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El cumplimiento de las profecías para el tiempo final
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El cumplimiento de las profecías para el tiempo final

Muy buenas tardes, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos un pasaje del libro del profeta Isaías, en el capítulo 44, verso 6 en adelante, donde dice:

“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.

¿Y quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí, como hago yo desde que establecí el pueblo antiguo? Anúncienles lo que viene, y lo que está por venir.

No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno.”

Que el Eterno Creador de los Cielos y de la Tierra bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

El Dios de Israel, el cual es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es el que desde el principio anuncia las cosas que han de suceder y por consiguiente Él cumple lo que Él ha prometido. Lo que Él ha dicho que va a suceder, a través de la historia cada cosa se ha cumplido en su debido tiempo, y las cosas correspondientes al tiempo del fin o tiempo final que están profetizadas por Dios a través de Su Espíritu por medio de los diferentes mensajeros o profetas, también se cumplirán.

Estamos viviendo en un tiempo en que muchas cosas están sucediendo, muchos problemas en el medio ambiente, los cuales y de los cuales son responsables también los mismos seres humanos por causa de no haber tratado bien al planeta Tierra.

Los problemas del medio ambiente, pues lo han producido los mismos seres humanos, y todo eso también ya está profetizado que acontecería en nuestro tiempo. Tenemos volcanes en erupción, también tenemos terremotos, maremotos, tsunamis y así por el estilo en diferentes naciones, pero todo eso ya fue profetizado por el Dios de Israel a través de los diferentes mensajeros, profetas que Él envió en diferentes tiempos.

Es importante conocer al Dios de Israel, el cual está revelado aquí en la Sagrada Escritura: la Biblia, en donde encontramos el pensamiento divino expresado en letra, para así poder saber cómo Dios piensa y las cosas que Él dice que van a suceder. Antes que sucedan, ya Dios las ha anunciado a los seres humanos.

Y ahora, para esta ocasión queremos estar conscientes de las profecías para el tiempo del fin, pues así cómo se han cumplido las profecías de tiempos pasados, se cumplirán las del tiempo del fin.

A través de la historia de la humanidad se ha estado anunciando que viene el fin del mundo. Se ha estado anunciando también que estamos en los días postreros o en el tiempo final desde hace muchos años.

En los días en que apareció Juan el Bautista y Jesús de Nazaret y donde ya Jesús tenía de tres a siete años de edad, comenzaron los días postreros. El apóstol San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Y nos dice que es la imagen de Dios, del Dios invisible. Eso nos dice San Pablo hablándonos acerca de Jesucristo. Vean, dice:

“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

Y ahora, aquí tenemos unas cuantas profecías y también una revelación muy grande de Dios, de Jesucristo y de los días postreros. Si desde los días de Jesucristo la humanidad está viviendo en los días postreros, ¿qué son los días postreros entonces? Pues el apóstol Pedro en el capítulo 2 del libro de los Hechos, veros 14 al 29 también dice que Dios había prometido por medio del profeta Joel allá en el capítulo 2 de Joel, versos 21 al 29 que Dios derramaría de Su Espíritu en los postreros días sobre toda carne.

Y ya está derramando de Su Espíritu el Día de Pentecostés porque ya se estaba viviendo en los días postreros. ¿Qué son entonces los días postreros para los seres humanos? Siendo que también nos habla Dios por medio del profeta Oseas, en el capítulo 6 de la siguiente manera, y dice:

“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará.

Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará,  y viviremos delante de él.

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.”

Estos dos días… “y luego, después de dos días, al tercer día nos resucitará,” no son días de 24 horas, son días de mil años, son días mileniales de los cuales nos habla la Escritura, de lo cual también nos habla el Salmo 90, verso 4 y Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, donde nos dice: “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.”

Y ahora, ¿qué son los días postreros? Los milenios postreros que comenzaron desde los días de Juan el Bautista y Jesús. Han transcurrido de Jesucristo hacia acá dos mil años, que delante de Dios son dos días.

Y ahora, conforme al calendario gregoriano ya estamos en el tercer milenio de Cristo hacia acá y por consiguiente en el Día Postrero delante de Dios. Tan sencillo como eso. De Adán hacia acá ya han transcurrido seis mil años, seis días delante de Dios. Y ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá, y delante de Dios, pues al séptimo día profético delante de Dios.

Así como hubo profecías divinas dadas por Dios a los profetas para el pueblo hebreo y se cumplieron en estos dos milenios que han transcurrido de Cristo hacia acá, como también las profecías correspondientes al tiempo de Jesús y tiempo de Juan el Bautista, también se cumplieron.

Por ejemplo, tenemos las profecías dadas por el Ángel Gabriel al profeta y gobernador de Babilonia, un judío llamado Daniel, tenemos ahí las profecías con relación al pueblo hebreo y también a los gentiles.

En la estatua que vio el rey Nabucodonosor en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel, le fue mostrado al rey Nabucodonosor y luego al profeta Daniel, el reino de los gentiles, y las diferentes etapas por las cuales pasaría el reino de los gentiles.

La cabeza de oro de aquella estatua del capítulo 2 del libro del profeta Daniel, representaba a Nabucodonosor con su imperio, el pecho y los brazos de plata representaba el imperio medo persa; el vientre y los muslos de bronce representaba el imperio de Grecia; y las piernas de hierro representaba el imperio romano.

