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Jesucristo libertando lo que el enemigo ató
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Jesucristo libertando lo que el enemigo ató

Muy buenas noches, amables amigos, ministros compañeros, y congregaciones presentes; y también en otras naciones a través del satélite Amazonas o de internet. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta noche, leemos un pasaje muy conocido en San Lucas, capítulo 13, verso 10 al 17, que nos habla de un momento muy importante en el ministerio de Cristo nuestro Salvador, capítulo 13, verso 10 en adelante, dice de San Lucas.

“Enseñaba Jesús en una sinagoga en el día de reposo;

y había allí una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar.

Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, eres libre de tu enfermedad.

Y puso las manos sobre ella; y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios.

Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo.

Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber?

Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?

Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“JESUCRISTO LIBERTANDO LO QUE EL ENEMIGO ATÓ.”

Así como esta mujer llevaba dieciocho años atada por el diablo con esa enfermedad, así la raza humana, desde que el ser humano cayó en el Huerto del Edén al pecar, quedó atada por el diablo en el reino de las tinieblas.

El diablo se apoderó del reino que Dios le había dado a Adán, y por esa causa luego los hijos de Adán y Eva no venían de acuerdo al Reino de Dios sino de acuerdo al reino de las tinieblas; de acuerdo al Reino de Dios es con Vida eterna, de acuerdo al reino de las tinieblas con vida temporera, y con un espíritu del mundo en la permisiva voluntad de Dios, y con un cuerpo del mundo, temporero, mortal, corruptible.

Pero el Reino de Dios conforme a la voluntad divina es con un Espíritu del Cielo, de Dios, un Espíritu teofánico, angelical y eso es lo que Cristo le da a los creyentes, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo y entonces obtienen la Vida eterna al creer en Cristo y recibirlo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego, y producir en ellos el nuevo nacimiento; y así los hijos e hijas de Dios, las almas de Dios, que son las ovejas del Padre que le fueron dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar ¿qué? Lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10, y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14.

Y vino a buscar esas almas de Dios llamadas las ovejas del Padre dadas a Cristo, de las cuales Cristo dice que esas ovejas nadie las arrebatará de Su mano, y dice:

“Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10 versos 27 al 30).

Y ahora, esas ovejas, esas personas eran las que Adán y Eva tenían que traer a existencia, a vida en la perfecta voluntad de Dios; pero por cuanto pecaron, entonces han estado trayendo personas, una raza sin Vida eterna a la Tierra mezclada con la simiente maligna de Caín, que es la simiente de la serpiente. Tan sencillo como eso; y por eso tantos problemas en el planeta Tierra han estado ocurriendo a través del tiempo, edades, generaciones, y dispensaciones que han transcurrido.

Dice la Escritura que la paga del pecado es muerte, por eso la paga del pecado allá de Adán y Eva fue muerte, Dios le había dicho a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que lo hiciera moriría, Adán se lo enseñó luego a Eva, y luego Satanás a través de la serpiente antigua que es el diablo y Satanás, que fue el príncipe de aquella generación de la raza o simiente de la serpiente a través de la cual el diablo le habló a Eva; no es raro que un animal hable, hablan los pericos, hablan las cotorras, y habló hasta la mula de Balaam, y la raza de la serpiente en aquel tiempo hablaba, era el eslabón perdido entre la raza animal y la raza humana o Adán; pero perdió esa bendición, ese privilegio, cuando hizo pecar a Eva, y por consiguiente a Adán más adelante.

Y ahora, encontramos que vino una raza mortal, corruptible y temporera, descendiendo Adán y Eva los cuales perdieron la Vida eterna física al pecar. Ya estaban advertidos que morirían; pero la Escritura dice que Adán vivió unos 930 años, algunas personas se preguntan: “¿Pero, qué pasó? Dios dijo que iban a morir y no se murieron.” Ellos tenían Vida eterna y murieron a la Vida eterna y solamente les quedó vida temporera que se les acabó, a Adán a los 930 años.

Y esa es la herencia de vida que le dejó Adán y Eva a su descendencia: vida temporera, la cual también nosotros hemos heredado, y gracias a Dios por ella, por esa vida que nos da derecho a pasar a la Vida eterna a través del Segundo Adán que es Cristo.

Por lo tanto, es un puente para nosotros para pasar de vida temporera a Vida eterna. El primer Adán nos dio por heredad, nos dejó como herencia, vida temporera, algo nos dejó, pues la eterna no nos la pudo dejar porque la perdió, y entonces el Reino que Dios le había dado a Adán pasó a manos del enemigo de Dios, el diablo; y por eso es que Cristo le llama al diablo “el príncipe de este mundo,” porque pasó el Reino a las manos del diablo, el cual ha estado gobernando, dominando la raza humana, y la ha tenido sometida a esclavitud, la ha tenido sometida a guerras, a enfermedades, a todo tipo de problemas.

