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Éste es mi hijo amado, a Él oid
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Éste es mi hijo amado, a Él oid

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para esta ocasión quiero expresar mi aprecio y agradecimiento a todos los ministros, hermanos y diferentes congregaciones que han estado respaldando el proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y que continuarán respaldando ese proyecto hasta que se haga una realidad. Y también aprecio mucho el respaldo que le están dando al proyecto divino también de la evangelización, la obra misionera y evangelística en cada una de las naciones que están trabajando en ese Programa Divino. Y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL, el cual ustedes han visto que todos los proyectos que ha llevado a cabo han sido de un éxito completo; así que, adelante respaldando siempre a AMISRAEL con vuestras oraciones, con trabajo también y económicamente también.

Quiero expresarle un saludo al doctor Salomón Cunha y su esposa Kélita; Salomón debe encontrarse en Brasil y la doctora Kélita debe estar en Israel; Dios te bendiga Salomón, Dios te bendiga Kélita, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final.

Para esta ocasión leemos en el Evangelio según San Mateo, capítulo 17… pero comenzaremos un poco antes, comenzaremos en el verso 25 del capítulo 16, hasta el 28, y luego continuaremos con el capítulo 7, versos 1 en adelante, dice:

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Y ahora pasamos 17, versos 1 al 13:

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.

Tomando el pasaje del verso 5, que dice:

Mientras él aún hablaba (o sea, mientras Pedro hablaba), una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

“ÉSTE ES MI HIJO AMADO, A ÉL OID. Ese es nuestro tema para esta ocasión.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“ÉSTE ES MI HIJO AMADO, A ÉL OID.

En este pasaje del Monte de la Transfiguración Cristo está cumpliendo la promesa que hizo a Sus discípulos, que algunos de los que estaban con Él en esa ocasión del capítulo 16, en donde Cristo dijo:

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Y ahora, la Venida del Hijo del Hombre viniendo en Su Reino es para el Día Postrero, y le está hablando a ellos allí que algunos de los que están allí no van a ver la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en Su Reino; por esa causa algunos pensaban que iban algunos de los discípulos a vivir sin ver muerte, como cuando Jesús cuando ya resucitó y va caminando Pedro con Jesús, y Cristo le dice a Pedro: “Pedro, ¿me amas?” Y así van hablando, le dice: “Señor, Tú sabes que te amo,” y así por el estilo; pero Pedro ve que Juan también va caminando y se les acerca, y como quién dice: “Esto es entre Jesús y yo, ¿qué tú haces siguiéndonos?” Como Juan era un jovencito, entonces Jesús le dice… Pedro le dice: “Señor, ¿y éste qué?” Y Cristo le dice: “¿Qué? ¿Qué si Yo quiero que él quede hasta que Yo venga?” Y muchos de los discípulos y muchos de los Cristianos de aquel tiempo pensaban que Juan el apóstol no iba a morir hasta la Venida del Señor.

Ahora en el Monte de la Transfiguración, Cristo muestra Su Venida. Mostrando el orden de Su Venida, muestra a Cristo glorificado, muestra a Cristo resplandeciendo, Sus vestiduras blancas como la luz; lo ven con Su rostro como el sol resplandeciendo frente a Sus discípulos, y ven a dos personajes que ellos conocían en la historia: a Moisés a un lado y a Elías al otro lado de Jesucristo; y aparecen allí en esa reunión tan importante estos personajes, estos profetas tan importantes en esta reunión de Cristo, Pedro, Santiago o Jacobo, y Juan el apóstol; y aparecen allí Moisés y Elías, allí tenemos personajes, cinco personajes los cuales son tipo y figura de personas que estarían viviendo a través de la historia del Cristianismo.

Tenemos un monte, el monte de adopción, el monte en el cual fueron glorificados… serán glorificados los creyentes en Cristo tipificados en aquel monte, porque un monte representa un reino; y el Reino de Cristo está en la esfera espiritual, y cada creyente en Cristo está en el Reino de Cristo que está en la esfera espiritual. Por lo tanto el Reino de Dios está en la esfera espiritual, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Aquel monte representa el Monte de Sión, el Monte de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo; y la parte alta del Monte de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la etapa de la Edad de la Piedra Angular, ahí será la adopción de todos los hijos e hijas de Dios. ¿Por qué sabemos que será en esa Edad? Porque no fue en las edades pasadas.

