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Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos
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Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos reunidos en esta ocasión aquí en Valencia, Venezuela; y también los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Todos los ministros presentes y también los que están en otras naciones, reciban mi saludos de todo corazón.

Para esta ocasión quiero expresarles mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto de La gran Carpa-Catedral, en Puerto Rico; y también el respaldo que le están dando a AMISRAEL, y al proyecto: “Los pueblos del mundo escriben la Biblia,” el cual comenzó ayer y ya ha comenzado en todo Venezuela.

Para esta ocasión quiero leer un pasaje bíblico que se encuentra en Hebreos, capítulo 13, verso 8, que dice de la siguiente manera:

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Ese mismo versículo bíblico es nuestro tema para esta ocasión: “JESUCRISTO ES EL MISMO AYER, HOY, Y POR LOS SIGLOS,” y por consiguiente todos necesitamos conocer quién es Jesucristo, porque San Pablo lo presenta aquí como una persona eterna.

¿Quién es Jesucristo, el cual es el mismo ayer, hoy, y por los siglos? Dice el apóstol Pablo en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, de la siguiente manera:

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Todos necesitamos conocer por consiguiente el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, para poder comprender porqué Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Cristo dijo en una ocasión también, allá en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Antes de Abraham Cristo nos está diciendo que Él es. Y ahora, el mismo Cristo también nos dice que Él es antes de Abraham.

Y ahora, encontramos en el libro del Apocalipsis, capítulo 1, versos 4… capítulo 1, verso 4 de Apocalipsis, dice:

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono.”

Luego, en este mismo capítulo 1 de Apocalipsis, verso 8, dice:

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”

Y ahora, siendo que Cristo es el Alfa y Omega, el principio y el fin, el que era… el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso, ya estamos entendiendo un poco mejor quién es Jesucristo.

Luego, este mismo capítulo 1 del Apocalipsis, versos 10 al 11, el apóstol Juan dice:

“Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último.”

¿Quién es el Alfa y Omega? ¿Quién es el primero y el último? El Señor Jesucristo.

Y ahora, ¿quién es el Señor Jesucristo? En San Juan, capítulo 1, nos habla más claro de quién es el Señor Jesucristo. Dice el capítulo 1, versos 1 en adelante de San Juan:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

Luego, más adelante, dice:

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.”

O sea, que cuando Dios envía un precursor para preparar el camino al que vendrá después de él, es para que todos crean en aquel al cual le está siendo preparado el camino por ese precursor.

“No era él la luz (o sea, que Juan el Bautista no era la luz), sino para que diese testimonio de la luz.”

O sea, para que hablara, que después de él venía un hombre que era mayor que él, como dice Juan el Bautista, y les dice: “Yo les bautizo en agua (o sea, para arrepentimiento), pero el que viene después de mí, detrás de mí, es mayor que yo, Él es el que les bautizará con Espíritu Santo y Fuego.” O sea, que el bautismo de Juan era en agua, pero el que Jesús daría a los creyentes en Él era en Espíritu Santo, era el bautismo del Espíritu Santo para todos los que creyeran en aquel que estaba siendo anunciado que vendría después de Juan el Bautista.

¿Y qué significa esto para los que creerían en el que vendría después de Juan el Bautista? Que obtendrían el nuevo nacimiento, obtendrían la vestidura de boda que es el Espíritu Santo y el nuevo nacimiento que es producido por el Espíritu Santo, y así obtendrían la redención espiritual y entrarían al Reino de Dios que está en la esfera espiritual, y vendrían a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es nada menos que el Templo espiritual del Señor, lo cual es casa de Dios y puerta del Cielo; porque ahí está la puerta del Cielo, el cual dijo: “Yo soy la puerta, y el que por mí entrare será salvo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9).

Ahora, vean ustedes lo importante que era creer en el precursor, y por consiguiente creer lo que el precursor estaba anunciando que vendría después de él; porque los más bienaventurados serían los que creerían en aquel al cual Juan estaba anunciando que vendría después de él. Creer en el precursor es una bendición grande y más grande es creer en el precursado.

Ahora, creer en el precursor y no recibir al que viene después del precursor, es realmente no creer en lo que dijo, lo que anunció, lo que profetizó el precursor; solamente son creyentes de la boca hacia afuera, pero de hechos no lo son.

Ahora, el que es precursado es mayor que el precursor, por eso Juan decía siempre: “El que viene después de mí es mayor que yo.” Y decía que “él no era digno de desatar la correa de Su calzado.” También dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” señalando a Jesús, al cual él le estaba preparando el camino.

