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Poseyendo las puertas del enemigo
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Poseyendo las puertas del enemigo

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al importante proyecto de La gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Sabemos que en estos días de Navidad, ya comenzó el mes de diciembre, el mes para las navidades; sabemos que habrá un esfuerzo grande para el importante proyecto de La gran Carpa-Catedral, el cual aprecio y agradezco mucho a todos ustedes que están presentes y a los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que Dios les bendiga por lo que han hecho y por lo que estarán haciendo en estos días venideros y que todo les quede almacenado en el Reino de Cristo y Él recompense a cada uno según sus obras, como Él dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12: “He aquí vengo pronto…” vamos a ver cómo lo dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Que Dios les recompense grandemente por medio de Cristo por todos los que ustedes están haciendo, obrando en favor de la Obra de Dios, del Programa de Cristo, en favor también del proyecto de La gran Carpa-Catedral; y también por lo que están haciendo en favor de AMISRAEL.

Para esta ocasión leeremos en Génesis, capítulo 22, versos 15 al 18, esto fue luego que Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac, y luego Dios le dijo, por medio del Ángel le dijo que no lo hiciera, que ya bastaba; o sea, le había dicho que lo hiciera y después le dice que no lo haga, porque ya había mostrado que realmente creía y obedecía lo que Dios le ordenaba; y eso viene a ser tipo y figura del Sacrificio de Cristo, el Hijo de Dios, porque Dios daría en Sacrificio a Su Hijo en la Cruz del Calvario.

Y ahora, luego que todo esto sucede y ya Dios le provee un sacrificio, un cordero para sacrificarlo en lugar de su hijo Isaac, ese cordero tipificaba a Cristo, el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.

Y ahora, capítulo*22, verso 14 en adelante:

“Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,

y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;

de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“POSEYENDO LAS PUERTAS DEL ENEMIGO.” “LAS PUERTAS DEL ENEMIGO.”

La Escritura nos habla en los términos espirituales y también en los términos físicos o literales en diferentes ocasiones, porque todas las cosas tienen su aspecto espiritual y tienen también su aspecto físico. Por ejemplo: hay estrellas, y aquí le dice que su descendencia va a ser como las estrellas del cielo y también como la arena que está junto al mar.

Y ahora, en la arena, en esos granitos de arena, van a estar representados descendientes de Abraham y también en estrellas. Por lo tanto, habrá granitos de arena que estarán representando hijos de Abraham, y habrá estrellas que estarán representando hijos de Abraham, descendientes de Abraham. Miren, Jesús dice en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 22 [verso 16]:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Esa es la estrella más grande de la descendencia de Abraham, la estrella más importante.

Y ahora, no solamente eso, sino que también dice el mismo Cristo… recuerden que el libro del Apocalipsis es hablado, dicho por Cristo en Espíritu Santo, porque es el Espíritu de Cristo en medio de Su Iglesia hablando estas cosas. En el capítulo 2, verso 28, dice:

“…y le daré la estrella de la mañana.”

Cristo en el Espíritu Santo está diciendo que Él es la estrella resplandeciente de la mañana, y le va a dar la estrella de la mañana a una persona. Vean, aquí comenzando en el verso 26 de este mismo capítulo 2, nos dice:

“Al que venciere (o sea, que va a ser un vencedor) y guardare mis obras hasta el fin (o sea, que estará viviendo en el tiempo final guardando las obras de Dios hasta el fin)… y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones (alguien va a recibir esa autoridad sobre las naciones),

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.”

En la misma forma en que Cristo obtuvo la victoria, murió, fue sepultado, bajó al infierno donde tuvo una batalla allí y obtuvo la victoria allá, y luego resucitó glorificado y obtuvo la victoria sobre el infierno, sobre la muerte, sobre el sepulcro, y glorificado luego estuvo con Sus discípulos unos cuarenta días apareciendo en diferentes ocasiones; pero antes, Él se presentó al Padre.

Recuerden que cuando resucitó, las mujeres servidoras de Cristo que fueron al sepulcro y ya había resucitado, iban a adorarlo, iban a postrarse a Sus Pies, y Él les dijo: “No me toquen, porque aún no he subido al Padre.” Pero después más adelante, en ese mismo día se apareció a ellas nuevamente y ellas postradas a los Pies de Cristo, lo adoraron y tocaron Sus Pies, lo tocaron a Él, ¿por qué? Porque ya se había presentado a Dios y había sido aceptado en el Cielo, en el Templo celestial.

Y ahora, permanece luego por unos cuarenta días apareciendo en diferentes ocasiones, no menos de ocho veces a Sus discípulos, pero ya glorificado, a tal grado que ni lo conocían; desde que resucitó nadie lo conocía y había estado con ellos por unos tres años y medio en Su ministerio terrenal.

