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El principio de la creación
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El principio de la creación

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, les bendiga a todos ustedes ministros y vuestras congregaciones en todas las naciones y les llene de conocimiento del Programa Divino correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Felicidades y un próspero Año nuevo para todos, amables amigos y hermanos. Es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando al Proyecto de La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico y también todo el respaldo que le están dando a la obra misionera y a la obra evangelística en todas las naciones; y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL.

Un cordial saludo para el misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín; y también para el doctor Salomón Cunha y su esposa Kélita Machado de Cunha.

Para esta ocasión leemos en Génesis, capítulo 1, verso 1, que dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

Hay dos ciencias a través de las cuales se obtiene conocimiento: la ciencia humana que nos da conocimiento al espíritu, o sea, al intelecto, ciencia que obtenemos en las escuelas, en las universidades por medio de los estudios; esa es la ciencia humana, la cual ha estado buscando el origen de la creación y dice que hubo una explosión gigante y ahí surgió la creación, el Universo. Le llaman a esa explosión el Big-Bang, y así la ciencia ha visualizado la creación; y últimamente preparó un equipo para producir aquello que fue el Big-Bang, producirlo (diríamos) en un equipo como en un laboratorio, pero gigante, para estudiar mejor cómo fue el comienzo allá, la creación del Universo. Por medio de la ciencia humana, es muy poco lo que se ha logrado en cuanto al conocimiento de la creación del Universo.

Ahora, hay otra ciencia: La ciencia divina, a través de la cual se obtiene el conocimiento de la creación y de todo el Programa que está envuelto en la creación, para qué fue efectuada la creación del Universo; y en la creación del Universo, ha sido incluido el ser humano para habitar en este planeta Tierra.

Y ahora, ya hemos visto que la ciencia humana tiene sus telescopios; y cuando ven alguna estrella o cuando podemos mirar alguna estrella, se dice que esa estrella que usted está viendo no está en ese lugar que usted la está viendo, ¿y cómo puede explicarse eso? Es que allí estuvo hace cientos o miles de años, pero ya está en otro lugar.

Así que, por medio de la ciencia humana encontramos que no hay mucha claridad en cuanto a la creación y su funcionamiento; y no podemos comprender cómo es que estamos viendo una estrella y no esta allí y la estamos viendo con nuestros ojos; es que el lapso de tiempo que toma la luz de esa estrella en venir a la Tierra es mucho, son años luz, y cuando llega acá y usted ve esa luz de la estrella, ya se ha movido a otro lugar. Pero eso no es ningún problema para nosotros, para el ser humano tenemos la ciencia de Dios, que nos da a conocer todos estos misterios divinos. Dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

Ahora, ¿cómo lo hizo? Eso le toca a Dios explicarlo para que lo podamos comprender bien.

Tenemos, a través de la Escritura, la enseñanza de Dios por medio de los profetas desde Adán hasta el Apocalipsis (hasta el apóstol San Juan); y luego, a través de San Pedro, a través de San Pablo y a través de los diferentes mensajeros que Dios ha enviado a Su Iglesia hasta el séptimo ángel mensajero, y luego corresponde en este tiempo final a toda la revelación de Jesucristo por medio del mismo Programa, la misma forma en que Dios ha estado hablándole a Su pueblo de edad en edad y de dispensación en dispensación, Dios siempre ha estado hablando por medio de Su Espíritu, el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, el cual le aparecía a los diferentes hombres de Dios como Adán, como Abel, como Set, como Enoc, Matusalén, Noé; también Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué.

Vean, a Josué le apareció como un guerrero con una espada en su mano, a Moisés le aparecía en diferentes ocasiones también; y como Dios fue con Moisés, fue con Josué; y luego a través de los diferentes jueces, encontramos en la historia de ellos que Dios le aparecía a ellos; y tenemos el caso de Gedeón, al cual le apareció el Ángel, se sentó sobre una roca, sobre una piedra y miraba fijamente a este hombre de Dios, y él ya se ponía rojo, su rostro, al el Ángel estar mirándolo; y luego el Ángel le habló.

También encontramos que le apareció a Manoa, y Manoa luego le dice a su mujer, a su esposa, la señora Manoa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios cara a cara.” Lo mismo que había pasado con Jacob que vio al Ángel de Dios y se agarró de él, toda la noche estuvo luchando con él y ya cuando rayaba el alba el Ángel le dice, en Génesis, capítulo 32, versos 24 en adelante: “Déjame, suéltame, porque raya el alba,” ya tenía que irse. Y Jacob le dice: “No te soltaré, no te dejaré, hasta que me bendigas.”

Y el Ángel le pregunta: “¿Cuál es tu nombre?”

Jacob le dice que su nombre es Jacob. Y el Ángel le dice: “No se dirá mas tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido.” Y Jacob, luego que el Ángel lo bendijo le pregunta al Ángel: “¿Cuál es tu nombre?” Pero el Ángel le dice: “¿Por qué preguntas por mi nombre.”

A los profetas Abraham, Isaac y Jacob, Dios se había revelado con el Nombre del Dios Todopoderoso, y así por el estilo; pero con el Nombre que está traducido en algunas versiones como Jehová, aunque no es Jehová la traducción correcta, pero está traducido como Jehová, en otras traducciones dice: Yavéh, o Yawéh  y así por el estilo; y en otras pues el Señor o el Eterno (para los judíos, pues el Nombre no lo pronuncian).

Y ahora, encontramos que a Moisés en el capítulo 13, versos 13 al 16, cuando Moisés le pregunta: “¿Cuál es tu Nombre? Si los hijos de Israel me preguntan cuando yo les diga: “El Señor, el Dios de vuestros padres: Abraham, Isaac y Jacob, me ha aparecido y me ha dicho que venga a ustedes; si ellos me preguntan: ‘¿Cuál es su Nombre?’ ¿Qué les voy a responder?” Y entonces Dios le dijo cuál era Su Nombre. Es la primera ocasión en la historia bíblica que Dios le revela Su Nombre a un hombre. Eso es lo que nos dice Éxodo, capítulo 6, versos 2 al 3, Dios hablando con Moisés, dice:

“Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ.”

