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La fiesta hebrea de Pentecostés o Shavuot
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La fiesta hebrea de Pentecostés o Shavuot

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al gran proyecto de La Gran Carpa Catedral en Puerto Rico, a la obra misionera, y también el respaldo que le están dando a los programas de televisión en México, en Colombia y en Ecuador. En Ecuador comenzaron hace poco y están teniendo un éxito completo. En Ecuador tiene por nombre el programa de televisión: “Despertando con William Soto”, ese es el tema que le pusieron allá.

También aprecio mucho vuestras oraciones, las cuales son muy importantes en la Obra de Dios, pues Dios escucha las oraciones de sus santos que son expresadas por medio de Jesucristo. Cristo dijo: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré”, y también dice: “El Padre lo dará”.

Por lo tanto, es una bendición grande conocer un pueblo que ora a Dios, que conoce a Dios y que sabe que Dios es la única esperanza; por eso dice que el Señor será la esperanza de Su pueblo.

En el proyecto de La Gran Carpa Catedral muchos están orando, o sea, todos estamos orando por ese proyecto, como oraron en el tiempo de Moisés y en el tiempo del rey David y de Salomón: En el tiempo de Moisés para la construcción de un tabernáculo, y en el tiempo de David y Salomón para la construcción del templo.

En esas dos ocasiones encontramos que Dios le dijo a Moisés que le dijera al pueblo que trajeran ofrendas voluntarias para Dios, para la construcción de ese lugar para Dios, de ese tabernáculo donde estaría la presencia de Dios y, por consiguiente, el Nombre de Dios; y estaría en el lugar santísimo, sobre el propiciatorio, en la tapa del arca del pacto, la cual es de oro, y donde están los dos querubines de oro, uno a cada lado.

Esos dos querubines de oro son muy importantes en el Cielo, pues tipifican a Miguel y Gabriel, y en la Tierra: los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y de Elías; ministerios que corresponden al Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; y el Templo espiritual del Señor es la Iglesia del Señor Jesucristo, que ha estado pasando por diferentes etapas.

Encontramos que desde Adán hasta Cristo corresponde al Atrio del Templo formado por seres humanos; y de Cristo – o de los apóstoles hasta el séptimo mensajero de la séptima edad, corresponde al Lugar Santo del Templo espiritual de Cristo; y luego de esa séptima etapa o edad de la Iglesia (que es la última edad dentro del Lugar Santo) luego viene el Lugar Santísimo del Templo, construido también con seres humanos, piedras vivas.

O sea, después del séptimo ángel mensajero y la séptima edad, viene la construcción del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo con piedras vivas.

Los ministerios de los Dos Olivos, el ministerio de Moisés por segunda ocasión… sin contar la ocasión en que fue cumplida en Jesús, pero si contamos esa ocasión entonces sería la tercera ocasión que el ministerio de Moisés estaría manifestado en la Tierra; y tiene que ser en el Lugar Santísimo, porque en otras edades de la Iglesia no se manifestó ese ministerio de Moisés.

Se manifestó el ministerio de Elías por cuarta ocasión en el mensajero de la séptima edad, pero el ministerio de Moisés corresponde a la Edad de la Piedra Angular, a la Edad del Lugar Santísimo; lugar que está siendo construido con piedras vivas. Y entre ellos va a estar el ministerio de Moisés y de Elías: de Elías por quinta ocasión, y de Moisés por tercera ocasión (contando Moisés, Jesús, y luego el ministerio de Moisés por tercera ocasión).

Y ahora, estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos.

En el tiempo de Salomón le fue dada la oportunidad a las personas para que ofrendaran para la construcción del templo; y el más que aportó para esa construcción, ¿quién sería? El rey David; él mismo se lo dice a Salomón: “Hijo, he almacenado oro, plata, bronce”1, y le explicó todo lo que había almacenado; o sea que él no estaba almacenando para ser rico, sino para la construcción de un templo para Dios. Eso sí es bueno hacer: economizar para la Obra de Dios.

Y le fue dada también la oportunidad a todo el pueblo, para que así como David: de todo corazón, estaba ofrendando sus riquezas, todo lo que Dios le había dado; él lo estaba acumulando para la construcción del templo.

Con ofrendas voluntarias como la de David, todo el pueblo ofrendó a Dios. No tuvieron que decir: “Vamos a hacer una cena, y todo el mundo va a pagar una entrada de tanto”, o “vamos a hacer una gran actividad”, ya sea un concierto o sea lo que sea; no. Se le dio la oportunidad a todos para que voluntariamente ofrendaran sin esperar nada a cambio; porque si se le da algo a cambio, pues ya recibió la recompensa, ya usted pagó por una comida o por una actividad de música (¿cómo le llaman?), un concierto, o algo parecido; ya recibió su recompensa.

Pero cuando se hace sin esperar nada a cambio, de todo corazón, Dios lo recompensará en Su Reino. Por eso siempre le he dicho a Miguel, y hemos hablado Miguel y yo, que siempre es bueno que las personas ofrenden de voluntad, de todo corazón, sin esperar nada a cambio. Dios lo recompensará: “He aquí yo vengo pronto y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”2. Según sea la obra, va a recibir la recompensa.