Pero algún día en la forma física, esfera física, Cristo el Mesías tomará el Reino, porque el Reino le será dado al pueblo de los santos y Cristo es el Príncipe, el Rey de ese Reino. Bien lo dijo el Arcángel Gabriel a la virgen María, en el capítulo 1, versos 30 al 36, de San Lucas, cuando le habla que ella va a tener un hijo y va a ser llamado Hijo de Dios, Hijo del Altísimo, y Dios le va a dar el trono de David Su Padre, y va a reinar sobre la Casa de Jacob para siempre, y Su Reino no tendrá fin. Eso será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, del cual le preguntan los discípulos a Cristo en el libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 9, antes de Cristo subir al Cielo, le preguntan: “Señor…” Recuerden que Él les hablaba mucho del Reino de Dios y ellos pensaban que el Reino iba a ser restaurado en ese tiempo.

Y le preguntan a Cristo: “ Señor, ¿restaurarás Tú el reino a Israel en este tiempo?” Él le dice: “No os toca a vosotros saber, conocer los tiempos y las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. Queden ustedes en Jerusalén hasta que sean investidos de poder de lo alto; porque dentro de no muchos días van a ser llenos del Espíritu Santo, van a recibir poder de lo alto. Y me van a ser testigos en Jerusalén, en Judea, y en toda la Tierra, en todo el territorio de Israel; y por consiguiente en el mundo entero.”

Y por eso, en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16, dice: “Id por todo el mundo (y eso ya resucitado) y predicad el evangelio a toda criatura.”

Toda persona debe escuchar la predicación del Evangelio, escuchar la predicación en donde nos muestra la liberación para cada ser humano, para ser desatados del reino de las tinieblas, del poder del maligno y ser colocados en el Reino de Cristo, pues Cristo nos dice: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Y Cristo es la verdad. “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por Mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6. Y en el capítulo 8, de San Juan, Cristo nos habla, verso 36: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.”

Solamente por medio de Cristo, el Libertador, es que la persona puede ser libre del reino de las tinieblas; por eso cuando pregunta a Sus discípulos en el capítulo 16, de San Mateo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Unos comienzan a decir: “Unos dicen que Tú eres Elías, otros dicen que Tú eres Juan el Bautista; otros dicen que Tú eres alguno de los profetas.” O sea, que lo conceptuaban un profeta, pero no sabían cuál de los profetas era, pensaban que había resucitado alguno de los profetas y que estaba entre ellos. Aún cuando resucitó el hijo único de la viuda de Naín, muchos decían con temor, se llenaron de temor y dijeron: “Dios ha visitado a Su pueblo, porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.” Es que la forma en que Dios visita a Su pueblo es a través de un velo de carne, a través de un profeta. “Porque no hará nada el Señor, sin que revele Sus secretos, (¿a quiénes?) A Sus siervos los profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7. Y por eso es que también Cristo dijo que enviaría sabios, enviaría profetas; y dice también el apóstol Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 11, que: “Dios ha puesto en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.”

Y ahora, luego de Sus discípulos decir lo que opinaban las personas, le pregunta a ellos directamente: “¿Y ustedes, vosotros ¿quién decís que soy Yo?” Y Pedro, que tenía una revelación del Cielo, conforme a como Cristo dice: que no se lo reveló carne ni sangre, “sino mi Padre que está en los cielos.” Dice: “Tú…”

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; (o sea, sobre la revelación) y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.”

O sea, que la revelación de quién era Jesús, el Cristo, el Mesías, era para los creyentes en Él.

Ese misterio de la primera Venida de Cristo, vean, ahí Él está pidiendo a Sus discípulos que no estén dando a conocer que Él es el Mesías, que Él es el Cristo, Jesús el Cristo.

Y ahora, en la Iglesia del Señor Jesucristo que sería fundada por Cristo, estarían las llaves del Hades; porque Cristo dijo: “Yo tengo las llaves del Hades, del infierno y de la muerte.”

Y ahora, sobre esta roca va a ser edificada la Iglesia de Cristo, sobre la revelación de Cristo, sobre la revelación de quién es Cristo, sobre la revelación divina, y por consiguiente:

“…lo que atares en la tierra…”

Ese poder atar y desatar va a estar en la Iglesia, estuvo en Cristo, estuvo en Pedro, estuvo en los diferentes apóstoles, estuvo en cada mensajero; ha estado en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, desatando del poder del maligno y de las tinieblas a todas las ovejas del Señor y colocándolas libres en el Reino de Cristo.

En Isaías, capítulo 61, de donde Cristo toma las palabras en San Lucas, capítulo 4, versos 16 en adelante, nos habla de esa liberación, dice, San Lucas, capítulo 4, verso 16 en adelante:

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. (o sea, Él acostumbraba los sábados a estar en la sinagoga).

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.”

Y ahora, viene para libertar a los oprimidos, para libertar a los que están presos, atados por el diablo.

“A predicar el año agradable del Señor.”

