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El gran misterio de la Segunda Venida del Señor Jesucristo con poder y gloria
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El gran misterio de la Segunda Venida del Señor Jesucristo con poder y gloria

Muy buenas tardes o buenas noches, buenas tardes amigos y hermanos presentes y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 24, verso 27 en adelante, donde dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.

Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada.

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.

¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?

Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL GRAN MISTERIO DE LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR JESUCRISTO CON PODER Y GLORIA.”

La Venida del Señor tiene dos partes muy importantes, la primera parte se cumplió dos mil años atrás en la persona de Jesús de Nazaret, en el cual se cumplió la parte correspondiente a la Obra de Redención, a la obra en donde el Mesías, conforme a las profecías, vendría y moriría a la mitad de la semana número setenta conforme a la profecía de Daniel, capítulo 9, verso 21 en adelante, el Ángel Gabriel hablando con el profeta Daniel dice (verso 21 en adelante):

“Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas…”

Siete semanas y sesenta dos semanas, son sesenta y nueve semanas.

“…se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí…”

Y aquí, podemos ver que el Mesías prometido aquí que vendrá y tendrá Su ministerio después de las sesenta y nueve semanas, moriría en la Tierra. Sigue diciendo:

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”

Y ahora, luego de la muerte del Mesías, más adelante vendría un príncipe el cual destruiría la Ciudad de Jerusalén, destruiría el templo y así por el estilo; y ese fue Tito Vespasiano con su ejército, que por el año ‘68 de la era Cristiana rodeó a Jerusalén con su ejercito, y luego en el año ‘70 la destruyó, destruyó la ciudad, destruyó el templo y crucificó muchos judíos que estaban allá en la Ciudad de Jerusalén. Todo eso acontecería a Jerusalén luego de la Venida y muerte del Mesías, por lo cual dice el mismo Jesucristo en el capítulo 19 de San Lucas, versos 41 en adelante, dice:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Aquí Cristo le está diciendo a Jerusalén lo que le va a suceder cuando sea rodeada de ejércitos, lo cual se cumplió cuando Tito Vespasiano, ese general romano rodeó a Jerusalén con su ejército; la tuvo rodeada, sitiada por dos años, permitía que salieran de Jerusalén la gente, pero luego en el año ‘70 ya entró y destruyó a Jerusalén, destruyó el templo también, y se cumplió la profecía de Daniel, capítulo 9, donde la ciudad y el templo sería destruida.

Por lo tanto, cuando Jesús profetizaba de la destrucción de Jerusalén, vean, estaba también ya hablado por el profeta Daniel lo que le sucedería a Jerusalén. Por eso es que Jesús siempre que hablaba, estaba basado en lo que estaba en la Palabra de Dios. Por eso decía: “Escudriñad las Escrituras; porque en ellas os parece que tenéis la Vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.” [San Juan 2:39].

Y ahora, en la Palabra estaba el testimonio que el Mesías estaría en la Tierra en Su ministerio en la semana número setenta, y que moriría en esa semana número setenta, y murió a la mitad de esa semana profética, que consta de siete años la semana, y a la mitad: a los tres años y medio de ministerio, se cumplió la mitad de esa semana número setenta. Las setenta semanas completas son 490 años, y Cristo comenzó Su ministerio siendo bautizado por Juan también, por ahí por el año 483 de esas setenta semanas, o sea, que comenzando la semana número setenta fue bautizado por Juan el Bautista, y comenzó luego Su ministerio, luego de estar ayunando por unos 40 días. También en San Mateo, capítulo 24, verso 1 en adelante, dice:

“Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.”

Él sabía lo que iba a suceder. Ya estaba profetizado en el antiguo Testamento allí en el libro del profeta Daniel y en otros libros proféticos también.

“Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe…”

Y sigue ahí enumerando todas las cosas que van a suceder. Él les habla acerca de la destrucción de Jerusalén, les habla acerca de la predicación del Evangelio del Reino, y les habla de todas las cosas que sucederían de aquel tiempo hacia acá. Para la Venida del Señor, vean, son tres cosas aquí que le preguntan al Señor:

“…¿cuándo serán estas cosas (o sea, la destrucción de Jerusalén), y qué señal habrá de tu venida (o sea, la señal de la Venida del Señor), y del fin del siglo? (o sea, ¿cuál será la señal del fin del siglo?).”

En San Mateo, capítulo 13 dice en la parábola del trigo y de la cizaña, que en el fin del siglo el Hijo del Hombre va a enviar Sus Ángeles para llevar a cabo la cosecha; el trigo representa a los hijos de Dios que serán recogidos en el alfolí, y la cizaña representa a los hijos del maligno, porque el maligno fue el que sembró la cizaña, y la cizaña son los hijos del malo. Por eso en Malaquías, capítulo 4, dice:

“…He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará (los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama (esa es la cizaña que va a ser quemada).

Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación…”

Para los creyentes en Cristo y también para el pueblo hebreo, nacerá el Sol de Justicia, eso es la Venida del Señor en el Día Postrero para alumbrar el entendimiento de todos los creyentes y traerles las bendiciones, la fe para ser transformados a los creyentes en Cristo, y llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos también, que están en el Programa Divino para el Día Postrero.

Ahora, la Venida del Señor para el tiempo final tiene dos partes muy importantes: Su Venida a Su Iglesia, lo cual es un secreto, ahí está el misterio grande de la Venida del Señor a Su Iglesia, como fue la Venida del Señor al pueblo hebreo. Fue la Venida del Ángel del Pacto velado en carne humana en la persona de Jesús de Nazaret, nacido a través de la virgen María.

El velo de carne es la casa o Templo humano de Dios en Su primera Venida. Para el Día Postrero, el Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical, el cual ha estado en medio de Su Iglesia todo el tiempo, y Cristo con Su cuerpo físico glorificado, ha estado en el Templo celestial como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador.

Y ahora, tenemos que entender que hay una diferencia entre la Venida del Señor a Su Iglesia antes de comenzar la gran tribulación, y la Venida del Señor después de la gran tribulación, el cual viene con Su Iglesia en cuerpos glorificados, viene del Cielo, viene de la Cena de las Bodas del Cordero, después de la fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero que durará tres años y medio en el Cielo. Pero la Venida del Señor antes de la gran tribulación a Su Iglesia, es el misterio más grande de todos los misterios, pues viene para la resurrección de los creyentes y la transformación de los vivos. Filipenses, capítulo 3 nos habla de esto, y nos dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Aquí la Venida del Señor a Su Iglesia es, conforme a estas palabras de San Pablo, es para nuestra transformación, la transformación del cuerpo, para tener un cuerpo eterno, inmortal y glorificado como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador, para lo cual necesitamos tener la fe para ser transformados, la revelación para ser transformados, que es la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero; con esa revelación recibiremos así la fe para ser transformados, porque estaremos creyendo la Venida del Señor a Su Iglesia en la forma en que Él la estará cumpliendo, y eso nos dará esa fe que necesitamos para ser transformados, que será algo mayor que una sanidad física.

El reverendo William Branham hablando dice: “Aún con lo que tenemos (con la fe que se tiene), aún escasamente tenemos fe para ser sanados; pero se necesita fe para ser transformados y sacados del planeta Tierra, de aquí de la Tierra,” o sea, ser raptados y llevados a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y él dice que los Truenos darán esa fe de rapto. Los Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, que es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el Librito abierto en Su mano, y clama como cuando un león ruge y siete Truenos emiten Sus voces.

Cristo, el cual estuvo hablando en las diferentes etapas de la Iglesia a través del mensajero de cada edad, Cristo en Espíritu Santo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Él ha estado en Su Iglesia en Espíritu Santo todo el tiempo revelándose, hablando por medio de Su mensajero correspondiente a cada edad, en una forma en donde habla por un mensajero, termina su labor a través de ese mensajero, muere el mensajero, y más adelante levanta, envía otro mensajero, y habla a través de otro mensajero.

