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El único mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre
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El único mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas y de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al proyecto de La Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también por el respaldo que le están dando a la Obra misionera y evangelística en Ecuador y en todas las naciones, y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Para esta ocasión leemos en Primera de Timoteo, capítulo 2, pasaje que ya fue leído, comenzamos en el verso 3, que dice:

“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,

el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,

el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL ÚNICO MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES: JESUCRISTO HOMBRE.”

Encontramos a través de la Escritura que desde el Génesis, desde el tiempo de Adán, se efectúan sacrificios por el pecado, los cuales se presentan a Dios para que Dios tenga misericordia de las personas y acepte un animalito muriendo en lugar del ser humano, por los pecados del ser humano; pues si no hay un sacrificio en donde un animalito ocupa el lugar de la persona y muere por la persona, entonces la persona tiene que morir; porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es Vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Ahora, estos sacrificios que se efectuaban desde Adán en adelante, son el tipo y figura de un sacrificio perfecto que efectuaría el Hijo de Dios, el Mesías Príncipe en Su primera Venida. Encontramos que también hubo un templo o tabernáculo terrenal el cual construyó Moisés por orden divina, el cual era tipo y figura del Templo celestial; y en ese templo o tabernáculo terrenal hubo un orden ministerial, un orden sacerdotal el cual estaba encabezado por el hermano de Moisés, o sea, por Aarón, y sus hijos eran sacerdotes con él; pero Aarón era el sumo sacerdote, era el único que podía entrar al lugar santísimo una vez al año con la sangre de la expiación de aquel animalito o macho cabrío que había sido sacrificado por los pecados del pueblo.

Toda persona que ese día diez del mes séptimo de cada año no se había arrepentido y no había pedido perdón a Dios, y no había afligido su alma por haber pecado contra Dios, no quedaba reconciliado con Dios, pero todos los que sí se habían humillado a Dios y habían pedido perdón a Dios, quedaban perdonados y cubiertos con la sangre de aquel sacrificio de expiación.

Aunque esa sangre no quitaba el pecado; porque los animales no tienen alma y por esa causa no puede venir el espíritu del animal a la persona; pero aquello solamente era el tipo y figura de un Sacrificio perfecto que vendría a la raza humana y para la raza humana.

Ahora, en aquel tabernáculo se efectuaban estos sacrificios el día diez del mes séptimo de cada año, se efectuaba el sacrificio del macho cabrío, sacrificio de expiación para la reconciliación del ser humano con Dios, o sea, del pueblo hebreo con Dios. Toda persona que se acercaba a Dios y había pedido perdón a Dios quedaba reconciliado con Dios para vivir un año más; el que no se había arrepentido y no se había afligido por haber pecado contra Dios, entonces moría durante ese tiempo; porque la paga del pecado es muerte.

Y ahora, el tipo y figura del Sacrificio del Mesías, vean todo el beneficio que traía para el pueblo hebreo; y si el tipo y figura hacía eso, cuánto más la realidad que fue llevada a cabo en Cristo nuestro Salvador.

Con la sangre del animalito que se sacrificaba, solamente era cubierto el pecado, pero estaba allí, pero cubierto y Dios miraba a la persona a través de la sangre y no veía el pecado; pero ahora con el Sacrificio perfecto que sería efectuado, el Sacrificio del Mesías, Dios miraría al ser humano a través de la Sangre y no vería pecado en la persona, ¿por qué? Porque la Sangre de Cristo limpia al ser humano de todo pecado, porque la Sangre de Jesucristo es la única que redime al ser humano.

Por eso en la última Cena con Sus discípulos, Cristo en el capítulo 26, versos 26 al 29 de San Mateo, tomando el pan da gracias al Padre y da a Sus discípulos, y dice: “Comed de él todos, porque este es mi cuerpo;” y tomando la copa de vino, dando gracias al Padre, dice a Sus discípulos: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora, vean que la Sangre de Cristo es la que redime al ser humano de sus pecados, el mismo Cristo lo dijo. Es que Dios haría un nuevo Pacto con el ser humano a través del Mesías Príncipe el cual estaba tipificado en aquellos animalitos que eran sacrificados.

