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Todas las naciones y todas las familias de la tierra bendecidas con la promesa hecha por Dios a Abraham
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Todas las naciones y todas las familias de la tierra bendecidas con la promesa hecha por Dios a Abraham

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en Gálatas, capítulo 3, versos 13 al 18, palabras que habló Dios por medio de Su Espíritu a través de San Pablo, y dice:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),

para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.

Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.

Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“TODAS LAS NACIONES Y TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA, BENDECIDAS CON LA PROMESA HECHA POR DIOS A ABRAHAM.”

En este pasaje encontramos a San Pablo citando la promesa que Dios hizo a Abraham, que en él y en su simiente serán benditas todas las naciones, o sea, que todas las naciones y por consiguiente la familia humana, para recibir estas bendiciones de Dios, la bendición de Dios, necesita a la simiente de Abraham, a Abraham y a su simiente, o sea, que esa bendición que es dada a Abraham, en la simiente de Abraham, la cual es Cristo, se hace una realidad.

Y ahora, por medio de Cristo esa bendición de Abraham ha pasado a los gentiles conforme a la promesa divina. Y ahora, por medio de Cristo la humanidad ha estado recibiendo esa bendición divina que le fue prometida a Abraham y a su simiente.

Y ahora, dice el apóstol Pablo en Gálatas, capítulo 3, verso 14… vamos a ver, capítulo 3, verso 6, vamos a leer primero, verso 6 al 9, dice:

“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.”

Y ahora, todos los creyentes en Cristo por la fe en Cristo, ¿son qué? Hijos de Abraham, hijos de Abraham al ser creyentes en Cristo, ser de la fe en y de Cristo; porque la bendición de Abraham por medio de Cristo ha pasado a los gentiles, a todos los creyentes en Cristo, y esta es una promesa hecha a Abraham antes de venir la Ley en el tiempo de Moisés, por lo cual los que son de Cristo, son bendecidos con el creyente Abraham. Vean aquí en el capítulo 3, versos 26 al 29, dice, de Gálatas.

“…pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;

porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Y ahora, vean la bendición tan grande que tienen todos los creyentes en Cristo, son hijos de Abraham todos los que son creyentes en Cristo.

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Luego sigue en el capítulo 4, versos 1 en adelante, dice:

“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo;

sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre.

Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo.

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Abba, o sea, ‘Abba’ significa: ‘Padre’).

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”

Y ahora, todas las personas creyentes en Cristo, sean judíos, sean griegos o de alguna otra nacionalidad, son hijos e hijas de Dios, y por consiguiente esos son los hijos de Abraham que serían como las estrellas del cielo, son los hijos de Abraham, son esas personas creyentes en el Dios de Abraham, como el mismo Abraham creyó a Dios.

Y ahora, estas personas son los que reciben la adopción de hijos, esta adopción tiene dos partes: la primera parte… y recuerden que esto nos habla del nuevo nacimiento del cual le habló Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo no comprendía, y entonces pensaba que era nacer de nuevo a través de una mujer; pero el nuevo nacimiento no es de voluntad, por voluntad humana, no es por voluntad de hombre, no es por la unión de un hombre y de una mujer, sino que es por medio del Espíritu de Dios.

Y ahora, Jesús le dice a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del Agua, es nacer del Evangelio de Cristo, escucharlo, nacer la fe de Cristo en su alma, creer y recibir a Cristo como único y suficiente Salvador y ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, eso es nacer del Agua. Y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo, y por consiguiente la persona ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios.

Y por cuanto la redención tiene dos partes muy importantes, la esfera espiritual en donde la persona al nacer de nuevo ha obtenido un cuerpo angelical, ha nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, y por consiguiente tiene Vida eterna, porque la vida que la persona tiene es del lugar en que nació; si nace en la Tierra físicamente, pues tiene vida terrenal, si nace del Cielo, pues tiene Vida celestial que es eterna, nace en el Reino de Cristo, nace en y con Vida eterna, y el alma de la persona tiene Vida eterna al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y ha entrado al Programa de la redención, ha obtenido la redención espiritual, ya su alma tiene Vida eterna, tiene un Cuerpo angelical eterno llamado el ángel que tiene cada persona.

Recuerden que cuando Pedro estuvo preso y Dios lo libertó por medio del ángel, encontramos que luego toca a la puerta donde estaban reunidos los hermanos y hermanas, allá en la casa de Juan Marcos, y una joven llamada Rode fue para abrir la puerta, y al acercarse y escuchar la voz de Pedro, la reconoció y de gozo no abrió la puerta y fue y avisó a los demás que estaban en la casa, y les dijo: “Es Pedro el que toca la puerta,” y ellos le dicen: “Rode, estás loca, es su ángel.” Es que cada persona tiene su ángel que es su cuerpo angelical, su Espíritu.

