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Como embajadores de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios
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Como embajadores de Cristo os rogamos: reconciliaos con Dios

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están en diferentes naciones a través del satélite Amazonas o de internet y cada ministro presente y en diferentes naciones también; también al reverendo Miguel Bermúdez Marín donde se encuentra, que Dios te bendiga Miguel, y también allá en Bolivia, reverendo Joel Lara, que Dios te bendiga Joel y que Dios te use grandemente en Su Programa en este tiempo final, y que en el día de hoy tengas éxito junto con todos los que estarán en el proyecto: “Los Pueblos del Mundo Escriben la Biblia,” en La Paz, Bolivia.

Como escuchamos al licenciado Benjamín Cruz Alfaro, se acerca el mes de junio y por consiguiente se acerca la “Conferencia Jerusalén 2010,” por lo cual los que han de estar en esa conferencia en Jerusalén deben con tiempo tener todo listo para que les salga lo más bajo el precio posible en los boletos.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico y también el respaldo que le están dando al proyecto divino, la obra misionera y evangelística que cada ministro junto a su congregación lleva a cabo, y todos unidos junto al misionero Miguel Bermúdez Marín trabajando hasta que el último escogido entre al Cuerpo Místico de Cristo, y entonces nos podremos ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

También aprecio mucho y les agradezco el respaldo que le están dando a AMISRAEL, ustedes han visto el éxito que ha estado teniendo AMISRAEL, y ustedes son participantes no solamente del trabajo, sino del éxito también.

Para esta ocasión leemos en Segunda de Corintios, capítulo 5, versos 17 al 21 las palabras del apóstol San Pablo que dice (capítulo 5, verso 16 al 21):

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“COMO EMBAJADORES DE CRISTO OS ROGAMOS: RECONCILIAOS CON DIOS.” Por lo tanto, esto es: embajadores de Cristo y de Su Reino rogando a los seres humanos por la reconciliación de cada persona con Dios por medio de Cristo.

Reconciliaos con Dios. Eso es lo que hace una persona de paz con las demás personas que están en conflicto el uno con el otro, y el ser humano desde la caída del ser humano en el Huerto del Edén, ha estado con problemas ante Dios, y por esa causa es que Dios estableció al ser humano sacrificios de animalitos para que fuesen cubiertos los pecados de las personas y pudiera el ser humano estar en paz con Dios.

Sin aquellos sacrificios que se efectuaban en el Antiguo Testamento, el ser humano no estaba en paz con Dios, por eso encontramos que desde Adán en adelante se han estado llevando acabo sacrificios de animalitos. Cuando Abel ofreció a Dios un corderito y Dios lo vio, se agradó de Abel y del sacrificio, la ofrenda que le ofrecía Abel a Dios, porque los pecados de Abel quedaron cubiertos con la sangre de esa ofrenda, de ese sacrificio, y agradó a Dios ver a Abel sin pecados. La sangre cubrió el pecado, los pecados de Abel.

Y ahora, encontramos que Dios le agradó también la ofrenda que presentó Abel, porque sin sangre no se hace remisión. Por eso fue que cuando Caín presentó a Dios una ofrenda de los frutos del campo, no se agradó Dios de Caín ni de su ofrenda, porque los pecados de Caín no estaban cubiertos con la sangre de una expiación, como estaban los de Abel.

Y cuando el ser humano no ha quitado sus pecados en el Antiguo Testamento cubiertos sus pecados con la sangre de la expiación, entonces está en guerra con Dios, y Dios no se agrada de una persona así, la paga del pecado, dice la Escritura que es muerte. Por lo tanto, está en enemistad con Dios la persona.

Y ahora, vean cómo dice San Juan, capítulo 3, que se encuentra una persona que no está reconciliada con Dios. Capítulo 3 de San Juan, versos 35 al 36 dice:

“El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Y esa era la condición en que estaba también Caín, porque Caín no ofreció a Dios un sacrificio por sus pecados, aquellos sacrificios que efectuaban en el Antiguo Testamento tipificaban el Sacrificio que el Mesías Príncipe, que Cristo efectuaría tomando nuestros pecados y muriendo en la Cruz y así llevando nuestros pecados y así redimiéndonos.

La Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado, es la Sangre de la Expiación para todos los creyentes en Cristo y para todo ser humano. Por lo tanto, dice que “el que rehúsa creer en el Hijo, o sea, en Cristo, no verá la vida, o sea, no verá la Vida eterna, sino que la ira de Dios está sobre él.”

Esa es la condición de toda persona que no tiene a Cristo como Salvador, esa es la condición de toda persona que piensa como Caín, que no necesita un sacrificio de expiación por sus pecados y por esa causa no ha recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Pero los que han recibido a Cristo como Salvador, han pensado como pensó Abel, él pensó que necesitaba un sacrificio de expiación por sus pecados, y por eso ofreció a Dios esa ofrenda, ese sacrificio por sus pecados, y le agradó a Dios y encontramos que fue reconciliado con Dios, y Dios lo vio sin pecados, lo vio justo, sin pecados.

Y ahora, a través de la historia bíblica encontramos que Moisés y el sumo sacerdote y demás sacerdotes, enseñaban al pueblo ese sacrificio de expiación por los pecados del pueblo y demás sacrificios que se llevaban a cabo, los cuales también tipifican a Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Por eso eran tan importantes aquellos sacrificios del antiguo pacto, del Antiguo Testamento, en ellos no había ningún poder, en la sangre de un animalito no había poder, pero el tipo y figura era lo que tenía el valor grande, y por consiguiente ese tipo y figura era lo que Dios veía, lo que significaba aquel sacrificio: estaba señalando a la Venida del Mesías y Su muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por el ser humano.

Es lo mismo que cuando el pueblo hebreo en el desierto desobedeció, en una de las ocasiones que desobedeció, que fue rebelde ante Dios, las serpientes venenosas estaban mordiendo a los hebreos, y una persona mordida por una serpiente venenosa está condenada a muerte; pero Dios le dijo a Moisés luego de Moisés orar a Dios por el pueblo, que levantara una serpiente de bronce, hiciera una serpiente de bronce y la levantara en una vara, un asta, y toda persona mordida por serpientes venenosas, los cuales por supuesto estaban condenadas a muerte, miraran a esa serpiente de bronce y serían libertadas, no morirían.

Una mirada de fe a esa serpiente de bronce, el mismo símbolo que tienen los médicos, y mirando a esa serpiente de bronce, vean, se anulaba el efecto del veneno de las serpientes que habían mordido a las personas.

Es que aquella serpiente de bronce, vean lo que Cristo dice que significa… allá era el tipo y figura, y si el tipo y figura obró así, cuánto más obrará lo que aquella serpiente de bronce levantaba estaba representando. Dice en el capítulo 3 de San Juan, versos 11 en adelante dice:

“De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Y ahora vean, lo que estaba reflejando, lo que estaba simbolizando aquella serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto. Y ahora, Cristo levantado en la Cruz del Calvario con una mirada de fe que las personas dan a Cristo creyendo en Él y recibiéndole como único y suficiente Salvador, queda anulado el veneno del pecado en la persona, queda borrado el pecado con la Sangre de Cristo nuestro Salvador. Tan sencillo como eso.

Y ahora, encontramos que la mordida de una serpiente venenosa sentencia a la persona a muerte. Una serpiente, la serpiente antigua que es el diablo y Satanás allá en el Huerto del Edén, vean, introdujo el veneno del pecado en la raza humana, y por consiguiente la muerte, porque murieron a la Vida eterna, sus cuerpos físicos no pudieron vivir eternamente.

Pero Dios al colocar pieles sobre Adán y Eva para cubrir la desnudez, por consiguiente fue sacrificado un animalito por ellos, y el alma de ellos no se perdió, los vamos a ver en la Cena de las Bodas del Cordero, y los vamos a ver en el Reino del Mesías, y jovencitos.

Y ahora, es por medio de Cristo que el ser humano tiene la oportunidad de ser reconciliado con Dios, para eso fue que vino Cristo a la Tierra, tomó nuestros pecados y murió en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados.

Y ahora, se predica el Evangelio de Cristo para salvación a todo aquel que en Él cree, para que no se pierda, sino que tenga Vida eterna como dice la Escritura aquí en el mismo capítulo 3 de San Juan:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.”

