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Luchando y trabajando con el ángel hasta obtener la bendición de Dios
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Luchando y trabajando con el ángel hasta obtener la bendición de Dios

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al importante proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística, junto a sus ministros y el reverendo, misionero Miguel Bermúdez Marín; y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Ya mañana estaré también en Veracruz, en el evento de las 9:00 de la mañana de AMISRAEL, y luego en la actividad con todo el pueblo para la predicación del Evangelio de Cristo nuestro Salvador, la cual será, pues a la hora ya establecida para la actividad de la tarde con el reverendo José Nolasko, su congregación y todos los ministros que con sus congregaciones estén allí presentes, y todos los demás invitados y todas las personas que habrán escuchado la invitación para estar en esa actividad.

Para esta ocasión leemos un pasaje muy conocido por todos, en donde hubo una bendición muy grande para un hombre llamado Jacob, fue tan grande la bendición, que su nombre fue cambiado por Israel, y dice así el capítulo 32 del Génesis, versos 22 al 32:

“Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.

Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices.

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.

Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LUCHANDO Y TRABAJANDO CON EL ÁNGEL HASTA OBTENER LA BENDICIÓN DE DIOS.”

Jacob, hijo de Isaac, nieto de Abraham, hereda las bendiciones que fueron dadas a Abraham, de Abraham pasaron a Isaac, de Isaac a Jacob, y de Jacob pasaron a sus doce hijos que son los patriarcas de Israel, y de ellos esa bendición pasa a sus descendientes, el pueblo; y en medio de ese pueblo este mismo Ángel que bendijo a Jacob estaría bendiciendo a su descendencia, la descendencia de Jacob o descendencia de Israel, por eso la descendencia de Israel o Jacob, es llamada Israel.

Y ahora Jacob, hemos visto que obtuvo la primogenitura comprándosela a su hermano Esaú por un plato de lentejas, primogenitura por la cual había luchado en el vientre de su madre Rebeca, y estaba luchando con su hermano Esaú que estaba en el vientre, también, de Rebeca, pero nació primero Esaú, pero Jacob no se dio por vencido.

Un verdadero vencedor no se da por vencido en ningún momento, porque puede perder una batalla pero no significa que perdió la guerra, por lo tanto buscará otro momento para continuar luchando hasta obtener lo que él desea, él estaba buscando la bendición de Dios, la bendición de la primogenitura donde están todas las bendiciones divinas para ser heredadas.

Jacob amaba la bendición de la primogenitura, por consiguiente amaba la bendición de Dios. Esaú no amaba la bendición de la primogenitura y por eso la vendió, y tan barata. Pasa como le pasa a algunas personas que cuando les da hambre venden lo que tienen, en vez de ir, de tener un orden de comprar en el supermercado o en la plaza de mercado lo que necesitan para la semana o el mes, y entonces usarlo en forma inteligente, no echar todo a cocinar el mismo día, porque se quedan los otros días sin comida, sino lo que es necesario para ese día esa comida.

Los que no les importa qué van a comer después, echan mucho y después no tienen qué comer, y lo que tenían que comer lo llevan a sus lados, o sea, ¿los qué? Los rollitos o llantas y esas no las pueden usar, esas se quedan ahí de adornos y después las personas ni las quieren.

Es muy importante tratar de tener la dieta en forma correcta para uno mantenerse bien. Vean, la dieta que le dio Dios al pueblo hebreo en el desierto fue la mejor, pero ellos, parece, no estaban muy conformes con esa dieta, pero siempre Dios les agregó carne, y todavía no estaban conformes, pero así es el ser humano.

Ahora, lo importante de la vida no es si uno está delgado o está grueso, lo importante es que uno esté agarrado de este mismo Ángel del cual se agarró Jacob, luchó con él por la bendición divina, eso es lo importante.

El vivir en la Tierra tiene un motivo divino para el ser humano, y es que mientras viva en la Tierra, escuche la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en su alma, crea en Cristo y lo reciba como único y suficiente Salvador arrepentido de sus pecados, sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en la persona el nuevo nacimiento; y así entró a la Vida eterna, entró al Reino eterno de Cristo nuestro Salvador y aseguró su futuro eterno con Cristo en Su Reino, con este mismo Ángel con el cual luchó Jacob.

Pues este Ángel con el cual luchó Jacob, es el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, es la imagen del Dios viviente; cuando era visto Dios por Su pueblo, por profetas o el pueblo, era Dios manifestado en ese Ángel que aparecía en algunas ocasiones en forma de Fuego, esa Columna de Fuego, o en forma de un hombre, pero un hombre de otra dimensión, ese es un Cuerpo angelical, por eso se le llama el Ángel de Dios o Ángel del Pacto, fue ese Ángel del Pacto en el cual estaba, está y estará eternamente Dios, que Dios por medio de ese Ángel manifestado a Moisés y a través de Moisés libertó al pueblo hebreo.

