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Tiempo de temor y expectación
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Tiempo de temor y expectación

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando al trabajo de la obra misionera y evangelística en esta ciudad de Trujillo y también en todas las ciudades de la República del Perú; también aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

En estos momentos leemos en San Lucas, capítulo 21, versos *25 al *28, que nos habla de este tiempo, el mismo Jesucristo hablando en este mensaje profético, dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En este pasaje que hemos leído, el Señor Jesucristo está profetizando de las condiciones que estará viviendo la humanidad en el tiempo final, y nos dice que cuando veamos todas esas cosas sucediendo, cuando veamos que comienzan a suceder esas cosas, levantemos nuestras cabezas al Cielo porque nuestra redención está cerca.

¿Qué es la redención para los creyentes en Cristo? Para los  muertos en Cristo será la resurrección en cuerpos eternos y glorificados, y para los que estén vivos será la transformación de sus cuerpos, para tener cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados como el Cuerpo glorificado y eterno de nuestro amado Señor Jesucristo; de eso fue que nos habló el apóstol San Pablo conocedor de este misterio de la redención del cuerpo que ha de ocurrir en el tiempo final a todos los creyentes en Cristo; en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice el apóstol San Pablo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

La Venida del Señor para el Día Postrero, para el tiempo final en el cual vivimos es para transformar nuestros cuerpos y así tener cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos glorificados, como el Cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; es una promesa de la cual Cristo habló, y también el apóstol Pablo habla en diferentes lugares en sus cartas apostólicas. Tenemos por ejemplo la carta de San Pablo a los creyentes en Cristo en Tesalónica; veamos lo que nos dice en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante, donde dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto físicamente), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.”

Esta es un promesa divina, una promesa divina para todos los creyentes en Cristo que estarán viviendo en el Día Postrero, en donde Cristo va a completar Su Iglesia y entonces va a salir del Trono de Intercesión en el Cielo donde Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión ante el Padre celestial, por todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador; y Cristo los reconcilia, los limpia con Su Sangre preciosa de todo pecado y los reconcilia con Dios; y así la persona entra al Reino de Dios y por consiguiente a la Vida eterna.

Y ahora, para el Día Postrero, para el tiempo final Cristo completará Su Iglesia, Cristo completará el Programa de Salvación y Vida eterna para todos aquellos que lo han recibido como Salvador, y saldrá del Trono del Padre, del Cielo, y se convertirá en el León de la Tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor señores, y llevará a cabo Su Obra de Reclamo; reclamará a todos los que Él ha redimido con Su Sangre, los transformará a los que estén vivos y a los que murieron los resucitará en cuerpos eternos y glorificados.

Veamos lo que a continuación dice aquí el apóstol San Pablo, conocedor de este misterio que va a ser abierto, cumplido en el tiempo final, sigue diciendo:

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Aquí tenemos claramente la promesa de una resurrección para los muertos en Cristo en cuerpos eternos y una transformación para los que estén vivos, y nos dice que el mismo Señor (esto es Cristo en Su Venida) con Voz de mando, con Voz de Arcángel y con Trompeta de Dios, descenderá del Cielo. Es la promesa divina de la Venida del Señor para llamar y juntar Sus escogidos, y para la resurrección de los muertos creyentes en Él y transformación de los vivos en Cristo.

Y ahora, veamos lo que nos dice en Primera de Corintios, capítulo 15, el mismo apóstol San Pablo conocedor de este misterio que va a ser cumplido en este tiempo final en el cual nosotros estamos viviendo. Primera de Corintios, capítulo 15, versos 51 en adelante, dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Eso será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que estén vivos en la Tierra, creyentes en Cristo nacidos de nuevo. Una transformación viene para todos los creyentes en Cristo que estarán viviendo en este tiempo final y que no verán muerte hasta su transformación.

