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La bendición de los primogénitos
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La bendición de los primogénitos

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final; y también con ustedes que están en otras naciones en esta ocasión.

Para esta ocasión leemos en el pasaje que fue leído hace unos momentos de Hebreos, capítulo 12, versos 22 en adelante, donde dice:

“…sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Dios bendiga nuestra almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Siendo que nos habla de la congregación de los primogénitos que están inscritos en los Cielos, estaremos hablando sobre la bendición de esas personas, de los primogénitos que están inscritos en los Cielos.

“LA BENDICIÓN DE LOS PRIMOGÉNITOS.”

La bendición más grande que hay corresponde al primogénito, y por consiguiente por esa bendición han luchado muchas personas, tales como Jacob, luchó desde el vientre de su madre con Esaú y luego que hubo nacido, por cuanto no nació primero, sino Esaú nació primero, continuó la lucha ya estando nacidos en la Tierra. Y vean, un primogénito siempre estará luchando por la bendición que le corresponde, que le toca; y la bendición de la Primogenitura es una bendición doble.

En medio del pueblo hebreo la bendición que tenía el primogénito le daba derecho a una doble porción; por eso encontramos que José…

Vean, ahora lo importante es ser el Primogénito delante de Dios, lo cual algunas veces no tiene nada que ver con nacer físicamente primero o después. Por ejemplo: tenemos el caso de Jacob, no nació primero pero luchó por esa bendición, delante de Dios era el primero, pues Dios pensó en Jacob primero que en Esaú; y luego cuando ya estaba en la Tierra luchó por esa bendición, se la compró a Esaú, que para él no tenía ningún valor; él no sabía, no entendía y pensó más bien en la comida; porque tenía una necesidad física, tenía hambre y él pensaba: “Yo me voy a morir, ¿y de qué me vale la primogenitura?” Pero Jacob pensaba diferente. Jacob era una persona espiritual.

La bendición de la Primogenitura por cuanto tiene una doble bendición, tiene que ver con cosas terrenales y cosas celestiales también; y las celestiales son las más importantes, tiene que ver con el Programa de Dios. El hombre con la bendición de la Primogenitura es un hombre espiritual; la persona que no sabe ni aprecia la Primogenitura es un hombre terrenal, carnal.

Ahora, encontramos que José, vean también José, otro que no nació primero, primero nació un hermano suyo. Pero vean, cuando Jacob o Israel fue a echar la bendición sobre sus hijos en el capítulo 48 del Génesis, comenzó con José y sus hijos. Eso está en Génesis, capítulo 48, y nos dice que Jacob en esa ocasión… capítulo 48, verso 12, dice:

“Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra (o sea, sacó sus hijos que los tenía sentados en sus rodillas se inclinó a tierra).

Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel (o sea, de Jacob); y los acercó a él.”

O sea, los puso en esa forma para que al ir delante de Jacob quedara Manasés a la derecha de Jacob y Efraín quedara a la izquierda, o sea, a la mano izquierda de Jacob, pensando José que Jacob o Israel iba a extender su mano así, a la derecha sobre el que estaba a su derecha e iba a poner la bendición de la Primogenitura sobre el mayor.

Pero estaban a la mano… José colocó a su mano derecha a Efraín y colocó a su mano izquierda (la mano izquierda de José) a Manasés, le agradó hacerlo así pensando que Jacob entonces iba a extender su mano así derecha, pero lo que no sabía José era que su padre iba a hacer en una forma diferente a la que él pensaba, o sea, que Jacob iba a hacer en la misma forma que hizo José, no le podía estar malo si Jacob hacía en la misma forma, pues si José colocó a su derecha a Efraín, ¿por qué le va a molestar que Jacob coloque su mano derecha sobre Efraín?

Y ahora, sigue diciendo:

“Entonces Israel (o sea, Jacob) extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.”