Ahora, podemos ver por qué la importancia de trabajar en la Obra voluntariamente, ofrendar voluntariamente, sin estar recibiendo a cambio alguna cosa. Dios habló por medio de Jesucristo y dijo: “Haced tesoros en el cielo”3.

Trabajando en la Obra es que se hace tesoros en el Cielo, y luego Él recompensará abundantemente; o sea, que Él es el que va a dar, a cambio de la labor, una recompensa en Su Reino; porque el obrero es digno (¿de qué?) de su salario4. Así que tenemos que entender estas cosas para saber cómo trabajar en la Obra del Señor.

Aprecio mucho la labor que todos ustedes presentes, y los que están en otras naciones, están llevando a cabo con el proyecto de La Gran Carpa Catedral, con la obra misionera y evangelística, con los programas de televisión, con las imprentas, los programas de radio también.

Estos programas de televisión son muy importantes para los países que los están llevando a cabo; y son muy importantes para todos los países, porque hay promesas que han sido habladas: que la Simiente, la Palabra-Simiente, saldrá en los periódicos, o sea, la prensa…, medios de comunicación. Y la televisión es uno de los medios de comunicación importantes, que va a combinado con la prensa; porque si no se une a la prensa, a los periódicos, se pasa un programa de televisión y nadie sabe que se está pasando, excepto el que por casualidad colocó el televisor a esa hora.

Por ejemplo, en Ecuador es a las 5:30 de la mañana hasta las 6:00 de la mañana. Los que van para el trabajo pueden escucharlo; se levantan tempranito, lo escuchan; pero tienen que saber que se está transmitiendo ese programa; y la prensa, el periódico, lo da a conocer, porque el periódico está todo el día en las casas en que se compra el periódico; por eso es importante también el periódico para colocar el Mensaje.

Algunas veces el periódico tiene más éxito que la misma televisión, porque es la Palabra escrita y queda en el hogar que compren el periódico: queda todo el día y algunas veces la semana completa; y el que no lo lee un día, lo lee en otro día; o sea, no se le pasa la hora (como la televisión o la radio); pero la radio y la prensa unidas, el periódico unidos, funcionan muy bien.

Ahora, no se puede poner un anuncio sin dar algo, un aperitivo, para que sepan de qué se va a tratar el programa (un poquito, la prueba), y luego sintonizan el programa y ya siguen escuchando.

Ahora, el tema nuestro de esta ocasión es: “LA FIESTA HEBREA DE PENTECOSTÉS O SHAVUOT (en hebreo). Para lo cual vamos a leer en Levítico, capítulo 23, verso 15 al 22:

“Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán.

Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.

De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová.

Y ofreceréis con el pan siete corderos de un año, sin defecto, un becerro de la vacada, y dos carneros; serán holocausto a Jehová, con su ofrenda y sus libaciones, ofrenda encendida de olor grato para Jehová.

Ofreceréis además un macho cabrío por expiación, y dos corderos de un año en sacrificio de ofrenda de paz.

Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote.

Y convocaréis en este mismo día santa convocación (o sea, el día cincuenta); ningún trabajo de siervos haréis; estatuto perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.

Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios”.

Y ahora, leemos en el libro de los Hechos, capítulo 2, algo que pasó dos mil años atrás. Capítulo 2, verso 1 en adelante, dice:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.

Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA FIESTA HEBREA DEL DÍA DE PENTECOSTÉS O SHAVUOT”.

Esta conmemoración o memorial del día de Pentecostés o Shavuot… Recuerden, pentecostés significa ‘cincuenta’, por eso el día cincuenta, desde el día en que la gavilla fue mecida delante de Dios, el día cincuenta se celebra Shavuot, o sea, Pentecostés (que significa ‘Shavuot’ o significa ‘cincuenta’).

Dios, en estas fiestas hebreas, les está estableciendo lo que Él va a hacer; hay un misterio en las fiestas hebreas.

Por eso encontramos que Cristo hablaba también del campo, del trigo, de la cizaña, de la cosecha, también hablaba de la siembra y así por el estilo, en la parábola del sembrador, del capítulo 13 de San Mateo, versos 1 al 23; y también en la parábola del trigo y de la cizaña dice Cristo que el que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, es el Señor, y ahí comienza a mostrar lo que acontecería5.

Ahora, encontramos que estas fiestas hebreas están ligadas a la vida diaria del pueblo hebreo. El día de Pentecostés o Shavuot en el tiempo de Moisés, cincuenta días después de haber salido de Egipto, están en el monte Sinaí, y Moisés está recibiendo la Ley para el pueblo hebreo, y le da la Ley al pueblo hebreo; por eso es tan importante la fiesta de Shavuot o fiesta de Pentecostés: ese día cincuenta donde Dios le da al pueblo hebreo la Ley en dos tablas de piedra, por lo tanto, le da la constitución del pueblo hebreo.

Por eso encontramos que el pueblo hebreo ha obrado de acuerdo a la Ley de Dios, a la Ley Divina que le fue dada en el monte Sinaí, esa es la constitución del pueblo hebreo; y ahí fueron reconocidos como el pueblo de Dios, ahí fueron confirmados como pueblo de Dios.

