glorificado del Señor Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Así que cuando lo veamos, veremos un joven de 18 a 21 años de edad; porque Su cuerpo está glorificado y lo vamos a ver cuando seamos nosotros transformados y tengamos la misma clase de cuerpo glorificado. Esa es la semejanza física de Dios: el cuerpo físico glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Y el Programa Divino es que todos seamos a imagen y semejanza de Dios; la imagen es el cuerpo angelical y la semejanza física es el cuerpo físico de Jesucristo, porque ese es el cuerpo físico de Dios, porque en Cristo habitó, habita y habitará eternamente la plenitud de la divinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Todo está en Cristo. Ese es el misterio de Dios el Padre, y de Cristo.

Por lo tanto, Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios, y Cristo en Su cuerpo físico es la semejanza física de Dios, así como la imagen nuestra es el cuerpo espiritual, o sea, el Espíritu de Dios que está en nosotros. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión; y la semejanza es el cuerpo físico; por lo tanto el cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo físico de Jesucristo (el cual ya está glorificado) es la semejanza física; y por lo tanto todos los creyentes en Cristo van a tener no solamente la imagen del Dios viviente, no solamente el cuerpo angelical sino también la semejanza física de Dios: un cuerpo físico glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, por el cual clamamos como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, teniendo sed de Dios, del Dios vivo; porque es el único que puede saciar esa sed dándonos el cuerpo nuevo.

Por lo tanto, desde lo profundo de nuestra alma, esa profundidad, ese abismo, esa profundidad desde ahí clamamos al Dios vivo por esa agua de Vida eterna física para obtener la inmortalidad, obtener la eternidad física y el cuerpo nuevo igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador.

En el capítulo 22 del libro del Apocalipsis, versos 16 al 17, dice:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Aquí Cristo dice que Él ha enviado a Su Ángel, es un espíritu de profeta que Él envió a Su Iglesia, el cual ha estado todo el tiempo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, así como Dios en el Antiguo Testamento, dice: “Yo he enviado mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que Yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.” (Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23).

Y ahora, Jesucristo en el Nuevo Testamento dice que Él tiene Su Ángel también. En la misma forma que Dios el Padre tiene en el antiguo Pacto, ahora Cristo tiene también en el Nuevo Pacto; así como Dios el Padre tiene Su Trono en el Cielo, Cristo tiene Su Trono en la Tierra, que es el trono de David; y así también como Dios tiene Su Reino que desde el Trono celestial lo gobierna, Cristo tiene Su Trono terrenal y Su reino terrenal desde donde gobernará sobre todo el planeta Tierra cuando establezca Su Reino en la Tierra.

Pero Él se ha sentado con el Padre en el Cielo y recibió todo poder en el Cielo y en la Tierra; y por consiguiente Él está gobernando como Rey en el Reino celestial. Pero, ¿qué pasó con Dios? ¿Ya no tiene poder Dios, porque Cristo dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra?” Sí, es que Dios el Padre está en Jesucristo, porque Jesucristo en Su cuerpo angelical Él es la imagen del Dios viviente y en Su cuerpo físico glorificado es la semejanza física de Dios. Eso es imagen y semejanza de Dios; y por eso cada creyente en Cristo será a imagen y semejanza de Dios.

