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El espíritu de la profecía
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El espíritu de la profecía

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, autoridades políticas y demás autoridades presentes, y todas las personas, ministros e iglesias que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Jesucristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes. Para esta ocasión, leemos en el libro del Apocalipsis, último libro de la Biblia, en el capítulo 19, versos 9 al 10:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA.”

El Espíritu de la profecía, como el Espíritu que trae la profecía, es nada menos que el Espíritu Santo, el cual es el Ángel del Pacto que aparecía en el Antiguo Testamento a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Moisés y a los diferentes profetas de todos los tiempos tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento o Nuevo Pacto, como lo expresa Dios por medio del profeta Zacarías en el capítulo 7, versos 11 al 12, donde nos dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, aquí nos muestra el profeta Zacarías por Palabra de Dios, la forma en que Dios le habla a Su pueblo; Dios le habla a Su pueblo por medio de Su Espíritu a través de los profetas. El Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, es un cuerpo angelical que le aparecía a los profetas del Antiguo Testamento, a Adán; desde Adán hasta Jesús, y de Jesús también hacia adelante, hacia los apóstoles y demás mensajeros que Dios ha enviado.

Y ahora, Dios por medio del Espíritu Santo que es el Ángel del Pacto, o sea, el cuerpo angelical de Dios; por eso encontramos a Dios apareciendo en la forma de un Ángel a Abraham cuando le visitó con dos Ángeles más, los cuales eran los Arcángeles Miguel y Gabriel, esto fue el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, comieron con Abraham o almorzaron con Abraham, y luego los dos Arcángeles Gabriel y Miguel fueron a Sodoma y cenaron allá con Lot, y ya por la mañana, amaneciendo sacaron a Lot de la ciudad, porque la ciudad iba a ser destruida por fuego que vendría del cielo, y eso nos habla de una destrucción ordenada por Dios, porque Dios juzgó a Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas por los pecados del pueblo y los condenó a la destrucción.

Dios es el Rey del universo, y este planeta Tierra es un granito de arena en esa economía del Universo; y Dios es el que gobierna el Universo completo, y por lo tanto Él tiene leyes establecidas en Su Reino, y toda persona o nación que las viola, tendrá problemas con Dios. Viendo a Dios como el Rey del Universo con Sus leyes establecidas para todo Su Reino, tenemos que comprender entonces que este planeta Tierra está sujeto a esas leyes divinas, las ignore o no las ignore, porque la ignorancia en la ley no excluye a la persona de la responsabilidad que tiene con la ley, o sea, que la persona no tiene excusas; para eso tenemos la Biblia que es nada menos que el pensamiento de Dios expresado en letra, para que toda persona conozca el pensamiento divino como Dios piensa, y lo que Él ha establecido para la raza humana.

Por eso, encontramos que también vino el diluvio sobre la raza humana miles de años atrás en el tiempo del profeta Noé, el cual recibió del Espíritu Santo, del Ángel del Pacto la revelación de lo que iba a suceder en el planeta Tierra. Recuerden que antes de suceder en la Tierra un juicio divino, Dios lo da a conocer al profeta que Él tenga para ese tiempo, para que las personas busquen a Dios, y Dios puede entonces aguantar ese juicio como lo hizo en Nínive cuando mandó al profeta Jonás para anunciar que dentro de cuarenta días sería destruida Nínive.

Y Jonás no quería ir, luego él dice a Dios que no quería ir porque sabía que Dios era misericordioso, que se arrepiente del castigo si el pueblo pues se arrepiente de sus pecados; y tuvo que ir porque era el mensajero ordenado por Dios para llevar a cabo esa labor, él no quería… o sea, no quería que Dios tuviera misericordia de Nínive; pero fue. No quiso ir a pie ni en otra forma, pero fue en una ballena y fue colocado en la costa, un viaje quizás no muy cómodo; pero cuando Dios tiene un mensajero, va por las buenas o por las malas a llevar el mensaje al pueblo. “Porque no hará nada el Señor, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” Y ellos lo revelan al pueblo.

Ese es el orden establecido por Dios el cual toda persona debe conocer para saber cómo y dónde buscar la Palabra de Dios para el tiempo que le toca vivir. Aquí está establecido en el capítulo 18 de Deuteronomio, versos 15 en adelante, en donde Moisés dice al pueblo: “Profeta de en medio de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis; “ ¿A quién dice el profeta Moisés que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios envíe al pueblo, ¿por qué razón? Vamos a ver, dice:

“Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú…”

O sea, como dice Moisés, o sea, levantará Dios profeta como Moisés .

“…y pondré mis palabras en su boca…”

¿Dónde y de dónde y por dónde viene Dios la Palabra para el pueblo? Por la boca de un profeta en todos los tiempos. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas.”

“…y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.”

Eso es lo que habla un verdadero profeta de Dios, enviado por Dios al pueblo, todo lo que Dios le mande a hablar lo cual Dios lo coloca en su corazón, en su espíritu y en su boca. El profeta dice:

“Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

No escuchar la Voz de Dios, es grave delante de Dios para toda persona.

Ahora, Dios le va a pedir cuenta a los seres humanos por no haber escuchado, los que no han escuchado la Voz de Dios a través de los diferentes profetas y mensajeros y apóstoles y el Señor Jesucristo, lo cual está aquí escrito en la Sagrada Biblia, esta es la Palabra de Dios y por consiguiente es el pensamiento divino expresado en letras para todos los seres humanos.

Y ahora, siendo que aquí tenemos lo que Dios por medio de Su Espíritu, el Ángel del Pacto que es Cristo en Su cuerpo angelical, ha hablado a través de los diferentes profetas, tenemos que comprender que tenemos un tesoro en nuestras manos: la Sagrada Biblia, el pensamiento divino expresado por medio de los diferentes profetas que han escrito lo que Dios les ha dicho para que lo comuniquen al pueblo; por eso el apóstol San Pablo en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

¿Cómo Dios ha hablado al pueblo? Dice el apóstol Pablo: “por los profetas.”

“…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo (Él es el heredero de toda la Creación), y por quien asimismo hizo el universo.

Y la creación del Universo, ¿cómo ocurrió? Dios la llevó cabo por medio de Jesucristo, el Ángel del Pacto, el cual no estaba en Su cuerpo de carne, porque el cuerpo de carne nació a través de la virgen María, Jesucristo estaba en Su cuerpo angelical; por eso en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58, Jesucristo dice a los judíos: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dicen los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? ¿Y dices que has visto a Abraham.” O sea, si no tiene 50 años y Abraham vivió cientos de años antes que Jesús, o miles. “¿Cómo puedes Tú decir que eres antes que Abraham? ¿Y que Abraham deseó ver tu día, lo vio y se gozó? Dices que has visto a Abraham.”

Es que aquel Ángel que apareció con dos Ángeles más el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra allí en el capítulo 17 al 18 del Génesis, el que le dijo a Abraham que por el año siguiente, en el año siguiente tendría el hijo que Él le había prometido, que Abraham y Sara tendrían ese hijo prometido, ese era Jesucristo en Su cuerpo angelical, o sea, ese Ángel cuerpo angelical en el cual estaba Dios; porque el cuerpo angelical de Dios que es el Ángel del Pacto, es el cuerpo angelical de Jesucristo, es la imagen del Dios viviente. Vean, aquí mismo lo dice. Dice:

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

¿Quién es la imagen misma de la sustancia divina? Jesucristo en Su cuerpo angelical.

Y ahora, estamos viendo que Jesucristo no es cualquier persona que apareció en la Tierra, es nada menos que el Ángel del Pacto, y por eso vino para establecer un Nuevo Pacto conforme a Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36; y por eso es que en la última cena con Sus discípulos en la víspera de la Pascua, el día antes de Su muerte, luego que cenó, tomó el pan, partió, dio a Sus discípulos, y dice a ellos: “Comed; esto es mi cuerpo.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).