Recuerden que un espíritu es un cuerpo parecido al nuestro pero de otra dimensión, ese es el ángel que tiene cada persona, cada hijo de Dios, cada creyente en Cristo tiene su propio ángel; por eso es que Cristo en una ocasión dijo que “los ángeles de estos pequeños ven el rostro de mi Padre cada día.”

El ángel de cada creyente en Cristo es su cuerpo angelical, o sea, el Espíritu de cada creyente en Cristo, y cada creyente es alma viviente, pero tiene un cuerpo espiritual llamado el ángel de la persona, un cuerpo parecido a nuestro cuerpo, pero de otra dimensión; por eso cuando cada creyente en Cristo muere físicamente, o sea, muere su cuerpo físico, la persona sigue viviendo en alma y espíritu, sigue viviendo en el cuerpo espiritual, en el Paraíso, en esa dimensión angelical; y allí esperan hasta que se complete el número de los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, se complete en la Tierra, porque habrá un grupo que no verá muerte; cuando ese grupo se haya completado, entonces Cristo saldrá del Trono del Padre, tomará el Título de Propiedad que es el Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante, lo abrirá en el Cielo, ya Cristo estará, no como Sumo Sacerdote, no como Cordero, sino como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores y hará Su Obra de Reclamo, pasará por el Paraíso y traerá a la Tierra todos los creyentes en Él que murieron físicamente, o que sus cuerpos físicos murieron, los traerá a la Tierra, los resucitará en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, y entonces los veremos, y al verlos seremos transformados también nosotros, y todos entonces tendremos la segunda parte de la redención, la segunda parte de la adopción.

Cuando la persona recibe a Cristo, es bautizada en agua en Su Nombre y recibe Su Espíritu, ha recibido la primera parte de la adopción, la adopción espiritual, una transformación interior ha obtenido la persona; y luego cuando los muertos en Cristo resuciten y los que vivimos seamos transformados, recibiremos la segunda parte de la redención, de la adopción, que será el cuerpo nuevo y eterno, esa es la redención del cuerpo que nos habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, y lo vamos a leer para tener un cuadro claro, capítulo 8 de Romanos, versos 20 en adelante dice… aún un poco antes, capítulo 8, verso 18 en adelante, dice:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

Y ahora, vean aquí la adopción que esperamos como hijos e hijas de Dios, ser adoptado hijos e hijas de Dios es la redención del cuerpo, o sea, la glorificación para los muertos en Cristo resucitar en cuerpos eternos y glorificados y jóvenes, y para los que vivimos ser transformados y así obtener el cuerpo glorificado y eterno, igual al Cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador; esa es la redención del cuerpo, esa es la adopción para todos los hijos e hijas de Dios, y eso será a la final trompeta. “Porque será tocada la trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero, y nosotros los que vivimos seremos transformados.”

Todas las bendiciones dadas a Dios son heredadas por medio de Cristo nuestro Salvador, Él es el heredero de todo y nosotros coherederos con Él de todas esas bendiciones; nos dice San Pablo, en Efesios, capítulo 4, verso 30:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Hemos sido sellados con el Espíritu Santo y hemos obtenido la primera parte de la redención, la redención espiritual, y nos falta la segunda parte, la redención física, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación, hemos sido sellados con el Espíritu Santo para el día de la redención, para el día en que los muertos en Cristo resucitarán en cuerpos eternos y los que vivimos seremos transformados; para esa redención del cuerpo fuimos sellados con el Espíritu Santo de Dios, y para eso es que Cristo ha prometido venir en el Día Postrero; porque es para el Día Postrero que la Venida del Señor se cumplirá en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Encontramos que muchos pueblos están esperando la Venida del Señor, y la Venida del Señor está prometida para llevar a cabo un Propósito Divino, capítulo 3, versos 20 al 21 de Filipenses, dice para lo cual Él vendrá, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

Él viene de la Casa del Padre, Él viene del Cielo, del Templo celestial en donde Él está como Sumo Sacerdote, Él saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad, el Libro de los siete Sellos, lo abrirá en el Cielo, y como León de la Tribu de Judá hará Su Obra de Reclamo, resucitará a los muertos creyentes en Él y a los que vivimos nos transformará.

Y ahora, nuestra ciudadanía como hijos e hijas de Dios nacidos del Cielo, nacidos de Dios, tenemos la ciudadanía de donde hemos obtenido el nuevo nacimiento: del Cielo.

“…de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra.”

Vean para lo cual Él viene: para transformar nuestros cuerpos, y en cuanto a los muertos en Cristo, resucitarlos en cuerpos eternos, cuerpos glorificados. Sigue diciendo:

“… para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, para que el cuerpo que Él nos dará, el cuerpo que Él… Él nos transformará y entonces tendremos un cuerpo igual al Cuerpo que Él tiene, un Cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad.

