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Escuchad la voz de Dios hoy para que te vaya bien
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Escuchad la voz de Dios hoy para que te vaya bien

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de la gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta ocasión leemos en Jeremías, capítulo 7, versos 21 en adelante, donde dice:

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Añadid vuestros holocaustos sobre vuestros sacrificios, y comed la carne.

Porque no hablé yo con vuestros padres, ni nada les mandé acerca de holocaustos y de víctimas el día que los saqué de la tierra de Egipto.

Mas esto les mandé, diciendo: Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.

Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante,

desde el día que vuestros padres salieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Y os envié todos los profetas mis siervos, enviándolos desde temprano y sin cesar;

pero no me oyeron ni inclinaron su oído, sino que endurecieron su cerviz, e hicieron peor que sus padres.

Tú, pues, les dirás todas estas palabras, pero no te oirán; los llamarás, y no te responderán.

Les dirás, por tanto: Esta es la nación que no escuchó la voz de Jehová su Dios, ni admitió corrección; pereció la verdad, y de la boca de ellos fue cortada.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“ESCUCHAD LA VOZ DE DIOS HOY, PARA QUE TE VAYA BIEN.”

El mismo Dios por medio del Profeta Jeremías en este capítulo 7 que leímos, en el verso 23 dice que escuchemos:

“Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios, y vosotros me seréis por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.”

El secreto para que le vaya bien a la persona y a su familia, la da aquí Dios diciéndole a las personas que escuchemos Su Voz y hagamos conforme a como Él nos manda para que nos vaya bien.

Ahora, ¿cuál es la Voz de Dios hoy? Es muy importante, pues en el tiempo del Profeta Moisés como también fue en el tiempo de Caín y Abel y en el tiempo también de todos esos hombres de Dios del pasado y de los Profetas, vean ustedes, en el tiempo de Noé como en el tiempo de Caín hubo religiones.

Caín tenía su propia religión con la cual él pensaba que agradaba a Dios, ofrecía una ofrenda de frutos del campo a Dios, pero Dios no se agradó de él ni de su ofrenda. O sea, que no es como algunas personas piensan: “Bueno, todo lo que hagamos para Dios, como lo hagamos está bien, Dios se va agradar, después que lo hagamos con sinceridad.”

La sinceridad tiene que estar incluida en lo que hagamos para Dios, pero lo que hagamos para Dios tiene que ser de acuerdo a como Dios manda que lo hagamos.

Vean, Caín ofreció esa ofrenda a Dios, y no le agradó a Dios, o sea, que Dios no está obligado a aceptar lo que le ofrezcamos, la forma en que lo adoremos o la forma en que le sirvamos, si no está de acuerdo a lo que Él ha establecido.

El mismo Jesús hablando del Espíritu que daría a los creyentes en Él, nos dice también en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, dice:

“En el último y gran día de la fiesta (o sea, de la fiesta de los tabernáculos), Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

¿Para quiénes está prometida la promesa del Espíritu Santo? Para los que creen en Cristo, pero los que creen en Cristo como dice ¿qué? La Escritura; no para los que creen en Cristo a su manera, no para los que creen en Cristo con una concepción intelectual, sino como dice la Escritura:

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Ahora, encontramos (volviendo a lo de Caín y Abel), encontramos que Dios no aceptó la ofrenda de Caín porque no era conforme al Programa Divino, pero Abel ofreció a Dios una ofrenda de un corderito sacrificado a Dios, y a Dios le agradó Abel y su ofrenda, fue agradable Abel y su ofrenda.

¿Y por qué? Ahí tenemos, vean, cuando están tan poquitas personas en el planeta Tierra, dos personas adorando a Dios en dos formas diferentes, pero ambos con sinceridad. La sinceridad vale cuando se hacen las cosas de acuerdo a como Dios manda.

O sea, que la sinceridad no es lo que determina si Dios va a aceptar o no va aceptar lo que ofrecemos a Dios, pero sin sinceridad Dios no acepta lo que le ofrezcamos, pero tiene que ser de acuerdo a como Dios ha establecido.

¿Y dónde estaba establecido para Abel tener ese conocimiento de cómo acercarse a Dios, ofrecer a Dios una ofrenda y ser agradable? Es que cuando Adán y Eva pecaron, Dios le dio pieles para cubrir su desnudez, por lo tanto, tuvo que morir un animalito por ellos para cubrir la desnudez de ellos, por lo tanto, esas pieles que Dios le da de un animalito que Dios sacrificó, las coloca sobre Adán y Eva, por lo tanto, son pieles sangrantes, mojadas con la sangre del animalito, y ahí está la forma en que Dios reconcilia a Adán y a Eva con Él.

Aunque perdió la Vida eterna física, pero la de su alma no la perdió, Adán resucitó y Eva también cuando Cristo resucitó juntamente con los otros santos del Antiguo Testamento que resucitaron, como Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los Profetas, y entre ellos también Moisés, Moisés apareció en el Monte de la Transfiguración con Cristo, también el Profeta Elías, antes de Cristo morir, pero aparecieron en sus cuerpos angelicales, teofánicos.

Pero luego cuando Cristo resucitó, aparecieron ya en sus cuerpos nuevos, eternos, al igual cuando resuciten los creyentes en Cristo que han muerto físicamente y que están en el paraíso viviendo, ellos regresarán en cuerpos glorificados, y los que estemos vivos, pues seremos transformados, esa es la promesa de Cristo para todos los creyentes en Cristo que estarían en el tiempo que les tocaría vivir en la Tierra, estarían ¿qué? Escuchando la Voz de Dios para su día. Y le irá bien; al morir, pues le fue bien, se fueron al paraíso a vivir, y en su tiempo en que vivieron en la Tierra, en que pasaron por diferentes etapas difíciles, tenían la Vida eterna en sus almas.

Por lo tanto, aunque muchos murieron en las persecuciones pasadas, fueron echados algunos a los leones, y eso no es nada de bueno, pero si la persona tiene Vida eterna en su alma, no hay ningún problema, Dios le dará un cuerpo nuevo en la resurrección.

Malo es morir sin Vida eterna. Morir en una cama de oro pero sin Vida eterna, no es bueno. Morir en la boca de los leones, pero teniendo Vida eterna, no es ningún problema, va al paraíso a vivir en alma y cuerpo espiritual, y espera la resurrección de los muertos en Cristo que Jesucristo va a llevar a cabo cuando termine su Obra de Intercesión en el Cielo donde Él está como Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo en el Cielo, está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, y por lo tanto, ese Trono de Dios, ese asiento de Dios, ha sido convertido en un Trono de misericordia para los seres humanos.

Y mientras Él esté allá, habrá misericordia para los seres humanos, mientras Él este como Sumo Sacerdote, y Él permanecerá allí hasta que se haya completado Su Iglesia, o sea, hasta que haya entrado el último elegido de Dios, escogido de Dios, última oveja del Señor en el redil del Señor, o sea, en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, Él permanecerá allí hasta que haya redimido con Su Sangre hasta la última persona que vendría a ser parte de la Iglesia del Señor Jesucristo. Esas personas son las que estarían escuchando la Voz de Dios en el día, en el tiempo en que vivirían en este planeta Tierra, esas son las personas que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo y nacería la fe de Cristo en su alma, creerían, darían testimonio público de su fe en Cristo, lo recibirían como único y suficiente Salvador, serían bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego y produciría en las personas el nuevo nacimiento.