Estas son cuatro consonantes, las cuales son Y (o sea, ‘y’ griega) H W H.

“Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.”

Y ahora, se está dando a conocer a Moisés con el nombre que está traducido en algunas versiones como Jehová, en otras como Yavéh o Yawéh. En el capítulo 3, versos 13 al 16, dice:

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.

Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto;

y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel.

Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios.”

Y ahora, aquí podemos ver cómo Dios se le revela a Moisés y cómo le revela Su Nombre, como el YO SOY. En ciertas versiones, en otras versiones, y aun cuando se va al original hay también algo en ese Nombre. Pero vamos a pasar al capítulo 23 del Éxodo, para tener un cuadro más claro del Creador de los Cielos y de la Tierra, el cual en el principio creó los Cielos y la Tierra.

Ahora, dice en el capítulo 23, versos 20 al 23:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti.”

Y ahora, aquí el nombre que le había sido revelado a Moisés, ¿dónde está? Está en el Ángel, por eso Dios a través de Su Ángel hablándole a Moisés le reveló ese Nombre Eterno, divino, al profeta Moisés; ese Nombre está en el Ángel de Dios; porque el Ángel de Dios es nada menos que la imagen del Dios viviente, es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el varón con el tintero de escribano en Su cintura de Ezequiel, capítulo 9.

Y ahora, ya hemos visto dónde está el Nombre de Dios: está en el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios; y hemos visto que el Ángel de Dios es el cuerpo angelical de Dios, Él es el Verbo que era con Dios y era Dios, es ese cuerpo teofánico que salió de Dios, surgió, salió de Dios como una luz pequeña, eso fue lo primero que aparece; porque no había nada, no se veía nada; el Dios invisible, pues tampoco se podía ver.

Y ahora, sale de Dios esa luz pequeña y de ahí encontramos que surge ese cuerpo angelical llamado el Ángel de Dios, o sea, de ahí surge, se forma ese cuerpo, esa teofanía, cuerpo teofánico llamado el Verbo que era con Dios y era Dios; y ahí tenemos la imagen del Dios invisible para poderse ver y para obrar fue lo primero que aparece visible en otra dimensión; y por medio del Verbo, que es Su cuerpo angelical, esa teofanía, ese Ángel de Dios o Ángel del Pacto por medio del Verbo, del Ángel del Pacto, de ese cuerpo angelical, que es también el Espíritu Santo, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Y ahora, por medio de Su cuerpo angelical llamado el Verbo que era con Dios y era Dios, comienza a crear; para lo cual es normal que haya surgido una explosión cuando comienza a crear y aun cuando surge el Ángel del Pacto, ese cuerpo angelical, de seguro hubo una explosión también.

Y ahora, veamos lo que nos dice la Escritura en Apocalipsis, capítulo 3, verso 14, dice:

“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:”

Y ahora, el principio de la creación de Dios, que es el Ángel del Pacto, el cual es el Cristo, el Ángel ungido con la presencia de Dios, porque es la imagen del Dios viviente donde está Dios habitando en ese cuerpo angelical; y Él y a través de Él, del Verbo que era con Dios y era Dios, del principio de la creación de Dios, encontramos que comienza Dios a crear; por medio de Él, y Él, por medio de Él Dios da comienzo a la creación, es por medio de Cristo el Ángel del Pacto, ese Ángel divino que es la imagen del Dios viviente que Dios da comienzo a la creación; y para ver esto vamos a Hebreos, capítulo 1, versos 1 en adelante, dice de la siguiente manera:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

¿Por medio de quién? ¿O cómo fue que Dios creó los Cielos y la Tierra? Por medio de Cristo, por medio del Hijo, que es el Ángel del Pacto; y por eso es llamado el Hijo de Dios aún antes de tener el cuerpo de carne, porque salió de Dios; así como las madres y los padres llaman a sus niños, sus hijos, ¿por qué? Porque salieron del padre y la madre.

Y ahora, dice:

“…a quien constituyó heredero de todo…”

Él es el heredero, no solamente del planeta Tierra y no solamente del Reino de David, Él es el heredero de toda la creación.

“…y por quien asimismo hizo el universo.”

O sea, que nadie tiene nada, el que tiene es el Cristo, el Mesías, Él es el heredero de los Cielos y la Tierra.

“El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

¿Ven quién es la imagen de la sustancia divina? Cristo.

“… y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

¿Por qué? Porque este es el Ángel del Pacto, Cristo, el cual heredó el Nombre eterno de Dios, Dios colocó en Él Su Nombre eterno.

Y ahora, pasamos a San Juan, capítulo 1, para continuar viendo este misterio del Principio de la creación, y lo estamos estudiando no por medio de la ciencia humana, sino por medio de la ciencia divina.

Recuerden que la ciencia divina es segura, la ciencia humana hoy puede decir una cosa y más adelante decir algo contrario o hacer cierta corrección para lo que se había dicho anteriormente. En San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.”

¿Y por qué el Verbo era Dios? Porque en Él estaba Dios. Recuerden que el Verbo es el Ángel del Pacto, ese cuerpo angelical, esa teofanía.

“Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

Toda la creación visible e invisible fue llevada a cabo por Dios a través del Verbo, a través de ese cuerpo teofánico, de ese cuerpo angelical, que es el Cristo, el Mesías en otra dimensión, ese Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios. Dice:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Luego sigue diciendo en el verso 9 y 10:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo (o sea, el Verbo que es la luz que alumbra a todo hombre venía a este mundo).

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Y esto es por medio del nuevo nacimiento que obtienen, ¿qué? Obtienen esa bendición de nacer en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios, de lo cual le dijo Cristo a Nicodemo. “De cierto, te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.” (San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6).