Y ahora, la fiesta de Shavuot o Pentecostés es una de las tres importantes fiestas en la cual el pueblo hebreo se presenta delante de Dios una vez al año y va a Jerusalén.

Son tres fiestas importantes en las cuales Dios dijo que el pueblo se presentaría delante de Él. La primera es la Pascua o Pésaj, la segunda es Shavuot o Pentecostés, y la tercera es Sukot, o sea, la Fiesta de los Tabernáculos o Fiesta de las Cabañas. Podemos ver cómo están ligadas al pueblo, a lo cotidiano del pueblo hebreo, esas fiestas.

El misterio de estas fiestas es que además de estas fiestas ser un memorial, un recordatorio de hechos históricos en donde Dios intervino para bendecir al pueblo, luego vienen a ser un memorial, una fiesta en memoria de un evento histórico, pero también son proféticas: tienen el elemento profético, el cual habla de eventos que van a venir más adelante y se va a recorrer ese camino en otra esfera.

Por ejemplo, el día de Pentecostés o Shavuot hablaba del día en que Dios le dio la Ley al pueblo hebreo.

El día también en que se ofrece la gavilla mecida cincuenta días antes del día de Pentecostés, también tiene el elemento profético, porque es la primera gavilla de los primeros frutos que llegaban a madurez, una gavilla de cebada, y era ofrecida a Dios, mecida delante de Dios. Si era aceptada, el resto de la cosecha sería buena; si no se ofrecía a Dios esa gavilla mecida, no se podía esperar la bendición para el resto de la cosecha. Con esa gavilla mecida comenzaba la cosecha, la cosecha de la cebada, y más adelante vendría la cosecha del trigo.

Y ahora, encontramos que la cosecha se llevaba a cabo comenzando con la gavilla mecida, que fue tomada, cosechada, presentada ante Dios, y después se continuaba con el resto de la cosecha, se cosechaba toda la cebada; después venía el trigo y así por el estilo; y luego, el día cincuenta, o sea, pasadas siete semanas de días, el día cincuenta se hacía una fiesta importante.

En algunos países los agricultores llevan a cabo una fiesta grande, “la fiesta de la cosecha”; la hacen en alguna plaza pública, en cada estado hacen una fiesta así; otros pueden ser que la hagan en la ciudad, en cada ciudad; es una fiesta muy importante.

La Escritura nos habla de la alegría de la cosecha6. Mientras está sembrando, la persona puede estar contenta, pero no tan alegre como se está en “la fiesta de la cosecha”; porque el que siembra puede pensar: “Si hay buen tiempo y si los pájaros no se comen la semilla, podré tener una buena cosecha; si no se nos mete una plaga de langostas, entonces podremos tener una buena cosecha; si no se nos mete un grupo de zorras dentro de la siembra, entonces podremos tener una buena cosecha”, y hay cierta preocupación; y cuando hay preocupación, no hay alegría.

Luego hay que estar manteniendo… Primero se preparó el terreno, el sembrador siembra. Y el Sembrador en la parábola del Señor es el Hijo del Hombre, el Hijo de David. Luego vienen los obreros para esa nueva siembra y nueva cosecha que más adelante se va a llevar a cabo. Primero se llevó a cabo la siembra y la atención o mantenimiento de lo que fue sembrado, y después se llevó a cabo una cosecha.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa de una Cosecha, y está en la parábola del trigo y de la cizaña, y también en la parábola del sembrador.

Y ahora, esas fiestas hebreas desde el punto de vista profético son un tesoro para los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y conforme a como están en esas parábolas será que Dios va a hacer.

Ahora, la gavilla mecida desde el punto de vista profético es el Mesías, el Hijo de David, esa Gavilla, el cual resucitó glorificado el día de la gavilla mecida, el día en que se ofrecía a Dios esa Gavilla Mecida, y fue presentado ante Dios y aceptado.

Por lo tanto, el resto de la Cosecha sería bueno: El Día de Pentecostés, cincuenta días después, contando desde el día que resucitó Jesucristo, que fue domingo, luego cincuenta días después, el número cincuenta sería domingo también; y la Fiesta de la Cosecha, que corresponde también al día en que Dios le dio la Ley al pueblo hebreo, en Jerusalén estaban los creyentes en Cristo reunidos esperando la venida del Espíritu Santo; y en la mañana llegó la bendición que ellos esperaban. Y por lo tanto, la alegría, el regocijo de ese día para los creyentes en Cristo fue grande: Fiesta de Cosecha.

Ahora, hemos visto la importancia de estas fiestas hebreas y su elemento profético contenido en ellas. La celebración de estas fiestas como un memorial está correcto, fue ordenado por Dios, habla de lo que ya pasó y se conmemora ese gran evento que sucedió. Y en el Programa Divino, ese ciclo en el campo profético se va a repetir.

Y ahora vean cómo se repitió la fiesta también de la Pascua; y ahora San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7: “Porque nuestra Pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.