Fue el imperio romano el que crucificó a Cristo en la cruz allá en el Calvario, o sea, que fueron las piernas de hierro las que crucificaron a Jesucristo; pero le fue mostrado al profeta Daniel que el Mesías vendría, y por consiguiente el Mesías estaría en la Tierra en el tiempo señalado en la profecía. Dice Daniel, capítulo 9, verso 20 en adelante… donde él recibió la visita, dirían muchas personas, de un extraterrestre, era el Arcángel Gabriel, el que tiene que ver con el reino de los gentiles y también tiene que ver con el pueblo hebreo; pero el príncipe, el Arcángel o Ángel del pueblo hebreo, Ángel protector, es el Arcángel Miguel, es el príncipe encargado con su ejército de proteger al pueblo hebreo.

Toda nación quisiera tener como Ángel protector al Arcángel *Miguel con su ejército, pero le tocó al pueblo hebreo esa bendición por elección divina, y por consiguiente todas las naciones quisieran tener buena amistad con el pueblo hebreo y que el Ángel guardián del pueblo hebreo protegiera también a otras naciones, a todas las naciones amigas de Israel; y es una forma muy hermosa y muy lógica de pensar de muchas naciones con sus líderes políticos.

La Escritura dice que va a llegar un tiempo en que toda nación que no sirva a Israel, será destruida; pues lo mejor es tener buena amistad con Israel que es el pueblo elegido por Dios en donde va a estar el Rey del mundo, el Mesías Príncipe, donde va a estar el Trono de David, que es el Trono del Mesías el cual va a restaurar el Reino de Dios en la Tierra; y el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David que va a ser restaurado y el Mesías Príncipe se va a sentar en el Trono de David, porque ese es el Trono terrenal de Dios, en donde siempre tiene que estar un hombre en el cual Dios esté, para ese hombre gobernar para Dios.

Es así que tiene que hacer el rey, y no gobernar para sí mismo. El rey David fue un ejemplo claro de cómo un rey debe gobernar a Su pueblo, gobernar para Dios, de acuerdo a las leyes divinas, de acuerdo a los estatutos y mandamientos divinos.

Y ahora, el Reino de David va a ser restaurado, eso será la venida del Reino de Dios a la Tierra, de la cual Jesucristo habló cuando dijo en el Padre nuestro: “Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra.”

Y eso se cumplirá en el Reino del Mesías; el Mesías tendrá la Capital de Su Reino, ¿dónde? En Jerusalén que es la única Ciudad que por decreto divino es llamada Trono de Dios y es llamada la Ciudad de Rey, será la Capital no solamente del pueblo hebreo sino de todas las naciones porque el Reino del Mesías será mundial.

Por lo tanto, muchas naciones desean la Venida del Mesías para unirse al Reino del Mesías, formar parte de ese imperio mundial, en donde la paz será una realidad para los seres humanos y por consiguiente la felicidad, porque sin paz no hay felicidad.

Todo eso está prometido para ser cumplido en el tiempo final, ser cumplido en el tercer día milenial de Cristo hacia acá, para lo cual va a surgir un avivamiento grande, una resurrección espiritual del pueblo hebreo, un avivamiento de parte de Dios en donde Dios se va a dar a conocer a Su pueblo Israel y en donde las tribus perdidas serán restauradas al pueblo hebreo, porque Israel no está completo sin las diez tribus perdidas.

Va a ser unificado el Reino de David con la restauración de las diez tribus perdidas, uniéndolas a las dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín. La tribu de Judá y la tribu de Benjamín formaban el reino de Judá o reino del Sur, y las diez tribus que le llaman las tribus perdidas, formaban el reino del Norte que fue comenzado por el rey Jeroboam en el tiempo del hijo de Salomón: Roboam.

Y ahora, hay una promesa de una restauración de ese Reino en Ezequiel, capítulo 37, versos 15 al 29, y eso va a ser una realidad en el tiempo final para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, y el establecimiento de la paz en este planeta Tierra.

Setenta semanas dijo el Ángel Gabriel al profeta Daniel, que están determinadas para el pueblo de Daniel, el pueblo hebreo; y esas setenta semanas comenzaron a contar desde que fue dada la orden para la restauración de Jerusalén, y dice que después de esas sesenta y dos semanas y siete anteriores: sesenta y nueve semanas, dice que le será quitada la vida al Mesías.

Eso está en Daniel, capítulo 9, versos… vamos a leer este pasaje que estábamos leyendo de Daniel, capítulo 9, verso 21, ahí continuamos:

“Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio, volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde.

Y me hizo entender, y habló conmigo, diciendo: Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento.

Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión.

Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas…”

Siete semanas y sesenta y dos semanas son sesenta y nueve semanas, y son semanas de años. Setenta semanas, pues son cuatrocientos noventa años; sesenta y nueve semanas, son cuatrocientos ochenta y tres años, o sea, que por cada día de la semana es un año. Sigue diciendo el Ángel Gabriel:

“Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”

Aquí nos habla de la restauración de Jerusalén, nos habla de las sesenta y nueve semanas (siete semanas y sesenta y dos, son sesenta y nueve semanas), nos habla también que transcurren esas sesenta y nueve semanas hasta la Venida del Mesías (habrá sesenta y nueve semanas hasta la Venida del Mesías). O sea, que al terminar esas sesenta y nueve semanas, entonces el Mesías aparecería en Su ministerio terrenal, y después de estas sesenta y dos semanas más siete anteriores: sesenta y nueve por todas, “se quitará la vida al Mesías,” o sea, en la semana número setenta de la profecía de Daniel, la vida al Mesías le sería quitada.

El Señor Jesucristo apareció, conocía estas Escrituras, todas las profecías correspondientes a su tiempo y para los tiempos futuros también, y por eso ustedes encuentran que las profecías de Jesucristo, están relacionadas con las profecías que habían dado los profetas Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Oseas, Zacarías, todos esos profetas, y también las que había dado el profeta Moisés.