Y ahora, pasamos al verso 14 de este mismo capítulo de San Juan, donde dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y ahora, el Verbo que era con Dios a través del cual Dios creó los Cielos y la Tierra, el Verbo que era con Dios, que es el Ángel del Pacto, se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y por consiguiente en medio de la raza humana.

Y ahora, cuando se hizo carne, el velo de carne viene a ser la semejanza física de Dios; se cumple Isaías, capítulo 7, verso 14, donde dice: “Porque: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Lo cual traducido es: Dios con nosotros.

En el Verbo hecho carne, tenemos la Plenitud de la divinidad manifestado en carne humana: Dios, Dios con Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne. En Primera de Juan, verso 1 al 2, dice:

“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó).”

La Vida eterna la cual estaba con el Padre y se le ha manifestado, dice el apóstol Juan, ¿cómo se manifestó? En carne humana en la persona de Jesús.

Y ahora, para saber, para conocer el misterio de la creación tenemos que conocer el misterio del que creó todas las cosas, para conocer el misterio de la creación de cómo fue que se efectúo la creación.

El Cristianismo y el Judaísmo, y el Islam, y todos los grupos creyentes, grupos religiosos o grupos espirituales que creen que Dios creó los Cielos y la Tierra, están más adelantados que la ciencia; si hay una creación tiene que haber un creador, si hay una construcción tiene que haber un constructor, una que la construyó; y el Universo es una construcción mayor que cualquier construcción que podamos hacer aquí en la Tierra; y si para una construcción aquí en la Tierra se necesita uno que la construya, cuanto más el Universo.

Y ahora, veamos lo que nos dice San Pablo en Colosenses, y con ese pasaje de acuerdo a la ciencia de Dios y por medio de la ciencia de Dios tendremos el conocimiento completo del misterio de la creación, tendremos el conocimiento del principio de la creación y también de la continuación de esa creación; porque el que la construyó sostiene esa creación por medio del Verbo, que es el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente.

Y ahora, en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, dice:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.”

Los santos en luz son los creyentes en Cristo, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo y tienen una herencia en el Cielo; porque son hijos e hijas de Dios. ¿Y quién son los herederos en una familia? Pues los hijos e hijas de esa familia.

“…el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.”

Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo han nacido en el Reino de Dios, han entrado al Reino de Dios, al Reino de Cristo; y por consiguiente ya fueron trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo nuestro Salvador. Así como al nacer en esta Tierra se nace en el reino de las tinieblas y luego cuando se nace de nuevo a través de Cristo, a través de la predicación del Evangelio, la Palabra y del Espíritu Santo, se nace en el Reino del Señor, en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios que está en la esfera espiritual y ese es el Reino del Hijo de Dios.

“…en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

La redención es por medio de la Sangre de Cristo y el perdón de pecados. Sigue diciendo:

“Él es la imagen del Dios invisible…”

Y la imagen del Dios invisible es el Ángel del Pacto, es esa teofanía, ese cuerpo angelical de otra dimensión.

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

O sea, que Él encabeza la creación de Dios y a través de Él Dios ha llevado a cabo la creación. Recuerden que el primogénito es el heredero y la herencia es doble y los demás hijos tienen una herencia, porque pertenecen a esa misma familia, son hijos e hijas de Dios, como el Ángel del Pacto que se hizo carne y fue llamado Jesús, Él es el primogénito de toda creación y es Él la imagen del Dios viviente.

Y ahora, por medio del nuevo nacimiento obtenemos la imagen de Dios que es el cuerpo angelical, cuerpo teofánico llamado: “el ángel de cada persona,” como le dijeron a la joven Rode cuando Pedro estaba preso y fue libertado, y llegó a la casa a tocar y estando todos reunidos en la casa, ella salió a abrir la puerta y al escuchar que era Pedro (porque conocía su voz), de gozo no abrió la puerta y regresó donde estaban las demás personas y les dice: “Es Pedro.” Ellos le dicen a ella: “Rode, estás loca, es su ángel.” Es que cada creyente en Cristo tiene un ángel, ese es su cuerpo angelical, su espíritu, el cual es dado por Dios en el nuevo nacimiento; y por eso es que se habla acerca del ángel guardián de cada persona; cada creyente en Cristo tiene su ángel que lo ayuda y lo guía en el camino de Dios.

Y ahora, continuamos… recuerden, si Dios tiene Su Ángel y es el Ángel del Pacto, cada individuo tiene también su ángel; porque fue hecho el ser humano a imagen y semejanza de Dios, a imagen de Dios es el Ángel, el cuerpo angelical; el cuerpo teofánico y la imagen de cada persona es su ángel, su cuerpo espiritual.

Ahora, dice:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas.”

¿En quién? En la imagen del Dios invisible, en Cristo. Por eso era que Cristo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, dice a los judíos. “Abraham vuestro padre, deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Le dicen entonces a Jesús: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesús les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Y entonces pensaban que estaba loco, que era un falso profeta, pero les estaba diciendo la verdad; lo que sucede es que ellos no sabían quién era Jesús, ellos no sabían que ése era nada menos que el Ángel del Pacto, la imagen del Dios viviente hecho carne en medio de ellos conforme a las promesas divinas, era la promesa divina de la Venida del Mesías materializada en medio del pueblo hebreo. Tan sencillo como eso, pues la Venida del Mesías está prometida que será la Venida de Dios, del Señor y el Ángel del Pacto. Eso está en Malaquías, capítulo 3, verso 1, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí…”

Todos sabemos que ése fue Juan el Bautista el que vino con el Espíritu y virtud de Elías, para preparar al pueblo y prepararle un pueblo bien apercibido, bien preparado para recibir al Señor, al Ángel del Pacto en Su Venida (San Mateo, capítulo 11, versos 9, en adelante; y San Mateo, capítulo 17, versos 10 al 13).

