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Una creación gimiendo por su libertad y un pueblo gimiendo por su redención
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Una creación gimiendo por su libertad y un pueblo gimiendo por su redención

Muy buenas tardes o buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y también de internet en diferentes naciones; es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos un pasaje de la Escritura muy hermoso y que llena de fe y de esperanza a todos los creyentes en Cristo.

Quiero también felicitarles por este hermoso auditorio, Iglesia, que han construido, el cual es muy acogedor este lugar y muy hermoso, que Dios los bendiga y Dios se manifieste siempre en este lugar, y siempre tengan el alimento espiritual para las almas que aquí se reúnan, y Dios añada muchas almas a esta congregación en este tiempo final, y les bendiga abundantemente y les use grandemente también en Su obra en este tiempo final, les bendiga junto a vuestro pastor.

Para esta ocasión… vuestro pastor, el reverendo José Ángel Flores, el cual, pues conozco desde Guatemala, desde Guatemala es ¿verdad Miguel? Desde Guatemala. O sea, que eso son más de 20 años, 20 ó 30 años.

Para esta ocasión leemos en Romanos capítulo 8, verso 14 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“UNA CREACIÓN GIMIENDO POR SU LIBERTAD Y UN PUEBLO GIMIENDO POR SU REDENCIÓN.”

Ese pasaje que nos habla de la libertad o redención de la creación, la liberación o libertad del planeta Tierra completo con todo lo que tiene, y la liberación o redención de todos los hijos de Dios, nos muestra que hay un Programa Divino para llevarse a cabo la redención o liberación de la creación de la naturaleza, y también la redención o liberación de los hijos e hijas de Dios, y tanto el planeta Tierra como los hijos e hijas de Dios gimen a una esperando la redención.

La redención del planeta Tierra será la restauración a como era en el tiempo de Adán y Eva, y por eso el Reino del Mesías será el regreso al Huerto del Edén, o sea, regreso a como era allá en el Huerto del Edén.

Por esa causa la Tierra va a pasar por una etapa de purificación, el planeta Tierra así como el ser humano pasa por diferentes etapas, por ejemplo, en el tiempo de Noé con el diluvio pasó por ese bautismo en agua de justificación, y luego con la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario ha pasado por la etapa de santificación.

Y luego cuando reciba el bautismo de fuego durante la gran tribulación, pasará por las primicias, las primicias del Espíritu de ese bautismo de fuego, como el ser humano pasa por justificación, santificación con la Sangre de Cristo y bautismo del Espíritu Santo como las primicias, y después tendrá un bautismo de fuego en donde recibirá su transformación, o sea, esa segunda parte que estamos esperando, donde obrará en la parte física transformando nuestros cuerpos. Así el planeta Tierra pasa por las mismas etapas para su redención.

Luego del Reino Milenial el planeta Tierra dará sus muertos, o sea, todos los que no pertenecieron a la Iglesia, todos los que no fueron resucitados en la primera resurrección, resucitarán en la segunda resurrección que es la resurrección general para presentarse ante Dios, ante el Trono blanco para ser juzgados, y cada cual recibirá su recompensa conforme a lo que haya hecho en el planeta Tierra.

Y luego de eso, de ese juicio, pues unos irán al fuego o lago de fuego preparado para el diablo y sus ángeles, ahí también irán todos los incrédulos, incrédulos igual al diablo, que fue, que ha sido un incrédulo, y el planeta Tierra pasará por un bautismo de fuego en donde morirán no solamente los gérmenes sino también los demonios, esos ángeles caídos y el diablo también, y todos los que fueron juzgados y fueron condenados.

Y ser echados al lago de fuego es la muerte segunda, la muerte para el alma y el espíritu de las personas, y ahí también por cuanto habrán resucitado en ese tiempo, pues serán echados en alma, espíritu y cuerpo al lago de fuego.