El apóstol Pablo hablándonos acerca de este tiempo, también nos dice en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

Aquí nos muestra el apóstol San Pablo que Dios no nos ha puesto para ira. Por lo tanto, antes que la ira de Dios se derrame sobre el planeta Tierra durante el lapso de tiempo llamado la gran tribulación, que durará tres años y medio y que cumplirá la segunda parte de la Semana Setenta de la profecía de Daniel. Antes que ocurra ese lapso de tiempo de la gran tribulación, Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él y a los que estén vivos creyentes en Cristo los transformará, y entonces seremos inmortales físicamente porque tendremos un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible, glorificado, como el Cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Esa es la promesa de Cristo para todos los creyentes en Él.

Por lo tanto, en este tiempo en el cual vivimos en el cual hemos estado viendo tantos terremotos y volcanes en erupción y tsunamis, todas estas cosas que hemos estado viendo son señales del tiempo final. Por lo tanto, viendo las señales del fin del tiempo no tenemos otra que decir sino: Señor, ayúdanos. Señor, quiero ser transformado lo más pronto posible, quiero ir contigo a la Cena de las Bodas del Cordero, Señor. En Tus manos me encomiendo. Cristo va a hacer en esa forma, pues Él lo ha prometido.

Por lo tanto, pensando en la forma que el salmista pensaba en el capítulo o Salmo 46, verso 1 en adelante, nosotros también pensemos; y dice así el Salmo 46, verso 1 en adelante, dice:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza.”

Y ahora, esto es lo que tienen que estar pensando los que sirven a Dios: “aunque la Tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón del mar; no temeré.” Esperando estemos nuestra redención, la redención del cuerpo que será nuestra transformación.

No es tiempo para estar con miedo, sino para estar preparados para la Venida del Señor y nuestra transformación, pues la Escritura nos habla que en el tiempo señalado para la Venida del Señor, el planeta Tierra estará en esa condición.

Por lo tanto, tenemos que mirar todas esas cosas que están sucediendo, como las señales que Cristo dijo que marcarían el fin del tiempo. Vean, en San Mateo, capítulo 16, versos 1 al 4, dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”

Las señales de los tiempos tenemos nosotros que entenderlas: terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes en erupción, guerras por todas partes, hambre, enfermedades; todo esto está en una escala mayor en nuestro tiempo y son las señales del tiempo final, las señales que anuncian que la Venida del Señor es para ser cumplida en este tiempo; y por consiguiente, la resurrección de los muertos en Cristo y nuestra transformación.

El mismo Cristo dice que habrá también señales en el sol, la luna y las estrellas. Encontramos que ya con la capa de ozono afectada, los rayos ultravioletas del sol están pasando más directamente en diferentes países y está afectando la vida de la naturaleza, incluyendo la del ser humano. Pues la Escritura también dice que el sol va a quemar millones de seres humanos, eso está en el libro del Apocalipsis; y también en Malaquías, capítulo 4, versos 1 en adelante, dice:

“Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Nos habla de un tiempo en que los soberbios, los malos serán quemados, serán estopa. Esto nos habla de la radioactividad que será desatada en una tercera guerra mundial atómica y que va a afectar a toda la humanidad.

“Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”

Esto nos habla de la Venida del Señor para este tiempo final, la Venida del Señor como el Sol de justicia. Él dijo en San Juan, capítulo 8, verso 12: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” Cristo es el Sol de justicia, y por esa causa se representa en el Sol naciente. “A los que temen Mi Nombre, nacerá el Sol de justicia, y en Sus alas traerá salvación.”

Esa será la Salvación para los creyentes en Cristo: la Venida del Señor como el Sol de justicia, y nace por el Este, o sea, que cuando veamos a Cristo, el Sol de justicia comenzando a identificarse, a revelarse por el Este, o sea, en medio y por medio del pueblo hebreo, tengamos nuestra mirada puesta en el Cielo porque eso es Cristo, el Sol de justicia, naciendo para los hebreos en un nuevo día dispensacional que estará amaneciendo para el pueblo hebreo. Por eso, encontramos en Oseas, capítulo 6, versos 1 en adelante, que nos habla de ese tiempo glorioso, y dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días…”

Y recuerden éstos son días proféticos de mil años cada uno. Desde el tiempo de Jesucristo hasta nuestro tiempo han transcurrido dos mil años, que delante de Dios solamente son dos días proféticos. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, nos dice que “un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día,” y también en el Salmo 90, verso 4.