Y dando gracias al Padre al tomar la copa de vino, dando gracias al Padre, da luego a Sus discípulos y dice: “Tomad de ellas todos,” o sea: “Tomad de esta copa de vino, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, nos dice ahí que esa Sangre de Cristo representada en el vino que está dando a Sus discípulos, es la Sangre del Nuevo Pacto, del Nuevo Pacto que ya estaba profetizado, profetizado a través del profeta Jeremías, en el capítulo 31, versos 31 al 36.

Ninguna otra persona podía venir a la Tierra para traer y establecer un Nuevo Pacto, excepto el Ángel del Pacto que es Jesucristo en Su cuerpo angelical, el cual le dio al pueblo hebreo a través del profeta Moisés la Ley para el pueblo hebreo, el cual también libertó al pueblo hebreo.

Ese Ángel del Pacto que aparece en la Escritura en el Antiguo Testamento es Jesucristo en Su cuerpo angelical; por eso dijo a los judíos ahí en el capítulo 8, versos 56 al 58, cuando le dicen: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” Es que el Ángel del Pacto, Jesucristo, es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra.

¿Y por qué lo mataron? Porque tenía que morir por todos nosotros para poder redimirnos y traernos a Vida eterna; sin la muerte de Cristo nosotros no estaríamos aquí. Él mismo lo dijo cuando dijo: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).

Así que, sin Cristo y sin Su muerte en la Cruz del Calvario, nosotros no estaríamos aquí; por lo tanto gracias a Dios por enviar a Jesucristo a la Tierra para morir por cada uno de nosotros. La Venida de Cristo a la Tierra y Su muerte en la Cruz es la expresión máxima del amor divino hacia la raza humana, por eso San Juan, capítulo 3, verso 16, dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna.”

Ninguna persona puede obtener la Vida eterna, excepto a través de Jesucristo; por eso Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).

Por lo tanto, no hay otro camino para llegar a Dios, no hay otro camino para ser reconciliados con Dios, no hay otro camino para entrar al Reino de Dios, no hay otro camino para obtener la Vida eterna, Jesucristo es el camino. San Juan, capítulo 14, verso 6 y San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 14, Cristo dice que la puerta angosta y el camino angosto es el que lleva a la Vida: a la Vida eterna.

Por lo tanto, toda persona necesita tomar ese camino, por lo cual tiene que entrar por esa puerta de la cual Cristo mismo también dice en San Juan, capítulo 10, verso 9: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;” y por consiguiente no hay otra forma para obtener la Salvación y Vida eterna, solamente hay un camino (es un camino angosto, dice Cristo), y es Jesucristo; y solamente hay una Puerta para entrar a la Vida eterna, y es Jesucristo, y es una puerta angosta.

Por lo tanto, viendo que Jesucristo es la persona más importante, toda persona que lo recibe como Salvador está recibiendo a la persona más importante de la Tierra y también del Cielo, está sentado a la diestra de Dios Padre en el Trono celestial. Algunas personas piensan: “Bueno, vino a la Tierra, no lo recibieron como Rey, no pudo sentarse en el Trono de David y Reinar sobre el pueblo hebreo,” eso no es ningún problema: se sentó en el Trono celestial y está reinando sobre el Universo completo, sobre el mundo visible y el mundo invisible; por eso Él es Rey de reyes y Señor de señores. El es Rey, no solamente de esta dimensión terrenal o de esta dimensión física del planeta Tierra y de todos los planetas del universo, de todas las galaxias; sino que Él también es Rey del mundo invisible, del mundo de los espíritus. Por lo tanto, Él es Rey de reyes y Señor de señores, es la persona más importante no solamente en la Tierra, sino en el Cielo también.

Ahora, el Trono terrenal de Dios y Reino terrenal de Dios, es el Trono de David que es el Trono del Reino de David, ese es el Reino de Dios terrenal con el Trono terrenal de Dios; por eso el Ángel Gabriel dice a la virgen María que va a concebir ella, va a tener un niño, le pondrá por nombre JESÚS, y será llamado Hijo de Dios, y Dios le dará el Trono de David Su Padre; y reinará sobre Israel para siempre, y Su Reino (dice) no tendrá fin.

Ahora, sabemos que cada cosa del Programa Divino tiene su tiempo, cuando se cumpla la segunda Venida de Cristo, que vendrá con Sus santos ángeles y con todos los creyentes en Él que han muerto y serán resucitados en cuerpos eternos y glorificados, y los que están vivos, creyentes en Cristo nacidos de nuevo, serán transformados, tendrán cuerpos eternos, jóvenes, glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo, esas personas van a ser llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero que durarán tres años y medio.

Mientras en la Tierra estarán cayendo los juicios divinos como cayeron en el tiempo de Noé: el diluvio, y como cayeron en el tiempo de Lot: fuego del cielo sobre Sodoma y Gomorra; y todo eso está siendo preparado; hay fuego almacenado, fuego atómico para una tercera guerra mundial, hay fuego volcánico también para salir de la tierra, y con los volcanes en erupción la ceniza volcánica se regará por el planeta Tierra, y se convertirá el planeta en un territorio fértil para el Reino del Mesías; aunque para la humanidad que estará viviendo durante el lapso de tiempo llamado la gran tribulación, donde los juicios divinos estarán sobre la Tierra, eso va a ser un problema grave. También los terremotos y maremotos y el calentamiento global.

Todas esas cosas traerán graves problemas a la humanidad durante un lapso de tiempo de tres años y medio, cuando llegue el momento llamado la gran tribulación, donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana; porque Dios juzgará a todas las naciones por sus pecados como naciones, y a los individuos por sus pecados como individuos. Por lo tanto, todo se está preparando para ese tiempo del cual habló Dios por medio del profeta Malaquías, en donde dice de la siguiente manera en el capítulo 4, verso 1 en adelante:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Esa es una descripción clara de lo que será ese tiempo llamado la gran tribulación que durará tres años y medio; y ya con las señales que tenemos, ya con los volcanes, muchos volcanes en erupción, con los terremotos que han azotado algunas naciones y han destruido muchas, muchas naciones, y con el movimiento de las placas en todos los continentes, traerá graves problemas, muchas Islas van a desaparecer, las costas van a ser afectadas, también el problema del calentamiento global está ocasionando que los hielos polares se derritan y aumente el nivel del mar, y eso causará que entre el mar, las aguas del mar a las costas y desaparezcan muchas costas; pero hay una profecías que dicen que Dios dará el pago a los de las costas.

Por lo tanto, antes que salgan las noticias en la prensa, radio y televisión, ya las tenemos aquí por anticipado, todo lo que va a suceder está registrado en la Sagrada Biblia, para que todos estemos al tanto del tiempo que nos ha tocado vivir; pero vean, no todo será problemas, dice:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia (eso es la Venida del Señor como el Sol de Justicia), y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

Por lo tanto, para los que temen el Nombre del Señor hay una bendición grande: la Venida del Señor como el Sol de Justicia resplandeciendo. Sigue diciendo:

“Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies…”

Eso será durante el Milenio donde los creyentes en Cristo que regresarán con Cristo a la Tierra luego de ese tiempo de gran tribulación, pero que para los creyentes en Cristo será de fiesta en el Cielo, en la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo llamada la Cena de las Bodas del Cordero a la cual, pues toda persona quisiera ir, y más sabiendo que las cosas no van a estar buenas aquí en la Tierra, mucho más quisieran estar allá; pero eso es por invitación.

Recuerden la parábola de la fiesta de boda en la cual el novio entrega el vestido de boda a las personas, todas son vestidas en la misma forma con una túnica blanca, hombres y mujeres, pobres y ricos; y luego entra el Rey a ver a los convidados y ve a uno que no está vestido de boda, y le dice: “Amigo, ¿cómo entrastes aquí?” Y él enmudece porque sabe que entró en una forma incorrecta.

No sé cómo le dicen acá cuando entran sin tener la invitación en un lugar… así también lo entendemos en muchos países, así que “se coló” como dicen algunos, sin tener la ropa o vestidura de Boda. El vestido de Boda es el Espíritu Santo que Cristo prometió para todos los creyentes en Él, que produce el nuevo nacimiento porque el que recibe el Espíritu Santo luego de creer en Cristo, recibirlo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y la persona ha recibido el nuevo nacimiento, ha entrado al Reino de Dios; por lo tanto es uno de los invitados a las Bodas. Ahora, la invitación ¿cuál es?