Y es importante saber estas cosas para que cada cual sepa atenerse a la realidad y viva de acuerdo a como Dios desea que vivamos y elija la vida, porque Dios ha puesto delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y recomienda que el ser humano escoja la vida para que viva él y su familia, viva en el Reino de Dios.

Así que el que no escoge a Cristo, el que no escoge la vida que es Cristo, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6. El que no escoge a Cristo, la Vida eterna, no quiere vivir eternamente, porque el que quiere vivir eternamente escoge a Cristo, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida.” y Él también dijo: “El que vive y cree en mi, aunque esté muerto, vivirá.”

Por lo tanto, recibir a Cristo como Salvador es recibir la Vida eterna. De eso fue que habló en San Juan capítulo 11, versos 25 al 27 a Marta, la hermana de Lázaro, y también Él habló en el… Él habló acerca de la Vida eterna para todos aquellos que creen en Él. Él dice: “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene Vida eterna; y no vendrá a condenación.” Por lo tanto, no irá al juicio final para ser juzgado y ser condenado, recibirá su transformación antes del Reino Milenial.

Ahora, hemos visto lo que es la redención o libertad del planeta Tierra, de toda la naturaleza, y la libertad o liberación o redención de Su pueblo, cada creyente en Cristo como individuo para los que ya murieron, será la resurrección en cuerpos eternos y glorificados, y para los que estén vivos en ese momento de la resurrección, pues será la transformación de sus cuerpos.

Esa es la redención, la adopción, la redención del cuerpo, por la cual todos los creyentes en Cristo han estado clamando en sus almas por la redención, la transformación para los que están vivos, porque el apóstol Pablo decía: “Quisiera estar presente a Cristo, pero más bien mejor quisiera no ser desvestido (o sea, no ser desvestido de este cuerpo, de esta ropa terrenal), sino revestido.” O sea, vestido con el cuerpo glorificado.

Y por consiguiente al ser revestida la persona con el cuerpo glorificado y eterno, ya no morirá, y esa promesa es para todos los creyentes en Cristo que estén vivos y para los que murieron, pues la resurrección en cuerpos eternos, y esa es la redención, la adopción, la redención del cuerpo, de la cual leímos aquí en las palabras de San Pablo en Romanos capítulo 8, versos 14 al 23.

El mismo Cristo nos habla de esto cuando nos dice en San Juan capítulo 6, recuerden que estas son promesas exclusivamente para los creyentes en Cristo, pues vean cómo dice y se darán cuenta que esto es para los creyentes en Cristo. Dice capítulo 6, versos 39 al 40 de San Juan:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Y ahora, todo lo que le ha dado el Padre, que Él va a resucitar en el Día Postrero, pues son las ovejas del Padre, las cuales, Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.”

¿Para qué se predica el Evangelio y se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como Salvador? Para que Cristo les dé Vida eterna, y así Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en la persona el nuevo nacimiento y queden así sellados con el Sello del Dios vivo, el Sello del Espíritu Santo, del cual San Pablo dice en Efesios capítulo 4, verso 30:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Para el día ¿de qué? De la redención, o sea, el día de la transformación, de la redención del cuerpo, de la adopción de los hijos e hijas de Dios como hijos e hijas de Dios en cuerpos eternos y glorificados.

Por eso es que también en Efesios capítulo 1, versos 12 al 14 nos habla de las primicias, nos habla de la adopción y nos habla de la redención del cuerpo por consiguiente. Vamos a leerlo aquí para que así lo tengan tal y como San Pablo lo habló en Efesios capítulo 1, versos 13 al 14, donde dice:

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación (vean, la Palabra de verdad es el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación), y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Las arras, o sea, las primicias, como cuando usted compra una propiedad y da el pronto pago, así son las arras del Espíritu: el bautismo del Espíritu Santo, y después más adelante viene la plenitud, cuando recibamos nuestra transformación tendremos la plenitud de Dios, tendremos redención espiritual y redención física, Vida eterna espiritual y Vida eterna física, Vida eterna en nuestra alma y nuestro espíritu, y Vida eterna en nuestro cuerpo también.