Y ahora, continuamos leyendo este pasaje, dice:

“Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.”

Esta resurrección es un avivamiento para el pueblo hebreo que está prometido, en donde se va a revelar Dios por medio del Mesías al pueblo hebreo y va a traer un avivamiento, un despertamiento, una resurrección espiritual para el pueblo hebreo. Sigue diciendo:

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida…”

Y ahora, como el alba, ¿por dónde nace el sol? ¿Por dónde surge la mañana? Por el Este, y la mañana de un nuevo día Dispensacional para el pueblo hebreo va a ser manifestada, va a ser vista y va a ser de gozo, de regocijo para todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora, esto está relacionado al pueblo hebreo. Sigue diciendo:

“…y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

La Lluvia temprana es la predicación del Evangelio de Cristo, la predicación del Evangelio de la Gracia; porque como cae o viene, desciende del cielo la lluvia, así desciende la Palabra del Señor, el Evangelio de Cristo para todos los seres humanos, esa es la Lluvia de la enseñanza del Evangelio de la Gracia, del Evangelio de Cristo.

Y la Lluvia tardía gira también alrededor de la Venida del Señor. La Lluvia temprana gira alrededor de la primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios muriendo en la Cruz del Calvario, para con Su muerte y Su Sangre limpiarnos de todo pecado.

Y la Lluvia tardía gira alrededor de la segunda Venida de Cristo, segunda Venida de Cristo como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, en donde Su Venida será como Rey con el Nombre de Rey, tendrá en Su vestidura y en Su muslo escrito este Nombre: “Rey de reyes y Señor de señores,” conforme a Apocalipsis, capítulo 19.

Y ahora, con la predicación del Evangelio del Reino que gira alrededor de la segunda Venida de Cristo, será que el pueblo hebreo despertará, será que el pueblo hebreo tendrá la bendición que Dios le ha prometido.

Recibiendo la Lluvia temprana y la Lluvia tardía, la Iglesia; esto es, recibiendo el Evangelio de la Gracia y el Evangelio del Reino; el Evangelio de la Gracia gira alrededor de la primera Venida de Cristo como el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo allá en la Cruz del Calvario; y la Lluvia tardía gira alrededor de la segunda Venida de Cristo como el León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa y resucitar a los creyentes que han partido, resucitarlos en cuerpos eternos, y a los que vivimos transformanos y tener así, darnos así el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

El pueblo de Dios estará recibiendo la Lluvia temprana y tardía. La tardía, pues es para este tiempo final, el mensaje del Evangelio del Reino que se entrelaza con el Evangelio de la Gracia, así como el mensaje del Evangelio de la Gracia se entrelazó con el mensaje de la Ley. Tan sencillo como eso. Así se entrelazan las dispensaciones unas con otras y el mensaje de cada dispensación se entrelaza uno con otro.

Y ahora, estando nosotros viviendo en el tiempo final, estamos viviendo en el tiempo en que estará viniendo de parte de Dios la Lluvia de bendición, la Lluvia de bendición del Evangelio de la Gracia y la Lluvia de bendición del Evangelio del Reino para el pueblo de Dios.

Por lo tanto, al ver señales en el sol, la luna y las estrellas, y también en la Tierra angustia de los hombres, de los seres humanos a causa del bramido del mar y de las olas, a causa de los terremotos, de los maremotos, de los tsunamis, de los volcanes y todas estas cosas, recuerden: es tiempo de levantar nuestras cabezas al Cielo; pues Cristo dijo: “Cuando veáis que suceden estas cosas o que comienzan a suceder estas cosas, sabed que vuestra redención está cerca.” Y nos dice: “Levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca;” nuestra transformación para los que vivimos, y para los muertos creyentes en Cristo la resurrección de ellos en cuerpos eternos.