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Cuando se está predicando el Evangelio de Cristo, lo cual ya lleva unos dos mil años y algo siendo predicado el Evangelio de Cristo, están escuchando la invitación a las Bodas del Cordero y cuando la persona recibe a Cristo como Salvador y es bautizada en agua en Su Nombre, le es dada la vestidura de Boda a la persona; la persona aceptó la invitación al aceptar a Cristo como único y suficiente Salvador.

Ahora, así como tenemos una vestidura exterior y debajo tenemos también más vestidura, así también es en lo espiritual. El bautismo del Espíritu Santo es las primicias del Espíritu, las primicias de la adopción. Y luego, la otra vestidura es el cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado que van a recibir todos los creyentes en Jesucristo.

Es que no hay aviones, ni cohetes que nos puedan llevar a la Casa del Padre celestial, donde va a ser la Cena de las Bodas del Cordero, es en otra dimensión; no hay equipos de transporte que lleven a las personas a otra dimensión; va a ser la dimensión de Dios, la séptima dimensión, la Casa del Padre celestial. Pero Jesucristo cuando subió al Cielo fue a la Casa del Padre celestial, se sentó sobre el Trono de Dios, ¿cómo lo hizo? Él resucitó glorificado, y por consiguiente al ser el cuerpo glorificado un cuerpo inter-dimensional, puede viajar a través de las diferentes dimensiones, como nosotros viajamos aquí en la Tierra de una ciudad a otra en diferentes formas; y en el cuerpo inmortal, glorificado que tiene Jesucristo, Él puede viajar al lugar que Él desee con la velocidad del pensamiento.

Vean, cuando Cristo resucitó y los discípulos que estaban todos encerrados con miedo que los llevaran presos para matarlos también, Jesucristo entra en medio de ellos, entra donde ellos están encerrados y ellos creen que es un espíritu, porque los espíritus, cuerpos espirituales viajan a través de las diferentes dimensiones y pueden entrar a cualquier lugar porque están en cuerpos espirituales, inter-dimensionales. Y pensaban que era un espíritu que se les había aparecido. Recuerden que un espíritu es un cuerpo parecido al nuestro, pero de otra dimensión; así son los Ángeles, cuerpos de otra dimensión parecidos a nuestro cuerpo.

Y ahora, Cristo les dice: “ Paz a vosotros,” y les pregunta: “¿Tienen ustedes algo de comer?” Le dan un pescado, un pedazo de pescado y un pedazo de panal de miel, come delante de ellos, y entonces ellos comprenden que es un cuerpo físico, Cristo les dice: “El espíritu no tiene carne, ni hueso como ustedes ven que Yo tengo, o sea, no tiene, no es como el cuerpo físico nuestro.

Pero, el cuerpo glorificado es tangible, pero es inter-dimensional, es la clase de cuerpo más importante que hay. Jesucristo tiene esa clase de cuerpo y por eso no lo conocían cuando resucitó, resucitó glorificado, y el cuerpo glorificado es joven, representa de 18 a 21 años de edad.

Esa es la clase de cuerpo que yo estoy esperando para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también; porque el que está esperando estar en la Cena de las Bodas del Cordero, tiene que saber que no hay aviones que lo puedan llevar a la Cena de las Bodas del Cordero, ni cohetes, sino que tiene que tener la vestidura de Boda que es el bautismo del Espíritu Santo, y luego el cuerpo glorificado que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él. Será un cuerpo igual al cuerpo de Jesucristo, será un cuerpo semejante a Su cuerpo.

Ahora, el cuerpo glorificado de Jesucristo es la semejanza física de Dios. Cuando Cristo se sentó en el Trono de Dios recibió poder sobre todo el Universo, sobre toda la Creación; por eso es que en el capítulo 28, versos 16 al 20, Cristo dice a Sus discípulos: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” O sea, que el que realmente tiene el poder de los Cielos y de la Tierra es Jesucristo; por eso es que Él va a establecer el Reino de Dios en la Tierra, del cual dice, enseñando a Sus discípulos a orar, les dice, dice que cuando oren digan: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra.” (San Mateo, capítulo 6, versos 9 en adelante).

Y ahora, es en el Reino del Mesías que se hará la voluntad de Dios en la Tierra como se hace en el Cielo, ¿por qué? Porque estará el Mesías Príncipe reinando sobre el planeta Tierra completo, no solamente sobre el pueblo hebreo, sino sobre todas las naciones; y por eso es que traerá la paz, no solamente para el Medio Oriente, sino para todas las naciones. Las guerras se acabarán, habrá un solo Rey mundial que gobernará a todas las naciones, por eso es llamado el Hijo del Hombre, como el Hijo del Hombre, como profeta Él es el heredero del planeta Tierra completo; y como Hijo de David Él es el heredero del Trono de David y Reino de David; y como Hijo de Dios Él es el heredero de los Cielos y la Tierra, de toda la creación. Cada Título de Hijo tiene una herencia.

Y ahora, ya estamos viendo quien es Jesucristo, es el Ángel del Pacto. San Pablo dice que es la imagen del Dios viviente, Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente, ese cuerpo angelical es la imagen de Dios; y la semejanza de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo, por lo tanto Jesucristo es la imagen y semejanza de Dios porque es el cuerpo angelical y cuerpo físico de Dios, en quien moró, mora y morará eternamente Dios.

Por eso. cuando Cristo dice: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.” Dios no se quedó sin poder, porque Dios está en Jesucristo; y por medio de Jesucristo a través del cual creó los Cielos y la Tierra, sigue gobernando el Universo completo.

Nosotros estamos en este planeta Tierra pasando por una etapa de prueba, en donde cada persona confirma el lugar donde va a pasar después que terminen sus días en esta Tierra, o los pasará donde el hombre rico fue (de la parábola del hombre rico y Lázaro el mendigo), el cual no se preocupó por las cosas de Dios, y luego cuando murió fue muy pobre al lugar, porque las riquezas se quedaron aquí en la Tierra, y cuando llega al lugar que dice Jesucristo que le llama Jesucristo: el infierno, allá tenía necesidad de tomar agua y no tenía quién le diera un vaso de agua fría, su dinero allí no lo tenía; y si lo tuviera tampoco le serviría allá.

Ve a lo lejos a Abraham, el padre de la fe, allá en el seno de Abraham que era el lugar donde iban antes de la muerte de Cristo, y le dice: “Padre Abraham…” (hay una sima, un precipicio entre un lugar y el otro) y dice: “Padre Abraham, estoy aquí atormentado, tengo sed, envía a Lázaro con su dedo mojado para que lo coloque sobre mi lengua.” Y Abraham le dice: “Tú tuviste tus bienes allá en la tierra, y ahora estás acá en donde te encuentras siendo atormentado. En la tierra disfrutaste mucho tus bienes; pero Lázaro tuvo muchos males en la tierra, pero ahora acá está siendo consolado.”

Le dice: “Envíalo con su dedo mojado en agua para que lo coloque sobre mi lengua.” Abraham, le dice: “Los que están aquí no pueden pasar allá, y los que están allá no pueden pasar acá.” O sea, que después que la persona muere ya no puede decir: “Ahora yo me arrepiento, quiero buscar a Dios, quiero recibir a Cristo como mi Salvador.” Eso lo tiene que hacer estando vivo en este planeta Tierra. “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa va a dar por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras.” Según sus obras hechas aquí en la Tierra mientras ha vivido como un ser humano. Por eso es que estamos en una etapa de prueba en el Programa Divino.