Y ahora, a la mitad de la semana número setenta murió Jesucristo en una cruz, la profecía decía que hasta la Venida del Mesías transcurrirían sesenta y nueve semanas y luego la vida le sería quitada al Mesías.

Si no hay otra persona que llene los requisitos para ser reconocido como el Mesías en aquel tiempo en donde estaba Jesucristo viviendo y murió y en el tiempo en que murió Jesucristo, si no hay otra persona que tenga las calificaciones proféticas para ser reconocido como el Mesías, entonces solamente hay UNO, y ese es JESUCRISTO.

Para descalificar a Jesucristo como el Mesías se tendría que conseguir otra persona que cumpliera las profecías Mesiánicas para aquel tiempo, después de la muerte del Mesías, más adelante sería destruido el templo, dice aquí la Escritura; dice:

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.”

Aquí nos habla del pueblo de un Príncipe que ha de venir, el general romano Tito Vespaciano vio con el ejército romano y destruyó la ciudad de Jerusalén y el templo también, y esa era una profecía que sería cumplida después de la muerte del Mesías; o sea, antes de la destrucción de Jerusalén y del templo el Mesías vendría a la Tierra, tendría su ministerio y moriría.

Por lo tanto, no podía ser destruido primero el templo en el cumplimiento de esa profecía: tenía que venir primero y morir, el Mesías.

Ahora, ¿por qué el pueblo hebreo rechazó a Jesucristo como el Mesías? Porque así estaba también profetizado, para que el pueblo hebreo y todas las naciones y todo ser humano tuviera un Sacrificio de Expiación por sus pecados, porque el Mesías Príncipe moriría para quitar el pecado del mundo, para expiar el pecado, eso es lo que está profetizado y por consiguiente eso es lo que tenía que ser cumplido, tenía que poner fin al pecado y expiar la iniquidad.

Y solamente con un Sacrificio es que tipológicamente se realizaba en el pacto que Dios le dio al pueblo hebreo en el Sinaí, y por consiguiente esos sacrificios de animalitos, como el sacrificio del cordero pascual y el sacrificio del macho cabrío de la expiación, son el tipo y figura del Sacrificio del Mesías Príncipe que sería efectuado en la semana número setenta.

Y ahora, hemos visto que esas profecías se han cumplido, y el pueblo hebreo tenía que rechazarlo para poder Jesucristo ser crucificado, porque si lo reconocían, no lo crucificaban y entonces el Reino sería un reino mundial de los gentiles que era el reino romano que estaba en aquel tiempo, y no es en esa forma.

El Reino del Mesías no tiene nada que ver con el reino de los gentiles, es un Reino exclusivo de Dios para el pueblo hebreo y para todas las naciones, en donde el pueblo hebreo estará a la cabeza de todas las naciones, y eso es importante saberlo para saber que habrá un pueblo que será la cabeza de todas los pueblos, de todas las naciones, así como en Perú ¿cuál es la Ciudad cabeza de la nación? Pues Lima que es la capital. Siempre la capital será la cabeza de esa nación.

Y ahora, por cuanto va haber un Reino mundial, habrá un pueblo cabeza y habrá una Ciudad cabeza de todas las naciones. La Ciudad cabeza de todas las naciones será Jerusalén, porque será la Capital del Mesías, de ese Reino del Mesías, y en ese Reino es que realmente el nombre: Jerusalén, tendrá el sentido completo de Ciudad de Paz.

De Jerusalén saldrá la paz para todas las naciones, la paz para Israel, la paz para todo el Medio Oriente, la paz para toda la humanidad. Por eso es que el Mesías Príncipe es el deseado de todas las naciones.

Y ahora, ¿qué será el Mesías Príncipe? El Mesías Príncipe será un hombre en el cual estará Dios con el Ángel del Pacto dentro, reinando sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Tan simple como eso.

Es que Dios es el Rey, el que estará reinando, porque Dios reinará sobre el Monte de Sion, reinará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Recuerden que Dios ha dicho en Su Palabra que Él es el Rey de Su pueblo. Y si es el Rey, pues estará reinando a través de un hombre, a través del Mesías Príncipe, un hombre en el cual estará Dios por medio de Su Espíritu Santo gobernando la humanidad.

Ahí es donde la humanidad tendrá la paz y por consiguiente la felicidad, y ahí en ese Reino ya Israel no tendrá enemigos, todos serán amigos; todas las naciones que estarán en ese Reino serán amigos íntimos de Israel.

Por eso es tan importante la venida de ese Reino del Mesías en donde el pueblo hebreo disfrutará la paz y la felicidad, cosa que desde que fue declarado Israel una nación libre y soberana en el 1948 no ha podido disfrutar de la paz y de la felicidad, desde que comenzó como una nación libre y soberana, comenzó la guerra para Israel.

Pero habrá un tiempo de paz para el pueblo hebreo, esa es también una profecía que corresponde al tiempo final y va a ser cumplida; para el Judaísmo será para el tiempo de la Venida del Mesías, un hombre que aparecerá en la Tierra y traerá la paz para Israel y por consiguiente para el mundo entero, y también será el tiempo en donde aparecerá un profeta, el cual está identificado en la Escritura de Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6 como Elías, que será un hombre en el cual el Espíritu Santo estará operando el ministerio de Elías, y ese vendrá preparando el camino para ese tiempo, vendrá proclamando la paz imperecedera la cual será la paz que el Mesías Príncipe traerá para la raza humana en Su Reino mesiánico. Son profecías correspondientes al tiempo del fin, en donde veremos cómo comenzarán a moverse los eventos para que se cumplan estas profecías del tiempo del fin.