Y ahora, esa parte de la primera Venida del Señor, esa parte que tenía que ser cumplida para que fuera establecido el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, de judíos y gentiles, fue llevado a cabo por un hombre llamado Jesús, ya esa primera parte fue cumplida.

Y ahora, falta para el Día Postrero realizarse la segunda parte, que es la Venida del Señor en el Día Postrero; y ya el precursor de la segunda Venida de Cristo vino y se fue, vino con el Espíritu y virtud de Elías en la cuarta manifestación del ministerio de Elías operado por el Espíritu Santo; y el mensaje que el Espíritu Santo habló a través de él, estaría y permanecería precursando, introduciendo la Venida del Señor a todos aquellos que verán la Venida del Señor en el Día Postrero; porque se cumplirá conforme a como está en la Escritura y en los mensajes del reverendo William Branham, el cual no se salió de la Escritura; él habló, él profetizó de acuerdo a las promesas de la Escritura, a las promesas de la Venida del Mesías para el Día Postrero.

Y ahora, siendo que Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, veamos entonces quién es Jesucristo ayer, quién es Jesucristo en la Dispensación de la Gracia y quién es Jesucristo para la Dispensación del Reino y para toda la eternidad. Siendo que Él dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Podemos ver entonces que Él ha estado en la historia de la raza humana todo el tiempo.

Y ahora, nos habla en este pasaje que hemos estado leyendo de San Juan, capítulo 1, acerca del Verbo que era con Dios y que era Dios, y nos dice que todas las cosas fueron hechas por Él.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

O sea, que toda la Creación fue llevada a cabo por el Verbo que era con Dios y era Dios.

Y ahora, nos sigue diciendo que Él, el Verbo, es aquella luz que alumbra a todo hombre, y dice que Juan el Bautista no era esa luz que alumbra a todo hombre. El mismo Cristo hablando acerca de Juan el Bautista, nos dice que Juan el Bautista era una antorcha que ardía, o sea, una lámpara; porque él era el séptimo mensajero de la séptima etapa de la Dispensación de la Ley. Por lo tanto, no era Juan el Bautista aquella luz que alumbra a todo hombre, era una luz que alumbraba en aquel tiempo en que él estaba predicando, esto lo dice aquí San Juan, capítulo 5, verso *33, donde dice hablando de Juan. Dice:

“Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad.

Pero yo no recibo testimonio de hombre alguno; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.

El era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.

Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.

También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.”

Y ahora, aquí Juan es identificado por Cristo, o sea, Cristo da testimonio de Juan, Cristo vindica, confirma que Juan el Bautista es el precursor de la primera Venida de Cristo, sino aparecía el Mesías y Juan moría, y no aparecía en aquel tiempo el Mesías y moría como el Sacrificio de Expiación por el pecado, entonces Juan no quedaba confirmado como profeta y mucho menos como el profeta precursor de la primera Venida de Cristo, con el Espíritu y virtud de Elías; pero fue confirmado que Juan era ese Elías que tendría que venir, ¿y por quién fue confirmado? Por un sencillo joven carpintero que vivía en Nazaret, pero que había nacido en Belén de Judea y que era descendiente del rey David, y por consiguiente un Príncipe de la casa de David.

Ahora, siendo que para este tiempo final hubo un profeta mensajero con el Espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación, precursando con su mensaje la segunda Venida de Cristo, tenemos entonces que tener nuestros ojos bien abiertos, porque puede suceder como sucedió en la primera Venida de Cristo.

Ahora, esto puede suceder en el tiempo en que vivimos; porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos; y el precursor de la segunda Venida de Cristo dijo: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos, excepto en Su cuerpo físico.”

Y ahora, encontramos que Cristo dijo a Sus discípulos antes de subir al Cielo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del siglo o hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Y por cuanto Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y siempre, excepto en Su cuerpo físico, ¿cómo estaría en medio de Su Iglesia? Pues en Espíritu Santo; y siendo que estaría en Espíritu Santo estaría manifestándose y hablándole a Su pueblo, a Su Iglesia, pues Él mismo dijo que sería enviado el Espíritu Santo en Su Nombre y que el Espíritu Santo nos guiaría a toda verdad y nos enseñaría todas las cosas; porque el Señor es el Espíritu, “y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad,” dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 3, verso 17.

Y ahora, Cristo ya sea que esté en un Cuerpo físico, terrenal o esté en Espíritu sigue siendo la misma persona, es el Señor de señores, es el Rey de reyes y Señor de señores.