Ahora, este nuevo Pacto que es establecido por el mismo Cristo, del cual Cristo dice: “Esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” vean, es el nuevo Pacto del cual habló a través del profeta Jeremías en el capítulo 31, versos 31 al 36; bajo este nuevo Pacto el ser humano es limpio de todo pecado, es echo perfecto ante Dios, y Dios lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, luego que la persona es bautizada en agua en el Nombre del Señor, y la persona nace de nuevo, nace en el Reino de Dios. Recuerden que Cristo dijo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que si no naces del agua, si no naces de nuevo, no puedes ver el Reino de Dios.”

El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios, así como para nosotros ver este reino terrenal, ¿qué tuvimos que hacer? Nacer, pero Nicodemo pensó que tenía que nacer de nuevo a través de su madre. “¿Y cómo puede hacerse esto? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer?” Él no comprendía lo que era el nuevo nacimiento, y Cristo entonces le explica: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo. Al escuchar el Evangelio nace la fe de Cristo en el alma de la persona, cree en Cristo y da testimonio público de su fe en Cristo, recibiéndolo como único y suficiente Salvador, y luego Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y produce en la persona el nuevo nacimiento, y ahí la persona nació del Agua del Evangelio, y del Espíritu Santo. Tan sencillo como eso.

Ahora, el Reino de Dios está en la esfera espiritual en donde la persona obtiene ese nuevo nacimiento espiritual en el cual nace en el Reino eterno de Dios, y luego más adelante entraremos físicamente al Reino de Dios con cuerpos eternos cuando los muertos en Cristo resuciten en cuerpos eternos y los que vivimos seamos transformados. Tan sencillo como eso; para eso es la segunda Venida de Cristo: para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos para así tener un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, joven y glorificado, como el Cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Ahí tenemos el Programa Divino por el cual Cristo vino y murió en la Cruz del Calvario.

Y ahora, Cristo luego de morir, ser sepultado y resucitar glorificado, subió al Cielo, se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, se sentó en el Trono de Dios y por eso Él dijo en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Y también dice en ese mismo pasaje: “He aquí Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Y ahora, Cristo está en el Cielo en el Templo celestial que estaba tipificado en el templo o tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón; pero ahora ni está el tabernáculo que construyó Moisés, ni está el templo que construyó el rey Salomón, pero está el Templo celestial en el cual Jesucristo está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec; Él es el Ángel del Pacto que le apareció a Moisés y libertó al pueblo hebreo por medio de Moisés, y estableció el Pacto con el pueblo hebreo en el monte Sinaí.

Ese Ángel del Pacto es Jesucristo en Su Cuerpo angelical y por eso es que cuando viene en carne humana en medio del pueblo hebreo, viene para establecer un nuevo Pacto, Él es el único que puede establecer pactos, porque Él es el Ángel del Pacto.

Y ahora, Jesucristo en el Cielo está como Sumo Sacerdote; ese Orden Sacerdotal del Cielo, llamado el Orden Sacerdotal de Melquisedec, fue reflejado, tipificado en el orden sacerdotal que estaba en el tabernáculo que construyó Moisés, o sea, el orden sacerdotal de Aarón; pero ya estando Cristo en el Cielo como Sumo Sacerdote con Su propia Sangre intercediendo por cada persona que lo recibe como Salvador, pues ya no se necesita en la Tierra un tabernáculo o un templo con un orden sacerdotal para ofrecer sacrificios de animalitos; porque ya Dios no acepta sacrificios de animalitos, porque ya fue hecho un sacrificio perfecto por el mismo Jesucristo poniendo Su Cuerpo en Expiación por nuestros pecados, conforme a Isaías, capítulo 53, versos 10 en adelante; encontramos que dice que Él pondría Su Vida en Expiación por el pecado, y cuando se pone la vida en Expiación, pues tiene que morir el que la pone, es la Expiación por el pecado Cristo muriendo en la Cruz del Calvario.

