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La Sangre del Señor Jesucristo, la única señal de escape
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La Sangre del Señor Jesucristo, la única señal de escape

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos en San Mateo, capítulo 26, versos 26 en adelante, donde dice el mismo Evangelio acerca de la última Cena que Cristo tomó con Sus discípulos, dice:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.”

Que Dios bendiga nuestra almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En esta ocasión el Señor Jesucristo teniendo esta última Cena con Sus discípulos y celebrando allí la pascua con ellos, tipifica Su cuerpo con el pan, y Su Sangre con el vino; y todo esto está ligado a un nuevo Pacto que está prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, donde Dios dice por medio del profeta Jeremías de la siguiente manera, y vamos a leer para que tengamos un cuadro claro de lo que se trata todo esto que Cristo habló e hizo en Su última Cena con Sus discípulos; capítulo 31 del libro del profeta Jeremías, veamos como dice, versos 31 en adelante dice:

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.

No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.

Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

“…y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

En este pasaje nos muestra que Dios hará un nuevo Pacto con la casa de Israel, y bajo este nuevo Pacto todas estas personas vendrán a ser llamados pueblo de Dios.

Y ahora, de este nuevo Pacto es que nos habla Cristo en la última Cena que Él tiene con Sus discípulos. ¿Quién es Jesucristo el cual estuvo en medio del pueblo hebreo dos mil años atrás y tuvo Su ministerio de tres años y medio, y al final de esos tres años y medio murió en la Cruz del Calvario? Para muchos condenado como una persona que se merecía la muerte; pero para otros como un hombre inocente que hacía siempre el bien a las demás personas, y que Él mismo dijo que tenía que morir, poner Su Vida en Expiación por el pecado de los demás, poner Su Vida por las ovejas que el Padre le dio para que las buscara y les diera Vida eterna.

Bajo este nuevo Pacto, encontramos que la Sangre de Cristo es la Sangre del nuevo Pacto conforme a las palabras que nos habla San Pablo en Hebreos, capítulo 13, verso 20, donde dice:

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno.”

Y ahora, la Sangre del Pacto eterno, ¿cuál es? La Sangre de Jesucristo, la Sangre de ese nuevo Pacto que fue comenzado por Cristo, establecido por Cristo. Y entonces, ¿quién es el Señor Jesucristo? En San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece…”

También dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, el pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron ( y tampoco le conocieron).

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Y luego sigue diciendo el verso 14 que es el que le sigue, del capítulo 1, de San Juan:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Ese es Jesucristo, el cual luego murió en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Bien dijo Juan el Bautista en el capítulo 1 de San Juan, versos 29 al 36:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Lo presentó como el que quita el pecado del mundo, y por lo tanto es el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, para realizar con Su muerte la Expiación por nuestros pecados, para que el ser humano pueda obtener el perdón de sus pecados, ser limpio con la Sangre de Cristo de todo pecado y entre al Reino de Dios recibiendo el Espíritu de Dios, y así obtener el nuevo nacimiento. Tan sencillo como eso; y así todas esas personas vienen a formar la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el pueblo de Dios, la Casa de Dios bajo el nuevo Pacto.

Por eso, el apóstol San Pablo en Hebreos, capítulo 8 y capítulo 10, nos dice… capítulo 8, verso 8 en adelante:

“Porque reprendiéndolos dice:

He aquí vienen días, dice el Señor,

En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;

No como el pacto que hice con sus padres

El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;

Porque ellos no permanecieron en mi pacto,

Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

Pondré mis leyes en la mente de ellos,

Y sobre su corazón las escribiré;

Y seré a ellos por Dios,

Y ellos me serán a mí por pueblo;”

Y aquí, vean ustedes cómo el apóstol Pablo muestra que los creyentes en Cristo son las personas que han entrado al nuevo Pacto, y bajo el nuevo Pacto ese es el pueblo de Dios, en donde Dios estaría en Espíritu Santo manifestándose a través de las diferentes etapas o edades del Cristianismo.

Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo forman la Iglesia del Señor Jesucristo. El Cristianismo está representado en diez vírgenes de las cuales cinco son prudentes y cinco son insensatas; las prudentes son las que tienen aceite en sus lámparas, o sea, han recibido el Espíritu Santo, son las personas creyentes en Cristo nacidas de nuevo.

Y las otras cinco vírgenes que no tenían aceite en sus lámparas representan a los creyentes profesantes… recibido a Cristo como Salvador pero no han recibido el Espíritu Santo, no han nacido de nuevo, pero, son creyentes profesantes y son personas muy buenas que viven el Cristianismo, pero la diferencia es que unas tiene aceite, las prudentes, y las otras no tienen aceite.

Y dice el mismo Cristo… esta es la parábola de las diez vírgenes de San Mateo, capítulo 25, versos 1 al 13, y dice que cabecearon todas y se durmieron tardándose el esposo. O sea, tardándose el esposo cabecearon todas y se durmieron, y luego dice que a medianoche se escuchó un clamor: “¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!” Ese es nada menos que el mensaje del precursor de la segunda Venida de Cristo; como fue para la primera Venida de Cristo, apareció o fue enviado Juan el Bautista con el Espíritu y virtud de Elías anunciando que después de él vendría el Mesías, después de él vendría uno mayor que él, del cual él no era digno de desatar la correa de su calzado. Y dice: “Él les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.”