Y al nacer de nuevo, han nacido en el Reino de Dios, porque el nuevo nacimiento es del Cielo, y por esa causa es que las personas creyentes en Cristo nacidas de nuevo forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y por consiguiente su ciudadanía como personas que han nacido de nuevo, que han nacido del Cielo, su ciudadanía es de donde han nacido, han nacido del Cielo porque el Espíritu Santo bautizando las personas, eso viene del Cielo, entonces el nuevo nacimiento, al ser del Cielo, la ciudadanía es del lugar donde la persona nace.

Como nuestra ciudadanía terrenal es de la nación donde hemos nacido, y nuestra ciudadanía del nuevo nacimiento es del Cielo, y por consiguiente de ahí, ahí es que tenemos nuestros nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, así como del nacimiento terrenal que tuvimos a través de nuestros padres terrenales, tenemos nuestros nombres escritos en el registro terrenal de la nación donde nacimos. Y usted busca un acta de nacimiento en su país, y aparece el nombre suyo y el de sus padres también.

Y ahora, tenemos nosotros nuestro nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, y esas son las personas de las cuales Cristo dijo que son las ovejas que el Padre le dio para que les dé Vida eterna, Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las arrebatará de la mano de mi Padre.”

Nadie puede arrebatarle un elegido, una oveja al Señor Jesucristo y tampoco al Padre. Por lo tanto, están seguras en las manos del Señor esas personas, esas personas han sido redimidas con la Sangre de Cristo y para Dios son preciosas.

Con Adán pasaba lo mismo allá en los tipos y figuras, porque Dios le dio vestiduras a Adán y a Eva, de pieles y por consiguiente hubo un sacrificio por ellos, y luego encontramos a través de la historia de la descendencia de Adán, que efectuaban sacrificios de animalitos.

Encontramos a Abel ofreciendo ese sacrificio, esa ofrenda a Dios, y a Dios le agradó, porque con ese sacrificio la sangre había cubierto los pecados de Abel, y cuando Dios lo ve, lo ve sin pecado, y al verlo sin pecado, le es agradable a Dios, y acepta Dios la ofrenda que trae Abel, porque aquel corderito tipifica al Mesías, a Cristo, el cual más adelante, miles de años más adelante, vendría a la Tierra y moriría como el Cordero de Dios para quitar el pecado del ser humano.

Por eso cuando Juan el Bautista ve a Jesús, dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Por lo tanto, ya Juan sabía que Jesús tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por los pecados del ser humano que estaba tipificado en el sacrificio del macho cabrío de la expiación, y también en el sacrificio del cordero pascual que fue sacrificado por el pueblo hebreo allá en Egipto, cada padre de familia sacrificaba un corderito en la víspera de la pascua, y colocaba la sangre en el dintel y los postes de la puerta de su hogar para la preservación de la vida de los primogénitos o del primogénito que estaba en ese hogar, puede ser del primogénito o de los primogénitos, cualquiera de las dos está bien, pero más abarcador es “de los primogénitos.” ¿Por qué? Porque podía estar en ese hogar el padre siendo un primogénito, el hijo mayor de la familia de su padre, y tener un hijo varón que fuera el primogénito también, entonces serían dos. No pasaría de dos, excepto que en la casa vivieran los hijos y tuvieran también hijos y entonces, pues serían unos cuantos primogénitos en ese hogar, pero también podría ser una familia que solamente tuviera un primogénito o una familia que no tuviera primogénitos, porque ni el papá era primogénito ni tendría hijos, sino tendría hijas, y ahí, pues…

Pero recuerden que casi siempre vivían en grupos, por lo tanto algunas veces… y eso pasa muchas veces, se casa el hijo mayor o la hija mayor, y ama tanto a sus padres, que se queda viviendo en la casa con su esposo o el muchacho que se casa con la esposa, algunas veces los papás no quieren que se vayan porque quieren seguir viendo niñitos, los nietecitos, para cuidarlos también, y mantenerse contentos porque los niños traen alegría.

Cuando no hay niños, pues falta ese… los niños gritando y eso, y los niños cuando están muy alegres se ríen fuerte y gritan, y eso contagia a los mayores y se sienten muy contentos, y también los abuelitos le tienen sus cositas que le gustan a los nietecitos y los consienten mucho, y entonces los nietecitos, pues no se quieren tampoco ir de la casa de los abuelos. Y si los papás del niñito se van o de la niñita: “No, dejame con abuelito y con abuelita acá,” y algunas veces se le quedan con uno o dos de los nietecitos.

Así que, en Israel, pues al colocar la sangre del cordero pascual sobre el dintel y los postes, el marco de las puertas, eso para Dios era la señal que un animalito, un cordero de un año sin defectos, había sido sacrificado en lugar de el primogénito, o sea, había muerto ese animalito en lugar de ese niñito o de ese hijo varón que vivía en ese hogar.

O sea, que la muerte que tenía que recibir el primogénito, caía sobre el animalito, y estaba cubierto con la sangre de ese sacrificio y estaba la señal en la puerta, por lo tanto, Dios dijo: “A medianoche cuando pase por la tierra de Egipto (donde vivían también los hebreos), y pase visitando a los egipcios, en donde morirán todos los primogénitos en Egipto, cuando yo vea la señal: la sangre, pasaré de esa puerta, no entraré, y por consiguiente el primogénito que ahí vive no morirá. Pero en toda la Tierra de Egipto, todos los primogénitos morirán, excepto aquellos que estarán en los hogares donde estará la sangre aplicada en el dintel y los postes de los hogares. Pero no se salvará ni el primogénito del rey, del faraón.”

Ellos no sabían acerca de ese sacrificio, eso le fue revelado a Moisés, lo que tenía que hacer para que no murieran esos primogénitos del pueblo hebreo. Esos primogénitos tipifican a los escogidos de Dios, a los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Y el corderito pascual, pues tipifica a Cristo muriendo en la Cruz del Calvario como el Cordero de Dios como lo anunció Juan el Bautista, para quitar el pecado del mundo, quitar nuestros pecados con Su Sangre.

Él es el Sacrificio de Expiación por todos los seres humanos, y por los que lo recibirían Él es nuestro Cordero pascual, San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7: “Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

Y ahora, podemos ver que la muerte de Cristo era necesaria, Él vino con una misión divina; y para muchas personas es algo extraño que una persona venga para morir, pero así fue, Él mismo lo da a conocer en San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante cuando dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.”

Esas ovejas que el Padre le dio, son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero:

“Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.”

¿Ven? Aquí ya Cristo está diciendo que va a poner Su vida por las ovejas, o sea, va a morir por ellas:

“También tengo otras ovejas que no son de este redil.”