¿Ven? La fiesta de la Pascua conmemora lo que pasó allá en Egipto cuando los padres hebreos sacrificaron un cordero pascual y colocaron la sangre de ese cordero en el dintel y los postes de sus hogares para la preservación de la vida de los primogénitos que estaban en esos hogares. Tipo y figura, en el campo o esfera profética, de Jesucristo muriendo, siendo sacrificado para la preservación de la vida de todos los elegidos de Dios, de todos los hijos e hijas de Dios, para la preservación de la vida eterna, para poder vivir eternamente.

La Sangre del Cordero de Dios está aplicada en el corazón de cada creyente en Cristo, y en la puerta, en el dintel y los postes de la puerta del corazón de cada creyente; y en la Iglesia, que es la Casa de Dios, el Templo espiritual de Dios, de Cristo, está la Sangre aplicada en la puerta; porque Cristo es la Puerta y tiene la Sangre. Tan simple como eso.

Esa es la Casa donde las personas tienen que estar; y se entra ahí por medio del nuevo nacimiento: escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, creyendo en Cristo al nacer la fe de Cristo en el alma, recibiéndolo como Salvador, siendo bautizado en agua en Su Nombre, y recibiendo el Espíritu de Cristo; y así la persona ha nacido del Agua y del Espíritu, como le dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios”. Dios tiene una forma, un orden para entrar al Reino de Dios.

Y ahora, toda persona está seguro en Cristo, en la Casa del Señor, pues Dios ha colocado a Cristo como Hijo sobre Su Casa. Él es la persona más importante en la Iglesia. Está como Hijo sobre Su Casa, Su Familia. No es una casa de paredes: es una Casa espiritual formada por seres humanos creyentes en Cristo, esa es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, en esa Casa están los primogénitos de Dios que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, seguros, porque la Sangre de Cristo está ahí en su Casa; y está en el corazón de cada creyente, porque el Espíritu Santo, que es la vida de la Sangre, está en nuestros corazones; y está en la Iglesia, la Iglesia la cual es el Cuerpo Místico de Cristo.

Y ahora, estamos viendo cómo la fiesta de la Pascua se cumplió, por eso Juan decía: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”7, señalando a Jesús.

Luego la Gavilla Mecida, que es la resurrección de Cristo glorificado, y llevado al Cielo y presentado ante Dios y aceptado por Dios.

Luego, cincuenta días después… Recuerden que Cristo estuvo apareciendo a Sus discípulos por cuarenta días, y estuvo hablándoles acerca del Reino de Dios en las diferentes ocasiones en que aparecía a ellos (apareció no menos de ocho ocasiones a Sus discípulos).

Cuando les aparecía les decía: “Paz a vosotros”8. Es que Él es el Príncipe de Paz: “Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno”9.

Y ahora, también Él antes de morir dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da”.

Y ahora, Cristo apareciendo a Sus discípulos por cuarenta días los está fortaleciendo, pues ellos estaban muy desanimados cuando Cristo murió. Ellos no esperaban que Jesucristo muriera, ellos esperaban que Jesucristo fuera coronado como Rey y comenzara el Reino de Dios en la Tierra.

Por eso le preguntan antes de irse al Cielo: “Señor, ¿restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?”10, porque ellos estaban esperando el Reino de Dios, estaban esperando que el Reino de Dios fuera restaurado en medio del pueblo hebreo. Y la restauración del Reino de Dios en la Tierra es la restauración del Reino de David, al cual el Hijo de David es el heredero; Él es el heredero al Trono de David y del Reino de David.

Y con el Mesías Príncipe, o sea, el Hijo de David, sentándose en el Trono de David y reinando sobre el pueblo hebreo, reinará también sobre todas las naciones, e Israel vendrá a ser la nación más importante y la nación más rica en el Reino del Mesías.

La Escritura dice que las riquezas de las naciones serán traídas a Israel11; digamos, la bolsa de valores va a estar en Israel, los bancos con las riquezas de las naciones vendrán a ser de Israel; y que se instalen en otras naciones sucursales está correcto, pues son promesas divinas, están en las Escrituras, están ligadas a esas fiestas hebreas, están habladas en las profecías de Isaías, de Jeremías, de Ezequiel, de Daniel y de los demás profetas.

Y ahora, el Día de Pentecostés, en donde los discípulos estaban reunidos y llegó el día de Pentecostés o el día cincuenta o día de Shavuot, de la fiesta de Shavuot, la fiesta que conmemora la entrega de la Ley al pueblo hebreo por medio del Espíritu de Dios a través del profeta Moisés, ese día, así como descendió en el monte Sinaí Dios y dio la Torá al pueblo hebreo, dio la Ley al pueblo hebreo a través de Moisés, encontramos que la Ley salió del Sinaí, del monte Sinaí. Pero ahora San Pablo en Hebreos, capítulo 12, nos dice [verso 22]:

“… sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada (o sea, a la Sangre de Jesucristo) que habla mejor que la de Abel”.

Vean a todo lo que nos hemos acercado.

Y ahora, ¿qué significa todo esto que San Pablo nos habla? En Isaías, capítulo 2, el verso 3 dice… verso 1 en adelante, vamos a leer, dice:

“Lo que vio Isaías hijo de Amoz acerca de Judá y de Jerusalén.

Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.

Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”.

La Ley salió del monte Sinaí; pero ahora aquí dice: “Porque de Sion saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra del Señor”. Este pasaje, que parece tan difícil, lo menciona también Miqueas en el capítulo 4; y vamos a ver cómo él lo presenta: Miqueas, capítulo 4, verso 1 en adelante, dice:

“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos.

Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová”.

Aquí menciona que de Sion saldrá la Ley: allá el monte de Sion en Jerusalén; también Jerusalén es llamada Sion; de allá saldrá la Ley y la Palabra del Señor. Hay otro pasaje que habla que Dios va a rugir. En otra ocasión les mostraré ese pasaje (pero si el reverendo Natale lo tiene a la mano…). ¿Cuál fue? Joel 3:16. Vamos a ver lo que dice aquí… Joel dice:

“Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel”.

Les había dicho que el Señor será la esperanza de Su pueblo, al principio; y aquí tienen el pasaje que nos habla sobre eso. Y aquí dice que el Señor…

La palabra o el nombre Jehová, pues los judíos no la usan; más bien se usa: el Señor, el Eterno, Elohim; y quizás en algunas ocasiones puedan usar Yahweh o Yahveh; pero por cuanto el Nombre de Dios no debe ser pronunciado entonces usan Elohim, el Señor o el Eterno.

Y ahora, ¿de dónde va a rugir el Señor? De Sion, y dará Su Voz ¿desde dónde? Desde Jerusalén; y temblarán los Cielos y la Tierra.

Ahora, Isaías dijo que para los postreros días, y también el pasaje que leímos de Miqueas, “postreros días”: “Acontecerá en los postreros tiempos…”. O sea, días postreros.

“Un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4).

En los días de Jesús y los apóstoles comenzaron los días postreros; cuando Jesús tenía de 3 a 7 años de edad comenzaron los días postreros, comenzó el primero de los días postreros delante de Dios, que era el quinto milenio.

Así como de los tres días postreros de la semana para nosotros son… es, el primero de los días postreros, el jueves; el segundo de los días postreros, el viernes; y el último de los días postreros de la semana, el sábado; y el sábado se le llama “el día del Señor” en medio del pueblo hebreo y en medio de todos los que guardan el sábado.

Y el Señor Jesucristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre es Señor del Sábado”12. Por lo tanto, el Día Postrero tipificado en el sábado, tipificado en el séptimo día de la semana, el Día Postrero delante de Dios, es el séptimo milenio de Adán hacia acá; y de los tres días postreros delante de Dios, el primero es el quinto milenio, el segundo el sexto milenio, y el tercero el séptimo milenio.

Esos son los tres días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los tres milenios postreros de una semana milenial o una semana de siete milenios, donde se cubre ese ciclo divino; y luego se comenzará nuevamente.

El domingo viene a ser el día octavo, pero la semana solamente tiene siete días; por lo tanto, el día octavo es el día primero de una nueva semana, de un nuevo ciclo para los seres humanos; y así es en el campo profético.

Y ahora, encontramos que Dios le dio al pueblo hebreo la Ley el día o fiesta de Shavuot que se lleva a cabo o se celebra en medio del pueblo hebreo: es una conmemoración a la entrega de la Ley al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés.

Y ahora, ¿qué sucedió el Día de Pentecostés o el día de esa fiesta de Shavuot allá en Jerusalén, cuando están reunidos como 120 creyentes en Cristo esperando la venida del Espíritu Santo?

Recuerden que Dios en el monte Sinaí estableció un Pacto con el pueblo hebreo, no dejen que se les escape eso de la mente; allí fue unido el pueblo hebreo con Dios como pueblo, aquello fue una Boda entre Dios y el pueblo hebreo, un Pacto matrimonial de Dios con un pueblo.

Recuerden que un matrimonio es la unión de dos seres que se aman, una unión legal conforme a las leyes; y así fue para el pueblo hebreo: una unión legal del pueblo hebreo casándose con Dios, uniéndose, la unión de dos seres que se aman. Dios ama al pueblo hebreo, y el pueblo hebreo amó a Dios, se unió a Dios.

Encontramos a Moisés leyendo los mandamientos divinos y los estatutos, los cuales le dio al pueblo hebreo y el pueblo hebreo aceptó esa unión con Dios; como unos jóvenes llevan a cabo el matrimonio y el ministro lee el acto, lee todo lo que tiene que el novio y la novia escuchar, y hablar también ellos cuando el ministro les dice: “¿Aceptas tú a esta joven como esposa?”, y ella… y le pregunta: “¿Tú amas a este joven y lo aceptas como tu esposo?”, y ella contesta: “Sí”; y luego le hace la misma pregunta a la joven.

Todo eso está ligado al amor y por consiguiente a esa unión matrimonial; por eso el matrimonio tipifica en el Antiguo Testamento a Dios y Su pueblo Israel. El pueblo hebreo como la Esposa de Dios, Dios como el Esposo; y por eso lo encontramos a Dios diciendo al pueblo hebreo: “Yo soy tu marido, tu esposo”.