Y ahora, podemos ver que aquel mensaje de Juan el Bautista dos mil años atrás preparando al pueblo para la Venida del Señor… Recuerden que la Venida del Señor tiene dos partes y por lo tanto tiene dos precursores: uno para la primera Venida y otro para la segunda Venida de Cristo; y tiene también dos partes la Venida del Señor: Su primera Venida y Su segunda Venida, cosa que no era entendida antes de la Venida del Señor dos mil años atrás, pero fue abierto este misterio por el mismo Cristo cuando prometió o profetizó acerca de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero.

Y ahora, encontramos que ya la primera Venida se cumplió, y en esa etapa de la primera Venida Él vino como Cordero de Dios para morir como Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano; por eso el apóstol San Pablo en Romanos, capítulo 5, nos habla acerca del Programa Divino que se realizó con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. Capítulo 5 de Romanos, versos 6 al 10, dice San Pablo.

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Y ahora, podemos ver que la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario estaba en el Programa de Dios en favor del ser humano. En Isaías, capítulo 53, dice que vendría como Cordero, como oveja, y que podría Su Vida en Expiación por el pecado; y si tiene que poner Su Vida en Expiación por el pecado tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado, lo cual estaba tipificado en el sacrificio del cordero pascual que se sacrificó en Egipto y también del macho cabrío de la expiación del día diez del mes séptimo de cada año en el día del perdón, en donde todos eran reconciliados con Dios, los que vendrían arrepentidos de sus pecados ante Dios.

Y ahora, la muerte de Cristo también estaba profetizada en el libro del profeta Daniel, en el capítulo 9, donde nos dice allá en las setenta semanas de Daniel, vean, vamos… capítulo 9 de Daniel, versos 20 en adelante. Recuerden que este misterio de la Venida del Señor, el Ángel Gabriel lo conocía y fue enviado al profeta Daniel para darle a conocer todas estas cosas que sucederían, y le habló de la Venida del Mesías y de la muerte de la Venida del Mesías; dice capítulo 9, versos 20 en adelante de Daniel (del libro del profeta Daniel):

“Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios por el monte santo de mi Dios (o sea, por Jerusalén);

aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde (o sea, a las 6:00 de la tarde).”

El Ángel Gabriel es un hombre de otra dimensión, como los ángeles son hombres de otra dimensión, Dios hace a Sus ángeles espíritus, y a Sus ministros llama de fuego. Y ahora, Él dice:

“Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas (siete semanas y sesenta y dos semanas, son sesenta y nueve semanas); se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí…”

Y ahora, la vida del Mesías le sería quitada después de las sesenta y nueve semanas, o sea, en la semana número setenta. El Señor Jesucristo tuvo Su ministerio en la semana número setenta, y recuerden que son semanas de años, cada semana son siete años; setenta semanas son cuatrocientos noventa años, en esas semanas proféticas.

Y ahora, a la mitad de la semana número setenta le fue quitada la vida al Mesías, y ahí se detuvo la semana número setenta; y por consiguiente faltan tres años y medio de esa semana número setenta; porque la semana número setenta se detuvo con la muerte de Cristo y se abrió una brecha para la Dispensación de la Gracia en donde se estaría predicando el Evangelio de la Gracia, el Evangelio de Cristo para salvación para todo aquel escucha el Evangelio de Cristo, cree, lo recibe como Salvador y es bautizado en el Nombre del Señor en agua, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en la persona el nuevo nacimiento; y así esa persona nace del Agua y del Espíritu, nace del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, y por consiguiente ha entrado al Reino de Dios.

Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo, en el capítulo 3 de San Juan, verso 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede entrar al Reino de Dios.” Y Nicodemo pensó que tenía que nacer físicamente de nuevo y le pregunta si el hombre ya siendo viejo puede entrar en el vientre de su madre, ¿para qué? Para nacer de nuevo. Pero no comprendía Nicodemo que Cristo le estaba hablando de un nacimiento espiritual; y por eso le dice luego a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Para entrar al Reino de Dios se requiere nacer de nuevo del Agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo.

Y ahora, el Reino de Dios esta en la esfera espiritual y por consiguiente el nuevo nacimiento no es literal, no es nacer físicamente de una mujer, sino que es el nuevo nacimiento espiritual que produce Cristo por medio de Su Espíritu en la persona.

Y ahora, encontramos que todo ser humano quiere entrar al Reino de Dios, y ya ahí Cristo muestra cómo entrar al Reino de Dios; y esto es bajo un nuevo Pacto que Dios ha establecido por medio de Cristo el Ángel del Pacto, el mismo Ángel del Pacto que le apareció a Moisés y le habló, y lo envió a Egipto para la liberación del pueblo hebreo; y luego el que libertó al pueblo hebreo, y luego el que le dio la ley en el monte Sinaí, ese es Cristo, el Ángel del Pacto, pues la ley fue dada por comisión de ángeles en el monte Sinaí. Y ese Ángel del Pacto del cual Dios habla en Éxodo, capítulo 23, es Cristo en Su Cuerpo angelical. Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58. “Abraham vuestro padre (hablándole a los judíos) deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Y le dicen los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les contesta: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.”