Almas vivientes, que es lo que es cada persona con un cuerpo angelical que es la imagen de la persona igual a la imagen de Dios, cuerpo angelical y luego también cuando reciban la transformación o la resurrección en cuerpos eternos los que durmieron recibirán la semejanza física de Dios, o sea, un cuerpo físico glorificado igual al cuerpo glorificado de Jesucristo y joven para toda la eternidad, ese es el Programa Divino, el Programa que trae esta bendición de la redención del ser humano, de todos aquellos que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y Dios ha enviado, Jesucristo ha enviado a Su Ángel para dar testimonio de todas estas cosas que han de suceder, no solamente de esta sino de todas las cosas que han de suceder; porque ese Ángel del Señor Jesucristo, es un profeta en su cuerpo angelical en medio de la Iglesia todo el tiempo; y en el Día Postrero así como el Ángel del Pacto que estaba en su cuerpo angelical, y que era nada menos que el cuerpo angelical de Dios, luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo conforme a Malaquías, capítulo 3, en donde dice: “He aquí, yo envío mi mensajero, delante de ti; el cual preparará el camino delante de ti; y vendrá súbitamente a su templo el Señor al cual buscáis vosotros, y el ángel del pacto, a cual deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendría? Dios el Padre, ¿y quién más? El Ángel del Pacto, o sea, Dios con su cuerpo angelical y en Su cuerpo angelical vendría a Su Templo que es el templo humano llamado Jesús. Ese cuerpo llamado Jesús es el templo humano de Dios donde Dios habitó en toda Su plenitud.

Recuerden ustedes en el capítulo 10 o capítulo 2, versos, versos 17 al 23 de San Juan, donde Cristo frente al templo dice: “Destruyan este templo, y en tres días Yo lo levantaré.” Le dicen: “Este templo fue hecho, fue levantado en cuarenta y seis años, ¿y tú ahora nos dices: ‘Destruyan este templo y en tres días Yo lo levantaré?” Pero la Escritura dice: “Pero Cristo no hablaba del templo físico, sino que hablaba del Templo, de Su cuerpo, y eso lo entendieron después los discípulos cuando Cristo resucitó, cuando Cristo resucitó al tercer día ahí levantó el Templo del cual Él estaba hablando; pero el templo estaba tipificado en el templo de piedras; pero el templo de piedra fue destruido en el año 70, y no ha sido levantado.

Pero si ha de ser levantado el templo allí en Jerusalén, tiene que ser en el tercer día, tercer milenio de Cristo hacia acá, tan sencillo como eso. Bueno, las cosas, los tipos y figuras tienen que cumplirse correctamente.

Ahora, vean porqué Dios se enojó con Moisés: porque rompió el orden divino, el tipo y figura; y por eso fue que no pudo entrar a la tierra prometida, la cual Dios dio le dio por heredad al pueblo hebreo; después Moisés quería entrar a la tierra prometida, pero Dios le dijo: “Basta, no me hables más del asunto.” Tenemos que tener mucha cuenta en la forma en que nosotros hacemos las cosas, porque tienen que ser hechas de acuerdo a la voluntad de Dios. Si enojamos a Dios después vendrían los problemas; pero Dios le permitió a Moisés subir al monte y ver la Tierra que Dios le había prometido que le daría al pueblo hebreo.

Ahora, continuamos leyendo en el capítulo 22 [Apocalipsis], dice:

Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

La estrella resplandeciente de la mañana físicamente es llamada Venus, el planeta Venus. Pero ese planeta tipifica a Cristo, no es que Cristo es una estrella literal sino que está tipificado en la estrella de la mañana Venus, y también está tipificado en el sol naciente; porque Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la Vida.” Y a Abraham Dios le dijo que su simiente sería como las estrellas del cielo; y por consiguiente cada descendiente de Abraham está tipificado en una estrella en el firmamento, entre las cuales hay luceros, estrellas, galaxias que se ven, planetas que se ven, y soles que se ven en el firmamento; por eso es que dice por ahí, por el capítulo 24 de Números o capítulo 20 de Números… vamos a ver capítulo 24 de Números, vamos a ver qué nos dice en ese pasaje [verso 17]:

Lo veré, mas no ahora;

Lo miraré, mas no de cerca;

Saldrá ESTRELLA de Jacob,

Y se levantará cetro de Israel,

Y herirá las sienes de Moab,

Y destruirá a todos los hijos de Set.