Este Ángel es nada menos que el Verbo que era con Dios y era Dios, es nada menos el Ángel por medio del cual Dios creó los Cielos y la Ttierra, se le llama “Ángel” porque es un Cuerpo angelical, es la imagen angelical de Dios, o sea, la forma visible de Dios en otra dimensión, y para entenderlo mejor, es un hombre de otra dimensión llamado el Ángel del Pacto o Ángel del Dios, es un varón, un hombre.

Y ahora, veamos lo que nos dice con relación a ese Ángel la Escritura. En Éxodo, capítulo 23 nos dice, verso 20 en adelante:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

Por esa causa es que todos esos hombres de Dios, profetas de Dios como Jacob, como Moisés, como Manoa, todos quisieron saber el Nombre de ese Ángel; porque el Nombre de ese Ángel es el Nombre de Dios.

Y ahora, Dios mismo aquí lo dice, y por eso cuando estuvo hablando con Moisés, también Moisés le pregunta: “Llego yo a los hijos de Israel allá en Egipto (en el capítulo 3 del Éxodo, versos 13 al 16) y les digo: El Dios de vuestros padres me apareció y me envió a vosotros, me envió para libertarlos. Si ellos me preguntan cuál es su Nombre, ¿qué les voy a responder?” Y el Ángel le dice: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY EL QUE SOY, YO SOY me envió a vosotros. Este es mi Nombre, mi memorial para siempre;” o sea, “con este Nombre me conocerán.” También en el capítulo 6 del Éxodo hablando Dios con Moisés le dice de la siguiente manera y vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro de este misterioso Nombre de Dios, dice capítulo 6, versos 2 en adelante del Éxodo:

“Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ.”

Son cuatro consonantes que no tienen vocales, y por eso tan difícil ha sido conocer el Nombre de Dios y pronunciar correctamente el Nombre de Dios, pero Moisés sí lo escuchó y sabía cómo pronunciar ese Nombre divino.

“Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.”

Y si Dios no se dio a conocer a Abraham, Isaac, Jacob y a los patriarcas, entonces no se dio a conocer con ese Nombre, sino como Dios Omnipotente, ellos entonces no conocían el Nombre de Dios que está en el Ángel del Pacto, en el Ángel de Dios, y por consiguiente el primer ser humano que conoce el Nombre de Dios se llama, ¿cómo? Moisés, a menos que antes de Abraham, Noé, Enoc, Set, Abel y Adán conocieran ese Nombre, pero en la Biblia no registra que ellos conocían ese Nombre.

Y ahora, Moisés es un hombre, un profeta dispensacional bienaventurado al recibir la visita del Ángel de Dios, y el Ángel de Dios revelarle el Nombre de Dios que estaba en Él; porque si se conoce el Nombre de aquel en el cual Dios está y del cual Dios dice: “Mi Nombre está en mi Ángel,” si se conoce el Nombre del Ángel, se está conociendo por consiguiente el Nombre de Dios. El Ángel es el Cuerpo angelical de Dios, un Cuerpo de otra dimensión, de la dimensión de los ángeles.

Y ahora, este Ángel del Pacto es por medio del cual Dios le dio al pueblo hebreo la ley en el Monte Sinaí; por eso San Pablo en Hebreos, capítulo 2, verso 2 y también en el libro de los Hechos el capítulo 7, versos 50 al 57, dice que la Ley fue dada por medio o por comisión de ángeles, y también en Deuteronomio nos dice que allí estaban… vamos a ver, en el Monte Sinaí, vamos a ver cómo lo dice para tener el cuadro claro de ese gran evento, capítulo 33 de Deuteronomio, verso 1 en adelante, dice:

“Esta es la bendición con la cual bendijo Moisés varón de Dios a los hijos de Israel, antes que muriese.

Dijo:

Jehová vino de Sinaí,

Y de Seir les esclareció;

Resplandeció desde el monte de Parán,

Y vino de entre diez millares de santos,

Con la ley de fuego a su mano derecha.

Aun amó a su pueblo;

Todos los consagrados a él estaban en su mano.”

Y así, podemos ver que allí hubo una multitud de ángeles, de santos, y también el pueblo hebreo que estaba en la parte baja del Monte Sinaí. Fue un evento muy importante el que sucedió en el Monte Sinaí, en donde Dios le entregó a Moisés la Ley, los diez mandamientos y leyes, ordenanzas, estatutos, decretos divinos para el pueblo; porque un pueblo tiene que tener sus leyes, su constitución que le fue dada a Israel allí en el Monte Sinaí, tiene que tener decretos, tiene que tener también la explicación a esa ley, todas esas cosas vienen a ser la constitución del pueblo y su interpretación.

Y ahora, es el Ángel del Pacto en el cual Dios está y en el cual Dios ha colocado Su Nombre. A través de la Escritura podemos ver que los que vieron ese Ángel, dijeron: “Vi a Dios cara a cara,” y por eso le preguntaban también por el Nombre, como sucedió con Jacob, como sucedió también con Moisés, pero Moisés tuvo la bendición de que le fue dado a conocer el Nombre de Dios.