Miren aquí, en Jeremías, capítulo 3, verso 6 en adelante, dice:

“Me dijo Jehová en días del rey Josías: ¿Has visto lo que ha hecho la rebelde Israel?”.

Cuando se nos habla de la rebelde Israel, está hablando del reino de las diez tribus, que le llaman “las tribus perdidas” de la casa de Israel; y cuando se nos dice Judá o “la casa de Judá” se está hablando del reino de Judá, compuesto por la tribu de Judá y la tribu de Benjamín.

“Ella se va sobre todo monte alto y debajo de todo árbol frondoso, y allí fornica (eso es fornicación espiritual).

Y dije: Después de hacer todo esto, se volverá a mí; pero no se volvió, y lo vio su hermana la rebelde Judá (o sea, el reino de Judá).

Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó”.

Y ahora, vamos a Jeremías, capítulo 31. Recuerden que si le dio carta de repudio, entonces, por cuanto ella quebrantó el Pacto de matrimonio, de unión con Dios, que había sido dado y celebrado allá en el monte Sinaí, entonces ¿qué pasó? Si le dio carta de divorcio o carta de repudio… Ahora miren, el capítulo 31, versos 31 en adelante, de Jeremías, dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá”.

Ya Dios le dio carta de divorcio. Ya para tratar con la casa de Judá y la casa de Israel tiene que hacer un Nuevo Pacto, porque cuando hay un divorcio ya fue roto ese pacto matrimonial; y ahora, si quiere nuevamente ser el esposo y ella ser la esposa legalmente, tiene que casarse de nuevo, tiene que hacer (¿qué?) un nuevo pacto; tan sencillo como eso.

Vamos a continuar aquí leyendo, dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová”.

Ahora, ¿ven cómo se presenta Dios como un Esposo? Un Esposo para Israel, para la casa de Judá y la casa de Israel. Pero ahora Él dice que hará un Nuevo Pacto; no como aquel Pacto, ya es un Nuevo Pacto; será un Nuevo Pacto sobre mejores promesas.

Y ahora, podemos entender mejor el libro de Hebreos, en donde San Pablo habla mucho de un Nuevo Pacto con mejores promesas.

Y ahora, continuamos viendo un poquito aquí, un poco:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová…”.

Y ahora aquí no menciona a la casa de Judá. Dice:

“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi Ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”.

Y ahora, el Nuevo Pacto va a ser escrito en el corazón de las personas; va a ser escrito, va a ser escrita la Ley o las leyes divinas bajo el Nuevo Pacto acá: ya no en piedras, sino, no en tablas de piedra sino en las tablas del corazón de cada creyente.

“Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado”.

Y ahora, encontramos a Jesús hablando de un Nuevo Pacto también.

También en el capítulo 10 y capítulo 15 de San Mateo, dice: “Yo no he venido sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”13. Cuando menciona la casa de Israel, está mencionando a las diez tribus perdidas, o sea, el reino del norte; porque el reino del sur corresponde Judá y el reino del norte corresponde a Israel, o sea, a las tribus perdidas.

Casa de Israel: reino del norte con las diez tribus; casa de Judá: reino del sur con dos tribus, la tribu de Judá y la tribu de Benjamín.

Y ahora, vamos a ver lo que Cristo dice en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante; esto ocurrió cuando Jesús estaba tomando la Pascua, la cena.

Recuerden que los discípulos le preguntan a Jesús: “¿Dónde Tú quieres que preparemos la Pascua?”, y Él les dijo: “Ustedes van a ver a un hombre que estará cargando agua en la cabeza, en un envase, ustedes sigan a ese hombre, y le preguntan: ¿Dónde está el aposento donde el maestro va a preparar, va a comer la cena, la pascua con Sus discípulos? Y él les mostrará el lugar, un lugar”14.

Y en esa cena que está tomando Cristo ya, en ese lugar, dice capítulo 26, verso 26 en adelante:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo (en el pan está tipificando Su cuerpo; y luego dice).

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

Y ahora, en el vino tipifica Su Sangre y muestra ahí que Su Sangre va a ser derramada por muchos, por todos aquellos que lo van a recibir a como Salvador: “es derramada por muchos para remisión de los pecados”; y así son quitados los pecados de todos los creyentes en Cristo, porque la Sangre de Cristo nos limpia de todo pecado15. No hay otra cosa que pueda limpiar al ser humano de pecado, solamente hay una cosa, y es la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, el mismo Cristo habla del Nuevo Pacto, Él vino para establecer el Nuevo Pacto; el Nuevo Pacto del cual nos habló Dios por medio del profeta Jeremías. Por eso San Pablo dice en Hebreos, capítulo 13, verso 20 al 21:

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno”.

Y ahora, la Sangre del Pacto Eterno ¿cuál es? La Sangre de Cristo. No habrá otro sacrificio por el pecado del ser humano; solamente hay uno, y es el de Jesucristo en la Cruz del Calvario.

Y ahora veamos lo que San Pablo nos dice en el capítulo 8 de Hebreos; dice, verso 6 en adelante:

“Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas”.