Ahora, el tiempo del fin, ¿cuál es? Pues escuchamos a líderes religiosos diciendo desde dos mil años atrás: “Estamos en el fin del tiempo;” miren, desde los días de Jesús estamos en los días finales, pero el Día Postrero es y corresponde a este tiempo; y el fin del tiempo corresponde a la última parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, y esa segunda parte consta de tres años y medio que para el Cristianismo ese lapso de tiempo también es llamado el tiempo de la gran tribulación, donde los juicios divinos van a caer sobre la raza humana como cayeron en Egipto cuando Dios estaba libertando al pueblo hebreo y en donde hubo un profeta dispensacional llamado Moisés, a través del cual Dios le hablaba al pueblo hebreo y a través del cual Dios libertó al pueblo hebreo.

Moisés no fue el que libertó al pueblo hebreo, fue Dios a través de Moisés. La gloria siempre es para Dios. Moisés no hizo milagros, los milagros los hizo Dios, las plagas no las trajo Moisés, las trajo Dios, y le comunicó a Moisés que iba a traer esas plagas, y entonces Moisés las daba a conocer al pueblo; Moisés anunciaba lo que iba a suceder porque era un profeta.

Y ahora, podemos ver que estamos en un tiempo muy importante, donde la segunda parte de la semana número setenta se va a cumplir en este tiempo final.

¿Y por qué en este tiempo cuando la primera parte de la semana número setenta se cumplió en los días de Jesucristo y de Juan el Bautista?  Porque cuando Jesucristo murió en la Cruz del Calvario, ahí se detuvo la semana número setenta y desde el Día de Pentecostés en adelante se abrió la Dispensación de la Gracia, la Dispensación en donde Dios extiende Su misericordia a los gentiles también, y ha provisto Dios un Sacrificio de Expiación para gentiles y hebreos que es el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, el cual viene a ser el Sacrificio de Expiación hablado en Isaías, capítulo 53, donde nos dice… capítulo 53, verso 10 de Isaías, dice:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.”

Dice que va a poner Su vida en Expiación por el pecado. Y si va a poner Su vida en Expiación, pues tiene que morir, así como cuando era colocado el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, pues era sacrificado.

Y ahora, gracias a Dios que Israel, el pueblo hebreo, no vio, no entendió, los líderes religiosos no entendieron que Jesús era el Mesías, quizás otras personas a través de la historia del Cristianismo se han enojado con el pueblo hebreo y algunos dirán ahora: “Pero, ¿y por qué ahora hay una persona que dice que da gracias a Dios porque Israel no vio, no entendió que Jesús era el Mesías y da gracias a Dios porque Jesucristo murió crucificado?” Porque ese era el plan de Dios: que Jesucristo diera Su vida, pusiera Su vida en Expiación por el pecado de Su pueblo y de toda la humanidad, y tenemos que estar de acuerdo con el plan de Dios, con la voluntad de Dios.

Si Jesucristo no moría, Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” Él se representa en el grano de trigo, y si Él no moría, toda la humanidad tenía que morir, Él solo quedaría vivo en la Tierra porque no tenía pecado, y estaría todavía caminando por el planeta Tierra pero todos los demás seres humanos muertos, ¿con quién Él iba hablar? Con nadie, ¿con quién podía tener compañerismo? Con nadie.

Así que, convenía que Jesucristo muriera crucificado, pues así estaba en la profecía, y fue la bendición más grande para la raza humana la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, por lo cual todas las naciones deben de estar agradecidas al pueblo hebreo de que en Israel murió Jesucristo crucificado, siendo el Sacrificio de Expiación por el pecado de la raza humana.

¿Ven? Hay que ver las cosas desde el punto de vista positivo, y para verlo desde el punto de vista positivo hay que verlo desde el punto de vista bíblico, desde el punto de vista profético, desde el punto de vista de Dios.

Y ahora, ninguna persona, ninguna nación, ningún cristiano o persona de alguna otra religión, ninguno debe estar molesto, o enojado o reprobando al pueblo hebreo porque murió Cristo allá en la tierra de Israel al no ser aceptado como el Rey de Israel; más bien deben de estar todos agradecidos a Dios porque murió allá en la tierra de Israel, que era el lugar donde el Mesías tenía que morir como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.

Y ahora, para el tiempo del fin es que continuará la semana número setenta, en la mitad de esa semana que le falta; porque se abrió una fecha cuando Cristo murió y comenzó el Día de Pentecostés el Cristianismo, allí se abrió una brecha, se detuvo la semana número setenta, comenzó la etapa del Cristianismo, pero vendrá un tiempo en donde la puerta será cerrada como dice la Escritura, las vírgenes prudentes entrarán con Cristo a las bodas y las fatuas o insensatas cuando lleguen, la puerta ya estará cerrada.

Así se cerrará la dispensación del Cristianismo, la Dispensación de la Gracia, y Dios comenzará nuevamente a tratar con el pueblo hebreo en ese tiempo profético llamado “el tiempo del fin” correspondiente a los tres años y medio que le faltan a la semana número setenta, a esa semana profética, y así estaremos viendo cómo Dios estará cumpliendo en favor del pueblo hebreo las profecías del tiempo del fin.

Por eso ustedes encuentran que el Ángel Gabriel hablando con el profeta Daniel que era un gobernador, vino a ser gobernador allá en la tierra de Babilonia, le dice en el capítulo 8, verso 19 del libro del profeta Daniel, le dice el Ángel a Daniel:

“Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.”