O sea, no estaban allá en medio del pueblo hebreo y no estaban allí en ese momento, se refiere a los que escucharían la predicación del Evangelio de Cristo y lo recibirían como único y suficiente Salvador; y la mayor parte de ellos, pues estaría en medio de las naciones gentiles, aunque comenzó todo en medio de los hebreos, luego se movería todo ese programa entre los gentiles, entre los cuales Dios tendría muchos hijos e hijas. Por lo tanto, la bendición de Abraham por medio de Cristo, pasaría a los gentiles. Sigue diciendo:

“…También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

Y ahora, estas ovejas escucharían la Voz de Cristo, ¿y cuál es la Voz de Cristo para la Dispensación de la Gracia? Así como la Voz de Dios para el pueblo hebreo bajo la Dispensación de la Ley, es el mensaje de la ley que Dios le dio a Moisés para el pueblo hebreo; allá en el Monte Sinaí le dio la Ley al pueblo hebreo y ordenanzas y estatutos para el pueblo hebreo, decretos divinos.

Y luego por medio de los Profetas estaba Dios siempre hablándole al pueblo hebreo de acuerdo a lo que ya le había dado por ley, decretos y estatutos por medio del Profeta Moisés al pueblo hebreo.

Escuchar la Voz de Dios para la Dispensación de la Ley, era escuchar lo que Dios habló por medio del Profeta Moisés para el pueblo y lo que de etapa en etapa le repetía a través de los diferentes Profetas. Eso era vida para el pueblo hebreo.

Al no querer escuchar, entonces no les iba bien y por esa causa se levantaban naciones en contra del pueblo hebreo, y hasta los llevaban cautivos en algunas ocasiones, y llegó el tiempo en que el templo que estaba en Jerusalén fue destruido, fue luego restaurado, luego fue destruido y así por el estilo.

Cuando se portaban bien, clamaban a Dios, se portaban bien, y Dios era misericordioso; pero cuando no escuchaban la Voz de Dios, la Palabra que Dios le había dado por medio del Profeta Moisés y se la confirmaba, se la daba a conocer diariamente por medio de los Profetas, entonces, al portarse mal y no querer escuchar la Voz de Dios, le veían problemas. Vean lo sencillo que es todo.

La persona no escucha la Voz de Dios, pues le irá mal; la persona escucha la Voz de Dios, le irá bien delante de Dios.

Y ahora, aquí, las ovejas que el Padre le dio a Cristo, pues son personas que vienen enviadas de Dios a la Tierra, porque usted y yo no decidimos que queríamos nacer y vivir en esta Tierra o vivir en tal nación; no fue usted el que eligió ni yo tampoco, fue Dios el que eligió dónde usted nacería y en qué tiempo usted aparecería en este planeta Tierra.

O sea, que estamos aquí en la Tierra por decreto, por la voluntad de Dios, y por consiguiente hay un Programa Divino para nosotros, el cual todos tenemos que entender. No podemos pasar por este planeta Tierra comiendo, trabajando y durmiendo. Eso sería una forma de vida como la tienen las aves, los peces y los animales, y la vida de ellos es así, porque no tienen alma, tienen espíritu pero no tienen alma.

Pero Dios le dio al ser humano algo más: es alma viviente, y por esa causa el ser humano es de toda la creación, aquí en la Tierra el que se parece a Dios, porque así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, ha creado al ser humano: alma, espíritu y cuerpo. Tan sencillo como eso.

Y así como Dios tiene libre albedrío, nadie le puede decir a Dios: “No puedes hacer esto,” Él decreta por decreto propio suyo, Él piensa y hace lo que Él desea hacer. Y cada persona, por cuanto ha sido creado a imagen: cuerpo espiritual, y semejanza: cuerpo físico, a imagen y semejanza de Dios; la imagen de Dios es el Ángel del Pacto, el cual le apareció a Moisés y libertó por medio del Profeta Moisés al pueblo hebreo, el Ángel donde está el Nombre de Dios, y a través del cual Dios se manifestaba a Adán, a Abel, a todos los Profetas.

Y ese Ángel del Pacto que es un hombre de otra dimensión, para entenderlo mejor, le aparecía en forma de hombre, en otras ocasiones aparecía en forma de fuego, porque Dios hace a Sus Ángeles espíritu, y a Sus ministros llama de fuego. Esos Ángeles ministradores pueden aparecer en forma de fuego, pero también pueden hacerse visibles en forma de hombres, pero hombres de otra dimensión, cuerpo angelical.

Y ahora, ese Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios, es el cuerpo angelical de Jesucristo, tan sencillo como eso. Cristo es el Ángel del Pacto a través del cual Dios dio el pacto, dio la ley al pueblo hebreo en el Monte Sinaí, el Cristo, el Mesías, el Ángel del Pacto.

Y ahora, Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58 está entre los judíos, y le están haciendo muchas preguntas, pero no para… porque desean aprender, sino que desean tomarlo en alguna palabra, y Él dice en ese capítulo 8 algo muy pero que muy importante y que fue muy chocante para ellos, y vamos a ver qué es lo que fue dicho en esa ocasión. Cristo dice a ellos:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.”

¿Y cómo es que Cristo naciendo Su cuerpo físico en Belén de Judea era antes que Abraham? Eso era algo chocante porque las personas normalmente piensan en forma material, en forma física y no comprenden muchas veces que el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, Él está hablando aquí de Su cuerpo angelical que es antes de Abraham, y no solamente antes que Abraham, antes que Adán también, Él es el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas, porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas, por medio de Él, ¿y para quién? Para Él. Él es ese Ángel del Pacto que aparece en diferentes ocasiones allá en el Antiguo Testamento.

Y ahora, la promesa es que ese Ángel del Pacto ha de venir a la Tierra. En el Antiguo Testamento estaba la promesa que el Ángel del Pacto vendría a la Tierra, pero Él estaba en medio del pueblo hebreo, estaba en la Tierra pero en cuerpo angelical, cuerpo teofánico, cuerpo igual al de los demás Ángeles, pero ahora en Malaquías, capítulo 3, verso 1 y 2, nos habla de la venida de ese Ángel del Pacto, y eso será la venida del Mesías. Tan simple como eso. Dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

El Ángel del Pacto está enviando a Su Mensajero para que le prepare el camino, y por lo tanto, va a venir hablando del que vendrá después de él, ese Mensajero fue Juan el Bautista, por eso Juan dice: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto, aparejad el camino del Señor,” y también él cita la promesa del Mensajero que Dios prometió enviar delante de su faz; el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 11, versos 9 al 12, identifica a Juan el Bautista como el Mensajero que sería enviado delante de Él para prepararle el camino. Y ahora, dice:

“…el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis.”

O sea, Dios vendrá a Su Templo, pero recuerden que no solamente el templo de piedras que estaba en Jerusalén, el cual hizo o mandó a construir el rey Herodes, no solamente ese es un templo, hay templos humanos, porque el ser humano fue hecho para ser un templo para Dios morar en el ser humano. Por eso Cristo en San Juan, capítulo 2, versos 17 en adelante dice, frente allí al templo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” y todos dicen… ¿ven? Otra vez parecido a lo que citamos: “En cuarenta y seis años fue construido este templo, ¿y ahora tu dices que en tres días lo vas a levantar?” pero dice la Escritura: “Pero Él no hablaba del templo de piedras (dice), Él hablaba de Su cuerpo.”