Con la predicación del Evangelio de Cristo se está predicando el año agradable del Señor, durante la Dispensación de la Gracia; eso es lo que se proclama en la predicación del Evangelio de Cristo en donde todo ser humano que viene arrepentido a los Pies de Cristo, creyendo en Cristo, porque nació la fe de Cristo en su alma al escuchar la predicación del Evangelio, viene dando testimonio de su fe en Cristo, y de la fe de Cristo en su alma, y viene recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador; Cristo le recibe, le perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado, es bautizado en agua en Su Nombre, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento, y así ha nacido del agua y del Espíritu en el Reino de Cristo, conforme a las palabras de Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, donde Él dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.”

Y entonces el que nace del agua, el Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, pues ha entrado al Reino de Dios, esa es la forma de entrar al Reino de Dios conforme a las palabras de Cristo, confirmadas también por los diferentes apóstoles de Cristo como San Pedro y San Pablo, que son los principales apóstoles del Señor.

Y ahora, han transcurrido dos mil años de Cristo hacia acá, y todavía la puerta de la Dispensación de la Gracia está abierta, todavía la oportunidad de obtener la Salvación y Vida eterna está abierta para todos los seres humanos hasta que haya entrado al Cuerpo Místico de Cristo hasta el último escogido, hasta la última oveja del Señor, hasta la última persona escrita en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Entre los hebreos comenzó la Iglesia del Señor Jesucristo, luego pasó a la primera edad de la Iglesia entre los gentiles a Asia Menor; y allí estaba el Espíritu de Dios en San Pablo con la revelación divina para el pueblo que entraría a esa primera edad entre los gentiles. Luego pasó el Espíritu Santo a Europa, donde estuvo cinco etapas o edades, en cinco mensajeros que fueron enviados por Dios a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Pablo en Asía menor, Ireneo en Francia, Martín en Francia y Hungría, Colombo en Irlanda y Escocia, Lutero en Alemania, Wesley en Inglaterra; y el reverendo William Branham en Norteamérica; y eso cubre las siete etapas o edades de la Iglesia entre los gentiles.

En Norteamérica, en la séptima edad de la Iglesia, estuvo el Espíritu Santo manifestándose por medio del reverendo William Branham, por lo tanto el reverendo William Branham es el hombre más grande que ha pisado Norteamérica, no hay otro mayor.

Así como Juan el Bautista, dice Cristo, que fue el mayor, dice: “De los nacidos de mujer no hubo ninguno mayor que Juan,” pero dice: “pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que Juan.” ¿Por qué? Porque Juan pertenece a la dispensación de la Ley, la dispensación de los siervos de Dios del pueblo hebreo, y el más pequeño del Reino de los Cielos que forma parte de la Iglesia del Señor Jesucristo pertenece al pueblo de los hijos e hijas de Dios.

¿Y qué es más grande para el Padre celestial? ¿un hijo o un siervo? Un hijo, por lo tanto los hijos e hijas de Dios son los herederos y coherederos con Cristo de la herencia eterna.

Y ahora, nos preguntamos ¿hay algo más para la Iglesia del Señor Jesucristo después de la séptima edad de la Iglesia?, aun el reverendo William Branham dice que hubo la etapa del cuello, después viene también una etapa de la boca o lengua, también habla de una etapa de los ojos, videntes; y también habla de una etapa de la mente, que es lo último en el Programa Divino, de la mente de Cristo en Su Iglesia.

Y ahora, si leemos aquí un pasaje en el libro de “Citas,” página 37, dice al final del verso 311, dice:

“Mire la Iglesia Luterana bajo la: Justificación, viniendo fresco del catolicismo. Mírela, moviéndose, luego mire a Wesley llegando un poco más cerca a la Santificación, tejiendo dentro las escrituras. Mire en medio de Wesley, luego la cosa siguiente que vino era la edad pentecostal. (esa es la séptima edad) Y la edad Pentecostal con la restauración de los dones, los dones espirituales.

Ahora mire la Edad que viene ahora, hacia arriba a la Piedra Angular.”

Eso lo dijo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, precursa la Segunda Venida de Cristo, la Edad en donde se cumplirá la Segunda Venida de Cristo.

Como fue en el tiempo de Juan el Bautista: él fue el precursor de la primera Venida de Cristo, fue el mensajero de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la ley, y luego apareció Jesús y Él no era de la séptima edad de la Iglesia hebrea, Juan era el mensajero para esa edad, pero Cristo el mensajero de la Edad de la Piedra Angular; por eso el mismo mensajero viene a ser también la Piedra del Ángulo, la Piedra que los edificadores desecharon.

Y en Su Segunda Venida será la misma Piedra, la Piedra que los edificadores desecharán, la Piedra que está anunciada por el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y tiene que venir la Piedra Angular, la Piedra no cortada de manos que herirá a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido, en Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, pues tiene que venir en una Edad de Piedra Angular, no puede venir en una edad de Laodicea, no puede venir en una séptima edad o sexta edad de Wesley, o quinta edad de Lutero. Siempre va subiendo y siempre la Iglesia va siendo llamada por el Espíritu Santo a través del mensajero a subir de una edad a otra edad.