Jacob es un patriarca, pero no un profeta mensajero dispensacional, aunque es un profeta, pero no dispensacional; Abraham sí es un profeta dispensacional, Moisés es un profeta dispensacional también; Dios tiene muchos profetas, pero dispensacionales solamente tiene, ¿cuántos? Siete profetas dispensacionales, y ya han tenido su ministerio seis profetas dispensacionales, y para este tiempo tiene que aparecer en medio del Cristianismo y luego en medio del pueblo hebreo el séptimo profeta dispensacional para la Dispensación del Reino, con el mensaje del Evangelio del Reino, dando a conocer las cosas que deben suceder pronto, dando a conocer todo el Programa Divino correspondiente a la Dispensación del Reino.

En ese mensajero dispensacional va a estar este Ángel: el Ángel del Pacto, que es nada menos que el Espíritu Santo. Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, y este Ángel del Pacto es un cuerpo espiritual, un cuerpo de otra dimensión; por eso es llamado también el Espíritu Santo, es el mismo Ángel o Varón con el tintero de escribano en su cintura de Ezequiel, capítulo 9, versos 1 al 9.

Y ahora, en Malaquías, capítulo 3, nos dice el verso 1.

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

Este Ángel del Pacto en el cual está Dios y a través del cual Dios se manifiesta, a través del cual Dios creó los Ccielos y la Tierra, el cual también es llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, ahora dice que este es el que está enviando a Su mensajero delante de su faz, o sea, Dios por medio… Dios en Su Ángel y por medio de Su Ángel envía Su mensajero para que le prepare el camino, y prepare así por consiguiente al pueblo, y le anuncie que ha llegado el tiempo para venir el Ángel del Pacto en el cual Dios está, y ha estado eternamente llevando a cabo Su Programa.

Este Ángel del Pacto que envía Su mensajero delante de Él, señala aquí la Escritura que es un mensajero que va a ser enviado para prepararle el camino al Mesías; porque el Mesías será nada menos que la Venida del Ángel del Pacto en el cual está Dios, y por consiguiente será la Venida de Dios el Padre y del Espíritu Santo, el Ángel del Pacto vistiéndose de un cuerpo de carne humana en medio de la raza humana; y eso será Emanuel: “Dios con nosotros”, como dice el profeta Isaías, en el capítulo 7, verso 14, cuando dice: “Porque he aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel,” que significa “Dios con nosotros.”

También en el capítulo 1 de San Mateo, nos habla acerca de ese niño que había sido concebido en el vientre de María, y esto es así para que se cumpliera la Escritura que dice que sería llamado Emanuel, que traducido es “Dios con nosotros,” y sería…  vendría por medio de una virgen hebrea descendiente del rey David.

Esto concuerda con lo que fue prometido allá en el Génesis, en el capítulo 3, verso 15, cuando Dios dijo que la simiente de la mujer heriría en la cabeza al diablo, el diablo que estaba en la serpiente, y que pondría enemistad entre la simiente de la mujer y la simiente de la serpiente. Y ahora, continuamos aquí leyendo, dice:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, ¿quién vendría después del precursor? ¿A quién le estaría preparando el camino el precursor? Dice: “y vendrá súbitamente a su templo el Señor,” o sea, Dios el Padre a quien el pueblo hebreo buscaba, y dice: “y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.” Y el Ángel del Pacto que es el Cuerpo angelical de Dios, ese hombre o varón del cual Jacob se había agarrado y no lo soltaba, y estuvo agarrado de ese Ángel toda la noche pidiéndole la bendición , y ya cuando está rayando el alba, el Ángel le dice: “Suéltame que raya el alba,” y Jacob le dice: “Yo no te dejaré, no te soltaré hasta que me bendigas.” Miren por lo que luchó Jacob toda la noche, es un ejemplo hermoso de lo que es una persona que busca la bendición de Dios, lucha hasta lograr la bendición de Dios, es un ejemplo maravilloso de un luchador, pero un luchador por la bendición de Dios.

Y él sabía que la bendición de Dios viene siempre a través del Ángel de Dios, del Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios, el mismo Pacto que fue dado al pueblo hebreo en el Monte Sinaí, lo trajo Dios por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto, por eso es llamado el Ángel del Pacto, porque Dios dio a Moisés para el pueblo hebreo el Pacto a través del Ángel, del Ángel del Pacto.

Y ahora, la promesa es que viene el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, y el Ángel del Pacto, ¿vienen a dónde? A Su Templo; tenemos templos de piedras, tenemos templos de pieles de tejón: el tabernáculo que construyó Moisés, y de piedras: el templo que construyó el rey Salomón; y para los días en que vendría el Ángel del Pacto estaba el templo que construyó el rey Herodes para el pueblo hebreo, pero no tenía la presencia de Dios, la Columna de Fuego.

