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La roca inconmovible en la hora del Sexto Sello
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La roca inconmovible en la hora del Sexto Sello

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística con los ministros juntos al misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

¿Cuántos estuvieron en esta mañana en la actividad de AMISRAEL? Fue una actividad  muy hermosa porque trajo alegría, felicidad a los niños que allí estaban. Los niños son la buena tierra donde hay que sembrar para cosechar una generación de paz, una generación no violenta, sino una generación que ame la paz y trabaje por ella, y obtenga y traiga esa felicidad a su familia y a su comunidad.

Actualmente la humanidad está muy preocupada como dijo Jesús que estaría, para lo cual leemos un pasaje de la Biblia, de San Lucas capítulo 21, para saber a través de la Escritura cuál es la realidad del presente y futuro de la familia humana. Capítulo 21, versos 25 en adelante de San Lucas. Dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas,  y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube  con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA ROCA INCONMOVIBLE EN LA HORA DEL SEXTO SELLO.” Para lo cual luego leeremos algunos pasajes más.

Este pasaje que heos leído es muy importante porque Cristo dice que:

“…angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.”

El apóstol Pablo también nos habló de esto para que estemos al tanto, en Hebreos, capítulo 12, versos 25 en adelante dice:

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra,  mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor.”

En este pasaje nos habla el apóstol Pablo de lo que va a suceder en este tiempo final en el cual nos ha tocado a nosotros vivir. Este es el tiempo de los problemas mayores para la raza humana, problemas en la naturaleza, el calentamiento global por el cual se están derritiendo los hielos polares y que es una amenaza muy grande para la raza humana, pues el nivel de los mares, nivel de los mares, subirá y eso causará graves problemas a las naciones.

Y también va a causar escasez de agua, se va a calentar más el planeta Tierra, pues no tendrá, digamos esos dos acondicionadores de aire, esos dos polos con hielo, y entonces las cosas van a ir de mal en peor para el planeta Tierra y por consiguiente para la humanidad, porque el planeta es nuestra casa, la casa terrenal como planeta.

El sol también aumentará en su actuación, porque la capa de ozono se ha estado dañando, pero todo esto lo ha estado produciendo el mismo ser humano.

Y ahora, encontramos que la humanidad, los científicos que son los más que saben de las cosas que están amenazando la Tierra, son los más asustados que están, porque saben cuál es la situación en que se encuentra la raza humana en este tiempo.

Tenemos el calentamiento global, tenemos los volcanes, los terremotos, los maremotos, los tsunamis que se activan todas estas cosas a causa de la situación de la Tierra que está con dolores de parto, para dar a luz una nueva tierra para el Mesías y los que van habitar en este planeta Tierra.

Los volcanes van a tirar mucha ceniza volcánica y lava también, y va haber una… va haber en la Tierra una situación en que los que están viviendo van a tener problemas, porque los que van a vivir con el Mesías en el Reino del Mesías, van a tener un planeta fértil, un planeta que habrá pasado por esas etapas de purificación, porque esos juicios divinos que vendrán sobre el planeta Tierra es para purificar el planeta Tierra.

Por lo tanto, las cosas, los problemas siempre ha que verles la parte buena, y mirándoles la parte buena para el Mesías y los que vivirán con Él en Su Reino, estará siendo visto como algo bueno en favor de ese Reino que vendrá, pero que causará muchos problemas a la raza humana.

Es que el reino de los gentiles, representado en la estatua que vio el rey Nabucodonosor que tenía la cabeza de oro que representaba el reino de Nabucodonosor, el reino babilónico, y sus pechos y brazos de plata que representaba el reino medopersa o imperio medopersa, y el vientre y los muslos de bronce que representaba el imperio griego comenzado por Alejandro del Grande ese imperio, y luego repartido en sus cuatro generales luego de la muerte de Alejandro el Grande.

Luego las piernas de hierro y los pies de hierro y de barro cocido. Las piernas de hierro es el imperio romano de los césares, el imperio que estaba existiendo en los días en que Jesucristo vino a la Tierra en carne humana allá en la tierra de Israel, y fue ese imperio el que crucificó a Jesucristo allá en Jerusalén, al Hijo de Dios, y por consiguiente tiene un grave problema ese reino de los gentiles.

También tiene la estatua los pies de hierro y de barro cocido, que representa lo que seguiría al reino o imperio romano, o sea, que el imperio romano continuaría pero estaría en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, y ese es el tiempo en donde la piedra no cortada de manos que es la segunda Venida de Cristo, que Él es la Piedra angular, vendrá y le pondrá fin al reino de los gentiles.

