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La bendición de un profeta en la Casa de Dios
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La bendición de un profeta en la Casa de Dios

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos un pasaje muy conocido que se encuentra en Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, donde dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

 Que Dios bendiga nuestra almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS,” la cual casa somos nosotros, la Iglesia del señor Jesucristo.

Vean lo que Cristo dijo, San Mateo, capítulo 23, verso 34:

“Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad.”

Y ahora, Cristo es el que promete enviar profetas, sabios y escribas a Su pueblo, a Su Iglesia; y en Efesios, capítulo 4, nos dice el mismo Cristo en el verso 11:

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”

Es Cristo el que dice que ha puesto en Su Iglesia, que es Su Casa, sobre la cual Dios ha puesto a Cristo como Hijo sobre Su Casa; como nos dice San Pablo en el versículo o pasaje de Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, que leímos: “…la cual casa (dice San Pablo), somos nosotros.”

Ahora, también en Primera de Corintios, capítulo 12, Cristo dice en el verso 28… verso 27 en adelante, dice:

“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.

Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.”

Ahora, vean cómo Dios ha colocado en Su Iglesia todos estos ministerios que son operados por el Espíritu Santo y tiene diferentes ministerios en Su Iglesia; por ejemplo, en el Antiguo Testamento hubo un profeta llamado Elías, el cual fue enviado a una viuda allá en Primera de Reyes, capítulo 17, verso 9, enviado por Dios a esa viuda, la cual sustentaría al profeta Elías. Y cuando él llega, esa viuda estaba buscando dos pedazos de madera, de palos para colocarlos, hacer un fuego y con un poquito de harina que le quedaba y un poquito de aceite, hacer una tortilla, una torta, una arepa, y comerla ella y su hijo; y después como ya no tenían nada más, esperar la muerte.

Ahora, Dios envía a un profeta a una mujer viuda que ya lo que le queda es para su última comida, y muy pequeña, para que sustente, alimente, al profeta Elías; pero cuando llega el profeta Elías a esa casa, llegó una bendición de Dios. Y el profeta Elías le dice que le haga primero a él, una torta pequeña en la ceniza, al rescoldo, y se la traiga primero a él, primero comería el profeta; y le trajera también un vaso de agua, cosas que ella tenía escasamente; y le dice que no faltará harina en su tinaja ni aceite en la botija, hasta que Dios envíe nuevamente lluvia sobre la Tierra. La lluvia vendría sobre la Tierra cuando el profeta Elías dijera que viniera; porque él dijo: “No habrá lluvia ni rocío sobre la Tierra, sino por mi palabra.” Eso está en el mismo capítulo 17, versos 1 en adelante de Primera de Reyes.

Y ahora, en ese hombre tan sencillo estaba la bendición de Dios, él habló la palabra a esta mujer viuda y no faltó alimento en esa casa, para él, para la viuda y para el hijo de la viuda; mientras el resto de las personas estaban sufriendo de hambruna; y ella junto a su hijo y al profeta Elías en la casa comían, digamos, tres veces al día; todas las veces que comieran iba a haber alimento, ¿por qué? Porque es una bendición de Dios un profeta en la casa; y en la casa de la viuda fue una bendición la llegada del profeta Elías, y un profeta es enviado, fue enviado a esa casa; cuando Dios lo envía, ahí va la bendición de Dios.

El mismo Cristo dijo: “El que recibe a profeta en nombre de profeta, recompensa, merced de profeta, recibe.” o sea, se recibe todo el beneficio para lo cual Dios envía a ese profeta; ahí está la bendición de Dios en esa casa donde esté ese profeta.

Encontramos, luego al profeta Eliseo en una casa que él iba, un lugarcito que le prepararon a él, ¿fue la sunamita, fue Miguel? La sunamita en Segunda de Reyes, capítulo 4, versos 8 al 37; y capítulo 8, versos 1 al 6. Y cuando Eliseo iba a esa “cabaña” (digamos) que le prepararon, esa señora, con permiso de su esposo, la bendición de Dios llegaba a la casa de ese matrimonio; le habían preparado un lugarcito para él llegar con su siervo Giezi; y tenía allí todo lo que necesitaba. Ese profeta Eliseo no necesitaba mucho.