¿Cuál es el misterio grande de Cristo resucitado y también lo que será con los muertos en Cristo cuando resuciten? Que se resucita glorificada la persona, un cuerpo glorificado que es joven, que es inmortal y que está en todo el esplendor y toda la belleza divina; y ya entonces los problemas físicos habrán terminado; y es un cuerpo interdimensional, por eso aparecía a ellos y de momento se desaparecía, comía con ellos como con los caminantes de Emaús: estuvo con ellos a la mesa, partió el pan dando gracias al Padre, y luego se desapareció.

Y también cuando estuvo con los demás discípulos, ellos tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos, y entra sin nadie abrirle la puerta, aparece entre ellos y ellos preguntarían: “¿Cómo entraría, si las puertas están cerradas?” Y luego, Él está con ellos y ellos asustados creían que era un espíritu, y Él les dice que es Él, les dice: “Un espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo.” O sea, que el cuerpo glorificado tiene unas características, aunque su apariencia es como del cuerpo nuestro y como el cuerpo angelical, pero es con carne y hueso, un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado y joven para toda la eternidad. Sus discípulos no lo conocían.

Es como cuando aparezca un familiar suyo resucitado que sea un creyente en Cristo y haya muerto y tenía cincuenta o sesenta, o setenta años, y aparezca, usted no lo va a conocer por la sencilla razón de que la resurrección es en cuerpo glorificado, eterno y joven para toda la eternidad; y si aparece un jovencito, una jovencita y le dice: “Yo soy tu abuelita o tu abuelito.” Y usted se va a reír… pero no se va a reír, porque usted ya sabe que la resurrección es en un cuerpo eterno inmortal, incorruptible y glorificado, y entonces va a decir: “Sí, vamos a conversar.” En la conversación le va a tocar, le va a hablar de algunas cosas que solamente usted y ella conocen; usted y su abuelito o su abuelita conocen, y le va a decir: “¿Recuerdas aquel día, tal día que pasó tal cosa?”

–“Sí, recuerdo.”

–“¿Y recuerdas lo que yo te dije o lo que tú me dijiste?” Cosas así que son ya de la historia de la vida diaria suya.

Y cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, ahí vamos a ser transformados, esa va a ser la señal para el momento de la resurrección nuestra o de la transformación nuestra; y ya tendremos la fe para ser transformados, la cual es dada por los siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con Su rostro como el Sol y clama como cuando ruge un león, y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte, es la Voz de la raíz y linaje de David, del León de la Tribu de Judá, que es Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, hablándole como León, porque en las diferentes edades de la Iglesia, Cristo ha estado hablando como Cordero de Dios, y por consiguiente como nuestro Abogado, nuestro sumo Sacerdote el cual intercede por nosotros en el Cielo ante Dios el Padre.

Pero eso será por el lapso de tiempo en que se estaría llamando y juntando a todas las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las llame por medio del Evangelio de la Gracia y las coloque en Su redil, que es Su Iglesia; y cuando sea llamada y juntada hasta la última oveja del Señor, hasta el último hijo o hija de Dios en el Reino de Cristo que está en la esfera espiritual, entonces habrá terminado Cristo Su Obra de Intercesión en el Cielo; y cuando se termina la Obra de Intercesión, ya tiene que salir del Lugar Santísimo, como hacía el sumo sacerdote en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo también que construyó el rey Salomón.

Era un lapso de tiempo en el cual el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo una vez, o sea, un día en el año, para llevar a cabo la Intercesión por el pueblo con la sangre del macho cabrío de Expiación, el día diez del mes séptimo de cada año; y cuando llevaba a cabo todas las labores de ese día correspondientes al Lugar Santísimo y luego salía muy feliz y proclamaba el Nombre del Señor y el pueblo quedaba libre de sus pecados, cubiertos sus pecados con la sangre del sacrificio del macho cabrío que el sumo sacerdote había efectuado, y quedaban reconciliados con Dios.

Así fue colocado el tipo y figura de Cristo como Sumo Sacerdote, en el sumo sacerdote terrenal del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón; y ese macho cabrío es tipo y figura de Cristo siendo Sacrificado. Y la obra intercesora del sumo sacerdote en el Lugar Santísimo es la que ha estado haciendo Cristo en el templo, pero en el Templo celestial, en el Lugar Santísimo de ese Templo, o sea, allá donde está el Trono de Dios en el Cielo; porque en el Lugar Santísimo el Trono de Dios estaba sobre el Arca del Pacto, era el Propiciatorio.

