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Jesucristo el único fundamento de la obra de Dios
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Jesucristo el único fundamento de la obra de Dios

Muy buenos días, Miguel y todos ustedes amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también el respaldo que le están dando a la obra misionera y evangelística todos ustedes junto a vuestros ministros y también junto al reverendo Miguel Bermúdez Marín, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Ya para el mes de junio, a principios del mes de junio estaremos en la “Conferencia Jerusalén 2010,” en Jerusalén, y todos los que van a estar allí, les esperamos y esperamos que disfruten la estadía que tendrán allí.

Para esta ocasión leemos un pasaje muy importante en San Lucas, capítulo 19, versos 28 en adelante, 28 al 44, ya que hoy se conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, dice… y ya hoy comienza la Semana Santa, la Semana Mayor, dice:

“Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén.

Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos,

diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo.

Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.

Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.

Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?

Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.

Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima.

Y a su paso tendían sus mantos por el camino.

Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,

diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!

Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.

El, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían.

Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,

diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,

y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Por cuanto Cristo es el único fundamento de la Obra de Dios, vemos en esta ocasión en que se celebra la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén dos mil años atrás, vemos la entrada triunfal de Jesús, el Rey de Jerusalén y el Rey de los hebreos.

Y ahora, esta entrada triunfal estaba prometida en Zacarías, capítulo 9, verso 9, y veamos cómo dice… recuerden que los negocios del Padre para Jesús era cumplir lo que estaba prometido que el Mesías haría en Su primera Venida, y eso sería la Obra de Dios para aquel tiempo, y creer en Jesús era hacer la Obra de Dios. Dice el capítulo 9, verso 9 de Zacarías:

“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”

Por lo tanto, Jesús para su entrada triunfal a Jerusalén, no podía mandar a buscar un caballo o un camello, porque la profecía decía que su Rey vendría sobre un pollino hijo de asna. Jesús conocía esa profecía, y Él vino para cumplir las profecías correspondientes a la primera Venida del Mesías.

La Venida del Mesías tiene dos partes. En aquellos tiempos no se comprendía que la Venida del Mesías tenía dos partes: la primera parte para morir en Sacrificio vivo por el pecado del pueblo, pues Él tomaría los pecados del pueblo y moriría por el pueblo; moriría como Cordero, pondría Su vida en Expiación por el pecado como dice Isaías, capítulo 53 y también el libro del profeta Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27.

Por lo tanto, siendo que Jesús conocía las Escrituras, las profecías correspondientes al tiempo en que Él estaba viviendo en la Tierra, Él llevaba a cabo el cumplimiento de esas profecías.

O sea, que Él estaba consciente de lo que Él estaba haciendo, aunque Sus discípulos no comprendían esas cosas, pero Jesucristo sí las comprendía; aun Jesucristo dice: “Si conocieses a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz.”

Lo que Cristo llevaría a cabo muriendo como el Sacrificio vivo de la Expiación, sería para la paz de Jerusalén, de todo Israel y de todos los creyentes en Cristo, por lo tanto, esto era un misterio que no conocían los ciudadanos de Israel, no conocían los habitantes de Jerusalén y aun los mismos discípulos del Señor Jesucristo no comprendían lo que estaba sucediendo.

Pero algo sí comprendieron, y era que tenían que estar clamando: “Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor.” Pues ellos pensaban que Cristo estaba llegando a Jerusalén para tomar el Reino, sentarse sobre el Trono de David y por consiguiente ser proclamado como Rey y tomar el Reino, y destruir a los romanos que estaban gobernando sobre el pueblo hebreo.

O sea, que ellos tenían una interpretación acerca de lo que sería la Venida del Mesías y lo que haría el Mesías en Su Venida, pero no comprendían que la Venida del Mesías tenía dos partes: la primera parte como Cordero para morir en Sacrificio de Expiación, por eso cuando Juan el Bautista ve a Jesús en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, dice: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Juan sabía que el Mesías moriría en Expiación por el pecado del ser humano, para así quitar el pecado del mundo.

Ahora, este personaje tan singular que apareció hace dos mil años en la Tierra de Israel llamado Jesús para los cristianos y Yeshua para los judíos que vivían en su tiempo, ¿quién en realidad era ese personaje?

Unos pensaban una cosa acerca de Jesús, y otros pensaban otras cosas. Veamos lo que nos dice el evangelio según San Mateo, capítulo *16, verso 13 en adelante, 13 al 20:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.”