Vean, el hombre rico luego se recuerda de sus hermanos: “Tengo cuatro hermanos allá en la tierra, entonces envía a Lázaro a la tierra de nuevo para que vaya y les hable a mis hermanos para que no vayan a venir a este lugar terrible.” El padre de la fe, Abraham, le dice: “A Moisés y a los profetas tienen, que lo escuchen. Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco van a escuchar si una persona de entre los muertos se levanta y va y les habla.” Así que, tenemos la Palabra de Dios la cual tenemos que escuchar; y tenemos que hacer nuestros preparativos para cuando terminen nuestros días aquí en la tierra. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado.”

Así es como cada cual elige el lugar al cual quiere ir cuando muera físicamente, después ya no habrá oportunidad de regresar a la Tierra para decir: “Ahora, sí que yo quiero buscar a Dios, ahora sí que yo quiero recibir a Cristo.” Muchos años tienen la mayor parte de las personas para buscar a Dios, muchas veces han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo; y si no han prestado atención y lo han recibido, ya con una sola vez que hayan escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ya suficiente para que no haya necesidad de escuchar nuevamente la predicación de Cristo, la actitud asumida ahí es la que contará para ir a un lugar o a otro: o al Cielo (al Paraíso) o al infierno; y eso la persona tiene que encararlo estando en la Tierra, reconocer que es así porque así lo dice la Escritura, para que después cuando muera no diga: “Yo no sabía que era en esta forma.” Aquí está en la Palabra, y Cristo habló de estas cosas también.

Por lo tanto, es importante que toda persona tenga el Espíritu de la profecía y reciba lo que por medio del Espíritu de la profecía, del Espíritu Santo, ha sido dado por Dios para la raza humana a través de los profetas, el Espíritu de la profecía, el Espíritu Santo ha hablado a través de los profetas, siempre ha habido un instrumento a través del cual hablar; o sea, ha tenido una semejanza física, digamos, prestada para hablar a través de esos hombres de Dios que tienen una característica muy especial: tienen las dos conciencias juntas.

El resto de los seres humanos tiene las dos conciencias separadas la una de la otra, y por eso es que para soñar lo hacen dormidos, pero los profetas al tener las dos conciencias juntas pueden soñar o dormidos o despiertos; las visiones que tienen estando despiertos, es como los sueños que tienen algunas personas que van a diferentes lugares en sueños, así son los profetas estando despiertos tienen sus visiones, pueden ver ángeles, pueden ver en otras dimensiones, pueden oír a Dios y así por el estilo, despiertos o dormidos, es lo mismo para ellos; por eso es que a ellos viene la Palabra de Dios: “Porque no hará nada el Señor, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” A ellos viene el Espíritu de la profecía, el Espíritu Santo, les revela las cosas que deben ser dadas a conocer a la humanidad, al pueblo, y ellos la dan a conocer al pueblo ungidos e inspirados por el Espíritu Santo que en ellos y a través de ellos les habla a la humanidad, a través de los profetas.

Vean aquí lo que nos dice el apóstol Pablo en Primera de Corintios, capítulo 2, versos 9 en adelante, dice:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?”

O sea, que las cosas suyas las sabe el espíritu que usted tiene, o sea, las cosas de su alma las sabe el espíritu que está en usted. Recuerden que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, y Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; en Dios encontramos a Dios el Padre, y encontramos al Ángel del Pacto, el Espíritu Santo que es el Hijo de Dios, el Hijo Unigénito de Dios, y luego encontramos al cuerpo físico que como cuerpo físico es el Hijo de Dios terrenal, cuerpo físico terrenal.

Y luego Dios dijo: “Hagamos al hombre conforme a nuestra imagen y semejanza,” (capítulo 1, versos 26 al 28 del Génesis); y en el capítulo 2, verso 7, luego le creó el cuerpo físico del polvo de la tierra; pero en el capítulo 2, versos 26 al 28, cuando Dios creó al ser humano dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y cuando creó al hombre, dice: “Hizo Dios, creó Dios al hombre a Su imagen.” ¿Y qué pasó con la semejanza? La semejanza luego en el capítulo 2, verso 7, la hace, la crea, que es el cuerpo físico del polvo de la tierra. La imagen es el cuerpo angelical.

Dios creó al hombre primeramente en cuerpo angelical, varón y hembra, y luego creó el cuerpo físico del ser humano del polvo de la tierra, y todavía varón y hembra; y de Adán, de su costado sacó una costilla y formó un cuerpo femenino donde colocó el espíritu femenino, y vino a ser la ayuda idónea para Adán, la cual cuando Adán despierta del sueño, la ve y se pone muy contento y fue amor a primera vista. Y dice: “Esto es carne de mi carne y hueso de mis huesos.” Y la llamó: “Varona (Ishshah).” Luego, más adelante, luego de la caída allá en el Huerto del Edén entonces la llamó Eva, que quiere decir: “Madre de todos los vivientes.” O sea, de los buenos y de los malos.

Ahora, el ser humano siendo imagen y semejanza de Dios entonces es alma, espíritu y cuerpo. Lo más importante del ser humano es el alma porque eso es lo que en realidad es el ser humano, el espíritu del ser humano es un cuerpo de otra dimensión parecido a nuestro cuerpo, y el cuerpo físico, pues es un cuerpo de carne temporero que tenemos, pero el alma es lo más importante de la persona.

Por eso Cristo cuando habla del alma en San Mateo, capítulo 16, verso 26 al 28, dice: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre; y entonces pagará a cada uno según sus obras.” También dice: “¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” No hay recompensa que usted pueda pagar por la salvación de su alma, ya el precio que se tenía que pagar, lo pagó Cristo en la Cruz del Calvario, ninguna otra persona podía pagar el precio de la Redención solamente UNO: Jesucristo, y lo hizo por amor a todos nosotros.

Si Él no moría por nosotros, nosotros no estaríamos aquí. Pero nosotros estábamos en Cristo y eso es un misterio, pero es lo mismo que una semilla de trigo o de alguna otra semilla, de aguacate o de mango; si usted la toma en su mano y alguien le dice: “Ahí hay un árbol de aguacate, porque lo que tienes en la mano es una semilla de aguacate,” y si usted no entiende la ley de la siembra y de la cosecha usted dice…pues se echa a reír, le dice: “No, yo lo que veo es una semilla de aguacate,” pero el otro que es un agricultor ve un árbol de aguacate con muchos aguacates, porque tiene el conocimiento, la revelación de la ley de siembra y cosecha y sabe que todo semilla tiene una vida, la cual al sembrar brota y nace un árbol de lo que sea la semilla; y entonces luego lleva el fruto y después le dice a usted: “¿Ves? te dije que yo veía un árbol de aguacate con muchos aguacates; míralo ahora.”

Pero sino es sembrada esa semilla, pues queda sola, lo mismo Cristo decía: “Si el grano de trigo no cae en tiene y muere…” tiene que morir para que nazca una plantita de trigo, y esa planta de trigo es la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de la cual viene el trigo, los hijos del Reino. En la parábola del trigo y la cizaña, vean, los hijos del Reino son representados en el trigo en esa parábola.

Y ahora, la Iglesia es lo más importante que Dios tiene en la Tierra; y por eso es que el Espíritu de Cristo está en la Iglesia, lleva unos dos mil años o dos mil y algo de años ya en la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿y qué hace? Siendo que el Espíritu Santo es la Vida de la Sangre de Cristo, está reproduciéndose en Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios.

Por eso, la planta de trigo que representa a la Iglesia, a través de dos mil años, Cristo ha estado reproduciéndose por medio del Espíritu Santo a través de Su Iglesia o en Su Iglesia se ha estado reproduciendo en muchos granos de trigos, muchos hijos e hijas de Dios; somos granos de trigo a imagen y semejanza del primer grano de trigo de Jesucristo nuestro Salvador; y por eso es que seremos completamente a imagen y semejanza de Dios, seremos completamente iguales a Jesucristo con cuerpos angelicales eternos y cuerpos físicos glorificados eternos para vivir con Él en Su Reino por toda la eternidad y estar con Él como Reyes y Sacerdotes y Jueces.