Ahora, continuamos leyendo lo que Cristo dice en San Juan capítulo 6, estábamos leyendo en el verso 39, donde dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Y ahora vean, Cristo dos mil años atrás hablando de la resurrección para el Día Postrero:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Ahora vean la bendición tan grande que hay para los creyentes en Cristo, ninguna otra persona tiene promesas tan hermosas como estas, solamente los creyentes en Cristo tienen promesas fieles y verdaderas de una vida eterna espiritual y física también, la parte física vendrá con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos; esa etapa se llama la adopción, la redención del cuerpo, y en palabras más claras la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y la transformación de los vivos. Sigue diciendo el Señor Jesucristo en el verso 44:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Luego continuamos en otro pasaje aquí mismo en este mismo capítulo que estamos leyendo, en el verso 54 dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Verso 54 de este mismo capítulo 6 de San Juan. Y luego dice el verso 57 al 58:

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”

O sea, el que cree en Cristo vivirá eternamente. También leemos las palabras de Cristo a Marta, la hermana de Lázaro, dice verso 23 en adelante del capítulo 11 de San Juan, dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Vean, dos mil años atrás Marta sabía que la resurrección de los creyentes en Cristo va a ser en el Día Postrero, lo que si, pues no sabemos si ella sabía lo que era el Día Postrero, por lo tanto, nosotros sabemos que la resurrección es para el Día Postrero como Marta también lo sabía, y sabemos lo que es el Día Postrero: el milenio postrero de los tres milenios postreros, del quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio, el séptimo milenio es el milenio postrero, el Día Postrero delante de Dios, “porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día,” Segunda de Pedro capítulo 3, verso 8 y Salmo 90,verso 4.

Y ahora, continuemos aquí viendo esta conversación de Jesús con Marta:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y toda persona que cree que Jesucristo es el Hijo de Dios que ha venido al mundo, cree las palabras de Cristo, cree que Cristo resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto ¿cuándo? Los resucitará en el Día Postrero, y a los que estén vivos creyentes en Cristo en ese tiempo, los transformará, a todos los nacidos de nuevo, los cuales han entrado al Reino de Cristo y ya tienen Vida eterna en sus almas y en sus espíritus, y ahora lo que les falta es solamente recibir la Vida eterna física, o sea, recibir un cuerpo glorificado, eterno, inmortal incorruptible, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

De esto que está prometido y que va a suceder en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, en las dos formas podemos ver que es el Día Postrero, de los siete días de la semana el Día Postrero es el séptimo, y de los siete días delante de Dios, que son para los seres humanos los siete milenios, el último, el séptimo, vean, equivale al séptimo día de la semana, equivale al sábado que es llamado el día del Señor en el Antiguo Testamento, en el antiguo pacto, en el cual no se podía trabajar, sino que era dedicado para estar en el templo, en la sinagoga y así por el estilo, sirviendo a Dios.

Para ese día, pues hay cosas en específico que el pueblo tiene que llevar a cabo, y así va a ser en el Reino del Mesías que corresponde también al séptimo milenio, y antes de comenzar el Reino del Mesías en la Tierra, comienza el séptimo milenio, porque el Reino del Mesías está dentro del séptimo milenio, dentro del Día Postrero.

La resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos debe ocurrir en el primer siglo del séptimo milenio, no puede ocurrir en el último porque entonces perderíamos el milenio, no habría Reino Milenial, por lógica se sabe que tiene que ser al principio, porque la resurrección de Cristo fue al tercer día de Él haber sido crucificado, y fue bien temprano en la mañana, y por consiguiente eso corresponde al comienzo del día en la mañana, y así también está llamada a ser la resurrección de los muertos en Cristo, en el tercer día milenial del tiempo de Jesucristo hacia acá, o el Día Postrero de los siete días de la semana de Dios que son siete milenios para el ser humano, en el séptimo debe ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo.

Por eso es que Cristo habla tanto del Día Postrero en cuanto a la resurrección de todos los creyentes en Él, y también corresponde el establecimiento del Reino del Mesías en el Día Postrero y por consiguiente la venida del Señor también.