Esa era la idea que tenían acerca de quién era Jesús. Y ahora, Jesucristo quiere saber cuál es la idea o el pensar que tienen Sus discípulos acerca de quién Él es:

“El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Esa misma pregunta, de seguro va a estar en la mente y en el corazón de todas las personas que estarán viendo en el Día Postrero, la Venida del Señor en la segunda parte de la Venida del Señor como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

O sea, que estarán viendo la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, estarán viendo la Venida del Hijo del Hombre con los dos Olivos, con los ministerios de Moisés y Elías:

“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”

El Cristo es el ungido, el Mesías, el Hijo del Hombre, o sea, el Profeta. “¿Quién dicen los hombres que es el Profeta, el Hijo del Hombre?” Y Pedro dice: “Tú, tú eres el Cristo (o sea, Tú eres el ungido).” En San Lucas, capítulo 4, verso 11 en adelante el mismo Cristo había dicho: “El Espíritu del Señor está sobre mi, por cuanto me ha ungido,” y comenzó a explicar para qué había sido ungido, lo cual estaba ya dicho en Isaías, capítulo 61, verso 1.

Y cuando llegó a la Escritura que dice: “Para predicar el año de la buena voluntad del Señor,” ahí se detuvo. Ese pasaje continuaba diciendo: “Y el día de venganza del Dios nuestro.” el Mesías en Su primera Venida sería conocido, el Hijo del Hombre como el ungido, como el Mesías. Recuerden que Mesías o ungido significa: “Mesías,” o sea, Cristo, el Cristo.

Y ahora, para el Día Postrero tenemos la promesa que el Hijo del Hombre vendrá, y vamos a tener que tener la revelación de quién es el Hijo del Hombre en el Día Postrero, para así poder tener fe en la Venida del Hijo del Hombre; pues en San Lucas, capítulo 18, verso 8 Cristo hace una pregunta muy importante, y dice… o pregunta: “Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la Tierra?”

O sea, ¿hallará esa misma fe, esa misma revelación que halló en el apóstol Pedro? ¿Reconocerán, comprenderán que el Hijo del Hombre viniendo en el Día Postrero será el ungido, el Cristo, el Mesías? ¿Y lo reconocerán, lo verán como Hijo de David, como Rey de reyes y Señor de señores para llevar a cabo Su Obra de Reclamo?

Allá llevó la Obra de Redención a cabo en la Cruz del Calvario. Y ahora, continuamos aquí este pasaje en donde Pedro le dice a Jesús:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

Así como fue una revelación divina, una revelación del Cielo saber quién era Jesús, quién era el Hijo del Hombre, quién era aquel profeta que estaba en medio del pueblo hebreo, así también será en el Día Postrero; se va a requerir conocer, saber quién será el Hijo del Hombre en Su Venida en el Día Postrero.

Y recuerden que Hijo del Hombre es un título de Profeta, fue usado por Daniel, por Ezequiel, por Jeremías y otros profetas. Recuerden también que Moisés le dijo al pueblo hebreo, por cuanto Dios se lo dijo a Moisés en el capítulo 18, verso 15 al 18:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”

Y sigue explicando Moisés que Dios dijo:

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

En el Día Postrero la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, será el misterio más grande de todos los misterios divinos; es el misterio contenido en el séptimo Sello por el cual hubo silencio en el Cielo cuando fue abierto en el capítulo 8 del libro del Apocalipsis.

Por lo tanto, ese es el misterio que al ser abierto le dará la fe a los escogidos para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por eso es tan importante estar al tanto de las profecías bíblicas tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento, relacionadas a la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero. O sea, la segunda Venida de Cristo para el Cristianismo.

Y ahora, encontramos que en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén no le reconocieron los ciudadanos de Jerusalén, aunque que los iban con Jesús, Sus discípulos, sí le reconocían como el Mesías, como el ungido, como el Rey de Israel. Pero Dios trata con el pueblo hebreo como nación.

Y ahora, encontramos en San Lucas, capítulo 19 que Él dijo que estaba encubierto de los ojos del pueblo, todo eso que estaba pasando que se estaba cumpliendo conforme a las Escrituras, estaba encubierto de los ojos del pueblo lo que era para la paz de Jerusalén y de todo el pueblo hebreo.

Era necesario que el Mesías fuera crucificado. En Daniel, capítulo 9, verso 31 al 27 dice que la vida al Mesías le sería quitada después de las sesenta y dos semanas, y en Isaías, capítulo 53 dice que pondría Su vida en Expiación por el pecado. Y cuando un animalito es colocado en expiación por el pecado, es sacrificado. Todo eso estaba en los tipos y figuras en estas profecías del Antiguo Testamento o antiguo pacto.

Y ahora, nos habla el mismo Jesucristo de algo que no se cumplió en aquel tiempo y que se va a cumplir en este tiempo final, y está en el capítulo 23, verso 37 al 39 de San Mateo; y en el capítulo 21 fue que Él tuvo la entrada triunfal a Jerusalén. Y ahora dice:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!

He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.”

Esto no se cumplió en los días de Jesús, solamente se cumplió Su entrada triunfal pero ahora dice:

“…y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.”

Y Jerusalén nunca dijo eso en los días de Jesús, fueron solamente los discípulos del Señor Jesucristo los que creían en Él, los que le estaban acompañando en la entrada triunfal y estaban proclamando: “Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor.”