Y ahora, la adopción de Cristo dos mil años atrás, fue en la Edad de la Piedra Angular de aquel tiempo, Juan fue el séptimo mensajero de la Dispensación de la Ley, y Jesús fue el mensajero de la Edad de la Piedra Angular que hizo el entrelace de la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley; y cuando Cristo murió y resucitó, resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento.

La resurrección de los santos del Antiguo Testamento fue en la Edad de la Piedra Angular de aquel tiempo, la edad de la primera Venida de Cristo, y la resurrección de los santos del Nuevo Testamento será en la Edad de la piedra Angular, en donde Cristo estará visitando a Su Iglesia. Cristo en medio de Su Iglesia ha estado todo tiempo velado y revelado en cada mensajero que Él ha enviado a Su Iglesia, y en el Día Postrero estará velándose y revelándose en toda Su plenitud, eso será la visita final de Cristo a Su Iglesia para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, en esa etapa y para esa etapa es que Cristo ha prometido Su Venida a Su Iglesia, la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, y estará ahí también los dos Olivos, ahí estarán, que son los ministerios de Moisés y Elías, o sea, que van a ver a Elías, o sea, el ministerio de Elías manifestado en medio de la Iglesia, y van a abrir también el ministerio de Moisés; y ahí es que la adopción de todos los hijos e hijas de Dios se llevará a cabo, porque el Monte de la transfiguración representa el Monte de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Monte para la adopción de los hijos e hijas de Dios. Por lo tanto, es el Monte de los hijos de Dios. El Monte de los hijos de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento.

Y ahora, tenemos a Moisés que representa a los muertos en Cristo que serán resucitados, y Elías que representa a los vivos que serán transformados y arrebatados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. O sea, los que serán transformados y raptados sin ver muerte como sucedió con el profeta Elías.

Y ahora, Cristo aquí representa a todos los hijos de Dios, pero también representa a un hijo de Dios que en el Día Postrero va a ser adoptado: el mensajero del Día Postrero. Vamos a ver si encontramos algo en la Biblia con relación a eso, aquí en este pasaje dice hablando de Jesucristo:

Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Aquí tenemos al Hijo de Dios, un profeta como Moisés en el cual se cumplió plenamente la promesa dada por Dios a Moisés: “Profeta como tú les levantaré de en medio del pueblo, a él oiréis.” Y aquí dice Dios: “A él oiréis.” Dice:

Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Lo mismo que estaba dicho por Dios a Moisés, y ahora en Cristo se cumple plenamente, en un profeta dispensacional. También allá en el mismo capítulo 18 de Deuteronomio, versos 15 al 18 ó 19, también dice Dios a Moisés y Moisés al pueblo, dice… vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro, ya que nuestro tema es muy importante porque está ligado a la adopción, o sea, a la resurrección de los muertos y a la transformación de nosotros los que vivimos; dice capítulo 18, verso 15 en adelante, dice:.

Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.

Y ahora, la promesa es que Dios dice:

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Es que Dios coloca Su Palabra en la boca ¿de quién? De los profetas que Él envía, y cuando habla de un profeta como Moisés, está hablando de un profeta dispensacional; y por consiguiente se cumple en la primera Venida de Cristo viniendo al pueblo hebreo dos mil años atrás, y se cumple en la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero, en Su manifestación final en medio de Su Iglesia; y luego en la Venida de Cristo con Su Iglesia después de la gran tribulación.

Pero antes de terminar la gran tribulación y antes de comenzar la gran tribulación, se cumplirá esta Palabra profética en el profeta mensajero de la Dispensación del Reino, que es el Ángel del Señor Jesucristo que aparece en el libro del Apocalipsis en diferentes ocasiones enviado por Cristo, cuando Él dice: “Yo Jesús he enviado mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.” (Apocalipsis, capítulo 22, verso 16). Y en el capítulo 22, verso 6 en adelante, dice:

Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.

Y ahora, en este ángel mensajero se va a cumplir esa promesa divina: un profeta como Moisés porque es un profeta dispensacional, y Dios colocará en la boca de ese profeta la Palabra de  la Dispensación del Reino, o sea, el mensaje del Evangelio del Reino; y por consiguiente él profetizará con el mensaje del Evangelio del Reino las cosas que han de suceder pronto en el Día Postrero, así como ha hablado las cosas que sucederían en los diferentes tiempos, estando el Espíritu en medio de la Iglesia del señor Jesucristo; por eso el libro del Apocalipsis, es un libro profético, porque es dado por Cristo a través del Ángel del Señor Jesucristo a Juan el apóstol, y por eso ese libro tiene tantos símbolos iguales al Antiguo Testamento.