Recuerden que la Iglesia está representada en la escalera que vio Jacob en el capítulo 28, versos 11 al 28, del Génesis, del cual Cristo también habla, o de la cual Cristo también habla en San Juan, capítulo 1, verso 51. “Y veréis al Hijo del Hombre, y veréis a los ángeles de Dios descendiendo sobre el Hijo del Hombre,” dice Cristo. La Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo representados en esa escalera con ángeles subiendo y bajando, los creyentes en Cristo subiendo por esa escalera que es Cristo en Su Iglesia, ahí está la escalera; es como la escalera que puso en la historia o el drama de Romeo y Julieta donde por una escalera se llevó a la novia.

¿Ven? Muchas personas no entendieron que por medio de esa escalera va subiendo la Iglesia de edad en edad, hasta que sube a la parte más alta de donde va a ser raptada, transformada y raptada.

¿De dónde fueron raptados Cristo y los santos del antiguo Testamento que resucitaron con Cristo? No fueron de la séptima edad de la iglesia hebrea bajo la ley, bajo el ministerio de Juan el Bautista, sino bajo el tiempo de Jesús resucitado con los santos del antiguo Testamento; y de esa etapa o edad fueron llevados al Cielo con Cristo, y en donde se cumplió el Salmo 24, donde suben y dicen: “Abrid, oh puertas eternas, vuestras cabezas. Y entrará el Rey de gloria.” ¿Quién es este Rey de la gloria? Jehová, el valiente, Él es el Rey de la gloria;” y así por el estilo.

Y si se dice en la forma correcta Yeshua o Jesucristo, porque ese es el Nombre, aunque lo interpretaron o tradujeron Jehová; pero eso es Y H W H, conforme al Éxodo, capítulo 3, versos 13 al 16, el Nombre que le fue revelado a Moisés.

Y ahora, así como el rapto, resurrección y rapto fue en la Edad de la Piedra Angular, de Cristo, de la Venida del Mesías, del que Juan precursó, y del que Juan dijo cuando le preguntan a Juan, le dicen: “Mira, aquel del cual tú diste testimonio, ahora le siguen más personas a Él, vienen a Él más personas que a ti, y bautiza más personas que tú.” Juan le dice: “El hombre no puede hacer nada de sí mismo si no le fuere dado de Dios,” o sea, “eso que está haciendo le está siendo dado de Dios, es Dios a través de Él. A Él le conviene crecer y a mí menguar.” Y eso es lo mismo que dice el reverendo William Branham en el libro de “Las Edades,” y de “Los Sellos,” también. Y usted lo busca, y usted encontrará que él habló acerca de eso, por ahí en la página 464 y 466.

Ahora, cuando Juan el Bautista presenta a Cristo, en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, y dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Lo presenta como el Sacrificio por el pecado; porque para que quite el pecado, el Sacrificio tiene que ser efectuado. Presenta a Cristo para morir en Expiación por el pecado; y luego más adelante, otro día, al otro día ve nuevamente a Jesús que está entre los que estaban escuchando su mensaje y nuevamente dice: “He aquí el Cordero de Dios.” Y dos de los discípulos de Juan lo escuchan, y siguen a Jesús.

Cualquier persona podía pensar: “Están haciendo mal siguiendo a Jesús, ni siquiera lo conocemos.” Pero Juan dijo que ese era el Cordero de Dios, y él vino para prepararle el camino, precursando la Venida de esa persona que estaba entre ellos, y lo identificó y dijo que vio el Espíritu Santo descender sobre Él en forma de paloma; y el que lo mandó a bautizar le dijo: “Sobre el cual tú veas al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Él, ese es Él, ese es Aquel que bautiza con Espíritu Santo y Fuego.” Y Juan dijo: “Ese es el que viene después de mí, el que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.”

Los seguidores de Juan no serían bautizados con Espíritu Santo y Fuego. Juan dijo: “Yo los bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que los bautizará con espíritu Santo y Fuego es el que viene después de mí.” Y por consiguiente producirá esa transformación interior, el nuevo nacimiento; esa primera parte de la redención, esa primera parte de la entrada al Reino de Dios que es en la esfera espiritual, y la segunda parte la efectuará el mismo Señor en Su Venida en el Día Postrero, la transformación física, lo cual será para los que estén y reciban al Señor en Su Venida; porque ese es el que los transformará conforme a la Escritura. Ése es del cual dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Así como no fue Juan el Bautista el que bautizó con Espíritu Santo y Fuego, solamente bautizó en agua para arrepentimiento; pero el que bautizó con Espíritu Santo y Fuego a los que fueron bautizados en Su Nombre, en el Nombre del Señor Jesucristo, pues es Jesucristo.

El Día de pentecostés comenzó bautizando y ha continuado bautizando a todos los que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, han creído, ha nacido la fe de Cristo en su alma y han dado testimonio público de su fe en Cristo, y han sido bautizados en agua en Su Nombre; y así han estado entrando al Reino de Dios millones de seres humanos, siendo desatados de la atadura que el diablo le colocó a la raza humana cuando cayó la raza humana en el Huerto del Edén.