Y ahora, este Pacto que Cristo establece sobre mejores promesas ¿dónde fue establecido? En Sion, en Jerusalén. El Nuevo Pacto es dado en Jerusalén, el Pacto Antiguo fue dado en el monte Sinaí; tan simple como eso.

Por eso la Ley del Nuevo Pacto escrita en el corazón de los creyentes en Cristo y la Palabra del Señor, del Evangelio de Cristo, ¿de dónde salió? De Jerusalén. La Ley del Nuevo Pacto, escrita en nuestros corazones, ¿de dónde vino? De Jerusalén. Tan sencillo como eso.

El Pacto Antiguo: del monte Sinaí, y el Nuevo Pacto: del Monte de Sion. De Jerusalén, de ahí viene, sale la Ley; y de Jerusalén: la Palabra del Señor. Sigue diciendo San Pablo:

“Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

Porque reprendiéndolos dice:

He aquí vienen días, dice el Señor,

En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;

No como el pacto que hice con sus padres

El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;

Porque ellos no permanecieron en mi pacto…”.

¿Ven? Y les he dicho que ese es un pacto de unión del pueblo hebreo con Dios, es un pacto de unión matrimonial de Dios con Su pueblo:

“Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en la mente de ellos,

Y sobre su corazón las escribiré;

Y seré a ellos por Dios,

Y ellos me serán a mí por pueblo”.

Y ahora, todos los que han entrado al Nuevo Pacto han sido cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, y son pueblo de Dios bajo el Nuevo Pacto. Bajo el Antiguo Pacto: Israel es el pueblo de Dios, bajo el Nuevo Pacto: todos los creyentes en Cristo. Tan sencillo como eso.

Y ahora, podemos comprender por qué San Pablo dice: “Yo os he desposado con Cristo como una virgen, los he desposado con Cristo”, ¿ven? O sea que ahora bajo el Nuevo Pacto está ocurriendo una unión, un matrimonio entre Cristo y Su Iglesia.

Ese matrimonio, esa unión, ha estado moviéndose en la esfera espiritual; y algunos no han comprendido qué ha estado sucediendo, y han pensado que creer en Cristo es una religión más; pero es un Pacto matrimonial, una unión de la Iglesia con Cristo y de cada individuo con Cristo: casándose con Cristo, uniéndose con Cristo.

Recuerden que un casamiento es una unión, uniéndose con Cristo bajo un Nuevo Pacto.

Y ahora, en la parte física, todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente van a ser resucitados en cuerpos glorificados, y los que estén vivos en el Día Postrero serán transformados; luego estarán aquí en la Tierra unos 30 o 40 días en el cuerpo nuevo y glorificado, y luego irán con Cristo en el rapto o arrebatamiento, irán a la Casa del Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero.

De eso es que habla la Biblia. Y si habla de la Cena de las Bodas del Cordero es porque hay un matrimonio, una unión.

La Cena de las Bodas del Cordero16 es la recepción del matrimonio, de la unión de Cristo con Su Iglesia, o de Su Iglesia con Cristo; por eso Cristo es la cabeza de Su Iglesia, como el hombre es la cabeza del hogar: el esposo es la cabeza de la esposa, y así Cristo es la cabeza de Su Iglesia17.

Y ahora, podemos ver el por qué tuvo que ser el Día de Pentecostés que viniera o vino el Espíritu Santo; tenía que venir el Día de Pentecostés porque es el día que se conmemora Shavuot, el día que fue dada la Ley al pueblo hebreo en el monte Sinaí.

Hemos visto la conmemoración del Día de Pentecostés, la fiesta de Shavuot o fiesta de Pentecostés, hemos visto lo que conmemora: La entrega de la Ley al pueblo hebreo en el monte Sinaí en donde fue llevado a cabo ese casamiento, esa unión del pueblo hebreo con Dios.

Y en la parte profética esa fiesta señala la unión de los creyentes en Cristo con Cristo en un matrimonio, en donde es dada la Ley escrita en el corazón de cada creyente. Por eso la Ley del Nuevo Pacto ha sido dada en el Monte de Sion; y de Jerusalén ha salido la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación. ¿Vieron lo sencillo que es todo?

Y ahora, las otras fiestas las veremos en otra ocasión; porque hay otro Pentecostés, pero ya no es Día de Pentecostés, sino Año de Pentecostés, o sea, año cincuenta; eso está en el capítulo 25 de Levítico, versos 1 al 13, ahí encontraremos también los 49 días, que son 7 semanas, pero ya serán semanas de años, hasta llegar no al Día de Pentecostés sino al Año 50, Año de Pentecostés, Año del Jubileo. Recuerden que Pentecostés siempre es jubileo, o sea, siempre hay un jubileo.

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo está disfrutando del Día de Pentecostés y de todos los beneficios o bendiciones que fueron derramadas el Día de Pentecostés.

En otra ocasión veremos las otras fiestas, porque ya vimos la fiesta de la Pascua, la fiesta de la Gavilla Mecida y la fiesta de Pentecostés o Shavuot; vimos la parte histórica, vimos el memorial y vimos la parte profética.