Y ahora, la ira divina se va a derramar sobre todas las naciones, los gentiles, el reino de los gentiles, o sea, la estatua que vio el rey Nabucodonosor, pero será en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido que comenzó cuando terminó la parte de las piernas de hierro, del imperio romano.

Y ahora, para el tiempo del fin es que se ha de cumplir todo esto que está prometido, y la ira de Dios va a ser derramada sobre la Tierra, por eso nos habla Isaías, capítulo 1, verso 1 en adelante, “el día de venganza del Dios nuestro.”

Dios va a vengar la sangre de todos los judíos que han sido matados, perseguidos y matados, asesinados durante la historia del pueblo hebreo; y va a vengar también la sangre de los cristianos que han sido matados en diferentes naciones, que han sido asesinados en diferentes naciones y diferentes persecuciones, porque Dios vengará la sangre de sus santos, eso nos habla allá en Deuteronomio y también en el libro de Números nos habla del “día de venganza del Dios nuestro,” y también en Isaías, capítulo 61 y también Isaías, capítulo 62 y 63. Y sobre todo capítulo 63 de Isaías, donde nos habla que la venganza está en la mente de Dios. Y si Él lo ha dicho, así va a ser porque Dios es el Juez de toda la Tierra y Él es el que hace justicia verdadera.

La humanidad, las naciones tendrán que enfrentarse al Trono de juicio divino algún día, eso es una realidad y eso es para el tiempo del fin, en ese lapso de tiempo de tres años y medio que corresponden a la semana número setenta. Pero para los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob hay grandes bendiciones prometidas.

Para este tiempo final es que la Venida del Mesías va a cumplirse para el pueblo hebreo, para el Cristianismo eso será la segunda Venida del Mesías o segunda Venida de Cristo. Recuerden que la Venida del Mesías no es otra cosa sino lo que dice Malaquías, capítulo 3.

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”

Ese es el precursor de la Venida del Mesías. En los tiempos de Jesús, pues fue Juan el Bautista; para el Cristianismo en los tiempos del reverendo William Branham, fue el reverendo William Branham:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Quién vendrá en el cumplimiento de la Venida del Mesías? Dios el Padre y el Ángel del Pacto que es el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Ese Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios conforme a Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante, es nada menos que el Cristo, el Mesías en Su cuerpo angelical, el Mesías en otra dimensión.

Por eso el Mesías, el Cristo es eterno en Su cuerpo angelical, pero se vestirá de carne humana, estará dentro; se meterá dentro un cuerpo de carne, y por medio de ese velo de carne le hablará al pueblo hebreo, le hablará al Cristianismo y le hablará a todas las naciones.

Ahora, podemos ver que el Ángel del Pacto es el Ángel más importante porque es la imagen del Dios viviente, o sea, el cuerpo angelical de Dios en donde está el Nombre de Dios, y siempre que aparecía a los profetas, hablaba y decía por ejemplo a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” capítulo 3 del Éxodo, y Moisés le pregunta cuál es Su Nombre, y Él le da Su Nombre en cuatro consonantes que son la Y, la H, W y la H; Moisés vino a ser el primer hombre que conoció el Nombre de Dios.

Y ahora, encontramos que estando en ese Ángel el Nombre de Dios como dice el capítulo 23 del Éxodo, cuando viene el Señor y el Ángel del Pacto en un cuerpo de carne humana ungido como el Mesías, entonces ahí estará el Nombre de Dios: en el Mesías, y por eso el Mesías obrará en el Nombre de Dios, porque tiene ahí el Nombre de Dios porque el Ángel del Pacto lleva el Nombre de Dios.

Y ahora, viendo quién es el Mesías antes de venir en carne humana y viendo que es el Ángel del Pacto, el Ángel ungido con la presencia de Dios, el cuerpo angelical ungido con la presencia de Dios y con el Nombre de Dios, entonces sabemos que la Venida del Mesías es el evento más importante para la raza humana.

Y ahora, las profecías de la Venida del Mesías para el Día Postrero, para el tiempo del fin, también van a ser cumplidas. El Cristianismo está esperando la Venida del Mesías, el Judaísmo también, y otros grupos religiosos también, por lo cual es un tiempo de expectativa este tiempo o ciclo divino en el cual nosotros estamos viviendo.

De un momento a otro va a comenzar el tiempo del fin, para lo cual la resurrección de los muertos en Cristo tiene que llevarse a cabo primero en cuerpos glorificados y eternos, y la transformación de los creyentes en Cristo tiene que llevarse a cabo también primero, porque tienen una promesa de ir a la fiesta más importante del Cielo que es la Cena de las Bodas del Cordero.

El Cristianismo y el Judaísmo tienen un paralelo, una similitud: el Judaísmo está bajo el pacto que le fue dado al pueblo hebreo a través de Moisés en el monte Sinaí, y el Cristianismo está dentro del nuevo Pacto que Dios dijo que establecería con la casa de Jacob y con la casa… con la casa de Israel y con la casa de Judá (Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36).

El mismo Jesucristo en la última cena con sus discípulos, en el capítulo 26, versos 26 al 9 de San Mateo, luego que cenó con Sus discípulos, tomó el pan y lo bendijo dando gracias al Padre, y dio a Sus discípulos diciendo a ellos: “Comed, esto es mi cuerpo,” o sea, que representó Su cuerpo en el pan; y tomando la copa y dando gracias al Padre, dijo a Sus discípulos: “Tomad de ella todos porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” Y así representó Su Sangre en el vino que dio a Sus discípulos.