O sea que hubo cierta pausa de un mensajero a otro mensajero; no habló consecutivamente por los siete mensajeros, sino primero por uno, después por otro y así por el estilo. Pero aquí en Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, estará hablando consecutivamente, siete Truenos emiten Sus voces, y eso que habla el Ángel Fuerte, el Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical, lo que Él habla contiene toda la revelación del misterio de la Venida del Señor para el Día Postrero: el misterio del séptimo Sello.

Para entender, recibir la revelación del séptimo Sello, la revelación de la Venida del Señor, estará la Iglesia Novia del Señor Jesucristo escuchando la Voz de Cristo hablando consecutivamente como León, como Rey de reyes y Señor de señores, clamando como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo Sus voces.

Esa es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia por medio de la Palabra prometida para el Día Postrero, por medio del Evangelio del Reino, y dándonos así a conocer el misterio de Su Venida a Su Iglesia, lo cual es un misterio para ser revelado a Su Iglesia para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. El mundo no tiene que entender ese misterio, es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, cuando se trata de la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Su Iglesia, en Apocalipsis, capítulo 11, eso será después de la gran tribulación que viene Cristo con Su Iglesia, viene el Rey y la Reina, Cristo y Su Iglesia, para tomar el Reino, restaurar el Reino de David, y Cristo y Su Iglesia sentarse en el Trono para gobernar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y traer la paz al pueblo hebreo y a todas las naciones.

El Reino será dado a Cristo, al Mesías, en ese tiempo, y así pasará el Reino al pueblo de los santos. La Capital será Jerusalén, el Distrito Federal será todo Israel, y el gobierno o Reino será mundial. Por eso traerá la felicidad, la paz y felicidad para toda la humanidad. Es en el único Reino que la humanidad tiene la promesa de una paz permanente que le traerá la felicidad a la familia humana.

Por lo tanto, todos los creyentes en Cristo estarán esperando la Venida del Señor a Su Iglesia, y están esperando que Dios por medio de Su Espíritu, les abra el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia, la forma en que Él vendrá, cómo vendrá, y todos los demás detalles; pero por lo que estará hablándonos, conoceremos Su Venida, porque estará revelándonos el misterio de la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo por medio del Evangelio del Reino: “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” (San Mateo, capítulo 24, verso 14).

Nuevamente se estará predicando el Evangelio del Reino, así como lo predicaba Juan el Bautista y Jesús de Nazaret, hablándonos acerca del Reino de Dios, del cual Cristo dijo que orando pidamos la venida del Reino de Dios; San Mateo, capítulo 6, verso 10, donde nos dice que orando digamos:

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

La Venida del Reino de Dios a la Tierra es la restauración del Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra, y el Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David. La restauración de ese Reino y de ese Trono será la Venida del Reino de Dios en la Tierra, cosa de la cual le preguntaron a Cristo Sus discípulos en el libro de los Hechos, capítulo 1, verso 1 al 9, antes de Jesús subir Cristo al Cielo le preguntan: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?” Ellos esperaban la restauración del Reino de Dios en la Tierra, la restauración del Reino de David en el tiempo de la primera Venida del Señor.

Pero la restauración de ese Reino es para la Venida del Señor cuando Él venga con Sus escogidos transformados del Cielo, de la Cena de las Bodas del Cordero. Pero la Venida del Señor a Su Iglesia será un secreto, y será para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Cristo estará en medio de Su Iglesia dándonos la revelación de Su Venida a Su Iglesia, Su visita a Su Iglesia, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que, tenemos la primera Venida de Cristo dos mil años atrás, tenemos la Venida del Señor a Su Iglesia antes de la gran tribulación que tiene que ser cumplida, y tenemos la Venida del Señor al final de la gran tribulación, luego de la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo. Y luego tenemos otra Venida del Señor: la Venida del Señor luego del Reino Milenial, y luego que el planeta Tierra pase por la purificación de fuego, luego habrá nuevos cielos y nueva tierra, el mar ya no será más, ya no habrá un 75 % de agua en el planeta Tierra, habrá lagos pero no mares.