Los santos juzgarán al mundo dice San Pablo, y también la Escritura nos dice que Cristo nos ha redimido con Su Sangre, de todo pecado nos ha limpiado con Su Sangre, y nos ha hecho para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes de ese orden celestial según el Orden de Melquisedec, del cual Jesucristo es Sumo Sacerdote; por eso todo lo que Cristo es y a todo lo que Cristo es heredero, también lo son todos los creyentes en Él.

Y ahora, hemos estado viendo: “EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA,” el Espíritu que trae la profecía a través de toda la Biblia: es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto que es el cuerpo angelical de Cristo, llamado el Ángel del Pacto del cual dice Dios en el Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23:

“He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él.”

¿Dónde está el Nombre de Dios? En el Ángel del Pacto, en el cuerpo angelical de Dios, en la imagen del Dios viviente que es Cristo en Su cuerpo angelical, en el cual moró, mora y morará Dios eternamente.

Cuando Moisés quiso ver a Dios, ver la gloria de Dios, Dios le dijo: “No podrás ver mi rostro y vivir,” y entonces le dijo: “Yo voy a pasar frente a ti proclamando el Nombre de Dios, y tú vas a ser colocado en la hendidura de la peña, y Yo pondré mi mano sobre ti, te cubriré; y cuando haya pasado quitaré mi mano de sobre ti, y verás mis espaldas.” Vería las espaldas de Dios, que serían las espaldas del Ángel del Pacto, del cuerpo angelical de Dios que es Cristo en Su cuerpo angelical.

Por eso es que Cristo no tiene principio de días ni fin de tiempo, ese es el Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo celestial que vino a la Tierra visitando la raza humana, visitando a Su pueblo para llevar a cabo la Obra de Redención del Sacrificio que exigía el Templo celestial, y que Su Sangre sería presentada en el Templo celestial, lo cual había sido tipificado en todo lo que se hacía en el templo terrenal en el tiempo del rey Salomón y demás reyes, y también en el tiempo de Moisés allá en el tabernáculo que tenían en el desierto.

Y ahora, este Ángel del Pacto tiene el Nombre de Dios, pero dice:

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti…”

Y ahora, ese Ángel del Pacto ya hemos visto que es Cristo en Su cuerpo angelical; por eso Jesucristo es tan importante para la raza humana. En Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante nos da testimonio de ese Ángel del Pacto, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”

Ese mensajero fue Juan el Bautista, el cual vino con el espíritu y virtud de Elías en la tercera manifestación de ese ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo, que es el único que tiene y opera ministerios en seres humanos, dice:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (o sea, Dios el Padre el cual el pueblo hebreo buscaba), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

¿Ven? Viene Dios el Padre, el Señor y el Ángel del Pacto, o sea, Dios el Padre dentro del cuerpo angelical. ¿Y viene a dónde? A Su Templo. Hay un templo de piedras, pero hay un Templo de carne llamado Jesucristo; por eso Cristo frente al templo dice a todos los que estaban allí: “Destruyan este Templo, y en tres días Yo lo levantaré.” Ellos pensaban que estaba hablando del templo de piedras, pero la Escritura dice que no era así, San Juan, capítulo 2, verso 18 en adelante, dice:

“Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.”

Y ahora, el Señor y el Ángel del Pacto vendría a Su Templo, a Su Templo de carne llamado Jesús; y por eso encontramos que Jesús decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y también decía que el Señor lo había ungido con el Espíritu Santo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.” (San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante).

Ahí Él está citando lo que dice el profeta Isaías en el capítulo 61, verso 1 en adelante, y cuando llegó a donde dice: “Y a predicar el año de la buena voluntad del Señor,” ahí se detuvo; si continuaba leyendo, a continuación decía: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” ¿Por qué se detuvo y no continuó leyendo? Porque normalmente nosotros cuando leemos no nos detenemos a la mitad de un versículo, sino que lo terminamos; es que la predicación del día de venganza del Dios nuestro es para este tiempo en el cual nosotros vivimos.

En Su primera Venida Él vino para predicar el año de la buena voluntad de Dios, en donde Dios recibe a toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador. Pero en la predicación del día de venganza del Dios nuestro se estarán anunciando los juicios divinos que han de venir sobre el planeta Tierra, y eso será bajo la predicación del Evangelio del Reino, que será la continuación del mensaje que Cristo predicaba, Él predicaba igual que Juan, el Evangelio del Reino.

Luego que murió, el Día de Pentecostés se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de nuestra salvación, el Evangelio de Jesucristo, el Evangelio de la paz, de la paz para el alma de todo ser humano, pues el ser humano viene con la angustia existencial porque no sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí, ni qué lugar es este, aunque le llaman planeta Tierra, pero no saben que este es un lugar por el cual pasamos, un lugar de prueba, es un lugar de tinieblas y de sombra de muerte.

Por lo tanto, Cristo que es la Luz, resplandece en nuestros corazones para vivir la Vida eterna; el que no recibe a Cristo se queda en tinieblas y sombra de muerte que le traerá la consecuencia de la muerte eterna en el lago de fuego, que es la segunda muerte; y eso lo tenemos que entender estando aquí para evitar tener que ir a ese lugar, porque si uno no entiende estas cosas, pues entonces va a decir: “Pero, ¿para qué yo necesito a Cristo?” Pero cuando entiende estas cosas, entonces sabe que necesita a Cristo, para que nos salve, nos libre de la segunda muerte, nos libre de la ira del Dios viviente, y nos coloque en Su Reino eterno y así tengamos paz para con Dios, reconciliados con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, vimos que quien vendría a la Tierra en el cumplimiento de la primera Venida de Cristo, sería Dios el Padre y el Ángel del Pacto en un cuerpo de carne humana llamado Jesús; por eso en Isaías, capítulo 7, verso 14, dice: “Porque he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel,” que traducido es: Dios con nosotros. En Jesucristo estaba la Plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por lo tanto, esa ha sido la primera ocasión en donde la Plenitud de la Divinidad como le llaman en algunas religiones, la Plenitud de la trinidad ha estado manifestada en la Tierra en medio de la raza humana y hablando con los seres humanos; era Dios el que hablaba por medio de Cristo. Cristo decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, sino lo que oigo al Padre hablar.” Así que, podemos ver lo grande que es Jesucristo nuestro Salvador, y el cual tuvo misericordia de todos nosotros, y llevó a cabo el Sacrificio de Expiación por nosotros en la Cruz del Calvario.

Y ahora, el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, es el Espíritu de la profecía, es el Ángel del Pacto, es ese cuerpo angelical que aparecía en diferentes ocasiones a diferentes profetas. Y el velo de carne que usa el Espíritu de la profecía, pues hemos visto que son los diferentes profetas que han hablado la Palabra de Dios, el mismo Jesucristo también, ese velo de carne llamado Jesús; y también los apóstoles y diferentes mensajeros que Dios ha enviado a la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales han predicado el Evangelio por Espíritu Santo enviado del Cielo.

Y ahora, el Espíritu de la profecía, la vida de la profecía como profecía, es el significado correcto de la profecía, y es el Espíritu de la profecía, también el cumplimiento de la profecía, el cumplimiento de la profecía al ser visto, se puede juntar lo que fue profetizado con lo que está siendo cumplido y decir: “Esto es el cumplimiento de esta profecía, es la vida de esa profecía,” porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y Dios vela por Su Palabra para ponerla por Obra.

Y ahora, como mensaje el Evangelio de Jesucristo es el Espíritu de la profecía, porque muestra el cumplimiento de todas las profecías que hablaban del Mesías, y muestra el cumplimiento de esas profecías en Jesucristo, por lo tanto el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra Salvación, el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de la paz, como Evangelio, como mensaje, es el Espíritu de la profecía, porque el testimonio de Jesucristo es el Espíritu de la profecía, y el Evangelio de Cristo da testimonio de Jesucristo, es el testimonio que da Dios por medio de Sus apóstoles y diferentes mensajeros con relación a Jesucristo y Su muerte en la Cruz del Calvario; por lo tanto el Evangelio de Cristo, como Evangelio, como mensaje es el Espíritu de la profecía.