Pero la ciudad de Jerusalén con sus líderes políticos y religiosos no dijo o no dijeron: “Bendito el que viene en el Nombre del Señor, hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor, bendito el Reino de David que viene,” eso no lo dijo Jerusalén, eso no lo dijo la ciudad representada en el concilio del sanedrín y el sumo sacerdote como cabeza y demás líderes políticos.

Eso será en el Día Postrero en la segunda parte de la Venida del Señor. En palabras más claras, eso no fue para aquel tiempo, es una profecía dada por Cristo para el Día Postrero, para la segunda parte de la Venida del Señor en donde Él vendrá, el Mesías vendrá como Rey de reyes y Señor de señores, vendrá como Hijo de David para el pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Por esa causa es que el pueblo hebreo está esperando la Venida del Mesías, para darle esta bienvenida; y estamos en el Día Postrero en que esta profecía va a ser cumplida, pues Cristo mismo dijo: “Porque os digo que desde ahora no me veréis hasta que digáis: bendito el que viene en el Nombre del Señor.”

Todo esto se va a llevar a cabo conforme a la profecía y así como Jesús conocía cuáles eran los preparativos que Él tenía que hacer con Sus discípulos, con los creyentes en Él para su entrada triunfal a Jerusalén y para cumplir la Obra de Redención, de Expiación en la Cruz del Calvario, el Hijo del Hombre en el Día Postrero va a saber lo que tiene que hacer: va a conocer el Programa Divino y va a hacer de acuerdo a ese Programa Divino, y con él estarán juntamente todos los que lo habrán recibido y que serán parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, vean ustedes que dos mil años atrás Él entró a Jerusalén con los que creían en Él: Sus seguidores, Sus discípulos, líderes de los que creían en Jesucristo, en el Hijo del Hombre como el Mesías.

Y ahora, podemos ver que aquello fue una obra del Hijo del Hombre con Sus discípulos la que se llevó a cabo allí, pues cuando hubo que buscar ciertas cosas Jesús mandó a Sus discípulos a hacerlo, cuando también Él tenía que tomar o comer la pascua con Sus discípulos, la última pascua, en donde aquello que era una conmemoración de lo que había sucedido en Egipto para la liberación del pueblo hebreo y que Dios le ordenó que todos los años llevaran a cabo esa conmemoración, o sea, en memoria de lo que había sucedido en Egipto.

Era una fiesta: la fiesta de la pascua, era un memorial de un evento histórico ya ocurrido en medio del pueblo hebreo cuando estaba en Egipto, y también era una fiesta profética porque estaba juntando a la Obra de Redención que llevaría a cabo el Mesías para la preservación de la vida de todos los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, las fiestas hebreas contienen el secreto en esas fiestas, de la obra divina que sería llevaba a cabo hasta al Reino del Mesías y todo lo que en el Reino del Mesías ha de acontecer. Por eso es que la primera fiesta señala al Mesías como Cordero de Dios muriendo para la preservación de la vida de los primogénitos; así como el cordero pascual que el pueblo hebreo sacrificó cada familia, sacrificó un cordero pascual y la sangre fue aplicada sobre el dintel y los postes de los hogares hebreos para la preservación de los primogénitos.

Era la única forma en que los primogénitos preservarían la vida, porque durante la noche de la pascua Dios visitaría a Egipto, y todos los primogénitos comenzando desde el hijo del faraón, morirían; pero los primogénitos en los hogares en donde estaría la sangre del cordero aplicada, no morirían.

Durante estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá, millones de seres humanos han estado muriendo espiritualmente, porque la muerte ha estado rondando el planeta Tierra; pero los que tienen la Sangre de Cristo, el Cordero, aplicada en sus corazones, han preservado la vida, es para la preservación de la Vida eterna que la Sangre de Cristo ha sido aplicada por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes en Cristo; y la casa donde está esa Sangre aplicada es la Iglesia del Señor Jesucristo. Tan sencillo como eso.

Y ahora, tenemos también ese lapso de tiempo de dos mil años donde se ha estado comiendo los panes sin levadura, la Palabra pura de Dios sin añadiduras humanas; luego también tenemos en este mismo capítulo 23 del Levítico, la fiesta de las primicias que tipifica a Cristo resucitado y presentado ante Dios.

Y si la fiesta de la gavilla que sería mecida delante de Dios como primicia, es aceptado delante de Dios, luego todos los demás hijos e hijas de Dios serán aceptados.

Así que, esa fiesta también Cristo la cumplió dos mil años atrás. Él fue esa gavilla mecida ante Dios, y desde el día en que la gavilla es mecida delante de Dios, se cuentan cuarenta y nueve días, y después… o sea, siete semanas de días, y luego viene el día 50, y 50 es pentecostés; y luego vino el Día de Pentecostés donde fueron recibidos en el Reino de Dios ciento 120 personas que recibieron el Espíritu Santo y ahí comenzó una cosecha de almas para el Reino de Cristo, ahí comenzaron a entrar y ser presentados ante Dios, todos esos hijos e hijas de Dios que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero. Y todavía el Cristianismo está bajo la fiesta de pentecostés.