Pero ahora viene el Ángel del Pacto, y vendrá a Su Templo, el Templo humano. Recuerden que Cristo dijo en una ocasión: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” y pensaban las personas que estaban allí, que estaba hablando del templo de piedras, y le dicen: “En cuarenta y seis años fue construido este templo, ¿y tú dices que en tres días lo vas a levantar?” Y decir: “Que destruyan este templo,” ellos pensando que se refería al templo de piedras, eso era una incitación terrorista en contra de una propiedad del pueblo hebreo y también del gobierno romano que fue el que lo construyó.

Cualquier persona que le dice a un grupo de personas y a sus seguidores, que destruyan un edificio del gobierno o una catedral o un templo, puede ser denunciado a las autoridades y ser llevado ante el juez y puede ser acusado de terrorista; por eso cuando fue juzgado Jesús, llevaron testigos que daban testimonio que Jesús había dicho que destruyeran el templo, que Él en tres días lo iba a levantar.

Y ahora, la Escritura dice: “Pero Jesús no hablaba del templo aquel físico, sino que Él estaba hablando de Su Cuerpo,” cuando Él murió y resucitó comprendieron de lo que les estaba hablando; porque al tercer día resucitó, levantó aquel Cuerpo, aquel Templo humano, lo levantó glorificado.

Y ahora, el Templo humano de Dios era aquel Cuerpo de carne que había nacido a través de la virgen María, que había sido creado por el Espíritu Santo en el vientre de María, y se multiplicó célula sobre célula y así se formó el Cuerpo de Jesús que nació a través de la virgen María. El apóstol Pablo dice: “¿No saben ustedes, que ustedes son Templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Y el Espíritu de Dios moraba en Jesucristo, por lo tanto era el Templo humano de Dios, donde Dios habitaba en toda Su Plenitud, porque le agradó a Dios que en Él habitase toda plenitud, esto es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y el Ángel del Pacto con el cual luchó Jacob y no lo soltó hasta que el Ángel lo bendijo, estaba en el Templo humano llamado Jesús, luego que Jesús fue bautizado por Juan y entró ahí la Plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo estaba allí presente en medio del pueblo hebreo en este joven profeta de Nazaret, criado en Nazaret pero nacido en Belén de Judea.

Cuando Juan estuvo predicando, decía: “Hay entre vosotros Uno al cual ustedes no conocen, del cual yo no soy digno de desatar la correa de Su calzado,” y él decía: “El cual es mayor que yo, porque era primero que yo, Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego,” cuando ve a Jesús, dice: “Éste es el hombre del cual yo daba testimonio de estas cosas que estarían en Él, éste es el hombre. He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y así lo introdujo, lo presentó al pueblo hebreo que estaba allí presente, lo presentó como el Mesías al cual Él le estaba preparando el camino.

Y ahora, le estaba preparando el camino a Dios que vendría en y con Su Cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, vendría en un Cuerpo de carne que nacería a través de una virgen hebrea, la cual fue la virgen María; tan sencillo como eso. Y esa fue la Venida del Mesías, del Ungido, del Cristo, fue la Venida del Ángel con el cual luchó Jacob, viniendo ahora ese Ángel con un Cuerpo físico, dentro de un Cuerpo físico llamado Jesús. Por eso es que Jesucristo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, dice a los judíos:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Y cómo era Cristo, Jesucristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el Ángel del cual se agarró Jacob y no lo soltaba hasta que el Ángel, ya rayando el alba, lo bendijo, le cambió el nombre, y ahí en ese cambio de nombre vino la bendición de Dios.

Con un nombre que usted le coloque a un hijo suyo, hijo varón o hija, usted puede bendecir a su hijo o a su hija; o si le pone un nombre que no es correcto, puede traerle problemas a su hijo o a su hija. Por eso es importante cuando le vamos a poner el nombre a nuestros niños, buscar un libro de nombres y sus significados, porque lo que queremos es que el nombre sea de bendición para nuestros hijos.

Ustedes pueden ver a través de la Escritura que cuando Abraham le va a poner nombre a su hijo, ya Dios le da el nombre: Isaac, y luego también cuando recibe el hijo de Isaac, el nombre: Jacob, vean, era un nombre que no le convenía y entonces el Ángel más adelante se lo cambió. Encontramos también a través de la historia bíblica estos cambios de nombres.

Y ahora, encontramos que le fue dado el nombre también para el precursor: Juan el Bautista, el Ángel le dio el nombre que le tenían que colocar, se lo dio a Zacarías el padre de Juan el Bautista antes de ser concebido Juan, y también le dio a la virgen María el nombre que tenía que colocarle al hijo que iba a nacer de ella, que vendría por obra y gracia del Espíritu Santo; y para que no hubiera error, alguna falla, también se lo hizo saber a José, el marido de María y padre de crianza de Jesús.