Y ahora, continuamos viendo aquí en este pasaje que estamos leyendo del capítulo 1, donde nos dice el verso 9 en adelante, dice:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

O sea, que el Verbo que era con Dios y era Dios, que es esta luz verdadera que alumbra a todo hombre, dice que el mundo fue hecho por Él.

Ahora, sigue diciendo:

“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino (o sea, al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

Y ahora, estas personas que creerían en Cristo, en el Verbo que vendría, serían hijos de Dios; pero su nacimiento como hijo de Dios o hijos de Dios, no serían engendrados por medio de un hombre en una mujer sino de Dios, y esto nos habla del nuevo nacimiento producido por el Espíritu Santo.

Dice Cristo en San Juan, capítulo 3, hablando con Nicodemo, le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” *Nicodemo pensó que tenía que nacer de nuevo a través de su madre y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?” Pero Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.” Nacer del agua es nacer de la Palabra, del Evangelio de Cristo; y nacer del Espíritu es recibir el Espíritu Santo, el cual produce el nuevo nacimiento en la persona, esa transformación interior.

Y ahora, esas personas que serían hechos hijos de Dios, son los que creerían en Jesucristo el Hijo de Dios, la Luz verdadera que alumbra a todo hombre, el Verbo que creó todas las cosas.

Y ahora, para manifestarse y que creyeran en Él, vean lo que sucedió [San Juan 1:14]:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

El Verbo fue hecho carne, lo cual sucedió cuando el Arcángel Gabriel le aparece a la virgen María en el capítulo 1, versos 30 al 36, de San Lucas, y le dice:

“¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.”

Y ella se sorprendió de ese saludo tan extraño para una persona. Y el ángel le dice:

“Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.”

Y ahora, el verso 30, dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

María viene a ser la primera mujer en la historia bíblica de la raza humana que vendría a concebir, y a tener un hijo, a dar a luz un hijo sin la unión con un hombre; y eso viene a ser por creación divina y es una obra del Espíritu Santo produciendo el nacimiento de un niño que vendría a ser el heredero del Trono y Reino de David.

Y ahora, es por medio del Espíritu Santo que los creyentes en Cristo también nacerían de nuevo, es un obra del Espíritu Santo, es una obra celestial; y por eso por cuanto el nuevo nacimiento es del Cielo, celestial, la ciudadanía de cada creyente en Cristo nacido de nuevo es celestial, esa ciudadanía como un hijo o una hija de Dios.

Ahora, también tenemos una ciudadanía terrenal por causa del nacimiento físico que tuvimos a través de nuestros padres terrenales en el país, en la nación donde hemos nacido, de ahí tenemos la ciudadanía terrenal, pero la celestial es la del nuevo nacimiento; y por consiguiente pertenecemos a la Jerusalén Celestial, somos hijos de Dios por medio del segundo Adán, Jesucristo; y por consiguiente la familia de Dios, hijos e hijas de Dios con Vida eterna, porque creímos en la primera Venida de Cristo y Su obra de redención en la Cruz del Calvario, evento que se cumplió de acuerdo a las profecías bíblicas y de acuerdo al mensaje de Juan el Bautista, precusor de la primera Venida de Cristo.

Cuando Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” conllevan esas palabras la muerte de Jesucristo como el sacrificio del Expiación por el pecado del ser humano, porque para quitar el pecado tiene que llevarse a cabo un sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano.

Y ahora, podemos ver que lo dijo el precursor de la primera Venida de Cristo estaba correcto, Jesús lo vindicó, lo confirmó como el precursor de la primera Venida del Señor, y el mismo Cristo se identifico como el cumplimiento de aquél que Juan el Bautista estaba anunciando que vendría después de él. Por eso es que Cristo dice: “Yo soy la luz del mundo y el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la Luz de la Vida.” Estaba hablando allí el Verbo que era con Dios y era Dios y creó todos las cosas, o sea, que el que estaba dentro de ese cuerpo llamado Jesús, era el que estaba hablando, era el Espíritu Santo, porque el Señor es el Espíritu.

Y ahora, Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y siempre. Él dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” Ahora, vean en qué ser humano estaba el Nombre del Padre celestial y de las Obras que Él hacía, las hacía en ese Nombre; no tenía que decir el Nombre, porque Él lo tenía. Es como cuando una persona hace una labor, una obra, y las personas, alguna persona pregunta: “¿Quién hizo esto?” El que sabe quién lo hizo dice el nombre del que lo hizo.