Y ahora, veamos lo que nos dice San Pablo, en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, dice:

“con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,”

Ahora, vean Cristo nos ha desatado del reino de las tinieblas, nos ha librado, ha libertado; y nos ha colocado ¿dónde? En el Reino de Dios, que es el Reino de Jesucristo, el Reino del Hijo de Dios y trasladado al Reino de Su Hijo amado; eso es lo que Dios ha hecho por medio de Cristo.

El Reino de Jesucristo, es el Reino en el cual han estado naciendo millones de seres humanos que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, y siguen entrando al Reino de Dios en esa misma forma que ha estado llevándose a cabo desde el Día de pentecostés hacia acá; y todavía hay lugar; porque la parábola de la gran Cena que el Padre de Familia le preparó a su hijo, mandó a sus siervos para que llamarán a los convidados; y los convidados no quisieron entrar, (o sea, el pueblo hebreo). Y entonces mandó por todos los lugares a buscar, buscar mancos, cojos; a todo tipo de persona y colocarlos en la Casa de Dios que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y fue el siervo, que es el Espíritu Santo por medio de los mensajeros, y los predicadores, y luego regresó el siervo y dijo: “Se ha hecho como dijiste, y todavía hay lugar en la Casa.”

Ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo durante las edades ha estado en la etapa del Lugar Santo; porque la Iglesia es un Templo espiritual que tiene tres partes, como el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón; y el Templo de Dios celestial; y como tiene el ser humano que es un Templo para Dios, tiene tres partes: Atrio que es el cuerpo, espíritu que es el Lugar Santo, y alma que es el Lugar Santísimo. Y el Templo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo, tiene Atrio que es de Adán hasta Cristo, pues pertenecen al pueblo de Dios; y luego tiene el Lugar Santo que es desde el Día de pentecostés hacia acá.

Por eso en la muerte de Cristo corresponde al Atrio, era en el Atrio que se efectuaba el sacrificio; y luego del Día de pentecostés hacia acá se entró al Lugar Santo, en donde está el candelabro con sus siete lámparas encendidas que corresponde a las siete edades de la Iglesia, con los siete ángeles mensajeros encendidos con el Fuego del Espíritu Santo alumbrando a todos los que entran ahí.

Pero luego de las siete edades del Lugar Santo está el Lugar Santísimo que corresponde a la Edad de la Piedra Angular; y esa es la Edad que tiene las grandes bendiciones para la Venida del Señor.

Cuando Dios vino en la dedicación del templo o tabernáculo que construyó Moisés, luego ¿dónde se colocó? En el Lugar Santísimo sobre el Arca del Pacto, sobre el Propiciatorio en medio de los dos querubines de oro. Y cuando Salomón dedicó el templo también sobre el Propiciatorio, porque ese es el Trono de Dios en el templo terrenal. Y en la Iglesia del Señor Jesucristo, pues es en la Edad de la Piedra Angular; por eso la manifestación plena de Dios y la Venida del Señor es para la Edad de la Piedra Angular, pues no fue en las edades pasadas, y si no fue en las edades pasadas, pues hay que mirar hacia arriba donde dice el reverendo William Branham: que miremos hacia arriba. Y esa es la Edad de Adopción física, la Edad para ser adoptados físicamente; y la adopción física será la adopción del cuerpo, o sea, la redención del cuerpo; la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que estemos vivos.

Y el que viene después del precursor de la Segunda Venida de Cristo será el que hará esa labor; por eso estamos esperando ¿qué? A Cristo desde el Cielo, que termine Su Obra de Intercesión, venga a Su Iglesia con el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos abierto, conforme a Apocalipsis, capítulo 10, y lleve a cabo la redención del cuerpo que es para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes y glorificados como el de Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Y ahora, veamos lo que dice el reverendo William Branham, dice en el libro de “Los Sellos” la página ¿cuál había dicho? Aquí la tenemos, para tener el cuadro claro de lo que estará sucediendo, párrafo 173, de la página 474, dice un poquito más abajo, dice:

“Yo únicamente les estoy diciendo lo que vi y las cosas que me han sido dichas. Usted haga lo que guste. Yo no sé quién será, ni qué va a suceder. ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?

Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando. Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre. No habrá dos aquí al mismo tiempo.”

O sea, no estará el precursor y el precursado, pero si llegan a estar, vamos a ver.

“Y aun si así fuera,(y aun si estuviera como fue en el tiempo de Juan el Bautista.) Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré.

Eso fue lo que dijo el precursor; por lo tanto, así como sucedió en el tiempo de Juan y Jesús está señalado que sucederá en el tiempo final, pues si hay un precursor, pues tiene que haber un precursado; y si hubo allá un precursor que bautizaba en agua para arrepentimiento y preparaba al pueblo para la Venida del Señor, y luego el que vendría, que sería mayor que el precursor, el cuan Juan dijo que era mayor y que no era digno de desatar la correa de su calzado, dijo: “Ese es el que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego, Ese es el que recogerá el trigo en el alfolí.”