Y para que vayan teniendo una idea clara de lo que todo esto tipifica en el Programa espiritual de Dios; recuerden que Manasés representa a los judíos y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, vean dónde va a estar la bendición de la Primogenitura, dónde va a estar la bendición de la mano derecha; aunque de la bendición de la Primogenitura le iba a tocar una parte a Manasés; vean:

“Y bendijo a José, diciendo…”

Vean, va a bendecir a José, y por cuanto la bendición que es echada sobre la persona, después pasa a la familia, va a pasarla el mismo Jacob a la familia; si la pasaba José en la forma en que José pensaba, la iba a pasar la bendición más grande a Manasés.

Y ahora, Jacob, que había tenido la misma experiencia, pues había nacido su hermano Esaú primero, aunque Jacob había luchado en el vientre de su madre.

Y ahora, vean Efraín y Manasés, Manasés nació primero y Efraín después, pero ahora Dios a través de Jacob va a hacer en la misma forma que hizo con Jacob que aunque no nació primero lo iba a poner en la Primogenitura, dándole la bendición de la Primogenitura, la bendición mayor.

Recuerden que la bendición de la Primogenitura es en una doble porción. Por eso aquí José que no nació menor, fue el penúltimo hijo de Jacob, pero fue el primogénito, ¿y cómo puede ser el primogénito si vino a ser uno de los últimos hijos de Jacob? Porque José fue el primero que nació a Jacob a través de Raquel; y Raquel era la esposa con la cual él se casó, después le dieron a… la madre de Jacob era Rebeca y la esposa es Raquel, la esposa de Jacob, fue con la cual él se casó.

Por lo tanto, el hijo primero que nacería de Raquel sería el primogénito; aunque después le dieron la que no era y cuando despertó tenía la hermana mayor de Raquel: Lea. Pero vean, no importaba, la bendición de la Primogenitura iba a ser para el hijo primero que le naciera a Jacob a través de… ¿de quién, Miguel? De Raquel, esos dos nombres comienzan con R (los dos), y ustedes saben que los de la Isla Margarita y los de la Isla de Puerto Rico, tienen problemas con la R y con la L; así que, también los nombres se nos confunden.

Ahora vean, el primero que nació a Jacob no fue José, dice que fue Rubén, pero esa no fue con la cual Jacob se casó, fue con… ¿con cuál, Miguel? Con Raquel.

Así que, vean la bendición del Primogénito, del que está delante de la presencia de Dios como Primogénito, nadie la puede cambiar, aunque traten de cambiarsela siempre Dios va a obrar para que de alguna forma las cosas obren para bien de esa persona. Miren, aun antes de nacer Jacob y Esaú, Dios dijo: “A Jacob amé y a Esaú aborrecí.” Dios sabía qué iba a ser de cada uno de ellos, porque Dios conoce todas las cosas.

Y ahora, Dios por medio de Jacob, porque esas bendiciones, vean, vienen de parte de Dios por medio de Su Espíritu, a través de un hombre hablando esas bendiciones; porque Dios habla por medio de Su Espíritu a través de seres humanos, a través de profetas. Por eso la Palabra de Dios, ¿qué es? Lo que Dios habló por medio de hombres de Dios. Verso 15:

“Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

el Ángel que me liberta de todo mal.”

Miren, habla de Dios y luego habla del Ángel; porque el Ángel de Dios es el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical; el cual después, más adelante se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo y fue conocido con el nombre de Yeshua, o sea, Jesús traducido al español y al inglés Jesus.

“…el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes.”

Y ahora, Dios por medio del Ángel es el que bendice. Pero ahora Jacob, ungido por el Espíritu de Dios, está hablando esa bendición.

“… y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra (o sea, que hay una bendición para multiplicarse, o sea, que iban a tener muchos hijos).

Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.”

Interrumpió la bendición que estaba siendo hablada por Dios a través de Jacob, o sea, de Israel sobre José a través de sus hijos, trató de interrumpir. Pero vean, la bendición no se puede interrumpir, aunque trate se de interrumpir va a venir siempre esa bendición, aunque vengan persecuciones sobre los Primogénitos, siempre la bendición de la Primogenitura va a estar disponible para los primogénitos de Dios.

Eso fue una falta de respeto y falta de reverencia, lo que José hizo delante de su padre Israel, al interrumpirlo estando hablando la Palabra de Dios, esa bendición sobre José, bendiciendo a José a través de sus hijos Efraín y Manasés.

“Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido.”

Vendrá sobre un pueblo, y recuerden que Manasés representa al pueblo hebreo. Un pueblo, el pueblo hebreo es un pueblo.

“… y será también engrandecido (ha sido engrandecido y continuará siendo engrandecido el pueblo hebreo), pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.”

Ahora, la bendición mayor corresponde a Efraín, será mayor que Manasés y su descendencia formará multitud de naciones, esas van a ser las naciones que van a entrar al Reino del Mesías.

“Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.”

Y recuerden que esto de poner a una persona antes que al otro en el Programa Divino tiene un significado, porque el primero es el primogénito que tiene la bendición mayor, doble; Manasés formaría, vendría a ser una nación grande, sería engrandecida Manasés y esa nación; pero Efraín formará, la descendencia de Efraín, formará multitud de naciones.

Y esa multitud de naciones, entonces aparecerían entre los gentiles, porque no puede ser multitud de naciones ahí en Israel, pues Israel es una sola nación. Por eso, aunque muchos piensan que la diez tribus del reino del Norte encabezada por Efraín están perdidas, para Dios no están perdidas; es que se ha estado multiplicando en medio de los gentiles y se ha estado formando una multitud de naciones y van a entrar al Reino del milenio, Reino milenial, del Mesías.

Hay millones de seres humanos que ni saben que son descendientes hebreos, muchos de las tribus del Norte, de la casa de Israel encabezada por Efraín y otros de la casa de Judá encabezada por la tribu de Judá. Es que la bendición dada también para Abraham, nos dice San Pablo en Romanos, capítulo 4, que es tan grande que… vamos a leerlo para que vean, capítulo 4, verso 13, de Romanos, dice:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.”

Y ahora vean, para Abraham fue dada la promesa a Abraham o a su descendencia; la simiente de Abraham es Cristo y la descendencia de Abraham por medio de Cristo forman la Iglesia del Señor Jesucristo y forma la realeza del Reino del Mesías; por eso es que San Pablo hablándonos en Efesios, capítulo 2, versos 15 en adelante para no leer mucho, dice:

“…aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

La familia de Dios, esos son los hijos de Dios que por medio de Cristo, el segundo Adán, han nacido en la casa de Dios, la familia de Dios como hijos e hijas; esas personas son los Primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero y vienen por medio de Cristo, el Primogénito de toda la creación, o sea, por medio del Primogénito vienen los Primogénitos que están escritos en el Cielo.

Cristo es el segundo Adán y por medio del segundo Adán vienen los hijos e hijas de Dios a Vida eterna; por eso por medio del primer Adán, el cual murió cuando pecó, murió a la Vida eterna y solamente le quedó vida temporera, que es lo que hemos heredado; pero ahora por medio del segundo Adán, que es Cristo, obtenemos la Vida eterna y por consiguiente viviremos eternamente con Él en Su Reino.

Por eso es que dice la Escritura que “somos Reyes y Sacerdotes, porque Cristo con Su Sangre nos ha redimido de todo pecado, nos ha limpiado por medio de Su Sangre de todo pecado y nos ha hecho para Dios, para nuestro Dios Reyes y Sacerdotes y reinaremos sobre la Tierra.” Eso está en el capítulo 1, verso 5 al 6 del Apocalipsis; capítulo 5, versos 8 al 11 del Apocalipsis también; y capítulo 20, versos 4 al 6 de Apocalipsis también.

Ahí tenemos los Primogénitos escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero con la bendición para esos primogénitos de ser Reyes y Sacerdotes y también Jueces. “Porque los santos juzgarán al mundo,” dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, verso 2 en adelante: “Y no solamente juzgarán al mundo sino también a los ángeles.” Esos son los Primogénitos que tienen la bendición de la Primogenitura, esa bendición que viene de parte de Dios, y por cuanto la bendición de la Primogenitura tiene una doble porción, tienen una porción terrenal y tienen una porción celestial, pertenecen a la Jerusalén celestial y van a estar en Jerusalén terrenal también, pertenecen al Reino celestial y estarán también en el Reino terrenal. En el Reino celestial, en el Reino terrenal son la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios son Reyes tanto del Reino celestial como del Reino terrenal, según el Orden de Melquisedec.