Y ahora, la persona que obra, obra en el nombre que él tiene, y por cuanto Jesús vino en el Nombre del Padre, Él estaba obrando en ese Nombre y con ese Nombre, todo lo que Él hacía estaba siendo hecho en ese Nombre de Dios que fue colocado en Él.

Y ahora, ya estamos viendo que Jesucristo es eterno; porque Él es el mismo ayer, hoy, y siempre.

Ahora, vamos a ver quién es Jesucristo ayer, en el pasado. Recuerden que hemos estado viendo las escrituras donde Él dice que Él es antes de Abraham, por lo tanto es antes que Moisés también.

Ahora, veamos la Escritura de Malaquías, el capítulo 3, para que podamos comprender mejor estas palabras de la Escritura que identifican a Jesucristo como el Mesías. Malaquías, capítulo 3, verso 1, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Y ahora, aquí tenemos la promesa de un enviado precursando, preparando el camino a uno que vendrá después; el que lo envía es el que va a venir después de Él, y dice que aquí:

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis (o sea, Dios, el Padre, el Dios de Abraham de Isaac y de Jacob), y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

Y ahora, vamos a ver en el Éxodo para tener un cuadro más claro, porque este personaje que vendría después de Juan el Bautista sería el Señor y sería el Ángel del Pacto; y por consiguiente estaría Dios en toda Su plenitud manifestado en el planeta Tierra en medio del pueblo hebreo en carne humana, el Verbo se haría carne.

Ahora, vean Jesucristo dijo: “El Padre y yo uno somos, una cosa somos.” Ahora, veamos el Éxodo, capítulo 23, versos 20 en adelante, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

Y ahora, el Nombre de Dios está en el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios.

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti…”

Y ahora, el Nombre de Dios está en el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto. El mismo Dios, dice:

“…porque mi nombre está en él.”

Este es el mismo Ángel que en el Éxodo, capítulo 3, habla al profeta Moisés cuando le aparece en una llama de fuego y le dice el Ángel en el capítulo 3, versos 4 en adelante:

“Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob.”

Y ahora, le aparece el Ángel del Pacto a Moisés en una llama de fuego y le dice: “Yo soy el Dios de tu de padre,” o sea, de Amram el padre de Moisés, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

¿Y qué relación hay entre Dios y el Ángel de Dios? Es que el Ángel de Dios es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios; ese cuerpo angelical de Dios es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios y siendo que ese Ángel es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente, y en palabras mas claras, es nada menos que Cristo en Su Cuerpo angelical; por esa causa, es que San Pablo, en Hebreos, capítulo 1, nos dice en el verso 1 al 3:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (la imagen misma de la sustancia de Dios, ¿quién es? Jesucristo)… el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”

Heredó el Nombre de Dios, ¿ve? Porque el Nombre de Dios estando en el Ángel del Pacto, que es el Verbo que era con Dios, o sea, el cuerpo angelical de Dios, luego cuando se hace carne el Verbo, entonces el Nombre de Dios que está en el Ángel también es colocado en el velo de carne; ahí está el misterio del Nombre de Dios en el Ángel y luego en Jesucristo.

Y ahora, podemos ver porqué Jesucristo era antes que Abraham y aun antes que Adán, porque por Él fueron hechas todas las cosas, eso es lo que dice San Pablo. Dice:

“…a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Buscan el origen del Universo los científicos, pero miren, hay que encontrar el que originó el Universo, el cual fue el Verbo que era con Dios, el cual es Jesucristo en Su cuerpo angelical en el cual estaba, está y estará eternamente Dios, porque ese es el cuerpo angelical de Dios; por eso Él podía decir: “El Padre y yo una cosa somos.”

Y ahora, nos dice el mismo San Pablo… siendo que la Escritura contiene todas estas verdades, mientras menos yo hable de mis propias palabras, mucho mejor, pues aquí ustedes tienen todo lo que necesitamos saber para conocer quién es Jesucristo: el mismo ayer, hoy, y por los siglos.

Veamos lo que San Pablo dice en Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (hay una herencia, la herencia de los santos en luz, la herencia de los hijos e hijas de Dios);

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (o sea, hemos sido trasladados al Reino de Jesucristo, el cual se encuentra en la esfera espiritual),

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible…”

Y ahora, la imagen del Dios invisible, lo cual es el cuerpo angelical de Dios, ¿cuál es? ¿Quién es? Jesucristo en Su Cuerpo angelical, ¿y la semejanza física de Dios? Pues el Cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya fue glorificado y está sentado en el Trono celestial, está a la diestra de Dios. Todo el poder de ese Reino celestial, todo el poder de los Cielos y la Tierra fue dado a Jesucristo; porque el poder lo obtiene, lo recibe el que se sienta en el Trono; por eso Jesucristo pudo decir en San Mateo, capítulo 28, verso 16 en adelante: “Toda poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