¿Cómo era Cristo antes de Abraham? Era el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios. En la Escritura hay muchos profetas como Abraham, Isaac, Jacob, y también el padre de Sansón, el cual en el capítulo 13 del libro de los Jueces vio al Ángel del Pacto, y también su esposa lo vio; y cuando el Ángel del Pacto subió en la llama de fuego del sacrificio que ofreció a Dios el padre de Sansón, Manoa; él (Manoa) le dice a su esposa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara, hemos visto a Dios,” y la Escritura dice…en la Escritura Dios le dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá.”

Y ahora, la esposa de Manoa, la señora Manoa le dice: “No hemos de morir, porque si fuésemos a morir, Dios no nos habría anunciado esto que va a suceder: que nos va a dar un niño,” el cual fue Sansón. También Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis se encontró con un hombre, un varón, el Ángel del Pacto y no lo soltó, estuvo luchando con él toda la noche y no lo soltó; y el Ángel le dijo ya rayando el alba: “Suéltame, déjame que raya el alba (o sea, tenía que irse). Y Jacob le dice: “Yo no te soltaré, no te dejaré hasta que me bendigas.” Y entonces el Ángel le pregunta: “¿Cuál es tu nombre? ¿Cómo te llamas?” Y Jacob le dice: “Jacob.” Y el Ángel le dice: “No se dirá más tu nombre Jacob, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.” Y Jacob le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?” Y el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi nombre?” Y no le dio a conocer Su Nombre.

Y Jacob luego le puso por nombre al lugar donde había tenido esta experiencia (¿cuál fue?) Peniel, que significa: “El rostro de Dios;” porque dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma.” Vean cómo Jacob y también Manoa dicen que vieron a Dios cara a cara; y hay otras personas que hablaron también que vieron a Dios cara a cara; y el mismo Dios le dice a Moisés o le dice a Aarón y a María o Miriam, que Dios hablaba con Moisés cara a cara como habla cualquier persona con su amigo o con otra persona; y en Deuteronomio también nos habla que no hubo ningún hombre, ningún varón el cual hablara con Dios cara a cara, o con el cual Dios hablara cara a cara, sino Moisés.

Y después, encontramos en San Juan, capítulo 1, verso 18, donde nos dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró, le ha dado a conocer.”

Y ahora, ¿cómo se entiende todo esto? ¿Habrá una contradicción en la Biblia? No, lo que vieron todos estos hombres de Dios en el Antiguo Testamento fue a Dios en Su Cuerpo angelical que es el Ángel del Pacto. Tan sencillo como eso.

Es igual que ustedes y yo, yo puedo decir: “Yo los estoy viendo a todos ustedes,” y ustedes pueden decir: “Yo le estoy viendo a usted,” pero luego podemos decir o yo les puedo decir: “Ustedes no me están viendo a mí, y yo no los estoy viendo a ustedes.” Y cualquier persona diría: “Pero, ¿cómo puede ser eso?” Es que lo que nos estamos viendo el uno al otro es el cuerpo físico, pero somos alma viviente y estamos dentro de estos cuerpos físicos de carne, habitando en esta Tierra y manifestándonos a través de estos cuerpos físicos. Tan sencillo como eso; ni siquiera podemos vernos el uno al otro el espíritu, que es otro cuerpo parecido al nuestro pero de otra dimensión, de la dimensión de los ángeles.

Así que, podemos ver entonces como se entiende lo que es dicho en la Escritura que a Dios nadie le vio jamás, a Dios el Padre nadie le vio jamás, pero vieron al Ángel del Pacto que es el Cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su Cuerpo angelical; por eso Cristo podía decir: “Antes que Abraham fuese, Yo soy.” Y podía decir: “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Recuerden que antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra le apareció Dios en forma visible a Abraham con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, y comieron con Abraham en el capítulo 17 y 18 del Génesis, antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Y ahora, ustedes pueden ver que hay un mundo invisible en donde hay personas llamados Ángeles mensajeros de Dios, hay personas, vamos a decir, hombres de otra dimensión: de la dimensión del Reino de Dios, de la dimensión llamado el Paraíso; pero también hay otras personas de otra dimensión: la quinta dimensión, llamada el reino de las tinieblas, que esos están dirigidos por Lucero o Lucifer o el diablo o Satanás, como le quieran llamar; y por eso es que está habiendo una guerra en el Cielo, en otra dimensión de los ejércitos de Dios en contra de los ejércitos del príncipe de las tinieblas, del diablo; luego esa guerra que ahí hay en el Cielo en otra dimensión se refleja en esta tierra en guerras y problemas, o sea, que desde otra dimensión, de otras dimensiones se influye en la vida de la raza humana.

Recuerden por ejemplo el caso del Ángel Gabriel que le apareció al profeta Daniel y le dijo que había estado peleando contra el príncipe de Persia y que nadie le ayudó sino *Miguel, el príncipe que está por el pueblo de Israel. El Arcángel Miguel es el Príncipe angelical del pueblo hebreo, el Ángel guardián del pueblo hebreo.

Ese Ángel le ayudó a Gabriel ha luchar, porque Gabriel está a cargo de esos cambios del reino de los gentiles, reino de los gentiles que está representado en al estatua que le fue mostrada al rey Nabucodonosor y que luego le fue interpretada por el profeta Daniel en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel; y eso fue una visión política que le fue dada a Nabucodonosor y Daniel se la interpretó, o sea, que ahí le mostró el mundo político del reino de los gentiles y sus diferentes etapas por las cuales pasarían; la cabeza de oro que representa al reino o imperio del rey Nabucodonosor, el pecho y los brazos de plata que representa el imperio Medo-Persa, el vientre y los muslos de bronce que representa el imperio de Grecia, las piernas de hierro que representa el imperio Romano, y los pies de hierro y de barro cocido que representa el reino de los gentiles en el tiempo final; y eso es desde la caída del imperio romano, de ahí en adelante estamos viviendo en los pies de hierro y de barro cocido.