Esa estrella de Belén, esa estrella que saldrá es nada menos que el Mesías Príncipe naciendo, surgiendo en la tierra de Israel, naciendo en Belén de Judea como sucedió allá con el nacimiento de Jesucristo en el territorio de Israel, allá en Belén de Judea. Por eso cuando el rey Herodes escuchó que los magos vinieron a Jerusalén buscando el Mesías, en el capítulo 2 de San Mateo, donde nos dice capítulo 2, verso 1 en adelante, dice:

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,

diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

Una estrella representa en el cielo al Mesías y ellos vieron esa señal en el cielo, la señal del Mesías, la señal de la Venida del Mesías. Ellos mirando de donde estaban mirando hacia la tierra de Israel, mirando de Este a Oeste; porque donde ellos vivían era por el territorio de Babilonia y Ur de los Caldeos, por allá por Persia, Irán e Irak, miraban hacia Jerusalén que estaba hacia el Oeste, de Este a Oeste estaban mirando y vieron la señal en el cielo, una estrella; la estrella que representaba al Mesías y dice muchos estudiosos de las estrellas que eso fue nada menos que una alineación planetaria en donde Júpiter y Saturno estaban en línea; y por eso se veía tan grande esa estrella.

Y ahora, encontramos que ellos vieron la señal, sin embargo los líderes religiosos no vieron nada. Tenemos la promesa que para el Día Postrero la señal del Hijo del Hombre va a ser vista, ¿dónde? En el cielo, algo paralelo a lo que pasó dos mil años atrás.

Ahora, sigue diciendo:

Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

Y pasaría lo mismo en nuestro tiempo que los astrólogos o los astrónomos dijeran: “Hemos visto en el cielo la misma estrella, la misma señal que fue vista en el nacimiento de Jesús allá en la tierra de Israel, la hemos visto.” Y entonces pregunten a los líderes religiosos: “¿Dónde está El Rey de los judíos? ¿Dónde está la Venida del Señor, porque Su estrella hemos visto en el cielo.” Eso sería un problema grande para los líderes religiosos como fue en el tiempo del nacimiento de Jesús en donde el rey Herodes hizo esa pregunta, se turbó.

¿Y qué si se turban todos los líderes políticos? Si escuchan en algún tiempo que los científicos, los estudiosos de los sistemas solares, de las estrellas, de las galaxias, comienzan a hablar en el Día Postrero que han visto la misma señal y preguntan a los políticos, a los líderes religiosos: “¿Dónde está el cumplimiento de esa promesa? Porque ya la señal está en el cielo.” Y el mismo Jesús dijo que la señal del Hijo del Hombre sería vista en el cielo.

Ahora el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él, o sea, pasaría lo mismo en este tiempo.

Y convocados todos los principales sacerdotes (o sea, los líderes religiosos), y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

¿Qué si los líderes políticos llegan a preguntar a los líderes religiosos, dónde, en qué sitio, en qué país, en qué territorio tiene que cumplirse la segunda Venida de Cristo? Buena pregunta, y difícil pregunta para ser contestada por los líderes religiosos del mundo entero, del Cristianismo. Y si le peguntan a los líderes religiosos del Judaísmo también sería una pregunta bastante difícil; pero ¿qué podrían decir? Pues “en Belén de Judea;” porque así está la promesa, pero eso fue la promesa para la primera Venida de Cristo y ya se cumplió.

Ellos (o sea, los líderes religiosos) le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel.

Ya tienen localizado el sitio, la ciudad (Belén de Judea), entonces Herodes llamando en secreto a los magos indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y ahora quiere saber desde cuando comenzó a aparecer esa estrella, ¿para qué? Calculando ya el tiempo en que el Mesías había nacido en la tierra. Un movimiento político muy malo el que estaba haciendo Herodes; porque no era con el propósito de recibir al Mesías en Su primera Venida. Dice:

…y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

Pero no era con el propósito de ir a adorar al niño, porque Herodes era rey y esos reyes cuando ya estaban como reyes en sus tronos no querían que apareciera otro rey; y si era niño pues lo mataban antes que creciera.

Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.