Con la Venida del Señor en el Día Postrero se marcará el fin, esa sera la señal del fin para el reino de los gentiles. Por eso en Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, nos dice que la piedra no cortada de manos hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido y los desmenuzó, desmenuzó los pies de hierro y de barro cocido, desmenuzó también el hierro correspondiente a las piernas de hierro, también al vientre de bronce y los muslos de bronce, o sea, lo que quedaba del imperio griego. También la plata, el imperio o lo que quedaba del imperio medopersa y el oro, o sea, lo que quedaba del imperio babilónico.

Porque le había sido dado tiempo, le había sido alargado el tiempo, pero al final todo lo que fue parte del imperio de los gentiles representados en esa imagen o estatua en el tiempo de la segunda Venida de Cristo, va a ser quitado lo que quedó de esos imperios anteriores, juntamente con lo que estará existiendo del reino de los gentiles que es representado en los pies de hierro y de barro cocido.

El juicio divino caerá sobre el imperio de los gentiles. Por eso la sangre de los mártires tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento, va a ser hallada en el reino de los gentiles, y Dios vengará la sangre de Sus santos, tanto de los hebreos (pueblo de Dios)… todos los que han perseguido a los hebreos tendrán problemas delante de Dios en este tiempo, y también porque hay una promesa dada a Abraham, luego pasó de Abraham a Isaac, de Isaac a Jacob, de Jacob a sus hijos, los patriarcas, y de ellos al pueblo hebreo que dice: “El que te bendiga será bendito, y el que te maldiga será maldito.”

Por lo tanto todos los que han perseguido al pueblo hebreo tendrán problemas en este tiempo final, y aún nos dice el libro del Apocalipsis en el capítulo 6, verso 9 en adelante cuando fue abierto el quinto Sello, dice:

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.

Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?

Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.”

Esas almas que están en ese lugar, las almas que están bajo el altar, son las almas de los judíos que han sido perseguidos, han sido masacrados. Ahí están las almas de todos aquellos que Hitler con su imperio, su reino, destruyó, seis millones de hebreos, de judíos que fueron destruidos y quemados, matados, asesinados porque eran judíos hebreos.

Y ahora, aquí aparecen bajo el quinto Sello pidiendo venganza, son los judíos porque si fueran la Iglesia, los creyentes en Cristo, estarían pidiendo misericordia.

Y ahora, les son dadas vestiduras blancas y les es dicho que descansen por un tiempo en lo que se completa el número de sus consiervos, o sea, en lo que se completa el número de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos que en este tiempo final van a ser llamados y juntados por el ministerio del Espíritu Santo operando los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14 y de Apocalipsis, capítulo 11, versos 2 al 14.

Bajo el ministerio de los dos Olivos que son los ministerios que llamarán y juntarán ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, los cuales también luego van a ser matados, la bestia, el anticristo enviará ejércitos contra ellos y los matará.

Y ahora, es para este tiempo final en que todas estas cosas van a suceder. Y ahora, los juicios divinos van a caer aquí bajo el sexto Sello, dice el capítulo 6 mismo, verso 2 en adelante, dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello…”

El que está abriendo esos Sellos es Cristo en el Cielo, el Cordero, cuando toma el Libro sellado con siete Sellos en Apocalipsis, capítulo 5, luego en el capítulo 6 abre esos Sellos y en el capítulo 8 abre el séptimo Sello. Dice:

“…Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra,  como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.

Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;

y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos  del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero;

porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

La ira del Cordero y el tiempo de la ira del Cordero corresponde a los tres años y medio finales de las setenta semanas del libro del profeta Daniel, del capítulo 9, versos 21 al 27. Para los días en que Cristo apareció en la Tierra y comenzó Su ministerio, comenzó la semana número setenta (son semanas de años); cada semana consta de siete años proféticos y tuvo Cristo un ministerio de tres años y medio cuando fue crucificado, allí cumplió ya tres años y medio de ministerio y cumplió la mitad de la semana número setenta, y que han quedado tres años y medio de esa semana, que son los años finales de esas setenta semanas de Daniel, y es en ese tiempo en que Dios se tornará al pueblo hebreo para tratar con ellos, durante esos tres años y medio de la semana número setenta, porque son setenta semanas de años para el pueblo de Daniel, o sea, judíos, los hebreos, y para su santa ciudad, o sea, Jerusalén.