Cuando bajan del monte de la Transfiguración donde vieron con Jesús, a cada lado de Jesús a Moisés y Elías, cuando Cristo allí se transfiguró y ellos también estaban allí llenos de gloria; y entonces le preguntan a Jesús, cuando bajan del monte de la transfiguración: “¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” Ellos tenían que saber, porque estaba escrito que antes de aparecer, de ver al Mesías, tenía que aparecer Elías el mensajero que le prepararía el camino, y los discípulos del Señor Jesucristo no sabían que Juan el Bautista era el Elías tenía que venir para aquel tiempo, pues se llamaba Juan.

Pero Cristo les contesta: “A la verdad, Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas. Mas yo os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, e hicieron de él todo lo que quisieron; así harán al Hijo del Hombre.” Y entonces entendieron que les hablaba, ¿de quién? De Juan el Bautista, Juan el Bautista fue el precursor para la primera Venida del Señor.

Y ahora, ¿qué sería la Venida del Señor, del Ángel del Pacto? Dice:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

¿Qué sería la Venida del Mesías? Sería la Venida de Dios, del Padre, del Señor a quien el pueblo hebreo buscaba, y la Venida del Ángel del Pacto; o sea, en palabras más claras: Dios el Padre con y en Su cuerpo angelical, en Su imagen, ¿para qué? Para meterse dentro de Su semejanza física, que es el cuerpo físico de Jesús que nació a través de la virgen María; y por eso lo que dijo Isaías en el capítulo 7, verso 14:

“He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.”

Y Emanuel significa: “Dios con nosotros,” esa la forma en que Dios estaría con nosotros los seres humanos en la Venida que está prometida aquí. Eso sería Dios hecho carne, Dios vestido de un cuerpo de carne, el cual ya sabemos que es el cuerpo de carne llamado Jesús. Tan simple como eso. Y todo eso solamente se puede conocer por medio de la ciencia divina que está expresada, grabada en letra en la Biblia.

Y ahora, podemos ver que en Jesús estaba la plenitud de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo eso estaba en Jesús. Ahí tenemos a Dios encarnado en forma de hombre en medio de la raza humana, esa es la semejanza física de Dios, por eso tenía que ser un hombre; porque Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, al espíritu y cuerpo. Por lo tanto, ver a Dios en toda Su plenitud, ver la plenitud de Dios manifestada, es ver a Jesucristo, en Él estaba, está y estará eternamente la plenitud de Dios.

Vean, vamos a continuar acá con Colosenses, que les debo aquí estos versos de Colosenses, capítulo 1, versos 2 en adelante:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

Todas. En San Juan dice que todo fue creado por medio de Él, y sin Él nada de lo que fue hecho, fue hecho; o sea, nada de lo que ha sido creado, ha sido hecho fuera del Verbo. Eso es lo que nos decía aquí.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (San Juan, capítulo 1, verso 3).

Y ahora, continuamos con Colosenses, donde dice:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

En Él fueron creadas todas las cosas. Ahora, una cosa es: “fueron creadas en Él;” y otra cosa es: “fueron creadas por Él,” para Él poder crear todas las cosas, pues tenían que estar creadas en Él.

Para una semilla de trigo o de algún otro fruto poder producir una planta de trigo o un árbol de mango o de manzana, o de lo que sea, tiene que estar creado ya en esa semilla por Dios, ese árbol con todos los frutos que va a tener; y conforme a ley de la reproducción se siembra, luego surge una plantita, un retoño, y luego se va formando la planta o el árbol; y luego más adelante surgen los frutos, cuando ya llega el tiempo de tener frutos, ¿por qué? Porque la vida de la semilla está en esa plantita para reproducirse. Y todo estaba en Cristo.

Recuerden que Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” O sea, muchos hijos e hijas de Dios por medio de la Iglesia, que es la planta de trigo que nacería, la cual nació el Día de Pentecostés.

Y ahora, esa planta de trigo, que es la Iglesia con muchos granos de trigo, que son los hijos e hijas de Dios que vienen a imagen de Cristo o de Dios y que recibirán la semejanza física de Dios, el cuerpo glorificado y eterno, vean, esa es la familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, los herederos de Dios, los miembros de la realeza del Reino celestial; y el Reino celestial cubre todas las dimensiones: el mundo visible y el mundo invisible también, cubre todas esas galaxias con todos los planetas del mundo visible y también del mundo invisible. Sigue diciendo, dice:

“…las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Y ahora, nos dice que todo fue creado por medio de Él, primero nos dijo que todo fue creado en Él; y luego viene a producir esa creación todo lo que estaba en Él, lo reproduce, lo trae a vida y todos esos han sido los pensamientos de Dios que fueron colocados en Cristo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y todo fue creado, dice:

“…todo fue creado por medio de él y (para quién?) para él.

Y él es antes de todas las cosas.”

Y aquí podemos ver que el Verbo que era con Dios y era Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, dice que es antes de todas las cosas, antes de la creación.

“…y todas las cosas en él subsisten (sin Él, dejaría de existir el Universo completo);

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia.”

En palabras más claras: Él es el Esposo y Su Iglesia es la esposa, para reproducirse en muchos hijos e hijas de Dios, para nacer como hijos de Dios tiene que ser por medio del Hijo de Dios.

“ …y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.”

Y ahora, aquí nos dice que Él es el principio, ya lo ha dicho en más de una ocasión.

“…él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”

Ser un ministro del Evangelio de Cristo es la cosa más grande que una persona puede ser, y hay diferentes ministerios en el Programa Divino. Efesios, capítulo 4, versos 11, dice que: “A unos ha colocado Dios en la Iglesia, a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, otros pastores y a otros maestros.” Y en Primera de Corintios también nos habla algo de los ministerios y también nos habla de que ha colocado personas para que sean ayudantes o de ayuda.

Y ahora, hemos visto quién es el Verbo que era con Dios, por medio del cual Dios creó todas las cosas, y todo esto nos da como resultado lo siguiente: Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3, que dice:

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Y ahora, conociendo el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, sabiendo que Cristo el Ángel del Pacto, antes de obtener Su cuerpo de carne, es nada menos que el Ángel del Pacto donde está el Nombre de Dios y que aparece en el Antiguo Testamento, y que es la persona a través de la cual Dios creó los Cielos y la Tierra. Esa es la imagen del Dios invisible. Por eso cuando las personas se encontraban con ese Ángel, luego decían: “Hemos visto a Dios cara a cara.”