Y ahora, por cuanto Cristo es el Melquisedec del Templo celestial, el Sumo Sacerdote del Templo celestial y también el Rey, siendo creyentes en Cristo los que le han recibido como Salvador y recibiendo el nuevo nacimiento, naciendo de nuevo por medio de la unión de Cristo y Su Iglesia, reproduciéndose en hijos e hijas de Dios, estas personas vienen a ser los que reinarán con Cristo en el Reino milenial, en el planeta Tierra, serán el gabinete de Cristo y tendrán una posición muy importante y una labor muy importante en ese Reino; por eso la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por esas personas, los Primogénitos escritos en el Cielo, tienen la bendición más grande que ser humano puede tener, tienen una parte terrenal en el Reino del Mesías y tienen otra parte celestial en el Reino celestial; o sea, que pertenecen a ambos pueblos, como Cristo también, al pueblo celestial y luego al pueblo terrenal; porque estarán aquí en la Tierra pero en una posición más alta que los demás seres humanos.

Y ahora, todas las bendiciones de Dios, toda la herencia de Dios, nos dice la Escritura que Cristo es el heredero de Dios. Dios por medio de Cristo creó los Cielos y la Tierra para Él para Cristo y Él es el heredero de todas las cosas. ¿Y qué son los Primogénitos? Coherederos con Cristo. Tan simple como eso.

Esa es la parte de los seres más importantes de Dios, pues son los hijos e hijas de Dios, esos son los más importantes también en una casa: los hijos.

Así que, vean también lo que nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 3. Les debo todavía Efesios, una parte de Efesios. Dice en Hebreos, capítulo 3, versos 5 al 6, para no leer mucho, dice:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, Cristo ha sido colocado como Hijo sobre Su casa, o sea, que la cabeza de esa casa de Dios es Cristo, y dice San Pablo: “La cual casa somos nosotros,” es que esa casa no es una casa de cuatro paredes, sino que es una familia; la casa de Dios, la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios y esos son los miembros de la realeza del Reino celestial y de la realeza del reino terrenal que va a ser establecido en la Tierra.

Y ahora, lo que les debía de Efesios, capítulo 2, donde dice, verso 19 en adelante, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.”

Miembros de la familia de Dios, hijos e hijas de Dios; y por consiguiente miembros de la realeza. En un Reino está el nivel mas alto que es la realeza, que son el rey, la reina y sus hijos, y luego viene la Aristocracia: duque, condes, y condesas y por ahí; y después… ¿qué viene después, Miguel? El pueblo, por no decir la plebe como se decía antes, porque suena un poquito…

Bueno, pero lo importante es saber a qué esfera de la sociedad del Reino de Dios pertenecen los creyentes en Cristo, pertenecen a la esfera más alta, a la realeza.

Cuando la persona nace de nuevo, nace en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios, nace en la realeza y como miembro de la realeza; cuando nació Jesús en la Tierra, un ángel con una hueste celestial vino con un coro cantando; porque cuando nace un rey hay cántico; siempre ha sido así y hay regocijo, hay gozo en el reino cuando nace un heredero, un hijo del rey y la reina; y por eso es que Cristo dice que cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo, ¿ve? Es lo mismo, está naciendo un rey o una reina, un príncipe o una princesa en el Reino de Dios.

Ahora, sigue diciendo:

“…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (por eso Él es nuestro hermano mayor),

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y ahora, todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son los miembros de la familia de Dios, los miembros de la realeza; y por consiguiente también son un Templo espiritual, o sea, como cuerpo Místico es el pueblo donde mora Dios en Espíritu Santo. Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Es un pueblo en donde Dios se mueve en Espíritu y se manifiesta en Espíritu en medio de ese pueblo; está prometido: “Y andaré en medio de ellos.”

Y ahora, como individuos son personas templo espiritual, son personas donde mora el Espíritu de Dios. Por lo tanto, son un templo humano de Dios cada creyente en Cristo, como también Cristo cuando estuvo en la Tierra dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” Muchos pensaban: “Está hablando de ese templo de piedras y esta diciendo que lo destruyamos.” Y muchos pensarían: “Este es un revolucionario, un rebelde, uno que quiere destruir.” Pero, Él hablaba, no hablaba del templo de piedras, Él hablaba de Su cuerpo, donde moraba Dios.