Y es para el tiempo de los pies de hierro que se cumplió la primera Venida de Cristo, y fue el imperio romano el que crucificó a Cristo; y luego para el tiempo de los pies de hierro y de barro cocido está señalada la segunda Venida de Cristo como la Piedra no cortada de manos que con Su Venida, el reino de los gentiles va a dejar de existir, y Él, esa Piedra va a crecer y se va a formar un gran monte, o sea, un gran Reino que llenará toda la Tierra, ese es el Reino del Mesías.

Y ahora, esas son profecías políticas que van a influir, el cumplimiento de ellas en este mundo, en este planeta Tierra, y va a producir un cambio no solamente político, sino físico en el planeta Tierra.

Hemos estado viendo que están surgiendo muchos terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes, y así por el estilo en el planeta Tierra, y muchos problemas en cuanto al medio ambiente con el calentamiento global; todas esas cosas van a ocasionar un cambio muy grande en el planeta Tierra, y también una tercera guerra mundial que está profetizada en las Escrituras y que va a ocasionar un día ardiente como un horno en este planeta Tierra; y que va a ocasionar que la Tierra se enderece los grados que tiene de inclinación.

Ya con estos terremotos, el terremoto de Chile, la Tierra se enderezó unos grados o milésimas de grados, pero todos esos problemas que van a venir sobre la raza humana, y sobre todo una tercera guerra mundial atómica, va a ocasionar que se enderece el planeta Tierra; todo se va a preparar para el Reino del Mesías, en donde el Mesías traerá la paz para Israel, para Jerusalén la Capital donde estará el Trono del Mesías, y de ahí saldrá la paz para todas las naciones, para todo el Medio Oriente y para todas las demás naciones.

Para ese tiempo del Reino del Mesías se habrán terminado los problemas del medio ambiente, y también los problemas del Medio Oriente y los problemas de todas las naciones; porque el Mesías Príncipe establecerá Su Reino mundial, por eso es llamado un Imperio en Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7. Y la paz cubrirá todas las naciones, las armas de guerra serán convertidas en herramientas de trabajo.

Por lo tanto, todas las naciones anhelan la Venida del Mesías, que es el deseado de todas las naciones; porque ese es el que traerá la paz para la familia humana, y todos queremos la paz; porque no hay felicidad sin paz, y la familia humana quiere ser feliz; por eso vota en las elecciones por el que encuentra que es el mejor para ser presidente de su nación, y vota también por los gobernadores; porque vota por el mejor que la persona cree que será el gobernador del Estado de su País donde esta viviendo, y vota por el que cree que será el mejor alcalde para la ciudad donde está viviendo, pues todos queremos lo mejor para nuestra ciudad, para nuestro Estado y para nuestra Nación; porque así estamos mostrando que queremos lo mejor para nuestra familia.

Y ahora, ¿qué es lo mejor para cada uno de nosotros como individuos y para nuestra familia, para nuestra ciudad, para nuestro Estado, y para nuestra Nación, y para todas las naciones, para el planeta Tierra completo? Lo mejor es el Mesías, que es el Príncipe de la Paz y por consiguiente de la felicidad, de la prosperidad, y el que terminará con los problemas económicos, sociales, políticos, militares, todos esos problemas van a ser quitados.

Ahora, sabemos que antes del establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra, habrá un tiempo de tres años y medio llamado el fin del tiempo o fin del siglo o tiempo final, ese lapso de tiempo es llamado también como el tiempo de la gran tribulación, donde los juicios divinos van a caer sobre el planeta Tierra, lo cual está tipificado en aquel tiempo en donde los juicios divinos cayeron sobre Egipto en el tiempo en que Moisés estuvo en medio del pueblo hebreo hablándoles de la liberación que Dios había prometido a Abraham, en el capítulo 15, versos 12 al 19, cuando le habló a Abraham de que su simiente habitaría en tierra ajena y sería esclava allí por cuatrocientos años.

Pero, a los cuatrocientos años él los libertaría con mano poderosa y castigaría a la nación que los tendría cautivos; y a la cuarta generación regresarían a la tierra donde estaba Abraham, que vendría a ser la Tierra Prometida luego para el pueblo hebreo.

Y ahora, encontramos que para ese tiempo en que Dios estaba trayendo los juicios divinos sobre Egipto, tipo y figura de los juicios divinos que caerán sobre la raza humana en la gran tribulación; porque si usted busca en el libro del Apocalipsis, encontrará que esas plagas que caerán sobre la tierra en la gran tribulación, son las mismas que cayeron en Egipto en el tiempo del profeta Moisés, y para el tiempo final los ministerios de los dos Olivos, de Moisés y Elías, estarán sobre la tierra. Moisés anunciaba a los egipcios y también al pueblo hebreo lo que Dios iba a hacer, Moisés no hacía nada, era Dios el que iba a hacer esas cosas y Moisés era el televisor, el que veía el canal por el cual se llegaba a conocer lo que Dios iba a hacer.