Y aquí podemos ver que hay esperanza para el ser humano, hay una oportunidad de Vida eterna para el ser humano, hay una oportunidad en que el ser humano recibe el perdón de sus pecados y es al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por eso fue que Cristo dijo a Sus discípulos en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan simple como eso es lo que Dios ha colocado delante del ser humano, ha colocado la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y recomienda al ser humano que escoja la vida para que viva él y su familia, eso está en Deuteronomio, capítulo 30, versos 14 en adelante y también en el libro del profeta Jeremías.

Y ahora, Dios ha colocado delante de los seres humanos a Cristo como único y suficiente Salvador, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí,” San Juan, capítulo 14, verso 6.

No hay forma de llegar a Dios, de ser reconciliado con Dios a menos que sea por medio de Jesucristo nuestro Salvador, Él es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados para ser reconciliados con Dios. Por esa causa San Pablo decía que él juntamente con los apóstoles, con los ministros, él era un embajador: “Somos embajadores de Dios, clamando, diciendo: reconciliaos hoy con Dios.” Pidiendo a la humanidad, a los seres humanos la reconciliación, que se reconcilien con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

Él es el Príncipe de la Paz, el cual reconcilia al ser humano con Dios, no hay otro intermediario entre Dios y el ser humano, solamente hay uno, y es nuestro amado Señor Jesucristo, Él es nuestro intermediario, Él es nuestro intercesor, Él es nuestro Sumo Sacerdote, el cual intercede ante Dios por nosotros.

Y ahora, siendo que Pablo dice que somos embajadores en Nombre de Cristo, como si rogase Dios por medio de nosotros, “os rogamos en Nombre de Cristo, reconciliaos con Dios.”

Y ahora, si dice que somos embajadores en Nombre de Cristo, hay una embajada en la Tierra porque no puede haber un embajador trabajando sin una embajada, y por consiguiente así como la embajada de un país en otro país, es la representación de ese país que colocó esa embajada en otro país, así también la representación del Reino celestial, del Cielo, de la Jerusalén celestial, es la Iglesia del Señor Jesucristo, esa es la embajada de Dios en la Tierra.

Y el Espíritu Santo ahí es la persona máxima, es el embajador, y por consiguiente los ministros con sus congregaciones vienen a ser como consulados, hablando en términos ya que San Pablo habló ese término de embajador, entonces si hay un embajador, hay embajadas, hay cónsules y así por el estilo, y consulados, pero los consulados pertenecen a una embajada.

Y los consulados y cónsules que pertenecen a la embajada de Dios, al Reino de Dios, a la Iglesia del Señor Jesucristo que representa en la Tierra a Cristo y Su Reino celestial, a Dios y Su Reino celestial, y recuerden que a través de una embajada se saben las cosas del país que colocó esa embajada; si usted quiere información sobre tal país, vaya a la embajada de ese país.

Y si usted quiere información sobre el Reino celestial, pues vaya a la embajada que Dios tiene en la Tierra, la embajada de Dios en la Tierra que es la Iglesia del Señor Jesucristo, ahí está toda la información de Dios, y el Espíritu Santo, el canciller o embajador máximo junto con los cónsules, les darán la información que necesitan.

Y ahora vean, cuando hay problemas entre una nación y otra, los embajadores unos con otros comienzan a conversar y comienzan a tratar con las personas para que haya una reconciliación.

Y ahora, estos embajadores y cónsules de la embajada del Reino de Dios, la embajada de Dios en la Tierra, la Iglesia del Señor Jesucristo, le dan a conocer que hay una oportunidad en el Cielo para que las personas sean reconciliadas con Dios y el Reino de Dios, y puedan vivir eternamente en paz, puedan vivir en el Reino de Dios que va a ser establecido en este planeta Tierra.

Pero antes recibimos la Vida eterna en el alma, o del alma y del Espíritu, y después cuando en la Venida del Señor con los santos que están en el Paraíso que serán resucitados en cuerpos eternos y glorificados, cuando eso ocurra entonces los vivos seremos transformados, y entonces tendremos la Vida eterna física que está prometida para nosotros; y la Vida eterna física será en un cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Por eso Pablo dice: “A nadie conocemos según la carne, y si a Cristo conocimos según la carne, ya no,” pues ya Él está con Su cuerpo glorificado.