Y ya eso es para el establecimiento de la Jerusalén celestial ser establecida en la Tierra, el Trono celestial de Dios ser establecido en la Tierra, y en ese tiempo luego del juicio final y luego de la Tierra pasar por esa etapa de fuego, luego se establece el Reino celestial de Dios aquí en la Tierra; y la Tierra será el centro del Universo, porque será el lugar donde estará el Trono de Dios y del Cordero, y donde yo también estaré ¿junto a quiénes? A cada uno de ustedes también.

O sea, podemos ver que faltan algunas cosas por ser cumplidas, pero ahora nuestra atención tiene que estar puesta en lo que es la Venida del Señor a Su Iglesia para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y con esa revelación de Su Venida a Su Iglesia, obtenemos la fe, porque creemos de todo corazón para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, la Venida del Señor con poder y gloria luego de la gran tribulación, será para establecer el Reino Milenial. La Venida del Señor a Su Iglesia es para darnos la fe para ser transformados y raptados.

Y ahora, habrá señales, porque el Hijo del Hombre dice que enviará a Sus Ángeles con gran Voz de Trompeta y juntarán a Sus escogidos; Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y Elías que estarán siendo operados por el Espíritu Santo en un hombre en el Día Postrero, el cual será el instrumento de Cristo, del Espíritu Santo, para ese llamado de la gran Voz de Trompeta, ese llamado del mensaje del Evangelio del Reino con el cual serán llamados los escogidos del pueblo hebreo, ciento cuarenta y cuatro mil que escucharán y recibirán ese llamado.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo estará escuchando también el mensaje de la gran Voz de Trompeta, el mensaje del Evangelio del Reino, donde están contenidos todos estos misterios que serán revelados en el Día Postrero para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La gran Voz de Trompeta o Trompeta final corresponde al tiempo antes de la gran tribulación, para escuchar la Voz de Cristo, el mensaje del Evangelio del Reino, obtener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; con ese mensaje de la gran Voz de Trompeta, del Evangelio del Reino, es que el misterio de la Venida del Señor a Su iglesia es abierto, es dado a conocer, y la Iglesia Novia compuesta por los creyentes en Cristo representados en las vírgenes prudentes, creerán.

Dice que en la parábola de las diez vírgenes (capítulo 25 [San Mateo], versos 10 al 13), que a medianoche se oyó un clamor que decía: “He aquí el Esposo viene, ¡salid a recibirle!” Ese es el mensaje del precursor de la segunda Venida de Cristo, preparando al pueblo para que reciban al Esposo, al Señor; y dice que todas se levantaron, las vírgenes prudentes e insensatas, y aderezaron sus lámparas, pero las insensatas no tenían aceite en sus lámparas, y se apagaban sus lámparas, y las prudentes sí tenían. Querían que las prudentes le dieran del aceite, o sea, el Espíritu Santo, y las prudentes dijeron: “Vayan ustedes a los que venden y compren, para que no nos falte a nosotras y a ustedes.” Y mientras ellas iban, vino el Esposo (viene a Su Iglesia), vino el Esposo (viene a Su Casa, a Su Iglesia) y las que estaban preparadas entraron con Él a las bodas y se cerró la puerta: la puerta de la Casa de Dios, la puerta de la Iglesia, que es Cristo como Cordero de Dios y como Sumo Sacerdote en Su Obra de Intercesión.

En San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27, dice: “Cuando el Padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, entonces comenzaréis a decir: ¡Señor, Señor, ábrenos!” Y Él dirá: “Os digo que no os conozco; no sé de dónde sois.” La puerta que es Cristo, la puerta de entrada a la Casa de Dios, a la Iglesia, al Reino de Dios, algún día se va a cerrar, y entonces ya no habrá más oportunidad para entrar a la Casa de Dios, formar parte de la Casa de Dios, de la Iglesia del Señor Jesucristo.

En Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, dice que como Dios colocó a Moisés sobre Su Casa, el cual fue fiel sobre toda la Casa de Dios, así Cristo como Hijo sobre Su Casa ha sido colocado, la cual Casa dice: “Somos nosotros.” La Casa del Señor bajo el nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo, que tiene las bendiciones celestiales; y Cristo es, como Hijo sobre Su Casa, como fue Moisés sobre la Casa de Dios, el pueblo hebreo.

Y ahora, Cristo sobre Su Casa, Su Iglesia, está a la cabeza, Él es el mensajero de la Dispensación de la Gracia, que nos ha traído la Ley escrita en nuestros corazones bajo el nuevo Pacto, en donde Él escribiría Su Ley en nuestros corazones y en nuestras mentes.

Por lo tanto, Cristo es el mensajero dispensacional de la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia; y para el Día Postrero será predicado el Evangelio del Reino, el Evangelio de la Dispensación del Reino, para reunir al pueblo y darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

El Evangelio de la Gracia revela el misterio de la primera Venida de Cristo a Su pueblo, Israel; el Evangelio del Reino estará revelando el misterio de la segunda Venida de Cristo a Su Iglesia; por eso la Lluvia Temprana es el Evangelio de la Gracia y la Lluvia Tardía es el Evangelio del Reino, es el Evangelio de la Palabra revelada para el pueblo de Dios.

Por lo tanto, es la lluvia de la enseñanza para llenarnos de la bendición del conocimiento de la primera Venida de Cristo con el Evangelio de la Gracia, y llenarnos del conocimiento de la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia con el Evangelio del Reino. Tan sencillo como eso es la forma en que el misterio de la segunda Venida de Cristo será dada a conocer a la Iglesia.

La Venida del Señor a Su Iglesia antes de la gran tribulación, y luego también el misterio de la segunda Venida de Cristo después de la gran tribulación, ya coronado como Rey de reyes y Señor de señores, y Su Iglesia también ya coronada como Reina de ese Reino de Dios.

“EL GRAN MISTERIO DE LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR JESUCRISTO CON PODER Y GLORIA.” Él mismo dijo:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Y luego en el capítulo 16 mismo dice, vamos a leerlo, ahí mismo dice el verso 28:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y luego en el capítulo 17, verso 1 en adelante de ese mismo libro de San Mateo o Evangelio según San Mateo, dice:

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.”

Y ahora, Cristo les promete que alguno de los que están allí no van a gustar la muerte, no van a morir, hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en Su Reino. Y en la visión del Monte de la Transfiguración, allí le muestra en visión lo que será la Venida del Reino de Dios a la Tierra, en donde aparece Cristo glorificado, transfigurado, y aparecen allí Moisés y Elías, porque los ministerios de Moisés y Elías, de los dos Olivos, serán los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre enviados para llamar y juntar los escogidos en el Día Postrero.

Ese es el orden de la Venida del Señor en el Día Postrero a Su Iglesia, y también será el orden de la Venida del Señor después de la gran tribulación con La Iglesia del Señor, Cristo con Su Iglesia. Ahí tenemos el Orden de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Por lo tanto, para los creyentes en Cristo del Día Postrero será una bendición grande estar escuchando la gran Voz de Trompeta o Trompeta final, el mensaje del Evangelio del Reino en adición al mensaje del Evangelio de la Gracia, sin dejar el Evangelio de la Gracia, escuchando también el Evangelio del Reino; porque el Evangelio de la Gracia habla de la primera Venida de Cristo y de todo el orden divino de la Dispensación de la Gracia, y el mensaje del Evangelio del Reino habla de la segunda Venida de Cristo, y cubre la Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero y la Venida del Señor después de la gran tribulación; y todo el orden divino correspondiente a ese tiempo que corresponde a la Dispensación del Reino.