“… para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

O sea, que Él tiene el Poder para hacer eso, con ese Poder con el cual Él sujeta a Sí mismo todas las cosas, Él resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a mí me transformará. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también; y esto será para el Día Postrero dijo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante, donde Él habla acerca del futuro eterno de los creyentes en Él, dice capítulo 6, versos 39 al 40 de San Juan:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y si continuamos leyendo todo ese capítulo 6 de San Juan, hasta el verso 58, encontraremos no menos de dos ocasiones más en donde Él dice: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.” Por ejemplo, el verso 44 dice:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y sigue diciendo… ese fue el verso 44, y el verso 54 dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ahí podemos ver que Él promete también la resurrección para el Día Postrero, y en el capítulo 11 de San Juan, cuando Jesús fue a resucitar a Lázaro que ya llevaba cuatro días de muerto, y se encuentra con Marta, la hermana de Lázaro y ella le dice: “Si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Y Jesús le dice: “Tu hermano resucitará,” capítulo 11 de San Juan, versos 21 al 27. Cristo le dice: “ Tu hermano resucitará.” Ella le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.” Ella sabía, porque ya Cristo lo había enseñado que la resurrección es para el Día Postrero; y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, así como el séptimo día de la semana es el día postrero o último día de la semana, de ese ciclo divino, porque después comienza otra semana.

Y ahora, al Cristo decirle que su hermano va a resucitar y ella al decirle, contestarle que ella sí sabe que va a resucitar en el Día Postrero, Cristo le dice:

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”

Y ella le dice: “Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

O sea, que ella tenía un conocimiento claro de quién era Jesús y de que la resurrección será llevada a cabo en el Día Postrero, y Cristo resucita a Lázaro, una: como tipo y figura de todos los creyentes en Cristo que Él va a resucitar en el Día Postrero, y otro motivo es que todos los que murieron antes de la muerte de Cristo y del Día de Pentecostés pertenecen al antiguo Pacto, al antiguo Testamento, o sea, de Moisés hasta Jesús.

Y todos los creyentes en Cristo del Día de Pentecostés en adelante que se abrió la Dispensación de la Gracia, hasta que entre hasta el último escogido en el Cuerpo Místico de Cristo, pertenecen al Nuevo Pacto y por consiguiente pertenecen a la Iglesia Novia del Señor Jesucristo, al Cuerpo Místico de Cristo que está compuesto por los hijos e hijas de Dios; y los hijos e hijas de Dios son los del nivel más alto en el Reino de Dios.

Como en una familia o un patriarca que tenga sus hijos, tenga sus siervos, sus trabajadores, sus esclavos también, el hijo es mayor que los siervos y que los esclavos. Así también es en el Programa Divino, Israel como pueblo es o son los siervos de Dios bajo la Dispensación de la Ley, y los creyentes en Cristo bajo la Dispensación de la Gracia, son los hijos e hijas de Dios. Tan sencillo como eso.

Comprendiendo eso comprenderemos las Palabras de Cristo en San Mateo, capitulo 11, versos 9 en adelante, cuando Él dice: “¿Qué salisteis a ver? (Cuando Juan estaba predicando y bautizando, pregunta) ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque éste es del cual fue dicho: He aquí, yo envío mi mensajero delante de ti.” Juan el Bautista fue el Elías que tenía que venir en aquel tiempo, y Cristo también continúa diciendo en ese pasaje: “De los nacidos de mujer no hubo ninguno mayor que Juan, pero el más pequeño en el Reino de los Cielos, mayor es mayor que Juan.”

Los miembros del Reino de los Cielos son los creyentes en Cristo que están bajo el Nuevo Pacto, y el más pequeño de ellos es mayor que Juan el Bautista, ¿por qué? Porque el más pequeño del Reino de los Cielos pertenece a la Iglesia del Señor Jesucristo, a los hijos e hijas de Dios, y Juan el Bautista pertenece a los siervos de Dios, ¿ven? Tan sencillo como eso.

Por eso es que Cristo conforme a Hebreos, capítulo 3, verso 1 en adelante, dice que así como Dios colocó a Moisés como siervo sobre Su casa, ha colocado a Jesucristo como Hijo sobre Su Casa, la cual Casa somos nosotros.” No es una casa de cuatro paredes, es una familia. La casa de Abraham es la familia de Abraham, la casa de Isaac es la familia de Isaac, la casa de Jacob es la familia de Jacob, y por consiguiente también es la familia de Isaac y es la familia de Abraham; y la Casa de Dios, esa es la familia de Dios, compuesta por hijos e hijas de Dios. Tan sencillo como eso.

Y ahora, la bendición de Abraham ha pasado por medio de Cristo a todos los creyentes en Cristo, y han venido a ser los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, esa es la Casa de Dios sobre la cual Cristo ha sido colocado como Hijo sobre Su Casa, la cual Casa somos nosotros. Tan sencillo como eso.