En Él moraba Dios en toda Su plenitud, era el templo humano de Dios del cual Jesús estaba hablando, de ese cuerpo físico que había nacido en Belén de Judea. San Pablo dice: “¿No sabéis que vosotros sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”

Por eso el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, como el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, que tenía Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo. El atrio en el ser humano es el cuerpo físico, el Lugar Santo en el ser humano es el espíritu que tiene la persona, y el Lugar Santísimo en el ser humano es el alma de la persona. Tan sencillo como eso. Y ahora, dice:

“Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

Y ahora, ¿quién vendría? El Señor, o sea, Dios el Padre, y el Ángel del Pacto que es el Ángel donde está el Nombre de Dios y a través del cual Dios aparecía a Adán, a Abel, a todos esos hombres de Dios: Matusalén, Enoc, Noé, Moisés y todos los Profetas.

Ese Ángel del Pacto, pues es la imagen de Dios y ese es Cristo en Su cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente, el Ángel del Pacto, y por esa causa Él tenía que venir a la Tierra en carne humana, vestirse de carne humana visible en medio del pueblo hebreo, nacer por medio de una virgen, la promesa en el Génesis, capítulo 3, verso 15 era que la simiente de la mujer heriría en la cabeza a la serpiente, o sea, al diablo que estaba en la serpiente.

Y esa es la promesa del Mesías, el Mesías vendría a través de una joven virgen de en medio del pueblo hebreo, descendiente del rey David, y nacería en Belén de Judea. Así estaba prometido y así tenía que cumplirse y así se cumplió con el nacimiento de Cristo a través de la virgen María, descendiente del rey David, por lo cual era una princesa, aunque fuera pobre.

Y José, el padre adoptivo de Jesús, era descendiente también del rey David, un príncipe aunque fuera pobre. Hay príncipes, princesas y reyes que cuando les dan un golpe de estado, quedan pobrecitos, y cuando se los llevaban cautivos a muchos reyes, quedaban algunas veces en la cárcel, encadenados algunas veces también, o si ese rey que los llevaba cautivos era un rey noble, entonces tomaba en cuenta el título que tenía, de rey, y lo trataba como a un rey, honrando ese título, y eso es una acción noble de un rey que vence a otro rey.

Y ahora, tenía que nacer a través de una virgen, y eso lo dice el Profeta Isaías, en el capítulo 7, verso 14: “Porque he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará su nombre Emanuel,” que traducido es Dios con nosotros, esa sería la forma en que Dios visitaría en forma visible al pueblo hebreo y por consiguiente a la raza humana representada en la nación hebrea.

Y ahora, podemos ver que Dios, el Padre, estaría en ese cuerpo de carne que nacería a través de la virgen María, y estaría el Ángel del Pacto, en palabras más claras, ahí estaría Dios en alma, Espíritu y cuerpo, y eso es Jesucristo, Él decía: “El Padre que mora en mi, Él hace las obras,” y también dijo en una ocasión, eso está en San Juan, capítulo 14, y también… y otros capítulos también, y también Él decía: “El Espíritu del Señor está sobre mi por cuanto me ha ungido,” y comenzó a enumerar las cosas para las cuales había sido ungido, y leyó también donde dice: “Para predicar el año agradable del Señor,” y enrollando el libro lo dio al ministro y se sentó, y todos los ojos de las personas que estaban allá en la sinagoga de Nazaret se quedaron fijos en Jesús, y comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Allí estaba el ungido de Dios, allí estaba el Mesías Príncipe. Recuerden que ungido lo que significa es “Mesías, Cristo,” o Cristo lo que significa es “ungido,” el ungido con el Espíritu de Dios, y allí estaba ungido con toda la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo estaba allí presente en medio del pueblo hebreo. Por eso Cristo decía: “El Padre que mora en mi,” y por eso Él decía también: “El Padre y yo una cosa somos.”

Es como también algunas veces decimos: “Yo soy de carne, yo soy tangible,” pero esa es su casa terrenal, su cuerpo, usted es alma viviente, pero usted, su espíritu y su cuerpo son usted, es usted vestido de un cuerpo físico como también está vestido de un cuerpo espiritual llamado el espíritu que tiene la persona.

Por eso cuando la persona muere, pues sigue viviendo en el otro cuerpo, el cuerpo espiritual llamado el espíritu de la persona, y va a otra dimensión, pasa a otra dimensión a vivir, y allá no hay el problema de la sobrepoblación.

Y ahora, el Mesías vendría en carne humana, el Ángel del Pacto vendría en carne humana, el Verbo es el Ángel del Pacto, vendría en carne humana como dice San Juan, capítulo 1, verso 14:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Era el Verbo hecho carne, era el Ángel del Pacto en un cuerpo de carne humana ¿para qué? Él en la última cena, en la víspera de la pascua allá en el capítulo 26, versos 26 al 29 de San Mateo, dice lo que iba a suceder.

Siendo el Ángel del Pacto, pues Él vino para establecer un nuevo Pacto que estaba prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36. En el capítulo 26 de Sa Mateo, versos 26 en adelante, luego que terminó Jesús de cenar dice… capítulo 26, versos 26 al 29 de San Mateo:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo (está representando Su cuerpo en el pan).

Y tomando la copa (o sea, la copa de vino), y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, tomando el vino como tipo y figura de Su Sangre, da a Sus discípulos y les dice que tomen de él, y les dice: “Porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada.”

La Sangre del Señor Jesucristo es la Sangre del nuevo Pacto que fue derramada en la Cruz del Calvario por todos aquellos que le recibirían como único y suficiente Salvador, que son muchos, esos son los muchos que lo recibirían como Salvador, y esos son los que serían colocados en el redil del Señor, Él dice: “Y oirán mi Voz, y habrá un rebaño y un pastor.” La Voz es el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, del cual dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

¿Ven? El que cree va a ser bautizado en agua en el Nombre del Señor; el que no cree la Palabra de Dios para la Dispensación de la Gracia, que es la Voz de Dios, la Voz de Cristo para los seres humanos, el que no cree, dice que será condenado, le irá mal. El que cree le irá bien porque dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Obtendrá la Vida eterna y vivirá eternamente con Cristo en Su Reino, así que le irá muy bien.

Esas personas son las ovejas que le fueron dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. El mismo Cristo dijo en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

O sea, que vino a buscarme a mi y a salvarme a mi, ¿y a quién más? Pues a cada uno de ustedes también, no vino solamente por mí, sino por todos ustedes también, por todos los que lo recibirían como su único y suficiente Salvador.

Esas serían las personas que escucharían Su Voz en la Dispensación de la Gracia, y Su Voz es el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación, y a través de las diferentes etapas del Cristianismo Dios ha enviado diferentes Mensajeros a los cuales le ha hablado, le ha revelado el mensaje que deben predicar en su tiempo, él lo ha predicado, se han unido a él muchos ministros y se han formado muchas congregaciones, y han estado trabajando en ese proyecto divino, y muchas almas han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Esas personas han estado escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo en el tiempo que les ha tocado vivir, esas personas son las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé Vida eterna, porque no es la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos que se pierda uno de estos pequeñitos, una de estas personas.