Y ahora, hemos visto esas cuatro fiestas, las cuales se han cumplido y la última de las cuatro: la fiesta de pentecostés la cual se cumplió el Día Postrero allá, ha estado produciendo mucho beneficio para los seres humanos.

Las otras tres fiestas restantes, que son la fiesta de las trompetas, que es la quinta fiesta; la otra, la sexta fiesta: la fiesta de la expiación o día del perdón para Israel, y luego la fiesta de las cabañas o de los tabernáculos, la cual se cumplirá en el Reino Milenial del Mesías.

Ahora, Israel tendrá la fiesta de las trompetas, que será la misma gran trompeta que se suena o se toca en Isaías, capítulo 27, versos 12 al 13. Y con gran trompeta está prometido que van a ser llamados o recogidos, dice capítulo 27, verso 13 de Isaías:

“Acontecerá también en aquel día, que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén.”

O sea, que regresarán para tierra santa para adorar a Dios en Jerusalén, pues en las fiestas hebreas el pueblo se presentaba tres veces al año delante de Dios en Jerusalén.

Y ahora, esta Gran Voz de Trompeta es la fiesta de las trompetas que va a ser cumplida al pueblo hebreo, y luego la expiación por el pueblo hebreo, la expiación que está prometida para el pueblo hebreo, la cual no vieron, se llevó a cabo; pero en el Día Postrero van a entender, van a comprender. Y luego la séptima fiesta: la fiesta de los tabernáculos o fiesta de las cabañas en donde una vez al año irán a Jerusalén adorar a Dios, no solamente los hebreos, sino todas las naciones.

Y si no caben tantas personas allí, los líderes de las diferentes naciones estarán allí, los reyes estarán allí adorando en representación del pueblo, de la nación que representan. Ahí podemos ver que faltan esas para el pueblo hebreo, esas fiestas. Muchos piensan que las primeras cuatro fiestas las cumplió Cristo, el Mesías, Cristo en Su primera Venida, y las otras tres fiestas las cumplirá el Mesías en el Día Postrero. O sea, la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles cumplirá la fiesta de las trompetas, la fiesta de la expiación y la fiesta de las cabañas; habrá un lapso de tiempo para realizarse el cumplimiento de cada una de ellas.

En Zacarías, capítulo 12 nos da luz acerca de estas fiestas; por ejemplo, dice el capítulo 12 de Zacarías, verso 8 en adelante, dice:

“En aquel día Jehová defenderá al morador de Jerusalén; el que entre ellos fuere débil, en aquel tiempo será como David; y la casa de David como Dios, como el ángel de Jehová delante de ellos.

Y en aquel día yo procuraré destruir a todas las naciones que vinieren contra Jerusalén (ahora miren la sentencia que hay para todas las naciones que vengan contra Jerusalén).

Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.

En aquel día habrá gran llanto en Jerusalén, como el llanto de Hadad-rimón en el valle de Meguido.

Y la tierra lamentará, cada linaje aparte; los descendientes de la casa de David por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de la casa de Natán por sí, y sus mujeres por sí;

los descendientes de la casa de Leví por sí, y sus mujeres por sí; los descendientes de Simei por sí, y sus mujeres por sí;

todos los otros linajes, cada uno por sí, y sus mujeres por sí.”

Ahí podemos ver lo que va a suceder en medio del pueblo hebreo, será el momento en que buscarán a Dios arrepentidos y entonces se efectuará la redención para Israel como nación. Israel está esperando su redención.

Y ahora, podemos ver lo que será la fiesta de la expiación para ellos siendo cumplida en el Día Postrero. Recuerden que Dios trata con Israel como nación, con los gentiles trata como individuos.

Y ahora, es en el cumplimiento de la fiesta de las trompetas y la fiesta de la expiación, en que ellos verán al Hijo del Hombre viniendo con poder y gloria en Su Reino con Sus Ángeles, con los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, y dirán: “Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor.” O sea, vamos a leerlo aquí como lo dijo Jesús:

“Y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.”

Así como el Hijo del Hombre dos mil años atrás dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre,” así también el Hijo del Hombre en el Día Postrero vendrá en el Nombre del Padre, en el Nombre de Dios, pues ahí está en la Escritura, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 10, y Apocalipsis, capítulo 2, verso 17; y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 nos habla del Trono del Mesías. Esas Escrituras estarán siendo cumplidas en ese momento en que Israel dirá: “Bendito el que viene en el Nombre del Señor.”

Por lo tanto, la entrada triunfal allá es tipo y figura de la entrada triunfal de Cristo, del Hijo del Hombre, del Cristo, el Mesías a Jerusalén en el Día Postrero y para el Día Postrero. Va a ser un momento muy grande, muy glorioso en medio del pueblo hebreo.