Por lo tanto, Ese es el que está prometido que vendrá a Su Iglesia en el Día Postrero para nuestra transformación, para lo cual nos dará la fe para ser transformados, nos revelará Su Venida, se revelará a Su Iglesia, cumplirá la promesa de la Tercera Etapa, cumplirá la promesa de la Visión de la Carpa; estará en la Visión de la Carpa cumpliendo lo que Él dijo que haría, pues lo que dijo que haría lo dijo por el reverendo William Branham; lo que fue dicho que sucederá en la Visión de la Carpa, Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, lo hará.

Pero, recuerden que Él siempre ha tenido seres humanos a través de los cuales ha obrado; porque el socio de Dios es el ser humano; y la Iglesia del Señor Jesucristo es la ayuda idónea de Cristo, para trabajar con Cristo en el Programa de Dios, en el Programa que Cristo estaría llevando a cabo.

Por eso, toda la obra de Cristo a través de las diferentes etapas ha sido ¿dónde? En la Iglesia del Señor Jesucristo; así será en nuestro tiempo.

La Iglesia del Señor Jesucristo sabe lo que tiene que ser hecho conforme a lo que ha sido prometido; y por lo tanto tiene que trabajar en el Proyecto divino correspondiente al tiempo final.

Será en medio de Ella, de la Iglesia del Señor Jesucristo, que será visto el cumplimiento de la Visión de la Carpa, para lo cual pues se estará trabajando en ese Proyecto divino para que se haga realidad; porque la Visión de la Carpa no se hará realidad a menos que la Iglesia del señor Jesucristo trabaje en ese Proyecto de todo corazón, con amor divino, con amor a Cristo, porque es un Proyecto que está prometido para ser llevado a cabo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Cuando Moisés recibió la orden de la construcción del templo o tabernáculo, no iba a decirle a los egipcios que vinieran a construir el templo o tabernáculo, fue al pueblo que le dijo, porque Dios así se lo enseñó: que pidiera ofrendas voluntarias para la construcción del tabernáculo; era Moisés con el pueblo el que tenía que construir ese tabernáculo donde vendría el Señor y moraría en medio del pueblo hebreo; tipo y figura de la Venida de Cristo a Su Templo físico o espiritual; tipo y figura de la Venida de Cristo a Su Iglesia en el Día Postrero para morar en toda Su plenitud en medio de Su Iglesia, como lo hizo en medio del pueblo hebreo y como mora en toda Su plenitud en Su Templo humano llamado Jesús.

Así fue también en el tabernáculo o templo que construyó el rey Salomón, fue el pueblo de Dios o la dispensación de la Ley que tenía trabajar, ofrendar; y construir ese templo, encabezado ese pueblo con el rey Salomón, y así sucedió.

Para el Día Postrero la Iglesia del Señor Jesucristo estará trabajando en ese Proyecto divino; es un Proyecto establecido por Dios para el Día Postrero; y es un Proyecto en el cual cuando esté en pleno complimiento la Tercera Etapa estará manifestada; por lo tanto toda la Iglesia del Señor Jesucristo depende del cumplimiento de esa Visión; y no solamente la Iglesia del señor Jesucristo, porque la Tercera Etapa no es solamente para la Iglesia Novia, dijo el reverendo William Branham que la Tercera Etapa es para la Novia, es para las vírgenes insensatas, y es para los perdidos completamente, para el mundo; y por supuesto también para el pueblo hebreo, porque cuando los judíos vean a Cristo viniendo por Su Iglesia, ellos dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.”

Así que, Ese es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, Cristo el Espíritu Santo en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante. Y viene con el Título de Propiedad, y lo va a entregar a un hombre, así como lo tipificó en Juan el apóstol recibiendo el Título de Propiedad, y recibiendo la orden de profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas.

Y en el Día Postrero, el que profetiza sobre pueblos, naciones y lenguas es el Espíritu Santo a través de la manifestación del ministerio de los dos Olivos. Tan sencillo como eso. Es también el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, con el Espíritu Santo, con la Estrella resplandeciente de la mañana, que es el Espíritu Santo, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, conforme al capítulo 7, de Apocalipsis, y capítulo 14, de Apocalipsis, donde los encontramos ya con el Cordero sobre el monte de Sión, con el Sello de Dios, con el Nombre de Dios en sus frentes y nombre del Cordero. Tendrán toda esa revelación divina, esos ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; y así la representación de las doce tribus de Israel en esos ciento cuarenta y cuatro mil estará siendo cumplida, serán los siervos que servirán a la Iglesia en el Reino milenial, no son la Novia; tendrán que pasar por la gran tribulación, pero resucitarán al final de la gran tribulación para estar en el Reino del Mesías.