Cuando Cristo murió, Dios allí se detuvo, detuvo esas setenta semanas en la semana número setenta a la mitad, y luego comenzó a tratar con los gentiles más adelante; se abrió una brecha, se abrió un camino para los gentiles, para que pudieran obtener la salvación y Vida eterna, para que la misericordia de Dios alcanzase a los gentiles, por medio de Cristo a través de la predicación del Evangelio de Cristo en donde se da a conocer el Programa de Redención que fue llevado en la Cruz del Calvario por Jesucristo, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida eterna, porque ese es el propósito para el cual Dios envió a Su hijo Jesucristo:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo  unigénito , para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y ahora, le faltan tres años y medio al pueblo hebreo de trato de Dios con ellos, porque Dios trata con Israel como nación, y con los gentiles trata como individuos, o sea, con los gentiles es un trato directo con el individuo. Por eso dice:

“ Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por lo tanto, con los gentiles es un trato directo, de Dios por medio de Cristo con el individuo, y Él ha estado llamando de entre los gentiles, sacando de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre, por eso se predica el Evangelio de Cristo y todo aquel que escucha y nace la fe de Cristo en su alma, da testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, y Cristo lo recibe en Su Reino, es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento , y así nace de nuevo la persona, nace en el Reino de Dios, entra al Reino de Dios, nace del Agua y del Espíritu como le dijo Cristo a Nicodemo cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Así como hemos nacido en la Tierra para poder ver este reino terrenal y disfrutar de él, así también para ver el Reino de Dios tenemos que nacer de nuevo, nacer en el Reino de Dios, Nicodemo no comprendía y entonces Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.”

Y ahora, Cristo aquí nos da la clave de cómo entrar al Reino de Dios y por consiguiente obtener la Vida eterna. Nacer del Agua es nacer de la Palabra, del Evangelio de Cristo, escuchando el Evangelio de Cristo y naciendo la fe de Cristo en nuestra alma y recibiéndolo como único y suficiente Salvador, y siendo bautizado en agua en Su Nombre, y luego Cristo nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego, eso es nacer del Espíritu, recibir el Espíritu Santo y obtener así el nuevo nacimiento, y así nacemos en el Reino de Cristo y entonces disfrutamos las bendiciones del Reino de Cristo, del Reino de Dios.

El Reino de Dios está en la esfera espiritual. Algún día va a estar también en la esfera física en donde todos los creyentes en Cristo estarán viviendo, pero alguno se preguntará: “Pero, ¿y qué de los que murieron?” Los que murieron van a ser resucitados en cuerpos eternos, cuerpos glorificados como Cristo ha prometido, y Él dijo que eso Él lo llevará a cabo en el Día Postrero. Dice:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40).

Y San Juan, capítulo 6, verso 41 al 58 y también cuando fue a resucitar a Lázaro en el capítulo 11 de San Juan, versos 21 al 27 Marta le dice a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

Lo habían mandado a buscar y Él no había ido. Pero es que hubo un propósito por el cual Cristo no podía ir, es como a través de estos dos mil años, Él ha dicho que tenemos Vida eterna todos los que creemos en Él, pero morimos físicamente, pero nuestra alma tiene Vida eterna.

Y ahora, quizás algunas personas pensarían: “¿Por qué Cristo no ha venido ya para que tengamos Vida eterna física?” Es que tiene que ser completado el número de los hijos e hijas de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, y cuando haya entrado hasta el último que está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, cuando haya entrado a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, pues Cristo habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo donde Él está como Sumo Sacerdote intercediendo ante el Padre con Su propia Sangre. Y mientras falte uno Cristo no puede salir del Trono del Padre para hacer la Obra de Reclamo como León de la Tribu de Judá.

Y ahora, estamos en el tiempo final en donde de un momento a otro entra al Cuerpo Místico de Cristo el último escogido y se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, entonces Él saldrá del Trono de Intercesión, tomará el Título de Propiedad que es el Libro sellado con siete Sellos de Apocalipsis, capítulo 5 verso 1 en adelante, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo, y lo traerá a la Tierra ese libro abierto, lo traerá abierto conforme a Apocalipsis, capítulo 10, verso 1 en adelante, y se lo entregará a un hombre que se lo coma.

Ese se el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, de toda la creación, ese es el Título de Propiedad de la Vida eterna.

Y ahora, estamos viviendo en un tiempo muy, pero que muy importante, estamos viviendo en el tiempo en que todas las señales que Cristo dio con relación a la Venida del Mesías, están siendo vistas, y también las señales que Él vio del fin del mundo.

Por ejemplo, el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 24, verso 14 dice: “Y será predicado este Evangelio del Reino para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.”

La predicación del Evangelio del Reino gira alrededor de la segunda Venida de Cristo, de la Venida del Señor como Rey de reyes y Señor de señores para establecer el Reino de Dios en la Tierra. Cristo predicaba el Evangelio del Reino al igual que Juan el Bautista, pero desde el Día de Pentecostés en adelante se comenzó a predicar el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.

Pero va a ser predicado nuevamente el Evangelio del Reino juntamente con el Evangelio de la Gracia, que es el que se ha estado predicando por estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá.

Bajo la predicación del Evangelio del Reino o Evangelio eterno, van a ser dadas a conocer estas cosas que van a suceder, va a ser dado a conocer el tiempo, la hora del juicio divino. Cuando Cristo estuvo en la Tierra y fue a la sinagoga de la ciudad de Nazaret donde Él se había criado, se levantó a leer, el ministro le dio el libro del profeta Isaías, halló el lugar donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido,” y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido, y luego ya finalizando lee donde dice: “Para predicar el año agradable del Señor.” Y ahí se detuvo y enrollando el libro lo dio al ministro.