Y ahora, veamos algunas Escrituras de las cuales habla San Pablo con relación a ese momento glorioso que todos los creyentes en Cristo por estos dos mil años que han transcurrido han estado esperando; y ahora, al llegar al séptimo milenio de Adán hacia acá, o tercer milenio de Cristo hacia acá, todavía estamos esperando ese momento glorioso. Cristo dice: “Y yo le resucitaré (¿cuándo?) En el Día Postrero.”

Ahora, vamos entonces a ver el libro de los Hechos capítulo 3, verso 18 en adelante, dice el apóstol Pedro:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.”

Y ahora, dice el apóstol Pedro que es necesario que el Cielo reciba, ¿a quién? Tenga a Cristo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, y es en el tiempo para la restauración de todas las cosas en el cual Dios lo enviará:

“Y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas.”

¿Ven? Y el tiempo de la restauración de todas las cosas es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, ese es el Día Postrero.

Y ahora, buscamos en Filipenses capítulo 3, verso 20 en adelante, 20 al 21 dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Y ahora, San Pedro dijo en el libro de los Hechos que es necesario que el Cielo retenga a Cristo hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, y aquí San Pablo dice que Cristo vendrá, estamos esperando al Señor, ¿de dónde? Del Cielo, de donde es nuestra ciudadanía. ¿Qué va a hacer en Su venida? “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra,” para transformar nuestros cuerpos para los que estamos vivos y para los muertos resucitarlos en cuerpos glorificados.

Por eso el apóstol Pablo, el cual nos habló en este pasaje, también en Primera de Tesalonicenses nos habla de este evento maravilloso y da más detalles con relación a este evento, cuando nos dice en Primera de Tesalonicenses capítulo 4, verso 13 en adelante:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”

Para los que hayan perdido familiares y el que perdió algún familiar en esos días, esta carta lo llena de consuelo, pues dice:

“Para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.”

O sea, a los muertos creyentes en Cristo. Los creyentes no mueren porque tienen Vida eterna, lo que muere solamente es el cuerpo físico, pero en el Día Postrero Cristo lo resucitará en un cuerpo glorificado, y nunca más morirá. Por lo tanto dice:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús (traerá Dios con Jesús en Su venida, traerá Dios ¿a quiénes?) a los que durmieron en él.”

Porque Él está en la séptima dimensión en el Trono del Padre, en el Lugar Santísimo, haciendo intercesión por todos los que lo reciben como Salvador, pero cuando termine esa labor saldrá del Trono del Padre, tomará el Título de Propiedad que está en la diestra de Dios que es el Libro sellado con Siete Sellos, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo, Él pasará por el paraíso donde están los santos que ya partieron y están en cuerpos angelicales, cuerpo angelical en donde no tienen las necesidades que tenemos nosotros en estos cuerpos mortales, no tienen la necesidad de comer, no tienen la necesidad de dormir, allí no hay noche tampoco, no tienen la necesidad de madrugar para ir a trabajar, allá no hay fábricas, no tienen la necesidad de estar tomando un automóvil, manejar un automóvil, no hay esas necesidades.

Allí todo es paz, tranquilidad, felicidad; es un sitio de descanso, de reposo, reposan de las actividades terrenales, no hay allí ese tipo de actividad como la hay acá de ir a la fábrica a trabajar, o a la oficina, o a tal lugar o al otro lugar, porque en estos cuerpos es que tenemos esas necesidades, no en el cuerpo espiritual.

Pero ellos esperan regresar acá a la Tierra porque Cristo lo ha prometido, “y yo le resucitaré en el Día Postrero,” por eso cuando recibieron la visita del séptimo mensajero de la séptima edad: el reverendo William Branham, el grupo suyo, porque cada mensajero está con su grupo, y es como decir: A tal mensajero le toca, digamos, Alemania, el que le tocó ese territorio, a otro le toca Inglaterra, al que le tocó ese territorio donde surgió esa edad, a otro le toca Norteamérica o el territorio donde están los de la séptima edad.