Cuando Cristo sube al Cielo y se sienta a la diestra de Dios en el Cielo, se sienta en el Trono de Dios, se convierte ese asiento o Trono de Dios en el Propiciatorio, la Sangre de Cristo allí para hacer Intercesión por toda persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo, los cuales son las ovejas del Padre que serían llamados de edad en edad, de etapa en etapa, a través de unos dos mil años o dos mil años y algo, hasta que se complete el número de esos elegidos de Dios, de esas ovejas del Señor, las cuales le fueron dadas por el Padre a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna, “porque el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar, ¿qué? Lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14: “Porque no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeñitos, una de estas ovejas del Padre.”

Y como no es la voluntad de Dios que se pierda una de esas ovejas, entonces Cristo ha llevado a cabo la Obra de redención, la Obra de Expiación, y está como Sumo Sacerdote por estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá, está en el Cielo como Sumo Sacerdote e intercede con Su propia Sangre por cada persona que lo recibe como Salvador; y ya cuando están en el Redil del Señor, si fallan en alguna cosa, piden perdón a Cristo y Cristo con Su Sangre los limpia de todo pecado y los mantiene limpios.

Por eso el Cristiano no puede desanimarse en la vida, el camino que lleva a la Vida eterna es Cristo; y cuando ha tomado el camino que lleva a la Vida eterna, que es Cristo, que es angosto, dice Cristo, no está llamado a mirar hacia atrás; porque el que pone su mano en el arado y mira hacia atrás no es apto para el Reino de Dios.

No importa cuantos problemas tenga en su vida, la meta es vivir eternamente con Cristo en Su Reino, la meta es la Vida eterna, la meta es lograr llegar a la transformación de nuestros cuerpos para ser inmortales y glorificados como Cristo nuestro Salvador.

Por eso el apóstol Pablo dice, la Escritura dice: “Si alguno ha pecado, Abogado tenemos para con el Padre, a Su Hijo Jesucristo,” a Jesucristo, Él es nuestro Abogado; y yo no le recomiendo otro abogado, porque en el Cielo el único que yo conozco y que no falla ni un caso es Jesucristo.

Y si apareciera otro abogado, nadie lo va a querer, porque uno quiere el que no falla ni un caso, no va a arriesgarse con otro que no sabe qué puede suceder. Nosotros con el Abogado que tenemos de parte del Padre, asignado por el Padre; la Corte celestial nos asignó un abogado. No teníamos dinero para pagar un Abogado en el Cielo, ni sabíamos cómo pedir los servicios de un Abogado en el Cielo; pero el Padre envió el Abogado correcto, el cual defendería nuestro caso.

Y ahora, para mí no hay otro abogado, por lo tanto, el único que yo recomiendo es a Jesucristo, ése no fallará, no perderá el caso suyo, Él conoce las Leyes del Cielo. ¿Qué otro abogado de acá de la Tierra conoce la Leyes del Cielo para defendernos? No hay ninguno, solamente hay UNO y ese es JESUCRISTO.

Y ahora, conforme a las Leyes del Cielo, encontramos que en el campo espiritual desde que el ser humano pecó, quedó preso en el reino de las tinieblas, como quedó preso Israel en Egipto; y por consiguiente, así como cuando nacía un hebreo en Egipto, ¿qué nacía? Un esclavo del faraón, por eso después no los dejaba ir, era un buen negocio para el faraón: albañiles, carpinteros, vean, personas de la construcción trabajando para el faraón y personas fuertes; porque el que trabaja en construcción se pone muy fuerte y también come mucho; pero ellos comían allá pescado, ¿verdad? Y cebolla y ajo, y todas esas cosas.

Ahora, así como Israel, la descendencia de Abraham, estuvo esclava en Egipto y eso fue conforme a como Dios le había dicho a Abraham en el capítulo 15 del Génesis, y no solamente le da la mala noticia de que su descendencia va a ser esclava, sino que luego le da la buena noticia que va a ser libertada; y la mala noticia sería para Egipto, que Dios castigaría a la nación que los tendría oprimidos.

Vean, aquí está en el capítulo 15, versos 12 en adelante, dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo (y cuando Dios dice que va a juzgar, ya Dios está como Juez y hay una sentencia); y después de esto saldrán con gran riqueza.”

Por eso los Juicios divinos que cayeron sobre Egipto, las diez plagas habladas por Dios a Moisés, y Moisés lo único que hacía era dar a conocer lo que Dios dijo que iba a hacer, era (digamos) el televisor, el que veía lo que Dios iba a hacer y lo mostraba al pueblo. Dice:

“Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Era la cuarta generación, porque ya para ese tiempo la maldad de los amorreos o del amorreo ya estaría cumplida y entonces Dios los sacaría de ese territorio y colocaría al pueblo hebreo allí; porque Dios es el dueño de toda la Tierra. “Mía es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan.”

Por lo tanto, Dios le puede dar de Su Tierra a quién Él quiera. En la Tierra nadie tiene nada, el que tiene es Dios, porque es el dueño.