El ser humano es un templo y por eso se le da la oportunidad a las personas que reciban a Cristo para que more en sus corazones; porque siendo que el ser humano es a imagen y semejanza de Dios, y es también un templo espiritual para Dios morar en él, así como el templo que construyó Salomón y el tabernáculo que construyó Moisés, tenía: Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo; el ser humano tiene atrio, el cuerpo físico, tiene lugar santo, que es el espíritu de la persona y tiene lugar santísimo, que es el alma de la persona; y en el alma de la persona es que mora el Espíritu Santo cuando la persona recibe a Cristo como Salvador. Es ahí en el alma de la persona donde encontramos el Trono de Dios para Dios ahí morar y gobernar la vida del creyente en Cristo, reinar sobre la persona.

Y ahora, las bendiciones de los primogénitos hemos visto que son grandes y es una doble porción de bendición que tiene cada primogénito de Dios, bendiciones terrenales y bendiciones celestiales también.

Por lo tanto, viendo que estas bendiciones son para los Primogénitos escritos en el Cielo, en la Vida del Libro del Cordero, aprovechemos siempre bien el tiempo sirviendo a Dios, trabajando en Su Programa y disfrutando todas las bendiciones que Él tiene para todos los Primogénitos, bendiciones para el tiempo presente y bendiciones para el futuro también, para el glorioso Reino del Mesías, donde ya no estaremos como estamos físicamente durante estos dos mil años.

Miren, algunas veces hay príncipes que viven como de la plebe, y hay de la plebe que viven como príncipes; pero en el Reino del Mesías van a vivir como príncipes los de la realeza, eso en el reino de los gentiles, vean, viven como príncipes, pero los príncipes y princesas son los miembros de la Iglesia de Jesucristo. En lo físico aunque estemos como de la plebe, físicamente trabajando en los diferentes trabajos que hay, en el Reino del Mesías viviremos como Reyes y Sacerdotes, como príncipes y princesas.

Así que, lo importante es cómo vamos a estar en el Reino del Mesías; ahora en lo espiritual estamos como príncipes y princesas viviendo con todas las bendiciones del Cielo; recuerden que el Reino de Dios está en la esfera espiritual y en esa esfera estamos nosotros en la Iglesia del Señor Jesucristo, pero cuando venga la esfera física van a cambiar nuestros trabajos, vamos a heredar las bendiciones de la primogenitura correspondientes al Reino del Mesías y nadie nos la va a quitar.

Así que, trabajemos en la Obra del Señor siempre, porque nuestro trabajo en el Señor no es en vano.

Yo aprecio y agradezco mucho todo lo que ustedes están haciendo en la Obra de Dios, desde que ustedes vinieron a los Pies de Cristo.

Y aprecio mucho también lo que están haciendo por el proyecto de La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico, y por el gran esfuerzo que estarán haciendo en estos días navideños, en este mes de las navidades; porque muchos, en muchos países siempre de lo que reciben colocan muchos de ellos una parte grande en la Obra del Señor y algunos lo colocan todo, pero ya eso es asunto de la persona. Siempre las cosas tienen que salir de lo profundo del corazón de los creyentes, cada cual conforme a su fe siempre estará haciendo y el que más quiere hacer lo que Cristo dijo: “Haceos tesoros en el Cielo,” el que quiere hacer más tesoros, pues hará más tesoros, acumulará más en el Reino de Cristo, va a depender de su fe y del conocimiento que tenga de lo que es hacer tesoros en el Cielo; y siempre tiene que ser con Amor Divino y de todo corazón, porque si no no funciona delante de Dios, tiene que ser una obra de fe y amor hacia Dios.

Así que, yo aprecio y agradezco mucho todo el esfuerzo que ustedes han estado haciendo y el esfuerzo grande que harán en estos días de este mes de navidad. Digo este mes de navidad, porque ya se abrieron las compras navideñas y se abrió todo el programa para navidad que culminará en la semana que le llaman de navidades, desde el 24 de diciembre al 1 de enero, porque el 1 de enero es año nuevo.