Pero para que tengan la idea, territorios así como los hay en la Tierra, naciones así como las hay en la Tierra, entonces los hay en esa dimensión donde están en cada territorio el mensajero con su grupo.

Por eso cuando él estuvo allá no vio a los de San Pablo, no vio a San Pablo y a su grupo, ni vio tampoco a Pedro y a los demás apóstoles allá, y al grupo de aquel tiempo de entre los judíos, tampoco vio al grupo de los mensajeros anteriores, él vio al grupo de los que recibieron su mensaje, de los que recibieron a Cristo bajo su ministerio; porque cada mensajero es reunido con su pueblo.

Y ahora, él quería ver a Jesús, y habla con ellos y les dice: “Yo quiero ver a Jesús (o sea), ¿dónde está Jesús?” le dicen: “Él está más arriba,” recuerden que donde van los santos, los creyentes en Cristo, cuando mueren físicamente, van en sus cuerpos espirituales al paraíso que es la sexta dimensión, pero Jesucristo está más arriba, en la séptima dimensión, y para subir más arriba se requiere el cuerpo glorificado.

Y ahora, él estaba deseoso de ver a Jesús, pero ahora ellos le dicen: “Ahora tu no lo puedes ver a Él, Él está más arriba,” o sea, estaba en la séptima dimensión, estaba haciendo intercesión en el Trono del Padre, pero le dicen: “Pero Él vendrá a ti” y de seguro se puso contento: “Y te juzgará,” y ahí ya la cosa cambia, “y te juzgará por lo que tu has predicado,” y entonces él dice: “Yo he predicado lo que San Pablo predicó, y si el grupo de San Pablo y San Pablo entran, el grupo mio también,” y ellos dicen: “En eso estamos confiando.”

Y ahora, le dicen: “Él vendrá primero a ti y te juzgará, y si tu entras, nosotros regresaremos contigo a la Tierra y obtendremos cuerpos (o sea, el cuerpo glorificado, resucitarán en cuerpos glorificados) y entonces comeremos,” ¿ven? Entonces le muestran a él las cosas que van a suceder cuando Cristo pase por el paraíso y los traiga a la Tierra a los mensajeros con el grupo de creyentes de cada una de las etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, y se juntarán con los creyentes en Cristo en la etapa o edad correspondiente a nuestro tiempo.

No se van a reunir con la primera edad, porque ya esa edad pasó, ni se van a reunir con la segunda edad tampoco porque ya pasó, y ellos son los que vienen, ellos son los que vienen para reunirse con los escogidos del Día Postrero que estarán viviendo en la edad o etapa correspondiente que es la Edad de la Piedra Angular, la edad de oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, la única edad que tiene la promesa de un grupo de creyentes que estarán vivos para ser transformados.

Y ahora, veamos las cosas que van a suceder, recuerden, podrán comer cuando regresen, de todo lo que tengamos, hasta podremos ofrecerle chiles con la comida y de seguro les va a gustar, llevan algunos alrededor de dos mil años sin comer, o sea, quieren recordar nuevamente cómo es eso de… cómo es el comer como ellos lo practicaban en aquellos tiempos, cómo se come ahora en este tiempo. Así que, estaremos preparados para ofrecerles de lo que tengamos.

Y entonces estarán con los creyentes que estarán viviendo en nuestro tiempo, los cuales serán también transformados y entonces todos tendremos cuerpos eternos, todos estaremos adoptados, todos tendremos la redención física, la redención del cuerpo, tendremos cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad.

Algunas veces nos preguntamos cuando nos vemos en el espejo: “¿Cómo será el cuerpo nuevo que voy a tener?” pero no se preocupe por eso, preocúpese por estar preparado para recibirlo. Como sea y el que sea, será perfecto, será el que Dios desde antes de la fundación del mundo pensó para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Y Él pensó lo mejor para Sus hijos.