Él mismo es el que presenta Su propia Sangre en el Templo celestial de Dios, en el Lugar Santísimo como lo hacía el sumo sacerdote en la tierra, en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón; pero ahora encontramos que la Sangre de Cristo no es presentada en el templo terrenal sino en el Templo celestial; y allí Cristo permanece en el Trono del Padre, el Trono de Intercesión, allá en el Lugar Santísimo del Templo celestial, allá en la Jerusalén celestial, donde el único orden sacerdotal que existe, es el Orden Sacerdotal de Melquisedec, y ese Melquisedec es Jesucristo en Su Cuerpo angelical; pero ahora con Su Cuerpo físico glorificado es la primera ocasión en que en el Templo celestial está un hombre: el Ángel del Pacto, Melquisedec con un cuerpo físico de carne pero glorificado, haciendo Intercesión por los seres humanos que lo reciben como único y suficiente Salvador. Tan sencillo como eso.

No hay otro Salvador, no hay otro Intercesor, no hay otro mediador entre Dios y los hombres, solamente hay un mediador y éste es nuestro amado Señor Jesucristo; ya en la Tierra no hay sacrificio de animalitos por el pecado del ser humano, pues no hay templo tampoco allá en Jerusalén, fue destruido y allí era el lugar que tenía que ser presentado el sacrificio de expiación una vez al año conforme a las ordenanzas divinas, y también allá en la tierra de Israel se llevaba a cabo la pascua en memoria de la pascua que se llevó a cabo allá en Egipto para la preservación de la vida de los primogénitos.

Y ahora, en la Tierra no hay sacrificios de animalitos que tengan valor delante de Dios para expiar el pecado del ser humano, ha sido establecido un Sacrificio perfecto, es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, y hay solamente una cosa que limpia al ser humano de todo pecado, y es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador, por lo tanto si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre: a Su Hijo Jesucristo, no hay otro abogado en el Cielo que nos pueda defender. El Sumo Sacerdote, pues ese es el abogado, el que intercede, como el abogado en la corte intercede por su cliente.

Y ahora, no hay otro mediador entre Dios y los hombres, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO. Ese es mi intercesor delante del Padre, ese es mi abogado delante del Padre, Él recibe al pecador, la persona que lo recibe como único y suficiente Salvador; Él llamó a esas personas que lo recibirían como Salvador, los tipificó en ovejas o con ovejas; por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen.” ¿Cuál es Su Voz? El Evangelio de Cristo, lo escuchan y siguen a Cristo, creen en Cristo y lo reciben como Salvador, y Él dice: “Y Yo las conozco, y Yo les doy Vida eterna.”

La única forma para recibir la Vida eterna es recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Recuerden que Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). No hay otra forma de acercarse el ser humano a Dios, no hay otra forma para el ser humano ser reconciliado con Dios, solamente hay una, y es por medio de Jesucristo nuestro Salvador. En Romanos, capítulo 5, el gran apóstol San Pablo conocedor de este misterio de Cristo y de Su ministerio como Sumo Sacerdote, nos dice en el capítulo 5, de Romanos, versos 6 en adelante, dice:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

La reconciliación del ser humano con Dios la recibimos por medio de Cristo, no hay otro mediador entre Dios y los hombres, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, Él es nuestro Intercesor delante de Dios, es a través de Él que obtenemos el perdón de nuestros pecados y somos reconciliados con Dios, y no solamente eso, sino que aún la persona luego de haber recibido a Cristo como Salvador y estar en medio de la Iglesia del Señor como un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, si en algún momento tiene algún problema, que peca, comete algún error, algún falla, lo confiesa a Cristo, y Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado.

O sea, que Cristo mantiene limpio delante de Dios a todo aquel que lo recibe como su único y suficiente Salvador; por eso es tan importante siempre pedir perdón a Cristo por toda falta, error o pecado que hayamos cometido, para que Él con Su Sangre nos limpie de todo pecado y nos mantenga limpio ante Dios.

Y ahora, Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, Él es el Ángel del Pacto, el mismo Sumo Sacerdote del Templo celestial, Melquisedec, que le había aparecido a Abraham y Él bendijo a Abraham en el capítulo 14 del Génesis y le dio pan y vino; es el mismo Melquisedec, Jesucristo, el cual está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, en el Trono de Dios, y ese Trono es el Trono de misericordia, el Trono de Intercesión, el Propiciatorio delante de Dios.