Y ahora, en medio de la Iglesia, pues Cristo está en Espíritu Santo, o sea, cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, por lo tanto, en medio de la raza humana están los embajadores de Dios de edad en edad, los mensajeros de cada edad y los cónsules correspondientes a cada tiempo y a cada consulado, cada congregación y cada país, para rogar a la humanidad: “Reconciliaos con Dios, reconciliaos hoy con Dios,” reconciliaos con Dios en el tiempo de la Dispensación de la Gracia, que es el tiempo de gracia que Dios le ha dado al ser humano para que obtenga su reconciliación con Dios, porque cuando termine ese tiempo, cuando termine ese tiempo de gracia que Dios le ha dado a la raza humana, luego ya no habrá más oportunidad.

Por lo tanto, tenemos que aprovechar bien este tiempo de gracia, es un tiempo de una bendición grande para la raza humana, y todo aquel que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento, queda reconciliada con Dios, y por consiguiente queda con Vida eterna dentro del Reino de Dios.

Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto, te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios” (San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6). Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, escuchar el Evangelio de Cristo y recibir a Cristo como Salvador, y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu de Cristo y así se obtiene el nuevo nacimiento, y así es como se nace en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios.

Así como para nacer en este Reino terrenal en el cual vivimos, tuvimos que nacer, y para entrar al Reino de Dios tenemos que nacer de nuevo del Agua y del Espíritu, y por consiguiente estando ya dentro del Reino de Cristo vamos creciendo a medida que vamos siendo alimentados con la Palabra de Dios, el Evangelio de Cristo.

Por eso es que en la parábola del siervo fiel y prudente, como la del mayordomo prudente, son los mismos, pero con títulos parecidos: siervo fiel y prudente o mayordomo fiel y prudente es a la misma persona que se refiere Cristo. Dice:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente , al cual puso su señor sobre su casa (¿cuál es la casa del Señor? Su Iglesia) para que les dé el alimento a tiempo?”

No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios, por lo tanto, cada siervo fiel y prudente en la Iglesia del Señor Jesucristo de edad en edad, es el mensajero correspondiente a cada edad.

Y ahora, ¿quién es el siervo fiel y prudente al cual cuando Su Señor venga, le halle haciendo así? Y ahora, nos habla de los siervos fieles y prudentes y nos pregunta cuál es el siervo fiel y prudente al cual cuando Su Señor venga, le halle haciendo así; ahora nos pregunta del último siervo fiel y prudente, del último mayordomo que Él coloca en Su casa, en Su Iglesia, y dice: “De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá.”

Vean, al siervo fiel y prudente, el mayordomo fiel y prudente va a continuar trabajando como mayordomo, como administrador, administrador de los bienes de Su Señor, eso es el mayordomo.

En un país donde un hacendado coloca una persona sobre sus negocios, como hizo Abraham con el Eliezer.

Y ahora en los negocios del Señor hay muchas posiciones muy importantes, hay muchas bendiciones que van a ser repartidas esas posiciones en el Reino del Mesías, por lo tanto, tenemos que estar conscientes de esto, como lo estaban en cierto momento los apóstoles del señor, cuando le preguntan: “Señor, nosotros qué tendremos (o sea, en el Reino)?” San Mateo, capítulo 19, versos 26 al 28 es cuando Cristo les dice:

“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre (dice), recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”

Y entonces Pedro le pregunta al Señor: “Señor, ¿nosotros qué tendremos? Porque nosotros lo hemos dejado todo,” y Cristo le dice: “Ustedes en la regeneración, lo cual será en el Reino del Mesías, ustedes se sentarán en doce tronos juzgando las doce tribus de Israel.” Casi nada, esa es una posición de jueces en el Reino del Mesías, lo cual nos habla de la teocracia, y esa posición de jueces, hay doce tronos para los apóstoles, pero son veinticuatro tronos; los otros doce tronos corresponden a los patriarcas hijos de Jacob, los cuales tienen también esa bendición, pues son las cabezas de las doce tribus.