Ahora, continuamos aquí con las palabras de San Pablo, o las palabras del Espíritu Santo a través de San Pablo, de Primera de Tesalonicenses capítulo 4:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (verso 14 y continuamos con el 15).

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor (o sea, que esto es así dice el Señor, esto es Palabra de Dios, esto es el Espíritu Santo hablándonos por medio del apóstol San Pablo dos mil años atrás, alrededor de dos mil años atrás) Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron (o sea, no nos vamos a adelantar, ellos van a ser resucitados primero y serán resucitados en cuerpos glorificados, y luego nosotros recibiremos nuestra transformación).

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero (¿ven? La resurrección de los muertos en Cristo es primero, la llevará a cabo Jesucristo).

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Son palabras de aliento, son palabras que nos fortalecen la fe, hace que crezca nuestra fe, nuestra fe en Cristo, la fe de Cristo en nosotros.

Y ahora, para que tengamos el cuadro claro, más claro de esta resurrección, en Primera de Corintios capítulo 15, dice verso 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

O sea, que no podemos heredar físicamente el Reino de Dios con estos cuerpos mortales, tiene que ser con el cuerpo glorificado. Así como Cristo hereda el Reino de Dios que es el Reino de David terrenal con el cuerpo glorificado, y así como Cristo también ha heredado el Reino celestial no con el cuerpo de carne mortal, sino con el cuerpo glorificado, pues resucitó glorificado y se sentó a la diestra de Dios. Ahora, sigue diciendo:

“He aquí, os digo un misterio (y ese es un misterio muy grande para el Cristianismo): No todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados.”

O sea, todos vamos a tener un cuerpo glorificado, los muertos van a resucitar en cuerpos glorificados y los vivos van a ser transformados, esto es exclusivamente para los creyentes en Cristo. Dice:

“En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”

La trompeta final es la Voz de Cristo hablando en el Día Postrero y llamando a todos Sus escogidos, primeramente a los escogidos de entre los gentiles, los escogidos que reciben a Cristo como Salvador y después llamará los escogidos del pueblo hebreo que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, pero esos no van a ser transformados, esos van a morir, van a pasar por la gran tribulación y van a morir, pero al final de la gran tribulación van a ser resucitados para estar en el Reino del Mesías, estar en el Reino del Señor como los eunucos que en el palacio, en los palacios de los reyes estaban a cargo de la reina, y esos son los que servían a la reina, y esos son los que van a servir a la Iglesia del Señor Jesucristo en el Reino Milenial.

Y ahora, continúa aquí San Pablo diciendo… recuerden, esta final trompeta es el mensaje del Reino, es la trompeta con la cual son llamados todos los escogidos, con la cual también es completada la Iglesia del Señor Jesucristo. En palabras más claras es la Voz de Cristo clamando como cuando un león ruge y siete Truenos emitiendo sus voces. Dice:

“…Porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Ahí la muerte dejará de existir para los creyentes en Cristo, porque en el cuerpo glorificado que es perfecto, que es eterno, no habrá muerte y tampoco habrá vejez, no habrá miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, no habrá ancianos y tampoco niños.

Pero, ¿qué será de los niños? Pues van a ser jóvenes, ¿y qué será de los ancianos? Van a ser jóvenes también, todos van a ser jóvenes que representarán de 18 a 21 años de edad, así como Cristo que ya desde que nació en Belén de Judea hasta nuestro tiempo, ya han transcurrido unos dos mil años, y con dos mil años que han transcurrido del nacimiento de Cristo hacia acá, Él está tan joven como cuando subió al Cielo, representando de 18 a 21 años de edad, y así será para cada uno de los creyentes en Cristo cuando sean transformados los que están vivos, y cuando sean resucitados los que ya murieron, los cuales serán resucitados en cuerpos glorificados. Sigue diciendo

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

Es necesario, para poder vivir eternamente, es necesario estar vestidos de cuerpos inmortales, para permanecer jóvenes por toda la eternidad se necesita un cuerpo inmortal, un cuerpo glorificado, y esto es lo que Cristo ha prometido para mi, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, para todos los creyentes en Él.