También Él dice en otra ocasión: “Uno de estos mis hermanos más pequeños,” recuerden que nosotros tenemos un hermano mayor, y Su Nombre es: Señor Jesucristo, Él es nuestro hermano mayor, y Él no se avergüenza de llamarnos hermanos, Hebreos, capítulo 2, verso 10 al 16 y también en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46, Él en el juicio de las naciones, cuando juzgue a las naciones es cuando se siente en el Trono de David y comience Su Reino, Él juzgará a las naciones, a unas las pondrá a Su derecha, representadas en ovejas, y a otras las pondrá a Su izquierda, representadas en cabritos.

A los de la derecha dirá: “Benditos, heredad el Reino de Dios preparado para vosotros, entrad al Reino, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve en la cárcel y me visitasteis,” y así por el estilo, y ellos dirán: “¿Cuándo te vimos con esas necesidades y te servimos?” y Él dirá: “Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mi lo hicisteis.”

O sea, que identifica a los creyentes en Él, que son los primogénitos del Cielo, escritos en el Libro de la Vida del Cordero, los identifica como Sus hermanos más pequeños que Él. De esto es que nos habla también el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante dice:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

La congregación de los primogénitos inscritos en el Cielo, son las ovejas del Señor, son los que lo han recibido como único y suficiente Salvador al escuchar Su Voz, la predicación del Evangelio de Cristo, y han sido colocados en el redil del Señor que es la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual Cristo es Su Esposo, la Iglesia es la Esposa del Cordero como dice la Escritura, y el Cordero es Jesucristo nuestro Salvador.

Por eso es que Él tipifica a los creyentes en Él en ovejas, corderitos, corderitos que van alimentándose con la Palabra y van creciendo, y ya entonces son corderitos más grandes, los cuales son ya ovejas, por eso a Pedro le dice: “Pedro, apacienta mis corderos,” y también después le dice: “Apacienta mis ovejas.” Eso está en el evangelio según San Juan por allá por el último capítulo.

Y ahora continuando aquí, hemos visto que los primogénitos, la congregación de los primogénitos, que es la congregación de los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador, la cual es el redil del Señor, la Iglesia del Señor Jesucristo. Dice:

“A Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.”

¿Ven? Los espíritus de los justos hechos perfectos son los cuerpos angelicales que tienen todos los creyentes en Cristo, en el cual van a la dimensión celestial, a la sexta dimensión que es el paraíso, cuando su cuerpo físico muere, y allí están en una dimensión donde no hay problemas como aquí en la Tierra; y allí no hay noche, todo el tiempo es de luz, tampoco en el cuerpo angelical siente la persona hambre y tampoco se trabaja allí, es una dimensión para descansar, reposar de los trabajos terrenales.

Pero de allá se puede ver para acá, por lo tanto, la audiencia que tenemos del paraíso es mayor que la que tenemos aquí, aunque aquí también no solamente tenemos la audiencia que está aquí presente, sino ustedes que están a través del satélite Amazonas o de internet en otras naciones, o sea, que la audiencia es grande, pero la que está en el paraíso mirando hacia acá, es mayor, mirando y escuchando, porque en el cuerpo angelical se escucha, se ve también, tiene tacto la persona, se siente y así por el estilo, y también tiene sentimientos y también la persona piensa. Ahora, sigue diciendo aquí:

“A Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Así que, nos hemos acercado a donde está la congregación de los justos, de los santos, de los primogénitos que están escritos en el Cielo, esa es la Iglesia del Señor, y tenemos al mediador del nuevo Pacto que es Jesucristo, haciendo intercesión en el Cielo por nosotros con Su Sangre, pues la persona cuando recibe a Cristo como Salvador, es limpio de todo pecado.

Así como cuando nos bañamos de pies a cabeza quedamos limpios, pero luego en los tiempos pasados las personas usaban las sandalias y no tenían como en la actualidad aceras y carreteras de concreto o de otro material como la brea, ** o como le llamen, asfalto, y el polvo del camino le ensuciaba los pies, aunque estuvieran bañaditos, estaban limpios completos pero los pies quedaban al descubierto, y por eso en los hogares y en diferentes lugares cuando llegaba un visitante, cuando llegaban a la casa, tenían unos lugares para ser lavados sus pies, y tenían personas, (los que podían), tenían personas trabajando o esclavos, los cuales, cuando llegaba el dueño de la casa, se sentaba y le lavaba los pies. De ahí es que viene esa forma que usa Cristo cuando termina de cenar con Sus discípulos, dice: “Se levantó de haber cenado,” y toma una toalla y un lebrillo con agua y le lava los pies a Sus discípulos.

Luego cuando va a lavarle los pies a Pedro, Pedro le dice: “Tu a mi jamás me lavarás los pies,” y Jesús le dice: “Bueno, si no te lavares, no tendrás parte conmigo,” “Señor, entonces la cabeza también, todo el cuerpo,” y el Señor le dice: “El que está limpio no tiene necesidad, no necesita ser lavado todo, sino solamente los pies.”

Y eso significa que el que ya ha recibido a Cristo como Salvador y ha sido lavado con la Sangre de Cristo completo, ha sido limpio de todo pecado con la Sangre de Cristo y ha sido reconciliado con Dios, si comete algún error, falta o pecado, lo confiesa a Cristo, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado porque Él todavía está como Sumo Sacerdote con Su Sangre intercediendo por toda persona que lo recibe como su Salvador, y por los que ya lo recibieron como Salvador en todo momento que sea necesario.

Por eso es que dice la Escritura también: “Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo Su Hijo, el Hijo de Dios,” y dice también: “La Sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado.”

No solamente de los que teníamos antes de recibir a Cristo, sino de cualquiera que cometamos por descuido luego de haber recibido a Cristo como Salvador. Eso significa que el cristiano no puede desanimarse en su vida cuando ha cometido alguna falla delante de Dios, sino que tiene que saber que tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo que intercede por nosotros ante Dios con Su Sangre e ir inmediatamente a Cristo, confesar a Cristo nuestra falta, nuestro error o nuestro pecado, pedirle perdón a Cristo, y Cristo nos perdona y con Su Sangre nos limpia de todo pecado.

Por lo tanto, el cristiano ha puesto su mano en el arado y no puede mirar hacia atrás, sino hacia adelante siempre, hacia la meta que es la Vida eterna no solamente espiritual, sino física también, con un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado que Él ha prometido para nosotros, para que vivamos físicamente con Él en Su Reino terrenal que Él va a establecer en este planeta Tierra.

Y eso será la restauración del Reino de David, y el Trono será el Trono de David, y por consiguiente la Capital será Jerusalén, el Distrito Federal el territorio de Israel, y desde ahí el Mesías Príncipe gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, esas fueron las palabras del Ángel Gabriel a la virgen María en el capítulo 1 de San Lucas, versos 26 al 36, cuando le dice que ella va a tener un niño, y que Dios le dará el Trono de David su Padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su Reino no tendrá fin. Será un Reino para toda la eternidad.