Usted lo puede comparar con el libro de Daniel, el libro de Zacarías, el libro de Ezequiel y así por el estilo, y encontrará que esos símbolos del Antiguo Testamento están reunidos también en el libro del Apocalipsis.

Y ahora, veamos lo que nos dice el capítulo 21, versos 5 al 7, dice:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Y ahora, aquí tenemos a Dios diciendo del que tomará de la fuente del Agua de la Vida, Dios diciendo de él:

Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Y ahora, este es un hijo de Dios del Cuerpo Místico de Cristo que va a recibir esa bendición, y también cada hijo e hija de Dios miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, van a recibir también la bendición de la glorificación, así como Cristo se transfiguró, van a ser transfigurados, van a ser glorificados todos los hijos e hijas de Dios.

Ahora vean aquí, dice:

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

En Apocalipsis, capítulo 2, versos 25 en adelante:

…pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones.

Y ahora, la promesa de aquí del verso 7 del capítulo 21 de Apocalipsis:

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. …Vamos a buscarlo aquí:

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre;

Vean, como Cristo recibió esa autoridad del Padre, ahora Cristo la otorga al vencedor:

…y le daré la estrella de la mañana.

La estrella de la mañana, ¿qué es? Cristo en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Cristo, el Ángel del Pacto, es la Estrella resplandeciente de la mañana, Cristo el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, la Columna de Fuego, es la Estrella resplandeciente de la mañana. En Apocalipsis, capítulo 7, verso 12 en adelante, aparece un Ángel con el Sello del Dios vivo, o sea, con el Espíritu Santo, con la Columna de Fuego; aparece ese Ángel mensajero con la Estrella resplandeciente de la mañana que es el Espíritu Santo, o sea, Cristo en Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical.

Entonces, ¿qué le dará Cristo al vencedor cuando dice: “Le daré la estrella de la mañana resplandeciente de la mañana?” Le dará el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto. Ese Ángel con el Sello del Dios vivo viene con el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo dentro de Él, a través del cual el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto estará manifestándose en toda Su plenitud, estará adoptando a ese mensajero y a todos los creyentes en Cristo del Día Postrero.

A través de ese mensajero Cristo cumplirá Sus promesas para Su Iglesia en el Día Postrero, estará hablándonos acerca de las promesas divinas correspondientes al Día Postrero hechas para Su Iglesia.

Cristo por medio de él nos dará la fe para ser transformados, por eso lo estaremos escuchando siempre hablando de la Venida del Señor y de los siete Truenos, o sea, la Voz de Cristo hablando y revelando el misterio del séptimo Sello, el misterio de la Venida de Cristo a Su Iglesia, y también revelando el misterio de la segunda Venida de Cristo después de la gran tribulación para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra.

Por lo tanto, como mensajero, el único mensajero de todas las etapas de la Iglesia que estando vivo será adoptado… recuerden que la adopción es la adopción del cuerpo, la redención del cuerpo, la glorificación, la transformación del cuerpo; y el único grupo de creyentes del Cristianismo que será adoptado, transformado, será el del Día Postrero, el de la Edad de la Piedra Angular, la edad de la cima del Monte de Sión, de la cima del Monte de la Transfiguración actualizado, o sea, de la cima de la Iglesia del Señor Jesucristo, de la parte alta porque las otras etapas están más abajo, porque la Iglesia del Señor Jesucristo es un Reino que ha ido creciendo de etapa en etapa, como lo vio el profeta Daniel en el capítulo 2, versos 30 al 45, en donde Dios ha estado (y le mostró)… ha estado levantando un Reino que no será destruido y que no será dejado para otro reino.

Ese Reino que es del Cielo, porque los creyentes en Cristo son los miembros de ese Reino celestial, pues el Reino de Dios fue dado a los creyentes en Cristo cuando Cristo dice: “No temáis manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino.” Eso está en San Lucas y en otros pasajes.