Ahí van a ver la Venida del Mesías, la venida del ungido, la Venida del Cristo, la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre, la venida del profeta como Moisés con los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados. Tan sencillo como eso será el cumplimiento de este evento en el Día Postrero.

Cristo es el fundamento de la Obra de Dios de todos los tiempos, porque el Cristo es nada menos que el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todas las cosas. Por eso cuando Dios habla por medio del profeta Moisés en el Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él (¿dónde está el Nombre de Dios? En el Ángel, el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios).

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti…”

Y ahora, hemos visto que es en el Ángel de Dios que está el Nombre de Dios, porque el Ángel de Dios es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios, el cual también es llamado el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.

Por esa causa Dios por medio del profeta Malaquías, cuando anuncia la Venida del Mesías nos muestra que será la Venida de Dios, la Venida del Señor a quien el pueblo hebreo busca, y la venida del Ángel del Pacto a quien desea el pueblo hebreo. Leamos capítulo 3, verso 1 de Malaquías:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí.”

Ese fue Juan el Bautista precursor de la primera Venida de Cristo, y para la segunda Venida de Cristo habrá otro precursor, el cual ya vino en medio del Cristianismo, en medio de la Iglesia del nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo; ese mensajero que vino preparándole el camino al Señor en medio del Cristianismo, para que el Cristianismo le dé la bienvenida al Hijo del Hombre en Su Venida con Sus Ángeles. Ese precursor fue el reverendo William Branham para los que lo quieran recibir.

Él fue aquel Elías que vendría delante del Señor preparando al pueblo para la segunda Venida de Cristo, él fue aquella gran Voz o aquella Voz que a medianoche clamó, y a medianoche se oyó un clamor, diciendo: “He aquí el Esposo viene, salid a recibirle.” (San Mateo, capítulo 25, versos 10 al 13).

Y dice que hubo diez vírgenes, cinco prudentes y cinco insensatas pues no tenían aceite en sus lámparas, y mientras fueron a comprar aceite vino el Esposo y las que estaban preparadas entraron con Él a las bodas y se cerró la puerta.

O sea, recibieron al Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles en el Día Postrero, y por consiguiente estaban en pie delante del Hijo del Hombre y fueron tenidas por dignas de evitar los juicios divinos de la gran tribulación que vendrán sobre el planeta Tierra. De eso es que se trata San Lucas, capítulo 21, versos 34 al 36; y por eso es que la Escritura nos dice, el Señor dice que “por cuanto no sabéis cuándo el Hijo del Hombre ha de venir, estemos vigilando, velando.”

Tenemos que saber qué cosas están profetizadas que el Hijo del Hombre ha de hacer en Su Venida con Sus Ángeles, porque Él estará ocupado en la Obra de Dios, estará cumpliendo lo que Dios ha prometido; o sea, Dios por medio de Él estará haciendo lo que fue prometido por Dios para el Día Postrero en medio del Cristianismo, en medio de este mundo y con el pueblo hebreo.

Tenemos que conocer las profecías bíblicas que el Mesías, que el Hijo del Hombre ha de cumplir en este tiempo final. El Señor Jesucristo en una ocasión dijo: “Si ustedes no creen en mí, crean a las obras, porque ellas dan testimonio de mí,” o sea, que las cosas que Él estaba haciendo eran nada menos que lo que estaba prometido que el Mesías haría en Su primera Venida; y las obras que el Hijo del Hombre estará haciendo en el Día Postrero, serán las que están profetizadas que el Hijo del Hombre estará realizando.

Por lo tanto, tenemos que estar vigilando porque por las obras que Él estará haciendo, por las profecías que Él estará cumpliendo, vamos a conocer la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles en el Día Postrero, y lo vamos a ver enviando a Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta para llamar a Sus escogidos del pueblo hebreo que serán ciento cuarenta y cuatro mil hebreos.

O sea, que vamos a ver todo ese entrelace y toda esa relación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, con los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, lo vamos a ver trabajando con el Cristianismo, lo veremos también en medio de la humanidad trabajando, y lo veremos también con el pueblo hebreo.

Por lo tanto, que no se nos escapen estas cosas que estarán siendo llevadas a cabo conforme a las profecías bíblicas. El Ángel del Pacto, el Ángel de Dios estará en medio de Su Iglesia, del Cristianismo, y después en medio del Judaísmo o de los judíos o hebreos en este tiempo final, ese mismo Ángel que libertó al pueblo hebreo; pues la profecía para la primera Venida de Cristo y para Su segunda Venida, o sea, para la Venida del Señor que tiene dos partes, es que luego del precursor, del que le preparará el camino, luego Él vendrá. Dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”

Ya les dije que el precursor de la primera Venida de Cristo fue Juan el Bautista, y el precursor de la segunda Venida de Cristo fue el reverendo William Branham. El precursor para la primera Venida de Cristo estaba dentro del pacto que Dios le dio al pueblo hebreo a través de Moisés en el monte Sinaí.