Y ahora, podemos ver que hay una bendición muy grande para los que escuchan la Voz de Cristo, el buen Pastor, escuchan el Evangelio de Cristo en el tiempo que les toca vivir, porque esa es la Voz de Dios, la Voz de Cristo para la Dispensación de la Gracia para todos los seres humanos, así como el Evangelio del Reino es la Voz de Dios para la Dispensación del Reino. Tan sencillo como eso.

Y ahora, hemos visto lo que es la Voz de Dios, hemos visto también que es el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, el cual es llamado el Espíritu Santo, el que ha estado por medio de los diferentes Profetas trayendo la Palabra de Dios, el pensamiento divino en forma de Palabra a los Profetas, a los Mensajeros de Dios, y de los Mensajeros ha pasado al pueblo para que escuchen así la Voz de Dios y caminen en la Palabra de Dios para su tiempo.

Para nuestro tiempo, para la Dispensación de la Gracia y luego la Dispensación del Reino, caminemos en el Evangelio de la Gracia y en el Reino Milenial en la Dispensación del Reino, caminemos en el Evangelio del Reino, conforme a lo establecido en el Evangelio del Reino será para el glorioso Reino Milenial del Mesías.

La Voz de Dios por medio del Espíritu Santo, el Ángel del Pacto a través de Sus diferentes Mensajeros, es la Voz de Dios para la familia humana; la Voz de Dios para la Dispensación de la Gracia para la familia humana es el Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en nuestras almas, creamos en Cristo y lo recibamos como nuestro único y suficiente Salvador, para que Él nos reciba, nos perdone y con Su Sangre nos limpie de todo pecado al ser bautizados en agua en Cristo, en el Nombre del Señor Jesucristo y nos bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en nosotros el nuevo nacimiento, y así nazcamos en el Reino de Cristo.

Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Para nosotros ver este reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer; para ver el Reino de Dios hay que nacer de nuevo; y para entrar a este reino en que vivimos, tuvimos que nacer, y para entrar al Reino de Dios tenemos que nacer de nuevo, dice Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu, es nacer del Espíritu Santo. La persona así es como nace de nuevo, nace como un bebé en el Reino de Cristo, y se va alimentando de la Palabra de Dios y va creciendo espiritualmente como un creyente en Cristo.

Y ahora, la Voz de Dios es la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo, por medio de Sus diferentes Mensajeros en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. La Voz de Dios ha estado siempre en medio del pueblo, y no podemos ser como aquellos a los cuales Dios les habló y no quisieron escuchar, no prestaron atención a lo que Dios les estaba hablando por medio de los Profetas. Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12 dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír.”

O sea, que no tenían oídos para oír la Voz de Dios, la Palabra de Dios por medio de los Profetas de Dios, por eso en Apocalipsis dice, en el capítulo 2 y capítulo 3 del Libro del Apocalipsis: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.” eso es lo que el Espíritu Santo estaría hablando por medio de Sus diferentes Mensajeros.

Hay personas que tienen oídos para oír muchas cosas, pero para oír la Palabra de Dios hay quizás pocas personas, pero esas son las ovejas del Señor, a esas personas les irá muy bien en el Reino de Dios, a los que no tienen oídos para oír la Voz de Dios, les irá mal conforme a lo que Dios dice en Su Palabra:

“Y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros…”

¿Cómo Dios por medio de Su Espíritu Santo, por medio del Ángel del Pacto enviaba Su Palabra? A través de los Profetas, esa ha sido la forma en que Dios ha estado siempre hablándole a los seres humanos.

Eso es lo que dice el Profeta Moisés en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante, la lectura anterior fue Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12. Ahora, esta de Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”

¿A quién dice Dios que escuchen? Al Profeta que Dios levanta, un Profeta como Moisés:

“Conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca.”

¿Dónde Dios coloca Su Palabra? En la boca del Profeta que Dios envía. Ahora, un Profeta como Moisés es un Profeta mayor, un Profeta dispensacional; un Profeta como Moisés fue Jesús, y un Profeta como Moisés vendrá en este tiempo final. Por eso los ministerios de Moisés y Elías se van a repetir en este tiempo conforme a Apocalipsis, capítulo 11,versos 3 en adelante, esos son los dos ungidos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, son los dos Olivos, las dos ramas de olivo, los dos ungidos, y en Apocalipsis, capítulo 11 dice que son los dos Olivos, que son los dos candeleros, los dos ungidos que están delante de la presencia de Dios.

Ahora, hemos visto que Dios coloca Su Palabra en la boca del Profeta que Él envía, y este tipo de Profeta como Moisés, es un Profeta dispensacional, de los cuales habrá uno que ya vino: Jesucristo, y otro que está prometido para este tiempo final.

“Y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

¿Por qué? Porque no ha querido escuchar la Voz de Dios y no le va a ir bien, Dios le va a pedir cuenta. Pero aquellos que escucharán Su Voz, serán bendecidos, recuerden las bendiciones y las maldiciones que Dios le dijo a Moisés que le hablara al pueblo hebreo cuando entraran a la tierra prometida. Las bendiciones si obedecían a Dios, y las maldiciones si desobedecían a Dios, tan sencillo como eso. La vida y la muerte, la bendición y la maldición, eso es lo que Dios ha colocado delante de todo ser humano, ya no le podemos echar la culpa a Adán y a Eva por el problema que trajeron a la raza humana, ahora toda persona tiene delante de sí la vida y la muerte, la bendición y la maldición. El Árbol de la Vida del cual toda persona dice: “Bueno, ¿por qué Adán no comió del Árbol de la Vida? Debió de comer del Árbol de la Vida.”

Y si usted estuviera allá, ¿hubiera comido del Árbol de la Vida? Pues Cristo es el Árbol de la Vida, por lo tanto, usted comerá acá del Árbol de la Vida que es Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador, y así estará comiendo de Cristo, el Árbol de la Vida. Recuerden que Él dijo: “El que coma mi carne y beba mi Sangre, tiene Vida eterna , y yo le resucitaré en el Día Postrero,” capítulo 6, versos 39 al 58 de San Juan.

Así que toda persona está en la misma posición en que estaba Adán y Eva allá en el Huerto del Edén, ahora estamos nosotros con la vida y la muerte frente a nosotros. Cristo es la vida: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6.

Muchas personas piensan: “No, yo soy una persona muy buena, no le hago daño a nadie y yo no voy a ninguna religión, a ningún grupo religioso, yo creo en Dios a mi manera, y como no le hago daño a nadie, yo cuando muera, yo voy a ir con Dios,” pues Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.”

Sin Cristo la persona no puede llegar a Dios, la persona es reconciliada con Dios por medio de Cristo, el cual es el sumo sacerdote y el cual con Su Sangre intercede por nosotros y nos limpia de todo pecado, sin Cristo no podemos vivir eternamente.

¿Y qué hay para los que no tienen a Cristo y no han querido recibir a Cristo como Salvador? Vamos a ver qué nos dice aquí, y lo que aquí diga, así es, San Juan, capítulo 3, versos 35 en adelante, 35 al 36 de San Juan, capítulo 3, dice:

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.”