Y ahora, encontramos que el mismo Cristo dijo que cuando viniera el Espíritu Santo daría testimonio de Él, de Jesucristo; y también dijo: “Y vosotros también daréis testimonio de mí,” San Juan, capítulo 15, versos 26 al 27, nos habla estas palabras.

Así que… está correcto), así que vean, ¿qué testimonio dieron los apóstoles acerca de Jesucristo luego que Jesucristo murió, resucitó y ascendió al Cielo? Estaban dando testimonio de Jesucristo, esa es la predicación del Evangelio de Cristo, dando testimonio que Jesucristo es el cumplimiento de la promesa de la Venida del Mesías como Cordero de Dios para morir por nosotros en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación.

Por lo tanto, el Evangelio de Cristo es como Evangelio, como mensaje el testimonio de Jesucristo; y el Nuevo Pacto como testimonio, como Pacto porque un pacto es un testimonio, el Nuevo Pacto de Jesucristo del cual Él dijo en la ultima cena, dando el pan a Sus discípulos: “Comed de él, porque esto es mi Cuerpo,” representó en el pan Su Cuerpo, y Su Sangre la tipificó en el vino, cuando dijo dando la copa a Sus discípulos: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” El Nuevo Pacto, el Nuevo Testimonio.

Y ahora, como Pacto el testimonio de Jesucristo, como Pacto es el Nuevo Pacto que Él ha establecido para todos los que le reciben como único y suficiente Salvador, porque el Nuevo Pacto, o el Testimonio de Jesucristo es el Espíritu de la profecía, la vida de lo que fue profetizado, el cumplimiento de lo que fue profetizado.

Por lo tanto, teniendo claro desde los diferentes ángulos este tema: “EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA,” hemos visto al Espíritu de Cristo obrando en todas estas diferentes facetas del Espíritu de la profecía, y tenemos en el libro del profeta Daniel a un Ángel, Ángel Gabriel, que viene trayéndole a Daniel la profecía política, y esa es la profecía política que todo político debe conocer de lo que sería el reino de los gentiles.

Ese Ángel, yo siempre lo he llamado “el profeta de otra dimensión.” Ese Ángel es un hombre, por eso se le llama “el Varón Gabriel,” (le llamó Daniel), también se le llama: “Hombre de Dios,” pero de otra dimensión; no estamos solos en este planeta Tierra, hay seres de otra dimensión, ángeles buenos de Dios que están al servicio del Reino de Dios. Dice la Escritura que Dios envía ángeles ministradores, esos son mensajeros en cuerpos de carne; pero en sus espíritu vienen de otra dimensión, de la dimensión de los espíritus de los profetas, o sea, son cuerpos angelicales de la sexta dimensión.

Hay ángeles malos también, que cayeron cuando Lucero, Lucifer o el diablo se reveló en contra de Dios con su ejército; y esos son ángeles malos que nadie desea que se acerquen a ellos ni a sus hogares. Pero, la protección es tener los ángeles buenos de nuestro lado, los ángeles de Cristo, del ejército de Cristo; si no tiene a Cristo, pues no puede tener protección de los ángeles de Cristo enviados para proteger a los que temen el Nombre del Señor. Recuerden que la Escritura dice: “El Ángel del Señor acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.”

Y ahora, tenemos al Ángel Gabriel en la Escritura trayendo profecías, porque es el Ángel que tiene acceso al Libro de la Verdad, y el Libro de la Verdad en el Cielo contiene todo lo que vendría a ser la historia de la raza humana, desde el principio hasta el final.

Por lo tanto, ese Ángel al tener acceso a ese Libro, conoce todo lo relacionado al ser humano desde antes de la creación del ser humano y desde antes de la creación de este planeta Tierra. Ese Ángel le dice: “¿Sabes por qué he venido a ti?” Le dice a Daniel, y comienza a explicarle, le habla del Ángel Miguel o Arcángel Miguel, que es el Arcángel que está para el pueblo de Israel, o sea, el Ángel guardián del pueblo hebreo con todo el ejercito que tiene el Ángel o Arcángel Miguel, por eso Israel es un milagro, tiene el Ángel o al Arcángel principal, es el Príncipe, el Rey de ese pueblo; por eso el que bendiga a ese pueblo, sera bendito; y el que lo maldiga, sera maldito. Y para cumplirse la bendición o la maldición ahí tienen al Arcángel Miguel con todo ese ejército poderoso para hacer que se cumpla lo que ha sido prometido.

El pueblo… todo país quisiera tener como el Ángel guardián al Arcángel Miguel; pero ya tiene un pueblo asignado. El Ángel Gabriel, pues está tanto con los gentiles como con el pueblo hebreo, y lo ayuda el Arcángel Miguel, ahí se lo dice a Gabriel, Gabriel se lo dice a Daniel: “Nadie me ayudó sino vuestro Príncipe Miguel,” lo ayudó en una guerra, en una batalla que tuvo, porque es el Ángel Gabriel el que tiene que ver con los cambios del reino de los gentiles, el que tendrá que ver también con el cambio del reino de los gentiles al Reino del Mesías; y él tiene un poderoso ejercito también; y es el Ángel de las revelaciones, es, yo lo he llamado también el Ángel profeta de otra dimensión; porque trae profecías para la humanidad (fueron dadas al profeta Daniel), y luego también encontramos en Apocalipsis, capítulo 11, revelaciones proféticas que son iguales a las que recibió el profeta Daniel.

En el libro del Apocalipsis encontramos que Jesús dice que tiene un Ángel, aunque Él tiene muchos ángeles bajo Su dirección; pero sobre todo Él habla de uno, y el apóstol Juan dice aquí en el capitulo 1 del libro del Apocalipsis, versos 1 al 3:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”

La revelación de Jesucristo para Su Iglesia, es enviada a Juan el apóstol por medio del Ángel del Señor Jesucristo; toda esta revelación apocalíptica fue dada a Juan el apóstol, y todas estas visiones fue dada a través del Ángel del Señor Jesucristo. Así como leímos en el Antiguo Testamento en Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23, que Dios dice: “Yo he enviado mi Ángel,” y comienza a decir todas las cosas con relación al Ángel, les dice: “No sean rebeldes al Ángel, no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi Nombre está en él.”  Y ahora, vemos lo que Jesucristo dice de Su Ángel, capitulo 22, verso 6 del Apocalipsis, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas (el Dios ¿de qué? De los espíritus de los profetas, o sea, de los cuerpos angelicales de los profetas), ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Este Ángel no es Jesucristo, porque al principio que leímos en el capítulo 19, Juan el apóstol se postró ante el Ángel para adorarlo, y el Ángel le dijo: “No lo hagas, adora a Dios; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos.” Y ahora, veamos aquí, sigue diciendo, dice aquí:

“…para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Este Ángel es un profeta, viene para mostrar a Sus siervos, a los creyentes en Cristo de todos los tiempos, las cosas que deben suceder pronto.

“¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.”

Y ahora, el Ángel no acepta la adoración, ¿por qué? Porque no es el Señor Jesucristo, es el Ángel, (ángel, significa mensajero). Es el mensajero de Jesucristo que en aquel tiempo se encuentra en cuerpo angelical, y para el tiempo final así como Cristo se encontraba en cuerpo angelical todo el tiempo hasta que Su cuerpo físico nació a través de la virgen María, y entonces fue visto el Ángel del Pacto en un cuerpo humano.

Este Ángel en el fin del tiempo en medio del Cristianismo aparecerá en un velo de carne, va a tener un velo de carne en el tiempo final, va a ser el mensajero del Día Postrero, va a ser el mensajero para el Cristianismo y para los judíos también. Será un profeta dispensacional, por lo cual en él el Espíritu Santo operará el ministerio de Elías, el ministerio de Moisés y el ministerio de Jesús, porque es el Espíritu Santo el que operó en Elías ese ministerio, es el Espíritu Santo el que operó en Moisés ese ministerio, y es el Espíritu Santo el que operó en Jesús ese ministerio que vimos maravilloso.