Ahora, cuando muere el niño de esa señora, ella busca a Eliseo, y vean, Eliseo envía a Giezi, pero no funcionaba, tenía que ser Eliseo, luego Eliseo fue y resucitó al niño que había muerto, porque la bendición de Dios estaba e iba en ese profeta que era el profeta para ese tiempo. Aunque hubo hijos de los profetas en el tiempo de Eliseo y en el tiempo del profeta Elías, pero el profeta de la hora en el tiempo de Elías era Elías, aunque hubo muchos hijos de los profetas. Y en el tiempo de Eliseo el profeta era Eliseo, donde estaba la bendición de Dios y donde estaba una doble porción del Espíritu que estaba en Elías.

Y ahora, encontramos que donde Dios coloca o envía un profeta, el cual tiene también un mensaje, ahí Dios coloca Su bendición. Miren el caso de Abraham, donde Abraham iba y lo trataban bien, ahí llegaba la bendición de Dios; donde lo trataban mal, el juicio divino venía sobre ellos; porque la bendición dice: “El que te bendiga, será bendito; y el que te maldiga, será maldito.” También dice la Escritura que “no hagáis mal a mis profetas, a mis ungidos, mis profetas.”

Y ahora, encontramos por ejemplo a Jacob, cuando Jacob fue a Aram, la tierra de su tío, para allá trabajar y obtener esposa; mientras Jacob, siendo un profeta, estaba allá, prosperó todo, y el mismo Labán dice que estando Jacob allá, Dios lo bendecía grandemente, ¿por qué? Porque Dios envío un profeta a esa casa, a esa familia.

Luego, encontramos al mismo Jacob con la Bendición de la Primogenitura y el que lo bendecía era bendito y el que lo maldecía era maldito; y eso es así para toda la descendencia de Abraham, toda la descendencia de Isaac, toda la descendencia de Jacob.

Luego, encontramos a José: José en Egipto, cuando llegó a Egipto, en la casa de Potifar hubo prosperidad; luego cuando estuvo en la cárcel, hubo prosperidad en la cárcel, luego cuando estuvo como segundo en el reino del faraón, hubo prosperidad y alimento en abundancia, y cuando vino la hambruna, había alimento allí, porque allí estaba José, ese profeta de Dios en el cual Cristo se estaba reflejando.

Luego, encontramos más adelante a Moisés: cuando Moisés estuvo en Egipto, hubo bendición en Egipto, era un imperio poderoso, Moisés estaba allí, conquistó muchos pueblos. Luego, cuando se fue a Madián, a la casa de Jetro, hubo bendición en la casa de Jetro, y allí Jetro fue bendecido grandemente, vino a ser el suegro de Moisés, tuvo nietos por medio de la unión de Moisés y Séfora. Luego cuando Dios lo envía de nuevo a Egipto, por cuanto el faraón no quiso dejar ir al pueblo de Dios, y trató mal al pueblo de Dios y a Moisés, entonces hubo juicio. ¿Ven? El que te bendiga será bendito, y el que te maldiga será maldito; pero para Israel hubo bendición, fue enviado a la casa de Dios, a la casa de Israel, al pueblo de Dios y allí hubo bendición, a tal grado que fueron libertados de la esclavitud en Egipto. Y luego, en el monte Sinaí, Dios le dio Su Pacto, la unión matrimonial de Dios con Su pueblo Israel.

Luego, encontramos a otros hombres de Dios como Samuel, cuando fue llevado a la casa de Elí allá en el templo, hubo bendición; y mientras luego, más adelante Samuel estuvo como juez y profeta vidente, hubo bendición en medio del pueblo.

Luego, más adelante encontramos a otros hombres de Dios como David, hubo bendición en la casa de Isaí porque David estaba; luego cuando fue a vivir a la casa de Saúl, encontramos que hubo bendición allí. Luego, más adelante, cuando es establecido como rey, hubo bendición para el pueblo hebreo, era la Edad de oro del Reino de Dios en la Tierra en medio del pueblo hebreo. Moisés, recuerden que era profeta y también David era profeta. Estamos hablando de profetas. Jacob también era profeta, José, todas esas personas.