Ese tiempo para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, será un tiempo de temor y expectación de todas estas cosas proféticas que están en la Escritura. Pero también es un tiempo de bendición para todos los creyentes en Cristo.

Por lo tanto: “No temeré mal alguno, aunque la tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón del mar, porque el Señor está conmigo.” ¿Y con quién más? Con cada uno de ustedes también.

Por lo tanto: estad preparados, porque lo que Él ha prometido para Su Iglesia, lo cumplirá en este tiempo final, y lo que ha prometido para el pueblo hebreo también lo cumplirá. Estemos con nuestras cabezas, nuestra mente, todo nuestro ser conectados con las cosas celestiales, las cosas de Dios, las cosas espirituales, las cosas divinas, preparándonos para nuestra transformación.

“TIEMPO DE TEMOR Y EXPECTACIÓN.”

Este es un tiempo que estaba prometido que sería en esa forma, pero el tiempo más glorioso de todos los tiempos para los creyentes en Cristo.

Por lo tanto, estemos preparados en este tiempo, habiendo recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, porque no hay esperanza para el mundo; solamente hay una, y esa es Jesucristo nuestro Salvador. Su Venida es la única esperanza que hay para la humanidad.

Por lo tanto, estemos con nuestros corazones rendidos a Cristo, asegurados con Cristo en Su Reino eterno. Lo más importante para el ser humano es la vida, y si esta vida terrenal que es temporera es tan importante, cuánto más la Vida eterna.

La Vida eterna es lo más importante para el ser humano. ¿Y cómo podemos obtener la Vida eterna? Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen; y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante).

Se predica el Evangelio de Cristo para que las personas escuchen el mensaje de Redención, de Vida eterna, por medio de Cristo. Cristo dijo:

 “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

La fe viene por el oír la Palabra del Señor, el Evangelio de Cristo; y cuando se predica el Evangelio y las personas lo escuchan, nace la fe de Cristo en su alma, creen en Cristo y tienen la oportunidad de dar testimonio público de su fe en Cristo para recibir la Salvación y Vida eterna; porque la fe viene por el oír la Palabra, y por consiguiente se cree en Cristo para justicia, pero con la boca se confiesa a Cristo como único y suficiente Salvador, para recibir la Salvación y Vida eterna; se confiesa con la boca para Salvación.

El mismo Cristo dice en San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Todos queremos que Cristo nos confiese delante del Padre celestial como creyentes en Él, para que Dios nos dé la entrada a Su Reino eterno; por lo cual se predica el Evangelio de Cristo para que nazca la fe de Cristo en el alma de las personas y den testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador, y así tengan asegurada la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. El mismo Cristo pregunta:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si  ganare  todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Por lo tanto, lo más importante es la Vida eterna; yo escuché la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma, y lo recibí como mi único y suficiente Salvador y Él aseguró mi futuro eterno con Él en Su Reino eterno. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Pueden pasar acá al frente para orar por usted en esta noche. Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están viniendo a los Pies de Cristo; están viniendo para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en esta hermosa ciudad de Trujillo, y los está llamando en este tiempo final; y tiene muchos Hijos en toda la República del Perú, y los está llamando en este tiempo final para darle la entrada a Su Reino eterno, y el Reino de Cristo se está llenando de peruanos y eso es una bendición grande para el Perú.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y los está llamando en este tiempo final. Dios tiene mucho pueblo en todas las naciones y los está llamando para colocarlos en Su Reino eterno; y por consiguiente colocarlos en la Vida eterna.

Es tiempo de buscar a Dios, de buscar a Dios mientras puede ser hallado, es tiempo de buscar la Salvación y Vida eterna a través de Cristo, mientras está todavía vigente la Dispensación de la Gracia; mientras está abierta la puerta de la Dispensación de la Gracia es tiempo de buscar a Dios para que nos dé la entrada a Su Reino eterno.