Recuerden que antes la Biblia, el Antiguo Testamento no estaba así como está en la forma de libro ahora, sino que era un rollo, un pergamino enrollado; era de piel, era enrollado y uno de ese rollo lee, y luego lo enrolla. Si usted va a una sinagoga verá eso, verá los rollos de la ley de los Profetas allí, así era y todavía en las sinagogas así se tiene.

Enrolla el libro, lo entrega al ministro, se sienta y todos en la sinagoga estaban fijos en Jesús, y les dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros,” ¿por qué no leyó lo que a continuación estaba escrito allí? Porque lo otro que decía era: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” Y Él vino para predicar, proclamar el año de la buena voluntad del Señor, en donde se abre un ciclo de bendición y misericordia para todos aquellos que creen en Cristo como único y suficiente Salvador. Pero la predicación del día de venganza del Dios nuestro es para este tiempo.

Y ahora, miren aquí en Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7 lo que nos dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este Ángel mensajero con el Evangelio eterno, viene para predicar el Evangelio eterno a todos los moradores de la Tierra, por lo tanto, ¿dónde tiene que estar? Tiene que estar en la Tierra; un Ángel es un mensajero, un hombre enviado por Dios, y dice que adoren a Dios, que le den gloria a Dios y viene predicando el Evangelio eterno, por lo tanto tiene que ser un predicador, predicando el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino, enseñándole a la gente y estimulando la gente para que busquen a Dios y adoren a Dios, y diciéndole a las personas:

“Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado.”

Dando a conocer el juicio divino que ha de venir sobre la raza humana y dándole a conocer el ciclo divino para ese juicio divino, el ciclo de la gran tribulación, el ciclo de los tres años y medio finales de la semana setenta de la profecía de Daniel.

Y ahora, veamos lo que sucede por un momentico aquí, en el momento o tiempo del juicio divino, dice que cuando fue abierto el sexto Sello, dice:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran  terremoto ; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre;

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra,  como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento.”

O sea, que habrá una lluvia o de asteroides o de piedras a causa de los volcanes, porque cuando los volcanes entran en erupción y comienzan a tirar ceniza hacia el cielo, hacia el aire y lava volcánica por causa de la ceniza se oscurece el cielo, como sucedió hace poco en un lugar ahí en Europa, y cuando eso ocurre, aunque sea mediodía y esté el sol brillando, se oscurece todo, queda de noche.

Así que, todas esas cosas que están en la Escritura van a ser vistas bajo esta etapa que antecede a la gran tribulación, o sea, solamente son dolores de parto porque la Tierra está con dolores para dar a luz un mundo nuevo, un planeta renovado para el Reino del Mesías.

Y ahora, veamos esto mismo en Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo…”

Habrá un cambio de gobierno a nivel mundial, al Mesías Príncipe, Dios le entregará todos los reinos de la Tierra, será establecido por la piedra no cortada de manos un Reino mundial, porque la piedra no cortada de manos de Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, dice que creció y se hizo un gran monte, o sea, un gran Reino que llenó toda la Tierra.

El Reino del Mesías conforme a Isaías, capítulo 9, verso 6 al 7 cubrirá toda la Tierra, en palabras más claras todas las naciones van a pertenecer al Reino del Mesías, todas las naciones van a gobernar bajo la corona del Mesías.

Y la Capital será Jerusalén, de Jerusalén saldrá la paz para todas las naciones, y de Jerusalén saldrá la ley, la Palabra del Señor para todas las naciones, en palabras más claras, en Israel, digamos allá en Jerusalén, estará el Departamento de instrucción, o sea, de educación y también está todo lo que tenga que ver con la política de ese Reino, desde allá se administrará todo eso.

Y también la bolsa de valores mundial estará en Jerusalén. Dice la Escritura que las riquezas del mundo, de las naciones van a ser llevadas a Jerusalén, así que podemos ver lo que va a suceder con el Mesías y Su Reino, y eso está muy cerca.

Por eso es que estamos viendo todas estas cosas en la naturaleza, pero que son ya cosas que fueron profetizadas; por ejemplo, las señales que Cristo dio, dice: “Y cuando ustedes vean suceder estas cosas, entiendan que el verano está cerca.” O sea, explica más adelante: “El Reino de Dios está cerca,” y el Reino de Dios será la restauración del Reino de David en la Tierra, porque el Reino de David es el Reino de Dios terrenal, y el Trono de David es el Trono terrenal de Dios.