Luego, cuando Dios enviaba Sus profetas de etapa en etapa, en ellos venía la bendición de Dios o el juicio divino, porque cuando se rechaza la bendición de Dios solamente queda juicio divino, y venía la bendición y el juicio divino en el mismo mensajero, en el mismo profeta. Él hablaría y las cosas sucederían.

Y ahora, hemos visto estos hombres de Dios, en la Casa de Dios, que es el pueblo hebreo en el Antiguo Testamento.

Y ahora, en la Casa de Dios del Nuevo Testamento, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, encontramos que también Dios ha colocado profetas, así como había colocado a Juan el Bautista en la casa de Zacarías y Elisabet; y hubo bendición allá, luego colocó a Jesús en la casa de José y María, y hubo bendición allá.

Y luego encontramos ya cuando comienza la Dispensación de la Gracia, o esos tres años y medio de ministerio de Jesús, hubo bendición en medio del pueblo hebreo bajo el ministerio de Jesús, un profeta allí como Moisés; grandes bendiciones venían para el pueblo.

Luego, el Día de Pentecostés o con la muerte de Cristo, vino la bendición para hebreos y gentiles con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; la bendición, ¿vino de dónde? De Israel. “Porque la salvación viene de los judíos,” le dice Cristo a la mujer samaritana en el capítulo 4 de San Juan.

Luego nace la Iglesia del Señor Jesucristo con la presencia del Espíritu Santo en medio de ella, y Dios usa a Pedro en el primer mensaje, el cual también es profeta, y comienza la bendición de Dios por medio del Espíritu de Dios manifestándose en San Pedro, y después en los demás apóstoles que permanecieron fieles a Dios. Eso es en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, como lo dice San Pablo. Y Cristo está como Hijo sobre Su Casa y Su Casa es la Iglesia compuesta por todos los creyentes en Cristo. Cristo está en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, pues Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20).

Y ahora, Cristo ha colocado sobre Su Casa apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, para Él manifestarse en medio de Su Iglesia y traerle bendición a Su pueblo. Cuando encontramos que Dios colocó a San Pedro para esa etapa de la Iglesia del Señor entre los judíos, hubo bendición en medio de la Iglesia allá al principio. Luego, colocó a San Pablo en medio de Su Iglesia entre los gentiles y hubo bendición, porque en la Casa de Dios, la Iglesia, estaba un profeta llamado San Pablo.

Luego, encontramos que Dios envío más adelante a Iréneo, después a Martín, después a Colombo, después a Lutero, después a Wesley, después al reverendo William Branham, y hubo bendición en la Casa de Dios, porque Dios envió un mensajero a Su Iglesia de edad en edad; y para el Día Postrero también habrá bendición, porque tenemos las promesas de parte de Jesús.

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” [Apocalipsis, 22:16].

Y Cristo, el Espíritu Santo ha estado en medio de Su Iglesia manifestándose por medio de esos instrumentos que de edad en edad Él ha enviado; y cuando los ha enviado surge una nueva etapa o edad de la Iglesia, con la bendición de Dios para ese tiempo, bajo el ministerio de ese mensajero.

Para el Día Postrero tenemos la promesa de parte de Cristo que Él tendrá Su Ángel mensajero en medio de Su Iglesia, el cual Él ha tenido todo el tiempo, pero en Espíritu, cuerpo espiritual; pero en el Día Postrero lo tendrá en carne, velado en carne humana como fue en San Pedro, San Pablo y cada uno de los mensajeros que Él envió a Su Iglesia de edad en edad. Para este tiempo será la bendición mayor, a tal grado que los escogidos recibirán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, por medio de la revelación divina que traerán los siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10.

Y esos siete Truenos, es la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, es la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero y revelándole todas las cosas que ella debe conocer en este tiempo final; y las más grandes de las cosas que les revelará será el séptimo Sello, o sea, la Venida del Señor para el Día Postrero con Sus ángeles, con los dos Olivos. Esa revelación le dará la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Está escrito que Dios dijo: “Moraré y andaré en medio de ellos,” en medio de Su pueblo, así como moró y anduvo en medio del pueblo hebreo, y la ciudad de Jerusalén es llamada: “La ciudad del Rey, la ciudad de Dios,” es llamada también la ciudad donde Dios mora.