Y ahora, vean cómo les habla Jesucristo a Sus discípulos del nuevo Pacto que Dios había prometido a través del profeta Jeremías en el capítulo 31, versos 31 al 36.

Y ahora, el pueblo hebreo bajo la ley es la Iglesia del pacto que fue dado en el monte Sinaí. Recuerden que Iglesia significa “sacados fuera,” fueron sacados fuera de la esclavitud en Egipto y llevados a la tierra prometida; y la Iglesia bajo el nuevo Pacto es el Cristianismo, sacados fuera del mundo y traídos a Cristo para recibir la salvación y Vida eterna.

Por eso encontramos que son hermanos, y una multitud muy grande, más del 50% del Cristianismo a través de su historia han sido descendientes hebreos de las tribus perdidas. El Cristianismo comenzó con judíos o hebreos, y continuó con hebreos; aun en Asia Menor, un por ciento muy alto eran también hebreos, y se extendió por el mundo entero donde las tribus perdidas han estado viviendo y en donde muchos de las tribus perdidas ni saben que son descendientes hebreos. Pero Dios si conoce a toda persona, conoce el origen de toda persona.

Y ahora, las profecías para el tiempo final, o sea, para la última parte de la semana número setenta, van a ser cumplidas muy pronto. Cuando comience esa segunda parte de la semana número setenta, comenzarán a cumplirse esas profecías, pero antes Dios tiene que cumplir las profecías correspondientes al tiempo final de la Iglesia del Señor Jesucristo aquí en la Tierra; para la cual hay promesas de una resurrección en cuerpos glorificados y una transformación de los vivos creyentes en Cristo, para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, para lo cual dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58 y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 17 y también en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, nos habla que “a la final trompeta (porque será tocada la trompeta), los muertos en Cristo resucitarán incorruptibles y los que vivimos seremos transformados.”

Y esto es antes que comience el tiempo del fin o tiempo final, antes que comiencen los tres años y medio que corresponden a la gran tribulación o apretura de Jacob, la Gran Voz de Trompeta o trompeta de Dios es la Voz de Dios hablándole a Su pueblo en el Día Postrero, en el tiempo final, pues recuerden que Cristo dijo que la resurrección será para el Día Postrero.

¿Y qué es el Día Postrero? El milenio postrero delante de Dios, lo cual ya y el cual ya ha comenzado conforme al calendario gregoriano, pues ya estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá. Pero no sabemos en qué año va a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos creyentes en Cristo.

Y ahora, encontramos que habrá una Gran Voz de Trompeta, por eso es que San Pablo dice ahí mismo en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, que nos dice:

“He aquí os digo un misterio…”

Es un misterio muy grande, pues que un grupo de seres humanos llegue a la inmortalidad, lleguen a ser inmortales con cuerpos glorificados, cuerpos jóvenes, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo, eso es un misterio muy grande; la ciencia todavía no ha logrado alargar la vida a unos 200 años, y que en el Programa Divino esté prometido que habrá una resurrección en cuerpos inmortales, glorificados y una transformación para los vivos, eso si que es un misterio grande; y esa es una profecía para ser cumplida en este tiempo final en el que vivimos, en el Día Postrero como Cristo dijo hablando acerca de la resurrección de los creyentes en Él que vivirían en la Tierra y luego morirían, pero morirían con la esperanza de una resurrección prometida por el mismo Jesucristo. Y si Él lo prometió, Él lo va a cumplir. Vean, aquí está la promesa, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Para qué tiempo es que Él ha prometido la resurrección? Para el Día Postrero:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Si continúan en ese mismo capítulo 6, hasta el verso 58 encontrará dos lugares más donde Cristo menciona la resurrección para el Día Postrero, y luego si leen San Juan, capítulo 11, versos 23 en adelante, encontrará que Marta la hermana de Lázaro, sabía que la resurrección es para el Día Postrero; Jesús le dijo:

“Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor (y nosotros decimos: sí Señor, nosotros también lo creemos)…”

Ella le dice:

“…yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Esta joven hebrea, hermana de Lázaro y de María, era una creyente en Cristo, pues el Cristianismo comenzó en medio del pueblo hebreo y nació la Iglesia allá el Día de Pentecostés. Por lo tanto, el Cristianismo viene de los hebreos, de los judíos, porque la salvación viene de los judíos para todos los seres humanos.

“LAS PROFECÍAS PARA EL TIEMPO DEL FIN.”

Y ahora, estamos viviendo en un tiempo que las profecías para la Iglesia del Señor Jesucristo, o sea, para el Cristianismo, correspondientes a nuestro tiempo, tienen que estarse cumpliendo las que corresponden a nuestro tiempo, estar en ese proceso, cada una cumpliéndose en el momento correspondiente hasta que ocurra la resurrección de los creyentes en Cristo y la transformación de los que estén vivos.