Y ahora, nos falta todavía ver la fiesta… las fiestas que le siguen, que son: la Fiesta de las Trompetas… la fiesta de la Expiación, la Fiesta de las Trompetas y la Fiesta de los Tabernáculos. Así que eso lo vamos a dejar para otra ocasión.

Recuerden que esas fiestas hebreas son muy importantes; el misterio contenido en ellas es la parte profética, porque la parte histórica ya está abierta, ya ocurrió; y la parte… el memorial, pues ya se ha estado celebrando por muchos años; pero la parte profética es la que se tiene que cumplir. Y ya vimos tres fiestas que se han cumplido: la Pascua, la fiesta también de los Panes sin levadura, la fiesta también de la Gavilla Mecida y la fiesta de Pentecostés o de Shavuot. Luego veremos, en otra ocasión, las fiestas restantes.

Estén atentos en estos días, porque si podemos tener alguna de esas fiestas para el próximo domingo, veríamos con más claridad; y la fiesta que sigue a la fiesta de Pentecostés, vamos a ver cuál es: es la Fiesta de las Trompetas, y esa corresponde a nuestro tiempo.

Oren mucho por esa actividad porque es muy importante la Fiesta de las Trompetas; tan importante que no se explica mucho ahí, no se hace explicación en ese capítulo 23, versos 23 al 25. Esa es la quinta fiesta; y esperamos que Dios nos ayude.

“LA FIESTA HEBREA DEL PENTECOSTÉS O SHAVUOT”. Para hablar de esa fiesta tuvimos que hablar de las anteriores; pero algún día espero tomar cada una de ellas: en cada mensaje, cada conferencia, tomar una de ellas.

Pero ya con lo que tuvimos hoy yo creo que hemos entendido bastante bien esas cuatro fiestas; aunque de la segunda no les expliqué mucho, que son los siete días con panes sin levadura; de esa no les expliqué mucho, pero en algún momento les explicaré.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Si hay alguna persona que todavía no ha entrado al Nuevo Pacto, lo puede hacer en estos momentos recibiendo a Cristo como Salvador; para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted.

Es importante estar unidos con Dios a través de Cristo, para así estar dentro del Nuevo Pacto, y por consiguiente como pueblo de Dios, como hijos e hijas de Dios. No hay otra forma para estar unidos con Dios: bajo el Nuevo Pacto, por medio de Cristo dándonos el Nuevo Pacto, escribiendo Sus leyes en nuestro corazón.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de San Pablo y en toda la República del Brasil, y los está llamando en este tiempo final; y también tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo; para colocarlos en el Nuevo Pacto como pueblo de Dios, como hijos e hijas de Dios; y poder decir: “Cristo es nuestra cabeza, Él es el Esposo de Su Iglesia. Con Cristo estamos unidos, estamos casados, unidos, dentro del Nuevo Pacto”.

Sin Cristo el ser humano está perdido, no está en ningún Pacto; por lo tanto, Dios no tiene un Pacto con la persona, y la persona no tiene futuro, no tiene esperanza de vivir eternamente en el Reino de Dios. ¿Por qué? Porque no está dentro del Nuevo Pacto.

Pero cuando la persona recibe a Cristo como Salvador: entra al Nuevo Pacto, y entonces está consciente que va a vivir eternamente con Cristo en Su Reino. Si muere físicamente, sabe que va a ser resucitado en cuerpo eterno. Si permanece vivo hasta la resurrección de los muertos en Cristo, pues sabe que va a ser transformado, porque está dentro del Nuevo Pacto, unido con Cristo en ese matrimonio espiritual.

En las demás naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que Cristo les reciba y les coloque dentro del Nuevo Pacto.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Si falta alguna persona por venir, puede venir. Recuerden que es un asunto de vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”.

(San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30; y capítulo 10, versos 14 al 18, de San Juan también).

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Con nuestras manos levantadas en alto a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que están presentes y los que están en otras naciones, y los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados; creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Señor, te ruego perdones mis pecados, pues doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

¡Señor, sálvame! Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible”, pues Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Y la pregunta desde vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y si Cristo para cumplir toda justicia tenía que ser bautizado, ¡cuánto más nosotros tenemos que ser bautizados!

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por esa causa, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Conociendo, comprendiendo el significado del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo al ministro, reverendo Oswaldo Aparecido Natale, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada lugar y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino eterno de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA FIESTA HEBREA DE PENTECOSTÉS O SHAVUOT”.

[Revisión mayo 2020]

1 1 Crónicas 22:14-16, 29:1-5

2 Apocalipsis 22:12

3 San Mateo 6:20

4 San Lucas 10:7, 1 Timoteo 5:18

5 San Mateo 13:36-44

6 Isaías 9:3

7 San Juan 1:29 y 36

8 San Juan 20:19 y 21

9 Efesios 2:14

10 Hechos 1:6

11 Isaías 60:11, Apocalipsis 21:24-26

12 San Mateo 12:8, San Marcos 2:28, San Lucas 6:5

13 San Mateo 10:6, 15:24

14 San Marcos 14:12-16, San Lucas 22:8-12

15 1 Juan 1:7

16 Apocalipsis 19:7-9

17 Efesios 5:23

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