Y el precursor de la segunda Venida de Cristo estará dentro del nuevo Pacto en el cual está el Cristianismo. La primera Venida de Cristo fue en medio del pacto antiguo. El Señor viene por Su Iglesia, o sea, que viene por los que están dentro del nuevo Pacto que Dios dijo que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.

¿Para qué viene? Para la transformación de los vivos en Cristo y la resurrección de los muertos creyentes en Cristo de edades pasadas, y para la manifestación gloriosa del Hijo del Hombre en el Día Postrero, en donde habrá una manifestación del poder de Dios llamado la Tercera Etapa, y que será vista esa manifestación en una Gran Carpa-Catedral en medio del Cristianismo; y los judíos van a ver esta manifestación y van a decir: “Éste es el que nosotros estamos esperando.” ¿Y por qué estará viniendo por el Cristianismo y en medio del Cristianismo? Porque son los que están dentro del nuevo Pacto.

Y ahora, podemos ver que hay una bendición muy grande para todos los creyentes en Cristo en este tiempo final; hay una bendición muy grande para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Este es el tiempo en que el Día Postrero o séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, ya comenzó conforme al calendario gregoriano, y ya llevamos diez años dentro del Día Postrero.

Es para el Día Postrero que Cristo ha dicho que resucitará a todos los creyentes en Él conforme a San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, y en ese mismo capítulo 6 de ahí en adelante hasta el verso 58 nos habla nuevamente de la resurrección para los creyentes en Él para ser llevada a cabo en el Día Postrero.

Y cuando fue a resucitar a Lázaro en el capítulo 11 de San Juan, verso 21 al 27 también le dice a María que Lázaro va a resucitar… o sea, le dice a Marta la hermana de Lázaro, y Marta le dice: “Yo sé que resucitará en el Día Postrero.”

O sea, que ella sabía que será en el Día Postrero la resurrección de todos los creyentes en Cristo, y Cristo le dice: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto?” ella le dice: “Sí, Señor,” ¿y nosotros qué decimos? “Sí Señor, también nosotros lo creemos.”

Por eso es que estamos esperando nuestros familiares creyentes en Cristo que murieron, los estamos esperando en cuerpos jóvenes, cuerpos eternos, cuerpos inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y también estamos esperando nuestra transformación, la cual es llamada nuestra adopción, la adopción, la redención del cuerpo.

Estamos esperando la redención del cuerpo, nuestra transformación, porque tenemos la invitación para la gran fiesta llamada la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo a la cual yo fui invitado y acepté la invitación, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

Pero tenemos que tener la ropa de boda, tenemos que tener el cuerpo angelical que es cuando se recibe el Espíritu Santo (se obtiene el cuerpo angelical), y necesitamos también el cuerpo físico glorificado; porque con estos cuerpos no podemos ir a un aeropuerto a pedir un boleto para ir a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, porque no hay lineas aéreas que puedan ir hasta allá, y tampoco hay cohetes que lleguen allá. Es otra dimensión y no hay medios de transportación para otras dimensiones en medio de los seres humanos.

Por lo tanto, necesitamos un cuerpo inter-dimensional, que es la clase de cuerpo que Cristo tiene, llamado cuerpo glorificado; el cuerpo glorificado es la clase de cuerpo más glorioso que hay, es la clase de cuerpo que tiene el equipo dentro para todo lo que la persona necesite hacer.

Si necesita ir de un lugar a otro, ahí tiene el medio de transportación. Recuerden a Cristo, ya resucitado aparecía a Sus discípulos ellos teniendo las puertas cerradas, entraba en medio de ellos y hablaba con ellos, ellos creían que era un espíritu, pero Cristo les dice: “El espíritu no tiene carne y huesos como ustedes ven que Yo tengo.”

O sea, que es un cuerpo tangible que puede aparecer en esta dimensión y luego puede desaparecer; esa es la clase de cuerpo que Cristo tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también, con esa clase de cuerpo es que Cristo subió al Cielo, y con esa misma clase de cuerpo es que yo voy a subir a la Cena de las Bodas del Cordero juntamente ¿con quién? Con cada uno de ustedes también.

Cuando Cristo resucitó, resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento, y mientras Él estuvo apareciendo a Sus discípulos por 40 días, encontramos que también los santos que resucitaron aparecieron a muchos de sus familiares; eso nos muestra que cuando los muertos en Cristo resuciten, van a estar con nosotros que somos su familia, sus hermanos.

Y cuando Cristo subió al Cielo, con Él subieron los santos del Antiguo Testamento que habían resucitado, y nosotros vamos a subir al Cielo juntamente con los muertos en Cristo que van a resucitar y van a estar con nosotros, van a comer con nosotros por una cantidad de tiempo de 30 a 40 días, y luego nos vamos a ir a la Cena de las Bodas del Cordero, a la casa de nuestro Padre celestial.