Los hijos del Reino, dice en la parábola del trigo y de la cizaña son representados en el trigo, esos son los hijos del Reino que en el Día Postrero serán cosechados, colocados en el Reino de Dios, transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual enviará a Sus Ángeles, Sus Ángeles con gran Voz de Trompeta, lo cual ocurrirá en favor de los creyentes en Cristo del Nuevo Pacto, miembros de la Iglesia de Jesucristo, y después por medio de esos ministerios también obrará en favor del pueblo hebreo.

Por eso encontramos que para el Día Postrero, para el fin del siglo o fin del tiempo, será llevada a cabo la cosecha, y por consiguiente habrá otro Pentecostés; porque dos mil años atrás con la resurrección de Cristo ocurrió el cumplimiento de la gavilla mecida, cuando Cristo resucitó y fue presentado ante el Padre al subir al Cielo. Y luego, cincuenta días después se llevó a cabo el Día de Pentecostés, se presentó allí al final el momento de acción de gracias por la cosecha, donde aparecen ciento veinte creyentes en Cristo que fueron recogidos por el Hijo del Hombre en aquel tiempo, y fueron colocados para esperar la venida del Espíritu Santo que produciría en ellos una transformación interior.

Para el Día Postrero estarán en el Aposento Alto de la Edad de la Piedra Angular, en la Casa de Dios esperando la venida de la transformación de sus cuerpos, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

Por lo tanto, tened paciencia: es en la Edad de la Piedra Angular que corresponde al número cincuenta, como el Día de Pentecostés era el número cincuenta desde la resurrección de Cristo hasta que vino el Espíritu Santo sobre ciento veinte creyentes en Cristo.

Han transcurrido diferentes etapas de la Iglesia desde los días de Jesucristo hacia acá y desde los días de los apóstoles y de los siete ángeles mensajeros. Las siete edades de la Iglesia corresponden a siete sábados festivos, porque cada siete años, el año séptimo era festivo y la tierra tenía reposo, descanso, y repetidos esos siete años por siete ocasiones son, o siete años por siete ocasiones son: cuarenta y nueve años, y luego el año número cincuenta es el año del Jubileo, es el año de Pentecostés, otro Pentecostés, donde cada persona sería libertada y cada uno regresaría a su casa, a su herencia, a su familia.

Eso es lo que va a pasar en el cumplimiento, materialización del año cincuenta, del año del Jubileo con todos los creyentes en Cristo, porque la Edad de la Piedra Angular corresponde al año del Jubileo, está representada en el año del Jubileo y en ella es que se va a cumplir esa fiesta del año del Jubileo, el regreso de los hijos e hijas de Dios a su herencia, a su casa, a su familia; y por eso es que la Casa de Dios *es la casa nuestra, a la Casa de nuestro Padre celestial es que vamos a ir para la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero.

Y ahora, el Cuerpo Místico de Cristo como hijos e hijas de Dios, o el Cuerpo Místico de Cristo como hijo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo como hija de Dios, la Iglesia, y también el ángel mensajero para la Edad de la Piedra Angular como un hijo de Dios que va a ser adoptado en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad paralela al tiempo de Jesús y Sus apóstoles.

Y ahora, así como sucedió en aquel tiempo, va a suceder en nuestro tiempo, así como fue mostrado en la visión del Monte de la Transfiguración. Allá solamente fue una visión, el cumplimiento de esa visión será en este tiempo final, allí fue mostrado el orden de la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Moisés y Elías; fue visto Elías, fue visto Moisés, y luego vieron a Jesús, a Jesús solo. Vieron solamente a Jesús luego que pasó la visión.

Van a ver primero a Elías, y dirán: “Es Elías,” luego verán y mirarán y verán, y dirán: “Es Moisés.” Y luego que pase todo eso (porque van a estar viendo los dos Olivos)… y luego que pase todo eso dirán es Jesucristo, porque estarán viendo al Espíritu Santo velado y revelado a través del mensajero del Día Postrero operando los ministerios de Elías, de Moisés y de Jesús.

Pero será Elías, será el ministerio de Elías, porque el único que tiene el ministerio es el Espíritu Santo, y los opera a través de quien haya escogido desde antes de la fundación del mundo. Será Elías en cuanto al ministerio, pero como individuo será otro hombre, no será Elías; será el ministerio de Moisés operado por el Espíritu Santo en él, pero como persona, como individuo no será Moisés, será un hombre del Día Postrero, un profeta dispensacional.

Solamente un profeta dispensacional puede ser un profeta como Moisés, en donde se cumpla plenamente esa promesa; se cumplió en Moisés, se cumplió en Jesús, y se cumplirá en el Día Postrero en el Ángel del Señor Jesucristo.