Por eso Cristo dijo que orando pidamos la venida del Reino de Dios, ahí en el Padre Nuestro lo dice: “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra,” y es en el Reino del Mesías, en el Reino de Dios, que se hará la voluntad de Dios como en el Cielo también en la Tierra, en los reinos de las naciones gentiles no se logra hacer la voluntad de Dios como se hace en el Cielo, pero en el Reino del Mesías por cuanto la cabeza de ese Reino será el Mesías, se hará la voluntad de Dios en la Tierra como se hace en el Cielo.

Y ahora, continuemos aquí leyendo, la trompeta séptima, recuerden que la Escritura habla de una Gran Voz de Trompeta o trompeta final, esta es la trompeta de Moisés y Elías, de los dos ungidos, de los dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, y ellos son, esos ministerios los que llaman y juntan ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios.”

Los veinticuatro ancianos en veinticuatro tronos, esos veinticuatro ancianos son los doce hijos de Jacob, o sea, los patriarcas y los apóstoles del Señor Jesucristo, a los cuales Cristo les dijo: “ustedes que me habéis seguido, se sentaran en doce tronos en la regeneración (o sea, en ese Reino del Mesías) y juzgarán a las doce tribus de Israel.”

O sea, que esos veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jerusalén, y los doce apóstoles del Señor. Judas Iscariote perdió esa bendición y la tomó otra persona:

“Diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes,  y de destruir a los que destruyen la tierra.”

Y ahora, Dios va a destruir a los que destruyen la Tierra, todos estos problemas del calentamiento global y otros problemas que tiene la Tierra, los han causado los mismos seres humanos, y esas personas van a tener consecuencias por lo que han hecho con la madre tierra.

Ahora, podemos decir: “Pero ya murieron muchos de ellos,”no se preocupen, Dios juzgará, si ya murieron, están sus hijos, sus nietos, sis bisnietos, o sea, que el juicio divino viene para la primera generación, segunda, tercera y hasta la cuarta generación.

Por eso en Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno (¿ven? Calentamiento global), y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

O sea, raíz, eso, pues viene a ser los padres y abuelos, y las ramas, pues son los hijos y los nietos. O sea, que viene un tiempo muy difícil para la raza humana. Sigue diciendo:

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo (o sea, en el Cielo). Y hubo relámpagos, voces, truenos, un  terremoto   y grande granizo.”

Cuando del Cielo, del Trono celestial salen relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo, es Dios hablando desde ese Trono, juicio divino sobre la raza humana; ya no está Cristo como Sumo Sacerdote en el Trono celestial cuando esto esté sucediendo, y por consiguiente lo que estará saliendo del Trono de Dios para la raza humana será el juicio divino, tan sencillo como eso.

Y ahora, ¿qué podemos hacer nosotros para escapar de esos juicio divino que han de venir sobre la raza humana? Porque van a venir, son inevitables, en la lectura que tuvimos al principio dice que oremos, que seamos tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

Y ahora, podemos ver que hay una forma de escapar de esos juicios divinos. Dice el mismo Cristo que como fue en los días de Noé, así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará, así será la Venida del Hijo del Hombre, o sea, la Venida del Señor. En los días de Noé el juicio divino, la sentencia ya estaba echada sobre la raza humana de un diluvio que destruiría el mundo antediluviano, pero Dios no destruye el justo con el injusto, y entonces miró y vio un hombre justo llamado Noé.

¿Por qué ese hombre era justo? Porque él tenía y él llevaba a cabo el sacrificio por sus pecados y por los de su familia, lo cual las demás personas no lo estaban haciendo en ese tiempo, y aquellos sacrificios tipificaban el Sacrificio de Cristo con el cual somos limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo y somos justificados delante de Dios como si no hubiésemos pecado, y así Él nos ve porque la Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado. En aquellos tiempos de Noé, la sangre de aquellos animalitos solamente cubría el pecado, pero Dios lo miraba y estaba cubierto y no veía el pecado de Noé.

Y ahora, ¿cómo será que escaparán los que desean escapar y lleguen a conocer la forma de escapar de esos juicios divinos? Dice que seamos tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre, o sea, delante del Señor en Su Venida en el Día Postrero.

En San Lucas, capítulo 18, verso 8 dice:

“Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

Fe para creer en la Venida del Hijo del Hombre en el Día Postrero, en el tiempo en que la humanidad estará como en el día de Noé y como en el día de Lot, ¿creerán en la Venida del Señor en el Día Postrero? Dos mil años atrás muy pocos creyeron en la Venida del Hijo del Hombre, en la Venida del Señor, así también será en este tiempo final.

Ahora vean que nos dice en el capítulo 17, Cristo nos dice versos 20 al 37, nos habla que será como en los días de Noé. Dice verso 24 en adelante:

“Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”

Y ahora vean en la condición que Cristo dice que va a estar la humanidad, en el día, en el tiempo en que el Hijo del Hombre se manifestará, en que vendrá el Señor en medio de Su pueblo, y estaremos en pie delante del Hijo del Hombre, pero ¿habrá fe en la Tierra? ¿Hallará fe en la Tierra? En el mundo no habrá fe para creer y recibir al Señor en Su Venida en el Día Postrero.