Y ahora, “TODAS LAS NACIONES Y TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA BENDECIDAS CON LA PROMESA HECHA POR DIOS A ABRAHAM.”

Y ahora, la bendición de Abraham ha pasado a los gentiles por medio de Cristo; porque la simiente de Abraham es Cristo, el Mesías, por medio de Cristo el Mesías es que ha pasado esta bendición de Abraham.

Y ahora, todos los creyentes en Cristo son hijos e hijas de Abraham por ser creyentes en Cristo, por la fe en Cristo, es que Dios está creando una nueva raza con Vida eterna, tan sencillo como eso. Es el Proyecto más grande de Dios, la creación de una raza con Vida eterna; es como en un hogar, en una familia, ¿cuál ha sido el proyecto más grande? Pues la reproducción, la reproducción del padre a través de la madre en muchos hijos e hijas, los cuales los presentan a Dios para que Dios también los reciba en Su Reino, y entren al Reino de Dios, porque los queremos a todos con nosotros en el Reino de Dios, queremos que nuestros hijos vivan eternamente en el Reino de Dios.

“TODAS LAS NACIONES Y TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA BENDECIDAS CON LA PROMESA HECHA POR DIOS A ABRAHAM.”

Ya hemos visto cómo es que serían bendecidas todas las familias de la Tierra: es por medio de Cristo, a través de la predicación del Evangelio de Cristo para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas y reciban a Cristo como único y suficiente Salvador y obtengan la redención, obtengan la Salvación y Vida eterna, y entren a formar parte por consiguiente de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ya yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi Salvador, y fui bautizado en agua en Su Nombre, Él me bautizó con Su Espíritu y produjo en mí el nuevo nacimiento y nací en el Reino de Dios, y por consiguiente nací en y a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. ¿Y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y nació la fe de Cristo en su alma, puede pasar al frente para dar testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como su único y suficiente Salvador y estaremos orando por usted. Vamos a dar unos segundos, unos minutos mientras pasan acá al frente y oraremos por usted.

Recuerden que Dios está creando una nueva raza con Vida eterna; por eso Cristo hablaba tanto de la Vida eterna, y decía: “El que cree en mí, tiene Vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a Vida.” El ser humano desde que pecó en el Huerto del Edén, perdió la Vida eterna, murió, o sea, que el ser humano al nacer en esta Tierra a través de sus padres terrenales, nace a una vida temporera, pero está muerto, muerto a la Vida eterna; para obtener la Vida eterna, recibe a Cristo como Salvador y entonces nace de nuevo, nace a una nueva Vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, y así es como pasa de muerte a Vida; por eso dice la Escritura también que los muertos escucharán la Voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán, recibirán la Vida eterna.

Por lo tanto, nuestra estadía en esta Tierra tiene un Propósito Divino, y es que obtengamos la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador; si nosotros nos vamos de este planeta Tierra sin haber recibido a Cristo como Salvador, entonces no tendremos Vida eterna para vivir con Cristo en Su Reino por toda la eternidad, no nos podemos conformar con una vida temporera que se nos acaba algunas veces por edad avanzada o por enfermedad o por algún accidente; esta vida tiene un propósito, y es que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo y recibamos a Cristo como nuestro Salvador, y así seamos rociados con la Sangre de Cristo y limpiados de todo pecado.

Cristo es el segundo Adán, para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios, hijos e hijas de Dios con Vida eterna al nacer en el Reino de Cristo.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están en otras naciones también, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Dios tiene mucho pueblo en esta hermosa Ciudad de Mérida, y los está llamando en este tiempo final, y también en todas la Ciudades y todas las comunidades de la República Mexicana, y los está llamando para darles Vida eterna, y en todos los países, en toda la América Latina y también en Norteamérica y en todas las naciones, y los está llamando para darles la Vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede venir; los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración, los que han venido a los pies de Cristo, repitan conmigo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna. Señor, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon el Evangelio de Cristo siendo predicado, y nació la fe de Cristo en vuestra alma y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Por lo cual, ustedes me dirán, por cuanto Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” (en San Marcos, capítulo 16, verso 15 al 16). Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible. ¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo y lo han recibido como Salvador, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, el cual cuando vio que Jesús venía a él al Jordán para ser bautizado, le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo Te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y el Espíritu Santo descendió sobre Jesús y permaneció sobre Él. Si Él tuvo necesidad de ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es tipológico, pero en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva Vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro aquí presente para que les indique cómo hacer ustedes para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada nación y en cada lugar dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Y que Dios les bendiga y les guarde a todos; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Dios les bendiga.

“TODAS LAS NACIONES Y TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA BENDECIDAS CON LA PROMESA HECHA POR DIOS A ABRAHAM.”

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