No se podía fallar en el nombre que tenía que ser colocado al niño que nacería a través de la virgen María; la Escritura dice que sería… “La virgen concebiría y daría a luz un hijo, y sería llamado Emanuel,” y Emanuel significa “Dios con nosotros”, Dios estaría con la raza humana como un hombre en el cuerpo que nacería a través de la virgen María, esa es la semejanza física de Dios; por eso es que Jesús decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” capítulo 14 de San Juan, y también en el capítulo 10 de San Juan, verso 30, dice: “El Padre y yo una cosa somos.” Y también en el capítulo 14 de San Juan dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre, ¿cómo dices: Muéstranos al Padre y nos basta? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí, y el que me ha visto a mí, ha visto al Padre?” Tan sencillo como eso. El Cuerpo de carne llamado Jesús es el Templo humano de Dios.

Y ahora, encontramos al Ángel del cual se agarró bien Jacob vestido de carne humana en la persona de Jesús, era el Ángel del Pacto vestido de un cuerpo de carne, estaba dentro de ese velo de carne, es llamado el Ángel del Pacto también el Espíritu Santo, por eso decía Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido,” o sea, el Ángel del Pacto estaba en Él.

Y ahora, la bendición de Dios por medio de Cristo, la bendición de Abraham pasa a los gentiles, el Ángel del Pacto bendice a los gentiles con la bendición del Espíritu Santo para producir el nuevo nacimiento en todas las personas que reciben a Cristo como único y exclusivo Salvador, y produce en ellos el nuevo nacimiento, nacen como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios.

La bendición que Jacob buscó a través del Ángel del Pacto, ahora los seres humanos pueden recibir las bendiciones divinas por medio del Ángel del Pacto: Jesucristo, el cual vino en carne humana para establecer un Nuevo Pacto con la casa de Jacob y con la casa de Israel, de eso es que habla en la última Cena en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, cuando cenando con Sus discípulos toma el pan y da a Sus discípulos y dice a ellos: “Tomad, comed esto es mi Cuerpo,” o sea, está tipificando, representado Su Cuerpo en el pan que les está dando.

Y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, da a Sus discípulos y les dice: “Tomad de ella todos (o sea, tomad de esta copa), porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” está tipificando en el vino Su Sangre que va a ser derramada; y por eso es que se conmemora la muerte de Cristo, el Sacrificio de Cristo, en la Santa Cena, representando en el Cuerpo de Cristo que fue crucificado, representado en el pan, y representando Su Sangre en el vino, tan sencillo como eso. Es un memorial, como fue el memorial de la Pascua en medio del pueblo hebreo, conmemorando el Cordero Pascual que cada familia sacrificó allá en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos.

Y ahora, para la preservación de la Vida eterna de los primogénitos escritos en el Cielo en el libro de la Vida del Cordero, fue Sacrificado el Cordero de Dios, Cristo, en la Cruz del Calvario; por eso es que Juan el Bautista cuando ve a Jesús dice en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Ninguna persona se puede a sí mismo quitar los pecados, es por medio de Cristo el cual murió como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para con Su Sangre limpiarnos de todo pecado.

Y ahora, todo ser humano tiene el Sacrificio de Expiación por sus pecados, llevado a cabo por el Ángel del Pacto para recibir la bendición de Dios al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, cuando hacemos eso estamos recibiendo al Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios, el cual se hizo carne y habitó en medio del ser humano, era Emanuel, “Dios con nosotros,” “el Verbo que era con Dios y era Dios y a través del cual creó todas las cosas, se hizo carne y habitó en medio de nosotros, en medio de la raza humana, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de virtud o de verdad.” (San Juan, capítulo 1, verso 14).

Y ahora, podemos ver quién es el Señor Jesucristo nuestro Salvador, es nada menos que el Ángel del Pacto a través del cual Dios estableció un Nuevo Pacto con y en esa manifestación que tuvo en carne humana en Su velo de carne llamado Jesús, era el Ángel del Pacto el que estaba en ese velo de carne para establecer el nuevo Pacto que estaba prometido por Dios en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36; es que nadie más puede establecer un Pacto con el pueblo de Dios, tiene que ser Dios por medio del Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo, ese es el Ángel del Pacto llamado el Ángel del Pacto, y un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, por eso aparece en la forma de un hombre, porque es un hombre de otra dimensión el Ángel del Pacto.

Y ahora, para establecer el Nuevo Pacto, pues tiene que venir el Ángel del Pacto en persona, vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso.

Y ahora, todos los seres humanos, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, está escuchando la predicación del nuevo Pacto que Dios ha establecido con la casa de Israel y con la casa de Judá, y han estado entrando a ese Nuevo Pacto millones de seres humanos a través de estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá; los que han recibido a Cristo como Salvador han hecho como Jacob, se han agarrado del Ángel del Pacto, de Jesucristo que es el Ángel del Pacto, y no lo han soltado, han recibido la bendición de Dios, el Espíritu de Dios, y han obtenido el nuevo nacimiento y han asegurado su Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, los que vivimos y lo hemos recibido como Salvador, tampoco lo soltaremos, estaremos agarrados de Cristo, el Ángel del Pacto, todos los días de nuestra vida terrenal. La bendición de entrar al Nuevo Pacto es muy grande. En la bendición del nuevo Pacto está el bautismo del Espíritu Santo que produce el nuevo nacimiento en nosotros, y por consiguiente tenemos un cuerpo angelical en el cual los creyentes, al morir, siguen viviendo en ese cuerpo angelical en el Paraíso, y regresarán en la resurrección de los muertos en Cristo en la Venida del Señor, resucitarán en un cuerpo eterno y glorificado, y los que estemos vivos seremos transformados.