Y por consiguiente Él está mirándonos e intercediendo por cada uno de nosotros en todo tiempo que nosotros pedimos a Él perdón, y que nos limpie de todo pecado con Su Sangre preciosa; ese es mi abogado en el Cielo y yo no les recomiendo a otro abogado delante de Dios, porque no hay otro abogado que pueda atender nuestro caso; el Abogado perfecto es Jesucristo, y es el único que no ha perdido ni un caso, ni un solo caso ha perdido. Y ante el Juez de toda la Tierra, el Creador de los Cielos y de la Tierra, el Padre, delante de Él sí que necesitamos un buen abogado, el mejor Abogado, y Su Nombre es: SEÑOR JESUCRISTO.

Les recomiendo ciento por ciento al Señor Jesucristo como vuestro Abogado, Él es mi Abogado, Él es mi intercesor, Él es el mediador entre Dios y yo, y yo y Dios. ¿Y de quién más? Pues de cada uno de ustedes también Él es nuestro mediador, Él es nuestro Intercesor, Él es nuestro Sumo Sacerdote en el Cielo, en el Templo celestial, allá en la Jerusalén celestial; y por eso oramos a Dios el Padre en el Nombre del Señor Jesucristo, porque es por medio de Él que nos acercamos a Dios, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” En oración por eso oramos en el Nombre del Señor Jesucristo para poder llegar a Dios con nuestras oraciones.

Y ahora, el mismo Cristo dijo: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre,” Él dice: “Yo lo haré,” en algunos lugares, y también dice: “El Padre lo dará,” o “el Padre lo concederá.” Por lo tanto, tenemos a la persona más importante del Cielo y de la Tierra, y ese es nuestro abogado, nuestro mediador entre Dios y nosotros, entre Dios y los hombres, ese es Jesucristo hombre, Jesucristo con Su Cuerpo físico glorificado en el Cielo, ese es Jesucristo hombre, Jesucristo con Su Cuerpo glorificado allá en el Cielo sentado en el Trono de Dios, a la diestra de Dios, a la diestra del Poder de Dios.

Él sabía todo eso, Él sabía que iba a subir al Cielo luego de Su muerte, sepultura y resurrección, y que Se iba a sentar allá en el Trono de Dios, por eso dio testimonio a Caifás de lo que iba a suceder, eso está en el capítulo 26, verso 64 de San Mateo.

Y ahora, sabiendo que tenemos un mediador entre Dios y los hombres, sabiendo que tenemos un Intercesor, un Sumo Sacerdote en el Cielo según el Orden de Melquisedec, acerquémonos confiadamente sabiendo que Él es nuestro Salvador.

Si falta alguna persona por venir de los que están aquí presentes pueden venir, y de los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que vienen de camino pueden continuar hasta llegar para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo, es que como ustedes, pues hay más personas que quieren vivir eternamente y han comprendido y han creído que solamente a través de Cristo podemos obtener la Vida eterna, y así es, no hay otra forma para obtener la Vida eterna. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Tu primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor; doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego y produzcas en mi el nuevo nacimiento.

Señor, me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo, sálvame Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, porque Él dijo: El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Aun el mismo Jesucristo fue donde Juan el Bautista estaba bautizando allá Jordán, y entró a las aguas del Jordán y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y si a Cristo le convenía ser bautizado para cumplir todo justicia, cuánto más nosotros.

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es un mandamiento divino, es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, tipológicamente muere al mundo. Y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado. Y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es la tipología, el simbolismo del bautismo en agua, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador, el único medidor entre Dios y los hombres.

Dejo al ministro correspondiente para que les indique a ustedes cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, si tienen bautisterio, lugar para ser bautizados. Con nosotros el reverendo Franklyn, para que les indique cómo hacer ustedes para ser bautizados; y en cada país, en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“EL ÚNICO MEDIADOR ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES: JESUCRISTO HOMBRE.”

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