Cristo nos ama y por esa causa nos da la oportunidad de recibirlo como Salvador para obtener la Vida eterna. Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante). Y también dice:

“También tengo otras ovejas que no son de este redil…”

O sea, que no son del pueblo hebreo, no estaban allá en medio del pueblo hebreo, sino que están en medio de las naciones gentiles, y dice:

 “…y oirán mi Voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

La Voz de Cristo es el Evangelio de Cristo siendo predicado, y el Redil del Señor es Su Iglesia, y el buen pastor es el Señor Jesucristo, y esas ovejas son ¿quiénes? Todos nosotros que hemos escuchado la Voz de Cristo y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y por esa causa usted en esta ocasión ha estado escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, porque usted es una oveja del Señor y tiene su nombre escrito en el Cielo en el Libro de la Vida. Y no es la voluntad de nuestro Padre celestial que se pierda una de estas ovejas del Señor, una de esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida.

La Venida de Cristo a la Tierra dos mil años atrás fue por mí. ¿Y por quién más? Por cada uno de ustedes también. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido,” dice Cristo en San Lucas, capítulo 19, verso 10 y en San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14. Porque no es la voluntad de nuestro Padre que se pierda una de estas ovejas del Señor.

Dios tiene mucho pueblo, muchos hijos y los está llamando en este tiempo final, cuando escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en nuestra alma, descubrimos que somos ovejas del Señor tipificados en ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna; descubrimos que hemos venido del Cielo, hemos venido de Dios, hemos venido de donde vino Cristo a la Tierra: vino del Cielo, y de ahí hemos venido nosotros a esta tierra y estamos aquí para hacer contacto con la Vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador, para ser restaurados a la Vida eterna y por consiguiente al Reino eterno de Dios.

En las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede hacerlo en estos momentos para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

Estamos dando unos segundos porque veo que vienen personas caminando, y como ustedes desean vivir eternamente con Cristo en Su Reino.

Lo más importante es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante, y el único que nos puede dar Vida eterna se llama: SEÑOR JESUCRISTO, no hay otra persona que nos pueda dar la Vida eterna, la exclusividad de la Vida eterna la ha dado Dios a Jesucristo para que nos dé Vida eterna. El que tiene a Cristo tiene la Vida eterna, el que no tiene a Cristo no tiene la Vida eterna; la buena noticia para los creyentes en Cristo es que Dios nos ha dado Vida eterna, y esta Vida está en Jesucristo.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones también puestos en pie para la oración por los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración los que están aquí presentes y los que están en otras naciones:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, y reconozco que no hay otro Nombre bajo el Cielo en que podamos ser salvos, solamente hay un Nombre, y ese es Tu glorioso Nombre.

Reconozco que necesito un Salvador, un Redentor, y ese Salvador eres Tú. Por lo cual doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amen.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible,” porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” “¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón. Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico, el bautismo en agua no quita los pecados del ser humano, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido por los apóstoles y todos los ministros y todos los que han recibido a Cristo como Salvador.

Aun el mismo Cristo cuando Juan predicaba y bautizaba a las personas en el Río Jordán, allá en Israel, allá lo encontramos entrando a las aguas bautismales, y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó.

Y si Cristo para cumplir toda justicia le convenía ser bautizado por Juan el Bautista, cuánto más a nosotros nos conviene ser bautizados en este tiempo en el cual vivimos.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, tipológicamente muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Por eso, en el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; por eso cuando San Pedro predicó el Día de Pentecostés, en el capítulo 2 del libro de los Hechos, las personas que le escucharon y creyeron, dijeron:

“Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Y ahora, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y dejo al ministro correspondiente aquí, el reverendo Humberto Balbín Salvador, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como se ha estado haciendo desde el Día de Pentecostés hacia acá y así Cristo también les reciba en Su Reino, y nos veremos eternamente con Cristo en Su Reino glorioso y eterno.

Pasen todos muy buenas noches. Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados para lo cual dejo al ministro correspondiente en cada nación.

“TIEMPO DE TEMOR Y EXPECTACIÓN.”

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