Cristo, el Ángel del Pacto, Dios en Su Cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, vendrá en el Día Postrero, en el cumplimiento de la Segunda Venida del Mesías, para bendecirnos con la porción que nos falta, la porción del cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al Cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, para eso Él vendrá conforme a las profecías bíblicas en el Día Postrero, para el cual Cristo dijo: “Y yo les resucitaré (esto es hablando de los creyentes en Él), y yo les resucitaré en el Día Postrero,” San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40 y capítulo 6, versos 41 al 58 y San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27. En Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21 dice, hablando de la Venida del Señor, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Con ese poder con el cual puede sujetar a sí mismo todas las cosas, porque Él está como Rey, Él está sentado en el Trono de Dios, Él es el heredero a toda la creación, porque por Él fueron hechas, a través de Él y para Él.

Y ahora, Él es el heredero de toda la creación: del mundo invisible y del mundo visible, porque como hijo de Dios Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra, de todas esas galaxias llenas de estrellas que usted ve en una noche estrellada, todo eso le pertenece a Cristo y también a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también, porque somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro, esa es la herencia de los hijos de Dios: la Vida eterna con todo lo que hay en la Vida eterna.

Y ahora, Jacob luchando y trabajando para que el Ángel lo bendijera, tipifica a los creyentes en Cristo, y también al pueblo hebreo que en el Día Postrero se va a agarrar del Ángel del Pacto, del Mesías en Su Venida en este tiempo final. En la Venida de Cristo por Su Iglesia para llevársela a la Cena de las Bodas del Cordero, el pueblo hebreo va a reconocerlo, como los creyentes en Cristo reconocieron la primera Venida de Cristo, ¿dónde? La reconocieron (Su Venida) en medio de los judíos, y la han recibido al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y ahora, para este tiempo final los escogidos del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, estará trabajando, luchando y trabajando con el Ángel hasta obtener la bendición de Dios, hasta obtener su transformación, cada creyente en Cristo luchando hasta obtener la bendición de nuestra transformación.

Y el pueblo hebreo se va a agarrar del Ángel del Pacto como se agarró Jacob, y va a recibir la bendición que le corresponde, ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que son los elegidos del pueblo hebreo, se van a agarrar del Ángel del Pacto, del Ángel de Dios, en el Día Postrero en Su manifestación correspondiente al Día Postrero.

Ahora, le toca a los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, a la Iglesia del Señor, agarrarse del Ángel del Pacto, Cristo nuestro Salvador, estar luchando y trabajando con el Ángel para obtener la bendición de Dios, y Cristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

Por lo tanto, vamos a estar con el Ángel del Señor Jesucristo trabajando en la obra del Señor en este tiempo final, Cristo estará usando Su Ángel en este tiempo final. Dice Cristo en el capítulo 13, verso 20 de San Juan: “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió, al Padre, recibe al Padre que me envió,” vamos a verificar esa cita de San Juan, capítulo 13, para confirmarles si está correcta la localización; está correcta:

“De cierto, de cierto os digo: El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”

Cada persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador, ha estado recibiendo al Ángel del Pacto del cual se agarró Jacob miles de años atrás, pues Cristo es el Ángel del Pacto que se hizo hombre, se hizo carne de esta dimensión terrenal, pero que antes de eso estaba en Su Cuerpo angelical, pero no perdió Su Cuerpo angelical, dentro del velo de carne llamado Jesús estaba ese Cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, eso es el Espíritu Santo.

Por eso Él conocía todas las cosas, y no tenían que las personas explicarle, enseñarle; por eso decían. “¿Cómo sabe éste letras sin haber estudiado?” Es que era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el Cuerpo angelical de Dios dentro del velo de carne llamado Jesús, y ahí Dios estaba en el Cuerpo angelical; era nada menos que Padre, Hijo y Espíritu Santo, ese es el misterio de Dios el Padre y de Cristo, del cual no habla San Pablo en Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3.

Es importante conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo, porque así obtenemos el conocimiento del misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, manifestado todo este misterio en toda Su plenitud en la persona de Jesucristo.

Y ahora, hemos visto la persona tan importante que es el Señor Jesucristo, y por eso Su muerte en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano, y así todos tenemos un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados para ser perdonados, limpiados con la Sangre de Cristo de todo pecado siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor, y Cristo nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en nosotros el nuevo nacimiento, nacemos en el Reino de Dios, el Reino de Cristo nuestro Salvador; y por consiguiente hemos nacido a la Vida eterna.