Y ahora, recordando la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, lo cual es una conmemoración o un recordatorio de un evento histórico, también es un evento profético que nos habla de un momento que vendrá en el Día Postrero en que Israel, en que Jerusalén dirá: “Bendito el que viene en el Nombre del Señor.”

Así que en la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén, estamos viendo dos eventos: uno pasado que conmemoramos y uno futuro que ha de suceder muy pronto, y esperamos comprender estas cosas antes de que se cumplan. Y estamos creyéndolas antes que se cumplan, porque estamos viendo las profecías bíblicas para el Día Postrero, y sobre todo las profecías bíblicas que el Hijo del Hombre con Sus Ángeles ha de cumplir.

Por lo tanto, despiertos espiritualmente con nuestras cabezas levantadas al Cielo, a Cristo, para ver y entender y estar en pie delante del Hijo del Hombre, estar en pie delante del Hijo del Hombre dentro del nuevo Pacto cubiertos con la Sangre del nuevo Pacto, la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, así como para la Dispensación de la Gracia en medio del Cristianismo Jesucristo es el único fundamento de la Obra de Dios que Él realiza con el Cristianismo, así también Cristo, el Mesías, el Cristo, el Mesías, el Ángel del Pacto viniendo en el Día Postrero, será el fundamento de la Obra de Dios para el Reino del Mesías.

Siempre ha sido el Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, el que ha obrado y ha sido el fundamento en toda la Obra de Dios. Vean, en el principio creó Dios los Cielos y la Tierra, pero ¿cómo fue? Génesis, capítulo 1, verso 1 dice así; y luego en San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

Y ahora, el fundamento para la creación del universo, es también Jesucristo. En Hebreos también… esto fue San Juan, capítulo 1, verso 1 al 14; el verso 9 de este mismo capítulo 1 de San Juan, dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

Y ahora vean, ¿el mundo por quién fue hecho? Por el Verbo que era con Dios. Luego el verso 14 dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…”

La primera Venida de Cristo fue el Verbo hecho carne, el Ángel del Pacto vestido de carne humana, en quien estaba, está y estará Dios, y la segunda Venida de Cristo será el Verbo hecho carne nuevamente con el Nombre de Dios en esa manifestación.

En Colosenses también nos habla del verso 15 al 20 San Pablo, y dice hablando de Cristo, dice:

“El es la imagen del Dios invisible…”

O sea, el cuerpo angelical, hablando de Cristo. Cristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, es la imagen del Dios viviente, por eso podía decir: “Antes que Abraham fuese, Yo soy,” San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58. Y ahora dice:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles (o sea, que el mundo visible y el mundo invisible fue creado ¿por quién? Por Cristo, el Ángel del Pacto, la imagen del Dios viviente); sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

O sea, que Él es el dueño de toda la creación, y Él es antes de todas las cosas, o sea, no solamente es antes que Abraham, es antes que toda la creación Cristo, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical.

Y ahora, conociendo quién es Cristo, el Ángel del Pacto en Su cuerpo angelical el cual luego se hizo carne y vivió en medio del pueblo hebreo y cumplió todas las promesas proféticas correspondientes a esa primera parte de la Venida del Señor.

Así también en el Día Postrero cumplirá la segunda parte de la Venida del Señor. Cristo, el Ángel del Pacto en la manifestación del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, cumplirá la segunda parte con todas las promesas correspondientes a la segunda Venida de Cristo.

Es importante que así como Cristo entró a Jerusalén como Rey y como Señor para los creyentes, Él entre en el corazón de cada persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, cree en Cristo y le da la bienvenida a Cristo para que entre y gobierne como Rey toda su vida.

Yo escuché la predicación de Su Evangelio y le dí la bienvenida a Cristo en mi corazón, y Él entró a mi corazón y me dio Vida eterna, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y está aquí presente o está en alguna de las naciones que están conectadas a través del satélite Amazonas o de internet en estos momentos, puede pasar acá al frente, y en donde ustedes se encuentran, en el país que se encuentran, pasar al frente donde ustedes se encuentran para dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Quizás algunas personas al leer estas Escrituras de la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén y ver que el 90 por ciento de los habitantes de Jerusalén no le dieron la bienvenida a Cristo, usted quizás dirá: “Si yo hubiese estado, si yo hubiera estado allí le hubiera dado la bienvenida a Cristo, hubiera clamado: ‘Hosanna al Rey que viene en el Nombre del Señor, hosanna al Hijo de David,’ le hubiera dado la bienvenida a Cristo.”

Si lo hubiera hecho en aquel tiempo, lo hará en este tiempo dándole la bienvenida a Cristo en su corazón. Por lo tanto, dele la bienvenida a Cristo en su corazón recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Cristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, es nada menos que el Ángel del Pacto a través del cual Dios creó todas las cosas; es antes que Abraham, es antes que Adán y es antes que toda la creación. Fue por medio de Él que Dios creó los Cielos y la Tierra, fue por medio de Él que Dios creó el mundo invisible y el mundo visible. Por lo tanto, es por medio de Él, el Ángel del Pacto, que Dios obraba, obra y obrará eternamente.