Ahora, dice que en la cuarta generación es que van a regresar a la tierra donde se encuentra Abraham en esos momentos, y Dios le va a dar por heredad todo ese territorio, y eso será en el tiempo de la cuarta generación; dice que van a estar cuatrocientos años como esclavos.

Por eso es que cuando Moisés fue a libertar al pueblo y el pueblo lo rechazó, se le fue la mano por defender a un hebreo de un egipcio, se le fue la mano y lo mató, defendiendo a su pueblo, defendiendo a un hebreo; luego al otro día hubo una discusión en donde un hebreo injuriaba a otro hebreo y quiso Moisés poner la paz entre ellos y el hebreo que estaba injuriando al otro le dice: “¿Quieres matarme, me vas a matar como mataste al egipcio?” Y se hizo rodar la voz de que Moisés había matado a un egipcio; y eso era muerte para Moisés: matar a un egipcio; y tuvo que irse a Madián, y en Madián estuvo cuarenta años; después de los cuarenta años de vivir allá tuvo que regresar para la liberación del pueblo, o sea, que se atrasó unos cuantos años, se atrasó unos treinta años. Usted dice cuarenta, pero son treinta, ¿por qué? Porque todavía no se habían cumplido los cuatrocientos años cuando Moisés mató al egipcio y luego tuvo que huir, digamos que los diez años que faltaban serían para la preparación, la introducción para la salida del pueblo para la tierra prometida.

Pero se fue a Madián y allá lo pasó mejor; pero siendo el elegido por Dios, predestinado por Dios para Dios usarlo para esa liberación, para ese éxodo, Dios no podía cambiar al hombre que Él había elegido, si lo cambiaba, ¿qué pasaba? Dios se había equivocado, y Dios no se equivoca, se podía equivocar el hombre, el instrumento, pero Dios no.

Así que, luego que el pueblo ya clama a Dios de nuevo por liberación, Dios le envía el mismo hombre, el mismo hombre con unos ochenta años de edad.

Y ahora, ¿qué puede hacer un hombre ya con ochenta años de edad? Bueno, quizás no pueda hacer nada pero Dios sí, a través de él; y como la Obra es de Dios, Dios dice que “no es con ejército ni tampoco es con fuerza (Él dice), sino con mi Espíritu ha dicho el Señor.” Así que, eso está por ahí, ¿por Zacarías, Miguel? Por ahí y también por ahí en el capítulo 9, verso 6 al 7, hablando acerca del Mesías, del Príncipe de paz, dice que “el celo del Señor hará esto.” Todo lo que tiene que ver con el Reino del Mesías y la restauración del Reino de David, será una Obra de Dios, no será una obra humana.

Así que, podemos ver que la Obra de Dios siempre se va a llevar a cabo, y si la Obra de Dios siempre se va a llevar a cabo, lo mejor entonces es saber qué es lo que Dios ha prometido que va a hacer, ese es el Programa de Dios, la agenda de Dios; y tenemos que estar al tanto de lo que es la agenda de Dios. Creo que tenemos la cita: “No es con ejército ni con fuerza,” 4:6 de Zacarías; así que ya lo tienen.

La Obra de Dios siempre ha sido por medio de Su Espíritu, que es el Ángel del Pacto, en donde está el Nombre de Dios, tiene que estar el Nombre de Dios y está en el Ángel del Pacto; y cuando llevaba a cabo la Obra a través de los profetas, estaba el Nombre de Dios, porque el Ángel estaba en esos profetas; y Dios por medio de Sus profetas, por medio de Su Espíritu, que es el Ángel del Pacto, habló al pueblo hebreo; y por eso es que cuando ellos hablaban luego se cumplía en el tiempo correspondiente lo que era hablado por ellos, porque no era palabra humana, era la Palabra de Dios, la Palabra creadora por medio de seres humanos. Es que Dios obra siempre a través de seres humanos. El socio de Dios es el ser humano, es la corona de la creación el ser humano, es el único ser hecho, creado por Dios a Su imagen y semejanza.

Así encontramos que el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Encontramos la trinidad divina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y encontramos la trinidad humana: alma espíritu y cuerpo.

Y ahora, Cristo es un profeta como Moisés, por cuanto un profeta como Moisés sería el Mesías en Su primera Venida y en Su segunda Venida; y es un profeta dispensacional, el cual es enviado para llevar a cabo un éxodo como fue llevado a cabo a través del profeta Moisés. El primer éxodo lo llevó a cabo Dios por medio del Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo a través del profeta Moisés, sacando un pueblo literalmente de en medio de otro pueblo, de en medio de otro reino. Ese reino de Egipto, del faraón, representa el reino de las tinieblas.