Y ahora, veamos lo que a continuación sigue diciendo, dice verso 15 de este mismo capítulo *1:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

En el tiempo antiguo, tanto en el tiempo de Adán, en el tiempo de Set, de Enoc, de Matusalén, de Noé, de Abraham, de Moisés y de todos los profetas, encontramos que cuando ellos veían al Ángel de Dios, al Ángel del Pacto, ellos decían: “He visto a Dios cara a cara,” como dijo Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis; y dice: “Y fue librada mi alma.”

Luego también, Manoa en el libro de los Jueces, capítulo 13, cuando el Ángel de Dios visitó a Manoa y a su esposa, luego, y le prometió que tendría un hijo Manoa a través de su esposa, la señora Manoa; él quiso saber el Nombre del Ángel, como también Jacob quiso saber el Nombre del Ángel (es que el Nombre de Dios está en el Ángel), y el que conoce el Nombre del Ángel, está conociendo el Nombre de Dios; porque Dios ha colocado Su Nombre en el Ángel y después lo colocó en Jesús.

Y ahora, encontramos que Manoa también le dice a su esposa: “Hemos de morir, porque hemos visto a Dios.” Vieron a Dios cara a cara. Dios le había dicho a Moisés por allá por el capítulo 32 del Éxodo que cuando Moisés quiso ver la gloria de Dios, Dios le dijo a Moisés: “No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre y vivirá.” O sea, capítulo 33, verso 20. Y le dice: “Yo te voy a colocar en una hendidura de la peña, va a pasar toda mi gloria delante de ti; y cuando haya pasado y mientras esté pasando yo pondré mi mano sobre ti y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.” Y el verso… y en este mismo capítulo es que le dice… en el verso 20.

“Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.”

Vio la espalda, las espaldas de Dios cuando pasó. Cuando hubo pasado vio las espaldas de un hombre, vio las espaldas del Ángel del Pacto, donde estaba el Nombre de Dios, o sea, que Dios tiene un Cuerpo angelical, parecido a nuestros cuerpos físicos pero de otra dimensión; recuerden que Dios hizo al ser humano a Su imagen y semejanza, y la imagen de Dios es el Cuerpo angelical llamado el Ángel de Dios, donde esta el Nombre de Dios, y la semejanza física de Dios es el cuerpo del Señor Jesucristo, el cuerpo físico que ya fue glorificado al resucitar glorificado y esta sentado en el Trono de Dios; pero Él dijo que enviaría el Espíritu Santo, el Padre lo enviaría en Su Nombre, o sea, que el Espíritu Santo tiene el Nombre del Señor; siempre ha tenido el Nombre del Señor el Espíritu Santo y luego fue puesto en el cuerpo de carne, y sería enviado el Espíritu Santo a la Iglesia del Señor Jesucristo, a todos los creyentes en Cristo y produciría el nuevo nacimiento, haría sombra sobre los creyentes y produciría el nuevo nacimiento como el Día de Pentecostés, el mismo que produjo la creación del cuerpo físico de Jesús en el vientre de María.

Y ahora, todas esas personas son los descendientes de Dios por medio de Cristo a través del Espíritu Santo produciendo el nuevo nacimiento.

Y ahora, veamos capítulo 14, verso 26 de San Juan, dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

¿En qué Nombre el Padre enviaría al Espíritu Santo? En el Nombre del Señor Jesucristo. Por eso cuando le aparece al apóstol Pablo en el camino a Damasco cuando él estaba persiguiendo a los cristianos y ve Saulo de Tarso una luz más fuerte que la del Sol y cae del caballo y queda ciego, Saulo pregunta o escucha las palabras que dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Y Saulo, dice, sabiendo que ése era Dios, el Ángel del Pacto que le había aparecido al profeta Moisés en aquella zarza ardiente, le dice: “Señor, ¿quién eres?” Lo reconoce como el Señor y le pregunta quién es, Su Nombre. “¿Quién eres?”

Y el Señor le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.” Allí está Cristo en Su cuerpo angelical, Cristo el Espíritu Santo, el cual dijo que Él estaría con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo. El mismo que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, el mismo que estuvo en los profetas, el mismo que apareció en algunas ocasiones como un hombre pero de otra dimensión, ese mismo Ángel del Pacto en quien está Dios es el que ha estado en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, el cuerpo glorificado de Jesucristo está en el Cielo, en el Trono celestial de Dios.