Manoa, el padre de Sansón, cuando se encontró con ese Ángel él y su esposa, luego dijeron, dijo Manoa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios a cara a cara,” lo que habían visto era el cuerpo angelical de Dios, pero Dios estaba dentro de ese cuerpo.

Así como cuando usted se encuentra con algún familiar, o algún amigo o amiga, la persona dice: “Vi a fulano de tal.” Pero si vamos más profundamente en lo que es el ser humano, que es alma viviente, pues mire, no lo vio a usted ni usted vio a la otra persona, lo que usted vio fue el cuerpo, la casa terrenal donde vive la otra persona, el templo humano.

Recuerden que Cristo dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré,” y muchos pensaban que era el templo de piedras, pero él hablaba de Su cuerpo, porque el cuerpo humano es un templo para Dios morar; eso está en San Juan, capítulo 2, versos 17 al 22, ahí pueden encontrar ese pasaje.

Y ahora, el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, vean ustedes es que Cristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, donde estaba Dios allí eternamente; y luego cuando se hizo carne, pues moró en todo Su plenitud en un cuerpo de carne llamado Jesús. Por lo tanto, era Dios visitando a la raza humana en un cuerpo de carne llamado Jesús; así como cuando usted ve a una persona y se encuentran, usted puede decir: “Vi a tal persona,” aunque no vio su alma, que es lo que en realidad es la persona, pero vio su cuerpo físico, que es la casa terrenal donde vive la persona.

Y así todos los que vieron a Jesús estaban viendo a Dios en Su casa humana, Su casa terrenal, Su cuerpo de carne; por eso es que le decían: “Tú siendo hombre te haces Dios,” no comprendían, una, que ése era el Mesías, y por consiguiente era el Señor, Dios el Padre y el Ángel del Pacto donde estaba Dios, Dios en Su Ángel del Pacto dentro de un velo de carne, y por eso ahora Él viene para establecer un nuevo Pacto, el mismo Jesús en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, cuando está con Sus discípulos cenando, Su última Cena con Sus discípulos; toma el pan, da gracias a Dios, lo parte y da a Sus discípulos, y dice: “Comed, esto es mi cuerpo,” y luego toma la copa de vino y da gracias al Padre y da a Sus discípulos y dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del nuevo Pacto que por muchos es derramada para la remisión de los pecados.”

¿Ven? ¿Quién dio el Pacto en el monte Sinaí? Dios por medio del Ángel del Pacto, ¿quién da el nuevo Pacto para el pueblo? Dios por medio del Ángel del Pacto en Su cuerpo físico, Su cuerpo de carne, el cual lo colocó como Sacrificio de Expiación por nuestros pecados en la Cruz del Calvario. No puede hacer o llevar a cabo un nuevo Pacto, otro que no sea el Ángel del Pacto.

Y ahora, ya hemos conocido quién es el Creador de los Cielos y de la Tierra, en Él estaban los Cielos y la Tierra. Fueron creados en Él y por eso a través de Él, luego se lleva a cabo, se materializa, se concreta la creación, se hace una realidad.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

Eso es Cristo y en Él estaba toda la creación para ser llevada a cabo por medio de Él, Dios a través de Cristo, en Su cuerpo angelical llevó a cabo la creación; y de seguro cuando habló a creación las cosas, de seguro hubo un gran trueno, hubo una gran explosión y comenzaron a surgir las cosas que Él hablaba. Recuerden que cuando en el capítulo 12, verso 28, de San Juan, Cristo pide al Padre diciendo de la siguiente manera… capítulo 12, verso 28 de San Juan (28 en adelante), dice:

“Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez (dos veces).

Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado.”

Y ahora, vean una explosión, un trueno, es que cuando Dios habla se escucha como un trueno; como en el monte Sinaí que se escuchaban truenos, y era Dios hablando con Moisés. También encontramos en el libro del Apocalipsis, que hay un Ángel que desciende del Cielo con el Arco Iris sobre su cabeza, en Apocalipsis, capítulo 10, lo cual vamos a leer para que tengamos el cuadro claro de lo que estamos hablando; porque esto es muy importante para los hijos de Dios, vamos a leer capítulo 10, del Apocalipsis, donde dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.”

¿Ven? Clama como cuando ruge un león y siete Truenos emitieron sus voces, la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, este es el Ángel del Pacto, por eso viene con el Arco Iris sobre Su cabeza. Es el mismo Ángel del Pacto que le apareció a Moisés, es el mismo Ángel del Pacto que se hizo carne en Jesús.

Y ahora, viene clamando como cuando ruge un león, porque ya Su Obra de Intercesión como Sumo Sacerdote ha terminado y ahora viene con el librito abierto en Su mano, el cual tomó en Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante, lo abrió en el Cielo y ahora viene con ese librito abierto en Su mano. Ese es el Libro de la Vida del Cordero, ese es el Libro de la Redención, ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, el Título de Propiedad de toda la creación; y el que tenga ese Título heredará todas las cosas.

Y ahora, recuerden que siendo el Título de Propiedad, el que tiene un título de propiedad de una finca o de una casa es el dueño. El que tenga ese título de propiedad en su nombre y en su mano ese es el dueño, ese Libro sellado con siete Sellos lo tuvo Adán, no se lo comió, perdió todos los derechos cuando pecó y regresó a la diestra de Dios.