Será el ministerio de Jesucristo en el Día Postrero operado por el Espíritu Santo, pero no será Jesucristo como individuo, no será Jesucristo, sino un velo de carne del Día Postrero a través del cual el Espíritu Santo estará operando estos tres grandes ministerios; y ahí estará Dios obrando por medio de él, llegará el tiempo en que lo adoptará y entonces las mismas palabras: “Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento; a él oíd.” Así dirá Cristo, porque recuerden que Cristo tiene muchos hijos: todos los creyentes en Él. “He aquí Yo, y los hijos que Dios me dio.” Hebreos, capítulo 2, versos 10 al 16.

Y ahora, los hijos que Dios le ha dado a Jesucristo son todas las almas de Dios, las ovejas del Padre de las cuales Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Y compara en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14 y San Lucas, capítulo 19, verso 10, ahí es donde habla que el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y compara a esas personas que se habían perdido, en ovejas, las cuales Él vino a buscar.

Por eso en San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18 y San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, Él dice: “También tengo otras ovejas que no son de este Redil, las cuales también debo traer, y oirán mi Voz; y habrá un rebaño y un pastor.” El rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo, el pastor es Jesucristo, y las ovejas ¿quiénes son? Todos nosotros. Y la Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo viniendo de edad en edad por medio del mensajero de cada edad a través del Espíritu Santo, velado y revelado en el mensajero correspondiente a cada edad.

Y ahora, podemos ver que hay un Programa Divino que ha estado llevándose a cabo, y ahora hemos llegado al final de ese Programa Divino, porque hemos llegado a la etapa de la Edad de la Piedra Angular, al año del Jubileo. Ya no será el Día de Pentecostés, sino el año de Pentecostés; es otro Pentecostés pero en una escala más alta, en donde regresarán resucitados los muertos en Cristo de edades pasadas, o sea, serán adoptados; porque la adopción es la adopción del cuerpo, la resurrección en cuerpos glorificados, y para los vivos la transformación de sus cuerpos para tener un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Y entonces todas esas personas que estarán glorificadas serán los hijos e hijas de Dios, de los cuales Dios podrá decir: “Estos son mis hijos amados, a ellos oíd.” Y ellos estarán encabezados en Cristo a través del mensajero del Día Postrero, tan sencillo como eso.

Recuerden que Dios ha puesto a Cristo como hijo sobre Su casa. “…Como hijo sobre Su casa, la cual Casa somos nosotros,” nos dice el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6; y en Filipenses, capítulo 2, versos 11 al 23, nos habla palabras muy hermosas acerca de todas estas personas creyentes en Cristo nuestro Salvador, y dice de la siguiente manera… para no leer mucho vamos a leer del verso 14 en adelante, donde dice:

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.

Y ahora, somos miembros de la Familia de Dios, o sea, hijos e hijas de Dios:

…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Y ahora, los creyentes en Cristo pertenecen a un Cuerpo Místico de creyentes llamado la Iglesia del Señor Jesucristo; y como individuos también van creciendo para ser un templo santo en el Señor; por que el apóstol Pablo dice: “¿No saben ustedes que son templo de Dios y el Espíritu de Dios mora en vosotros?” O sea, que lo que es la Iglesia del Señor Jesucristo, también lo es cada creyente, y lo que es Cristo también lo es cada creyente.

Él es el Templo humano de Dios, cuando Él dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré,” no estaba hablando del templo de piedra que estaba allí, sino que estaba hablando de Su cuerpo; y cuando murió, fue sepultado y resucitó al tercer día, se cumplió lo que Él había prometido, y entonces Sus discípulos entendieron aquellas palabras que Él había hablado, que había profetizado. También encontramos que el templo literal de piedras, es tipo y figura del cuerpo de Cristo y también es tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, encontramos que para todo hijo e hija de Dios, que es un miembro del Cuerpo Místico de Cristo y por consiguiente es un primogénito escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, esos son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, eso está en Hebreos, capítulo 12, versos 18 al 29; y en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice de ellos:

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

Con ese poder que Él tiene, recuerden que Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Él es el que tiene el poder porque Él se sentó en el Trono de Dios, está a la diestra de Dios y Dios está en Él operando todo ese poder por medio del Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, y por consiguiente Él es Rey de reyes y Señor de señores.