Y ahora, podemos ver que Jesucristo es el mismo ayer en el antiguo Pacto, el mismo ayer desde el Génesis hasta Malaquías y el mismo desde los días de Jesús hasta este tiempo final, y será el mismo en el Reino milenial, y será el mismo en la eternidad; es el mismo Ángel del Pacto, es el mismo Verbo que era con Dios y era Dios, a través del cual Dios ha estado siempre manifestándose, obrando; llevó a cabo la creación del mundo espiritual y también del mundo físico, y ha estado en medio de Su Iglesia creando una nueva raza con Vida eterna.

Y ahora, leemos aquí lo que nos dice San Pablo en Colosenses, capítulo *1, donde nos detuvimos, nos detuvimos aquí donde dice:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles…”

O sea, el mundo invisible y el mundo visible fue creado por Dios por medio de Jesucristo, de Jesucristo y Su cuerpo angelical; Cristo en Su cuerpo angelical es el Verbo que era con Dios y era Dios, es la imagen del Dios invisible. Por eso, aunque muchos dan testimonio en el antiguo Pacto que vieron a Dios, el mismo Dios dijo que nadie podía ver Su rostro, porque no lo verá hombre y vivirá; y luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

O sea, el Ángel del Pacto que es el Hijo de Dios, que es Jesucristo en Su cuerpo angelical, lo dio a conocer en el Antiguo Testamento. A través de Jesucristo en Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, fue que Dios le habló a Adán, a Abel, a Set, y aún al mismo Caín, y a todos los hombres que Dios le habló por medio de Su Ángel era Cristo ese Ángel del Pacto y Su cuerpo angelical.

Y ahora, dice que en Él fueron creadas todas las cosas, o sea, que cuando Dios creó todas las cosas las creó en Cristo, y a través de Cristo las trajo a existencia, es como en una semilla de mango, de trigo, de maíz, o de alguna otra especie está creada ahí por Dios un árbol, si es una semilla de mango, una planta de trigo, si es una semilla de trigo, una mata o planta de maíz si es una semilla de maíz, y no solamente eso, sino que está creado ahí todo el fruto que va a dar esa semilla al manifestarse luego como una planta de trigo o un árbol si es la semilla de un árbol; y no solamente están ahí esas semillas que van a nacer, sino las plantas o árboles que van a nacer a través de ese fruto si lo siembran de nuevo, si siembran esos granos de trigo que nacen en la planta de trigo o los mangos que nacen del árbol de mango, si lo siembran, si lo toman para semilla y lo siembran va a nacer un árbol de mango con muchos mangos, luego más adelante cuando llegue el tiempo de dar fruto.

O sea, que todo lo que va a existir eternamente fue creado en Cristo que es la semilla, la semilla de y para toda la creación del mundo invisible y del mundo visible. Por eso Cristo dice: “Toda planta que no sembró mi Padre será cortada, será quitada, será desarraigada.”

Y ahora, encontramos que en Cristo fue creada, fue colocado todo lo que Dios iba a crear, y por eso por medio de Cristo es que viene a existencia toda la creación; y por eso es que por medio de Cristo vienen los hijos de Dios a nacer en el Reino de Dios. Recuerden que Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda, pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Cristo es el grano de trigo de San Juan, capítulo 12, verso 24. Él es la semilla y sino caía en tierra y moría quedaría solo caminando en este planeta Tierra, sin encontrar un ser humano con el cual hablar; pero si cae en tierra y muere mucho fruto lleva. Murió, resucitó y el Día de Pentecostés nació la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la planta de trigo y allí nacieron ciento veinte en la Iglesia del Señor Jesucristo, y después como tres mil personas; o sea, hijos e hijas de Dios por medio de Jesucristo, el Hijo de Dios.

¿Dónde estábamos antes de la creación? Estábamos en Cristo, como una planta de trigo con muchos granos de trigo, ¿dónde estaba antes de aparecer? Estaba en el grano de trigo que es la semilla que produjo esa planta de trigo. Tan simple como eso.

Ahora, sigue diciendo:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Y ahora, nos dice:

“…todo fue creado por medio (¿de quién?), de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

Y ahora, estamos viendo quién es Jesucristo, Él es antes de todas las cosas, antes de la creación, porque todo lo que sería creado, Dios lo colocó en Cristo, que es el Verbo que era con Dios y era Dios; lo colocó en Cristo, que es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, y por medio de Cristo y Su cuerpo angelical fue que Dios habló a existencia todas las cosas.