Vean, las intenciones de Herodes el Ángel las sabía; y ahora por eso el niño fue llevado por José y también la virgen María a Egipto; y cuando murió Herodes el cual mandó a matar a todos los niños de dos años hacia abajo y luego más adelante murió Herodes; y entonces el Ángel le apareció nuevamente a José en sueños, y le dijo: “Regresa a tu tierra; porque los que buscaban la muerte del niño, murieron.” Murió comido de gusanos Herodes.

Y ahora, encontramos que cuando el Ángel le dice: “Ahora regresa a tu tierra,” se cumple lo que sucedió con el pueblo hebreo que en Egipto Dios llamó al pueblo hebreo para llevarlo a la Tierra prometida; porque es Israel Su hijo como nación, Su primogénito; Su pueblo primogénito es el pueblo hebreo.

Y ahora, todo primogénito pasa por el cumplimiento de la misma profecía. Cristo como el Hijo primogénito de Dios y unigénito también fue llamado de Egipto y colocado en la tierra de Israel, en la Tierra prometida donde había nacido; y ahora todo primogénito de Dios pasa por esa misma etapa: los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero que son los creyentes en Cristo han sido llamados del Egipto espiritual que es el mundo, el reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Dios, ¿ve? En la Tierra prometida, en el Reino de Jesucristo, el Hijo de Dios.

Así ha sucedido con los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Las persecuciones que han venido tanto en contra del Cristianismo como en contra del Judaísmo, viene a ser o están representadas en aquella matanza que hizo Herodes en Belén de Judea, buscando al hijo primogénito de Dios, y el diablo también que estaba en Herodes; ahora, a través de la historia buscando a los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero a producido grandes persecuciones contra los hijos e hijas de Dios del Cristianismo. Tan sencillo como eso.

Y para este tiempo final traerá otra persecución grande contra los hijos e hijas de Dios, contra los primogénitos de Dios; pero la victoria siempre será de Dios en favor, ¿de quién? De Sus hijos primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero los cuales han estado siendo colocados en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero llamados las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna.

“Porque el Hijo del Hombre vino ¿a qué? A buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A buscarlo a usted y a salvarlo a usted también; porque somos las ovejas del Padre dada a Cristo para que las busque y nos dé Vida eterna; por eso escucharíamos la Voz de Cristo el buen pastor y dice: “Y oirán mi Voz y habrá un rebaño y un pastor,” capítulo 10 de San Juan, versos 1 al 30. El pastor es Cristo, el Redil es la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿y las ovejas quiénes son? Todos nosotros.

Por lo tanto, el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida; y por esa causa ustedes están aquí presentes escuchando la predicación del Evangelio de Cristo en esta ocasión. Yo escuché la Voz de Cristo ya hace unos 50 años y algo, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, y Él me colocó en Su Redil, Su Iglesia, y Él es el buen pastor, mi buen pastor. Él es el príncipe de los pastores y Su Sangre es la Sangre del Pacto eterno con la cual me ha cubierto y me ha limpiado de todo pecado, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted; y en las naciones también pueden pasar al frente donde ustedes se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.

Cristo tiene mucho pueblo aquí en Veracruz, y en todo el Estado de Veracruz; y en toda la República Mexicana y los está llamando en este tiempo final; y en toda la América Latina, en todo el Caribe, y también en Norteamérica, en África, en China, en Japón, en Canadá; y en todas las naciones Él tiene mucho pueblo, y los está llamando en este tiempo final.

Por lo tanto, la Casa se está llenando (la Casa de Dios), que es Su Iglesia, se está llenando de mexicanos que están escuchando la Voz de Cristo en este tiempo final.

El mismo Cristo dice que cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo; por lo tanto hay gozo en el Cielo, entre los Ángeles hay gozo en el Cielo, entre los santos que están en el Paraíso, y hay gozo en el Cielo en Dios el Padre y en Cristo. Si cuando un pecador se arrepiente hay gozo, cuánto más cuando muchos se arrepienten y lo reciben como único y suficiente Salvador, creyendo en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario y recibiéndolo para que Cristo les dé Vida eterna.