Tenemos Vida eterna en nuestra alma y nuestro Espíritu, el Espíritu teofánico angelical que Él nos da, y nos falta la Vida eterna física que la va a dar a nosotros al resucitar a los muertos creyentes en Cristo en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, y a los que estemos vivos nos va a transformar, y entonces tendremos la doble porción: la redención del alma y del cuerpo, y entonces seremos eternos y jóvenes para toda la eternidad, iguales a nuestro amado Señor Jesucristo el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Es importante que nos agarremos del Ángel hasta obtener la bendición de Dios, plena, que será nuestra glorificación, nuestra transformación, para lo cual primero tenemos que escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en nuestra alma, creemos en Cristo y damos testimonio público de nuestra fe en Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

Ya yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, y Él me salvó y me ha dado Vida eterna.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona, en usted el nuevo nacimiento y obtenga por consiguiente la Salvación y Vida eterna.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos los que están presentes y los que están en otras naciones también, y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mi; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Sin Cristo, el Ángel del Pacto, el ser humano está perdido; pero Cristo dice en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también, para eso vino Cristo, el Ángel del Pacto hecho carne en medio del pueblo hebreo y murió por nosotros en la Cruz del Calvario: para salvar nuestra alma, y colocarnos con Él en Su Reino con Vida eterna.

Dice en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, que Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo, o sea, en Jesucristo, y nos dice: “El que tiene al Hijo, tiene la Vida (o sea, tiene la Vida eterna); el que no tiene al Hijo (o sea, a Jesucristo), no tiene la Vida,” lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar, y después ¿qué va a hacer? No podrá vivir de nuevo aquí en la Tierra porque se le acabó la vida temporera que recibió, la cual es para que usted escuche la predicación del Evangelio de Cristo, lo reciba como Salvador y asegure su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Ese es el propósito de nuestra vida aquí en la Tierra, estamos aquí para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, obedecer al Evangelio de Cristo, recibiendo a Cristo como Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre y siendo limpiados con la Sangre de Cristo, porque hemos venido para ser limpiados, para ser redimidos con la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.

Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo, o sea, que nuestra vida en la Tierra tiene un propósito divino, y todo ser humano está llamado a conocer ese propósito por el cual existe en este planeta Tierra, y que dejará de existir si no llega a conocer el porqué vive en esta Tierra; porque si no llega a conocer el porqué viven en la Tierra, pues no van a recibir a Cristo como Salvador, tiene que conocer que ha venido a la Tierra para un propósito divino: para escuchar el Evangelio de Cristo, recibirlo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento y así obtener la Vida eterna. Recuerden que Cristo dijo en San Marcos, capítulo 18, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.

O sea, que el futuro del ser humano luego de esta vida terrenal, está en las Manos de Cristo: si cree y lo recibe como Salvador, recibirá la Salvación y Vida eterna; si no lo recibe, si no cree, entonces no podrá vivir eternamente con Cristo en Su Reino eterno, porque es el único Reino que es para toda la eternidad, el mismo Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

En San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33, Cristo dice:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Qué queremos: que Cristo nos niegue delante del Padre celestial, o que nos confiese delante de nuestro Padre celestial y diga: “Este me recibió como su único y suficiente Salvador,” y entonces el Padre le da la entrada a Su Reino, el Reino de Dios, para vivir eternamente.

Hay un orden divino para entrar a la Vida eterna, no es como la persona piense o como la persona diga que va a entrar al Reino de Dios, hay un orden divino de redención para el ser humano entrar al Reino de Dios. El mismo Cristo dice a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan: “El que no nazca de nuevo… Si no nacieres de nuevo (le dice a Nicodemo), no entrarás al Reino de Dios, no puedes entrar al Reino de Dios, el que no nazca de nuevo. De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Así como nosotros para ver este reino terrenal o tantos reinos terrenales, los reinos de este mundo, cada nación tiene su reino, su forma de gobierno; y para ver estos reinos terrenales, ¿qué tuvimos que hacer? Nacer, y para entrar a vivir en este reino terrenal, pues tuvimos que nacer, Cristo le dice… porque Nicodemo no comprendía, le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo, el cual recibe la persona cuando ha recibido a Cristo como Salvador y ha sido bautizado en agua en el Nombre del Señor del Jesucristo. Tan sencillo como eso. Pero hay que nacer de nuevo para entrar al Reino de Dios.

Es como nosotros aquí en la Tierra para entrar al reino terrenal tuvimos que nacer, fue algo sencillo para nosotros, quizás para nuestra madre fue un poquito difícil, pero para nosotros fue sencillo, vean, pero para entrar al Reino de Dios hay que nacer de nuevo, nacer del Agua y del Espíritu, del Evangelio de Cristo para lo cual se predica el Evangelio de Cristo, y del Espíritu Santo; por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39: “En el último y gran día de la fiesta (dice) Jesús se puso en pie (eso era la fiesta de los tabernáculos), y clamó a gran Voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

Esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en Él, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús todavía no había sido glorificado.”