Y ahora, hemos visto quién es el Señor Jesucristo y por eso es que Pablo puede decir: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.” Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos excepto en Su cuerpo físico, pues ya el cuerpo físico que usó en el Génesis fueron cuerpos de los profetas; los que usó en el Éxodo, en Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, y todos los profetas fueron los cuerpos de los profetas; a través de ellos Dios por medio de Su Espíritu se manifestaba y le hablaba a Su pueblo, y luego se creó en el vientre de María un cuerpo físico y ahí estuvo la plenitud de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Recuerden que Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, lo creó trino, alma, espíritu y cuerpo; porque Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y ahora, encontramos que durante el tiempo de la Dispensación de la Gracia, Jesucristo dijo que Él estaría con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo, ¿cómo? En Espíritu Santo, cuerpo angelical; pero es el mismo que estuvo en carne humana dos mil años atrás en medio del pueblo hebreo, y es el mismo que estuvo con Moisés libertando al pueblo hebreo.

Y ahora, la Escritura dice que todos van a conocer el Nombre de Dios. Isaías, capítulo 52, verso 6, dice:

“Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente (y fue conocido el Nombre de Dios en la manifestación de Dios en toda Su plenitud en Jesús).”

Y ahora, todavía hay personas que no han llegado al conocimiento del misterio de Dios el Padre, y de Cristo; y por eso no conocen el Nombre de Dios que fue manifestado en carne humana cuando el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros en medio del pueblo hebreo.

Pero ahora nos dice que va a haber otra manifestación grande de Dios en este tiempo final, en donde el Nombre de Dios va a ser conocido. Esto está en el capítulo 3, verso 12 del Apocalipsis, y dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Cristo en Espíritu Santo está hablándole a Su Iglesia y está diciendo que Él va a escribir sobre el vencedor el Nombre de nuestro Dios, Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, la nueva Jerusalén, y Nombre nuevo de Él.

Por lo tanto, habrá un vencedor en el Día Postrero que será el siervo fiel y prudente sobre el cual Cristo escribirá el Nombre de Dios, de la ciudad de nuestro Dios, la nueva Jerusalén y Su Nombre nuevo. En el antiguo Pacto, era el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, donde estaba el Nombre de Dios, el cual luego se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo.

Y ahora, Cristo por medio de Su Espíritu Santo nos dice que Él va a escribir el Nombre de Dios, de la Ciudad de nuestro Dios, y también Su Nombre nuevo sobre el vencedor; solamente podrá ser el siervo fiel y prudente al cual el Señor pondrá sobre todos sus bienes, así como hizo el Padre con Cristo, el Ángel del Pacto que lo colocó sobre todos Sus bienes en el Cielo, en el Trono celestial. Es que Cristo va a sentar con Él en Su Trono al vencedor, y por eso dice también Él en el capítulo 3, versos 20 al 21 [Apocalipsis]:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Es Cristo el que dice también que va a sentar con Él en Su Trono al vencedor; y así como Jesús o Jesucristo venció y subió al Cielo y se sentó en el Trono de Dios, tenía el Nombre de Dios y fue glorificado; así también para sentarse en el Trono del Señor, que es el Trono de David, el Trono terrenal de Cristo, tendrá que Cristo escribir el Nombre de Dios, Nombre de la Ciudad de nuestro Dios y Su Nombre nuevo sobre el vencedor, ése es el que se sentará con Cristo en Su Trono; y ése será el Ángel del Señor Jesucristo, del cual Cristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

Y Cristo estará en él manifestándose, por lo tanto Cristo por medio de él manifestándose seguirá siendo Jesucristo el mismo ayer, hoy, y siempre; pero manifestándose a través de Su Ángel mensajero en el Día Postrero. Pero antes ha estado manifestándose por medio de Su Ángel a través de estos dos mil años de Dispensación de la Gracia; así como desde el Génesis hasta Malaquías, Dios estuvo manifestándose por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto, Cristo en Su Cuerpo angelical.

Por lo tanto, Jesucristo por medio de Su Ángel en Su Cuerpo angelical, estará manifestándose durante todo el tiempo de la Dispensación de la Gracia; y luego al final aparecerá en carne humana el Ángel del Señor Jesucristo para cumplir aquello para lo cual Jesucristo lo enviará, en él ha estado el Nombre del Padre, de Dios, de la Ciudad de nuestro Dios y Nombre nuevo del Señor, toda la Dispensación de la Gracia; porque él ha estado en cuerpo angelical todo el tiempo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y cuando Él esté en carne humana el misterio del Nombre eterno de Dios, Nombre de la Ciudad de nuestro Dios, y Nombre nuevo del Señor, ese misterio va a estar en ese Ángel mensajero. Tan simple como eso.