Y ahora, en Apocalipsis, capítulo 5, le es entregado a Cristo, el Ángel del Pacto el cual cuando sale del Trono de Intercesión, sale todo ensangrentado y como hacía el sumo sacerdote cuando salía del Lugar Santísimo del templo que construyó Salomón y en el tabernáculo que construyó Moisés y el anciano le dice a Juan: “No llores, he aquí el león de la Tribu de Judá, el cual ha vencido para tomar el Libro y abrir sus Sellos,” y cuando Juan mira ve un Cordero; es que Cristo, el Ángel del Pacto es el Cordero y es el León de la Tribu de Judá. Juan el Bautista cuando lo vio, dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” (San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36).

Y ahora, el anciano sabía que ya había terminado la Obra de Intercesión, y ahora estaba cambiando de ministerio, estaba cambiando de Cordero a León, de Sumo Sacerdote (que es abogado) a Juez; y por eso cuando desciende a la Tierra con el librito abierto en Su mano clama, no como Cordero sino como León; y por eso siete Truenos emiten sus voces, siete Truenos consecutivos emiten sus voces, lo cual es Cristo hablando como León de la Tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, hablando en forma consecutiva en el Día Postrero.

Durante las edades de la Iglesia habló como Cordero y Sumo Sacerdote a través de Sus diferentes mensajeros; enviaba un mensajero, le revelaba Su Palabra a ese mensajero, ese mensajero la proclamaba a esa Palabra, y venían los escogidos de ese tiempo; luego que se concluía la labor del Espíritu Santo a través de ese mensajero, lo ponía a descansar, o sea, moría físicamente y también se llevaba luego a los que habían creído y terminaba esa edad; luego pasaba cierto tiempo y venía enviado por Dios otro mensajero.

En ese intervalo de un mensajero a otro se formaban los grupos religiosos, las denominaciones; pero el mensajero en cada edad no formaba una denominación, cuando moría el mensajero entonces las gentes formaban una denominación de lo que pensaban que significaba lo que había predicado ese mensajero; así fue de etapa en etapa, de edad en edad; pero luego para el tiempo en que Cristo termina Su labor como Sumo Sacerdote y como Cordero, luego Él sale cuando se haya completado Su Iglesia; toma el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete Sellos, lo abre en el Cielo para llevar a cabo Su Obra de Reclamo y Su Obra de Reclamo es como León, como Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la Tribu de Judá.

Por lo tanto, Él estará hablando en forma consecutiva, no necesitará un mensajero y después otro mensajero, y después otro mensajero, como fue en las siete etapas o edades de la Iglesia, Él hablará por uno solo en forma consecutiva; por lo tanto tendrá diferentes etapas el mensaje de Cristo como León de la Tribu de Judá, pasará por diferentes etapas, digamos siete etapas consecutivas en el Día Postrero.

Y ahora, ahí esta el misterio grande del séptimo Sello. Todo eso estará ligado al Programa de reclamo para resucitar a los muertos en Cristo y para dar la fe a los creyentes que estén vivos, darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. El mensaje que traerá esa bendición de darnos la fe para ser transformados y raptados es el mensaje del Evangelio eterno, el mensaje del Evangelio del Reino del cual Cristo dijo: “Y será predicado este Evangelio del Reino en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” (San Mateo, capítulo 24, verso 14); y también Apocalipsis, capítulo 14, versos 6 al 7, nos habla de un mensajero, un Ángel; recuerden que un ángel es un mensajero, que viene con el Evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la Tierra.

Si viene para predicarlo a los moradores de la Tierra tiene que estar aquí en la Tierra, tiene que hacerse carne en la Tierra, tiene que estar en carne humana para poder predicar el Evangelio del Reino o Evangelio eterno a todos los moradores de la Tierra, les hablará de la adoración a Dios y enseñará a las gentes para que adoren a Dios, al que creó los Cielos y la Tierra; y también les anunciará que la hora de Su juicio ha llegado, o sea, que estará hablando del juicio divino, de las plagas que han de venir sobre la raza humana durante el tiempo de la gran tribulación y ese es el ministerio prometido para el tiempo final, donde estarán los ministerios de los dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, que son los ministerios de los dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14; y también de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14. Todo eso estará manifestado en este tiempo final.

La Iglesia del Señor Jesucristo estará viendo el comienzo de todo ese Programa; porque será para el Día Postrero que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá y ya hemos entrado al tercer milenio de Cristo hacia acá, siendo que los tres milenios postreros que son el quinto, sexto y séptimo milenio, son los días postreros delante de Dios; y por eso es que Pablo dijo que “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otros tiempos a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el Universo.”

En los días en que Jesús estaba predicando ya habían comenzado los días Postreros, pues comenzaron cuando Jesús tenía de cuatro a siete años de edad; y por eso también Pedro dice que: “Dios prometió enviar o derramar de Su Espíritu Santo en los días Postreros,” y el Día de Pentecostés estaba derramando de Su Espíritu Santo, porque ya habían comenzado los días Postreros.

Pero ahora nos ha tocado vivir a nosotros en el Día Postrero; de los tres días postreros estamos en el último, en el Día Postrero que y del cual Cristo dijo que llevará a cabo la resurrección de todos los creyentes que han muerto físicamente; y cuando los veamos resucitados, entonces seremos transformados. Fue Cristo el que dijo que Él va a resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente; y el ejemplo de lo que Él va a hacer lo dio resucitando a Lázaro como tipo y figura de la resurrección de los muertos en Cristo en el Día Postrero.

Vean aquí en el capítulo 6 de San Juan, verso 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es Cristo el que dice que la resurrección será para el Día Postrero y que Él es el que la va a llevar a cabo, es que Él es la resurrección y la Vida. Dice capítulo 11 de San Juan, versos 23 en adelante, dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo (esto es el capítulo 11 de San Juan): Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Ahora, Marta sabía que la resurrección es para el Día Postrero y estaba esperando la resurrección de su hermano Lázaro para el Día Postrero; pero Cristo como tipo y figura de lo que Él va a hacer en el Día Postrero, va a resucitar a Lázaro; y lo otro, es que si Lázaro no era resucitado no iba a pertenecer a la Iglesia del Señor Jesucristo; porque la Iglesia del Señor Jesucristo comenzó el Día de Pentecostés. Por lo tanto, tenía que ser resucitado para ser miembro de la Iglesia del Señor Jesucristo, obteniendo el nuevo nacimiento al recibir el Espíritu Santo, lo cual sería comenzando el Día de Pentecostés.