Él es el que tiene la exclusividad de la Vida eterna, porque Dios ha entregado en Sus manos la Vida eterna para otorgarla a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, por eso dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.”

¿Por qué Él da la Vida eterna? Porque Él tiene la exclusividad de la Vida eterna:

“El que cree en el Hijo tiene la vida (o sea, tiene la Vida eterna); pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida (o sea, no verá la Vida eterna, no vivirá eternamente), sino que la ira de Dios está sobre él.”

Por lo tanto, le irá muy mal, los que rehúsan creer en Cristo les irá muy mal; los que creen en Cristo les irá muy bien:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo (o sea, obtendrá la Vida eterna); mas el que no creyere, será condenado.”

Le irá muy mal al que no crea, al que cree y es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo le irá muy bien, tendrá las bendiciones de Dios, la Vida eterna y estar con Cristo en Su Reino eternamente viviendo.

Y ahora, nos dice el mismo Cristo en el libro del Profeta Juan el apóstol, o sea, en el Apocalipsis, el último libro de la Biblia, dice capítulo 22, verso 6 en adelante:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

Cristo envía Su Ángel, Dios envía Su Ángel para dar a conocer, para mostrar las cosas que deben suceder, y Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Este Ángel del cual habla Cristo aquí, en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis o libro de Revelación, en el último capítulo, el capítulo 22 donde leímos, habla dos veces de este Ángel, y también en el capítulo 1 comenzando y terminando el libro del Apocalipsis menciona a este Ángel. Apocalipsis, capítulo 1, verso 1 al 3 dice:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto…”

Para manifestar a sus siervos ¿qué? Las cosas que deben suceder pronto, para dar a conocer las cosas que deben suceder:

“…y la declaró (o sea, las reveló, las dio a conocer) enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.”

O sea, que Jesucristo por medio de Su Ángel declaró, reveló, dio a conocer estas cosas que deben suceder, enviándolo a Juan allá en aquel tiempo, y por eso le dio toda esta revelación apocalíptica al apóstol Juan, pero recuerden, este es un libro simbólico, todos estos símbolos contienen, en estos símbolos, las cosas que van a suceder.

Por eso ustedes encuentran ahí animales, bestias, aves, águilas, leones y así por el estilo, todo eso tiene un significado.

Por ejemplo, la estrella: la estrella habla de estrellas del cielo, de estrellas, de luceros y así por el estilo, por ejemplo, Cristo dice: “Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Ahora, la estrella resplandeciente de la mañana ¿cuál es? Literalmente: Venus, esa estrella representa, tipifica a Cristo, Cristo es la estrella resplandeciente de la mañana, por eso encontramos que le alumbró el camino a los hebreos, en esa trayectoria que tuvieron de 40 años por el desierto, durante la noche les alumbraba el camino, ese Ángel del Pacto, que es Cristo, es la estrella resplandeciente de la mañana, el Espíritu Santo.

Por eso es que dice… eso fue en el capítulo 22, verso 16, y en el capítulo 2, verso 28 dice hablando del vencedor, la bendición que le va a dar al vencedor, una de ellas dice: “Y le daré la estrella de la mañana.”

No es que le va a dar el planeta Venus, aunque si se lo da, pues lo va a tomar, aunque no se puede habitar por el momento, tiene una temperatura de unos 400 grados allá, así que no se puede habitar por el momento, se dice que es un planeta gemelo de la Tierra, es el planeta gemelo de la Tierra, y dicen que lo que le pasó a ese planeta (por lo cual está en esa condición y no hay árboles, no hay nada allí), le va a suceder a la Tierra.

Pero no hay ningún problema, tenemos una invitación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero para estar con Cristo en el Cielo durante el tiempo de la gran tribulación. Los que queden en la Tierra les irá mal, los que vayan con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero les irá muy bien, esos son los que escucharon la Voz de Cristo en el tiempo en que vivieron en este planeta Tierra.

Por lo tanto, la recomendación es: Escucha la Voz de Dios, la Voz de Cristo hoy, para que te vaya bien. Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y el mismo Dios dice: “Escoge la vida para que vivas tú y tu familia.”

O sea, la recomendación, para que usted no diga: “Bueno, Dios coloca delante de nosotros la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Dime tu ¿qué me conviene escoger?” pues mire, Dios ya para que no esté preguntando qué le conviene escoger, dice: “Escoge la vida para que vivas,” y Cristo dice: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” Cristo es el Árbol de la Vida, Cristo es la Vida eterna, y el que lo recibe como Salvador, recibe la Vida eterna.

Este Ángel del Señor Jesucristo que le aparece a Juan, es un Profeta en su cuerpo angelical en ese tiempo. Para el tiempo final va a aparecer en la Tierra vestido o vistiendose de un cuerpo de carne humana, y va a estar en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y continuará hablando como habla aquí a Juan el apóstol, hablando de todas estas cosas que deben suceder pronto.

Él vendrá con el mensaje profético de Dios de todas las cosas que han de suceder en la Tierra en este tiempo final. Ese espíritu de Profeta, o sea, cuerpo angelical de Profeta, va a estar dentro de un cuerpo de carne en medio del Cristianismo y después en medio del Judaísmo o en medio de los judíos, tan sencillo como eso. Los judíos lo van a ver y van a decir: “Este es el que nosotros estamos esperando.” ese… van a decir: “Ese es Elías.”

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 6. En el verso 1 dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

O sea, no quedará ni el padre, ni el abuelo ni tampoco ni los hijos ni los nietos, ni raíz ni rama:

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.”

Eso es la venida del Señor, pero dice: “Nacerá el sol de justicia,” eso cuando nace el sol es en la mañana; será en la mañana de un nuevo día dispensacional y de un nuevo día milenial, o sea, será, vamos a decir en el primer siglo del séptimo milenio, en el primer siglo del Día Postrero, en el primer siglo de ese nuevo día dispensacional:

“…y en sus alas traerá salvación.”

Y sus alas son los ministerios de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y de Elías. Tan sencillo como eso.

Hay esperanza para los creyentes en Cristo, hay esperanza para los que escuchan la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo en cada tiempo, y para nosotros también es así. Estaremos escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo hablándonos todas estas cosas que deben suceder pronto, y por consiguiente también estaremos escuchando bajo la predicación del Evangelio de la Gracia la oportunidad y el llamado para recibir a Cristo como nuestro Salvador y obtener la Vida eterna, y estaremos también escuchando bajo la predicación del Evangelio del Reino, todas estas cosas que deben suceder pronto.

Y así estaremos con nuestros oídos atentos a la Voz de Cristo, a la Voz de Dios en este tiempo final. Dice en el libro del Apocalipsis: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a la Iglesia, lo que el Espíritu dice a las Iglesias.”

Yo tengo oídos para oír lo que el Espíritu Santo está diciendo en este tiempo final, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Por lo tanto, aunque la Tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón del mar o de la mar, no temeré mal alguno porque el Señor estará conmigo, porque el Señor está conmigo y con cada uno de ustedes también.