Por lo tanto, es una bendición grande vivir en este tiempo en el cual nos ha tocado, y nos ha tocado no porque usted y yo pidiéramos vivir en este tiempo, fue por elección divina, por lo cual estamos viviendo en este tiempo, lo cual le agradecemos a Dios; y estamos viviendo por y para un propósito divino: para estar en el Cuerpo Místico de Cristo trabajando en favor de Cristo y Su Obra, en favor de todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Por lo cual, adelante trabajando en la Obra de Dios todo el tiempo, y recibiendo todas las bendiciones que Cristo tiene para cada uno de ustedes y para mí también; y listos, preparados con Cristo, esperando nuestra transformación.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento. Todo esto ocurra antes que se cierre la puerta de la misericordia, la puerta de la Dispensación de la Gracia que es Cristo nuestro Salvador, el cual murió por todos nosotros en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, pueden pasar acá al frente los que todavía no habían recibido a Cristo para recibirlo como Salvador, y estaremos orando por usted en esta ocasión. Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Acapulco y los está llamando, y en todo el Estado de Guerrero y los está llamando, y en toda la República Mexicana y los está llamando en este tiempo final, y en toda la América Latina y los está llamando, y en el mundo entero y los está llamando para colocarlos en Su Cuerpo Místico de creyentes y prepararlos para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos viviendo en el tiempo del llamado final de Dios, del llamado de Cristo a Sus ovejas, el cual dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30). Y dice: “Nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Esas son las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. Cristo dijo en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, verso 11 al 14: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí, a salvarme a mí. ¿ Y a quién más? A cada uno de ustedes también. Y ahí nos compara con ovejas que Él viene a buscar y a salvar, colocarlas en Su redil, en Su Iglesia. Cristo es el buen Pastor, los creyentes en Cristo son tipificados en ovejas, y el Redil del Señor es Su Iglesia.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo; y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Estamos en un tiempo muy importante en el Programa Divino, en donde Dios está llamando y juntando los últimos escogidos que completarán la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, que es un tiempo muy, pero que muy importante. Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16: 15 al 16]. Por eso se predica el Evangelio en el mundo entero.

Por lo tanto, estamos en el tiempo final en donde, de un momento a otro, entrará hasta el último escogido, hasta la última oveja del Señor al Redil del Señor, y entonces ya se cerrará la puerta del Redil, porque ya se habrá completado la Iglesia del Señor.

Las vírgenes prudentes representan los miembros de la Iglesia del Señor, las ovejas del Señor, y ellas entrarán antes que se cierre la puerta, porque dice: “Y vino el Esposo; y las que estaban preparadas entraron con Él a la Cena, y se cerró la puerta.” Por lo tanto, estarán dentro cuando se cierre la puerta, dentro del Redil del Señor, dentro de la Casa de Dios, dentro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a Cristo y están presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor lo más pronto posible, ¿cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. El mismo Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo; aun el mismo Cristo, cuando Juan estaba predicando y bautizando, fue al Jordán donde Juan estaba predicando y bautizando para que Juan el Bautista lo bautizara. Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Ahí tenemos el simbolismo de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, en el bautismo en agua.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua, y es un mandamiento del Señor Jesucristo.

Cuando San Pedro predicó el Día de Pentecostés en el capítulo 2 del libro de los Hechos, en donde ellos fueron llenos del Espíritu Santo, luego los que escucharon preguntan:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Una cosecha muy grande de almas para Cristo y Su Reino. “Y así el Señor añadía a Su Iglesia cada día los que han de ser salvos,” dice la Escritura. Así es como Dios añade a Su Iglesia los que han de vivir eternamente.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz ustedes que están presentes y los que están en otras naciones; y los que están en otras naciones también pueden ser bautizados.

Dejo al ministro acá en Acapulco, reverendo Eloy Liberato Ugarte, para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL GRAN MISTERIO DE LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR JESUCRISTO CON PODER Y GLORIA.”

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