Y ahora, el segundo éxodo lo lleva a cabo Dios por medio del Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios a través de Jesucristo, para sacar del reino de las tinieblas un pueblo para Su Nombre, y colocarlo, ¿dónde? En el Reino de Dios, el Reino de Su amado Hijo Jesucristo. Es un éxodo espiritual, pero que es real, porque son sacados del reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Cristo, el Hijo de Dios.

Vean, esto está en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, donde dice San Pablo:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Y así como para aquel éxodo de Dios a través del profeta Moisés, hubo un cordero que fue sacrificado y su sangre colocada en el dintel de los postes de cada hogar hebreo, cada padre de familia sacrificaba un corderito, vino a ser el padre de familia un sacerdote.

Y ahora, en el Nuevo Testamento Juan el Bautista mira a Jesús y dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Y ahora, para el segundo éxodo hay un cordero que tiene que ser sacrificado y ese cordero que fue sacrificado allá es tipo y figura de Cristo, el que fue sacrificado en Egipto tipifica a Cristo, para que la Sangre de ese Cordero para el segundo éxodo sea aplicada en la puerta del corazón de cada creyente, y sea la Sangre de ese Cordero colocada para la preservación de la vida de cada uno de esos hijos e hijas de Dios; y en la Iglesia la Puerta es Cristo, y ahí está la Sangre del Cordero, la Sangre de Cristo está en la Puerta; por eso se entra por esa Puerta y Dios mira la Sangre de Cristo en la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿dónde? En la Puerta.

Y ahora, cualquier persona puede decir: “Pero esa Sangre fue derramada hace dos mil años atrás, alrededor de dos mil años atrás.” La Vida está en la Sangre, y la Vida de la Sangre de Cristo es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo estando en medio de la Iglesia tiene la Vida de la Sangre, la Sangre de Cristo aplicada por medio del Espíritu Santo en la Iglesia como Cuerpo Místico y en cada creyente en Cristo acá en su corazón.

Recuerde que la sangre en el sacrificio que se efectuaba también allá el día diez del mes séptimo de cada año, cuando se sacrificaba el macho cabrío de la expiación, era llevada al lugar santísimo, y el lugar santísimo en el ser humano tipifica el alma de la persona; porque el ser humano es templo de Dios, es para Dios morar en el ser humano, por eso es cuerpo (ese es el atrio como templo humano), es espíritu (ese es el lugar santo del ser humano), y es alma (ese es el lugar santísimo del ser humano).

Recuerden que Cristo también hablando de Su cuerpo, hablando de sí mismo dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” Las personas pensaban que estaba hablando del templo que estaba allí en Jerusalén, pero Él estaba hablando de Su cuerpo. San Juan, capítulo 2, por ahí del verso 17 al 20, por ahí lo encuentran ese pasaje.

Y ahora, encontramos que en Isaías, capítulo 61, nos habla de la siguiente manera:

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;

a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.”

Aquí encontramos que este pasaje es mesiánico y cubre la primera Venida del Señor y la segunda Venida del Señor. Vean, dice:

“…a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel.”

Y si va a ser abierta, se va a publicar libertad a los cautivos, a los que están cautivos en el reino de las tinieblas de donde libertaría Cristo a todas las ovejas del Señor, y apertura de la cárcel, si va a haber una apertura, si va a ser abierta una cárcel tiene que tener la llave y las puertas de la cárcel, vean, las va a abrir porque la simiente de Abraham, la simiente de Abraham estará poseyendo las puertas del enemigo, y por consiguiente las puede abrir.

¿Y cuál es la llave? La llave es el Nombre de Dios, la llave es SEÑOR JESUCRISTO. Por eso dice: “En mi Nombre harán tal cosa, harán tal cosa, harán tal cosa, en mi Nombre echarán fuera demonios,” y así por el estilo; y en el Nombre del Señor también se predica el Evangelio de Cristo para la liberación de las personas de la esclavitud en el reino de las tinieblas y ser colocados en el Reino de Jesucristo, el Hijo de Dios. Entrar a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo es entrar espiritualmente a la Tierra prometida, porque recibe el Espíritu de Cristo y entra por consiguiente a la Tierra prometida; por consiguiente la Tierra prometida para el creyente es el Espíritu Santo.

Y ahora veamos, cuando Cristo lee este pasaje en San Lucas, capítulo 4, versos 14 en adelante, dice:

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.

Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

 El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Estaba haciéndose una realidad esta profecía de Isaías en Jesús; la primera parte corresponde a la primera Venida, hasta donde leyó eso corresponde a la primera Venida, para un éxodo espiritual, en donde serían sacados del reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Dios, que es el Reino de Cristo.

Luego, la segunda parte de ese pasaje, vean, en el mismo capítulo de Isaías… capítulo 61, verso 2, dice:

“…a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová.”