Así que, podemos ver todas estas cosas que están en la Escritura y las obtenemos por medio de la ciencia de Dios, la ciencia divina la cual está más alta, más arriba que la ciencia humana, esta ciencia divina es la que por medio de la enseñanza de la Palabra de Dios nos da la fe, produce la fe en nuestros corazones.

Vean, Primera de Corintios, capítulo 2, versos 9 en adelante, dice:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

ni han subido en corazón de hombre,

son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu…”

¿Ven? Es el Espíritu Santo del cual el mismo Cristo dijo que el Espíritu Santo nos enseñaría todas las cosas. Él es el maestro y por medio de la ciencia divina, la ciencia de Dios es que nos ha estado enseñando a través de la historia del Cristianismo todas estas cosas que están escritas y las que faltaban por ser dadas a conocer, pues las da a conocer de edad en edad por medio de cada mensajero, lo correspondiente para cada Edad y lo que falte, pues lo dará a conocer en este tiempo.

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre…?

Ahora, vean:

“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.”

Y el Espíritu es el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, ese cuerpo teofánico o angelical llamado el Ángel del Pacto.

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

Él es el único que conoció las cosas de Dios y entonces la revela de etapa en etapa, de edad en edad por medio de Sus diferentes profetas, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Si alguna revelación para alguna etapa de la Iglesia tenía que venir, tenía que venir por medio de Dios a través de Su Espíritu que es el Ángel del Pacto, Cristo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo,” ¿como estaría? En Espíritu Santo, el Ángel del Pacto.

Y ahora, para revelar, entonces necesita un instrumento al cual le revele y él lo de a conocer y lo que estará hablando es conforme a la ciencia de Dios, no es conforme a hombres. Así también nadie conoció… vean dice:

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?”

Cada persona sabe sus cosas por medio del espíritu que está en la persona.

“Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

Y solamente Él es el que puede revelar las cosas de Dios de etapa en etapa, de edad en edad y de dispensación en dispensación.

Vean en el tiempo de Noé, conforme a la ciencia humana no podía venir un diluvio, pero conforme a la ciencia de Dios sí vendría un diluvio, y Noé habló conforme a la ciencia de Dios, conocía la ciencia del Altísimo.

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”

Es por medio del Espíritu de Dios, que es el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical que obtenemos esa revelación, ese conocimiento divino; por eso Cristo dijo que “el Espíritu Santo nos revelaría todas las cosas y estaría con nosotros para siempre,” dice San Pablo:

“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.”

Y luego, sigue diciendo el verso 14:

“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”

Y ahora, si la ciencia humana y los científicos, tomaran la ciencia de Dios y dijeran: “Aquí está cómo realmente fue o vino la creación, cómo fue el principio de la creación y cómo es la continuación de la creación y cómo se sostiene la creación.” Mire, sería sencillo; pero le es locura las cosas que el Espíritu de Dios ha estado revelando; y recuerden que la Biblia es la revelación de Dios por medio de Su Espíritu, por medio del Ángel del Pacto, o sea, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical, por medio de ese cuerpo teofánico, por medio de la ciencia de Dios conocemos el principio de la creación y Cristo es el Principio de la creación en el cual estaban creadas todas las cosas y por eso a través de Él vendrían a existencia todas las cosas, por medio de Él. ¿Y para quién? Para Él.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN”

Conociendo ahora este misterio de Dios el Padre y de Cristo, y el principio de la creación que es Cristo y el que dio principio, comienzo a toda la creación, y que también murió en la Cruz del Calvario Su cuerpo físico para redimirnos, tenemos la oportunidad de hacer contacto con la Vida eterna, recibiéndole como único y suficiente Salvador, para que Él produzca en nosotros el nuevo nacimiento, y nos coloque en Su Reino.

No hay otra forma en que el ser humano pueda obtener la Vida eterna, no hay otra forma en la cual el ser humano pueda ser reconciliado con Dios.

Recuerden: Cristo es el Verbo que era con Dios, es el Ángel del Pacto y Él está tan joven como cuando subió al Cielo, y Él tiene Su cuerpo glorificado, ya es inmortal, no puede morir nuevamente, el cuerpo angelical o el cuerpo glorificado es inmortal y joven para toda la eternidad. Si las personas que buscan la juventud en esta Tierra comprendieran que la juventud eterna se obtiene por medio de Cristo, buscarían a Cristo para vivir eternamente y jóvenes para toda la eternidad: pero jóvenes en otro cuerpo que Él nos dará, un cuerpo eterno y glorificado porque el que tenemos vino por medio de Adán y Eva, los cuales pecaron y solamente nos dejaron una herencia temporera, una vida temporera, un cuerpo temporero; pero el segundo Adán que es Cristo nos ha redimido, y nos ha dado Vida eterna y pronto nos va a dar el cuerpo eterno y glorificado para que tengamos Vida eterna física también.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN,” de la creación de Dios.

Y ahora, hemos visto el misterio de la creación, de cómo comenzó la creación, de lo que dio origen a la creación. No discutimos con que la ciencia diga que hubo una explosión grande, pues el Día de Pentecostés hubo una explosión grande, un trueno grande y un viento recio, fue cuando nacieron los ciento veinte en el Reino de Cristo, o sea, se llevó a cabo ahí una nueva creación de seres humanos en el Reino de Dios.

Ya pronto se va a completar la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente pronto Cristo va a salir del Trono del Padre, cambiará de Cordero y Sumo Sacerdote (que es abogado) cambiará a Juez, a León; y por consiguiente terminará el ciclo de Redención, de oportunidad para los seres humanos recibir a Cristo como Salvador, y es importante que antes que se cierre esa puerta de la cual Cristo habló… Él es la puerta y esa puerta está prometida en San Lucas, capítulo 13, versos 25 al 27, que el Padre de familia se va a levantar y va a cerrar esa puerta, la cual fue abierta el Día de Pentecostés por Pedro, el cual tenía las llaves del Reino de los Cielos, fue Dios por medio de Su Espíritu Santo a través de Pedro abriendo la puerta.