La trompeta final o Gran Voz de Trompeta es el mensaje final de Dios, el mensaje del Evangelio del Reino que estará siendo predicado en este planeta Tierra en este tiempo final, del cual Jesucristo dijo en San Mateo, capítulo 24, verso 14: “Y será predicado este Evangelio del Reino en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” O sea, que primero se predica el Evangelio del Reino y por consiguiente habrá un mensajero dispensacional, un profeta como Elías y un profeta como Moisés predicando el Evangelio del Reino, y el Evangelio del Reino gira alrededor de la Venida del Mesías para el tiempo final, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Y en el Evangelio del Reino está la enseñanza o revelación de la restauración del Reino de Dios, la restauración del Reino de David; y por consiguiente en ese mensaje se estará dando a conocer los planes que Dios tiene con el pueblo hebreo, de la restauración del Reino de David al pueblo hebreo, en donde vendrá a ser cabeza de naciones, Israel. O sea, que en la predicación del Evangelio del Reino, Israel tendrá una bendición muy grande.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 14, verso 6 al 7, dice:

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel (recuerden que Ángel significa: ‘Mensajero’), que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Este mensajero que será un hombre, viene con el Evangelio eterno que es el Evangelio del Reino, predicando su mensaje a todas las naciones, por lo tanto, será un mensaje mundial en donde estará hablándoles de la venida del Reino de Dios a la Tierra, de la restauración del Reino de Dios a la Tierra, de la restauración del Reino de David, y les estará hablando de Jerusalén que será la Capital de ese Reino, y por consiguiente vendrá a ser la Capital del mundo entero. O sea, vendrá dándole a conocer a todos los pueblos, a todas las naciones que ha llegado el tiempo en que Dios establecerá Su Reino, restaurará Su Reino y Su Trono allá en Israel, en Jerusalén Su Trono, para gobernar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones, y traer la paz para Israel y para todas las naciones. De Jerusalén saldrá la paz para todo Israel y para todas las naciones.

La Escritura dice también que todas las naciones llevarán sus riquezas a Israel, a Jerusalén, o sea, que vendrá a ser Jerusalén la bolsa de valores de todas las naciones, y eso está bueno para los hebreos, pero esto yo no lo digo por complacer a los hebreos, sino lo digo porque l o dice Dios en Su Palabra y es una promesa para ser cumplida, y si lo dice Dios, pues que Dios lo cumpla lo más pronto posible, porque Israel lo necesita, y todas las naciones lo necesitan también.

Cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, cuando se complete, cuando entre hasta último escogido al Cuerpo Místico de Cristo, entonces Dios comenzará con la semana número setenta, con la segunda parte de esa semana a cumplirla para el pueblo hebreo.

Por eso ha sido la espera para Dios tratar con el pueblo hebreo, por dos mil años se detuvo ese trato, pero ahora en este tiempo final en el fin del tiempo en esa segunda parte de la semana número setenta Dios comenzará a tratar con el pueblo hebreo, y regresará la presencia de Dios, la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto regresará al pueblo hebreo.

Lo más triste decía un embajador, que ocurrió en Israel, en Jerusalén, fue que la presencia de Dios se fue de Jesucristo n cuando el templo fue destruido, y cuando la presencia de Dios se va de un país, de una ciudad, de un país o de una casa o de un individuo, es una situación muy triste para esa persona, para esa familia, para esa ciudad, para esa nación; pero volverá la presencia de Dios a Israel, volverá a Jerusalén la presencia de Dios.

Volverá en el Mesías Príncipe, pues esa es la promesa, y todos conocerán el Nombre de Dios, eso está en Isaías, capítulo 52, verso 5 al 7, comencemos en el verso 6, dice:

“Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.”

Dios estará presente en el Mesías Príncipe, pues Mesías lo que significa es ungido, el ungido, ungido con la presencia de Dios:

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!”

Ese es el mensaje para el pueblo hebreo para este tiempo final, para el tiempo del fin; ese es el mensaje que estará trayendo el ministerio de Elías y el ministerio de un profeta como Moisés y el ministerio del Mesías.

Esos ministerios estarán en la Tierra y ese es el mensaje, el mensaje del Evangelio del Reino que contiene todas estas bendiciones para el pueblo hebreo, y también para el Cristianismo; será la primera ocasión en que esa Gran Voz de Trompeta estará siendo escuchada en medio del Cristianismo y luego en medio del pueblo hebreo, hablándoles de la venida del Reino de Dios a la Tierra, la restauración del Reino de Dios en este planeta Tierra y mostrándoles que eso será la restauración del Reino de David, donde el Hijo de David, el Mesías se sentará en el Trono de David y se sentará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Para ese tiempo en que el Mesías está reinando sobre el pueblo hebreo, estará en Jerusalén en el Trono de David, y la humanidad tendrá la Ciudad eterna, Jerusalén, con el Rey reinando sobre Israel y sobre todas las naciones; e irán a Israel, a Jerusalén de año en año los reyes de la Tierra para llevar sus tributos a ese Reino.

¿Recuerdan que el rey David puso tributos a las naciones que él conquistó? Tenían que pagar tributos, y en el Reino del Mesías todas las naciones pagarán sus tributos al Rey y Su Reino, tan sencillo como eso, pues es al rey y Su Reino que el pueblo paga los tributos.

Y por lo tanto, Israel va a ser la nación más rica del planeta Tierra, tan simple como eso. Todas las riquezas de las naciones serán llevadas a Jerusalén; va a estar allí también la bolsa de valores que determinará el comercio mundial de ese Reino, y todas las demás cosas de ese Reino, y el Mesías será el hombre más rico del planeta Tierra también, y Jerusalén será la Ciudad más rica e Israel será el Distrito Federal y será por consiguiente el país más rico del planeta Tierra.

Todas esas bendiciones están en el Evangelio del Reino, las buenas nuevas del Reino de Dios o Reino de David, Reino que será restaurado en este planeta Tierra.

Ahora, el Cristianismo va a tener una bendición también, pues el Cristianismo vino de Israel y por consiguiente son sus hermanos, y quizás un 50% o más de los cristianos a través de la historia del Cristianismo, sean descendientes hebreos.