Pero habrá un grupo de personas que verán, creerán y lo recibirán y obtendrán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, porque estarán en pie delante del Hijo del Hombre recibiendo Su Palabra, Su mensaje, y así recibirán la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que la promesa es que estaremos en pie delante del Hijo del Hombre y escaparemos de todas estas cosas que han de venir, para lo cual vean lo que dice aquí el mismo Cristo en el capítulo 21 de San Lucas, versos 27 en adelante. Dice:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube  con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

La redención a la cual se refiere, es la redención del cuerpo que será la transformación para los que están vivos en Cristo, y la resurrección en cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador.

Y cuando tengamos el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno y glorificado, entonces físicamente podremos escapar de esos juicios que vana caer sobre la raza humana en el tiempo de la gran tribulación, porque los creyentes en Cristo que serán transformados y los que resucitaran, irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, y allá no hay juicio divino, sino bendición de parte de Dios; será la fiesta, la recepción de la unión del casamiento de Cristo con Su Iglesia.

Así como en las bodas luego se lleva a cabo la recepción en algún lugar, y casi siempre en la casa de la novia, o si no, del novio, pero ahora en este caso la recepción será en la casa del Novio, en el Cielo, porque acá en la casa terrenal no van a estar muy buenas las cosas.

Dice el libro del Apocalipsis, hablándonos de este gran evento que está prometido y que va a ser hecho una realidad, vean lo que nos dice en el capítulo 19, versos 9 al 10, dice:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas  del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Este Ángel es un profeta que ha estado en cuerpo angelical, en Espíritu en medio del Cristianismo a través de estos dos mil años que han transcurrido, pero en el Día Postrero va a estar en cuerpo físico con los creyentes del tiempo final. Tan sencillo como eso.

En Apocalipsis, capítulo 22 el mismo Cristo dice, capítulo 22, verso 6:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Es enviado para dar a conocer las cosas que van a pasar, que van a suceder, en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 también dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Este Ángel mensajero, recuerden que Ángel lo que significa es: mensajero. Hay Ángeles celestiales y ángeles humanos, o sea, Mensajeros de Dios enviados a la Tierra para traer la Palabra de Dios.

Este Ángel del Señor Jesucristo es un profeta. En el tiempo de Juan el apóstol estaba en cuerpo espiritual, en espíritu; Dios es el Dios de los espíritus de los profetas, y los espíritus de los Profetas son los cuerpos angelicales de los Profetas.

Para el Día Postrero le corresponde aparecer en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en carne humana, como apareció Cristo, el Ángel del Pacto, que estuvo con el pueblo hebreo y que libertó al pueblo hebreo a través del profeta Moisés; ese Ángel del Pacto luego conforme a Malaquías, capítulo 3, verso 1, se hizo carne, es el Verbo que era con Dios y era Dios, a través del cual Dios creó todas las cosas, “y luego aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y fue conocido por el Nombre de Jesús,” eso es de lo que habla San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18.

Y en Malaquías, capítulo 4 dice hablando de la venida del Mesías, que Dios enviará a Su mensajero delante de Él, el cual sabemos que fue Juan el Bautista, y “luego vendrá a Su Templo el Señor, el Ángel del Pacto,” el Señor a quien el pueblo hebreo buscaba y el Ángel del Pacto quien deseaba el pueblo.

Y cuando vino, ¿cómo vino? Vino en un cuerpo de carne que nació a través de la virgen María allá en Belén de Judea, vino a través de una joven virgen descendiente del rey David, y su padre adoptivo José, era también descendiente del rey David.

En ese cuerpo llamado Jesús apareció en medio del pueblo hebreo el Ángel del Pacto, por eso en la víspera de la pascua Jesús cenando con Sus discípulos, tomó el pan dando gracias al Padre, dio a Sus discípulos y dijo: “Comed, esto es mi cuerpo (San Pablo explicando dice), este es mi cuerpo que por vosotros es partido o por muchos es partido,” y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

En el pan representó Su cuerpo físico y en el vino representó Su Sangre. Y ahora, nos habla: “Esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los  pecados,” y aquí, Cristo, el Ángel del Pacto viene para establecer un nuevo Pacto con Su pueblo y poner en las manos de todos los seres humanos el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano.

Ya no se necesitan sacrificios de animalitos porque ya aquellos sacrificios solamente eran el tipo y figura del Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, y ahora, todo ser humano tiene acceso a ese Sacrificio de Expiación para obtener el perdón de sus pecados y ser limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo, y ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona entrar al Reino de Dios, nacer en el Reino de Dios, y por consiguiente asegurar su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué  recompensa  dará el hombre por su alma? (pregunta Cristo)

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles,  y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28.

Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, esta vida que tenemos física, es temporera, pero hay una Vida eterna, y el único que puede dar Vida eterna es Jesucristo, por eso Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30.

Y ahora, todos estamos en la misma situación que estuvo Adán y Eva en el Huerto del Edén, donde estaba delante de Adán la vida y la muerte, el árbol de la ciencia del bien y del mal que traería muerte al ser humano, o miraban el Árbol de la Vida que traería vida para el ser humano.

Y ahora, el ser humano tiene delante de sí la vida y la muerte, tiene a Cristo que es la Vida, al cual recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador, estamos comiendo de Cristo por la fe; cuando se cree, usted está comiendo algo. Recuerdan algunas personas que dicen, cuando se cuenta algo y es muy grande, algunas personas dicen: “No, yo no me como eso, yo no me puedo comer eso,” pues recuerden, por la fe tenemos que comer a Cristo, Él dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí,” esto significa: “El que no crea.” Creer es comer, “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” ¿Y cómo vamos a comer? Pues por la fe, creyendo, al creer estamos comiendo.

Y ahora, todo ser humano tiene delante de sí la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y Dios dice: “Escoge la vida para que vivas tú y tu familia,” eso está en Deuteronomio, capítulo 30, versos 14 al 21 y también Jeremías nos habla de esto mismo. Por lo tanto, también el libro de Apocalipsis, dice:

“Al que  venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

El Árbol de la Vida es Cristo, así que todos tenemos la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador para obtener la Vida eterna, es un derecho que tiene todo ser humano, si no utiliza ese derecho para recibirlo, pues pierde la bendición a la cual toda persona tiene derecho a la bendición de la Vida eterna.

Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Veracruz, Veracruz, y los está llamando para darles Vida eterna, para que vivan con Él en Su Reino por toda la eternidad.

Por eso es que la Escritura nos dice que el Señor es nuestro pronto auxilio en la tribulación, sabemos que vienen muchos problemas para la raza humana, pero Él es nuestro pronto auxilio, Él es nuestro socorro, y lo más importante es que aseguremos con Él nuestro futuro eterno, que aseguremos con Él la Vida eterna.

Nadie nos puede dar Vida eterna, excepto nuestro amado Señor Jesucristo, y nosotros todos queremos vivir eternamente. Por lo tanto, hay una forma para obtener la Vida eterna, y es por medio de Cristo nuestro Salvador, y aunque la tierra tiemble, no temeré mal alguno, va a continuar temblando, pero lo importante es que estemos en el redil del Señor, lo importante es que tengamos a Cristo en nuestra alma, en nuestro corazón.

¿Y qué si muere nuestro cuerpo físico a causa de un terremoto o de un maremoto o de un tsunami? Pues no tiene ningún problema, la persona sigue viviendo en el Paraíso en su cuerpo angelical, lo único que perdió fue su cuerpo físico, pero la persona tiene Vida eterna, no puede morir, solo su cuerpo físico murió, y en la resurrección de los muertos Cristo le dará un nuevo cuerpo eterno, inmortal, glorificado y joven para toda la eternidad, y sin ningún problema.

No tendrá ningún problema el cuerpo nuevo que Él nos va a dar, jovencito y podemos decir: “Echo a la medida nuestra,” un cuerpo, el que Él pensó para mí, ¿y para quién más? El cuerpo eterno y glorificado que Él pensó para mí y para cada uno de ustedes, y en ese cuerpo es que viviremos eternamente físicamente con Él.

Pero si muere la persona, en lo que llega ese cuerpo, pues continuamos viviendo en el Paraíso. Allí no hay problemas de salud, no hay problemas de pago de luz eléctrica, allí no hay noche, no hay problemas de que hay que ir hacer la compra el fin de semana, allí no hay necesidad de comer en el cuerpo angelical, allí tampoco hay necesidad de dormir, por lo tanto, no necesita una cama, allá no hay esas necesidades que tenemos en estos cuerpos mortales.

Ahora, la roca inconmovible en la hora del sexto Sello, en la hora del juicio divino que vendrá en ese lapso de tiempo llamado la gran tribulación, la roca inconmovible que es Cristo, nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, “no temeré mal alguno, aunque la tierra tiemble, aunque los montes se traspasen al corazón del mar,” o de la mar, porque el Señor está con nosotros.

Tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Yo escuché la predicación de Su Evangelio, nació la fe de Cristo en mi alma, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, fui bautizado en agua en Su Nombre, y Él me recibió en Su Reino y me bautizó con Espíritu Santo y Fuego y produjo en mí el nuevo nacimiento, ¿y en quién más? En cada uno de ustedes también.