En este Día Postrero va a ser cerrada en algún momento cuando haya entrado hasta el último escogido al Reino de Dios. Muchas personas quizás han comentado a través de la historia del Cristianismo: “Tantos años anunciando que Cristo viene y que va a venir el juicio divino y que va a venir la gran tribulación, y que también van a ocurrir la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación y rapto y no ha venido.” Y algunos dicen: “Todo ha seguido igual, ¿dónde está la promesa de que tal cosa acontecería?” Y no saben que Dios ha tenido paciencia no con los pecadores, sino con los que han de entrar al Reino de Dios.

La paciencia de Dios en los días de Noé fue por Noé que no había terminado el arca, hasta que terminó el arca no podía traer el diluvio; porque se moriría también Noé. Y la paciencia de Dios es por causa de los escogidos que están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.

La paciencia de Dios ha estado aguardando hasta que entre hasta el último escogido al Reino de Cristo; y cuando haya entrado las cosas van a cambiar en el Programa Divino, y entonces después que Cristo haya salido del Trono de Intercesión, no habrá más oportunidad para las personas recibir a Cristo y obtener la salvación y Vida eterna, ya se cambiará por completo de dispensación.

Por lo tanto, es necesario que cada persona que escucha la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, de testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador para que Cristo lo reciba, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado y le dé la salvación y Vida eterna, es la salvación y Vida eterna, es para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto los que todavía no han recibido a Cristo pueden recibirlo en estos momentos, dar testimonio público de su fe en Cristo para salvación y Vida eterna, para lo cual pueden pasar acá al frente y en los demás países también pueden pasar al frente donde se encuentran para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo. Y los niños de diez años en adelante también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, tanto aquí los que están presentes como los que están en otras naciones.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina, Dios tiene mucho pueblo en todos los países y los está llamando en este tiempo final; y mientras Cristo no haya salido del Trono de Intercesión en el Cielo, hay oportunidad para las personas recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Por eso se predica todavía el Evangelio de Cristo y se le da la oportunidad a las personas que lo reciban como único y suficiente Salvador.

Ustedes están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, porque el nombre de ustedes está escrito en el Cielo en el Libro de la Vida, y eso es motivo de gozo, de alegría para cada persona que escucha la Palabra y nace la fe de Cristo en su alma, es que su nombre está escrito en el Cielo, de lo cual Cristo dijo a Sus discípulos que llegaron muy felices diciéndole a Cristo: “Mira, aun en Tu Nombre se sujetan a nosotros los espíritus.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan a vosotros en mi Nombre, gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo, ¿dónde? En el Libro de la Vida.

De eso es que nos habla San Pablo en Hebreos, capítulo 12 también, donde nos dice que hemos sido colocados no en el monte Sinaí, Hebreos, capítulo 12. Mientras llegan en diferentes países las personas a los Pies de Cristo, vean lo que nos dice aquí San Pablo en Hebreos, capítulo 12, versos 21 en adelante, dice:

“Y tan terrible era lo que se veía (o sea, allá en el monte Sinaí), que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

Los primogénitos de Dios, que vendrían a ser los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, ¿dónde están escritos? Están escritos dice en los Cielos.

“… a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y aquí tenemos al mediador del nuevo Pacto que es Jesucristo, y en el capítulo 13, verso 20 en adelante, dice:

“Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,

os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

Y ahora, vean, San Pablo nos dice que Jesucristo es el gran pastor de las ovejas, dice:

“… por la sangre del pacto eterno.”

La Sangre del Pacto eterno, es la Sangre de Cristo, el nuevo Pacto, vean el Pacto eterno tiene un Sacrificio de Expiación, el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario y tiene una Sangre de Expiación, la Sangre de Cristo nuestro Salvador, esa es la Sangre del Pacto eterno; entramos al Pacto eterno por medio de Cristo el cual con Su Sangre nos limpia de todo pecado.

Vamos a pedir a los que están en las cámaras que nos avisen cuando los demás países ya estén listos para orar por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Aquí están viendo de Cali, Colombia… otro país. Algún día se hará el último llamado, está muy cerca de que se complete, estamos muy cerca al momento en que se completará la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente estamos muy cerca de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de los que vivimos.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador, cuando estén listos ya en los demás países. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Tu primera Venida, creo que Tú eres el Cristo, el Ángel del Pacto encarnado en la persona de Jesús; creo que Tú eres el Mesías, el Cristo hecho carne, en el Velo de carne llamado Jesús, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres en que podemos ser salvos. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero vivir Contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, en el Nombre del Señor.” Pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo.”

El mismo Cristo fue donde Juan el Bautista cuando estaba bautizando, entró a las aguas del Jordán y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces Juan lo bautizó. Si Cristo para cumplir toda justicia necesitaba ser bautizado, cuanto mas nosotros.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor el cual ha estado siendo cumplido, siendo obedecido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan simple como eso es el simbolismo del bautismo en agua. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo aquí y en cada país al ministro correspondiente para que les indique a ustedes cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo aquí al ministro reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique como hacer para ser bautizados y en cada nación dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma. Y que Dios les bendiga grandemente a todos, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y nos veremos aquí nuevamente el día 31 de este mes, temprano para la actividad correspondiente; y luego el domingo próximo nuevamente estaré con ustedes aquí y tendremos Santa Cena. Santa Cena es el domingo próximo; y también en esos días va a estar el misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín con nosotros.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos y continúen pasando una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo. Y felicidades. Les reitero lo que les dije al principio: felicidades. Y tengan todos un próspero año 2010, que está ya tocando la puerta.

Dios les bendiga y con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente.

“EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN.”

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