Y ahora, en el nuevo Pacto, el Nuevo Testamento, la Casa de Dios es la Iglesia y esa es la Jerusalén celestial, Sión celestial, el pueblo celestial; y no hay ninguna contradicción con el pueblo terrenal; porque el pueblo celestial ha nacido del Cielo por medio del Espíritu de Dios, porque el nuevo nacimiento es del Cielo. El nacimiento físico es terrenal y obtenemos un cuerpo terrenal, mortal, corruptible y temporero; pero con el nuevo nacimiento tenemos las promesas de un cuerpo angelical y luego un cuerpo físico, glorificado; y todo eso celestial.

Los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo tienen una ciudadanía celestial por medio del nuevo nacimiento, que es del Cielo; aunque también tienen una ciudadanía terrenal del país al cual pertenecen, el país terrenal, doble ciudadanía, la terrenal y la celestial, la celestial es la más importante. Es que la bendición para los primogénitos es doble, bendición terrenal y bendición celestial.

Por lo tanto, para este tiempo final habrá una bendición grande; y por consiguiente habrá un ministerio doble o triple en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y será cuando Dios envíe a Su Ángel mensajero en carne humana en medio de Su Iglesia, en medio de Su Casa, la Casa de Dios, la cual es la Iglesia del Señor Jesucristo; y no es una casa de cuatro paredes, es una familia: la familia de Dios, la Casa de Dios, la descendencia de Dios, donde será enviado ese mensajero, que es un profeta dispensacional; y por consiguiente ahí estará una bendición grande, porque tendrá: “LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS.”

Tan simple como eso y un profeta dispensacional; y por consiguiente estará recibiendo merced, recompensa de profeta, la Iglesia Novia del Señor Jesucristo. Cristo dijo en San Juan, capítulo *13, verso *20. “El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió, a Dios, al Padre.”

Y ahora, “El que recibe profeta en nombre de profeta, recompensa de profeta recibe,” recibe todas las bendiciones de Dios que Él envía en y a través de ese profeta para Su pueblo.

“LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS.”

¿Vieron que sencillo es todo? Es importante recibir esa bendición, recibiendo al mensajero que Dios envía en la edad que la persona le toca vivir, recibir ese mensajero y su mensaje, porque ahí es que está la bendición de Dios para la Casa de Dios, para la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente para cada miembro de la Iglesia del Señor Jesucristo como individuo. También como individuos somos Templo de Dios, Casa de Dios y recibiendo en la edad que a cada creyente en Cristo le toca vivir al mensajero de su Edad, está recibiendo la bendición de Dios para él. Tan sencillo como eso.

Y esa es la forma en que Dios llama y junta a Sus escogidos de edad en edad, y los coloca en Su Cuerpo Místico de creyentes con Vida eterna; y así es como surge el avivamiento espiritual en la Iglesia del Señor Jesucristo correspondiente a cada edad, a cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Para el Día Postrero será el avivamiento más grande, el despertamiento más grande de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque enviará un profeta dispensacional con doble o triple ministerio, con el mensaje del Evangelio del Reino y también con el mensaje del Evangelio de la Gracia, o sea, con la Lluvia Temprana y con la Lluvia Tardía de la enseñanza del Evangelio, del Evangelio de la Gracia, que es la Lluvia Temprana, y del Evangelio del Reino, que es la Lluvia Tardía, la lluvia de la enseñanza.

“LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS.”

Si hay alguna persona que todavía no ha entrado a la Casa de Dios para ser parte de la Casa de Dios, por lo cual necesita recibir a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le coloque en Su Casa. Recuerden que Él envió, en la parábola fueron enviados los siervos, el siervo para ir por los caminos y collados, para traer a la Casa de Dios las personas que encontraran; y dijo cuando el siervo o el Espíritu Santo regresó y dijo: “Se ha hecho como Tú dijiste, y todavía hay lugar.” [San Lucas 14:15-24].