La situación en que se encuentra el planeta Tierra con volcanes en erupción, con terremotos en diferentes naciones y las réplicas de los terremotos que le siguen, y con maremotos y tsunamis, y con el calentamiento global por lo cual se están derritiendo los polos, los hielos polares, que causarán que el nivel de los mares suba y por consecuencia las costas corren peligro, porque si sube el nivel del mar en una nación, entonces las aguas del mar van a cubrir las costas.

Pero hay profecías que dicen que Dios dará el pago a los de las costas y también dice que las islas van a desaparecer, van a ser removidas de su lugar, tanto en el libro del Apocalipsis, como en el libro del Profeta Isaías y otros libros de los Profetas.

Pero hay una ciudad en una dimensión celestial donde hay una gran fiesta preparada que le llaman a través de la Escritura: la Cena de las Bodas del Cordero, a donde Cristo va a llevar a todos los que han escuchado Su Voz por medio del Espíritu Santo en la edad que les ha tocado vivir, y allí no habrá terremotos, ni maremotos ni tsunamis ni calentamiento global, no habrá nada de eso, allí todo va a ser felicidad.

Así como cuando hay una boda, luego hay una recepción, es una fiesta, así también las bodas del Cordero es la unión, el casamiento, la unión de Cristo y Su Iglesia, y luego a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Vamos a estar vestidos de boda, o sea, el vestido de boda es el Espíritu Santo, la primera porción, y el cuerpo glorificado la segunda porción, y entonces tendremos la plenitud de Dios, entonces estaremos vestidos completamente de la plenitud de Dios para poder ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y yo ya deseo estar allá, porque como se están poniendo las cosas en la Tierra, cada día hay menos paz en las naciones, y en los corazones de los seres humanos también, pues estaba así profetizado, que los seres humanos estarían con temor; y cuando se está con temor, pues no hay paz.

El amor echa fuera el temor, recuerden eso, y el amor de Dios para con nosotros nos ha dado un Redentor, un Salvador, que es nuestro amado Señor Jesucristo, el cual nos dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy, yo no la doy como el mundo la da.”

Por lo tanto, no tenemos que tener miedo por la situación mundial, sino estar escuchando la Voz de Cristo todos los días de nuestra vida; escuchando la Voz de Dios hoy, sabiendo que nos va a ir mejor cada día.

Y cuando ya estemos transformados, de ahí en adelante no habrá problema alguno para nosotros, ni siquiera los años que nos pasen por encima nos dejarán huella. El mismo Señor Jesucristo, el cual está en el cuerpo glorificado que será igual al que será nuestro cuerpo glorificado que Él nos dará, está tan joven como cuando subió al Cielo, y cuando subió al Cielo representaba de 18 a 21 años, porque en el cuerpo glorificado y eterno la persona es joven para toda la eternidad.

Así que, ya yo estoy deseoso de recibir el cuerpo nuevo, cuerpo glorificado para irme con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y ha escuchado la Voz de Cristo en esta mañana, la Voz de Dios, el Evangelio de Cristo siendo predicado y ha nacido la fe de Cristo en su corazón, y está por consiguiente creyendo en Cristo, puede dar testimonio público de vuestra fe en Cristo, recibiendole como único y suficiente Salvador y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para darte Vida eterna, Él te está llamando para que te vaya bien y puedas vivir eternamente con Él en Su Reino:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo  unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Es para que tengamos Vida eterna que Dios envió a Jesucristo a este mundo para que muriera por nosotros en la Cruz del Calvario.

Y ahora, nosotros tenemos un Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, que es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, para poder obtener el perdón de nuestros pecados, ser limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo, ser bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizarnos con Espíritu Santo y Fuego y producir en nosotros el nuevo nacimiento, y así entrar al Reino de Dios con Vida eterna.

Dios nos ha dado Vida eterna, y esta vida está en Su Hijo Jesucristo; el que tiene al Hijo, a Jesucristo, tiene la vida: la Vida eterna; mas el que no tiene a Cristo porque no lo ha recibido como Salvador, no tiene la vida, no tiene la Vida eterna. Eso es lo que nos habla San Juan en Su Primera carta, Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, y la buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos Vida eterna porque lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, y ustedes lo están recibiendo en estos momentos como vuestro único y suficiente Salvador para que Él les dé Vida eterna.

Dice San Pablo en Romanos, capítulo 5, que aún siendo nosotros pecadores, Cristo murió por nosotros; Él murió para llevar nuestros pecados, llevando nuestros pecados y para por consiguiente reconciliarnos con Dios.

No hay forma del ser humano ser reconciliado con Dios, excepto a través de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Dios tiene mucho pueblo aquí en Ciudad México, Distrito Federal, y en todo el Estado de México y en toda la República Mexicana, y los está llamando en este tiempo final.

A ustedes también que se encuentran allá en Villahermosa los está llamando, los que todavía no habían recibido a Cristo como Salvador, y los que están también allá en Monterrey, en Torreón, en Veracruz, en Xalapa, y en todas las demás ciudades de la República Mexicana, y en todos los demás lugares de la República Mexicana.

Y también Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y los está llamando en este tiempo final, y tiene mucho pueblo también en todas las naciones, y los está llamando; si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón, Él te está llamando para darte Vida eterna, te está llamando para que te vaya bien recibiendo la Vida eterna y así asegurando tu futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo también, para que Cristo les reciba en Su Reino. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mi; y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino, por lo cual han escuchando la Voz de Dios, la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo, y ha nacido la fe de Cristo en sus corazones, en sus almas, y vienen para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir, puede pasar al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. En las demás naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que todavía faltan por venir a Cristo.

Veo que vienen más personas, por eso estamos esperando unos segundos mientras llegan acá al frente. Cuando estén listos en las demás naciones me pueden avisar. Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Todos los presentes y los que están en otras naciones, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, nuestros ojos cerrados y los que han venido a los Pies de Cristo pueden conmigo hacer esta oración. Repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, escuché Tu Voz, ha nacido la fe tuya en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mi y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo y acepto Tu Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario y Te pido Señor que se haga realidad en mi Tu Sacrificio, con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me des la salvación y Vida eterna.

Sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha limpiado de todo pecado, les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Cuando Juan el Bautista estuvo predicando y bautizando en el Jordán, llegó Jesús, entró a las aguas del Jordán, se detuvo frente a Juan, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tu vienes a mi para que yo Te bautice?” y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Si para cumplir toda justicia a Jesús le convenía ser bautizado por Juan el Bautista, cuánto más a nosotros nos conviene ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso en el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo cual, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo en el Reino de Cristo por toda la eternidad, dándole gracias a Cristo siempre, a Dios por enviar a Cristo para que muriera por nosotros en la Cruz del Calvario.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la Voz de Cristo para todos los seres humanos, para que les vaya bien, para que vivan eternamente con Cristo en Su Reino.

La recomendación siempre ha sido que escuchemos la Voz de Dios: “Oye Su Voz, escucha Su Voz hoy para que te vaya bien”. Yo la escuché y ahora también ustedes la han escuchado y están haciendo como dice Dios en Su Palabra.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, ustedes que están presentes y los que están en otras naciones y han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador en estos momentos.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Ricardo Villagran para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“ESCUCHAD LA VOZ DE DIOS HOY, PARA QUE TE VAYA BIEN.”

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