Hasta ahí leyó Jesús, ¿y por qué no leyó, no continuó leyendo donde dice:

“…y el día de venganza del Dios nuestro…”?

Porque el día de venganza del Dios nuestro corresponde a la segunda Venida de Cristo, como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores y Juez de toda la Tierra.

Por lo tanto, no podía leerlo y decir que se estaba cumpliendo, porque no era el tiempo para esa parte, eso es para este tiempo final en donde Él estará clamando como cuando ruge un león y siete Truenos emitiendo sus voces; es la Voz de Cristo hablando en forma consecutiva y ahí Él va a hablar el juicio divino que va a venir sobre la raza humana, las plagas van a ser derramadas durante la gran tribulación sobre la raza humana, pero primero van a ser habladas, dadas a conocer; las Trompetas también aparecen ahí en Apocalipsis, capítulo 8, versos 1 en adelante, y las copas con las plagas aparecen en el capítulo 15, versos 1 al 6.

Y luego, son sonadas las Trompetas y luego son derramadas las copas o las plagas que están contenidas en las copas; todo eso en este tiempo final va a ser proclamado, va a ser dado a conocer. En palabras más claras: va a ser dado a conocer lo que Dios va a hacer como Juez de toda la Tierra a través del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, a través del Ángel del Pacto, que es Cristo. Cristo en Su cuerpo angelical, es el Ángel del Pacto.

Y ahora, va a llevarse a cabo un tercer éxodo para entrar a la tierra prometida del glorioso Reino milenial de Cristo; pero antes vamos a estar en una fiesta. Recuerden que cuando un candidato a la presidencia o un rey obtiene la victoria, se lleva a cabo una fiesta después que obtuvo la victoria, ganó por mayoría de votos y celebra una fiesta grande y después viene la toma de posesión.

También encontramos que en el Programa Divino habrá una gran fiesta llamada la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y así como en una fiesta por la victoria de un candidato no va todo el mundo, son invitados a esa cena, y dice para la Cena de victoria y de unión de Cristo y Su Iglesia, dice que “son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.” (Apocalipsis, capítulo 19, verso 7 al 10).

Yo fui convidado y acepté la invitación y he confirmado la invitación, he confirmado mi asistencia a esa gran fiesta. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Y luego de esa fiesta que, comparado con la eternidad va a ser poquito tiempo, solamente tres años y medio; mientras, la Tierra estará pasando por los juicios divinos, estará aquí la situación muy difícil en la Tierra, así que no nos interesa quedarnos acá y mucho menos sabiendo lo que va a pasar acá en la Tierra.

Así que, Cristo tiene lo mejor para nosotros; en la casa de nuestro Padre celestial estaremos con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero, o sea, la recepción. La recepción de las Bodas del Cordero es la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la casa de nuestro padre celestial; y después de esos tres años y medio de fiesta, descenderemos con Cristo a la Tierra para tomar posesión del Reino con Cristo y Cristo con Su Iglesia reinar sobre el pueblo hebreo, sobre todo el Medio Oriente y sobre todas las naciones.

Y cuando se siente en el Trono de Su gloria, que es el Trono de David, entonces ahí Él va a decidir cuáles naciones van a entrar al Reino Suyo y cuáles no van a entrar. Él va a juzgar. Eso está en San Mateo, capítulo 25, versos 31 al 46.

Así que, Él sabe cómo va a hacer en ese tiempo.

Deseamos que todos los países Latinoamericanos entren al Reino del Mesías, van a entrar al Reino del Mesías todos los que han sido de ayuda y bendición para los “pequeños” que Él dice: “Mis hermanos más pequeños.”

Así que, ya podemos ver que le conviene a todos los países respaldar a la Iglesia del Señor Jesucristo. Respaldar a la Iglesia del Señor Jesucristo es una bendición muy grande. “El que te bendiga será bendito y el que te maldiga será maldito.” Esa Palabra profética que Dios le dio a Abraham sigue por la línea de Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas, el pueblo hebreo, Jesucristo y todos los creyentes en Cristo.

Así que, es una bendición muy grande ser de bendición para el pueblo de Dios, por eso Él va a recompensar a cada uno según sea, ¿qué? su obra.