Hay muchas cosas para ser cumplidas en el Programa Divino en este tiempo final, y todas van a ser cumplidas en la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de la Adopción que es la Edad de la Piedra Angular, por eso hay que mirar, no hacia abajo, no hacia la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, hay que mirar hacia arriba, a la Edad de la Adopción, la Edad de la Piedra Angular, la Edad donde Cristo va a desatar físicamente a todos Sus Hijos, a todos los creyentes en Él, a todos los miembros de Su Iglesia; los va a desatar físicamente resucitándolos en cuerpos glorificados y a los vivos transformándolos y entonces estaremos libres, desatados, estaremos en el Reino del Mesías, el Reino de Cristo; y estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero por tres años y medio disfrutando de esa gran Fiesta celestial, mientras la Tierra estará pasando por los juicios de la gran tribulación y luego volveremos a la Tierra con Cristo, pero en cuerpos glorificados y eternos para el establecimiento del Reino del Mesías.

Tenemos que saber la diferencia que hay entre la Venida del Señor a Su Iglesia antes de la gran tribulación y la Venida del Señor después de la gran tribulación, que viene del Cielo con Su Iglesia glorificada, transformada, para el establecimiento del Reino del Mesías, lo cual será la restauración del Reino de David y Trono de David, donde Cristo y Su Iglesia estarán como el Rey y la Reina, reinando sobre el pueblo hebreo y sobre toda la humanidad, donde yo estaré al lado del Señor también. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Para este tiempo final los que van a ser transformados van a ver y conocer el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia; y van a creer, y van a seguir el complimiento de esa profecía, y van a ver a Cristo en medio de Su Iglesia velado y revelado cumpliendo lo que Él ha prometido para Su Iglesia en el Día Postrero, y dándole la fe para ser transformados y raptados, o sea, dándoles la revelación del séptimo Sello, la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia, que es el misterio más grande del cual Cristo dijo que ni los ángeles en el Cielo conocían; pero será abierto a la Iglesia del Señor Jesucristo, sobre todo en el cumplimiento de la Visión de la Carpa; porque ahí Él estará también el cumplimiento de Su Venida a Su Iglesia, luego que complete Su Obra de Intercesión en el Cielo, salga del Trono de Intercesión cuando haya redimido hasta el último con Su Sangre y se convierta en el León de la Tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores; toma el Título de Propiedad de la diestra del que está sentado en el Trono y lo abre en el Cielo y hace Su Obra de Reclamo, reclama todo lo que Él ha redimido con Su Sangre Precios, me reclama a mí, ¿y a quién más? Y a cada uno de ustedes, nos reclama y nos coloca en Su Reino con cuerpo glorificado y eterno para vivir por toda la eternidad.

“JESUCRISTO LIBERTANDO LO QUE EL ENEMIGO ATÓ.”

Y ahora, hemos visto como liberta, desata en la esfera espiritual y los coloca en Su Reino. ¿Y cómo nos va a desatar físicamente? Dándonos la transformación, transformando nuestros cuerpos de cuerpos mortales a cuerpos inmortales, eternos, glorificados como el cuerpo glorificado que Él tiene, y a los muertos resucitándolos en cuerpos glorificados. Esa será la redención física de la cual habla la Escritura que es la redención del cuerpo, la adopción de los hijos e hijas de Dios con Vida eterna en cuerpos eternos y glorificados, redención por la cual clama toda la creación.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto sean sobre todos ustedes; y nos ayude para estar listos para nuestra transformación.

Recuerden que los que reciben el nuevo nacimiento son aquellos que creen y reciben a Cristo; porque ven que Jesucristo es el Cordero de Dios, es el Sacrificio de Expiación por los pecados, es el Mesías en Su primera Venida; esos son los que serían bautizados con Espíritu Santo y Fuego y obtendrían el nuevo nacimiento, y luego los que recibirán la transformación física serán aquellos que verán la Venida del Señor a Su Iglesia. Tan sencillo como eso. Y eso es para el Día Postrero o séptimo milenio de Adán hacia acá, milenio que ya comenzó conforme al calendario gregoriano.

Los que están esperando la Venida del Señor y lo vean en Su Venida, lo reciban serán aquellos que van a ser transformados; para lo cual el mensaje del precursor nos prepara, porque nos dice cómo será Su Venida, nos dice en que Etapa de la Iglesia será, y nos da un sinnúmero de detalles.

Por ejemplo: la Lluvia Temprana fue en el Este, la Lluvia Tardía en el Oeste. El mensaje del Evangelio de la Gracia comenzó en el Este y recorre hasta el Oeste; y el mensaje del Evangelio del Reino, la Lluvia Tardía es en el Oeste, y pasará al Este también, al Medio Oriente, a la tierra de Israel.

La primera Venida de Cristo fue para el Oriente, para el pueblo que estaba bajo el Pacto de la Ley que le fue dado en el monte Sinaí, y la Segunda Venida es para la Iglesia del Señor Jesucristo que estará en su Etapa final, en el Oeste; porque la Etapa final corresponde al Continente Americano, tanto la séptima como la Edad de la Piedra Angular corresponden al Continente Americano; una parte a la parte Norte del Continente Americano, y la otra a la América Latina y el Caribe. Tan sencillo como eso.