Así que, Dios me los bendiga y les recompense grande, mucho, por todo lo que ustedes están haciendo por el proyecto de La gran Carpa-Catedral, y también por todo lo que han hecho en la Obra del Señor y también por el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Ustedes han visto los resultados, las actividades que AMISRAEL ha llevado a cabo y han visto que ha sido un éxito en todos los países que AMISRAEL ha trabajado; y un éxito también los trabajos allá en Israel, allá en Jerusalén.

Así que, yo aprecio mucho también ese respaldo que le están dando a AMISRAEL, y también el respaldo que le están dando a la Obra misionera, al misionero doctor Miguel Bermúdez Marín, y todo el trabajo que él lleva a cabo con todos los ministros y todas las congregaciones; un trabajo que ha sido por años y el resultado son ustedes, y ustedes son un éxito en el Programa Divino.

Así que, continuemos respaldando al doctor Miguel Bermúdez Marín en su labor misionera y a todos los ministros que junto a él están trabajando en esa Obra misionera, que yo creo que es el ciento y algo por ciento de todos los ministros, o sea, todos los ministros y el otro por ciento son los colaboradores; o sea, que es respaldo total que se está dando a esa labor misionera y evangelística que está llevando el misionero Miguel Bermúdez Marín, junto a todos los ministros y a todas las congregaciones.

¿Y cuándo va a terminar esa labor, Miguel? Cuando entre el último de los escogidos. Por lo tanto, yo siempre estaré respaldando esa labor Miguel y respaldandote a ti, juntamente con todos los ministros y todas las congregaciones que también te respaldan.

Y que Dios te bendiga Miguel y te use cada día más y más en Su Obra en este tiempo final; y a cada uno de ustedes ministros; y a cada uno de ustedes hermanos y hermanas en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador. Y que las bendiciones de los Primogénitos, la bendición y bendiciones contenidas en la Primogenitura sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Puede pasar acá al frente para orar por usted. Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco, como el Padre me conoce, y me siguen, y yo les doy Vida eterna y nadie las arrebatará de mi mano, mi Padre mayor es que yo y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Ustedes están aquí presentes porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; no es porque ustedes quisieron venir por cuenta de ustedes, es porque el Espíritu de Dios les guió para estar aquí presentes; porque ustedes tiene sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida; y por consiguiente ustedes escucharían la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo llamando y juntando Sus ovejas, Sus escogidos en el tiempo que les ha tocado vivir a ustedes.

Por lo tanto, saber que nuestros nombres están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida es una bendición grande, es una bendición de los Primogénitos, es una bendición contenida en la Primogenitura; por lo tanto nos llena de alegría y de agradecimiento a Dios por Él haber puesto nuestros nombres en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Esto lo dice mientras continúan viniendo a los pies de Cristo las personas que faltan por venir y en los demás países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo.

Vean, en Apocalipsis, capítulo 13, nos habla de este Libro de la Vida, y dice que los que adoraron a la bestia, no tenían sus nombres escritos en ese Libro, dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

¿Ven? Los que adoraron la bestia no tenían sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero y ese Libro de la Vida del Cordero está escrito desde antes de la fundación del mundo. También en el capítulo 17, verso 8, dice:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.”

¿Ven? Los Primogénitos tienen sus nombres escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, ¿desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo y no lo sabíamos, pero ahora sí lo sabemos; o sea, que aunque nosotros no comprendíamos estas cosas, Dios nos tenía en Su Programa, estábamos en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, Él estaba pensando en nosotros desde antes de la fundación del mundo, y por eso somos Primogénitos, los primeros en los cuales Dios pensó: en Cristo y todos Sus descendientes, los hijos que vendrían a través de Cristo, hijos e hijas de Dios por medio del segundo Adán.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, en las demás naciones también si ya están listos, puestos en pie también en las demás naciones y con nuestros ojos cerrados y nuestras manos en alto, levantadas a Cristo nuestras manos, al Cielo, los que han venido a los Pies de Cristo, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos; creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino.