Y ahora, “POSEYENDO LAS PUERTAS DEL ENEMIGO.” Cristo, la descendencia de Abraham… veamos lo que nos dice el apóstol San Pablo, y entonces vamos a entender esta parte. Aquí Gálatas, capítulo 3, verso 16, dice San Pablo:

“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”

La simiente de Abraham es Cristo, el Hijo de Abraham; y por consiguiente la descendencia, la simiente de Abraham, siendo Cristo, es el que pasa la bendición de Abraham a los gentiles, de entre los cuales Dios ha estado llamando un pueblo para Su Nombre, siendo conformado ese pueblo por individuos que escuchan el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, lo reciben como único y suficiente Salvador, son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento, y son colocados así en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y ahora, es Cristo el que posee las puertas del enemigo y por esa causa puede abrir la cárcel donde esté un hijo de Dios o una hija de Dios, la cárcel del reino de las tinieblas y sacarlo; la llave usada es ¿qué? ¿cuál? El Nombre del Señor Jesucristo. Por medio del Nombre del Señor Jesucristo siendo proclamado en la predicación del Evangelio de Cristo, se abre la cárcel del reino de las tinieblas y salen los hijos e hijas de Dios que están presos en el reino de las tinieblas; y entonces pueden decir como San Pablo: que “Dios nos ha libertado del reino de las tinieblas y nos ha colocado en el Reino de Su amado Hijo.”

La llave ha sido usada, y esa es una llave maestra: abre toda puerta. Por eso Cristo dice que en Su Nombre harán tal cosa y tal cosa. Y Pablo dice: “Todo lo que hagáis, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo;” porque esa es la llave maestra, la llave maestra para abrir las puertas del enemigo y sacar de ahí todo lo que pertenece a Dios.

Por lo tanto, viendo que también la llave la colocó Dios en Su Iglesia… miren, a Pedro le fueron dadas las llaves del Reino de los Cielos. Por eso el Día de Pentecostés usó la llave: el Nombre del Señor Jesucristo, y abrió la puerta del Reino de los Cielos y entraron allí como tres mil personas que creyeron en Cristo y fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego, y fueron añadidos a la Iglesia como tres mil personas.

Luego, en la casa de Cornelio, Pedro fue y predicó en el Nombre del Señor Jesucristo usando la llave y fue abierta allí la puerta para los gentiles, la puerta del Reino de los Cielos y comenzaron a entrar los gentiles.

Y Felipe en Samaria fue y predicó en el Nombre del Señor Jesucristo, creyeron y fueron bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, pero no habían recibido el Espíritu, solamente eran bautizados en el Nombre del Señor y llamaron a Pedro, el que tenía las llaves; fue allá y en el Nombre del Señor colocaba las manos sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo; porque Pedro tenía las llaves.

Así que a Pedro le tocaba abrir la puerta para los judíos, lo hizo el Día de Pentecostés para los gentiles, lo hizo en la casa de Cornelio y para los samaritanos, lo hizo allá en Samaria cuando fue a petición de Felipe y demás personas que pidieron que fuera allá para que recibieran el Espíritu Santo los samaritanos.

Y ahora, podemos ver que Cristo, la simiente o descendencia de Abraham, tiene las puertas del enemigo, posee las puertas del enemigo; y por eso también Él dice: “Yo soy el que vivo, estuve muerto y he aquí que vivo para siempre, y tengo las llaves del Hades y de la muerte.” Apocalipsis, capítulo 1, verso 18:

“…Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

Porque Él tiene las llaves de la puerta de Sus enemigos, por eso Él fue al infierno y luego pudo salir del infierno, pudo salir también de la sepultura, resucitando glorificado. Él había dicho: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Tengo el poder para ponerla y tengo el poder para volverla a tomar.” (San Juan, capítulo 10, versos 14 al 18).

Así que, Cristo tiene las puertas del enemigo y tiene las llaves de todas las puertas y la Iglesia del señor Jesucristo y todos los creyentes tienen la llave: el Nombre del Señor Jesucristo. Cristo dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre.” Así como estaba el nombre del Padre, de Dios, en el Ángel del Pacto, cuando el Verbo que es el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, se hizo carne, también estaba en el velo de carne; por eso le fue dicho a María que le pusiera por nombre Jesús, o sea, Yeshua, el cual viene a ser el nombre del Padre en el cual vino el Señor Jesucristo.

Así que, ahí tenemos la llave, y todas las puertas se abren con esa llave maestra. Para recibir lo que se necesita hay una llave maestra. Todas las bendiciones le pertenecen a los creyentes en Cristo, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús de todas las cosas que Cristo ha heredado.

Por lo tanto, adelante sirviendo a Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra mente y con todas vuestras fuerzas, sabiendo que poseemos las puertas del enemigo.

Cristo comparte con nosotros todo lo que Él ha recibido del Padre.

Cuando se predica el Evangelio en el Nombre del Señor Jesucristo, las puertas se abren y salen del reino de las tinieblas las personas recibiendo a Cristo como Salvador, y entran por la puerta del Reino de los Cielos, que es Jesucristo, el cual dijo: “Yo soy la puerta, el que por mí entrare será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, puede hacerlo en estos momentos y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente para orar por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino. Daremos unos minutos mientras ustedes vienen al frente para recibir a Cristo como Salvador, y así también los que están en diferentes naciones que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer para que Cristo les reciba en Su Reino.

Cristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, y está sentado a la diestra de Dios en el Cielo, Él es el Rey de reyes y Señor de señores, y Él es el Sumo Sacerdote en el Templo celestial, Él es nuestro Abogado ante Dios, el Juez Supremo.

Por lo tanto, bien pueden recibirlo como vuestro único y suficiente Salvador, para que Él les reciba en Su Reino y les dé Vida eterna. Es para recibir la Vida eterna que recibimos a Cristo como nuestro Salvador. Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

El nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; por eso están escuchando el Evangelio de Cristo siendo predicado, proclamado en esta ocasión; no lo sabíamos, pero ahora sí lo sabemos. En el Libro de la Vida del Cordero están todos los nombres de los que recibirían a Cristo y Cristo los bautizaría con Espíritu Santo y Fuego, y produciría en ellos el nuevo nacimiento, porque en ese Libro de la Vida del Cordero están los nombres de todas las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, los que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo les reciba en Su Reino. Lo más importante es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante que la Vida eterna. La vida terrenal es importante, porque sin ella no podemos vivir en la Tierra, pero es temporera; pero es una bendición, porque teniendo esta vida temporera aquí en este planeta Tierra tenemos la oportunidad de obtener la Vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

El mismo Cristo dice: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).

Así que, lo más importante es la Vida eterna, el propósito de nuestra existencia en la Tierra es que por medio de Cristo obtengamos la Vida eterna, lo demás son las añadiduras de la vida terrenal; pero el propósito divino por el cual estamos es que escuchemos la Palabra del Evangelio de Cristo y obedezcamos recibiéndole como Salvador, y seamos rociados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador, ese es el propósito por el cual estamos nosotros viviendo en este planeta Tierra.

Por eso cuando Cristo habla en San Mateo, capítulo 6, verso 33, nos dice que busquemos el Reino de Dios y su justicia primeramente. Eso es lo primero que le corresponde al ser humano hacer: buscar el Reino de Dios para poder vivir eternamente, sabiendo que la vida aquí en la Tierra, en estos cuerpos mortales es temporera y nadie sabe cuándo se le va a acabar la vida terrenal; por lo tanto, tiene que asegurar la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, porque no hay otra persona que nos pueda asegurar la Vida eterna, solamente hay UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir de los que están presentes o de los que están en otras naciones, pueden venir a los Pies de Cristo.

Es importante asegurar nuestro futuro eterno. El que no asegura su futuro eterno con Cristo ni sabe de dónde vino, no sabe porqué está aquí en la Tierra y no sabe hacia dónde va cuando muera su cuerpo físico; el creyente en Cristo sí sabe de dónde vino: vino de donde vino Cristo; sabe porqué está aquí: está aquí para recibir a Cristo y servir a Cristo con toda su alma, para venir a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo; y sabe hacia donde va cuando terminen sus días aquí en la Tierra: va al Paraíso donde están todos los creyentes en Cristo de tiempos pasados, y luego sabe que resucitará en cuerpo glorificado cuando Cristo complete Su Iglesia y resucite a los muertos creyentes en Él; y los que permanezcamos vivos, sabemos porqué estamos aquí, y qué será cuando Cristo resucite a los muertos en Cristo, pues luego nos transformará a nosotros y seremos eternos físicamente. Y ya la preocupación que nos causa el espejo, que cada año el espejo nos dice que ya tenemos un año más y lo dice con los rasgos que se van viendo como algunas canitas que salen y algunas arruguitas; el espejo, cuando seamos transformados, nos va a estar diciendo todos los días: “Estás tan joven como el primer día que te miraste en el espejo cuando recibiste el cuerpo glorificado.” Es que eso es lo mismo que dice el espejo de Dios, que es la Biblia: que vamos a ser transformados, glorificados y jóvenes para toda la eternidad, inmortales, incorruptibles; así como Jesucristo está tan joven como cuando subió al Cielo.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, los que están en otras naciones también puestos en pie, y vamos con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos 16:15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro Salvador, bien pueden ser bautizados lo más pronto posible si hay… Aquí no hay bautisterio, el domingo próximo ¿o cuándo tienen actividad? El próximo domingo habrá bautismos en la congregación, la iglesia donde se reúnen.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En los países que están conectados con esta transmisión en estos momentos o que en otra ocasión la escuchen, pueden ser bautizados (si tienen bautisterios), en estos momentos en el lugar donde ustedes se encuentren. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes en estos momentos al ministro aquí presente, y en cada nación dejo al ministro correspondiente.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“POSEYENDO LAS PUERTAS DEL ENEMIGO.”

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