O sea, que no se les puede perder de vista la trayectoria del Espíritu Santo en medio de Su Iglesia a través del tiempo: de la tierra de Israel a Asia Menor, de Asia Menor a Europa, de Europa a Norteamérica; y de Norteamérica a la América Latina y el Caribe, y después de ahí regresará al pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted; porque la puerta de la misericordia todavía no se ha cerrado. En la parábola de las diez vírgenes, de San Mateo, capítulo 25, versos 10 al 13, se cierra en cierto momento.

“A medianoche se oyó un clamor: ¡he aquí viene el Esposo; salid a recibirle!” Ese es el mensaje del precursor de la Segunda Venida de Cristo, anunciando, precursando la Venida del Señor. Y luego, todas las vírgenes se levantaron, pidieron aceite a las prudentes, las insensatas, fueron a buscar aceite (porque las prudentes no le dieron) y mientras ellas iban a comprar aceite, vino el Esposo; y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas, entraron con Cristo a las Bodas y se cerró la puerta.

Se cierra la puerta en la Edad de la Piedra Angular, se cierra la puerta en el Día Postrero. En San Lucas, capítulo 13 también, versos 25 al 27, dice:

“Cuando el Padre de Familia se haya levantado y cerrado la puerta, entonces comenzareis a decir: Señor, Señor, ábrenos, Él os dirá: No sé de dónde sois.”

Pero todavía la puerta de la misericordia, de la Gracia en el Reino de Cristo, está abierta para todos aquellos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma; y dan testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, porque ustedes son ovejas del Señor y tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida; por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Es para recibir la Vida eterna que se predica el Evangelio y se da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como Salvador. Venimos a los Pies de Cristo para que Él nos dé la Vida eterna, pues no hay otra persona que nos pueda dar Vida eterna; no conozco a ninguna otra persona, solamente conozco a UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Todavía vienen más personas que como ustedes tienen sus nombres escritos en el Cielo, y por consiguiente son ovejas del Señor; y ha nacido la fe de Cristo en sus almas y vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, y con Su Sangre les limpie de todo pecado.

Vamos a estar puestos en pie los presentes, y los que están en otras naciones también; los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo; los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, diferentes iglesias, diferentes auditorios, diferentes lugares.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren entrar al Reino de Dios, pues todos queremos vivir eternamente, y todos tenemos la misma oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante para el ser humano es la vida, y si esta vida terrenal es tan importante, cuánto más la Vida eterna; sin la vida no valen riquezas, no valen posiciones humanas; porque sin recibir la Vida eterna, la persona no puede vivir eternamente; y por consiguiente no puede entrar al Reino de Dios que es eterno, y no nos podemos conformar con una vida temporera que le dura al ser humano de 50 a 100 años, y después se acaba. Todos tenemos la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo, el Segundo Adán, en esta relación de Cristo y Su Iglesia a través de diferentes etapas. En la etapa presente Cristo también está reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios.

Todavía vienen más personas, y por eso estamos esperando que lleguen, porque Dios tiene mucho pueblo en esta Ciudad de San Luis, Potosí, y los está llamando para colocarlos en Su Reino; y en toda la República Mexicana también tiene muchos Hijos y los está llamando; y el Reino de Cristo se está llenando de mexicanos y también de Latinoamericanos de diferentes naciones de la América Latina; y también de otras naciones como Norteamérica, Europa, África, Japón, China; y demás naciones.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón. Creo en con toda mi alma en Ti, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados, y por los de todo ser humano. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, creo en Tu Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario en donde ganaste mi Salvación, te ruego que se haga una realidad en mi vida, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Por cuanto Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura; y el que creyere y fuere bautizado, será salvo,” [San Marcos 16: 15 al 16] ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” pues fue un mandato del Señor Jesucristo el bautismo en agua, el cual es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; esa es la tipología del bautismo en agua; porque el bautismo en agua es tipológico. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es la tipología, el simbolismo del bautismo en agua. El mismo Señor Jesucristo fue donde Juan el Bautista cuando él estaba predicando y bautizando en el Jordán, para que Juan lo bautizara, Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó, y Jesucristo mismo es el que dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo el bautismo en agua, el cual ha estado siendo cumplido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo.

Todos los que reciben a Cristo como Salvador, son bautizados en agua en el Nombre del Señor; Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento. Por eso el Día de pentecostés, cuando le preguntan a Pedro, el apóstol: “¿Varones hermanos qué haremos?” Pedro les dice:“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para cuantos están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Y fueron bautizados como tres mil personas y añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo; y así ha continuado hasta nuestro tiempo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador. Y ustedes que están en otros países y otras ciudades también pueden ser bautizados, y nos veremos por toda la eternidad.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Dejo con ustedes al ministro aquí correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes; buenas noches.

“JESUCRISTO LIBERTANDO LO QUE EL ENEMIGO ATÓ.”

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