Por lo tanto, la redención del cuerpo de todos los creyentes en Cristo, que será esa glorificación en donde tendremos, obtendremos el cuerpo eterno y glorificado, es por lo cual gemimos dentro de nosotros mismos. Y cuando nos vemos en el espejo y nos aparecen algunas canas: “Quisiera ya tener el cuerpo nuevo, el cuerpo glorificado,” ¿ven? Está gimiendo.

Y cuando le duele la cabeza o le da una gripe: “Si tuviera el cuerpo nuevo, el cuerpo glorificado no tendría este problema,” y comienza a tener deseo de tener el nuevo cuerpo, el cuerpo eterno, y comienza a gemir, y de noche comienza también mientras descansa o mientras está despierto para descansar y no se ha dormido, comienza a meditar en ese nuevo cuerpo que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él, y algunas veces siente la presencia, la bendición del Señor, a tal grado, que cree que va a ser transformado en ese momento. No sé cuántos han pasado por esa experiencia, yo sé lo que es eso porque he pasado en algunas ocasiones por esos momentos, y he creído que llegó el momento de ser transformado.

Así que, estamos gimiendo dentro de nosotros mismos por la redención, o sea, por nuestra transformación que es la redención de nuestro tiempo, la adopción como hijos e hijas de Dios, y los muertos en Cristo en el paraíso están clamando también por la redención, están clamando por la resurrección en cuerpos glorificados, y están deseosos de venir para acá para estar con nosotros y comer con nosotros.

Así que, estamos gimiendo por la redención de nuestro cuerpo, la transformación para los vivos y la resurrección para los muertos creyentes en Él. Y la Tierra, toda la creación está gimiendo por esa libertad o liberación, por esa redención para el planeta Tierra y toda la creación, la creación gime a una, y a una está de parto hasta ahora, esperando la redención, esa redención que está prometida.

Y también los creyentes en Cristo están clamando, dentro de nosotros mismos estamos clamando por esa adopción, esa redención del cuerpo:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Fuisteis sellados para el Día Postrero ser redimidos físicamente, para el Día Postrero los muertos creyentes en Cristo ser resucitados y los vivos ser transformados. Por lo tanto, pensando en estas bendiciones tan maravillosas que Dios ha hecho para los creyentes en Cristo, sirvamos a Dios con toda nuestra alma por medio de Cristo, bien agarrados de Cristo porque nuestra redención está cerca, esa es la redención de la cual Cristo dice que cuando veamos todas estas cosas suceder, las que Él dijo que estarían sucediendo, la cual al estar sucediendo serían las señales de que nuestra redención está cerca, y ya hemos estado viendo todas esas señales suceder.

Y ahora, nos sentimos como el salmista en el Salmo 17, esta es una oración del rey David y la finaliza de la siguiente manera:

“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.”

La imagen es el cuerpo angelical, y se recibe cuando la persona recibe el Espíritu de Cristo, y la semejanza es el cuerpo físico glorificado que Él nos va a dar, y cuando despertemos a la semejanza de Cristo, estaremos satisfechos y diremos: “Hemos llegado, hemos llegado a la adopción, hemos llegado a la redención de nuestro cuerpo.”

Y por consiguiente podemos decir también: “Hemos llegado a la solución de todos los problemas,” porque ya en el nuevo cuerpo no habrá problemas, “estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza,” vean, el rey David miles de años atrás.

¿Y saben ustedes una cosa? Cuando Cristo resucitó y resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento, el rey David también, y también Abraham, Isaac, Jacob, Job también, todos ellos resucitaron a la semejanza del Señor, y fueron llevados con Cristo en el rapto cuando Cristo subió al Cielo.