Y ahora, Cristo en esa agua que le ofrece a las personas, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba,” no es agua literal, es el Agua Viva del Espíritu Santo, la misma que le ofreció a la mujer samaritana en el capítulo 4, verso 14, cuando le dice: “Si alguno…” vamos a ver, capítulo 4 de San Juan, verso 14, dice… versos 13 al 14, dice:

“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua (o sea, del agua del pozo que estaba allí), volverá a tener sed;

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”

Esa fuente de agua que salta para Vida eterna es Cristo, y el Agua que le ofrece, que viene de Él, es el Espíritu Santo, y dijo Cristo en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, dice: “El que cree en mí como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán por su vientre.” Esto dijo del Espíritu Santo que habían recibir los que creyesen en Él.

Y ahora, podemos ver todas estas grandes promesas que están establecidas para los que creen en Cristo, no como algunas personas dicen: “Yo creo en Cristo a mi manera,” usted no es el que pone las condiciones, es Cristo el que pone las condiciones, y tiene que ser como dice la Escritura, por lo tanto, Dios ha puesto las condiciones para que el ser humano reciba la Vida eterna, reciba el Agua de Vida eterna, el Espíritu Santo, y es… Cristo dice: “Para el que cree en Él (en Cristo) como dice la Escritura.”

Hay personas que creen en Cristo como un hombre común que nació y vivió en la Tierra de Israel, otros creen en Cristo como un profeta, está bien, era un profeta; pero los creyentes en Cristo nacidos de nuevo creen en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, como el Mesías, el Redentor que con Su muerte en la Cruz del Calvario nos ha redimido con Su Sangre preciosa, son personas que creen en Cristo como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Así es como se cree en Cristo como dice la Escritura, y para ellos ríos de agua viva están prometidos que correrán de su interior, por su interior, o sea, que el Espíritu Santo estará dentro de ellos, se manifestará dentro de ellos, vivirá en esas personas. Dios en Espíritu Santo estará viviendo en esas personas que serán Templos del Espíritu Santo como dice San Pablo: “¿No saben ustedes que son Templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Eso está en Primera de Corintios.

Y ahora, todos tenemos la oportunidad de recibir la Salvación y Vida eterna, porque hay un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, efectuado por Cristo en la Cruz del Calvario.

Si hay alguna persona que falta por venir a los Pies de Cristo, puede pasar al frente para que quede incluido, pues ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; si están listos también ya en las demás naciones, vamos a estar todos puestos en pie los que están presentes y los que están en otras naciones para la oración, para así orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, vuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados los que están presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Señor, acepto Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, y Señor, Te pido salves mi alma, se haga una realidad en mi vida la Salvación y Vida eterna. Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

El Día de Pentecostés cuando Pedro predicó en el capítulo 2 del libro de los Hechos, una multitud muy grande, como de tres mil personas, creyeron, nació la fe de Cristo en sus corazones, creyeron y le preguntan a San Pedro y a los apóstoles:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?”

Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y fueron bautizadas en agua como tres mil personas, las cuales fueron añadidas a la Iglesia del Señor Jesucristo, “y el Señor añadía cada día a Su Iglesia los que han de ser salvos.” Capítulo 2, versos 31 al 48 del libro de los Hechos.

Es que no hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos, solamente hay un Nombre, y ese es Señor JESUCRISTO.

Y ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” y la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, o sea, que somos muertos al mundo como Cristo murió, y somos sepultados como Cristo fue sepultado, y somos resucitados como Cristo fue resucitado, resucitamos a la Vida eterna.

Ahora, el agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, el bautismo en agua es tipológico, es simbólico, por esa causa es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, entendiendo, comprendiendo el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, cuando Juan predicaba y bautizaba allá en el Jordán, aparece Jesucristo, entra a las aguas del Jordán, y cuando Juan lo ve le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo Te bautice?” Y Jesucristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y si Cristo para cumplir toda justicia delante de Dios, convenía que fuese bautizado por Juan, cuánto más a nosotros nos conviene ser bautizados en nuestra vida o mientras vivimos en esta Tierra, al recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Recuerden que Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo;” es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido desde el tiempo de los apóstoles hacia acá, y todavía sigue siendo obedecido porque es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Conscientes del simbolismo, de la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y conscientes de que así nos estamos identificando con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones, también pueden ser bautizados, y los niños de diez años en adelante que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, también pueden ser bautizados.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, y sobre todo dándoles testimonio de Cristo el Ángel del Pacto y cómo agarrarnos de Cristo el Ángel del Pacto para recibir la bendición de Dios, la bendición de la Vida eterna.

Dejo al ministro, reverendo Mario Elizondo Gómez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LUCHANDO Y TRABAJANDO CON EL ÁNGEL HASTA OBTENER LA BENDICIÓN DE DIOS.”

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