Por lo tanto, Moisés no era culpable de esos problemas que vendrían sobre la raza humana, él solamente transmitía lo que desde el Trono de Dios salía con relación a lo que iba a suceder en Egipto; y gracias a Dios que Dios envió a Moisés, y por lo tanto los hebreos y los egipcios tenían una información completa de parte de Dios a través del profeta Moisés de las cosas que iban a suceder, de los problemas que iban a venir a Egipto. Por lo tanto, tenían la oportunidad de prevenir, y para eso tenían que aceptar el Programa Divino de la liberación del pueblo hebreo y dejarlos ir libres, como Dios le había dicho que le dijera Moisés a Faraón.

Y ahora, para el día diez del mes primero religioso, el mes religioso primero del pueblo hebreo: Abib o Nisán, Dios le dijo que el día diez de ese mes tomaran un cordero, un corderito ya sea de las ovejas o de las cabras y los guardaran por cuatro días, hasta el día catorce, y el día catorce lo sacrificarían y lo comerían asado cada uno con su familia en su hogar; y la sangre, colocarían la sangre sobre el dintel y los postes de sus hogares para la preservación de la vida de los primogénitos que estaban viviendo o del primogénito que estaba viviendo en esa casa; y la sangre sería la señal que Dios vería en la noche en que Dios pasaría por Egipto hiriendo a todos los primogénitos de Egipto; y cuando viera la sangre, esa señal, no entraría, pasaría de largo y no entraría a esos hogares, y por lo tanto no morirían los primogénitos que estaban en esos hogares.

El cordero pascual es tipo y figura, ¿de quién? Vamos a ver, que lo diga la misma Escritura para que tengamos el cuadro claro de lo que todo esto significa y de lo que fue allá algo literal, capítulo 5 de Primera de Corintios, versos 7 al 8, dice:

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.

Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.”

Y ahora, la pascua que había celebrado el pueblo hebreo allá en Egipto, luego cada año tenía que recordarla celebrando la pascua, en memoria de aquella pascua que había efectuado allá sacrificando un cordero pascual, lo cual era en memoria de aquella pascua que habían realizado en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos; y con la celebración que cada año efectuaban, estaba hablando de un evento histórico que se realizó en favor de los primogénitos del pueblo hebreo, y también estaba hablando proféticamente de una pascua que sería efectuada por el Cordero de Dios, el Mesías.

Por eso Juan el Bautista cuando vio a Jesús en el capítulo 1, versos 29 al 36, dijo:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Y ahora, el apóstol Pablo también concuerda al decir que nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros; por lo tanto lo que durante todos los años el pueblo hebreo conmemora, la pascua que lleva a cabo en el mes de Abib o Nisán, el primer mes del año judío- religioso, vean ustedes, se materializó luego con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, y ahora nuestra pascua es Cristo, el cual fue sacrificado por nosotros en la Cruz del Calvario;y Su Sangre aplicada en nuestra alma, en nuestro corazón como la señal para la preservación de la vida de los primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, la señal de la Sangre aplicada en el corazón de los creyentes, es el Espíritu Santo, esa es la señal que fue tipificada en la sangre que fue aplicada en el dintel y los postes de las puertas de los hogares hebreos.

Y ahora, a través de los diferentes tiempos etapas o edades del Cristianismo, la muerte espiritual ha estado matando millones de seres humanos que no han tenido la señal de la Sangre del Mesías; y la señal de la Sangre del Mesías es el Espíritu Santo en el corazón, en el alma de todos los creyentes en Cristo. Millones han muerto espiritualmente a través de estos dos mil años que han transcurrido, y morirán espiritualmente y están muriendo espiritualmente millones de seres humanos que no tienen la señal de la Sangre en sus corazones; y la señal de la Sangre es el Espíritu Santo, porque la Vida de la Sangre de Cristo es el Espíritu Santo, y durante el tiempo de la gran tribulación donde los juicios divinos caerán sobre la raza humana, millones de seres humanos que no tienen el Espíritu Santo, la señal de la Sangre de Cristo, morirán durante la gran tribulación.

También morirán con muerte física; porque en la gran tribulación millones de seres humanos van a morir, tanto con los terremotos, maremotos, tsunamis, volcanes en erupción… las potencias de primer mundo están muy adelantadas y tienen sus armamentos nucleares, y todo eso para una tercera guerra mundial, porque lo prepararon para un caso de una guerra mundial. ¿Y qué pondrá la América Latina? Pues lo que tienen son volcanes, por lo tanto ahí tienen volcanes para entrar en erupción y la ceniza volcánica caer sobre las naciones y la lava volcánica también caer, salir de los volcanes y renovarse el planeta Tierra.

Así que, vean ustedes las cosas que van a suceder. Recuerden que la Escritura en Hageo, capítulo 2, versos 5 al 7 y también el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 25 al 29, dice que escuchemos la Voz de Dios, la Voz de aquel que estremeció la Tierra, Hebreos… vamos a leerlo, capítulo 12, versos 25 en adelante, dice:

“Mira que no desechéis al que habla…

¿Y quién es el que habla? El Espíritu Santo habla desde el Cielo, habla la Palabra celestial para el ser humano, el Evangelio de Cristo de edad en edad, en y conforme al orden establecido para venir el mensaje para cada etapa o edad del Cristianismo.

“…Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.

La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.”