Pero con todo y eso ni será Elías literal, ni será Moisés literal, ni será Jesús literal, sera el Ángel, el mensajero del Señor Jesucristo para el Día Postrero, enviado a la Iglesia del Señor Jesucristo, al Cristianismo y al pueblo hebreo y para toda la humanidad.

Por eso, vean lo que Jesús dice en el capítulo 22, verso 16 y 17:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

Es Jesucristo el que dice que envía a Su Ángel; y si Él dice que tiene un Ángel, ¿quién va a decir que no es así? Como Dios dijo que enviaba Su Ángel al pueblo hebreo y con el pueblo hebreo, ¿y quién podía decir que no era así? Fue así, y luego se hizo carne y fue conocido por el nombre de Jesús.

“Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

¿Y qué es la estrella resplandeciente de la mañana? Venus es llamada la estrella de la mañana; pero Cristo dice que Él es la estrella resplandeciente de la mañana, pero Él no es Venus, Él no es ese planeta, solamente ese planeta lo tipifica, la estrella resplandeciente de la mañana es el Espíritu Santo, la Columna de Fuego, Cristo en cuerpo angelical; por eso guió al pueblo hebreo de noche con una llama de fuego, una luz que alumbrara todo el pueblo, el desierto, todo, y por el día una columna de nube, una nube que cubría todo el pueblo y los protegía del sol.

Él es esa estrella de la mañana; por eso dice: “Al que venciere, Yo le daré…” y entre las coas que le dará, dice: “la estrella de la mañana,” o sea, que le dará, no es el planeta Venus, y ahí nadie quisiera ir a vivir porque la temperatura son unos 400 grados, y a nadie le gusta el calor y mucho menos a esa temperatura, ahí no hay aire acondicionado que resuelva esa situación. Pero le dará la estrella de la mañana, o sea, le dará el Espíritu Santo; y eso será el mensajero del Día Postrero, el Ángel del Señor Jesucristo que vendrá con el Espíritu Santo, como vino Jesucristo como el Espíritu Santo manifestado en Él, le dará la estrella resplandeciente de la mañana, ese mensajero aparece en el capítulo 7 del Apocalipsis, y es llamado un Ángel. Dice capítulo 7, verso 2 en adelante, dice:

“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo.”

El Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo. “No contristéis al Espíritu Santo de Dios con el cual fuisteis sellados para el día de la Redención.” Efesios, capítulo 4, verso 30; y el capitulo 1, verso 10 al 14, también nos habla de las primicias del Espíritu.

Y ahora, la profecía apocalíptica fue dada a través del Ángel del Señor Jesucristo enviado por el mismo Jesucristo, ese es el Ángel que como el Ángel del Pacto allá, recibirá también el cumplimiento de la profecía de Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, que dice: “Al que venciere, Yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá fuera, o nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de mi Dios, y mi Nombre nuevo.”

Quizás sea una sorpresa para algunas personas que Jesucristo diga: “Y Su nombre nuevo,” que Jesucristo tenga un Nombre nuevo. Ese es un misterio muy grande pero va a escribirlo sobre el vencedor que será el Ángel del Señor Jesucristo en el Día Postrero, como el vencedor dos mil atrás fue el Ángel del Pacto en el cual estaba el Nombre de Dios, y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo. Luego en el capítulo 3 mismo, en el verso 20 al 21, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

¿Quién fue el que venció y se sentó con el Padre en el Trono? El Ángel del Pacto en el cual estaba el Nombre de Dios. ¿Y quién se sentará con Cristo en Su Trono, el Trono de David, que es el Trono de Cristo? Él es heredero a ese Trono, ¿quién se sentará con Él? El vencedor sobre el cual estará escrito el Nombre de nuestro Dios, nombre de la ciudad de nuestro Dios, nombre de la nueva Jerusalén o Jerusalén celestial, y Nombre nuevo del Señor. Cristo tiene un Nombre nuevo y eso es importante que todos lo sepan, porque Cristo va a escribir Su Nombre nuevo sobre el vencedor que será el Ángel del Señor Jesucristo, y el Nombre de Dios, y nombre de la ciudad celestial, la Jerusalén celestial. Son misterios, pero están aquí en la Biblia; y si están aquí, tienen que ser abiertos para la Iglesia del Señor Jesucristo, para el Cristianismo y después para el pueblo hebreo.

Por lo tanto, el Espíritu de Dios estará obrando por medio del Ángel del Señor Jesucristo, trayendo la Palabra profética de todas las cosas que han de suceder en este planeta Tierra; este es el mismo Ángel mensajero que aparece aquí en el capítulo 14, verso 6 al 7 del Apocalipsis, que dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este mensajero (recuerden que Ángel significa mensajero), viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra, el Evangelio eterno es el Evangelio del Reino del cual Cristo dijo en San Mateo capítulo 24, verso 14:

“ Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

Con la predicación del Evangelio del Reino, con la predicación de este mensajero, marcará el fin del tiempo, el fin del reino de los gentiles, el fin para todas las cosas e introducirá el glorioso Reino del Mesías; este mensajero viene para predicar el Evangelio del Reino que predicaba Juan el Bautista y predicaba Jesús, y que con la muerte de Cristo, luego ya el Día de Pentecostés se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de la paz, el Evangelio de nuestra Salvación, que gira alrededor de la primera Venida de Cristo.

El Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo como rey de reyes y Señor de señores para establecer del Mesías en la Tierra, para restaurar el Reino de Dios, restaurar el Reino de David; por eso le preguntaron a Cristo antes de subir al Cielo en el libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 10: “Señor, ¿restaurarás Tú el reino a Israel en este tiempo?” Ellos esperaban la restauración del Reino de Israel, el Reino de David; pero no era para aquel tiempo, había sido rechazado como Rey en Su primera Venida.

Es en Su Segunda Venida que Él va a ser aceptado como Rey, que Él va a establecer el Reino de David, a restaurar el Reino de David y a sentarse sobre el Trono de David, y con Él, dice: “El que venciere, Yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como Yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono.” En la misma forma que hizo el Padre con Cristo, hará Cristo con Su Ángel, en la misma forma que Dios el Padre hizo con Su Ángel, Cristo hará, Jesucristo con Su Ángel. Será paralelo a lo que hizo Dios el Padre con Jesucristo Su Hijo, hará Jesucristo con Su Ángel.

Y ahora, todo eso va a ser de bendición para todos los creyentes en Cristo, todo eso va a ser para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero,  el Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo como Rey de reyes y Señor de señores.

Y ahora, mirando a través de las Escrituras en Apocalipsis, capítulo… este capítulo 14, vean, dice que este Ángel viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra; y si tiene que predicarlo ¿qué tiene que ser? ¿Será un músico o un pintor? Tiene que ser un predicador; y viene anunciando que la hora del juicio divino ha llegado, viene mostrando todo ese misterio del juicio divino que ha de caer sobre la Tierra, él conocerá todos los pormenores, el porqué vendrá ese juicio y un sinnúmero de cosas más.

Y lo otro, viene diciendo que adoren a Dios, que busquen a Dios, o sea, que en su mensaje estará hablando de Dios, estará diciendo a las gentes que busquen a Dios, porque es un tiempo peligroso no solamente para las naciones, sino para los individuos también. Que busquen a Dios, que adoren a Dios, que le sirvan a Dios, que le den gloria a Dios el Creador de los Cielos y de la Tierra.

Siempre cuando comienzan los problemas en la raza humana, y comienzan terremotos, maremotos y todos esos problemas, las personas comienzan a buscar a Dios; es que hay ciertos dichos que cuando hay problemas es que las personas se acuerdan de Dios, no debe ser así. Cuando estamos bien económicamente y no hay ningún problema, debemos estar buscando a Dios y dándole gracias a Dios por todas esas bendiciones, esas comodidades que nos ha dado, esas bendiciones. Pero algunas veces se olvidan de Dios y creen que por su propia inteligencia y fuerza han logrado todo, y no reconocen que ha sido la bendición de Dios para ellos.