Y ahora, vean qué bendición tan grande tienen los apóstoles: de veinticuatro tronos, les tocó doce tronos a ellos. Y Juan y Santiago que es Jacobo, el hermano de Juan, luego que fueron al Monte de la Transfiguración con Cristo y San Pedro, y ven el orden de la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Moisés y Elías, luego en esos días van a donde Jesús llevando a la madre de ellos, y la madre de ellos como toda madre que quiere lo mejor para sus hijos, vean, ella quería la posición mejor para sus hijos; de seguro ya le habían contado ellos lo que habían visto en el Monte de la Transfiguración, días… unos cuantos días luego de Cristo haber dicho que “el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras,” y también les dijo: “Hay muchos de los que están aquí que no verán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en la gloria de Su Padre (o en su gloria)…” vamos a ver cómo lo dice: “en la gloria de su Padre con Sus Ángeles.” Capítulo 16, verso 28 dice, y 27 también:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Aquí nos dice: “Viniendo en Su Reino el Hijo del Hombre.” y ahora, lo lleva al Monte de la Transfiguración y allí al transfigurarse delante de ellos, les muestra el orden de la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, y allí ven a Moisés y Elías, ven a Jesús glorificado, lo ven con Su rostro como el sol y así por el estilo, y envuelto en una luz; y todo eso mostrando la Venida del Hijo del Hombre en gloria. Vamos a ver cómo lo dice acá, San Lucas, capítulo 9, versos 25 en adelante dice:

“Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?

Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.

Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.”

Y de los que estaban allí, vean, para ver el Reino de Dios, tenían que subir al Monte de la Transfiguración con Jesucristo, y eran algunos, no todos, los que estaban con Jesús en aquel momento; algunos eran Pedro, Jacobo y Juan, y allí vieron la venida del Reino de Dios, vieron la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, vieron la Venida del Señor con Moisés y Elías, que son los dos Olivos, los dos candeleros que están delante de la presencia del Señor.

Ese es el orden de la venida del Reino de Dios, ese es el orden de la Venida del Hijo del Hombre, y eso es lo que estaremos viendo cuando estemos viendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Una cosa es la Venida del Hijo del Hombre en Su Reino, y otra cosa es el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra. El establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra será después de la Cena de las Bodas del Cordero, y por consiguiente después de la gran tribulación.

Y ahora, se requiere que toda persona aproveche el tiempo que le ha tocado vivir a la Tierra, porque ha sido enviado a vivir en este planeta Tierra para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, creer, nacer la fe de Cristo en su alma, creer en Cristo como Su Salvador y dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo arrepentido de sus pecados y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego y producir en la persona el nuevo nacimiento, y así la persona nacer de nuevo, nacer en el Reino del Señor Jesucristo, y por consiguiente estar asegurado en el Reino de Cristo con Vida eterna, estar reconciliado con Dios.

Esa es la forma en que la persona es reconciliado con Dios por medio del Sacrificio de Cristo realizado en la Cruz del Calvario; hay un orden divino para entrar al Reino de Dios, y por consiguiente para obtener la Vida eterna, y no podemos pasar por encima de lo que está establecido y pensar que vamos a entrar al Reino de Dios en otra forma que no sea la que ya Dios estableció en Su Palabra.

Aún más, para recibir el Espíritu Santo el mismo Cristo dijo en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, de la siguiente manera, y lo vamos a leer para que ustedes vean que hay un orden divino para todas las cosas. San Juan, capítulo 7, esto ocurrió el último día de la fiesta, de la gran fiesta de los tabernáculos, en el último, en el gran día de la fiesta, el último día de la fiesta de los tabernáculos, dice lo siguiente. Capítulo 7, verso 37 al 39 de San Juan:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura…”

Y ahora, hay muchas personas que dicen: “Yo creo en Dios a mi manera, yo creo en Jesucristo a mi manera,” pero Cristo dice cómo es que tenemos que creer en Él.

“El que cree en mi como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Pero ya está prometiendo para los que creerán en Él, está prometiendo el Espíritu Santo y por consiguiente el nuevo nacimiento. Es importante que toda persona sea reconciliada con Dios para poder vivir eternamente, es una oportunidad única que tiene el ser humano al venir a este planeta Tierra para vivir una temporada.

Ese es el propósito por el cual el ser humano se encuentra en este planeta Tierra en forma transitoria. Por eso nacemos, vivimos un tiempo y después tenemos que irnos de esta dimensión terrenal, es para creer en Cristo y ser rociados con la Sangre de Cristo, y limpiados de todo pecado.

Por lo tanto, tenemos que tener eso en claro para que así nuestra vida aquí en la Tierra cumpla el propósito para el cual Dios nos envió a este planeta.

Yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también, por lo tanto, Él nos reconcilió con Dios.

Y ahora, tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador, eso es lo que nos enseña la Escritura con relación a la paz con Dios, se obtiene la paz con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

No puede obtener el ser humano paz con Dios, excepto por medio de Cristo nuestro Salvador. “Y si alguno está en Cristo, nueva criatura es,” así que entra a un nuevo ciclo de su vida, entra a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

En todo el Nuevo Testamento se nos habla acerca de Cristo y se nos enseña el programa de la redención para que toda persona esté consciente que tiene la oportunidad de ser reconciliado con Dios. En Romanos, capítulo 5, verso 1 el apóstol Pablo dice:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

La paz con Dios el ser humano la obtiene por medio ¿de quién? De Jesucristo nuestro Salvador, que es el que nos ha reconciliado con Dios. Una persona sin estar reconciliada con Dios por medio de Cristo, no tiene esa paz de la cual habla la Escritura, paz para con Dios o paz con Dios.

Por lo tanto, todos queremos estar en paz con Dios, para lo cual todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Hemos visto que en eso es que se ocupa la Iglesia del Señor Jesucristo: en el programa de la redención, en el programa de la reconciliación del ser humano con Dios.

Por eso la misión y comisión que Cristo le dio a Su Iglesia, es la de predicar el Evangelio a toda criatura para que “todo aquel que en Él cre, no se pierde, mas tenga Vida eterna,” y así sea el ser humano reconciliado con Dios.

Ya yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo, lo recibí como mi Salvador y fui reconciliado con Dios, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha sido reconciliada con Dios, puede recibirlo como vuestro Salvador, como su Salvador y estaremos orando por usted. Por lo tanto, puede recibirlo como su Salvador en estos momentos, para lo cual puede pasar acá al frente para que oremos por usted. Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, para que quede incluido en esta oración que estaremos haciendo.

Y ahora, todos los que son reconciliados con Dios, son colocados en el Reino de Dios y son bendecidos grandemente por Dios, dice la Escritura que Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios, Reyes y Sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra; reinaremos sobre la Tierra con Cristo en Su Reino terrenal cuando Él lo establezca en la Tierra, lo cual será la restauración del Reino de David al cual Él es el heredero y Él es el heredero al Trono de David conforme a las palabras del Ángel Gabriel que le habló a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, cuando le apareció y le dice: “Salve, muy favorecida, el Señor es contigo, bendita tú entre todas las mujeres.”

Y la virgen María se llenó de temor y el Ángel le dice: “María, no temas porque has hallado gracia delante de Dios.” Y el Ángel Gabriel una de las cosas que le dice a la virgen María, dice verso 30 en adelante:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y ahora vean, el heredero al Trono de David es el Señor, el Ángel Gabriel así se lo dice a la virgen María, y ese es el Reino y ¨Trono en el cual estaremos con Cristo reinando por mil años y después por toda la eternidad.

Por lo tanto, es una bendición muy grande ser reconciliado con Dios, estar en paz para con Dios, porque somos colocados en el Reino de Dios con Vida eterna para por consiguiente vivir por toda la eternidad con Cristo en Su Reino.

Es una oportunidad única que no podemos dejar pasar, porque si perdemos esa oportunidad y muere nuestro cuerpo físico, ya no hay oportunidad cuando la persona muere, la oportunidad de obtener la reconciliación con Dios por medio de Cristo es mientras vive en este planeta Tierra, para lo cual fuimos traídos a esta Tierra, fuimos enviados a vivir en esta Tierra.

¿Quién nos trajo acá? ¿Quién nos envió a vivir en esta Tierra? Dios, usted no escogió nacer y vivir en este tiempo en el cual usted está viviendo, usted sabe que fue la Divinidad, Dios, estamos aquí porque Dios quiso que estemos aquí viviendo y que estemos recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador para ser reconciliados con Dios. Ese es el propósito de nuestra vida aquí en la Tierra; los que no la comprenden, Cristo dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Así que, el propósito divino para cada ser humano de estar viviendo en la Tierra, es la salvación de su alma, es que escuche la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en su alma, dé testimonio público de su fe en Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador, para que Cristo le perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en la persona el nuevo nacimiento, y así sea colocado en el redil del Señor que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y Cristo es el buen Pastor, y Cristo está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo como Él prometió:

“He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).