Sin Cristo el ser humano está perdido, sin Cristo no hay esperanza de Vida eterna para ninguna persona. El programa de salvación y Vida eterna está en las manos de Cristo, Él tiene la exclusividad de la Vida eterna. Dice en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13: “Dios nos ha dado Vida eterna; y esta Vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la Vida (o sea, la Vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios, (o sea, a Jesucristo porque no le ha recibido como Salvador), no tiene la Vida.” No tiene la Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y ni siquiera sabe cuándo se le va a terminar.

Por lo tanto, la buena noticia es que los que han recibido a Cristo como Salvador, dice el apóstol tienen Vida eterna, esa es la buena noticia para los creyentes en Cristo, es Vida eterna lo que Él nos ha dado cuando la hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador; y sigue dando Vida eterna a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, todos queremos la Vida eterna, todos queremos vivir eternamente y solamente hay una forma para obtener la Vida eterna y es a través de Jesucristo nuestro Salvador. Él dice en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Vean, es Vida eterna lo que recibe las personas que creen en Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador, tienen la promesa de vivir eternamente, han recibido Vida eterna y aunque mueran físicamente Cristo dice: “Y Yo le resucitaré en el Día Postrero.” Es la resurrección de todos los creyentes en Cristo que han muerto a través de estos dos mil años que han transcurrido; y aun los que mueran en estos días, antes de la resurrección Cristo los resucitará en cuerpo eternos y glorificados, y jóvenes para toda la eternidad; y a los que quedemos vivos aquí en la Tierra creyentes en Cristo, pues nos transformará; y entonces seremos inmortales.

Recuerden que es una nueva raza que Cristo está creando con Vida eterna. Cuando tengamos el nuevo cuerpo eterno y glorificado, entonces comprenderemos mejor ese Programa de Redención y Vida eterna en la creación de una nueva raza, descendientes de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador que es el segundo Adán.

Así como hemos venido a la Tierra como descendientes de la raza antigua que pecó en el Huerto del Edén, descendientes de Adán y Eva, pero sin Vida eterna sino con una vida temporera, pero que aunque es una vida temporera nos da la oportunidad de hacer contacto con el segundo Adán, Jesucristo, para que nos dé la Vida eterna y así venir a ser descendiente de Dios por medio de Cristo en el Programa de la Redención para vivir eternamente con Cristo en Su Reino.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.” Ustedes no están aquí porque quisieron estar sino porque Dios los guió a ustedes para estar aquí, y también les abrió el entendimiento y el corazón para entender, para creer y recibirlo como único y suficiente Salvador, es una Obra de Dios por medio del Espíritu Santo lo que ha estado sucediendo en cada uno de ustedes que están presentes y también de ustedes que están en otras naciones y están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; y también en ustedes que ya han recibido a Cristo como Salvador, ha sido una Obra divina por medio del Espíritu Santo en la vida de cada uno de ustedes y en mí también.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir puede venir. Recuerde que usted es una oveja del Señor, por lo cual usted está presente escuchando la predicación del Evangelio de Cristo nuestro Salvador; y ustedes que están también en otras naciones.

Ahora, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma; creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame, Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo, más el que no creyere será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

“¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Recuerden que Cristo, Jesucristo es el único que está prometido en la Biblia que bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, el mismo Juan el Bautista dijo señalando a Cristo: “Este es el que bautiza con Espíritu Santo y Fuego,” señalando a Jesucristo.

Y ahora, el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, el bautismo en agua es tipológico, es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Por eso, cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada la persona. Y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí, José Nolasco (hijo), para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, ustedes que están presentes y dejo en cada país, en cada lugar o en cada ciudad al ministro correspondiente que están a través del satélite Amazonas o de internet para que haga en la misma forma, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Pasen todos muy buenas noches.

UN ABISMO LLAMANDO A OTRO ABISMO.

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