Y ahora, mirando en el libro del Apocalipsis también encontramos en el capítulo 10, que desciende del Cielo un Ángel Fuerte envuelto en una nube y con el Arco Iris alrededor de su cabeza, ese es Jesucristo, el Ángel del Pacto, y clama como cuando un león ruge; porque viene como León no viene como un Cordero, cambió de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Rey, y por consiguiente ya el Trono celestial no hay Sangre cuando eso ocurra; pero todavía está la misericordia de Dios, desde el Trono de Dios extendida para el ser humano, porque todavía Cristo como Sumo Sacerdote está en el Lugar Santísimo del Templo celestial intercediendo con Su propia Sangre; por lo tanto vean, el Sacrificio de Cristo en la Cruz sería presentado luego, ¿dónde? En el Templo celestial, no en el templo terrenal

Y ahora, este “Ángel Fuerte que desciende del Cielo clamando como cuando un león ruge, el cual coloca Su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la Tierra,” el mar representa pueblos, naciones y lenguas, “y clama como cuando un león ruge (eso es Cristo hablando) y siete Truenos emiten sus Voces.” Esos siete Truenos contienen el misterio de la segunda Venida de Cristo, el misterio del séptimo Sello.

Luego, Juan que representa la Iglesia con todos los mensajeros que tendría la Iglesia del Señor Jesucristo, escucha una Voz del Cielo que le dice que vaya al Ángel y le pida el librito que tiene en Su mano derecha, ese librito abierto que tiene en Su mano derecha, va, le pide al Ángel el librito abierto, el Ángel le dice: “Toma y cómelo.” “Toma y cómelo.” O sea, no es un libro como los que tenemos nosotros. Recuerden que está todo eso sucediendo en otra dimensión. “Toma y cómelo;” Y le dice:

“…y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.”

No hay cosa más dulce que la Palabra de Dios, es más dulce que la miel; hablar la Palabra y creer, recibir la Palabra es la cosa más dulce; pero luego que sea amargo en el vientre cuando la persona lo ha creído esa Palabra, la ha digerido, después vienen algunas veces pruebas, persecuciones, algunos amigos te dicen: “Te metiste a la religión;” o cometes algún error entonces le dicen: “ Oye, ¿pero tú no eres un creyente y cometiendo este error, o este otro error?” ¿Ven? Y comienzan a molestar a esa persona que se está esforzando por hacer lo mejor en su vida para agradar a Dios.

Los que critican no se interesan casi nunca en agradar a Dios, sino en mirar las faltas que comete una persona que está tratando de agradar a Dios, de buscar a Dios y de hacer lo mejor, está tratando; el que no hace nada, pues no tiene nada que opinar, no está preocupándose por buscar a Dios y por agradar a Dios.

Siempre, no importan los problemas que tenga en su vida, siga a Dios, siga a Jesucristo; y si comete algún error, pida perdón a Cristo y Cristo con Su Sangre lo limpiará de todo pecado, dice la Escritura: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo.” Recuerden que Cristo dijo: “El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino.”

Así que, hemos recibido a Cristo y no miraremos atrás, miraremos siempre hacia la meta, hacia adelante, hacia la meta de la transformación, de la glorificación para vivir eternamente con Cristo en Su Reino.

Y ahora vean lo que le dice aquí… esa es la parte amarga, los problemas, las situaciones; pero sigue siendo dulce en nuestra boca:

“Y él me dijo: es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Juan está representando aquí al mensajero del Día Postrero, a ese que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a todos los moradores de la Tierra, para lo cual tiene que comerse ese Libro, el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos, el Título de Propiedad de la Vida eterna, el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, el Libro más importante en el Cielo, Libro del cual no había ninguno digno en el Cielo ni en la Tierra, ni debajo de la Tierra para leerlo o mirarlo y mucho menos para abrirlo, Apocalipsis, capítulo 5.

Pero apareció Jesucristo, el Cordero de Dios y León de la Tribu de Judá, lo tomó y lo abrió, el único que era digno, y lo trae a la Tierra para entregarlo a un hombre, ese será el Ángel del Señor Jesucristo el que recibirá ese Libro, ese Título de Propiedad para predicar a todos los moradores de la Tierra el Evangelio del Reino; tan sencillo como eso. Y ese tendrá la Palabra profética para todas las naciones, pueblos y lenguas, y por consiguiente para todas las religiones: para el Cristianismo, para el pueblo hebreo y para todos los demás pueblos y religiones también, él vendrá con el Espíritu de la profecía, con el Espíritu Santo, con el Sello del Dios vivo.

Hemos visto nuestro tema: “EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA.”

Y ahora, siendo que estamos al final del tiempo, al final de la Dispensación de la Gracia, los que faltan para ser completada la Iglesia del Señor Jesucristo están siendo llamados por medio del Evangelio de la Gracia juntamente con el Evangelio del Reino. Cristo dijo:“Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Ninguna otra persona puede ofrecernos Vida eterna, excepto Jesucristo; porque Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo Jesucristo, el cual la imparte a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Estamos al final del camino de la Dispensación de la Gracia, quedan pocas ovejas por llegar al Redil, y están siendo llamadas con la invitación a la cena de las Bodas del Cordero a través del Evangelio de Cristo.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, tú eres una oveja del Señor; por eso estás escuchando aquí el Evangelio de Cristo, y ustedes que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes ciudades y también diferentes naciones, o ustedes que más adelante escucharán esta conferencia en donde ustedes estarán viviendo o asistiendo a alguna iglesia.

Cristo dijo que ninguna de esas ovejas se perderá: “Nadie las arrebatará de mi mano, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre,” (San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante). También dice Cristo en San Lucas, capítulo 18, verso 10 y San Mateo, capítulo 19, versos 11 al 14: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo en donde ustedes se encuentran, en la iglesia o auditorio donde se encuentren, pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo; y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de México y los está llamando en este tiempo final, y tiene mucho pueblo, muchos Hijos en todas las ciudades, en toda la República Mexicana y los está llamando en este tiempo final, y tiene también mucho pueblo, muchos hijos en toda la América Latina y los está llamando en este tiempo, y en Norteamérica también, y también en Canadá, y también tiene en la India, en África, en Japón, en China; en todas las naciones. Los está llamando en este tiempo final.

Él va a completar Su Iglesia, Su Redil, Su Rebaño con Sus ovejas, seres humanos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, creen y lo reciben como único y suficiente Salvador, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo.

Estamos en ese planeta Tierra para creer y obedecer el Evangelio de Cristo y ser rociados con la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador para ser limpiados de todo pecado; no hay otra cosa que nos pueda limpiar de todo pecado, solamente hay una cosa, y es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador, la Sangre del Nuevo Pacto.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno; y por eso estamos esperando unos minutos en lo que llegan las demás personas que como ustedes quieren vivir eternamente.

Lo más importante es la Vida eterna, y solamente hay una persona que nos puede dar la Vida eterna, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO. Mientras vivimos en esta Tierra tenemos la oportunidad de confirmar nuestro lugar en la Vida eterna, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cristo dijo en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” Y también dice: “Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” Si le negamos, Él nos negará, si lo confesamos como nuestro único y suficiente Salvador, Él nos confesará delante de nuestro Padre celestial para que nos dé la entrada a Su Reino eterno.

Si falta alguna persona por venir, puede pasar al frente de los que están presentes y de los que están en otras naciones también. Vamos a estar puestos en pie para la oración por todos los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, vamos a preguntarle a los que están en las cámaras si ya están listos en las demás naciones.

Ahora, con nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración, los que están presentes y los que están también en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma; creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por todos nosotros, por todos los seres humanos, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo,” pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento de Jesucristo; aun el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista y descendió el Espíritu Santo sobre Jesucristo. El bautismo en agua es a la semejanza de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.

Por eso en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo en el bautismo en agua, que es tipo y figura de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador. Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados.

Y ahora, dejo al ministro correspondiente aquí, el reverendo Ricardo Villagrán, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo grandemente a todos los que están presentes y los que están en otras naciones, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador. Pasen todos muy buenas tardes.

“EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA.”

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