Con la manifestación de ese Ángel del Señor Jesucristo en la Tierra, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo y después en medio del pueblo hebreo, se completará el Programa del Señor; para el tiempo de ese Ángel mensajero y su ministerio, será que Cristo llevará a cabo la resurrección de los muertos creyentes en Él y la transformación de los vivos creyentes en Él, será ya el final del ministerio de ese mensajero, ministerio que culminará en el cumplimiento de La gran Carpa-Catedral, que fue vista por el precursor de la segunda Venida de Cristo. Tan simple como eso.

Y Jesucristo estará obrando por medio de Su Ángel, de Su mensajero, y por eso será que funcionarán bien las cosas del Programa Divino, porque por medio de ese Ángel, Jesucristo cumplirá Su Programa para el Día Postrero, será todo bien sencillo, será a través de ese Ángel la manifestación de Cristo del Día Postrero, y ahí vendrán las bendiciones a la Iglesia del Señor Jesucristo y para el pueblo hebreo, y para toda la humanidad, para todas las naciones que van a entrar al Reino del Mesías; continuará siendo Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de: “JESUCRISTO EL MISMO AYER, HOY, Y POR LOS SIGLOS.”

Recordándoles que ese Ángel del Señor Jesucristo, no es Jesucristo, será un profeta dispensacional que Él enviará en carne humana en el Día Postrero, pero que en Espíritu, en cuerpo angelical ha estado todo el tiempo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Estamos ya en el tiempo final, en donde de un momento a otro se completará la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para lo cual puede pasar acá al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente en el auditorio o iglesia en donde usted se encuentre para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Consientes que Jesucristo es nuestro Salvador, nuestro Redentor que murió en la Cruz del Calvario físicamente y que fue sepultado, resucitó glorificado y está sentado a la diestra de Dios.

Jesucristo es la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra, creer y recibir Cristo como nuestro Salvador es el privilegio más grande que tenemos como seres humanos. Recibir a Cristo es asunto de Vida eterna, pues Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Es Vida eterna lo que Cristo le da a los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Cristo dijo en una ocasión:

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).

No hay forma de llegar a Dios y de ser reconciliados con Dios y de recibir la Vida eterna de parte de Dios, a menos que sea a través de Jesucristo. La Venida de Cristo a la Tierra y Su muerte en la Cruz del Calvario, es la expresión, la manifestación más grande del amor de Dios para con el ser humano.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (San Juan, capítulo 3, verso 16).

Y también San Pablo en Romanos, capítulo 5, nos dice de la siguiente manera, hablándonos del amor de Dios hacia el ser humano, Romanos, capítulo 5, versos 6 en adelante:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Dios muestra Su amor para con nosotros en que siendo aun pecadores Cristo murió por nosotros allá en la Cruz del Calvario, y por medio de Cristo hemos sido reconciliados con Dios y restaurados a la Vida eterna; todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo tienen Vida eterna.

Ahora, el cuerpo físico necesita recibir una transformación, ser glorificado para tener Vida eterna física, Vida eterna en cuerpo físico, inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo y que representa de 18 a 21 años de edad; así va a ser el nuevo cuerpo, el cuerpo glorificado que Cristo le va a dar a cada de los creyentes en Él que lo han recibido como su único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Si falta alguno por venir puede venir y en las demás naciones también, si falta alguno por venir pueden venir a los Pies de Cristo, y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que Él dijo:

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.”

Ahora, con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, creo en Ti con toda mi alma; creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento, quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible; porque Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Y la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, el cual al principio no quería bautizarlo, pero Cristo le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces lo bautizó allí en el río Jordán, donde había estado Juan bautizando y Jesús entró a las aguas.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, y ha estado siendo obedecido desde los días de los apóstoles hasta este tiempo final.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, por lo tanto, bien pueden ser bautizados. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio muy grande estar con ustedes en esta ocasión, y con ustedes que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes países, y los que hayan recibido a Cristo como Salvador, también pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice también con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro, doctor Miguel Bermúdez Marín para que les indique qué hacer y en qué momento para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, el cual es el mismo ayer, hoy, y siempre.

“JESUCRISTO ES EL MISMO AYER, Y HOY Y POR LOS SIGLOS,” por toda la eternidad.

Dios les bendiga y pasen todos muy buenas noches.

“JESUCRISTO ES EL MISMO AYER, HOY Y POR LOS SIGLOS.”

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