O sea, que no solamente la Tierra va a tener temblores de tierra, terremotos y todos estos problemas que ya estamos viendo que están muy avanzados, que se están repitiendo muy a menudo. Estos son dolores de parto, porque la Tierra va a dar a luz un nuevo mundo, una nueva tierra para el Reino del Mesías; son dolores de parto los que estamos sintiendo. Durante el tiempo ese de la gran tribulación, llamada la gran tribulación, en esos tres años y medio que es el fin del mundo o fin del tiempo, ahí es que va a dar a luz un nuevo mundo; y cuando terminen esos tres años y medio entonces tendremos un planeta renovado con un terreno fértil para la siembra y para el establecimiento del Reino del Mesías.

Ahora, veamos lo que sigue diciendo… y también los cielos van a ser conmovidos:

“Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas…”

Por ejemplo: las construcciones, los edificios, las casas, y todas las demás cosas que han sido hechas, construidas, todo lo que ha sido construido, todo eso es movible, todo eso puede ser quitado.

“…como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.”

¿Y qué son las inconmovibles? Vamos a ver:

“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible…”

El Reino de Cristo es inconmovible, pero los reinos de este mundo, los reinos o el reino de los gentiles es movible, ha pasado de edad en edad de etapa en etapa por diferentes tiempos; y ahora se encuentra en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, en la estatua que Dios le mostró al profeta Daniel y al rey Nabucodonosor, y es en esa etapa donde el reino de los gentiles va a dejar de existir. ¿Y qué va a pasar entonces? Vamos a ver lo que nos dice Apocalipsis, capítulo 11 sobre lo que va a suceder; capítulo 11, versos 15 en adelante, dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”

Y ahora, los reinos del mundo van a pasar a ser de Jesucristo, todos los reinos del mundo van a venir a ser o van a ser pertenecientes del Reino del Mesías, van a formar ese imperio del Mesías, la Capital estará en la tierra de Israel, será Jerusalén; y el Reino del Mesías es el Reino de Dios terrenal, el cual será la restauración del Reino de David, y por eso el Mesías es llamado el Hijo de David, el heredero al Trono de David; y por consiguiente el heredero al Reino mundial del Mesías. Ahora, sigue diciendo:

“Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos (esos veinticuatro ancianos son los doce patriarcas hijos de Jacob, y los doce apóstoles del Señor), se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.”

Los que han estado afectando al planeta Tierra, afectando al medio ambiente, han estado destruyendo la Tierra, y por consiguiente aquí dice que Dios va a destruir a los que destruyen la Tierra.

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

Y aquí viene un terremoto muy grande que estremecerá el mundo entero; cuando se habla de relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo, se está hablando del juicio divino que vendrá sobre la raza humana.

Y ahora, todo eso sale del Trono de Dios, porque para ese tiempo Cristo, el cual es el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, haciendo Intercesión con Su propia Sangre por todos aquellos que lo reciben como su único y suficiente Salvador, los cuales tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida en el Cielo, ya habrán sido redimidos con la Sangre de Cristo, ya habrá hecho Intercesión por ellos Cristo, ya se habrá completado Su Iglesia, y luego Cristo sale del Trono del Padre y se convierte en el Rey de reyes y Señor de señores, en el León de la Tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Por lo tanto, habrá un cambio muy grande en el Cielo y por consiguiente habrá un cambio de dispensación y de trato de Dios con la humanidad.

Y ahora, todo eso va a estar siendo proclamado en el Evangelio del Reino, Evangelio con el cual viene un Ángel, un mensajero con el Evangelio eterno, el Evangelio del Reino para predicarlo a los moradores de la Tierra, o sea, un mensajero que vendrá predicando el Evangelio del Reino, el Evangelio eterno. Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7 y San Mateo, capítulo 24, verso 14, el mismo Cristo dice:

“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.”

La predicación del Evangelio del Reino por medio y a través de un mensajero dispensacional que está prometido en Apocalipsis, capitulo 14, verso 6 al 7, será la señal más grande que la humanidad tendrá de que el fin del mundo está cerca; y cuando se dice el fin del mundo o fin de todas las cosas, se está hablando del fin del reino de los gentiles, del fin de los sistemas políticos y de todos los sistemas que tienen las naciones, para venir el Reino del Mesías y establecer la forma de gobierno divina para la humanidad.

O sea, no es que se van a desaparecer los seres humanos, van a morir muchísimos millones, pero van a quedar muchos también en la Tierra, y los creyentes en Cristo que murieron van a ser resucitados en cuerpos eternos, y los que estén vivos van a ser transformados, y van a ser inmortales y jóvenes para toda la eternidad; porque esas personas tienen la señal de la Sangre en sus corazones, o sea, tienen el Espíritu Santo, tienen la señal y por consiguiente ellos no pasarán por ese tiempo del juicio divino de la gran tribulación, serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo; fiesta a la cual todos desean asistir.

Apocalipsis 19, versos 9 al 10, dice que “son bienaventurados los que son convidados, invitados a la Cena de las Bodas del Cordero.” Y yo soy uno de ellos. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Y si usted todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos recibirlo, porque la invitación para ir a la Cena de las Bodas del Cordero está hecha, está hecha a través del Evangelio de Cristo para que toda persona pueda recibirlo como único y suficiente Salvador y ser parte del grupo que irá a la Cena de las Bodas del Cordero, para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted en estos momentos, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en usted el nuevo nacimiento, y así entre al Reino de Dios y tenga asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Recuerden que Cristo dijo: “¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino, y los que están en otras naciones conectados con esta actividad y esta transmisión a través del satélite Amazonas y de internet, también pueden venir a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho; y los que lo habían recibido y se apartaron de Cristo, pueden venir a los Pies de Cristo para ser reconciliados con Cristo.