Cuando recibimos a Cristo en nuestros corazones, estamos recibiendo a la persona más importante de los Cielos y de la Tierra: a Cristo, el Ángel del Pacto en el cual está Dios en toda Su plenitud, “porque agradó al Padre que en Cristo habitase toda la plenitud de Dios.”

Por eso es que Jesucristo podía decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” porque allí estaba manifestado en ese joven carpintero llamado Jesús o Yeshua, estaba allí manifestado Padre, Hijo y Espíritu Santo; esa es la manifestación plena de Dios, la manifestación de la Divinidad en un hombre llamado Jesús, y ese es mi Salvador, ¿y de quién más? De cada uno de ustedes también.

Por eso es que hemos escuchado Su Voz, pues eso Él lo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y Yo las conozco y me siguen, y Yo les doy Vida eterna, y no perecerán jamás, mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Por lo tanto, tienen Vida eterna asegurada con el Padre celestial en el Reino de Dios.

Ustedes tienen sus nombre escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida, por lo cual ustedes han estado escuchando el Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma y están dando testimonio de vuestra fe en Cristo, pasando al frente para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los cielos.” Por lo tanto, pueden también venir a los Pies de Cristo los niños.

Todavía veo más personas que vienen, los cuales como ustedes quieren vivir eternamente, quieren entrar al Reino de Cristo y que Cristo entre en su corazón. El Trono de Cristo en el ser humano es el alma llamado también el corazón. Por eso Cristo dice:

“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28.

Lo más importante que tenemos es nuestra alma, eso es lo que en realidad somos: almas vivientes. Todavía vienen más personas de camino que como ustedes quieren vivir eternamente, quieren entrar al Reino de Dios y le están dando la bienvenida a Cristo en sus corazones, recibiéndole para que entre a su corazón y se siente en el trono allá en su alma y gobierne, reine sobre su vida.

De todas las decisiones importantes que el ser humano hace en su vida, hay uno que lo coloca en la Vida eterna, ¿y cuál es? Recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. No hay otra decisión que coloque al ser humano en la Vida eterna.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Valencia, Venezuela, también la ciudad de Barquisimeto, en la ciudad de San Felipe, en todos los estados de la República Venezolana y en toda la República Venezolana y los está llamando en este tiempo final.

También tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final. Cristo va a completar Su Iglesia en este tiempo final. Cuando la complete entonces Cristo saldrá del Trono del Padre, tomará el Título de Propiedad que es el Libro sellado son siete Sellos que está en la diestra de Dios el Padre, allá en el capítulo 5 de Apocalipsis; lo tomará, lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que ha venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. En todas las naciones puede también estar puestos en pie para orar por todos los que han venido a los Pies de Cristo.

Todavía si falta alguno por venir, puede pasar al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo. Vamos a pedirle a los que están en las cámaras y en las computadoras que nos indiquen si ya están listos allá en la República Mexicana y también en Colombia, en Ecuador, Perú, Nicaragua, Bolivia, Paraguay, Argentina, Uruguay, República Mexicana, Panamá, Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, Salvador, Honduras, Guatemala, las Islas del Caribe y todas las demás naciones, si ya están listos para ya orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo.

Ya con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero vivir eternamente, quiero nacer en Tu Reino, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible,” porque Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Y la pregunta desde lo profundo de vuestras almas, de vuestro corazón es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Aun el apóstol Pedro cuando le hicieron una pregunta similar a esta, el Día de Pentecostés en el capítulo 2 cuando recibieron el Espíritu Santo y luego San Pedro predicó el primer mensaje de la Dispensación de la Gracia, inaugurando la Dispensación de la Gracia, vean lo que fue dicho; capítulo 2 del libro de los Hechos, dice el verso 37 del capítulo 2, de ahí en adelante dice:

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

Y sigue diciendo en el verso 47 la forma en que ellos perseveraban sirviendo al Señor, dice:

“Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Los que han de ser salvos son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, los que han de ser salvos Cristo los coloca en Su redil, que es Su Iglesia. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

El mismo Señor fue bautizado por Juan el Bautista, aunque al principio Juan el Bautista no lo quería bautizar y le dice a Cristo: “Yo necesito ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” Y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia;” y entonces lo bautizó, y si a Cristo le convenía ser bautizado para cumplir toda justicia, cuánto más a mí, y cuanto más ¿a quién más? Cuanto más a ustedes también.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y recordando que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador. Y ustedes que están en otras naciones también pueden ser bautizados, y nos continuaremos viendo eternamente con Cristo en Su Reino.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo Miguel Bermúdez Marín con ustedes para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“JESUCRISTO, EL ÚNICO FUNDAMENTO DE LA OBRA DE DIOS.”

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