Ya ellos están allá, faltamos nosotros y nos están esperando, y no pueden comenzar la fiesta de la Cena del Cordero sin que nosotros lleguemos, porque esa será la fiesta de la unión de Cristo con Su Iglesia, o sea, que es una fiesta en honor a Cristo y a Su Iglesia, a esa unión de Cristo y Su Iglesia en donde literalmente vendrán a ser una sola carne, o sea, cuerpo glorificado, eso es una sola carne, no es que estaremos pegados todos en un solo cuerpo, sino cada persona con su cuerpo pero igual al cuerpo de Jesucristo nuestro Salvador. Y Cristo podrá decir al tocar y saludar a cada persona: “Esto es carne de mi carne, esto es cuerpo glorificado.”

“UNA CREACIÓN GIMIENDO POR SU LIBERTAD, Y UN PUEBLO GIMIENDO POR SU REDENCIÓN.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo para tener esta esperanza de la redención del cuerpo, de la transformación del cuerpo para tener un cuerpo glorificado si permanece vivo para ver la resurrección de los muertos en Cristo, puede en estos momentos venir a los Pies de Cristo para recibirlo como vuestro único y suficiente salvador, y estaremos orando por usted.

Recuerde que Cristo dijo:

“ Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Usted ha escuchado la predicación del Evangelio de Cristo en estos momentos, porque el nombre suyo está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” por eso se la da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como salvador para que Cristo les dé Vida eterna, por lo cual los que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos para que Cristo les reciba en Su Reino y les dé Vida eterna.

Para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted, y en las diferentes naciones que están conectadas con esta transmisión a través del satélite Amazonas o de internet, también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, porque Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mi, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Por eso es que se nace de nuevo y por consiguiente se nace como se nace físicamente, como un bebé que nace en este reino terrenal, así nace en el Reino de Cristo cada persona que lo recibe como único y suficiente salvador, es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, nace un bebé en el Reino de Dios, y luego va creciendo espiritualmente a medida que va recibiendo la Palabra que viene de parte de Dios por Su Espíritu, para el tiempo que le toca vivir.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, si falta alguno por venir, puede venir, recuerde que todos necesitamos a Cristo, pues todos queremos vivir eternamente en el Reino de Dios con Cristo nuestro salvador. Por lo cual hay que recibir al Rey de ese Reino que es el Señor Jesucristo.

Vamos a preguntarle por aquí al de las cámaras, si ya en los demás países están listos. Ya están listos también, vamos a orar ya por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí y en diferentes países en estos momentos.

Si falta alguno todavía por venir, puede pasar acá al frente, recuerden que Dios tiene mucho pueblo en esta Ciudad de San Marcos, Texas y también en Austin y en todas las ciudades del Estado de Texas y en toda la nación americana y también en toda la América Latina y también en todas las naciones del planeta Tierra, y los están llamando en este tiempo final.

Si falta alguna persona por venir, puede venir. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un salvador, un redentor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Señor, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado o bautizada en agua lo más pronto posible.” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” “¿Cuándo me pueden bautizar?” es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados o bautizadas y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Los apóstoles bautizaron a todos los que recibían a Cristo como salvador. Cuando le preguntaron a San Pedro el Día de Pentecostés luego que San Pedro predicó ese primer mensaje lleno del Espíritu Santo, y le preguntan: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro dijo:

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

O sea, que la bendición del bautismo del Espíritu Santo es para todos los que el Señor llame, y también el bautismo en agua es para todos los que el Señor llame a Su Reino.

Cuando una persona recibe a Cristo como salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y bautizadas, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro salvador.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con ustedes que están aquí presentes y con los que han recibido a Cristo como Salvador, y también con los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, y los que recibieron a Cristo en diferentes naciones también pueden ser bautizados en estos momentos y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y también nos continuaremos viendo por toda la eternidad. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Dejo en estos momentos al reverendo, Licenciado José Ángel Flores para que les indique cómo hacer para ser bautizados y bautizadas en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto.

“UNA CREACIÓN GIMIENDO POR SU LIBERTAD Y UN PUEBLO GIMIENDO POR SU REDENCIÓN.”

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