Estamos viviendo ya al final del reino de los gentiles y en la etapa para la introducción del Reino del Mesías, la etapa para la introducción del Reino milenial. Cuando Cristo salga del Trono del Padre ya no habrá oportunidad para las personas venir a los Pies de Cristo, ya no habrá oportunidad de Salvación, ya el que está sucio no habrá Sangre para limpiarlo de todo pecado.

Estamos en un tiempo muy importante, en donde estamos viendo todas las señales que Cristo dijo que estarían aconteciendo, siendo vistas, y de las cuales Cristo dijo que cuando veamos acontecer estas cosas, levantemos nuestras cabezas, dijo que levantemos nuestras cabezas, porque nuestra redención está cerca (San Lucas, capítulo 21, versos 25 al 29).

El mismo Cristo dijo también en San Lucas, capítulo 18, verso 8: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la Tierra?” Estamos viviendo en un tiempo como dijo Cristo que sería el tiempo final. Él dijo que “como fue en los días de Noé, en donde comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será la Venida del Hijo del Hombre,” así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará, y “como fue en los días de Lot que comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, así será el día en que el Hijo del Hombre Se manifestará, Se revelerá” [San Lucas 17:26-30], así será la Venida del Hijo del Hombre, así será el tiempo, así estará la humanidad como en los días de Noé y como en los días de Lot.

En los días de Noé fueron destruidos con el diluvio y en los días de Lot fueron destruidos los de Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas, con fuego y azufre del Cielo; y por consiguiente a todo eso que aconteció allá en los días de Noé y en los días de Lot, son tipo y figura de las cosas que sucederán en este tiempo; porque la humanidad está como en los días de Noé y como en los días de Lot. Y en los días de Noé hubo un profeta dispensacional llamado Noé que parecía que estaba loco, construyendo un arca en un tiempo que no llovía; pero no estaba loco, Dios le había hablado y estaba construyendo el lugar donde él, su familia y muchos animales, reptiles y aves se iban a salvar.

Y en los días de Lot dos Ángeles: Gabriel y Miguel fueron adonde Lot y le dijeron: “Hemos venido para destruir esta ciudad, destruir a Sodoma y destruir a Gomorra también y las ciudades cercanas.” Recuerden que esos Ángeles son los Ángeles que tienen ejércitos celestiales grandes y que cumplen las órdenes divinas, traen bendición o traen juicio a individuos, ciudades, naciones y también al mundo entero.

Estamos en un tiempo muy importante, tenemos que saber, conocer por las Escrituras el tiempo que nos ha tocado vivir, y aunque este tiempo tiene tantos problemas, las naciones y los individuos, con todo y eso es el tiempo más glorioso para el ser humano.

Si Dios me hubiera dicho: “¿En qué tiempo quieres ir a vivir a la Tierra?” Yo le diría: “En el tiempo final,” en este mismo tiempo en el cual estoy viviendo; porque este es el tiempo más glorioso de todos los tiempos. En el tiempo de los apóstoles, en el tiempo de la Iglesia primitiva, vean, se los echaban a los leones, o los crucificaban o los quemaban y así por el estilo, y eso fue por muchos años. En este tiempo nos ha tocado el tiempo más glorioso, y el tiempo en que la ciencia ha crecido, se ha multiplicado; y ahora si queremos hablar con una persona amiga o familiar nuestro que esté en otra ciudad, tomamos el teléfono y hablamos, y hasta nos vemos el uno al otro a través de la cámara que traen algunos teléfonos, o por la computadora, y aun si está por China, también nos podemos ver en la misma forma que nos vemos si está alguna ciudad cercana.

O sea, que no hay limitaciones en las comunicaciones, no hay limitaciones para nosotros: lo que se habla, se graba y se vuelve a escuchar, y también queda impreso en libros para leer. En aquellos tiempos pasados de los apóstoles, para el apóstol Pablo comunicarse con una Iglesia en Asia Menor tenía que hacer una carta y enviarla con alguna persona o ir en un viaje de algunos días, pero ahora en un avión uno va y viene en poco tiempo.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Cali, y los está llamando, y el Reino de Cristo se está llenando de caleños, de gente alegre, de gente que despierta a la realidad del Programa Divino, se está llenando de colombianos el Reino de Cristo y eso está bueno. El sueño del que sabe que Dios existe, el sueño mayor no es ir a otra nación para conseguir un mejor trabajo y un mejor modo de vida para su familia, el sueño es el Reino de Cristo, en donde él y su familia vivirán eternamente en paz, en prosperidad, y serán felices; la felicidad de la familia está en el Reino de Cristo. La Escritura dice: “Yo pongo delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición.” Y Dios dice: “Escoge la vida, para que vivas tú y tu familia.”

Por lo tanto, escoger la vida bajo el nuevo Pacto, es escoger a Cristo el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por Mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6) Y lo de… Deuteronomio, capítulo… vamos a darle la cita bíblica de Deuteronomio, para que la tengan, donde Dios dice que coloca la vida y la muerte; capítulo 30 de Deuteronomio, versos 19 al 20, y también capítulo 30, verso 15 nos habla de lo mismo.