Y ahora, con ese poder que Él tiene en el cual están sujetas todas las cosas, ángeles, Arcángeles, ángeles, potestades, todo está sujeto a Él, todo el Universo está sujeto a Él. Él es el heredero de todas las cosas y por Él fue que Dios creó todas las cosas, y Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Y ahora, así como Cristo es el Hijo de Dios, todos los creyentes en Cristo son los hijos e hijas de Dios, los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero; y algún día cuando seamos todos adoptados, tanto el mensajero del Día Postrero como todo el Cuerpo Místico de Cristo que serán adoptados, serán las personas de las cuales Dios dirá: “Estos son mis hijos amados; a ellos oid.” Y para personificarlo más, hablando del mensajero y el grupo de creyentes de este tiempo, dirá: “Este es mi hijo amado en quien tengo contentamiento, complacencia; a él oid.” Y él estará con el Cuerpo Místico de creyentes del Día Postrero que serán también glorificados, transformados, porque la promesa es que nosotros los que vivimos vamos a ser transformados.

San Pablo dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); mas todos seremos transformados.” Eso está en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante: “Todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final Trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos en Cristo, los muertos en Cristo (¿serán qué?) serán *resucitados, y nosotros los que vivimos… los muertos en Cristo serán resucitados incorruptibles, y nosotros los que vivimos seremos transformados.” ¿Cuándo? A la final Trompeta, o sea, al final mensaje que es el mensaje de la Edad de la Piedra Angular, el mensaje del Evangelio del Reino que estará siendo predicado en medio de la Iglesia, en medio del Cristianismo y en medio de toda la humanidad.

Por lo tanto, hijos e hijas de Dios, príncipes y princesas del Reino divino, del Reino celestial firmes; porque todas las señales que Él dijo que estarían cumpliéndose para anunciar que el tiempo de nuestra transformación para los vivos estaría cerca y de la resurrección de los muertos en Cristo, las hemos estado viendo. Él dijo: “Cuando ustedes vean todas estas cosas suceder, levantad vuestras cabezas porque vuestra redención está cerca.” (San Lucas, capítulo 21). Nuestra redención que será nuestra transformación para tener los cuerpos glorificados, y para los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes, glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Cristo ha estado llamando y juntando Sus ovejas, Sus Hijos en todos los tiempos; y en este tiempo está juntando los hijos del tiempo final en Su Redil, que es Su Iglesia, que es también el Monte de Sión, es también el Monte de la transfiguración actualizado en la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde están los convidados a la Cena de las Bodas del Cordero que han escuchado la invitación a través de la predicación del Evangelio de Cristo, y lo han recibido como único y suficiente Salvador.

Si hay alguno que todavía no lo ha recibido, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted; y en las demás naciones que están conectadas a través del satélite Amazonas o de internet, también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo Cristo como único y suficiente Salvador.

El nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por esa causa ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, porque el nombre de ustedes está en el Cielo escrito porque ustedes son ovejas del Señor, ovejas del Padre que han sido dadas a Jesucristo para que las busque y les dé Vida eterna.

Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye,” el que es de Dios es una oveja del Señor; y por consiguiente escucha la Voz de Dios por medio de Cristo el buen Pastor, así como las ovejas escuchan la voz de su pastor.

Cristo es el Príncipe de los pastores, Cristo es el principal de los pastores, porque Él es el Pastor de todas las ovejas, de todos los cristianos, de todos los creyentes en Cristo, y Él es nuestro Salvador, nuestro Redentor que tomó nuestros pecados y se hizo pecado por nosotros muriendo en la Cruz del Calvario, para que así nosotros podamos vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno.

Cristo tiene la exclusividad de la Vida eterna, pues dice Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13: “Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo.” Dios nos ha dado Vida, eso es Vida eterna. El que tiene al Hijo tiene la Vida (o sea, tiene la Vida eterna), el que no tiene al Hijo porque no ha creído ni lo ha recibido como Salvador, pues no tiene la Vida. Y la buena noticia es que los que tienen a Cristo, los que han recibido a Cristo como Salvador, tienen Vida eterna.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Es un asunto de Vida eterna escuchar la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, creer en Cristo y recibirlo como Salvador, y Cristo recibe a la persona y le da la Vida eterna; no hay ninguna persona que nos pueda dar Vida eterna, excepto UNO, y ese es el Señor Jesucristo, el cual murió por nosotros en la Cruz del Calvario; ninguna otra persona tomó nuestros pecados para morir por nosotros en la Cruz del Calvario, solamente UNO, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO.