Sálvame, Señor, creo Señor en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, ya Tu pagaste el precio de mi salvación, de mi redención, y lo acepto y te pido se haga una realidad en mí. Sálvame, hazlo una realidad en mí; porque yo lo creo con toda mi alma. En el Nombre eterno del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y con nuestras manos levantadas en alto a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo mas pronto posible, porque Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16].

Ustedes me dirán: “Yo he creído en Cristo de todo corazón, quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible en Su Nombre. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El mismo Cristo estuvo en los bautismos que Juan estaba llevando a cabo en el Jordán, entró a las aguas bautismales y cuando Juan le ve le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” (parece que lo conocía) aunque él no sabía quién sería el Mesías, pero cuando lo ve parece que sabía algunas cosas de Jesús, parece que en la vida de Jesús habían sucedido cosas muy importantes que ahora Juan, cuando ve que es su primo, se sorprende, cuando él ve que aquel al cual él está preparando el camino y que él decía que no sabía quién era y que vendría después de él y que era más poderosos que él, y que Él bautizaría con Espíritu Santo y Fuego; y ahora cuando ve que es su primo, se sorprende y no lo quería bautizar a Jesús, y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó. Si Jesús, para cumplir toda justicia, le convenía ser bautizado, cuánto más a nosotros.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo que ha estado siendo obedecido desde el tiempo de los apóstoles hasta este tiempo en que estamos viviendo. En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El apóstol Pedro en Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18 en adelante, hablando del bautismo tipificado en el diluvio, dice… porque el planeta Tierra, con el bautismo del diluvio, vean, recibió el bautismo el planeta Tierra: fue el diluvio, dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados (vivificado en Espíritu y en ese Espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados allá en el infierno, o sea, que fue en cuerpo angelical al infierno)… y predicó a los espíritus encarcelados,

los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé (¿cuándo?), mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua (solamente ocho personas fueron salvadas por agua).”

Y ahora, vean ustedes, aquellas personas que desobedecieron la Palabra de Dios y no creyeron el mensaje de Dios a través del profeta Noé y no reconocieron a Noé como el profeta de aquel tiempo, vean, no conocieron y vino el diluvio y se los llevó a todos; no conocieron el Programa de Dios para aquel tiempo, no conocieron cuál era el mensaje de Dios para aquel tiempo y no conocieron quién era el mensajero de Dios para aquel tiempo.

Y la ignorancia del Programa de Dios, del mensaje, el tiempo y el mensajero para un tiempo, ignorar eso es no conocer delante de Dios el Programa de Dios, y por consiguiente tendrán problemas esas personas en el tiempo o edad en que estén viviendo, les pasará como a las personas del tiempo de Noé que no conocieron. Sigue diciendo:

“El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne (recuerden que el agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado), sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo,

quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”

Y ahora, por cuanto el bautismo en agua es un mandamiento del Señor, y eso es para todos los que reciben a Cristo como Salvador, el apóstol Pedro dice cuando le preguntan: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” Pedro les dice: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” Eso está en el capítulo 2, del libro de los Hechos, versos 35 al 48. Les cité más o menos las palabras, ustedes las buscarán en sus Biblias y verán exactamente cómo está dicho.

Y ahora, hemos llegado al momento en que tienen la oportunidad ahora de ser bautizados en agua conforme al deseo de vuestro corazón; porque ustedes desean hacer conforme a la voluntad del Señor, que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Y el Espíritu Santo dijo también a través de Pedro: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa.” Para vosotros es la promesa del Espíritu Santo, para obtener el nuevo nacimiento; sin el nuevo nacimiento no hay Vida eterna, sin el nuevo nacimiento no se entra al Reino de Dios.

Por eso Cristo dijo a Nicodemo, en el capítulo 3 de San Juan. “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.” Nacer del agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Y ustedes también que están en otras naciones, pueden ser bautizados, los que han venido a los Pies de Cristo. Y que Cristo también les bendiga y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí para que les indique como hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Pasen todos muy buenas noches.

“LA BENDICIÓN DE LOS PRIMOGÉNITOS.”

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