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted, y los niños también de diez años en adelante pueden pasar al frente para recibir al Señor como su único y suficiente Salvador.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, pueden pasar al frente en donde ustedes se encuentren en otras naciones, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos en esta ciudad de Veracruz, y los está llamando, y en todas las ciudades de la República Mexicana tiene muchos hijos; en todos los Estados de la República Mexicana tiene muchos hijos y los está llamando en este tiempo final, y en toda la América Latina Dios tiene muchos hijos y los está llamando en este tiempo, y en todas las naciones Dios tiene muchos hijos y los está llamando, porque hemos llegado al tiempo en que si en alguna ocasión era tiempo de buscar a Dios, en este tiempo es más.

Tenemos que estar bien agarrados de Cristo, el Ángel del Pacto, tenemos que buscar y servir a Dios y alabar a Dios, recuerden que el Ángel de Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, dice:

“Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado.”

O sea, que viene en el Día Postrero, en el tiempo final recomendando a los seres humanos que busquen a Dios, que alaben a Dios, que le den gloria a Dios, que le sirvan a Dios. Estamos en el tiempo en que todavía hay misericordia de parte de Dios porque todavía Cristo está en Su Trono celestial en el cual Él se sentó a la diestra de Dios, y por consiguiente está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por toda la persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, y con Su Sangre lo limpia de todo pecado, lo reconcilia con Dios. Recuerden que Cristo dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le  confesaré  delante de mi Padre que está en los cielos.”

¿Qué otra persona puede subir al Cielo para él allá confesarnos delante de Dios? Solamente Cristo. También dijo:

“Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Eso está en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33.

Por lo tanto, todos queremos que Cristo nos confiese delante del Padre celestial como creyentes en Cristo, como personas que hemos escuchado el Evangelio de Cristo y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

El ser humano hace muchas decisiones en su vida terrenal, pero ninguna de ellas lo coloca en la Vida eterna, excepto una: recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, esa es la que coloca al ser humano en la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

En el proyecto divino más importante que se ha estado llevando a cabo, se ha realizado una labor muy importante al estar predicando el Evangelio en todo el mundo a toda criatura, porque se ha estado llevando a cabo la formación de la Iglesia del Señor Jesucristo, se ha estado llevando a cabo la creación de una nueva raza con Vida eterna.

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas.” Una nueva raza está siendo creada, y Cristo la está creando, una nueva raza descendiente de Cristo por medio del nuevo nacimiento.

Cristo es el segundo Adán, Su Iglesia es la segunda Eva, y nosotros somos los hijos e hijas del segundo Adán y la segunda Eva, tan sencillo como eso. Por medio del primer Adán y la primera Eva obtuvimos vida, pero una vida temporera, pero gracias a ellos que algo nos dejaron, algo les quedó, porque ellos perdieron la Vida eterna y solamente les quedó a ellos vida temporera, y eso es lo que nuestros padres también nos han dando, porque es lo que tenían: vida temporera, y eso es lo que físicamente le damos también a nuestros hijos, pero les damos a conocer que hay una Vida eterna y que por medio del segundo Adán: Cristo, se obtiene esa Vida eterna.

Por lo tanto, queremos para nuestros hijos algo que no pudimos darle al engendrarlos, pero les hemos dicho que hay uno que si les puede dar algo que nosotros hubiéramos deseado poderles dar: la Vida eterna, el segundo Adán; Cristo nos da la Vida eterna, y todos queremos la Vida eterna.

Todos queremos vivir eternamente con Cristo en Su Reino, ninguno quiere dejar de existir, por lo tanto, todos necesitamos a Cristo y todos tenemos la misma oportunidad de recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y en todos los demás países también pueden estar puestos en pie para la oración que estaremos haciendo por todos los que han recibido como su único y suficiente Salvador.

Si falta alguno por venir, todavía puede venir para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. Recuerden que lo más importante es la Vida eterna, y solamente la podemos obtener por medio de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo y están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, doy testimonio público de Tu fe en mi y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, el cual cuando vio a Jesús que llegó al río Jordán y entró a las aguas bautismales, no quería bautizar a Jesús, y le decía a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó y el Espíritu Santo reposó sobre Jesús. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor, y si Él tuvo necesidad de ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más nosotros.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo.  Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El Día de Pentecostés cuando Pedro predicó, le preguntan a Pedro compungidos de corazón las personas:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

O sea, que la bendición del bautismo del Espíritu de Dios, del Espíritu Santo es para todos los que son llamados por el Señor que lo reciben como Salvador, y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua… el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador, el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

¿Ven? Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y nos recomienda que escojamos ¿qué? La vida. Cristo es la Vida, Él es la Vida eterna: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida, y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6.

Y ahora, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al ministro, reverendo José Honorio Nolazco Escobar para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA ROCA INCONMOVIBLE EN LA HORA DEL SEXTO SELLO.”

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