Por lo tanto, son hermanos, están en el nuevo Pacto  que Dios prometió que establecería, el apóstol Pablo habla de ese nuevo Pacto, Jesús también habla y por consiguiente van a estar en ese Reino del Mesías presentes también los cristianos que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, estarán en cuerpo inmortales y glorificados.

No van a depender ni a necesitar nada de los judíos o de los hebreos, pues ellos también serán reconocidos como hebreos, pero en cuerpos glorificados, o sea, que estarán en el nivel más alto al que el ser humano puede llegar: al nivel de inmortales, y con un grupo así de inmortales ninguna nación se va a levantar en contra de Israel.

Ese será el ejército del Mesías, son tantas las bendiciones que hay para el Cristianismo y para los hebreos, para el Judaísmo, que no hay motivo para discusiones, sino para conversar y ver las bendiciones que hay para todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, para los que estén bajo el pacto que fue dado en el monte Sinaí o para los que estén en el Pacto que fue dado en el Monte de Sion allá en la Tierra de Israel donde Cristo murió y estableció un nuevo Pacto, y fue proclamado el Día de Pentecostés por el apóstol San Pedro.

A ese nuevo Pacto han estado entrando millones de seres humanos hebreos y también gentiles, porque las puertas están abiertas para todo aquel que quiera vivir eternamente en el Reino del Mesías; para todo aquel que quiera entrar al nuevo Pacto las puertas están abiertas y la fe, pues nace con el oír la Palabra, el Evangelio, con el corazón se cree en Cristo y con la boca se confiesa para salvación recibiendo a Cristo públicamente como su único y suficiente Salvador. Pues Cristo dijo:

“A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le  confesaré  delante de mi Padre que está en los cielos.

Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.” (San Mateo, capítulo 10, versos 32 al 33).

Si alguno todavía no ha recibido a como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

También las personas que están en otras naciones pueden venir a los Pies de Cristo allí mismo donde se encuentran escuchando y viendo esta actividad que está siendo transmitida a través del satélite Amazonas y de internet hacia todas las naciones.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Lima y los está llamando en este tiempo final, y tiene mucho pueblo en todas las ciudades de la República del Perú, y los está llamando en este tiempo final, pues vuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida, y por eso ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en vuestra alma.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy Vida eterna.” Es para recibir la Vida eterna que venimos a los Pies de Cristo y lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador, y así es como entramos al nuevo Pacto que Él ha establecido y donde Su Sangre nos limpia de todo pecado.

Es una bendición grande entrar al nuevo Pacto y ser limpios de todo pecado con la Sangre del Pacto eterno, la Sangre de Jesucristo. La Sangre de Jesucristo nuestro Salvador es la que nos limpia de todo pecado, ya no se necesitan sacrificios de animalitos, porque ya con la muerte de Cristo como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, se cumplieron todos los tipos y figuras que se llevaban a cabo en medio del pueblo hebreo cada año efectuando sacrificios de animalitos.

Los sacrificios de animales comenzaron en el tiempo de Adán; cuando pecó Adán y Eva entonces se llevó a cabo un sacrificio, pues Dios le dio pieles de ovejas, pieles de un animalito a Adán y Eva para cubrir su desnudez, y por consiguiente tuvo que morir un animalito.

Todavía pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir, y en todas las naciones pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo. Cristo tiene mucho pueblo en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final.

Todavía vienen más personas que como ustedes quieren vivir eternamente con Cristo en Su Reino, para lo cual se predica el Evangelio de Cristo y se da la oportunidad a las personas que lo reciban como único y suficiente Salvador; ese es el Programa Divino para el nuevo Pacto, para la Dispensación de la Gracia en y con el Cristianismo.

Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (San Lucas, capítulo 19, verso 10, y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14). En la bendición que Jacob habló sobre Efraín, del cual dijo que él sería mayor que Manasés y que su descendencia formaría multitud de naciones, esa bendición se cumple con el Cristianismo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Todavía vienen más personas a los Pies de Cristo, porque sus nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida.

Veo que vienen más personas todavía y por eso estamos dando unos segundos en lo que llegan, en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que faltan por venir, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Bajo el nuevo Pacto en medio del Cristianismo así se hace, dándole la oportunidad a toda persona para que pueda obtener la Vida eterna a través de Cristo bajo el nuevo Pacto.

Si falta alguna persona por venir, puede venir… si todos los seres humanos fueran cristianos, ¿cuántos enemigos tendría Israel? Tendría menos. Así que le conviene a Israel que las personas crean en Cristo como su único y suficiente Salvador, porque entonces aman a Israel, ayudan a Israel, luchan por Israel y como decimos comúnmente: sacan la cara por Israel.

Vamos ya a estar puestos en pie en otras naciones también, para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor, me rindo a Ti dando testimonio público de mi fe en Ti y Te pido perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre y sea producido en mi el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, sálvame Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en vuestra alma, creyeron en Él y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Ustedes me dirán: “Yo he creído en Cristo, lo he recibido como mi Salvador y quiero ser bautizado en agua en Su Nombre porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ El bautismo en agua es un mandamiento. Quiero ser bautizado lo más pronto posible.” La pregunta es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Juan el Bautista estuvo bautizando en el Jordán y llegó Jesucristo para que Juan lo bautizara, y Juan le decía a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mi para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Y si a Jesucristo le convenía cumplir toda justicia siendo bautizado, cuánto más a nosotros.

Por lo tanto, pueden ser bautizados. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por lo tanto, bien pueden identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indiquen a ustedes que están en otros países, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino del Señor, del Mesías.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con nosotros el reverendo Toribio.

“EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROFECÍAS PARA EL TIEMPO FINAL.”

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