Así que, es una promesa de Cristo y por consiguiente Él está en medio de Su Iglesia todo el tiempo, y por esa causa Él es el que está guiando a Su Iglesia todos los días, Él es el gran canciller o embajador del Reino de Dios: Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, clamando por medio de los diferentes embajadores, por medio de los diferentes mensajeros, y por medio de los diferentes cónsules (ministros): “Reconciliaos hoy con Dios.”

Hoy es el tiempo, o sea, la dispensación de la Gracia, hoy es el día de salvación, o sea, la Dispensación de la Gracia; el día de la Dispensación de la Gracia es el día de salvación. Este es el tiempo aceptable delante del Señor, el tiempo en que Dios acepta a toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador.

Todos necesitamos a Cristo, Él es el único y suficiente Salvador, Él es mi Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también, no hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo.

Todavía estamos esperando unos segundos porque vienen más personas que como ustedes quieren ser reconciliados con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, pues todos queremos estar en paz con Dios, todos queremos entrar al Reino de Dios, todos queremos vivir eternamente, y hay una forma establecida por Dios, y es por medio de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, y también pueden estar en pie para la oración por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar en Su Reino para los niños también, recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Todavía veo que vienen más personas, y por eso estamos esperando unos segundos mientras llegan, es que Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad, y los está llamando, y en toda la República Mexicana Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos, y los está llamando en este tiempo final, los está llamando para ser reconciliados con Dios, para así estar en paz con Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

También Él tiene mucho pueblo en todas las naciones, en toda la América Latina, Norteamérica, en Canadá, en África y en todas las naciones Él tiene mucho pueblo. Por lo tanto, Él los está llamando en este tiempo final.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, pero todavía veo que vienen más personas que como ustedes quieren ser reconciliadas con Dios. Los que están en todos los diferentes países de la América Latina, de Norteamérica, de Canadá, de África, de Japón, de China y en todas las demás naciones, pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, vamos a estar con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo y nuestros ojos cerrados, y los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo. Señor, acepto Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, acepto la Vida eterna que Tú has ganado para mi y rendido a Ti en alma, espíritu y cuerpo, te ruego que se materialice en mi vida esa redención, esa salvación que Tú ganaste en la Cruz del Calvario para mí.

Sálvame Señor, te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Por cuanto Cristo dijo:

‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.) Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” me dirán ustedes, y me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Señor Jesucristo encontramos que cuando Juan estaba bautizando en el Jordán allá en Judea, llegó Jesucristo, entró a las aguas del Jordán donde Juan estaba bautizando, y cuando Juan lo ve que llega a él para que lo bautice, le dice Juan a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para yo te bautice?” y Jesucristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y si a Jesucristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a nosotros nos conviene cumplir toda justicia, nos conviene ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua es tipológico, cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Los apóstoles predicaban y bautizaban a las personas enseguida que ellos creían, por ejemplo tenemos el caso del Día de Pentecostés en el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 31 en adelante, donde Pedro predicó el Evangelio lleno del Espíritu Santo, hablando acerca de Cristo y de Su resurrección; y los que estaban allí presentes escuchando a Pedro, preguntan a Pedro y a los apóstoles:

“ Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

Como tres mil personas escucharon la predicación del Evangelio de Cristo a través de San Pedro, creyeron y fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y fueron añadidos a la Iglesia aquel día; dice:

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Y más abajo en el verso 46 al 47 dice:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

¿A dónde los añade Cristo? El Señor añadía a Su Iglesia los que han de ser salvos.

Y ahora, es Cristo que añade a Su Iglesia los que han de ser salvos, los cuales son las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en su alma y lo reciben como único y suficiente Salvador, son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento, y así son añadidos a la Iglesia del Señor.

O sea, se nace en la Iglesia del Señor, en donde está el Reino en la forma espiritual. El Reino de Dios está en forma espiritual en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad, ¿dónde? En el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Ha sido para mi una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, ustedes que están presentes y con ustedes que están en otras naciones, los cuales también pueden ser bautizados en estos momentos, los que han recibido a Cristo como Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí, reverendo Epifanio López, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma y les indique qué y cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“COMO EMBAJADORES DE CRISTO OS ROGAMOS: RECONCILIAOS CON DIOS.”

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