El Padre de familia dijo: “Vayan por los diferentes lugares, collados y caminos y fuercénlos a entrar, para que se llene mi Casa,” la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo; porque ahí es donde está la bendición, y ahí es donde está la fiesta, fiesta espiritual, alimento espiritual para el alma, ahí es donde Él coloca Sus siervos fieles y prudentes de Edad en Edad. Y para el Día Postrero colocará al último siervo fiel y prudente, al que estará en la Tierra en el tiempo de la Venida del Señor; y Cristo dijo: “¿Quién es el siervo fiel y prudente al cual su Señor puso, colocó sobre Su Casa, para que les dé el alimento a tiempo, el alimento de la Palabra, del Evangelio? De cierto os digo que cuando Su Señor venga y le halle haciendo así, sobre todos Sus bienes le pondrá.”

Por lo tanto, en el Día Postrero para la Venida del Señor habrá un siervo fiel y prudente en la Casa de Dios dando el alimento a tiempo, el mensaje que corresponde al tiempo final, dándoles el maná escondido de la Palabra revelada del Evangelio del Reino, juntamente con el Evangelio de la Gracia.

Y así es como la Iglesia del Señor Jesucristo, la Casa de Dios, el Templo espiritual de Cristo está recibiendo la bendición del Día Postrero, está recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ha sido para mí un privilegio y bendición grande estar con ustedes, dándoles testimonio de: “LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS.”

Si hay alguna persona que todavía no ha entrado a la Casa de Dios, puede hacerlo en estos momentos, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Recuerden que lo más importante para el ser humano es la Vida eterna. Fuera de la Vida eterna no hay nada más importante para la persona, y solamente se puede obtener por medio de Cristo nuestro Salvador, el cual dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco; y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Es para obtener la Vida eterna por medio de Cristo que lo recibimos como único y suficiente Salvador, porque no hay otro Salvador, hay solamente UNO, y Su Nombre es SEÑOR JESUCRISTO.

Vamos a dar unos minutos mientras tienen la oportunidad de venir a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho para que oremos por usted.

Recuerde: lo más importante es la bendición de Dios. La Vida eterna es lo más importante. El mismo Cristo dijo: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus ángeles y entonces pagará a cada uno según conforme a sus obras (o sea, según sus obras).” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28.

No sé si todos son creyentes. Si hay alguno… visita, que todavía no ha recibido a Cristo puede pasar al frente y oraremos por usted, para que Cristo lo coloque a usted, le coloque en Su Casa, Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia.

Los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el Reino de los Cielos.”

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Si falta alguno por venir, puede venir; y en las demás naciones pueden venir a los Pies de Cristo los que faltan por venir, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados los que han venido a los Pies de Cristo, que están aquí presentes o en otras naciones, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, en Tu Casa, quiero vivir eternamente.

Sálvame, Señor, reconozco, creo y recibo Tu Sacrificio Expiatorio en la Cruz del Calvario, creo que allí Tú llevaste a cabo mi Salvación; y así doy testimonio de mi fe en Ti.

Señor, Te pido se haga una realidad la salvación y Vida eterna en mi vida. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas en alto a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, en el Nombre del Señor Jesucristo,” pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos15 al 16).

Y la pregunta es desde lo profundo de vuestro corazón: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados y bautizadas. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; y si Cristo necesitó ser bautizado, cuánto más nosotros, y Él mismo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Es un mandamiento del Señor Jesucristo el bautismo en agua para todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua siendo un mandamiento del Señor Jesucristo, en él nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando el ministro predica y vienen a los Pies de Cristo las personas, están muriendo al mundo; y cuando son sumergidos en las aguas bautismales, tipológicamente están siendo sepultados; y cuando son levantados de las aguas bautismales, están resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento como está prometido en la Escritura.

Recuerden lo que Pedro predicando dijo el Día de pentecostés, cuando al escucharlo dice el capítulo 2 del libro de los Hechos, versos 36 en adelante:

“Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.”

Por lo tanto, es para todos el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo prometido para los que reciben a Cristo, arrepentidos de sus pecados y son bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo grandemente a todos, y bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo en esta ocasión que están presentes, o los que están en otras naciones y en estos momentos han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Pasen todos muy buenas noches.

Dejo con ustedes al ministro aquí presente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA BENDICIÓN DE UN PROFETA EN LA CASA DE DIOS.”

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