El ser humano tiene libre albedrío, porque Dios lo hizo a Su imagen y semejanza, y Dios tiene libre albedrío, nadie le tiene que decir a Dios lo que Él va a hacer, Dios tiene un Programa; y el ser humano por cuanto tiene libre albedrío se le da a conocer el Evangelio de Cristo y se le da la oportunidad y libertad para que escoja a Cristo o lo rechace; por eso Cristo cuando mandó a predicar el Evangelio, dice en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

¿Ve? El ser humano tiene libre albedrío porque fue hecho, creado por Dios a Su imagen y semejanza; y por consiguiente cada individuo tiene la responsabilidad de (al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo) escoger la vida o la muerte, recibir a Cristo como Salvador o no recibirlo; la responsabilidad es de cada individuo. La mía es darles a conocer el Evangelio de Cristo, la oportunidad que tiene cada ser humano de vivir eternamente en el Reino de Dios por medio de Cristo al recibirlo como único y suficiente Salvador; pero la elección, la decisión la hace la persona; Dios recomienda que escoja la vida y yo recomiendo que escojan la vida, a Cristo. Cristo es el camino, la verdad y la vida, “y nadie viene al Padre, sino por mí,” dice Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6.

Y también le dice a Marta, la hermana de Lázaro cuando fue a resucitar a Lázaro, le dice: “Tu hermano resucitará.” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero,” porque el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, y va a ser la resurrección de todos los creyentes en Cristo que han muerto, en el Día Postrero, pero Cristo va a resucitar a Lázaro como tipo y figura, como ejemplo de lo que Él va a hacer con todos los creyentes en Cristo que han muerto en diferentes tiempos. Y Cristo le dice: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente, ¿crees esto?” Marta le dice: “Sí Señor.” Y nosotros decimos: “Sí Señor, también nosotros lo creemos.”

Es un asunto de creer en Cristo para obtener la Vida eterna, miren… eso fue San Juan, capítulo 11, verso 21 al 27, y en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30 Cristo dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen; y yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.” Se predica el Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo llamando a Sus ovejas, y el que es de Dios (las ovejas del Señor) oyen Su Voz, oyen el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra Salvación y lo siguen, lo reciben como Salvador, y Cristo les da Vida eterna; es para recibir la Vida eterna que se predica el Evangelio y se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.

Todavía vienen más personas de camino que como ustedes quieren entrar al Reino de Cristo para vivir eternamente, y por eso estamos dando unos segundos en lo que llegan los que faltan por venir. Cristo dijo en San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Mas al que me negare delante de los hombres, Yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” Nadie quiere que Cristo lo niegue delante del Padre celestial, todos queremos que Cristo nos confiese delante de nuestro Padre celestial como creyentes en Cristo, personas que hemos creído en Cristo y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador. También nos dice San Juan, capítulo 3, verso 16:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Esa es la forma en que se recibe la Vida eterna de parte de Dios por medio de Jesucristo, creyendo en Él y recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, vamos a estar puestos en pie, los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, vamos a estar todos puestos en pie los que están en otras naciones también.

Si falta alguna persona por venir a los Pies de Cristo, puede venir. Recuerden que estamos en un tiempo muy importante en donde estamos viendo todas las señales que Cristo dijo que estarían siendo manifestadas, que indicarían el tiempo para la Venida del Señor y también para la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, y para la transformación de los vivos creyentes en Cristo, para el arrebatamiento de la Iglesia también, y también para la gran tribulación.

Todos esos terremotos que ocurren y réplicas de esos terremotos, y maremotos, y volcanes en erupción, y las guerras y los rumores de guerras, y hambruna sobre la Tierra, y enfermedades, y guerras y demás problemas, y problemas en el medio ambiente, calentamiento global y otros problemas, todo eso es lo que Cristo dijo que vendría sobre la raza humana; estaría manifestándose todo ese problema global, y esas serán señales que indican que estamos en el tiempo para la Venida del Señor y para el arrebatamiento de la Iglesia, y también para la gran tribulación.

Por lo tanto, tenemos que escoger la parte buena en medio de la situación en que está viviendo la humanidad, y la parte buena es Cristo. Cristo dijo: “Yo soy el Pan de Vida, y el que come de este pan vivirá eternamente,” o sea, el que cree en Cristo. Creer en Cristo es comer el Pan de Vida.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo y nuestros ojos cerrados los que están presentes y los que están en otras naciones, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego, en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma y han dado testimonio público de vuestra fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón, por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Jesucristo, el cual ordenó el bautismo en agua para todos los que creen en Él, Él mismo fue bautizado por Juan el Bautista. Cuando Juan bautizaba en el Jordán y predicaba, Jesucristo llegó al Jordán para ser bautizado por Juan, y Juan le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y si a Cristo Jesús le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más nosotros.

El bautismo en agua es topológico, el agua del bautismo en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo o tipología del bautismo en agua para todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo en el bautismo en agua. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, con ustedes que están presentes y con los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Ustedes que han recibido a Cristo en otras naciones, también pueden ser bautizados en agua en estos momentos. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y también nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, dejo en estos momentos al reverendo, doctor Mauricio Vivas con ustedes, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

“LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO, LA ÚNICA SEÑAL DE ESCAPE.”

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