Vamos a estar en pie mientras continúan viniendo a los Pies de Cristo las personas que faltan por llegar, y los niños que faltan por venir a los Pies de Cristo; pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo puede venir, ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; si falta alguno por venir de los que están presentes o de los que están a través del satélite Amazonas o de internet en otras naciones.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, y los está llamando para colocarlos en Su Redil con Vida eterna. Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante que la Vida eterna. Sin la Vida eterna usted no tiene esperanza de vivir nuevamente sobre este planeta Tierra o en otra dimensión, no tiene esperanza vivir eternamente.

Quienes tienen esperanza, los único son los creyentes en Cristo son los creyentes en Cristo que tienen esperanza y la tienen bien fundada, la tienen fundada en Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; por lo cual todos necesitamos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, porque no hay otro Salvador. Recuerden que Dios en el Monte de la Transfiguración hablando de Cristo dijo: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, a Él oid.”

Por lo tanto, solamente tenemos que escuchar a Jesucristo, Su Evangelio, Su Palabra y recibirlo como único y suficiente Salvador, y eso es escuchar la Voz de Jesucristo, escuchar la Voz del Hijo de Dios: “Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia; a Él oid.” “También tengo otras ovejas que no son de este redil las cuales también debo traer; y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” La Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo, el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra Salvación. Estar escuchando el Evangelio de Cristo y obedeciendo lo que dice el Evangelio, es estar escuchando la Voz de Cristo el buen Pastor.

Y ahora, ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; si falta alguno por venir, puede venir. Recuerde que usted es una oveja del Señor, usted está escuchando la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, porque el nombre suyo está en el Cielo escrito en el Libro de la Vida, y usted escucharía la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo y lo recibiría como único y suficiente Salvador.

Dice la Escritura: “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” recuerde que usted es una oveja del Señor, un hijo de Dios, el cual escucharía el Evangelio de Cristo y recibiría a Cristo como único y suficiente Salvador en este tiempo final.

Y ahora, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que están presentes y los que están en otras naciones, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador; doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Señor, consciente de que ganaste mi salvación en la Cruz del Calvario y yo aceptando Tu salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, te pido se haga una realidad en mí. Sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador, por lo cual ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Él dijo:

Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Aun el mismo Jesucristo cuando Juan estaba predicando y bautizando en el Jordán, fue, entró a las aguas del Jordán, y cuando le tocó el turno para ser bautizado Juan le dice:“Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y vino el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y posó sobre Jesucristo, permaneció en Cristo.

Y ahora, siendo un mandamiento del Señor el bautismo en agua, y Él mismo habiendo sido bautizado, nos conviene a nosotros cumplir toda justicia siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, bautismo que es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; o sea, que el bautismo en agua tipifica la muerte, sepultura y resurrección de Cristo nuestro Salvador; y nosotros así somos identificados con Cristo al ser bautizados en agua en Su Nombre, somos bautizados y por consiguiente somos identificados con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y luego Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego y producirá en usted el nuevo nacimiento.

Por eso cuando Pedro predicó el Día de Pentecostés, en el libro de los Hechos, capítulo 2, versos 14 al 36, luego que dice: “A este mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” Y cuando escucharon esto dicen a Pedro y a los apóstoles:

Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare

O sea, para los que están lejos y para los que están cerca, para todos los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo a través de la cual son llamados todos los hijos e hijas de Dios; y por consiguiente fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en ellos el nuevo nacimiento, y fueron añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo como tres mil personas.

Como tres mil personas bautizados y añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo; y así en cada ocasión que Pedro predicaba, muchas personas venían a los Pies de Cristo, eran bautizados y se añadían a la Iglesia así cantidades muy grandes, y fue creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo y todavía sigue creciendo la Iglesia del Señor Jesucristo, porque sigue predicándose el Evangelio de Cristo y siguen recibiendo a Cristo como Salvador ciento o miles de personas a través del planeta Tierra; y sigue el Monte de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo creciendo, el Reino de Dios sigue creciendo a medida que son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados, los que han venido a los Pies de Cristo; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Dejo al ministro en estos momentos para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada país, en cada nación y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“ÉSTE ES MI HIJO AMADO, A ÉL OID.

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